Blog del viaje por segovia y su provincia (un viaje entre el románico y el mudéjar)






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BLOG DEL VIAJE POR SEGOVIA Y SU PROVINCIA (UN VIAJE ENTRE EL ROMÁNICO Y EL MUDÉJAR)
PRÓLOGO
Estamos ante una nueva ocasión para salir en fin de semana, a la hora de elaborar el itinerario tenemos varias opciones, queremos salir sin hacer muchos kilómetros, aunque este puente es un poco más largo que el típico fin de semana de viernes a domingo. Hemos elegido para esta salida la ciudad de Segovia por su proximidad y por las previsiones del buen tiempo que parece que tendremos.

Segovia es una de las ciudades españolas que bien merece una visita en profundidad. Siempre que la habíamos visitado era de una forma muy fugaz, solamente nos dedicábamos a ver la parte más notable y vistosa, muchas veces nos limitábamos a pasar el domingo con una buena comida en Casa de Duque.

EL VIAJE

Día 28 de octubre (viernes)

RUTA: MADRID-SEGOVIA
Salimos más tarde de lo normal debido a la proximidad del punto de destino, hoy estamos muy perezosos y relajados, nos dan las 18,30 cuando nos subimos a la autocaravana.

Cogemos la carretera A-5 en dirección a Segovia, el tráfico es fluido, mucho más que cualquier fin de semana normal. A las 20,00 horas estamos en Segovia; enseguida el Tom Tom nos sitúa en nuestro punto de pernocta, se trata del Paseo de Ezequiel González, nada más llegar a una rotonda donde se encuentra el monumento representado al cocinero Cándido cortando los cochinos con el plato. A la izquierda hay un gran descampado que será nuestro lugar de pernocta en Segovia durante las dos noches siguientes; las coordenadas del lugar: N40º56’48.31 // W 04º07’27.85. El parking esta dividido una parte para autobuses y otra para turismos, en la parte de autobuses esta aparcada una autocaravana pero nosotros esperamos que se desaloje algún turismo para ocupar unos de sus huecos.

Nada más llegar me marcho para fotografiar la noche de la ciudad de Segovia, estamos a pocos metros del Convento de Corpus Cristi aquí se levantaba la Antigua Sinagoga Mayor, a su lado esta la de Andrés Laguna donde se halla el centro didáctico de la Judería.

Por una de las puertas de entrada a la ciudad que atraviesa la antigua muralla salgo a la calle de la Judería, ahora esta dedicada como chiringuitos de copas, a estas horas no hay nadie pasando por esta parte de la ciudad.

Salgo en dirección al reflejo luminoso que produce la catedral, me sorprenden las decoraciones exteriores con sus gárgolas y los pináculos góticos. La plaza Mayor esta llena de niños jugando ante la atenta mirada de sus padres. A la derecha se encuentra la iglesia de san Miguel en cuyo atrio fue proclamada el 13 de diciembre de 1474 reina Isabel La Católica. Después de ver la majestuosidad de la misma me marcho hacia la iglesia de san Martín, uno de los ejemplos más bellos del románico segoviano, destaca la galería porticada románica con sus arcos de media punta y los capiteles de las comunas labrados, los canecillos del ábside están irreconocibles habiendo perdido su antigua iconografía, a su lado se construyó una magnifica torre mudéjar. En una de las esquinas se encuentra el Palacio de los del Río y el Torreón de los Lozoya, en el centro de la plaza la estatua de Juan Bravo con su estandarte en la mano, a sus espaldas se encuentra su casa, todo este conjunto monumental forma la panorámica de una de las plazas más bonitas y con más historia de Segovia. Más adelante llego a la Casa de Los Picos, es uno de los símbolos de Segovia, tiene ciertas similitudes con la casa de las Cochas en Salamanca. La casa de Segovia tiene la fuerza de la geometría con picos en toda su fachada, era la casa de Juan de la Hoz, tuvo que cambiar el aspecto de la fachada de forma radical para que el pueblo olvidara su antiguo nombre “Casa del Judío”. Llego hasta al monumento más reconocido de la ciudad “El Acueducto”. Dicen las estadísticas que la distancia real de esta compleja obra es de 14965 metros, sirve para traer el agua desde el cauce del río Acebada hasta el patio del Alcázar. Tiene 166 arcadas de piedra, en algunas zonas parece que se van a caer pero en esta posición lleva 2000 años.

Después de contemplar el acueducto desde muchos ángulos me retiro directamente a cenar en el parking.

