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sus brazos y de su inteligencia del modo más amplio y absoluto; ni la ley incapaz de proteger para estimular el trabajo, ni el amo, exigente en sus pretensiones, ruin en el salario y tal vez despótico en su conducta, podían hacer abdicar al hombre su libertad para ejercer su industria, según su propio interés, único consejero infalible en materia de la producción de la riqueza... El propietario abusa, cuando disminuye la tasa del salario, cuando lo paga con signos convencionales y no creados por la ley que representan los valores, cuando obliga al trabajador a un trabajo forzado para indemnizar deudas anteriores, cuando veja al jornalero con trabajos humillantes, cuando... es muy largo el catálogo de los abusos de la riqueza en la sociedad... Yo, lo mismo que la comisión, repruebo esos abusos y quiero que la ley sea potente a evitarlos y castigarlos. Yo, lo mismo que la comisión, me he indignado una vez y otra de ver cómo nuestros propietarios tratan a sus dependientes. Yo, lo mismo que la comisión, reconozco que nuestra Constitución democrática será una mentira, más todavía, un sarcasmo, si los pobres no tienen sus derechos más que detallados en la Constitución. Pero, señor, ésta, en mi juicio, no es la cuestión... Decía, señor, ¿en el estado actual económico de los pueblos es posible llegar a cortar de raíz los abusos de que con justicia nos estamos quejando? Sin la proporcional distribución del trabajo, con los excesos de una loca y avara producción, hija de una competencia sin límites y encausada por los fríos cálculos del interés individual, sin la justa proporción entre la población y la riqueza, y, por consiguiente, sin el equitativo pago del trabajo, sin la organización social de éste, con una industria que por dar que hacer a las máquinas quita al hombre su subsistencia y su trabajo, con un estado económico, en fin, como el que vemos hasta en los pueblos que marchan al frente de la civilización. ¿Es aquello posible?... Que me respondan los publicistas si creen posible que las constituciones pueden curar tan graves males...
El resultado de las discusiones condujo al Congreso a aprobar el art. 5o. de la Constitución, excesivamente tímido, cuya revisión, años después, origen al art. 123 de la Constitución de 1917. Su texto fue el siguiente:
Nadie puede ser obligado a prestar trabajos personales, sin la justa retribución v sin su pleno consentimiento. La ley no puede autorizar ningún contrato que tenga por objeto la pérdida o el irrevocable sacrificio de la libertad del hombre, va sea por causa de trabajo, de educación o de voto religioso. Tampoco puede autorizar convenios en que el hombre pacte su proscripción o destierro.
7. La legislación civil y penal del liberalismo
El triunfo de los liberales sobre los conservadores inicia en nuestro país ;pa de la consolidación jurídica. A pesar de la situación precaria que sara los liberales resulta del pronunciamiento del General Zuloaga, en Ta-a±>ava, al que adhiere el propio Presidente Comonfort, con lo que empieza b guerra de tres años, Juárez, desde Veracruz, en su carácter de Presidente «c la República, dicta las diversas leyes que vinieron a reformar la condición jurídica del país, particularmente en todo lo relacionado con el clero. El apoyo de Santos Degollado a la tendencia reformista representada por Miguel Lerdo de Tejada, decidió al Presidente Juárez. Así se dictaron las leyes de nacionalización de los bienes eclesiásticos (12 de julio de 1859), de matrimonio civil (23 de julio de 1859), orgánica del Registro Civil (28 de julio de 1859), sobre el estado civil de las personas y otras que, en conjunto, son conocidas como las leyes de Reforma.

