A mi amor de la infancia, quien vino a ser mi esposa y madre de nuestros hijos y






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EL AYO

Por

Boyce Mouton

EL AYO

Un estudio de la Ley

y la Gracia

Por

Boyce Mouton

Título original: THE SCHOOLMASTER

1985, Mrs. Boyce Mouton

==============================================================

Traducción: José A. José

Redacción: Benigno José A.

Revisión: David Camps M.

Este libro no sólo es una traducción sino también una adaptación. Los

cambios realizados están debidamente autorizados por el autor, y la

publicación del mismo ha sido otorgada a: Centro de Comunicaciones

Culturales, A.C.

Publicado en español por:

CENTRO DE COMUNICACIONES CULTURALES, A.C.

México, D.F., 1991

DDEEDDIICCAATTOORRIIAA

A mi amor de la infancia, quien vino a ser mi esposa y madre de nuestros hijos...y

quien por la gracia de Dios de alguna forma ha sobrevivido a mis años más legalistas.

De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que

fuésemos justificados por la fe.

Gálatas 3:24

CONTENIDO

Introducción

Capítulo

I. El propósito de la Ley.

II. La naturaleza de Dios.

III. La naturaleza de Dios se revela en las Escrituras.

IV. La naturaleza de Dios está revelada en Cristo.

V. La Ley no revela la naturaleza de Dios.

VI. El correcto uso de la Ley.

VII. Un sacerdote misericordioso.

VIII. La mentalidad de temor.

IX. Dos reinos.

X. David.

XI. ¿Qué es la fe?

XII. ¿Qué es justificación?

XIII. ¡Cuidado!

( C O N T R A P O R T A D A )

Este es un estudio de la Ley y la Gracia.

Para la mente legalista, esta obra presenta una perspectiva que está al

borde de la blasfemia.

Esto es alentador, porque sugiere la posibilidad de que esta posición

pueda ser la de Cristo y sus apóstoles.

¡Jesús, el autor de la Ley, fue crucificado por los propios estudiosos

de ésta!

Cuando se le crucifica de nuevo hay la aterradora posibilidad de que

quienes lo hagan otra vez sean los propios estudiosos de las Escrituras.

Hay verdades que son obvias a los niños pero están escondidas de los

sabios y de los entendidos (I Corintios 1:19-31; Mateo 11:25).

Por lo tanto, se le invita a usted a que sea como niño (Mateo 18:3-5).

Si usted estudia correctamente la Ley, ella lo traerá a Cristo para que

pueda ser justificado por la fe (Gálatas 2:16; 3:1-5, 11-24).

¡Este fue el propósito de la Ley al ser nuestro ayo (Gálatas 3:24)!

Haga sus pedidos a:

Centro de Comunicaciones Culturales, A.C.

Apdo. Postal 55-077

Deleg. Iztapalapa

09000-México, D.F

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INTRODUCCION

A Julio Verne se le ha llamado el padre de la ciencia ficción. En

septiembre de 1865 publicó De la tierra a la luna. En esta narración,

ilustró el viaje al espacio 14 años antes de que George B. Sheldon

solicitase una patente de un carruaje motorizado, 38 años antes de que

Orville y Wilbur Wright lograsen su primer vuelo en Kitty Hawk, Carolina

del Norte y más de cien años antes de que Neil Armstrong pusiese su pie

en la luna y declarase, este es un pequeño paso para un hombre y un

gigantesco salto para la humanidad.

La extraña agudeza del ingenio de Julio Verne es aún más increíble

cuando usted considere que un francés como él lanzaría su nave espacial

desde Florida. Además, su nave, básicamente era del mismo tamaño y peso

que las empleadas en la expedición Apolo a la luna. En su novela,

finalmente, hizo descender su nave en el Océano Pacífico, a cuatro

kilómetros del lugar donde en realidad caería la nave Apolo 104 años más

tarde.

Sin embargo, la perspicacia predictiva de Julio Verne palidece al

contrastarse con los conceptos de la era espacial de las Sagradas

Escrituras.

