Acciones de exclusion de la vocacion hereditaria conyugal






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301. Exclusión hereditaria conyugal.
Para lograr la exclusión hereditaria conyugal será necesaria la acreditación de la sentencia firme de divorcio, en la cual se declara la separación personal.

En cuanto al tema procesal, vía idónea, legitimados (pasivos y activos), defensas y pruebas, es de aplicación lo dicho en el parágrafo correspondiente al cónyuge separado culpable (pará­grafos 255 y siguientes).

CAPÍTULO VIII

LA EXCLUSIÓN HEREDITARIA CONYUGAL Y EL DIVORCIO VINCULAR*

I. INTRODUCCIÓN
302. El divorcio vincular en el Código Civil, en la Ley de Matrimonio Civil 2393 y en la ley 14.394.
El divorcio vincular se caracteriza por disolver el vínculo conyugal y otorgar habilidad nupcial a los divorciados.

En el Código de Vélez se había legislado sobre divorcio, pero no se admitía que éste fuera causal de disolución del matrimonio. Cabe recordar que Vélez se adhirió, en materia matrimonial, al derecho canónico. Si bien el divorcio vincular había sido cono­cido y acogido en el derecho romano, la Iglesia Católica lo había combatido duramente, y es de destacar que en la época en que se sancionó el Código de Vélez, no era generalmente admitido en la legislación comparada.

Siguiendo a la legislación canónica, el art. 198 establecía: "El divorcio que este Código autoriza consiste únicamente en la se­paración personal de los esposos, sin que sea disuelto el vínculo matrimonial"; y en forma concordante con tal disposición, el art. 219 disponía: "El matrimonio válido no se disuelve sino por muerte de uno de los esposos".

En el año 1889 se sancionó la Ley de Matrimonio Civil, que llevó el número 2393 y que continuó con el mismo criterio en cuanto a la no admisión del divorcio vincular. Esta ley reprodujo en sus arts. 64 y 81 lo dispuesto por Vélez Sarsfield en los arts. 218 y 219.

A partir del año 1898 se sucedieron diversos proyectos de le­yes que contemplaban el divorcio vincular, pero éste fue acogido en nuestra legislación en 1954.

La ley 14.394, de dicho año, admitía el divorcio vincular en el art. 31, el cual establecía que "también trascurrido un año de la sentencia que declaró el divorcio, cualquiera de los cónyu­ges podrá presentarse al juez que la dictó pidiendo que se declare disuelto el vínculo matrimonial, si con anterioridad ambos cón­yuges no hubieran manifestado por escrito al juzgado que se han reconciliado. El juez hará la declaración sin más trámite, ajus­tándose a las constancias de los autos. Esta declaración autoriza a ambos cónyuges a contraer nuevas nupcias".

La ley 14.394 sólo legislaba sobre divorcio vincular en la nor­mativa trascrita, que era demasiado escueta para solucionar to­dos los problemas derivados del estado de divorciado. Entre las interpretaciones conflictivas se hallaba la referente a los derechos sucesorios de los cónyuges divorciados, aspecto, éste, no abor­dado por la ley.

El divorcio vincular incorporado por la ley 14.394 tuvo efí­mera duración en nuestro país, ya que quedó suspendido por el decreto-ley 4070/56.
303. El caso "Sejean".
Durante 99 años estuvo en vigencia la Ley de Matrimonio Ci­vil y su régimen de matrimonio indisoluble por divorcio, hasta que el 27 de noviembre de 1986 la Corte Suprema de la Nación dictó resolución en el caso "Sejean". En este fallo se declaró la inconstitucionalidad del art. 64 de dicha ley, que decía: "El di­vorcio que este Código autoriza consiste únicamente en la sepa­ración personal de los esposos, sin que se disuelva el vínculo matrimonial". La Corte consideró disuelto el vínculo y readqui­rida la habilidad nupcial de los contrayentes1.

El histórico precedente contó con mayoría de tres votos, la cual fundó su decisión, entre otras consideraciones, en que el art. 64 de la Ley de Matrimonio Civil era contrario a la dignidad del hombre porque impedía volver a casarse, y en que vulneraba el art. 20 de la Constitución nacional, que consagra el derecho a casarse, el cual no puede ser alterado por vía de reglamentación.

