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II. Proteger a la misma clase, contra los abusos de los capitalistas y maestros de talleres.

III. Relacionar entre sí a toda la gran familia obrera de México.

IV. Aliviar en sus necesidades a los obreros.

V. Proteger a la industria y el progreso de las artes.

VI. Propagar entre la clase obrera la instrucción correspondiente en sus derechos y obligaciones sociales y en lo relativo a las artes y oficios.

VII. Establecer todos los círculos necesarios en la República, a fin de que estén en contacto los obreros de los Estados con los de la Capital.
El 20 de noviembre de 1874 el gran círculo de Obreros publicó un proyecto de "Reglamento General para regir el orden de trabajo en las fábricas unidas del Valle de México", quizá el primer intento de contrato colectivo de trabajo en México, según menciona Víctor Alba, que nunca fue aplicado.
Otros organismos creados en México fueron El Gran Círculo Reformfa, dirigido por José María González y cuyo órgano era El Hijo del Trabajo. y la Gran Confederación de las Asociaciones de Obreros Mexicanos, nacida por acuerdo de un Congreso celebrado en enero de 1876, cuyo objeto fue la libertad, la exaltación y el progreso de las clases trabajadoras, respetando siempre el derecho ajeno, y por todos los medios que dicte la justicia y la luz, hasta conseguir, en lo posible, la solución del problema de la armonía del trabajo con el capital".
El Primer Congreso Obrero Permanente se celebró el 6 de marzo de 1876, con el lema "Mi libertad y mí derecho". La mayoría de los asistentes eran mutualistas y cooperativistas y había una minoría —menciona Víctor Alba—que conocía a Marx y Bakunin. En 1880, presidido por Carmen Huerta, se celebró el Segundo Congreso Obrero. Celebró sesiones durante 4 meses y acabó disolviéndose.
De la época que reseñamos —el último tercio del siglo XIX— pueden destacarse diferentes acontecimientos sociales como especialmente importantes. En primer término la huelga de sombrereros, de 1875, que coincidió además, con una huelga estudiantil, y en segundo lugar el movimiento de Pinos Altos, ocurrido el 21 de enero de 1883.
En Pinos Altos, mineral ubicado en el Estado de Chihuahua, los trabajadores tenían un jornal de 50 centavos diarios, y pidieron que se les pagara en efectivo y semanariamente. El empresario John Bucham Hepburn había ordenado pagarlo quincenalmente y la mitad en vales para la tienda de raya.
La oposición a tal medida —relata García Cantú— se manifestó el día 20 de enero de 1883, con el pretexto de no permitir la entrada a unos obreros al baile que tenía lugar en la parte alta de la tienda de raya; hubo un duelo entre un minero y un guardia de la empresa. Los dos murieron. Al amanecer del día siguiente, el juez local José M. Roredo, armó a doce hombres. El movimiento de protesta abarcó a todo el pueblo. Hubo disparos y un obrero más, muerto. Bucham Hepburn, quien jamás permitía que un trabajador le dirigiera la palabra, pretendió calmar los ánimos hablando a los obreros congregados desde el balcón de un edificio... Sonó un disparo y Bucham Hepburn cayó herido de muerte.
La represión fue salvaje. Llegó a Pinos Altos el teniente coronel Carlos Conant, quien declaró el estado de sitio y lanzó una ley marcial. Un Consejo de Guerra apresuradamente formado condenó a muerte a los trabajadores Blas Venegas, Cruz Baca, Ramón Mena, Juan Valenzuela y Francisco Campos, "bajo los cargos de asesinato, lesiones, sedición, daño en propiedad ajena y conato de incendio" y fueron fusilados en el barrio de las Lajas. Después, unos 60 trabajadores fueron condenados a trabajos forzados. Estos trabajadores de Pinos Altos serían, según subraya García Cantú, las primeras víctimas del movimiento obrero de América.
El ejemplo de Pinos Altos, que podría constituir el antecedente de Cananea y Río Blanco, ponía de manifiesto la actitud del liberalismo porfirista ante el movimiento obrero.
Con el paso del tiempo y el mayor desarrollo del capitalismo extranjero, auspiciado por Porfirio Díaz, la condición de los obreros se fue haciendo más y más penosa, hasta producirse el movimiento armado de 1910. A ello nos referimos en el capítulo que sigue.

