Para entender a cabalidad la dimensión trascendente del marino más grande todas las centurias, necesitaríamos la pluma y el verbo de César Abraham Vallejo






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fecha de publicación28.07.2016
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CONSTRUYENDO UN HÉROE

Para entender a cabalidad la dimensión trascendente del marino más grande todas las centurias, necesitaríamos la pluma y el verbo de César Abraham Vallejo Mendoza; pero no la tenemos.

Por ello ruego anticipadamente perdonen la insolencia de este humilde periodista, sullanense admirador eterno del Caballero de los Mares, por atreverse escribir una semblanza de este gran peruano desde sus años de niño, adolescente, joven y adulto.

Empecemos por el comienzo. Estando en Piura,el colombiano don Juan Manuel Grau y Berrío, conoció a doña Luisa Seminario Del Castillo que era una criolla muy hermosa y muy movida, hija de don Fernando Seminario y Jaime, que era Corregidor de Piura y la dama piurana doña María Joaquina Del Castillo de Seminario, quienes vivían en la calle Mercaderes (ahora calle Tacna) en la ciudad de Piura.

Los Seminarios eran emparentados de los Gonzales Maùrtua y los Condoretti, y en general los Seminarios eran notables por su temperamento encendido, pues nadie osaba “pisarles el poncho” (retarles), y las mujeres no se quedaban atrás, eran de armas tomar.

Mientras tanto, don Juan Manuel Grau , se enamoró de doña Luisa Seminario del Castillo.y se inició un tórrido romance.

Cuando llegó el momento, doña María Joaquina Del Castillo como futura abuela de nuestro héroe, hizo los preparativos para el alumbramiento de su tercer nieto, en la casa solariega ubicada en Piedra Rodada de su Hacienda Huangalà de la provincia de Sullana. El parto fue atendido por el médico inglés Alexander Diamont Newell el 27 de julio de 1834.

La casa donde nació Miguel era una casa hacienda muy grande, en forma de herradura y en su frontis habían unos hermosos y bien cuidados jardines, regados por permanentes acequias del rio Chira.

Fue bautizado el 3 de setiembre de 1834, de un mes y siete días de nacido, cuando lo trajeron a la ciudad de Piura, por una tía materna.

La casa de la ex hacienda Huangalá, tenía una acogedora capilla, como toda familia que se preciaba, donde había una imagen de tamaño natural de Santa Rosa de Lima, que aún perdura en la actual iglesia de Huangalà. Las otras imágenes existentes fueron trasladadas a otros lugares por los sacerdotes de entonces. Por ello se explica, la presencia de una estampa de Santa Rosa, en la sala de mando del Monitor Huascar y su permanente devoción de Miguel, aprendida desde niño.

Como sabemos, Santa Rosa de Lima murió el 24 de agosto de 1617, en la ahora denominada Iglesia de Santa Rosa, ubicada en el actual Jirón Ayacucho Cuadra. Seis del cercado de Lima.

Su infancia fue bastante difícil, dos hermanastros mayores que él y una hermanastra menor, con los que no tenía ninguna afinidad; más una madre de actitud temperamental y carácter fuerte, que siempre obligaba a Miguel a relacionarse con su familia materna, y que lo obligó a preferir a su padre. Pero Dios sabe lo que hace.

Según la mayoría de sus biógrafos, definen a Miguel de carácter apacible y hasta daba la impresión de ser un niño tímido, retraído, algo triste y pensativo.

Ese 27 de julio de 1834, lo considero un día predestinado para la gloria, un día que anunció el nacimiento y la transformación de un hombre singular, diferente. Pues, además de sus ancestros paternos, pertenecía a una línea de bizarros linajes frondosos y muy significativos árboles genealógicos, bien lustrosos y sonados; bien reconocidos en sus ciudades natales y en sus oriundeces hispánicas, que ha trascendido los siglos y las fronteras.