Día 29 de octubre (sábado)

RUTA: SEGOVIA
El sueño en el aparcamiento comenzó movido porque por la noche el lugar pasó a ser un punto de reunión de la juventud segoviana, algunas desafortunadamente con una copa de más, se produjeron discusiones fuera de tono pero la cosa no fue grave y después de unas voces se marcharon. Más tarde, todo se quedo tranquilo o bien el cansancio se apodero de nuestro cuerpo pudimos dormir plácidamente.

Comenzamos el día dirigiéndonos hasta el centro de la ciudad, tenemos una cita en el mismo Acueducto en la Oficina de Turismo. Queremos hacer una visita guiada por la ciudad en lo que denominan Ruta por el Patrimonio de la Humanidad, pagamos 42 euros (2 adultos y 2 niños), incluye la visita a la Catedral, al Alcázar, además, incluye una visita gratuita (fuera de ruta) a la casa donde vivió Antonio Machado, también ofrece una reducción en la entrada al monasterio de las Clarisas donde se presenta una ruta por el Arte Mudéjar. El tour comienza a las 11,45 y para hacer tiempo nos recomiendan hacer una visita a la cercana iglesia románica de los Santos Justos y Pastor.

La iglesia tiene una galería lateral porticada que imita al románico típico segoviano pero en realidad fue un añadido durante la ampliación en el siglo XVII.

La portada principal contrasta la pobreza y la rudeza de los sillares, obra de albañiles musulmanes del barrio moro. El arco del triunfo es de ladrillo y en los muros se abren pequeñas ventanas.

El interior, la planta tiene una sola nave central de estilo románico que desemboca en un ábside en la cabecera. Destaca la torre de piedra caliza, dorada por el tiempo, una de las más hermosas de la villa. El ábside fue construido a base de mampostería morisca, sin ninguna ornamentación

La iglesia sufrió un importante abandono, desplomándose la techumbre y permaneciendo toda la nave a la intemperie durante muchos años. Haciendo unos trabajos de restauración en el interior aparecieron debajo de varias capas de cal unos importantes frescos románicos, se perdieron casi todos los situados en la nave pero en el ábside, que no se había mojado, estaban casi completos. Se trata de los frescos románicos con la figura en el centro de un pantocrátor de excepcional calidad. Las figuras tienen la función de mostrar las enseñanzas de la Biblia a los devotos. En el ábside aún se conserva el arco románico y la ventana cubierta de mármol traslucido del que se conserva el original.

El pantocrátor se representa dentro de una curiosa mandorla (almendra) formada por 25 ancianos del Apocalipsis, y se encuentra flanqueada por las figuras del tetramorfos. En el semicírculo, a ambos lados del ventanal, se representa la Crucifixión a la izquierda y el descendimiento a la derecha. En el centro de la bóveda de medio cañón, el cordero en tres figuras de difícil interpretación. En los muros laterales de la Capilla Mayor, en los cuales se desarrollan escenas del Prendimiento de Cristo y de la última Cena. En los arcos se representa Adán y Eva en el momento del pecado, dos figuras desnudas de Caín y Abel.

En la ejecución de este grupo de pinturas se ve la mano de dos artistas distintos, el más antiguo es más tosco, pudiera ser morisco, es el que pinto el pantocrátor, de estilo orientalista. Lo describe con enormes ojos y parece llevar gafas y una negra cabellera. Más adelante, a finales del siglo XII, se completan los frescos con otro artista que tal vez pudiera ser de León. Se han encontrado ciertas similitudes con las pinturas de San Isidoro de León. En algunas partes parece que se trata de un simple boceto estando a la espera de su remate final. Los colores empleados por los dos artistas de San Justo son: azul, rojo, anaranjado, blanco y negro que producen un gran efecto visual.

La nave central sufrió un añadido durante el siglo XVII, en ella se encuentra el famoso Cristo de los Gascones, es una talla románica, tiene una peculiaridad y es que es articulada. En la época del medioevo sirvió para representar en la cabecera de la iglesia las escenas de la crucifixión y el desprendimiento de la Cruz. Otra la otra parte de la nave anexa esta decorada con pinturas al óleo donada por las familias nobles del siglo XVII.

En esta iglesia fue bautizado en julio de 1530 San Alfonso Rodríguez, el santo mercader de paños y luego nombrado coadjutor en la Compañía de Jesús.

Regresamos hasta el Acueducto para hacer la visita guiada por la ciudad de Segovia, son las 11,45 horas.

Comenzamos las explicaciones por el mismo Acueducto, destaca en el centro la hornacina que en tiempo de los romanos estaba reservada al dios local, con la cristianización se coloco la Virgen de piedra blanca, corresponde con la parte más alta de la construcción, con sus 28 metros.