La minoría sostuvo, en cambio, que la posibilidad de consi­derar vincular o no vincular el matrimonio era una de las opcio­nes con que contaba el legislador, y que ésta no podía ser revisada por los jueces. Aclaró también que el derecho a casarse era un derecho que admitía reglamentación, y que declarar la disolubi­lidad del vínculo era una tarea propia del Poder Legislativo, y no del Judicial.

El caso "Sejean" generó gran incertidumbre, por cuanto al­gunos tribunales seguían el criterio de la Corte, en tanto que otros consideraban que éste no era obligatorio y no disolvían el vínculo. En definitiva, el trascendental fallo dejó librada al ar­bitrio judicial una cuestión tan importante como la disolubilidad del matrimonio, generando inseguridad absoluta en cuanto a los efectos posteriores de esta disolución y sobre la vocación suce­soria de los ex cónyuges.

El resolutivo fue criticado, por el exceso de facultades que se atribuyó la Corte2. De él se dijo que se trataba de una sen­tencia que hacía historia, aunque la "trascendencia social e his­tórica no es sinónimo de acierto jurídico"3. Pero lo cierto es que apuró el trámite de la ley, que ya tenía media sanción en Diputados, y que fue definitivamente sancionada el 8 de junio de 1987, con el número 23.515.
304. El divorcio vincular en la ley 23.515.

La ley 23.515, llamada "Ley de divorcio vincular", que incor­poró este último en nuestro país, fue tachada de inconstitucional, por vulnerar el art. 2 de la Constitución nacional, el cual esta­blece que el gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano. Sin embargo, la jurisprudencia se inclinó por conside­rarla constitucional, diciendo: "La ley 23.515, en cuanto consagra el divorcio vincular, no viola garantías explícitas o implícitas de la Constitución nacional, que no incorporó directiva alguna sobre el punto, deferido a la sanción del legislador"4.

No se puede afirmar que una ley que acepta el divorcio vin­cular vulnere el art. 2 de la Constitución, porque este artículo no creó un estado confesional, ni convirtió a la religión católica en religión del Estado, obligatoria para todos los ciudadanos, sino que tuvo por fin privilegiar a la Iglesia Católica en sus relaciones con aquél, al contribuír a su sostenimiento y protección5.

El actual régimen del Código Civil permite obtener el divor­cio vincular por causales objetivas, por causales subjetivas y por conversión.

Las causales subjetivas del divorcio vincular son el adulterio, el abandono voluntario y malicioso, las injurias graves, la tenta­tiva contra la vida del otro cónyuge o de los hijos, sean o no comunes, y la instigación a cometer delitos (todas ellas están contempladas en el art. 202 del Código Civil) ; a más de éstas, constituye también una causal subjetiva la establecida en el últi­mo párrafo del art. 204 del Código, consistente en la prueba de no ser culpable de la separación de hecho por más de tres años.

Las causales objetivas del divorcio vincular son la separación de hecho por más de tres años, sin voluntad de unirse, y la de­manda por presentación conjunta, contempladas en los arts. 214 y 215 del Código Civil.

No es una causal autónoma de divorcio la enfermedad mental de uno de los cónyuges con el alcance del art. 203, la cual, en principio, sólo da derecho a pedir la separación personal, aunque luego pueda ser convertida en divorcio vincular.

Decimos "en principio" porque una sentencia muy reciente ha permitido demandar al cónyuge enfermo por divorcio vincu­lar, directamente, mediando separación de hecho por más de tres años. Así, se dijo: "Debe reconocerse al cónyuge sano el derecho para demandar el divorcio vincular por la separación de hecho cuando, paralelamente, impetra que queden consagrados los par­ticulares efectos que el art. 208 del Código Civil reserva para la separación y ulterior divorcio, admitidos en el art. 203 del orde­namiento citado". "La separación por más de tres años confiere indiscutiblemente al marido la posibilidad de divorciarse de ma­nera actual, con abstracción de la razón que originó este ante­cedente fáctico"6.

También se puede obtener el divorcio vincular mediante el procedimiento de conversión. Se puede accionar: por la conver­sión de una sentencia anterior de divorcio obtenida durante el régimen de la ley 2393, o por conversión de una sentencia de se­paración personal dictada durante la vigencia de la ley 23.515, o por conversión de una sentencia de separación personal decre­tada en el extranjero, cuando la sentencia ha sido dictada en la Argentina.

