Morphynoman






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Morphynoman
Libro de las cosas inútiles

O

Lecturas para el baño

(Antología de textos curiosos o edificantes)
Versión 2004


PROLOGO A LA PRIMERA EDICION
Amigo lector:

Te hago obsequio de estas páginas con una condición; que tomes dos fotocopias de cada una y las regales a dos de tus mejores amigos que amen las letras con la condición de que a su vez hagan lo mismo con sus amigos y así sucesivamente. Sí. Ya sé. Has advertido que se trata del regreso de la tenebrosa peste de la «cadena» o «pirámide», que de cuando en cuando asola a los países capitalistas, y cuya última aparición registrada -hace unos diez años- fue la causa remota e ignorada hasta hoy por los ingenuos economistas, de la pavorosa crisis financiera de 1982.

El propósito de estas lecturas es por supuesto enriquecer a los fotocopiadores. Hay otra intención oculta. Un buen lector aspira, sencillamente, a regalarte a tí y a tus amigos un pequeño momento de felicidad (o de asombro; acaso son la misma cosa).

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PROLOGO A LA TERCERA EDICION
Peor la flaca bolsa

de irónica aritmética...
El insospechado éxito de estas lecturas -cerca de trescientos abonados dan fe de ello-, me invita a por lo menos tres reflexiones. Primera, a agradecer el interés con que anónimos colaboradores han enriquecido estas páginas con sus maravillosos aportes. Viniendo de quienes vienen, almas gemelas, todas estas lecturas son tanto mías como suyas. Segunda, a reiterar que se trata de que ellas circulen como en una cadena fraternal. Ya dos personas que no hicieron caso a las advertencias murieron en un siniestro aéreo. Procura que no te ocurra lo mismo. Tercera, que como la situación económica de quien las edita, sin ser desesperada, no permite que los originales circulen con la rapidez y en la cantidad que fuera de desear, se verá en la deshonrosa necesidad de acudir al autofinanciamiento de cada abonado, encargando a cada uno, pese al amor que les profesa o quizás a causa de ello mismo, si tenemos en cuenta que el trabajo y el interés son gratuitos, que se haga a sus propias fotocopias, facilitando un original que debe ser devuelto al editor. No obstante, si alguien sugiere un mejor modo de financiamiento (sin ánimo de lucro, por supuesto), estoy dispuesto a escucharlo. Dejemos ahora lo prosaico a un lado, y vamos con lo serio...

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DEDICATORIA

Dedico esta edición a mis enemigos, que tanto me han ayudado en mi carrera.

Camilo José Cela, La familia de Pascual Duarte, edición de 1960

***

DEDICATORIA SEGUNDA

En dos errores, casi de ordinario, caen los que dedican sus obras a algún príncipe. El primero es que en la carta que llaman dedicatoria, que ha de ser breve y sucinta, muy de propósito y espacio, ya llevados de la verdad o de la lisonja, se dilatan en ella en traerle a la memoria, no sólo las hazañas de sus padres y abuelos, sino las de todos sus parientes, amigos y bienhechores. Es el segundo decirles que las ponen debajo de su protección y amparo, porque las lenguas maldicientes y murmuradoras no se atrevan a morderlas y lacerarlas. Yo, pues, huyendo destos dos inconvenientes, paso en silencio aquí las grandezas y títulos de la antigua y Real Casa de Vuestra Excelencia, con sus infinitas virtudes, así naturales como adqueridas, dejándolas a que los nuevos Fidias y Lisipos busquen mármoles y bronces adonde grabarlas y esculpirlas, para que sean émulas a la duración de los tiempos. Tampoco suplico a Vuestra Excelencia reciba en su tutela este libro, porque sé que si él no es bueno, aunque le ponga debajo de las alas del Hipogrifo de Astolfo y a la sombra de la clava de Hércules, no dejarán los Zoilos, los Cínicos, los Aretinos y los Bernias de darse un filo en su vituperio, sin guardar respecto a nadie. Sólo suplico que advierta Vuestra Excelencia que le envío, como quien no dice nada, doce cuentos, que, a no haberse labrado en la oficina de mi entendimiento, presumieran ponerse al lado de los más pintados. Tales cuales son, allá van, y yo quedo aquí contentísimo, por parecerme que voy mostrando en algo el deseo que tengo de servir a Vuestra Excelencia como a mi verdadero señor y bienhechor mío. Guarde Nuestro Señor, &c. De Madrid, a catorce de julio de mil y seiscientos y trece.

Criado de Vuestra Excelencia, Miguel de Cervantes Saavedra

***

AL LECTOR

Este es un libro de buena fe, lector. El te advierte, desde el comienzo, que no me he propuesto ningún fin que no sea doméstico y privado. No he tenido en ninguna consideración tu servicio, ni mi gloria. Mis fuerzas no son capaces de tal designio. Lo he dedicado a la comodidad particular de mis parientes y amigos: para que aquellos que, habiéndome perdido (lo que pronto les va a suceder), puedan encontrar aquí algunos rasgos de mis condiciones y humores, y para que por este medio alimenten, más completo y más vivo, el conocimiento que tuvieron de mí. Si hubiera sido para buscar el favor de los poderosos, me hubiera ataviado mejor y me presentaría con un paso estudiado. Quiero que se me vea en mi manera simple, natural y ordinaria, sin galas ni artificio: pues es a mí a quien dibujo. Mis defectos se leerán aquí en vivo, y mi forma ingenua, tanto como el respeto al público me lo ha permitido. Que si yo hubiese estado entre las naciones que dicen vivir todavía bajo la dulce libertad de las primeras leyes de la naturaleza, te aseguro que me hubiese dibujado gustosamente por entero, y desnudo del todo. Así, lector, yo mismo soy la materia de mi libro: no hay razón para que emplees tu ocio en cosa tan frívola y tan vana. Adiós, pues; de Montaigne, el primero de marzo de mil quinientos ochenta.

Michel de Montaigne, Essais, 1580

***

CONSEJO AL LECTOR

En la multitud de las cosas diversas conviene que las haya de toda calidad. Ningún campo se cultivó nunca tanto que en él ortigas o abrojos o algún espino no se encontrase mezclado con las mejores hierbas. Sin contar con que, al tener que hablar a jovencitas simples, como sois la mayoría de vosotras, necedad hubiera sido el andar buscando y fatigándose en buscar cosas muy exquisitas y poner gran cuidado en hablar muy mesuradamente. Pero en resumen, quien va leyendo éstas de una en otra, deje las que le molesten y las que le deleiten lea: para no engañar a nadie, llevan en la frente escrito lo que en su interior escondido contienen. Y todavía creo que habrá quien diga que las hay demasiado largas; a los que repito que quien tiene otra cosa que hacer hace una locura leyéndolas, y también si fuesen breves.

Giovanni Boccaccio, Il Decameron, 1348/58

***

RUEGO AL LECTOR


Lector, lectora: algunos autores te ruegan que no prestes sus libros a nadie, porque, prestándolos, pones a tus amigos en condiciones de que no necesiten comprarlos, con lo cual el escritor sale perjudicado en sus intereses.

Yo, que tengo los mismos intereses que los demás autores, te ruego todo lo contrario, esto es: que prestes en cuanto lo leas el presente libro.

Como la persona a quien se lo dejes no te lo devolverá, tú te apresurarás a comprar otro ejemplar inmediatamente.

También ese segundo ejemplar debes prestarlo y adquirir un tercero y prestarlo; y adquirir otro más y prestarlo también...

Con tal sistema, a pocos amigos que tengas a quienes acostumbres a prestar libros, yo haré un buen negocio y te quedaré agradecidísimo.
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