Es una de las obras hidráulicas más importantes de toda la humanidad. Fue construido para llevar el agua a los baños públicos, a los talleres y para la limpieza de las cloacas, después en la edad media fue ampliado hacia las casas de los aristócratas y los regadíos en alquiler. Los romanos eran grandes captadores de agua, conocían la importancia del agua pura para las necesidades del hombre, de esta forma podían conducir el mejor agua posible dentro de la zona del asentamiento.

Los trabajadores de la obra eran esclavos de Roma que afanosamente subían piedra a piedra hasta formar los grandes arcos. La magnitud del esfuerzo en la construcción de esta obra pública hay que entenderla porque cada sillar de piedra pesaba, los más pequeños, una tonelada y los mayores llegaban alcanzar dos toneladas, en todos se observa el taladro que servia para izarlo su asiento definitivo. Una de las características de esta construcción es que la unión de los sillares no se empleo ningún tipo de argamasa, cada sillar era especialmente seleccionado y cortado para que cumpliese con el equilibrio de fuerzas. El acueducto en el siglo I era denominado ‹‹aqua ductu››, obra levantada por el emperador Augusto o Claudio, incluso durante algún tiempo se pensó en que hubiera sido Trajano, pero en posteriores tesis esto no se ha podido demostrar.

Hay que hacerse una idea lo que debió de pensar las gentes del medioevo ante la atenta mirada a este tipo de obras, sobretodo ante el retroceso que sufrió durante siglos la humanidad; para poder entender como se había construido el acueducto se invento una leyenda que justificase que hacia allí y como se había hecho.

La leyenda más conocida es la que asegura que el acueducto no es obra de los romanos, quizás no sabían que hubo una civilización anterior mucho más desarrollada. Durante muchos años se construyó por las gentes una leyenda cuya atribución era al diablo.

Se dice que una joven aguadora, cansada de tanto subir y bajar con el cántaro, ofreció su alma al diablo si éste conseguía aliviarla en una sola noche de su penosa tarea diaria. Aceptó el diablo, que buscó como resolver los problemas de la aguadora con la construcción del acueducto de Segovia, esta obra tenía que hacerse en una noche.

Sin embargo, el diablo se entretuvo porque la construcción del acueducto no era tarea fácil. El amanecer le sorprendió cuando aún le faltaban algunas piedras por colocar en su lugar, por lo que no pudo cumplir su promesa ni, por tanto, llevarse el alma de la aguadora.

La obra pública del Acueducto ha llegado a nuestros días en pleno servicio prácticamente inalterado. Durante el ataque musulmán sufrieron desperfectos 36 arcos pero fueron posteriormente restaurados en el siglo XV. Los reyes Católicos sustituyeron la figura pagana romana instalada durante 1500 años en la hornacina romana por la imagen de un San Sebastián y este fue sustituido por la Virgen en 1520.

Para la conservación del monumento se dejo de llevar agua para evitar la aparición de hongos, posteriormente se prohibió el tráfico rodado debajo de sus arcos.

Comenzamos nuestra visita al interior de la ciudad por la calle Real, es la arteria principal de la villa, quien la busque en el callejero no la encontrara porque no existe, aunque todos los segovianos la conocen por ese nombre. Destacan el esgrafiado de sus casas, la uniformidad obedece a una orden real que obligaba a sus dueños a terminar con esta técnica todas las viviendas de la calle. El ultimo tramo de la calle se llamo de la ‹‹Cintería››porque en ella se encontraban numerosos despachos de cintas e hilos.

Llegamos al mirador de la Canaleja, es una parada obligada, se abre en el siglo XIX al eliminar el pasadizo derramado, llamado pasadizo de la Canaleja, este conducía hacia San Millán, era la parte más inmunda de la ciudad. Desde aquí el paisaje se llena de montañas, estamos con toda su plenitud ante la sierra de Guadarrama, entre sus sombras se levantan un mar de tejados que destacan por sus tejas cóncavas, en este caso las casas solamente se construyen con la teja bajera para quitarle peso al tejado y de esta forma no se pueda colapsar ante las copiosas nevadas. Al fondo podemos ver la torre de San Clemente con su chato torreón y sus cuatro ventanas, por cada lado bajo el alero; además, podemos ver desde aquí la iglesia de la Trinidad y de Santo Tomás.

Llegamos a la plaza Mayor, así conocida desde 1461, anteriormente recibió el título de la Constitución, sobre el centro de la plaza se encontraba la antigua iglesia de San Miguel que se hundió. Durante la reconstrucción se hizo un nuevo ordenamiento urbano, en el frente se encuentra la catedral de Segovia.