Antes de que los hombres siquiera aprendiesen a construir arcos de

piedra, Dios trataba de vigorizar sus mentes con las glorias de ciudades

celestiales. Estos audaces conceptos estaban tan fuera del alcance del

hombre cuando Dios empezó el proceso de la gradual revelación que

abarcaría los siglos desde Adán a Cristo.

Muchas veces y de muchas maneras se revelaría Dios a los padres por

los profetas. Estas revelaciones fueron tan intrigantes que aun los

ángeles desearon saber sus significados pero no les fue posible. Los

profetas mismos investigaron y averiguaron diligentemente acerca del

significado de estas revelaciones proféticas. El mensaje, sin embargo,

era tan incomprensible que tuvieron que contentarse con sólo darse cuenta

que el significado de sus inspiradas palabras era para generaciones

futuras.

Cuando finalmente llegó el cumplimiento de los tiempos, y el mensaje

de las edades al fin quedó totalmente revelado a la humanidad, éste

estaba tan fuera del alcance de la mente finita que los niñitos serían

capaces de aceptarlo mientras que la clase intelectual institucionalizada

no lo haría.

En noviembre de 1928 un inventor norteamericano llamado Nikola Tesla

dijo,

Ningún cohete llegará a la luna, salvo por un milagroso

descubrimiento de alguna explosión de mucho mayor energía

jamás conocida hasta ahora. Y aun cuando se produjere el

combustible adecuado, todavía se tendría que demostrar que el

cohete opere a 272 grados C. bajo cero -la temperatura del

espacio interplanetario.

Sin embargo, los niños no se preocupan por problemas tan complicados

ni por detalles científicos. En consecuencia, ellos serían mucho más

fácil de convencer que a los científicos tocante a la realidad de los

viajes espaciales.

De modo similar, las glorias de ciudades celestiales son casi

invisibles para el endurecido intelecto de aquellos que el mundo

considera sabios y prudentes. Esto se encuentra tan fuera del alcance de

la sabiduría terrenal que tenemos que renacer para verlo. Tenemos que

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convertirnos y ser como niños. Tenemos que abandonar el frío y estéril

almacenamiento de conocimientos que hemos recibido en unos cortos siglos,

y por fe brincar a una nueva dimensión donde podamos mencionar cosas que

no existen como si existiesen.

Las Sagradas Escrituras enseñan que, ...la fe es la sustancia de

las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven

(Hebreos 11:1, Versión Reina-Valera, 1909).

Para los que están limitados a la tierra, esto es una idea increíble

de proporciones desmesuradas. Sustancia invisible parece un disparate en

vez de la realidad. Aquellos que son de este mundo convocarían al

creyente a un debate que, en su ignorancia, ellos establecerían como

hechos incontestables. Al hacerlo así, pasarían por alto el principio

fundamental mediante el cual Dios habló para que existiese el universo,

sucediesen los milagros de la historia y sea posible que el hombre

imperfecto y pecador alcance una buena relación con el Dios perfecto y

sin pecado.

El mayor obstáculo para la justificación del hombre mediante la fe

es su inclinación hacia la autojustificación.

Siempre y cuando tengamos una hoja de higuera que nos cubra, nos

aferraremos a ésta con desesperación antes de que caigamos desnudos, en

completa derrota y nos cobijemos en la misericordia de Dios.

Desafortunadamente, lo que ya hemos hecho significa más para nosotros que

lo que Dios ha prometido hacer.

Tales antecedentes montan el escenario para lo que muy bien puede

ser el más espectacular experimento de todos los tiempos. Dado que

albergamos falsos conceptos de nuestra propia grandeza y fatales

equivocaciones de nuestras capacidades, Dios nos dio un período de Ley.

Esta Ley fue ideada por él para que fuese un ayo que nos condujese a la

justificación por medio de la fe. Se propuso alejarnos del error y de la

frustración terrenales y guiarnos hacia las alegrías y victorias

celestiales.

Por mil quinientos años Dios nos permitió probar la suciedad

fabricada en la caldera amarga de nuestra imperfección. El pacto de la

Ley fue y es un pacto de muerte.

Posteriormente la Ley trajo muerte a 3,000 israelitas el día en que

Moisés la entregó. Más tarde trajo muerte a los levitas que habían

afilado sus espadas para matar a aquellos pecadores que habían infringido

la Ley, y por último, a Moisés el dador de la Ley, también le trajo

muerte: por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de

Dios.