Es necesario conocer la mayor cantidad de pasajes de su existencia paradigmática y ver como Miguel se fue espigando poco a poco, como un verdadero monumento viviente.

Las naciones necesitan hacer de sus héroes, leyendas, para hacer crecer la conciencia nacional de patriotismo. Por ello convirtamos a Grau en leyenda, que su grandeza lo convertirá en mito.

Miguel era de carácter apacible y hasta daba

la impresión de ser un niño tímido, retraído,

algo triste y pensativo

Miguel pasó así su infancia, sin privaciones materiales, pero con muchas privaciones espirituales maternas, que intentó reemplazar su padre, con inmenso amor y cuidados, y con una férrea disciplina de formación en el hogar. Si además agregamos a sus primeras letras y el noble cariño de la gente sencilla del campo de Huangalá, acompañados de las risas de alegría de los niños de su edad, cuando corrían presurosos tras las esquivas lagartijas o sudaban a raudales persiguiendo los veloces y escurridizos zorros, con honda en mano.

En este tiempo fueron sembradas las primeras semillas de generosidad ,laboriosidad, y hombría de biemn , características propias del hombre campesino norteño.

Podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que su alma y espíritu aun vibrantes, recibieron los pensamientos más valiosos de generosidad y humanidad, donde la acción paterna fue fundamental para poner las bases de su nobleza e hidalguía, para ser magnánimo y valiente, hasta el infinito.

Cuando su padre fue nombrado VISTA DE ADUANA, tuvo que trasladarse al pueblo de Paita, que en general era un lugar abandonado, un pequeño poblado de muchas chozas de quincha y barro de los pescadores, donde la rutina diaria adormilaba y alguna veces – solo algunas –era interrumpida con la inesperada llegada de barcos fatigados, en busca de descanso o para proveerse de alimentos y agua. Paita era una ensenada de paz dormida, junto al arenal del tablazo, pero esporádicamente visitada por piratas y corsarios de toda fama.

Paita poseía un edificio aduanero de hierro, que había llegado de Inglaterra por piezas. Allí residían los cónsules británicos y norteamericanos. Allí, también, se refugió el eterno amor de Simón Bolívar hacia 1850 y en esa casa vivieron Juan Manuel y su hijo Miguel. Ahora existe una placa recordatorio a doña Manuelita Sáenz la “libertadora del Libertador”.

Miguel niño se paseaba por las mañanas por la playa, mirando asombrado las descomunales toninas y los traviesos delfines. Por las noches miraba el manto oscuro del mar que ocultaban las débiles luces de las embarcaciones que pasaban por la costa y se conmovía de las buenas o malas noticias de la independencia del Perú y América.

Pero este niño, se negaba a jugar con los de su edad y prefería escuchar a los barbudos marinos que llegaban de paso a Paita, para conocer sus aventuras en los mares del mundo. Miguel comenzó a sentir el llamado del mar. El guano y el salitre aumentaron el número de barcos extranjeros que terminaron por decidirlo. Empezó a observar con detenimiento, los movimientos caprichos de las corrientes marinas y los vientos, y las estrellas.

En esos años, la niñez de Miguel transcurría entre Paita y Sullana, donde se encontraba con Lizardo Montero, aquel otro piurano ilustre, inquieto y encabritado, que era tres años mayor que él, para hacer excursiones en el rio Chira, bañándose en sus frescas aguas y comiendo las abundantes frutas.

Se encontraba con Lizardo Montero, aquel otro

piurano ilustre, inquieto y encabritado,

que era tres años mayor para hacer excursiones

en el rio Chira…

Podemos decir que en general, aquellos tiempos los barcos eran refugio de fugitivos de cárcel y de la justicia, delincuentes, hombres osados, a quienes no les importaba morir en una escaramuza sin importancia, ya sea a bordo de una nave o en cualquier cantina maloliente.