El triunfo sobre los conservadores y la entrada de Juárez a la Ciudad de México, el 11 de enero de 1861, después de vencidos los generales Márquez y Miramón, otorga al Presidente el rango de Presidente Constitucional, por mandato del Segundo Congreso Constituyente, decretado el 11 de junio de 1861. Podía suponerse que era tiempo de dejar las armas y consolidar, mediante la aplicación de las nuevas leyes, el proceso de la reforma. Pero México estaba dentro de los planes de expansión imperial de Napoleón III y en ese mismo año, el día 2 de diciembre, se inició en La Habana la expedición, originalmente con mayor participación española que francesa que culminaría con el establecimiento en México de una monarquía imperial.
La tenacidad de Juárez, sin embargo, pudo superar a los factores adversos y en el Cerro de las Campanas, el 19 de junio de 1867, tuvo trágico fin la aventura de Maximiliano. Pero habían transcurrido casi seis años de guerra que impidieron al jurista que era Juárez, dictar las leyes que México requería.
La última etapa de la vida de Juárez fue, sin embargo, suficiente, para dar a México leyes importantes. El 13 de diciembre de 1870 promulga el primer Código civil para el Distrito y Territorios Federales. El día lo. de abril de 1872, entra en vigor el Código penal, poco más de tres meses ante* de la muerte del Presidente, el 18 de julio del mismo año.
En Juárez fue admirable su enérgico patriotismo, su valor, la entrega absoluta al interés de la Patria, por encima de cualquier conveniencia personal. A cambio de ello su obra jurídica, en cuanto afectó a los intereses de los trabajadores, fue perniciosa e injusta. Ni en el Código penal de l,v". puede encontrarse disposición alguna favorable a un cambio social. Por eJ contrario, y particularmente en el artículo 925 del Código penal, dicha obra pone de manifiesto un sentido profundamente antisocial que choca con las palabras que se oyeron en el Constituyente de 1856-1857.
El Código de 1870 sólo contiene respecto de lo que hoy llamaríamos relaciones laborales, dos capítulos, el primero y el segundo del Título Décimo Tercero del Libro III. Se refiere al servicio doméstico el capítulo I y al st cío por jornal, el capítulo II. Sería excesivamente detallado transcribir o aun resumir esas disposiciones, que están contenidas en los artículos del 2551 al 2576, por lo que se refiere al servicio doméstico y del 2577 al 2587, por lo que hace a las que regulan el servicio por jornal. Baste señalar que acusan un proteccionismo total en favor del patrón ("persona a quien se presta el servicio", dice el Código), dejando a su arbitrio la terminación del contrato, sin responsabilidad alguna. En la "Exposición de Motivos" del Código, que fue redactado por una comisión integrada por Mariano Yáñez, José María Lafragua, Isidro Montiel y Rafael Donde se hacen aclaraciones que resultan paradójicas, por no decir que risibles.

Los jornaleros han estado por mucho tiempo reducidos entre nosotros a la condición de parias y sujetos al capricho y arbitrariedad de los que los emplean. La ley la., Título XXVI, Lib. 7o. Nov. Reo. establece el tiempo que deben trabajar: esto es, desde la salida hasta la puesta del sol. La comisión no creyó conveniente conservar este precepto, y sí dejar a la voluntad de las partes el modo y tiempo del servicio... Muchas veces el jornalero es recibido, por decirlo así, a prueba, sin determinar tiempo ni obra; y en tal caso es justo, como establece el artículo 2586, que pueda despedirse y ser despedido a voluntad suya o del que lo empleó, sin que por esto pueda exigirse indemnización; lo que deberá entenderse sin perjuicio del pago de los jornales justamente vencidos.
¡Curioso modo de modificar las leyes anteriores, dejando al arbitrio de las partes la duración de la jornada! ¡Curioso beneficio que otorga al trabajador el "derecho" a despedirse, sin que ello genere responsabilidad a su cargo! No cabe duda de que los ilustres autores del Código estaban embebidos en la cultura francesa y en los preceptos del Código Napoleón sobre la materia.
La legislación penal, a la que Mario de la Cueva ha calificado como más liberal que la europea, fue aún más allá. En el artículo 925, al que antes nos referimos, se dispuso:
Se impondrán de ocho días a tres meses de arresto y multa de veinticinco a quinientos pesos, o una sola de estas dos penas, a los que formen un tumulto o motín, o empleen de cualquiera otro modo la violencia física o moral con el objeto de hacer que suban o bajen los salarios o jornales de los operarios, o de impedir el libre ejercicio de la industria o del trabajo.
Se trataba, en rigor, aunque ciertamente con menos saña que en el Código penal francés, de sancionar los delitos de coalición precisamente en el mismo año en que Francia derogaba esas disposiciones.
El liberalismo antisocial de Juárez no sólo se puso de manifiesto en el orden legislativo. Como veremos en el inciso que sigue reprimió, además, violentamente, todo intento de los trabajadores de mejorar su condición.
calidad sentó las bases que permitieron, bajo el porfirismo, una mayor explotación —si cabe— de los trabajadores, aunada a una represión más cruel puesta en vigor por el general Díaz.
8. El movimiento obrero en la segunda mitad del siglo xix. La situación económica
Relata Gastón García Cantú que el partido liberal, al triunfo frente a Maximiliano, se divide en dos grupos: de una parte el que encabezaría el propio Presidente Juárez, con Lerdo de Tejada como principal exponente: del otro lado los que después integrarían el grupo porfirista. Los primeros deseaban la capitalización autónoma; los segundos, el crecimiento apoyado en la burguesía norteamericana, la que exigía prolongar sus ferrocarriles a México, para obtener materias primas y productos agrícolas a mejores precios. "Pudieron coincidir los dos en los métodos represivos internos, aunque Lerdo de Tejada hubiera hecho posible la organización de los trabajadores y los campesinos, en las fases iníciales de sus luchas".
¿Cuál era la situación económica al comenzar el último cuarto del siglo XIX? Según menciona García Cantú, existían 99 fábricas textiles, cuyo capital, en edificios y maquinaria, se valuaba en nueve millones de pesos, con 9,214 telares y 258,458 husos. De éstas, 21 se localizaban en Puebla, 10 en Jalisco y 8 en el Distrito Federal.
La industria agrícola elaboraba, principalmente, aceite de oliva, ajonjolí y linaza y aguardientes de uva y caña. Los molinos de trigo producían harina por más de diez millones de pesos anuales.