Aunque apenas había empezado el experimento, la Ley trajo muerte a

toda esa generación.

A lo largo de los siglos vinieron los miles y millones que se

meterían en el coliseo de este mundo en la dispensación de la Ley para

medir sus fuerzas y su destreza contra el gran gladiador del pecado. Cada

uno caería en el lamentable y patético residuo de su propia sangre

coagulada.

No fue un experimento placentero. Desde luego que no era ese su

propósito. La Ley fue concebida para hacer desesperar al hombre. Fue

inventada para irritarnos durante quince fútiles siglos.

Fue un AYO,1 un instructor, no un maestro sino un esclavo.2 Sería un

siervo de mano dura que nos haría tan miserables que nos tornaríamos a

Jesús. Ese era el propósito de la Ley. Nos azotaría dejándonos dolorosas

heridas, las cuales nos conducirían desesperadamente a Jesús y a los

principios trascendentales de su reino celestial.

Con este fin le invitamos a estudiar la Ley. Si lo hacemos

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adecuadamente nos llevará a Cristo para que seamos justificados por la

fe. Nos transportará de la dimensión del tiempo a la eternidad. Nos

alzará para sentarnos con Cristo en los lugares celestiales. Nos

permitirá reinar con él en un reino donde ni la polilla ni el orín

corrompen y donde ladrones no minan ni hurtan.

En las propias palabras de Cristo, te alabo, Padre, Señor del cielo

y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los

entendidos, y las revelaste a los niños (Mateo 11:25).

Traducción de la voz griega paidagogós que significa "el que guía a los niños", pero que no alude a

la figura del maestro (didáskalos)....En los dos pasajes en que Pablo utiliza esta palabra (I Co. 4:15; Gá.

3:24), le da un sentido peyorativo. En el primero, establece un contraste entre su propio papel como padre

espiritual y el de los muchos "ayos". En el segundo no quiere decirnos que la ley educa a los hombres para

Cristo (esto sería labor del didáskalos), sino que la ley ocasiona las transgresiones, y conduce a los hombres

a la situación en la que la gracia de Dios quiere salirles al encuentro. Una vez confiados a tal gracia, sería

ilógico volver atrás a la etapa inmadura del ayo (Diccionario ilustrado de la Biblia, Edit. Caribe, p. 62).

Este esclavo era una clase especial de siervo. Era una persona encargada de custodiar niños y cuidar

de su crianza. Tenía toda la autoridad del amo para conducirlos y confinarlos, si era necesario, en beneficio

de los propios niños. Este esclavo era el responsable de la educación de los hijos de su amo para que mostrasen

así una buena conducta.

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I

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EL PROPOSITO DE LA LEY

Tomad este libro de la Ley, y ponedlo al lado del arca del pacto de Jehová

vuestro Dios, y esté allí por testigo contra ti...(Deuteronomio 31:26).

Escribimos leyes con el propósito de controlar a la gente...Dios no

lo hizo así. Cada reglamento surge debido a alguna necesidad en especial.

A través de los años hemos acumulado miles de leyes, cada una escrita

para controlarnos, aún así, vemos un incremento de desobediencia.

Es muy cierto que nuestras leyes han tenido una influencia

restringente en nuestra sociedad pero es igualmente obvio que las leyes

no han podido corregir los problemas básicos de desorden en el corazón

humano.

Caryl Chessman fue ejecutado el 2 de mayo de 1960. Todas las

indicaciones externas nos muestran que cuando fue llevado a la cámara de

gas, debido a las leyes que lo condenaron, llegó completamente sin cambio

alguno. Se mencionó en la revista Time del 13 de septiembre de 1982, pp.

42-43, que dijo,

Me pareció igual que a los de mi clase, que la sociedad

simplemente estaba tratando de despojar o desgarrar mi escudo,

que lo estaba intentando muy rudamente, que no le importaba mi

persona o la humillación y degradación que pudiese causar en

el proceso. Yo, obstinadamente me negué a ser manipulado,

regulado u obligado a someterme ciegamente por temor a ser

castigado severamente. De veras puse en tela de juicio la

validez de una sociedad que parecía más preocupada en imponer

su deseo que en inspirar respeto. Esto me pareció en gran

manera equivocado. ¡Haremos que seas bueno! Se me dijo, y yo

me dije a mí mismo, que nadie podría o debía intentar hacer

nada de mí. Y yo lo demostré.