Pero aún así, con varias circunstancias a su favor, pues el lugar no ofrecía las posibilidades formativas que su padre quería, logró su autorización a embarcarse por el providencial arribo a Paita de don Manuel Francisco Herrera con su bergantín granadino TESCUA, quién era amigo de su padre desde las épocas juveniles y tenían vínculos espirituales. Miguel estuvo bajo su mando casi desde los nueve años hasta los 14 años. Su primer embarque significó también su primer naufragio, cerca de la isla Gorgoña en Colombia.

Empezó como APUNTADOR DE OFICIOS, encalleciendo sus manos con los remos, maniobrando mástiles y dándole cara al peligro. Es en este apasionante mundo marino donde se gradúa con una madura adolescencia y conoce muy de cerca los peligros de este oficio. Miguel en su odisea juvenil, adquirió temprana experiencia y sólidos conocimientos del arte de la navegación; y las estrellas eran sus fieles compañeras de ruta, pues sabía “leerlas” como el abecedario. En este tránsito hacia su hombría, empezó a forjarse un juicio moral y sentido ético, con los valores universales de su humanidad cristiana y un desarrollo personal ecuánime, que lo convirtieron en un hombre íntegro, enemigo de la frivolidad y de la improvisación.

Fue dotándose de saber y serenidad, ante las adversidades de la vida y la furia de las tempestades, convirtiéndose en un joven apuesto y muy fuerte, firme creyente de un Dios Todopoderoso, que le permitió volver intocado por las sentinas de barcos dudosos, y de buen retorno sin amarguras de los puertos más sombríos.

Hizo durante siete años la dura vida de mar, subiéndose a los mástiles más altos, cuando el tiempo tranquilo le dejaba unas horas de descanso en el día, y también cuando las noches tranquilas eran iluminadas por una constelación de estrellas. . Allí, en lo alto de los mástiles, soñaba también con una patria libre, y su compromiso con esa patria joven que era el Perú. Aprendió a desafiar y vencer a las tempestades, y agradecer a Dios por la providencia de un viento a favor, cuando las velas se hinchaban para llevarlos s buen puerto. Pero, también aprendió a enfrentar las largas soledades en el mar.

Miguel desde los ocho años siete meses recorre los puertos del mundo como marino mercante, pasando de un barco a otro, cambiando capitanes y banderas, cruzando el Pacífico, el Atlántico y el Indico, desde las Malvinas a Londres, y del Callao a Macao. Supo ganarse un merecido prestigio internacional como magnífico marino y el reconocimiento de muchas amistades en el mundo, aprendió a mandar y hacerse obedecer, por su conocimiento y carisma, desde las más difíciles de las tripulaciones hasta los más experimentados hombres de mar. Estaba surgiendo el líder, la leyenda, el mito.

Aprendió a mandar y hacerse obedecer por su

conocimiento y carisma, desde las más difíciles de

las tripulaciones, hasta los mas experimentados

hombres de mar.

A los 19 años ya era todo un hombre de mar, pero también amaba la buena lectura, hablaba varios idiomas, conocía los principales puertos del mundo y estuvo de arponero, cazando ballenas, cuando tenía ¡quince¡ años de edad, en la fragata norteamericana OREGON.

Al regresar a Paita, ya se había templado su adolescencia, y a pesar de ser alimentado con comida de marinos, también comió galletas rancias y los potajes más exóticos en los puertos del mundo.; y su presencia era de un joven muy fuerte y decidido.

Entre los documentos que tuvo que suscribir, resalta uno que lo hace aparecer como un verdadero lobo de mar, fogueado en todos los mares del mundo y se vislumbra el temple de su acero como el más grande héroe naval de todos los mares.

Con su puño y letra escribe:

Relación de los buques en que ha navegado el que suscribe:

  1. Me embarqué en el puerto de Paita, en marzo de 1843

en el bergantín granadino TESCUA, su capitán Manuel Francisco Herrera, y fui a Huanchaco, y navegando al puerto de Buenaventura , se perdió el buque en la isla Gorgoña en Colombia.