La catedral de Segovia fue construida sobre las casas que dejaron los judíos al marcharse al destierro de España. El barrio se llamo Barrionuevo y pasaron todos esos inmuebles a ser propiedad del Cabildo de la Catedral en 1523 Carlos V hace un edicto para poder expropiar todos los inmuebles necesarios para la construcción la nueva Catedral. El verdadero impulsor fue el canónigo Juan Rodríguez, junto con el maestro de obras Juan Gil y Juan Campero encargado de trasportar el antiguo claustro desde el alcázar hasta su nuevo emplazamiento, este claustro había sido construido por Juan Guas en 1471.

La iglesia sufrió un incendio el 18 de septiembre de 1614, cayó un rayo sobre el tejado y las maderas de la cubierta comenzaron a arder, con la ayuda de muchos ciudadanos se sacaron todos los ornamentos y en especial atención a los que contenían plata, las chispas se esparcían por todos los edificios adyacentes pero un repentino aguacero cayó desde el cielo, era tan copioso que enseguida se apago el fuego. En tres horas estaba completamente apagado.

El exterior de la catedral llama la atención por la cantidad de ornamentación que tiene, destacan las gárgolas con sus figuras monstruosas, los remates con los escudos heráldicos, sobre uno de los pináculos se alza el Ángel en bronce tocando la trompeta.

El interior, la planta esta dividida en tres naves, en las naves laterales se hallan las capillas empotradas dentro de los espacios libres que dejan los contrafuertes.

La nave central esta limitada por la capilla Mayor enfrentada al coro, detrás, el sotocoro. Las inmensas columnas sujetan unas bóvedas góticas de fina y compleja tracería curva, con dibujo estelar.

En la cabecera una enorme girola rodea la capilla Mayor, donde se encuentran las capillas más importantes de la iglesia. La cúpula que se alza sobre el crucero es de estilo clasicista.

A los pies de la catedral se encuentran tres lápidas sepulcrales, la del obispo Diego de Ribera que puso la primera piedra de la catedral, el 3 de julio de 1525; también se halla la del primer maestro de obras Rodrigo Gil de Otañon, que estuvo trabajando en las obras de la catedral hasta su muerte en 1577, los trabajos fueron continuados por Francisco Campo hasta su fallecimiento en 1660; el maestro que finalizo el edificio fue Francisco de Biadero.

Dentro de la capilla Mayor se localiza el retablo dedicado a la veneración de Nuestra Señora de la Paz, la imagen data del siglo XIV, fue donada por la ciudad para Enrique IV. Es obra de José de Churriguera (del año 1686) y Juan de Ferraras, fue dorado por los segovianos Santiago Casas y Lorenzo Villa. Destacan dos grandes columnas salomónicas ricamente decoradas y una esfera ovoide que representa al mundo. En los laterales se guardan las reliquias de diversos santos. Alrededor de la esfera entre rayos de luz, ángeles cantores y otros que portan instrumentos musicales. En la cúspide la imagen de la fe, que levanta un cáliz en la diestra y en la izquierda la cruz. A los lados dos relieves; el de la derecha representa la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles y el segundo la Anunciación.

En la parte superior y bajo otro dosel, la imagen triunfante de San Fernando, y rematando toda la obra el escudo del fundador.

A los lados del altar dos arcángeles, obra de Bartolomé del Río. Sobre el muro, dos óleos donde se representa: San Geroteo y San Frutos; y adosados varios relieves de yeso: San Pedro, San Pablo y varios obispos, primitivos mártires segovianos según nos indican sus inscripciones.

En el lado de la epístola se encuentra el órgano, esta datado en 1702, en estilo barroco, fue construido por el Organero del Rey Pedro Liborna Echevarria. Pasado seis años del asentamiento, en 1708, el mismo organero apea y afina el órgano. Después de trescientos años el órgano no había sufrido ninguna ruptura respecto al original. En su construcción destaca su pequeño teclado de hueso y de ébano en relación con el gran tamaño de la caja con 18,80 metros de altura. Es un mueble de gran calidad con dos caras vistas, construido en madera de pino tallado y posteriormente dorado. En el frontón esta decorado con dos ángeles musicales y otras figuras de menor tamaño, también esta representado el obispo Bartolomé de Ocampo y Mata, gran impulsor de esta obra de arte.

En los laterales y la girola se encuentran en total dieciocho capillas con importante pinturas y esculturas. En su interior destaca el Calvario románico situado a la entrada de la capilla del Sacramento; el tríptico de Ambrosius Beson; el retablo de la Piedad, obra de Juan de Juní, situada en la capilla del Santo Entierro, junto a la Puerta de San Frutos; y el Cristo Yaciente de Gregorio Fernández.

