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Poética > Poesía

 

Biblioteca virtual de poesía

Santiago Sylvester - Calles (2004)

2008-12-04 |

Calles
Santiago Sylvester
Buenos Aires, Ediciones del Dock, 2004


Poemas de: CALLES


(Calle oblicua)

MIRO hacia el fondo de esta calle oblicua, sigo
mi mirada para ver qué hay al final: y al final
estoy yo hace diez años
preguntando por mí, por
cómo seré con la suma parcial: es decir
ahora.
Al final
de esta calle, yo, haciendo cuentas de lo que vendrá,
cuál será mi opinión, declive
o recompensa.
Y aquí estoy,
el inactual: un sentido que toma un autobús, una angustia
que va de compras, lee una carta y saca fotos,
una inestabilidad metódica que mira hacia adelante: hacia
dentro de diez años
para ver qué seré, cuál es la dirección para llegar allá.

Y al final de esta mirada también estoy yo,
si es que soy yo
ese que mira para ver qué hago por él en este instante en que
cruzo la calle
con la doble pregunta que se ahoga
sobre un solo eje.

[Santiago Sylvester, de Calles]

(Esteban Echeverría)

EL sol sale aquí y en la memoria: siempre
sale el sol en dos lugares.

Un hombre a caballo
sube por la quebrada hacia donde no puede haber nadie, y uno se pregunta a dónde irá;
a dónde
la procesión de San Cayetano, con sombrillas de colores y saludos a mediatarde, resuelto de este modo el dilema de estar juntos;
qué dicen cuando salen todos rodeados por los cánticos del coro: habrá que averiguarlo
porque el sentido que hasta aquí nos llega
tiene una línea blanca
trazada sobre ella misma negra, como se entiende el mundo desde dos lugares.

Como
este sol que se junta con aquel,
y sin el uno
no puede levantarse el otro: para que se apropie el uno del vértigo del otro
y amanezca.

[Santiago Sylvester, de Calles]

(La Rambla)

POR aquí se llega al puerto, a los barcos que
se jactan de algo sobre el agua negra:
los barcos al fondo, ceremoniosos
como si pudiera caérseles la dignidad y romperse en pedazos.

Un barco se llama La novia de Pilatos: y
áspera melodía la que sale a cubierta,
centrado en ella este domingo, mientras fuma un marinero
y otro zurce una media.
Barcos
abiertos como una bandada
o una cita que ya nadie reconoce: vendrá tiempo en que
seamos, si ahora no somos.

Surge en esto una visión de Praga: una chica de ojos
transparentes envolvía un libro de reproducciones: por
un momento me miró, dijo una palabra amable
y el siguiente recuerdo tiene que ver con un retablo
polvoriento de la iglesia de Tyn, noticias de postrimerías:
dos recuerdos sin vinculación, salvo
la ley de los contrarios, que es donde trabaja la fertilidad:
cara
contra cara,
tiempo
contra tiempo;
y el espacio de la concentración: esta calle en bajada, como
una rápida indicación hacia esos barcos que pudiendo
irse
sin embargo se quedan.

[Santiago Sylvester, de Calles]

(Königsberg)

LLEGABA hasta el borde de la ciudad, donde cedían las
últimas casas: nunca
pudo Kant cruzar esa frontera: nada de excesos en torno al asunto de los límites;
así dijo las raíces del exilio son interiores: las raíces
también retrocedían, se replegaban temerosas
de cruzar esa zona del corazón
con los cuidados de la angustia.

Königsberg
fue su invernadero: su ideal
no era comer en restoranes y vivir en hoteles, sino la
precisión:
un cerebro volando en línea recta como un desafío
y un privilegio: el de construir
el paisaje, su escenario fiel
y mimarlo por ochenta años: un triunfo de la elaboración
para quien sabe que darse cuenta es aislar, que yo
es representar una idea: amueblar el mundo, y
en cuanto a la vida
vivirla como
una cuestión intensa que no llega a suceder.