LA REVOLUCIÓN
1. los últimos años del porfirismo
A propósito de la época porfirista se ha dicho mucho, pero quizá aún no se ha dicho lo suficiente... o se ha dicho de más. Los defensores del sistema alaban la mejoría indudable de la economía y, particularmente de las comunicaciones... y olvidan el trato inhumano a los trabajadores y las depredaciones cometidas en Yucatán y en Sonora, por señalar sólo algunas. Los que lo atacan, mencionan sus indiscutibles errores pero omiten los aciertos entre los que pueden mencionarse las leyes sobre accidentes de trabajo dictadas en el Estado de México y conocida como "Ley Vicente Villada" y en el Estado de Nuevo León por el General Bernardo Reyes.
La Ley de Villada se votó el 30 de abril de 1904 y se inspira, según destaca Mario de la Cueva, en una ley de Leopoldo II de Bélgica, de 24 de diciembre de 1903. La Ley de Bernardo Reyes, promulgada el 9 de noviembre de 1906, fue más conocida y sirvió de modelo para la Ley de Accidentes del Trabajo de Chihuahua, de 29 de julio de 1913, y para la Ley del Trabajo de Coahuila, de 1916.
Lo importante de ambas leyes deriva de que adoptan la teoría del riesgo profesional, que vino a sustituir la injusta tesis que fundaba la responsabilidad en la culpa. Aun cuando las indemnizaciones eran relativamente bajas en la Ley de Villada y muy superiores en la de Reyes, lo fundamental estribó el establecimiento de la obligación patronal de indemnizar en los casos de accidente y enfermedad profesional y en la inversión de la prueba, ya que se estimó que todo accidente era profesional, mientras no se demostrara lo contrario.
En el aspecto negativo del régimen de Porfirio Díaz —¡y hay tanto qué mencionar!— podríamos empezar por referirnos a la situación de los traba--adores, siguiendo para ello a John Kenneth Turner, autor de México Bárbaro, quien describió con mano maestra y, generalmente, exponiendo su propia experiencia, la amarguísima realidad social del porfiriato.
La obra de Turner presenta un panorama de los últimos años del porfirismo. En Los esclavos de Yucatán nos dice:
Los 50 reyes del henequén viven en ricos palacios en Mérida y muchos de ellos tienen casas en el extranjero. Viajan mucho, hablan varios idiomas y con su familias constituyen una clase social muy cultivada. Toda Mérida y todo Yucatán y aun toda la península, dependen de estos 50 reyes del henequén. Naturalmente, dominan la política de su Estado y lo hacen en su propio beneficio. Los esclavos son: 8 mil indios yaquis, importados de Sonora; 3 mil chinos (coreanos) y entre 100 y 125 mil indígenas mayas, que antes poseían las tierras que ahora dominan los amos henequeneros.
Claro está que los hacendados yucatecos no llamaban esclavos a estos hombres: "No nos consideramos dueños de nuestros obreros; consideramos que ellos están en deuda con nosotros. Y no consideramos que los compramos o los vendemos, sino que transferimos la deuda y al hombre junto con ella" decía Enrique Cámara Zavala, presidente de la Cámara Agrícola de i Yucatán, a preguntas del periodista norteamericano.
¿De qué manera se conseguían los esclavos? Dado que los esclavos ma morían con mucha rapidez y que los yaquis no se adaptaban a las condiciones del ambiente, la solución era lograr que un obrero libre se endeudara con el patrón, lo que fácilmente se conseguía a través de prestamistas \ ] negreros especializados.
Describe Turner el régimen de trabajo en las haciendas henequener.
Los esclavos se levantan cuando la gran campana del patio suena a las 3:45 de la mañana y su trabajo empieza tan pronto como pueden llegar a la labor. El trabajo en los campos termina cuando ya no se puede ver por la oscuridad, \ el "casco" prosigue a veces durante muchas horas de la noche.
La labor principal de la hacienda consiste en cortar las hojas de henequc: limpiar el terreno de las malas hierbas que crecen entre las plantas. A cada esclavo se le señala como tarea cierto número de corte de hojas o de plantas < tiene que limpiar, y la tendencia del patrón es fijar cuotas tan altas que el esclavo se vea obligado a llamar a su mujer y a sus hijos para que le ayuden, de esta manera, casi todas las mujeres y niños de la hacienda pasan una parte de la jornada en el campo.
En otro artículo:"Los peones del campo y los pobres de la ciudad". Turner nos presenta la siguiente, dramática, estadística:
Los 750 mil esclavos y los 5 millones de peones no monopolizan la miseria e nómica de México. Esta se extiende a toda clase de personas que trabajan. Har 150 mil trabajadores de minas y fundiciones que reciben menos dinero por el trabajo de una semana que un minero norteamericano de la misma clase por un día de jornal; hay 30 mil operarios de fábricas de algodón cuyo salario da un promedio menor de 60 centavos diarios; hay 250 mil sirvientes domésticos cuvos salarios varían entre $2.00 y $10.00 al mes; hay 40 mil soldados de línea que reciben I menos de $4.00 al mes aparte del insuficiente rancho. Los 2 mil policías de la ciudad de México no perciben más de $1.00 diario. Para los conductores de tranvías $1.00 es un buen promedio en la capital, donde los jornales son más elevados que en otras partes del país, excepto cerca de la frontera norteamericana. Y esta proporción es constante en las industrias. Una oferta de $1.00 como salario, sin duda atraería en la ciudad de México a un ejército de 50 mil trabajadores sanos en el término de 24 horas.
Las fórmulas de que se valía Porfirio Díaz para mantenerse en el poder no eran, solamente, de explotación a los trabajadores. Turner habla de las elecciones (Elementos represivos del régimen de Díaz) y se pregunta: "¿Es posible acaso imaginar una nación de unos 15 millones de habitantes, de los que unos tres millones escasos se hallan en edad para votar, en la que todos prefieran al mismo hombre para que sea el jefe del Ejecutivo, no sólo una vez, sino año tras año y decenio tras decenio?"
Por lo que hace al capital extranjero, Díaz hacía toda clase de concesiones en su favor, que eran correspondidas generosamente en su interés personal.
Estas asociaciones con extranjeros formadas por Díaz —dice Turner— han hecho internacional a su gobierno en cuanto a los apoyos que sostienen su sistema. La seguridad de la intervención extranjera en su favor ha sido una de las armas poderosas que han impedido al pueblo mexicano hacer uso de las armas, para derrocar a su gobernante que se impuso por medio de las armas (El Sistema de Díaz).
2. Las huelgas de Cananea y de Río Blanco
Es natural que un estado de cosas como el que se describe —y apenas esbozamos algo de lo mucho malo que tenía— produjera, así fuera esporádicamente, situaciones de violencia. Las dos más conocidas, reprimidas con ferocidad inaudita, fueron las huelgas de Cananea y de Río Blanco.
La huelga de Cananea
No es nuestra intención hacer aquí una explicación detallada de los hechos ocurridos entre el 31 de mayo y el 3 de Junio de 1906, en el mineral de Cananea, Estado de Sonora. Quien desee conocer el relato pormenorizado de los hechos puede recurrir a cualquier historia de la Revolución. Quizá La descripción más detallada se encuentre en la obra de Luis Araiza, a que antes nos referimos, pero puede también consultarse La revolución social de México, t. I, Las ideas. La violencia de Manuel González Ramírez. En realidad nos interesa la sustancia del movimiento, más que la forma.
El movimiento de Cananea, al que se ha atribuido una especial importancia como expresión del descontento con el porfirismo, responde a una situación específica y no a una condición general de la clase obrera mexicana. En primer término se trataba de trabajadores que, dentro del nivel nacional, disfrutaban de salarios un poco más altos. En segundo lugar, detrás del movimiento obrero existía una clara dirección política, en este caso de influencia flores magonista, y a cargo de gentes preparadas para la lucha social, o sea, Manuel M. Diéguez, Francisco M. Ibarra y Esteban Baca Calderón, respectivamente Presidente, Vice-Presidente y Secretario de la "Unión Liberal Humanidad", fundada el 16 de enero de 1906, de orientación liberal, y de Lázaro Gutiérrez de Lara, Presidente del Club Liberal de Cananea. En tercer término, con toda precisión se reclamó, probablemente por primera vez en México, la jornada de ocho horas y, lo que es más importante y ha caracterizado, fundamentalmente, a la huelga de Cananea, se exigió la igualdad de trato para los trabajadores mexicanos y la proporción mayor en su número, respecto a los extranjeros.
El documento en que se consignaban estas peticiones, que el Comité de Huelga, a instancias de las autoridades, presentó a la empresa el lo. de junio de 1906 fue redactado en los siguientes términos:
1. Queda el pueblo obrero declarado en huelga.
2. El pueblo obrero se obliga a trabajar sobre las condiciones siguientes:
I. La destitución del empleo del Mayordomo Luis Nivel (19).