Poseo un reglamento de armas de fuego. Es un voluminoso tratado

tamaño carta. Me lo obsequió un vendedor de armas. Contiene miles de

reglamentaciones y normas que intentan controlar el uso de éstas en los

Estados Unidos. ¡No lo ha logrado! Hoy más que nunca existe mayor

violación de estas reglas. Es más, si promulgásemos otras 20,000 leyes

este año, no solucionaríamos el problema.

Emitimos leyes con el propósito de controlar a la gente...¡Dios no

lo hizo con ese fin! El tenía mucho más inteligencia que eso.

Dios sabía que el hombre ni siquiera iba a poder guardar un solo

mandato. Es por ello que Cristo Jesús, aún desde antes de la fundación

del mundo, sabía que iba a morir (I Pedro 1:20).

Si Adán y Eva no pudieron guardar ni siquiera una norma en el Huerto

del Edén, ¿qué hace que una persona racional piense que el hombre podría

guardar diez mandatos en un tiempo posterior y menos conveniente en la

historia? Adán y Eva fueron creados como especímenes perfectos en un

mundo estéril y puro que no había conocido pecado. Si no pudieron guardar

una sola regla...o si sus conductas no pudieron ser controladas por

reglas, cierto es que es totalmente insensato pensar que las leyes puedan

solucionar nuestros problemas en la actualidad.

Si Dios no dio la Ley con el propósito de controlar a la gente,

entonces, ¿para qué la dio?

El pasaje de Deuteronomio indica que la Ley fue dada como testigo

contra los hijos de Israel. Moisés había observado durante su vida sus

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rebeliones y previó una rebelión mucho mayor después que él muriese. Esto

se afirma categóricamente en Deuteronomio 31:27:

Porque yo conozco tu rebelión, y tu dura cerviz; he aquí que

aun viviendo yo con vosotros hoy, sois rebeldes a Jehová;

¿cuánto más después que yo haya muerto?

Muy cierto es que Dios estableció leyes por razones muy distintas

a las del ser humano.

"...Y TODO EL MUNDO QUEDE BAJO EL JUICIO DE DIOS..."

Otro aspecto de la Ley se puede apreciar a través de los ojos

inspirados de Pablo en Romanos 3:19:

Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que

están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el

mundo quede bajo el juicio de Dios.

Es la verdadera naturaleza de la Ley respecto al hombre que nadie

puede guardarla perfectamente. Mismo Moisés, a quien Dios dio la Ley, es

un perfecto ejemplo de ello.

No existe ninguna duda de que Moisés no sólo fue un gran hombre de

su generación sino de las generaciones por venir. Las Escrituras lo ponen

así:

Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien

haya conocido Jehová cara a cara (Deuteronomio 34:10).

Tanto defendió Dios a Moisés que cuando María se atrevió a

criticarlo, ella fue cubierta de lepra. En esa ocasión Dios explicó,

Cuando haya entre vosotros profeta de Jehová, le apareceré en

visión, en sueños hablaré con él. No así a mi siervo Moisés,

que es fiel en toda mi casa. Cara a cara hablaré con él, y

claramente, y no por figuras; y verá la apariencia de Jehová.

¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo

Moisés? (Números 12:6-8).

Aún así, a Moisés le fue prohibido entrar a la tierra prometida.

Usted no podrá entender por qué le fue prohibido hacerlo hasta que

entienda la naturaleza de la Ley. Es naturaleza de la Ley que quienquiera

que guarde toda la Ley pero que ofenda en un solo punto, se hace culpable

de todos (Santiago 2:10). Así que, todo lo que Moisés tenía que hacer

para encontrarse culpable ante Dios era cometer un errorcito...y esto fue

lo que hizo en Cades-Barnea.

Al empezar la peregrinación por el desierto, Dios ordenó a Moisés

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