[Santiago Sylvester, de Calles]

(Avenida Santa Fe)

TODA esta gente, aún sin saberlo,
tiene opinión sobre nosotros: nos da la razón, discute, habla
en contra o a favor:
y todos, aunque
no lo sepan,
necesitan dos oportunidades: la primera, para la impostura; la
segunda (y
siempre que haya suerte), para mostrarse como son.

Ese hombre angustiado
se despierta a medianoche para saber cómo está,
aquella mujer no termina de cuajar en estilo; lo peor
del exhibicionista
no es lo que muestra sino lo que oculta;
¿y qué haremos con ese hombre pomposo que, cuando habla,
no se apoya en su opinión sino en su cuenta bancaria?

Sólo la variedad
justifica esta abundancia: ver
es verse, pero el riesgo consiste en lo contrario:
no advertir que, al mirar,
nos estamos mirando: salir
a no mirar,
y que esta calle no exista para uno.

[Santiago Sylvester, de Calles]


(General Oráa)

ESTA calle abre su fauce contra el viento para contar lo que
ve. Me ve
a mí: soy
el argumento de su largo bostezo, resucito
en su estruendo,
vuelo con la paloma a la cornisa, viajo
en las anotaciones que rompo para
borrar alguna huella sin control;
salgo, pierdo el tiempo, me comporto: de mí
sólo sé lo que me cuentan.

[Santiago Sylvester, de Calles]


(vuelo Madrid-Buenos Aires)

CALLE de aire: viene
a llamarse así esta ventilación por donde transportamos la
carga terrestre: calle por donde vamos saludando vecinos sin consistencia: nubes, pálpito de la intemperie a 50 grados bajo cero: esta calle
cuya ley no es incompatible con la otra: la ley de gravedad,
que no nos suelta.

Hemos subido hasta aquí
por lo que tiene de versátil la columna vertebral: siempre erguida y queriéndose asomar por un balcón distinto: estar
allá precisamente
porque estamos aquí: voluntad del inestable.


Y al fin
casi todo se explica con saber dónde estábamos: si íbamos
volando
ahora estamos de pie; si teníamos dudas
seguimos en lo mismo;
si el calor nos caía en chaparrón y ahora el frío nos sale desde
adentro
es por el balanceo de la continuidad;
en salir y regresar consiste
este callejón que colinda con el vuelo de las estrellas: salir
para tocar tierra: ir
por el aire y tocar
tierra una y otra vez: así
hasta que, de tanto tocar tierra, nos acostumbremos.

[Santiago Sylvester, de Calles]
DE los griegos, el vicio analítico;
de los judíos la pasión por interpretar; de los romanos el regusto por mirar el aire denso de la quemazón y la lujuria sin
obstáculos; de los árabes
otra variante del origen;
de los quechuas, sin ir tan lejos, la palabra
que como el árbol voltea frutas para el que pase por ahí:
y nosotros al medio con resultado incierto,
entre obsesos y distraídos,
separando lo que con tanto esfuerzo se juntó
y dándole vueltas a lo que no da para más.

De esto viene
que transformemos todo en metáfora, síntesis y anunciación
para ir buscando la puerta que nos saque
sin saber hacia dónde;
que alguien reúna los pedazos por si nos miran desde lejos
y así habrá una respuesta para cada cicatriz.

[Santiago Sylvester, de Calles]
DE todas las teorías, la que más me intriga es la de la reencarnación: no
por lo improbable de haber sido hugonote
o coliflor en una huerta etrusca,
sino por la sugerencia implícita de que
cada uno de nosotros merece haber sido otra cosa.

Hablo de merecimientos: la insistente sucesión que viene
desde lejos: el que es, el que
pudo haber sido
o para averiguarlo con ejemplos: el que quiere el bien y hace
el mal, el que tala un bosque y
ronca bajo el agua,
el que degüella la gallina para la cena pascual,
el que se disgrega en la noche con las canciones de la buena nueva: o
el que, como cualquiera de nosotros, ha heredado un error.