Salimos a la calle y llegamos a la amplia plaza de la Merced, en uno de los laterales se encuentra la sencilla iglesia de San Andrés, destaca por su ábside románico acompañado con una cruz de piedra de granito.

De camino al Alcázar atravesamos una estrecha calle que delata que estamos en la parte más antigua de la ciudad, algunos de sus arcos son de media punta de estilo románico.

Llegamos a la plaza del Alcázar, es un espacio abierto desde donde se vislumbran hermosas panorámicas sobre el río Eresma; en el centro se halla el gran monumento dedicado a los héroes del dos de mayo contra la Guerra de la Independencia, Daoiz y Velarde, muertos en Madrid, esta obra escultórica es de Aniceto Marinas.

A sus pies se levanta el Alcázar, fue construido con vistas al pueblo de Zamarramala y el barrio de San Marcos.

Se construye sustituyendo el antiguo baluarte celta a modo de castro. El castillo original paso a ser residencia real en el siglo XIII.

Los verdaderos impulsores del castillo actual se deben a Juan II y Enrique IV que convirtieron el Alcázar con su actual fisonomía gótica. De la fachada exterior destaca la torrecita de Alfonso X El Sabio, en el ángulo norte de esta, era el lugar donde el rey estudiaba las estrellas; la torre de Juan II con sus 80 metros de altura, en sus paredes destacan los bellos esgrafiados segovianos y las doce torrecillas que adornan el volumen. En las estrechas celdas de la cárcel pasaron sus vidas algunos nobles caídos en desgracia, como don Álvaro de Luna, fue valido de Juan II de Castilla y siempre metido en disputas de nobleza; también Gil Blas de Santillana; y otros imaginarios de obras literarias como Torcuato “El delincuente honrado” de Jovellanos.

Después de atravesar el puente levadizo del Alcázar se llega al patio de armas y al patio del reloj, desde aquí salen todas las estancias del Palacio:

La primera sala que visitamos es la antigua sala del Palacio Viejo, fue mandada construir por el rey Alfonso VIII. Esta sala aún conserva sus antiguos ventanales románicos geminados. Las ventanas pertenecen a la última época del estilo románico, cuando se inicia la transición al gótico, caracterizada por el periodo cisterciense. Los zócalos son de estuco mudéjar, de lacerías y motivos florales estilizados y pintados en rojo oscuro sobre fondo blanco de estuco.

Esta decorada como la Sala de Armas con grandes armaduras ecuestres del siglo XV, así como un grupo de armaduras de a pie del mismo estilo, también espadas, lanzas del mismo periodo.

Continuando por la puerta de la derecha se llega a un gran Salón llamado de la Chimenea, fue mandado construir por el rey Felipe II. Tiene una enorme chimenea con el escudo de España de los Borbones, sobre esta un tapiz flamenco del siglo XVI que representa los desposorios de Nuestra Señora, una enorme mesa de madera de nogal del siglo XVI; sobre las paredes los retratos de Felipe II, acompañados de paisajes Reales.

Una puerta comunica con la Sala del Trono, esta llena de solemnidad fue mandada construir por Enrique IV. Tiene un artesonado de estilo mudéjar y el friso de yeserías gótico-mudéjar. El trono esta bajo un dosel de terciopelo rojo con el blasón de los Reyes Católicos y la divisa de la conocida Concordia de Segovia (fue un tratado firmado el 15 de enero de 1475, por Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, luego de que contrajeran matrimonio); este delimitaba las competencias de ambos monarcas respecto del gobierno. Por dicha sentencia arbitral reiteraba los derechos de Isabel como "reina y propietaria de Castilla", concediendo a Fernando plenos poderes que lo equipararían con su esposa.

Una puerta con un arco gótico apuntado nos conduce a la Sala de la Galeras, fue manda construir por la reina Catalina de Lancaster durante la minoría de edad de su hijo Juan II. El nombre de la sala se debe a la forma de su artesonado, asemeja el casco de nave invertida, aunque este artesonado fue destruido en el incendio de 1862.

Sobre las paredes destaca un friso de yeserías mudéjares, con los escudos de Castilla y León, tiene una doble inscripción: la superior es la oración eucarística "Anima Cristi", y la inferior informa que la obra fue mandada realizar por la reina Catalina en 1412. En el interior de esta estancia también se muestra como sala de armas con armaduras de estilo alemán de los siglos XV y XVI.

La siguiente sala es de las Piñas, su nombre viene por el artesonado con incrustaciones de piñas. En el friso tiene como motivo ángeles que sujetan las armas de Castilla y León. En las paredes hay dos tapices flamencos del siglo XV. Las paredes están cubiertas con damascos, también penden dos tapices flamencos de los siglos XV y XVI. El mobiliario está compuesto por un escritorio dorado y policromado del siglo XVII, con su taquillón, y varias sillas de tijera.

