La cultura actual: su génesis, y el papel del cristianismo pablo Domínguez Prieto






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LA CULTURA ACTUAL:

SU GÉNESIS, Y EL PAPEL DEL CRISTIANISMO

Pablo Domínguez Prieto



INTRODUCCIÓN


Conocer es requisito indispensable para una vida plena. El famoso “conócete a ti mismo” de Delfos es conditio sine qua non para que una existencia sea llamada propiamente “humana”. La ignorancia, la mentira, la superficialidad, la precipitación, son enemigos de este saber que va mucho más allá de vacías erudiciones.

Pero, ¿cómo conocerse a uno mismo sin penetrar también en el trasfondo del mundo que nos rodea? Dada la inseparabilidad de nuestra vida con el mundo que nos envuelve, ¿cómo decir que uno se conoce a sí mismo si no es sabedor de la atmósfera que le “alimenta”?

Es verdad que cuando alguien desea entender a un hombre, un camino ciertamente seguro es acercarse a sus ideas, a esa entraña última y fundante que configura su modo de ser y de estar en el mundo. Sin embargo, no menos importante es aprehender el “humus cultural” en el que dicho hombre piensa. Con Ortega, se puede hablar de “ideas con” o “ideas en”; de ideas con las que nos encontramos y de ideas en las que nos encontramos1.

En efecto, en esta necesaria tarea de conocerse a uno mismo y de conocer a los demás, resulta imprescindible el análisis de ese “humus” de las raíces de las ideas “en las que nos desenvolvemos”. De ahí que sea imprescindible escudriñar cuáles son los valores circundantes que, de alguna forma, influyen en la configuración del pensamiento de nuestra sociedad, ¡de nuestro propio pensamiento! Por eso, es imprescindible una mirada al entorno cultural. Si esto es necesario para cualquier hombre, ¡cuánto más para aquellos que han recibido la urgente tarea de la evangelización. “Es necesario entonces mirar cara a cara este mundo nuestro con sus valores y problemas, sus inquietudes y esperanzas, sus conquistas y derrotas: un mundo cuyas situaciones económicas, sociales, políticas y culturales presentan problemas y dificultades más graves respecto a aquel que describía el Concilio en la Constitución pastoral “Gaudium et Spes2.

Para el creyente, la mirada sobre el mundo es inseparable de su fe en Cristo, Señor de la Historia y del Tiempo. Ahí se entiende que el Magisterio de la Iglesia haya tenido siempre un gran interés en la descripción y comprensión –que no asunción acrítica- de los contextos socioculturales en los que vive. Así se aprecia en la “Gaudium et Spes”; en la primera encíclica de Juan Pablo II, la “Redemptor Hominis”; en la “Pastores Dabo Vobis”; en la “Novo Milennio Ineunte”; en la Exhortación “Ecclesia in Europa”,y en tantos otros documentos magisteriales.

Y es que el conocimiento es el preámbulo del amor. Precisamos conocer el mundo en que vivimos para amarlo; conocerlo con los ojos redentores de Cristo; ponernos a nosotros mismos ante la tesitura de examinar cuáles son los presupuestos ocultos desde los que nos movemos y que tantas veces podrían hacer opaca la luz y la misión que recibimos en el Bautismo o, en determinados casos, en la ordenación sacerdotal.

“Para cumplir esta misión”, nos dice el Concilio, “es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relación de ambas. Es necesario por ello conocer y comprender el mundo en que vivimos, sus esperanzas, sus aspiraciones y el sesgo dramático que con frecuencia le caracteriza3.

En esta tarea de penetrar el entresijo de nuestra saciedad, nada fácil pero necesario si queremos que nuestra misión de testigos sea humanamente eficaz y sobrenaturalmente provechosa, hay que dejarse iluminar por el Espíritu Santo. “Por ello, por nuestra parte debemos procurar abrirnos, en la medida de lo posible, a la iluminación superior del Espíritu Santo, para descubrir las orientaciones de la sociedad moderna, reconocer las necesidades espirituales más profundas, determinar las tareas concretas más importantes, los métodos pastorales que habrá que adoptar, y así responder de manera adecuada a las esperanzas humanas4.
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