En el Distrito Federal, lugar de la mayor concentración industrial, existían 728 pequeñas o grandes fábricas, en las que laboraban 16,800 personas, de los cuales 7,492 hombres, 3,495 mujeres y 5,813 niños.
El capital invertido era de más de 4 millones de pesos; en edificios $993,921.00. en maquinaria y enseres más de tres millones; el capital circulante, era de $10,510,336.00; $7.473,349.00 el costo de las materias primas; $2,843,225.00 los jornales y $193,762.00 el combustible. El valor de la producción ascendía a $15,503,719.00, si bien el término medio de la producción era de más de 18 millones de pesos anuales. Puede advertirse cuál era, en promedio —señala García Cantú—, la plusvalía anual. No era diferente en las 1,694 minas que producían 845,058,000 kilos de metal puro con un valor de $29,713,355.00, pagándose en sueldos y salarios: $8,123,240.00 anuales para una producción valuada en $29,713,355.00.
Los salarios que percibían los trabajadores del campo, de las minas o de las industrias, eran miserables. A una pregunta incluida en un cuestionario preparado por el Ministro de Hacienda, acerca del importe de los sueldo y jornales que pagaban los agricultores, los de Aguascalientes contestaron:
El precio común del jornal es de un real diario y ración semanaria de dos almudes de maíz para los peones adultos acomodados. Se les pasan, además, casa y leña gratis, y en el tiempo de la siembra, la tierra, las semillas y la yunta, para sembrar por su cuenta un almud de maíz y 1/2 almud de frijol, los que quieran agregarlo a su cuenta; lo que significaba un medio de endeudamiento con el hacendado.
Es preciso advertir que un almud equivale a 1 litro, 76 centilitros, aproximadamente. Otros salarios eran, v. gr., de 25 centavos en Jalisco y 18 centavos en Querétaro. En Yucatán el jornal era de 18 a 37 centavos al día, para los campesinos que contaban con un pedazo de tierra, a cambio de una jornada que se iniciaba a las 6 de la mañana para concluir a las 5 de la tarde.
El salario de las minas era, en promedio, de 25 a 50 centavos, al día y las jornadas, poco menores que las de los campesinos.
En las fábricas, con una jornada de aproximadamente once horas, el salario variaba entre 18 centavos y 75 centavos diarios. A propósito de los sistemas seguidos por los industriales, un grupo de trabajadores denunciaba en El Hijo del Trabajo, lo siguiente: "obtenían empleo si eran 'buenos cristianos'". De su raya semanaria se les descontaba: 2 reales para la sociedad católica; un real para el enverjado del atrio del Sagrario de la Catedral; un real para el sostén de los hermanos de la vela verde —encendida a la hora de su muerte—, un real y medio para el mes de María; 1 1/2 real para el de San José; 1/2 real para la misa de la capilla de la fábrica: 1/2 real para las necesidades de la iglesia; 1/2 y cuartilla para el Santo Sepulcro y "tres reales por estar suscritos a periódicos que defienden la religión".
Los primeros conflictos
El 14 de julio de 1868 se produjo un conflicto que afectó a los trabajadores de las fábricas "La Hormiga", "La Magdalena", "La Fama", "San Fernando", de Tlalpan y "La Colmena" y "Barrón" del Distrito Federal, que eran, aproximadamente, novecientos. Los industriales, con el objeto de presionar para lograr una rebaja en los sueldos, decretaron un paro.
Los trabajadores se dirigieron al Presidente Juárez, poniendo en su conocimiento los hechos y, particularmente, la difícil situación que atravesaban. Todo fue inútil. "Juárez no respondió a ninguna comunicación de los «oreros"37 y éstos, después de cuatro meses de dificultades, emigraron a otros pueblos. En su lugar los empresarios contrataron trabajadores de Puebla Tlaxcala o Querétaro a los que impusieron condiciones de trabajo que la Cantú38 resume como sigue:
1. Las horas de trabajo serán fijadas por los administradores de las fábricas.