II. El mínimo sueldo del obrero, será cinco pesos con ocho horas de trabajo.

III. En todos los trabajos de la Cananea Consolidated Cooper Co., se ocuparán el setenta y cinco por ciento de mexicanos y el veinticinco por ciento de extranjeros, teniendo los primeros las mismas aptitudes que los segundos.

IV. Poner hombres al cuidado de las jaulas, que tengan nobles sentimiento* para evitar toda clase de fricción.

V. Todo mexicano, en los trabajos de esta negociación, tendrá derecho a ascenso, según se lo permitan sus aptitudes.
Desde el punto de vista de la empresa, las notas particulares de este conflicto, se resumen destacando los siguientes aspectos:
a) La provocación, ante la manifestación obrera, que corrió a cargo de los hermanos Metcall, obedeciendo órdenes del Presidente de la Compaf

el coronel William C. Green, con el objeto de justificar la represión. Esta jugada costó heridas a varios mineros y la vida de uno de ellos y de los propios hermanos Metcall, aun cuando se menciona que en el incendio de ta maderería murieron otros tres trabajadores.

b) La agresión directa de la empresa, a ciencia y paciencia de la autoridad, que se produce al dirigirse la manifestación obrera hacia el Pala Municipal, (lo. de junio), ocasionando muertos y heridos.

c) La intervención de fuerzas armadas extranjeras, los Rangers (soldados de las fuerzas rurales de Arizona), que al mando del coronel Rynning son traídos al lugar de los hechos por el propio gobernador del Estado, Rafael Izábal, quien prácticamente actuó como un subordinado de William C. Green (2 de junio).

d) La intervención de soldados del ejército mexicano al mando del coronel Kosterlisky, por órdenes del general Luis Torres, jefe de la zona Militar, en sustitución de los Rangers, los que se hacen cargo de la represión final, contra los obreros (2 de junio).