Hasta que nos retiramos juntos hacia un rumbo inesperado,
y ahí queda la pregunta de si es útil buscarnos en la ceniza funeraria donde, todos revueltos, estamos inventando un porvenir.

[Santiago Sylvester, de Calles]

(balcón hacia un centro de manzana)

COMPARO esta tormenta con
la que caía encajonada en San Lorenzo: me mojo
con ambas y así voy entrando en este juego
de olvido y resurrección: pero la memoria
no elige tanto como parece: me elige siempre a mí: soy el que
se moja con las dos tormentas,
el que olfatea
y ahí empieza el verano,
el que tampoco elige su mojazón, el que oye la copla:
que llueva sobre mí
agüita en el peladar,
y el que contesta con los pulmones llenos de una gran confianza.

Que llueva sobre mí: de dos tormentas haremos el eje
y también la periferia.

[Santiago Sylvester, de Calles]


(Ciudad universitaria)

EL siglo XX se aleja ruidoso y sin misterio en ese tren
nocturno: no queda nada de él,
ni un pedazo de pan ni un retrato en el álbum: hoy,
tan próximo a la santidad.

Yo voy sentado en ese tren, rumbo al paraíso
que está, como se sabe, en el futuro.
Me estiro como un tallo y
oigo la energía que empieza en la palabra novedad.

Ese soy yo: el que
después de inclinarse
retoma la vertical y, fijo en su sitio,
se aleja crujiendo en ese tren nocturno;
soy el que dice:
algún día hemos de llegar,
después sabremos a dónde;
y soy el que ya no ha vuelto.

[Santiago Sylvester, de Calles]


FRAGMENTO DE UNA ENTREVISTA

Mi infancia transcurrió en Salta, en un patio poblado de macetas y canteros: una felicidad provinciana tan perfecta que me pasé media vida recordándola.
Sin embargo, pronto me fui de allí; es decir, supe pronto que la felicidad dura poco, y ésta es una de las razones de la poesía. En general, de la literatura. Se escribe, entre otras cosas, para recuperar una felicidad perdida, y a la vez porque tenemos la certeza de que eso es imposible.
Se escribe, pues, desde una amputación: desde una pérdida metafísica que nos obliga a salir, movernos, buscar el pedazo que nos falta. La poesía es una prueba de que la vida no está completa: hay un hueco que se debe llenar, una herida que tarda toda la vida en cicatrizar.
Me he pasado la vida escribiendo poesía porque hay algo mío que no está donde yo estoy.

(Santiago Sylvester, Fragmento de una entrevista)

DATOS DE SANTIAGO SYLVESTER

Libros publicados

Poesía

En Estos días; Ediciones La Flauta de Caña, Salta, 1963
El aire y su camino; Ed. Ismael Colombo, Buenos Aires, 1966
Esa frágil corona; Ed. Dirección de Cultura de Salta, 1971
Palabra intencional; Ediciones del Tobogán, Salta, 1974
La realidad provisoria; Editorial Cuarto Poder, Buenos Aires, 1977
Libro de viaje; Libros de Estaciones, Madrid, 1982
Perro de laboratorio; Editorial Corregidor, Buenos Aires, 1986
Entreacto; ICI-Quinto Centenario, Madrid, 1990
Escenarios; Editorial Verbum, Madrid, 1993
Café Bretaña; Editorial Visor, Madrid, 1994
Antología poética; Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires, 1996
Número impar; Ediciones del Dock; Buenos Aires, 1998
El punto más lejano; Ed. Ave del Paraíso, Madrid, 1999
Calles; Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2004
El reloj biológico; Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2007
Perro de laboratorio, 2ª edición; Ediciones del Dock, 2008

Prosa

La prima carnal (cuentos); Editorial Anagrama, Barcelona, 1987
Oficio de lector (ensayos); Alción Editora, Córdoba 2003