La siguiente estancia es la más intima del palacio y corresponde con la Sala Regia, las puertas están decoradas con la imagen del antiguo palacio de Enrique IV en el centro de Segovia. Los muros están cubiertos por sargas pintadas con escenas de la vida familiar de los Reyes Católicos, y batallas medievales. La cama es de estilo gótico de madera de nogal con un dosel rojo.

La sala más importante del palacio corresponde con la Sala de los Reyes, en su interior destaca la cubierta con un magnifico artesonado con formas de hexágonos y rombos dorados, en la sujeción del artesonado se levanto una fila de imágenes que recorre toda la sala; en total son 52 las imágenes policromadas y sedantes de reyes y reinas de Asturias, León y Castilla, en el periodo que abarca desde Don Pelayo hasta Juana la Loca. Inicio la tradición de poner estas imágenes el rey Alfonso IX que hizo todas la figuras hasta llegar a su padre, y el rey Enrique IV hizo el resto hasta llegar a su tiempo, por ultimo en 1587 se añadieron los Reyes Católicos, don Fernando y doña Isabel, su hija Juana y los condes don Ramón de Borgoña y don Enrique de Lorena. También se representan las figuras (no de reyes) de Fernán González y el Cid. Desde sus ventanales se ven una de las panorámicas más bonita de Segovia, con la imagen de la Iglesia de la Veracruz, el Monasterio de El Parral, el Santuario de La Fuencisla y el convento de El Carmen.

La siguiente sala corresponde con el Cordón, su nombre viene por un cordón franciscano que en las leyendas segovianas se relaciona con Alfonso X el Sabio, quien lo mandó colocar en señal de penitencia por su desmedido orgullo. En las paredes un tapiz que ilustra la batalla de Arcila, también una tabla de la Anunciación, del siglo XV, una con cuatro santos, otra de Santa Bárbara y Santa Lucía, y una predela de altar en madera tallada y dorada, representando a diferentes santos y mártires.

La estancia siguiente es llamada "Tocador de la Reina", es una pequeña habitación contigua a la Sala del Cordón, tiene un artesonado de estilo renacentista. En las paredes encontramos dos cuadros de santos y el cuadro de la "Virgen de los Reyes Católicos".

Otra pequeña sala que comunica con la habitación personal es la pequeña capilla, tiene un artesonado de estilo mudéjar. El pequeño retablo del siglo XVI,
consta de diecisiete tablas con escenas bíblicas del Nuevo Testamento, y una talla de Santa Bárbara sedente. El otro retablo gótico, también de la escuela castellana del siglo XV está compuesto por siete tablas representando a Santiago Matamoros, San Sebastián, Santa Agueda, San Vicente y Santa Brígida. Por debajo, se encuentran dos sitiales del coro en cuyos respaldos están tallados los bustos de Isabel y Fernando. En una de las paredes cuelga el cuadro pintado por Bartolomé Carducho, "La adoración de los Magos" del siglo XVI.

La sala que comunica con el patio se dedica a la exposición como Sala de Armas, contiene alabardas, bombardas, morteros, espadas, lanzas, cerbatanas y arcos, de periodos que abarcan del siglo XV y XVI. El centro de la sala está ocupado por una armadura ecuestre, un gran brasero, un mortero pedrero, y en una vitrina un magnífico mosquete de llave de rueda del siglo XVII. El centro de la sala se halla una armadura ecuestre, un gran brasero, un mortero pedrero, y en una vitrina con un magnífico mosquete de llave de rueda del siglo XVII.

Desde aquí nos vamos a comer y que mejor en Segovia que los Judiones de la Granja, acompañados con el Cochinillo segoviano cortado con plato, y para terminar una natillas que nos endulzan el paladar, todo ello por un precio de 22,90€ por menú. Todo ello en el Restaurante Mesón Don Jimeno de la calle Daoiz, 15 Segovia.

Las visitas de la tarde comienzan por la casa donde vivió Antonio Machado (entrada incluida en el precio de la visita guiada), se encuentra situada en la céntrica calle de los Desamparados.

Se llama casa de Antonio Machado pero en realidad era la pensión donde el poeta vivió sus 13 años en Segovia como profesor de instituto en la asignatura de francés.

La pensión tenía cuatro habitaciones y eran alquiladas a gentes fijas que vivían o trabajaban en la ciudad. La primera estancia visitamos la cocina, entre su decoración de la chimenea esta el periódico EL Sol de 1931. Del fogón aun sale humo como un siglo antes, sobre él están cazos y utensilios con los que le sirvieron la comida al poeta.