e) El encarcelamiento, en la tenebrosa fortaleza de San Juan de Ulúa, en el Puerto de Veracruz, de los principales dirigentes de los trabajadores.
Es importante señalar que la huelga de Cananea surge de un proceso de politización que se genera, de abajo hacia arriba, esto es, de la masa hacia quienes serían sus dirigentes, sin que exista, previamente, un organismo sindical aglutinante de los esfuerzos. La falta de malicia y de formación sindical es la que determina la manera inocente en que los trabajadores son sorprendidos por las provocaciones, lo que les cuesta muchas vidas y, al menos de inmediato, el fracaso del movimiento y la eliminación de sus dirigentes. Claro está que en este caso —y en la mayoría de los procesos sociales— las consecuencias se producen a la larga. En ese aspecto la huelga de Cananea ha constituido un hermoso ejemplo que dio a nuestras leyes laborales un contenido real y no teórico, al consagrar la jornada de ocho horas, el principio de la igualdad de trato y la exigencia de que se mantenga una proporción del noventa por ciento de trabajadores mexicanos respecto de los que laboren en una determinada empresa.
Desde el punto de vista político, la huelga de Cananea constituye uno de los escollos más grandes que enfrenta el general Porfirio Díaz que pone en evidencia las trampas políticas de su Secretario de Gobernación Ramón Corral, al tratar de disfrazar la evidente participación de fuerzas norteamericanas y la absoluta falta de perspicacia política del Gobernador del Estado Rafael Izábal, de tan triste memoria.
La huelga de Río Blanco
El acontecimiento que tuvo lugar en Río Blanco, Orizaba, en el Estado ¿e Veracruz, el día 7 de enero de 1907, con un saldo elevadísimo de muer-:os y heridos por parte de los trabajadores, presenta características que lo en esencialmente diferente de la huelga de Cananea.
En realidad el movimiento de huelga fue muy anterior y los sucesos de Rio Blanco más tuvieron el carácter de una protesta social que el de un acto obrero.
La cronología de los sucesos corresponde a los hechos siguientes: a) Fundación de El Gran Círculo de Obreros Libres de Río Blanco, con -i intervención principal del magonista José Neira.

b) Como consecuencia de diversos sucesos, disolución provisional del Gran Círculo de Obreros Libres y reorganización, en el año de 1906, bajo la dirección de José Morales, típico dirigente mediatizado.

c) Constitución, en el mes de septiembre de 1906, por los propietarios de las fábricas de hilados y tejidos de Puebla y Tlaxcala, del "Centro Industrial Mexicano", como organismo de defensa patronal, al que después adhieren los dueños de las demás fábricas.

d) Preparación de un reglamento patronal, con cláusulas verdaderamente espeluznantes (prohibición, a los obreros, de recibir visitas en su casa, de leer periódicos o libros, sin previa censura y autorización de los administradores de las fábricas; aceptación de descuentos en el salario; pago del material estropeado y horario de las 6 de la mañana a 8 de la noche, con tres cuartos de hora de interrupción para tomar alimentos), que es rechazado por los obreros textiles de toda la zona de Puebla y Tlaxcala.

e) Declaración de una huelga general, al fracasar las tentativas conciliatorias, el día 4 de diciembre de 1906, en 30 fábricas, de la misma zona.

f) Sometimiento del conflicto al arbitraje del Presidente de la República, general Porfirio Díaz.

g) Paro patronal, sugerido por el Ministro de Hacienda, José Yves Limantour, para contrarrestar la solidaridad de los trabajadores textiles del país con sus compañeros de Puebla y Tlaxcala. En este paro queda incluida la fábrica de Río Blanco y afecta a más de cincuenta mil trabajadores.

h) Laudo de Porfirio Díaz de 4 de enero de 1907, que es entregado por éste a los obreros, por conducto de sus representantes —entre los que se incluía como observador a José Morales, Presidente del "Gran Círculo de Obreros Libres de Río Blanco" y cuyo laudo favorece totalmente al infere* patronal. En él se ordena regresar al trabajo el día 7 de enero de 1907.

i) Rechazo del laudo por parte de los obreros. Los de Río Blanco se reúnen en Orizaba, en el Teatro "Gorostiza", donde son informados por José Morales. El acto concluye en un mitin de repudio a José Morales y con gritos en contra de la dictadura.

j) Negativa de los obreros de Río Blanco, para volver a su trabajo, en la mañana del 7 de enero. Mitin enfrente de la puerta de la fábrica. Después, el ataque al almacén de Víctor Garcín, que fungía como tienda de raya, su incendio y la marcha sobre Nogales y Santa Rosa donde son quemadas las tiendas de raya, también propiedad de Garcín, muchas casas de los mismos trabajadores y la casa de José Morales.