Ediciones críticas y antologías

La Tierra natal. Lo íntimo, de Juana Manuela Gorriti; Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires 1998
El gozante, Antología de Manuel J. Castilla; Colihue, Buenos Aires 2000
Poesía del Noroeste Argentino. Siglo XX; Fondo Nacional de las Artes, Buenos Aires 2003
Poesía Joven del Noroeste Argentino, Fondo Nacional de las Artes,
Buenos Aires, 2008

Algunas antologías en las que se han incluido trabajos suyos

Poesía

Una antología de la poesía argentina (1970-2008); de Jorge Fondebrider, LOM Ediciones, Santiago de Chile, 2008
La piel del jaguar – 25 poetas hispanoamericanos ante un nuevo siglo; de Álvaro Salvador; Fundación José Manuel Lara, Vandalia; Sevilla, 2006
Io è un altro (Yo es otro), Poeti argentini dell’area rioplatense; Antología en italiano, edición de Elvira Dolores Maison y Marina Moretti, traducción de Betina Lilián Prenz; L’Harmattan Italia, Torino, 2006
Cumbre Poética Iberoamericana, Antología de Salamanca; de Alfredo Pérez Alencart; EDIFSA, Salamanca (España) 2005
Antología de la poesía erótica española e hispanoamericana; de Pedro Provencio; Biblioteca Edaf, Madrid, 2003
Antología de la poesía española e hispanoamericana; de Melquíades Prieto; Biblioteca Edaf, Madrid, 2002
Autores argentinos de fin de siglo, Poetas 2; de Juano Villafañe; Desde la gente, Buenos Aires, 1999
Antología de Poesía Latinoamericana, de Álvaro Salvador; Universidad de Granada, España, 1998
Norte y Sur de la Poesía Iberoamericana, de Consuelo Triviño; Verbum, Madrid, 1997
Poésie Argentine du XX Siècle, (Edición bilingüe), de Horacio Salas; traducción Nicole Priolland; Ed. Patiño, Ginebra, Suiza, 1996
Canto Australes (Poesía Argentina 1940-1980), de Manuel Ruano; Monte Ávila Editores, Caracas, Venezuela, 1993
A Palabra Nômade (Edición bilingüe), selección y traducción de Santiago Kovadloff; Editorial Iluminuras, San Pablo, Brasil, 1990
Nueva Poesía Argentina, de Leopoldo Castilla; Ed. Hiperión, Madrid, 1987
Poesía Argentina de Hoy, de Jorge Boccanera; Universidad Mixoacana de San Nicolás Hidalgo, México 1981
Antología de la Poesía Argentina, de Raúl Gustavo Aguirre; Ed. Librería Fausto, Buenos Aires 1979
Cuatro Siglos de Poesía de Salta, de Walter Adet, Ediciones del Tobogán, Salta, 1972
Panorama Poético Salteño, de Raúl Aráoz Anzoátegui; Edición de la Dirección de Cultura de Salta, 1962

Prosa

Cuentos de amor, Páginas de Espuma, Madrid, 2008
El cuento es la noticia, Páginas de Espuma, Madrid, 2000
Antología del Cuento Argentino, Ed. Biblioteca Nacional, Buenos Aires, 1989. Selección de Jorge Calvetti y Jorge Lafforgue
Celeste Goes Dancing and other stories. Antología del cuento argentino, selección y traducción al inglés de Norman Thomas di Giovanni; Ed. Constable Publishers, Londres, 1989


Premios obtenidos (Argentina y España)

Fondo Nacional de las Artes, 1966.
Dirección de Cultura de Salta, 1970.
Fondo Nacional de las Artes, 1977.
Sixto Pondal Ríos, 1977.
Ignacio Aldecoa, de cuentos; en España, 1985
Jaime Gil de Biedma, en España, 1993.
3er. Premio Nacional de Poesía, de la Secretaría de Cultura de la Nación, 1997
Premio Jorge Luis Borges 1999, de Cuento, de la Secretaría de Cultura de la Nación
Premio Municipal de la Ciudad de Buenos Aires, Poesía, 2008




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