El salón comedor es también muy rudimentario con una mesa de madera y sillas con un tapizado de cuero castellano, una alacena donde se guardaba la vajilla de los domingos, en una esquina un aguamanil de cerámica valenciana.

Las dos siguientes estancias eran las habitaciones de los huéspedes, ahora están dedicadas a exponer parte de la obra y otras muchas de sus curiosidades: cartas de amor a Guiomar (su amor secreto porque era una relación adúltera), fotografías con su niña mujer.

La habitación del poeta era la que estaba al fondo de la casa, para llegar a ella era inevitable pasar por las otras habitaciones de los huéspedes. La habitación es muy sencilla, y se encuentra como Antonio Machado la había dejado, la patrona tuvo mucho cuidado en conservarla; la mesa camilla con sus faldas, su calentador y su única silla, en el centro de la sala; la cama de latón, en una de las esquinas, la escupidera; el espejo con su cómoda; en el techo una antigua bombilla cuelga de una decorativa tulipa de época; y para calentarse una rudimentaria estufa de petróleo.

Salimos de la casa en dirección a la plaza de San Esteban, donde se encuentra la iglesia dedicada a la veneración del santo. Destaca su imponente torre románica, su basamento se nivela con la altura de la iglesia, además se alzan cinco cuerpos más separados por impostas y adornadas por ventanas geminadas con un haz de columnillas en el parteluz, derramadas al igual que las arquivoltas y jambas.

La iglesia fue construida a principios del siglo XIII, ya no tiene un estilo románico primitivo pero tuvo diferentes restauraciones que alteraron la construcción original. Tiene una galería exterior porticada con arcos románicos en cuyos capitales se decoraron con elementos figurativos de la época, ahora están muy deteriorados, aunque aún se ven temas de vegetales y las famosas arpías afrontadas, la adoración de los magos y otros tipos de escenas difícil de interpretar para mentes ajenas al románico.

El interior, la planta esta dividida en tres naves, son mucho más pequeñas en relación con la altura de la torre. Sufrió una rehabilitación muy desgraciada en el siglo XVIII que cambio parte de su originalidad. Su ornamentación con un Cristo gótico con las figuras de la Virgen y de San Juan a los lados.

Tengo que esperar a las 19,30 horas hora de la misa en la iglesia de San Miguel para poder visitarle en su interior, llego tarde y ya han comenzado; por lo que tengo que esperar pacientemente para que acabe la homilía.

En la antigua iglesia de San Miguel, de estilo románico y bajo el atrio fue proclamada Isabel la Católica como reina de Castilla en 1474, a la muerte de su hermano Enrique. Esta coronación se celebró el martes 13 de diciembre, en la celebración estuvo acompañada de muchos nobles con mucho lucimiento y gala, en ella participo todo el pueblo divididos en oficios y gremios que acompañaron a la princesa por toda la plaza en formación militar y acompañados de muchos instrumentos musicales. Se celebro aprovechando la festividad de Santa Lucia, todas las casas se decoraron con brocados en lo que hoy se llama plaza Mayor, desde el Alcázar acudieron todos los nobles en formación.

La fachada exterior es de piedra de sillería con mampostería con una torre lateral de tres cuerpos, los dos primeros lisos y el tercero con ventanas geminadas, luego se añadió un pináculo: El portal es de estilo gótico florido.

El interior, la planta es de una sola nave con capillas laterales, en la cabecera un transepto hace que la nave tenga forma de cruz. Destaca la primera capilla donde del ilustre segoviano Andrés Laguna (siglo XVI), un gran científico y humanista, fue designado médico de la corte de Carlos V y de los papas Paulo III y Julio II. La siguiente capilla se encuentra el sepulcro de los Rueda, fue regidor de la ciudad y en su testamento dejo el dinero para construir un sepulcro para él y su mujer Mencía Álvarez del Río. Es un sepulcro del tipo cama con los yacientes tumbados, a los pies se representa en Entierro de Cristo, y en la cabecera, el calvario, es obra del taller de Juan Rodríguez. Las columnas de la nave sujetan una compleja bóveda de tracería gótica con complejos dibujos geométricos.

La siguiente visita se encamina hacia la iglesia de San Martín, pero según indicaban los horarios de misa debían de comenzar el sábado a las 20,30 horas, aunque como puedo comprobar la iglesia esta herméticamente cerrada.

Accidentalmente veo como la puerta de la Torre de Lozoya esta abierta, entro para curiosear. El edificio tiene un semblante altivo y altanero, es una construcción maciza con un acabado militar, fue construida en el siglo XV, es propiedad de una de las familias nobles de la ciudad “los Lozoya”.