k) La represión bestial a cargo del ejército.
Del anterior análisis se desprende que, contemplados en forma aislada, los sucesos de Río Blanco no constituyeron, en sí, una huelga que fundara unas peticiones concretas, sino una simple negativa para volver al trabajo —después del paro patronal—, por rechazo al arbitraje presidencial, aunado a un acto de violencia en contra del almacén de raya —y no en contra de la empresa— cuya condición particular se confirma al ser repetido en otras dos poblaciones. Claro está que se produce, fundamentalmente, un acto de saqueo, que dadas las circunstancias económicas de los trabajadores: salarios de siete pesos semanales y pago parcial del mismo en vales para la tienda de raya, es totalmente explicable en la medida en que la tienda simboliza aquello que más duele al trabajador y, por otra parte, tiene lo que más necesita.
Así como Cananea da cuerpo al establecimiento de la jornada de ocho horas, al principio de la igualdad de salario y al derecho de preferencia de los mexicanos, Río Blanco se convierte en la razón máxima para que el régimen revolucionario prohíba, después, las tiendas de raya.
3. El programa del Partido Liberal
En San Luis Missouri, Estados Unidos de Norteamérica, el Partido Liberal Mexicano, cuyo Presidente era Ricardo Flores Magón lanza, el lo. de julio de 1906, el Programa del que se afirma constituye la base ideológica de la Revolución mexicana y el fundamento del artículo 123 constitucional. Este programa, por lo que hace al capítulo "Capital y Trabajo", se desarrolla en los siguientes puntos:
21. Establecer un máximun de 8 horas de trabajo y un salario mínimo en la proporción siguiente: $ 1.00 para la generalidad del país, en que el promedio de los salarios es inferior al citado, y de más de un peso para aquellas regiones en que la vida es más cara y en las que este salario no bastaría para salvar de la miseria al trabajador.

22. Reglamentación del servicio doméstico y del trabajo a domicilio.

23. Adoptar medidas para que con el trabajo a destajo los patronos no burlen la aplicación del tiempo máximo y salario mínimo.

24. Prohibir en lo absoluto el empleo de niños menores de catorce años.

25. Obligar a los dueños de minas, fábricas, talleres, etc., a mantener las mejores condiciones de higiene en sus propiedades y a guardar los lugares de peligro en un estado que preste seguridad a la vida de los operarios.

26. Obligar a los patronos o propietarios rurales, a dar alojamiento higiénico a los trabajadores, cuando la naturaleza del trabajo de éstos exija que reciban albergue de dichos patronos o propietarios.

27. Obligar a los patronos a pagar indemnizaciones por accidentes de trabajo.

28. Declarar nulas las deudas actuales de los jornaleros de campo para con los amos.

29. Adoptar medidas para que los dueños de tierra no abusen de los medieros.

30. Obligar a los arrendadores de campos y casas, que indemnicen a los arrendatarios de sus propiedades por las mejoras necesarias que dejen en ellas.

31. Prohibir a los patronos bajo severas penas, que paguen al trabajador de cualquier otro modo que no sea con dinero efectivo; prohibir y castigar que se impongan multas a los trabajadores o se les hagan descuentos de su jornal o se retarde el pago de la raya por más de una semana o se niegue al que se separe del trabajo el pago inmediato de lo que tiene ganado; suprimir las tiendas de raya.

32. Obligar a todas las empresas o negociaciones a no ocupar entre sus empleados y trabajadores, sino una minoría de extranjeros. No permitir en ningún caso trabajos de la misma clase se paguen peor al mexicano que al extranjero en el mismo establecimiento, o que a los mexicanos se les pague en otra forma que a los extranjeros.