2. Por el hecho de presentarse a sus labores, los obreros aceptan las condiciones de trabajo y horarios que los administradores de las fábricas hayan tenido a bien ordenar para cada turno y por cada semana de labor.

3. Es obligación del operario trabajar la semana completa, siempre que no se lo impida causa justificada, como enfermedad. En caso contrario perderá el importe de lo que hubiere trabajado.

4. Los trabajos defectuosos por culpa de los obreros, se compensarán multando a éstos, según la importancia de sus faltas. Las multas servirán para compensar el perjuicio causado, y las multas disciplinarias que sobre las anteriores se les impongan, se destinarán para algún establecimiento de beneficencia.

5. Los operarios, con su sola presencia en el establecimiento, aceptan los reglamentos, los horarios y tarifas que tengan a bien imponerles los administradores.

6. Los operarios tendrán obligación de velar y trabajar los días de fiesta cuando así se los demande, quien se niegue a esta orden será separado de su trabajo.

7. Las casas de las fábricas son exclusivamente para alojar a los operarios v al ser despedidos estos y dejar su trabajo, tienen obligación de desocuparlas en el término de seis días.
Los movimientos campesinos
¿Cuáles fueron los medios de defensa de los trabajadores frente a estas inicuas condiciones? De la misma manera que en Francia a partir de la Ley Le Chapelier, se utilizó la organización mutualista. En la ciudad de Guadalajara, en marzo de 1850 se fundó la primera agrupación de artesanos de que se tiene noticia. En el campo, entre 1869 y 1880, se producen diversos movimientos agrarios, de los que se proclamaron socialistas el de Julio López Chávez, en Chalco y el de Diego Hernández, en Sierra Gorda.
El movimiento de Julio López Chávez fue importante. En El siglo de 26 de febrero de 1869, aparece la noticia siguiente: "Chalco. Un tal López a la cabeza de una gavilla poco numerosa ha recorrido varios pueblos del Distrito de Chalco, proclamando guerra a los ricos y reparto de tierras de las haciendas entre los indígenas. De los distritos inmediatos se han movido fuerzas para perseguir a la gavilla".
Julio López seguía la escuela de Francisco Zalacosta y Santiago Villanue-va, discípulos, a su vez, del fourierista griego Plotino C. Rhodakanaty, quien fundó en Chalco, hacia 1866, cinco años después de haber editado su Cartilla Socialista, una escuela moderna y libre. López sustentaba, entonces, una ideología socialista, según se pone en evidencia en el "Manifiesto a todos los oprimidos y pobres de México y del Universo", de 20 de abril de 1869. con el que dio fundamento a su rebelión. En algún momento llegó a establecer control sobre pueblos y haciendas, en las que contaba con gran simpatía de los indios, por lo que García Cantó lo considera precursor de Zapata. Sin embargo, el 10 de julio de aquel año, El Monitor Republicano anunciaba que el cabecilla había sido fusilado el día anterior. Para Juárez el movimiento de López debía ser considerado sólo como un movimiento político... De Julio López diría después Francisco Zarco que ha terminado su carrera en el patíbulo. Invocaba principios comunistas y era simplemente reo de delitos comunes. La destrucción de su gavilla afianzaba la seguridad de las propiedades en otros muchos distritos del Estado de México. En este Estado, como en otros muchos de la República, tiempo vendrá en que sea preciso ocuparse de la cuestión de la propiedad territorial; pero esto por medidas legislativas dictadas con estudio, con calma y serenidad, y no por medios violentos y revolucionarios.