En su interior se atraviesa el zaguán hasta llegar a dos estupendos patios renacentistas, ahora es propiedad de La Caja Segovia. En estos momentos tiene un uso museístico, donde se celebran conjuntamente dos exposiciones, una dedicada a mostrar la colección “Granados” con el nombre de ‹‹Semblantes››; otra en la sala de la caballerizas titulada “Ambigua” del pintor A. Domingo Ortiz.

Afortunadamente llego cuando esta ya comenzada la visita guiada a la exposición de Semblantes, y me incorporo discretamente, una serie de explicaciones nos cuentan de forma amena las principales características de las obras pictóricas.

La colección Granados es una selección de obras adquiridas en una de la colecciones privadas más importante de nuestro país, prestando una gran atención al importante movimiento artístico español durante nuestro pasado Siglo de Oro.
La exposición recibe el nombre de “Semblantes” y muestra los diferentes retratos y la forma de concebir el rostro a través de los siglos.

El retrato durante el periodo que abarca entre los siglos XV al XIX, en esos tiempos era considerado como una fotografía fija de un personaje, solamente era reservado a personas privilegiadas: Emperadores, Reyes, Nobles, Príncipes, y personas adineradas que querían dejar su imagen a la posterioridad. El retablo cumplía la misión de ser un elemento transmisor pero sin descuidar la esencia de la persona, con sus rasgos y sus atuendos más notables.

Durante el siglo XVI la pintura española tuvo una gran influencia de las obras flamencas, también del modelo veneciano, se pintaban en zonas geográficas de gran prosperidad económica y como un modelo a seguir. En el siglo XVII se ponen de moda los grandes talleres holandeses de pintura de Van Dyck y Rubens. Con la llegada del barroco a España se produce una adaptación hacia la propia impronta española, sobretodo en el retrato de los reyes.

De la mano del pintor de cámara del rey Carlos III Antón Rápale Mengs se crea la imagen que se distribuirá del monarca al exterior dentro del estilo imperante rococó, sin arrinconar el estilo clasicista preponderante en las formas de la época.

Los semblantes de la pintura religiosa sobre los rostros de los santos permiten observar la evolución desde el arte gótico al neoclasicismo. En el siglo XVI se produce una auténtica revolución en el arte religioso, se dan nuevas directrices a la hora de representar a la divinidad. La imagen, ya fuese de Cristo, de la Virgen o los Ángeles debían de mostrarse con el máximo decoro y solemnidad para intentar mover al devoto hacia la piedad y la fidelidad. Estas figuras basadas en un modelo único se convertían en verdaderos ‹‹iconos gráficos››, por eso se dio mucha importancia a la idealización del personaje para no caer en la idolatría. Hay que entenderlo desde el punto de vista que media Europa caía en las manos de las teorías Luteranas, donde le papel de las divinidades y de la santería milagrera no eran muy bien vistas.

La figura de Cristo es el mejor ejemplo para entender lo que pretendía hacer la iglesia católica, hasta este siglo la figura de Cristo se representa con diferentes caras y aspectos. A partir de Concilio de Trento la figura de Jesucristo es única con un rostro perfectamente idealizado con un semblante concreto y perfectamente definido.

Durante los siglos XVI y XVIII en la pintura se produce una idealización de las divinidades. Los rostros aparecen dulces o enigmáticos, extasiados o dolientes, se muestran muchas veces dialogantes con la persona que los contempla, sus almas se proyectan hacia el exterior.

Después del siglo XVIII aparecen dos tendencias, la idealización ya consolidada en siglos anteriores, ahora comienza a desarrollarse un interés por acercarse al realismo más absoluto, la pintura gira para tratar de ofrecer unas imágenes más cercanas a la veracidad y siempre es acompañada de un naturalismo en las figuras.

Estamos ante una evolución de los dogmas aprobados en el concilio de Trento que ofrecía una iconografía demasiado cerrada y muy intelectualizada que la mayoría de la población no entendía.

Se empiezan a tomar rostros cercanos de gentes de la calle que conectan rápidamente con el espectador y logran despertar el sentimiento religioso. Gracias a estas tendencias los pintores pueden expresarse de forma más natural, todas las emociones son mucho más humanas, como el sufrimiento, el éxtasis, el dolor, el hambre o la pasión.

Salgo a caminar hasta llegar a la larga sombra del Alcázar y acompañado de las siluetas de las murallas doy por terminado la visita de este día.

La noche transcurre como el día anterior, con el clásico botellón, este dura hasta cerca de las dos o las tres de la mañana; la verdad no pude cerciorarme porque el sueño y el cansancio se apoderan de nosotros.
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