33. Hacer obligatorio el descanso dominical.
Este documento contiene, sin duda alguna, la estructura básica del art. 12 constitucional, con algunas notables excepciones como son el derecho para constituir sindicatos y el derecho de huelga, la protección a los menores y a las mujeres trabajadoras, etcétera.
En realidad, el Programa del Partido Liberal refleja desde el punto de vista social, una tendencia burguesa radical, esto es, una solución que mantiene, como supuesto, la estructura capitalista, cuyos excesos trata de remediar mediante el establecimiento de prohibiciones a los patronos y mínimos y máximos a favor de los trabajadores. Coincide con este punto de vista Armando Bartra, quien en el Prólogo a Regeneración, 1900-1918 sostiene, precisamente que el Programa del Partido Liberal "desde el punto de vista de sus reivindicaciones, formulaba el sentido social de una revolución burgue-radical.. .".
La solución del Programa podría ser sólo una medida provisional, a manera de base de lanzamiento para sucesivas mejoras. El propio Marx, en L¿. Guerra Civil en Francia, afirma que:

los obreros no tienen ninguna utopía lista para implantarla "par décret du peuf Saben que para conseguir su propia emancipación, y con ella esa forma superior de vida hacia la que tiende irremisiblemente la sociedad actual por su ¡ pió desarrollo económico, tendrán que pasar por largas luchas, por toda serie de procesos históricos, que transformarán las circunstancias y los hombres. Ellos no tienen que realizar ningunos ideales, sino simplemente dar suelta a elementos de la nueva sociedad que la vieja sociedad burguesa agonizante 11 en su seno.
Esto significa que dentro de un proceso revolucionario pueden producirse etapas de contemporización con la clase contraria, cuyo objeto sea, simplemente, la consolidación de la situación propia para lograr después, en nuevas escaladas, los objetivos finales.
En todo caso el Programa del Partido Liberal constituye el documento de mayor importancia del proceso pre-revolucionario, al menos desde el punto de vista social.
La figura de Ricardo y Enrique Flores Magón y la de sus colaboradores, entre los que se encontraban como firmantes del Programa, Juan Sarabia, Antonio I. Villarreal, Librado Rivera, Manuel Sarabia y Rosalío Bustaman-te, responde probablemente más a un anarquismo naturalista y voluntaris-ta, que a una idea auténticamente socialista. De Ricardo Flores Magón dice Gastón García Cantú, que "su materialismo... excluía la concepción de toda vida fuera del orden natural, pero a la vez establecía la moral como virtud de cuanto el hombre podía creer y hacer. Todos los valores los supeditaba a la lucha entre lo bueno y lo malo".
En realidad Ricardo Flores Magón llegó a ser, desde el punto de vista teórico, como lo fue Emiliano Zapata desde el punto de vista de la realidad política, un auténtico revolucionario cuya presencia no podía ser grata para la burguesía maderista, carrancista y obregonista que hizo suyo el movimiento. De ahí que sea toda su vida un perseguido y que la obra de sus últimos años, constituya un ataque feroz contra quienes detentaban el poder en México. A propósito de la actitud de Venustiano Carranza frente a un movimiento de huelga de los tranviarios de la ciudad de México, comenzada el 28 de marzo de 1916, publica su trabajo Carranza se despoja de la piel de oveja, en el que, entre otras cosas afirma:
Carranza, como gobernante, tenía que resentir las exigencias de los trabajadores para con sus patrones. Carranza, como todo gobernante, tiene que ser el apoyo leal del capitalista. Así, pues, su Prensa, la que él paga con el oro que es el sudor y la sangre de los trabajadores, aquella misma Prensa cuyos alardes libertarios sirvieron para formarle una aureola de obrerismo, se volvió airada contra los trabajadores. Ya no era la Revolución la obra de los oprimidos, de los hambrientos, de los miserables como lo proclamaron a voz en cuello los propagandistas de Carranza antes de que éste fuera reconocido como gobernante de México por la burguesía internacional. Ahora la Revolución era la obra de todas las clases sociales, como si los explotadores hubieran sufrido opresión y miseria; como si el hacendado, el industrial, el comerciante, el propietario y el banquero hubieran sufrido la desnudez y el hambre de los hijos del pueblo....