2, Tomé plaza en la goleta Florita, su capitán Manuel F. Herrera y fui a los puertos del Callao, Buenaventura, Panamá y volví a Paita.

3.- Tomé plaza en el bergantín Josefina, su capitán Manuel F. Herrera, este buque estuvo haciendo el servicio de paquete entre Callao y Panamá, conduciendo la valija a Europa, y cesó por haberse establecido la línea de vapores

4.- Tomé ´plaza en la fragata ballenera norteamericana OREGON, su capitán Teodoro Wimping. Permanecí en este buque cazando ballenas 22 meses y ha tocado en las Marquesas, Sándwich y la Sociedad. Me desembarqué en Paita

5.- En el Callao tomé plaza en la fragata PERUANA., su capitán Gregorio Espejo, que cargaba guano fue a Inglaterra, pasamos a Burdeos, donde tomamos el pabellón francés, volví al Callao, tocando en Rio de Janeiro.

6. Tomé plaza en el Callao en el bergantín CONROY su capitán Guillermo Rooveet y fui a Hong Kong, tocando en Sándwich, (un nombre ilegible) y Macao.

7. En Macao tomé plaza a bordo de la fragata inglesa GRESMACUL, su capitán John Adam, a San Francisco de California.

8 En California tomé plaza a bordo de la fragata norteamericana COSAR, su capitán Bell Cook y fui a Shanghái y Hong Kong..

9. En Hong Kong tomé plaza a bordo de la fragata norteamericana WHIC CRAF, y fui a Singapur y regresé a Hong Kong.

10. Tomé plaza a bordo de la fragata norteamericana ESTAY HONG, su capitán Guillermo Ben y fui a Nueva York y Boston.

11. En Boston tomé plaza a bordo de la fragata norteamericana SYOOM, su capitán Kim Smith y fui a California.

12 En California, tomé plaza a bordo de la fragata norteamericana GOLD and EGEL , su capitán Guillermo Rolín y llegue al Callao.

Miguel Grau Seminario.

Si observamos su recorrido por el mundo, la ruta escogida por el joven Miguel es a su voluntad, fue donde quería conocer. El mundo era suyo., conoció lo que quiso.

. Durante siete meses, pasó cultivando las letras y la poesía, como alumno del poeta español Fernando Velarde, que al conocer su muerte en Angamos, escribió:

Nunca fuiste risueño, ni elocuente

y tu faz pocas veces sonreía

pero inspirabas entusiasmo ardiente,

cariñosa y profunda simpatía.

Y respecto a esta información del poeta español Velarde,,podemos ver en todas las fotografías que se tienen de él, sólo una, en la que posa con su primogénito Enrique, se le observa sonriente. En todas las demás fotos se le observa una expresión adusta y serena.

Miguel conoció el mar en 1842 y contemplando en Paita su inmensidad y majestuosidad quedó subyugado para siempre; por ello en marzo de 1843 cuando se embarcó en el TESCUA, tenía ocho años siete meses de edad. Y tuvo su primer naufragio, que gracias a Dios se salvó

Su segundo naufragio ocurrió en el APURIMAC, en 1863 a los 29 años de edad, originándose comentarios en los diario, que ya daban cuenta de la forma y del futuro que le aguardaba al patilludo marino, que comienza diferenciarse con su rostro duro, redondo, con barba densa e inflexible disciplina en el mar.

Lo seguimos al héroe desde su nacimiento, niñez hasta su madura adolescencia, hasta cuando dejó de navegar por todas las latitudes del planeta, y asimilarse a la gloriosa Marina de Guerra del Perú.

Miguel era el tercero de cuatro hermanos: Enrique, Dolores, Miguel y Ana.