El otro movimiento campesino, que encabezan Diego Hernández y Luis Luna, se funda en el "Plan Socialista de Sierra Gorda", de 15 de julio de 1879, pero no parece que haya llegado a originar una rebelión armada.
Las organizaciones y los movimientos obreros
Las ideas socialistas empezaban a tener cierta vigencia en el último tercio del siglo XIX. El Socialista se publicó, de manera irregular, desde 1871 a 1888". La Comuna, bisemanal, sólo se publicó de 1874 a 1875. En este mismo año apareció La Huelga y de 1876 a 1886 se público El Hijo del Trabajo dirigido por el sastre José María González.
Como sociedades mutualistas existieron la fundada por Juan Cano y el escultor José María Miranda, denominada "La Gran Familia Artística", que nació en el Ex-convento de Santa Clara; la "Fraternidad de Sastres" de 1864; la Sociedad Fraternal" secreta, con 12 miembros, de 1886; la "Sociedad de Artesanos y Agricultores" de 1867 y la "Sociedad Artística Industrial", del mismo año.
Entre los individuos que tuvieron cierta influencia en el movimiento obrero pueden mencionarse a Juan Nepomuceno Adormo, "empleado de tabacos, inventor de muchas cosas, que expone sus utopías en Los males de México (1858) ] La Armonía del Universo (1862-1882)" y al ya citado Rhodakanaty, sastre de profesión, educado en Viena y Berlín, quien llegó a México en 1861. Fue autor de la "Cartilla Socialista o Catecismo Elemental de la Escuela de Carlos Fourier"; de "El Falansterio", "El Neo Panteísmo", "Consideraciones sobre el Hombre i la Naturaleza", y en 1872 publicó unos apuntes biográficos de los más célebres comunistas franceses. De los discípulos de Rhodakanaty, Zalacosta dirigió "La Internacional" y Mata Rivera fundó "El Socialista".
El primer organismo obrero de importancia fue "El Gran Círculo de Obreros". García Can tú afirma que es casi imposible conocer los primeros pasos de este grupo, del que menciona que "después de 1871 sus emisarios... promueven la fundación de sucursales en las fábricas del Distrito Federal, el Valle de México y Estados de la República". Víctor Alba ubica su fundación en el año de 1870, igual que Guadalupe Rivera Marín, mientras que Luis Araiza afirma que nace el 16 de septiembre de 1872, fecha en que "en un ensayo de unificación, los diversos núcleos obreros organizados en cooperativas constituyen un organismo central de carácter nacional al que denominan "Círculo de Obreros de México, y en él se fundan todas las sociedades cooperativas, Mutualistas y Hermandades...".
El "Gran Círculo de Obreros" llegó a tener, en el año de 1875, veintiocho sucursales en todo el país, y recibió el apoyo moral de casi todas las organizaciones obreras de entonces. Las siete primeras cláusulas del Reglamento del Gran Círculo, que fue aprobado el día 2 de junio de 1872 y que tomamos de García Cantú, expresan claramente sus tendencias.
I. Mejorar por todos los medios legales la situación de la clase obrera, ya en su condición social, ya en la moral y económica.
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