La abierta naturaleza de Ricardo Flores Magón, que aceptaba todo pro-:eso revolucionario, aunque fuese ajeno a su ideología anarquista, se pone De manifiesto en su trabajo "La Revolución rusa" en el que afirma que "La Revolución de Rusia no es una Revolución nacional sino que es una Revolución mundial. Los bolcheviques son los verdaderos internacionalistas. Ellos son los únicos que desean ver extenderse por todo el mundo las ideas de la Revolución." Allí mismo hace un elogio de Lenin.
En todo caso parece que a Ricardo Flores Magón aún no le hace justicia la Revolución a pesar de que, como ha dicho Rodolfo Echeverría Ruiz, es "el más ilustre y puro de todos los pensadores revolucionarios que ha dado México".
4. La Revolución y el problema social
No es este el lugar, ni es nuestra intención, hacer aquí un relato de lo que fue el movimiento armado contra el general Porfirio Díaz, ni de lo que se ha llamado la revolución constitucionalista. Nuestra preocupación es señalar los momentos más importantes en la evolución del proceso social. Claro está que la Revolución mexicana es, en lo esencial, un fenómeno social v por esa razón, no podrá estudiarse aisladamente el movimiento social, del movimiento armado. Quizá sea oportuno poner en tela de juicio la condición revolucionaria del movimiento encabezada por Madero. Porque su finalidad no era transformar el país y su sistema de gobierno, sino simplemente separar a Porfirio Díaz de la presidencia de la República para que Madero ocupase su lugar. A lo largo de los años se puso de manifiesto que las intenciones del movimiento eran, simplemente, la ocupación de la Presidencia, como en efecto lo hicieron Huerta, Carranza, Calles y Obregón.
En realidad, en este inciso queremos poner de manifiesto nuestra opinión acerca de una etapa que probablemente no ha sido estudiada aún con el suficiente cuidado por lo que hace a sus consecuencias respecto del Derecho del trabajo. Quizá ello se deba a que aún vivimos las consecuencias de ese momento y aún están vivas las pasiones que derivaron de un movimiento tan complejo como el que empezamos a analizar.
Muchas veces nos hemos preguntado respecto a la relación existe: entre una rebelión francamente burguesa, aún cuando fuera apoyada por las masas campesinas y, en menor medida, por los trabajadores, y una legislación como es la que nace del Constituyente de 1916-1917 que, con ser también burguesa, a pesar de ello contiene normas avanzadísimas en materia social, que han sido modelo para otros países. Fundamentalmente en este inciso tratamos de dar respuesta a esa pregunta.
El movimiento armado en contra del porfiriato se inicia, en forma definitiva, a partir del. Plan de San Luis Potosí, de 5 de octubre de 1910 mediante el cual Francisco I. Madero da a conocer sus metas inmediatas. Antes. en 1908, ha habido unos pronunciamientos magonistas, fundamentalmente en Baja California, que fueron reprimidos con relativa facilidad. En el Plan de San Luis no se advierte otra intención que la de desplazar al régimen porfírista pero sin que se precise una tendencia social determinada. Lamentablemente ello se confirma al triunfo del maderismo que, inclusive, conserva a su alrededor toda la estructura del antiguo régimen e intenta, en el colmo de la inocencia política, desarmar a quienes lo habían conducido al triunfo.

Madero no sólo no introduce ninguna reforma social sino que, inclusive, pone en seguida de manifiesto el carácter burgués de su ideología al reprimir, y atacar a través de la prensa, al movimiento obrero que, incipientemente, pasada la etapa negra del porfirismo, intenta agruparse en la "Casa del Obrero", fundada en un principio como escuela racionalista, a imitación de la del mártir catalán Francisco Ferrer Guardia, el sábado 24 de agosto de 1912.
La usurpación de Victoriano Huerta, auspiciada por el embajador norteamericano Henry Lañe Wilson y consecuentemente, por el Presidente Taft, que se inicia con los asesinatos de Madero y Pino Suárez en los muros de la Penitenciaría de Lecumberri, el 22 de febrero de 1913, para continuar con el del Senador Belisario Domínguez, la detención de la mayor parte de los diputados y la disolución de ambas Cámaras no podía traducirse tampoco, en reformas sociales. Por el contrario, Huerta representa el regreso a las etapas más crueles del antiguo régimen. Paradójicamente, bajo su gobierno, el
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