Se caso a los 33 años, siendo Capitán de Navío, con la dama limeña Dolores Cabero y Núñez, en la Iglesia del Sagrario de la Basílica Catedral de Lima, el 12 de abril de 1867, en una casa de la calle Belén (ahora Jr. De la Unión)

En el tiempo que Miguel y su esposa Dolores vivieron como esposos, nacieron casi todos sus hijos: Enrique, Miguel (fallecido en un accidente en Chile a los 11 años de edad), Oscar, María Luisa, Victoria, Elena (melliza de Victoria que falleció al cumplir un año), Ricardo, Carlos, Rafael y el último hijo que nació el 23 de enero de 1879, el mismo año que se inmoló por el Perú, llamado Miguel.

En 1865 muere su padre en Valparaíso-Chile cuando tenía 31 años de edad.

En 1874 muere su madre doña Luisa Seminario del Castillo, cuando tenía 40 años de edad y sus restos reposan en el cementerio Presbítero Maestro de Lima.

Cuando nació Miguel Grau Seminario, don Francisco Bolognesi tenía 18 años, Ramón Castilla 37 años, Ricardo Palma 1 año.

Cuando niños sus hijos, los llevaba a todos, muy orgulloso y en ordenado grupo, a la misa dominical en la Iglesia del Sagrario de la Basílica Catedral de Lima, pues vivía cerca de allí, en la ahora calle Huancavelica. Su casa de entonces ha sido convertida en Museo.

La señora Dolores después de la muerte del Almirante Grau, permaneció un poco tiempo en su casa en Lima, y luego se llevó sus hijos a Europa. Victoria y Carlos, los que permanecieron solteros en París, hasta su muerte en 1914 y 1940. Doña Dolores después de la desocupación chilena, retornó al Perú con el resto de sus hijos vivos. Miguel Grau Cabero, el último hijo de nuestro héroe, falleció a los 97 años, en Lima.

Pero, la estirpe de don Miguel Grau Seminario es numerosa y seguirán con nosotros, hasta la consumación de los siglos.

La entereza de su carácter y su serena reflexividad, su maestría profesional como marino, su digna, justa y honesta rebeldía, su noble y cristiana generosidad, su coraje y valentía sin límites; fueron construidos por Miguel Grau Seminario, ladrillo a ladrillo, con empecinada voluntad, inconmensurable valor, grandioso heroísmo y humilde grandeza. Don Miguel Grau Seminario es legítimo orgullo de todas las generaciones de los peruanos.

Po ello, nuestro Manuel Gonzales Prada dice: “Al ver su rostro leal y abierto, al coger su mano áspera y encallecida, se palpaba que la sangre venía de un corazón valiente y generoso”.

Más que un hombre excepcional, en un nombre apretado como un puño, es un símbolo recogido en una palabra mágica: GRAU. Es un ejemplo a seguir en la vida y para enfrentar con dignidad a la muerte, pues hay que saber morir.

Don Miguel Grau en la constelación de ilustres personajes de nuestra historia, es la máxima figura. Fue grande en todo, en la vida civil y en la guerra. Esposo y padre ejemplar. Demócrata y ciudadano cabal. No hay nada en la vida de Grau, que pudiera mancillar su honra. Todo en él es virtud, honradez y caballerosidad. Es el único que convoca nuestro absoluto respeto, admiración y orgullo.

Es el marino que desde niño percibe el destino que el Perú le ha deparado. Cuando adulto, hombre de la provincia, fue activo miembro del Directorio del Partido Civil. Y tuvo una declarada militancia nacionalista, como el rechazo abierto a la jefatura de la Escuadra Naval Peruana, por el norteamericano Jhon R. Tucker.

En el Congreso de la República se luce con orgullo, el escaño ocupado por el entonces Diputado por Paita Miguel Grau Seminario, en l875.

Hay muchos hombres en el mundo, que tienen una enorme capacidad de sacrificio, que renuncian a cualquier beneficio personal y comodidades personales, para que otros puedan vivir decentemente. Estos hombres son admirables pero no héroes.

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