Todos los supuestos de obtención del divorcio vincular tienen el común denominador de que producen la pérdida de la vocación hereditaria conyugal, conforme al art. 3574, último párrafo, que dice: "Estando divorciados vincularmente por sentencia de juez competente, o convertida en divorcio vincular la sentencia de separación personal, los cónyuges perderán los derechos decla­rados en los artículos anteriores".
305. Fundamento de la pérdida de la vocación hereditaria conyugal producida por el divorcio vincular.

En tanto que en la separación personal la cónyuge inocente conserva la vocación hereditaria, en el divorcio vincular la pierde. Ello implica que a los fines de los efectos sucesorios que produce el divorcio vincular, la inocencia o la culpabilidad no entrañan ninguna diferencia, porque inocentes y culpables pierden los de­rechos hereditarios.

La jurisprudencia ha dicho que el "divorcio vincular hace cesar la vocación hereditaria conyugal, por desaparecer el funda­mento objetivo de ésta"7.

La doctrina ha señalado los siguientes fundamentos para la pérdida de la vocación hereditaria conyugal por el divorcio vincular:
A) Disolución del vínculo. Los autores, en general, han esta­blecido que la pérdida de la vocación hereditaria se fundamenta en la inexistencia de vínculo al momento de apertura de la suce­sión8, es decir, en la carencia del ius conyugii al momento de la muerte del causante9.

Aclara Lezana que para heredar hay que tener, ante todo, el título. Si el supérstite ha dejado de ser cónyuge en virtud del divorcio vincular, carecerá de título para suceder al causante, aunque el divorcio haya sido decretado por culpa de éste10.

En igual sentido, Zannoni sostiene actualmente que la falta de vocación hereditaria entre los ex cónyuges se funda en que "la inexistencia del vínculo conyugal destituye el fundamento de la vocación hereditaria conyugal"11.
B) Aptitud nupcial. Enseña D'Antonio que "el fundamento de la privación de este efecto radica, mayormente, en razones de equidad, y se vincula, esencialmente, con el restablecimiento de la aptitud nupcial, que ubica a los divorciados ante la natural eventualidad de celebrar un nuevo matrimonio. Ello determina una situación éticamente insoslayable, y lleva a considerar como riguroso privar de derechos hereditarios a quien goza de tal posi­bilidad, que, de concretarse, hará nacer para el contrayente la calidad de heredero por el nuevo vínculo"12.

C) Inexistencia de afecto presunto del causante. Apunta Llo­veras que "el afecto presunto del causante, la comunidad de vidas y sentimientos, funda el llamado sucesorio del supérstite. Tal fundamento no subsiste entre cónyuges divorciados"13, y ello origina la pérdida de la vocación hereditaria.

No creemos que el fundamento de la pérdida de la vocación hereditaria entre ex cónyuges sea la falta de comunidad de vidas o la falta de afecto presunto, porque tampoco existe comunidad de vidas ni afecto presunto en el cónyuge culpable de la separa­ción personal, y, sin embargo, la ley le otorga derechos sucesorios al inocente. Es que el cónyuge inocente de la separación personal mantiene el título jurídico de cónyuge, que origina el llama­miento sucesorio, en tanto que el cónyuge divorciado carece de título jurídico para concurrir a la sucesión por llamado de la ley.
306. La exclusión hereditaria conyugal y la ley 14.394.
La brevísima normativa de la ley 14.394 relativa al divorcio no contenía disposición jurídica alguna que hiciera referencia a los efectos sucesorios de aquél.

Ello motivó que la doctrina se dividiera entre quienes sos­tenían que el divorcio vincular hacía perder la vocación heredi­taria conyugal en todos los casos14, quienes pensaban que el cónyuge inocente mantenía sus derechos sucesorios15, y quienes

opinaban que el cónyuge inocente mantenía su vocación heredi­taria siempre que no hubiera pedido personalmente la conversión de la sentencia de separación personal en divorcio vincular, o no se hubiera vuelto a casar16.
307. Solución jurisprudencial por plenario de la Cámara de la Capital.

Las diferentes posturas doctrinales originaron distintos linea­mientos jurisprudenciales, que obligaron a la Cámara Civil de la Capital a dictar un fallo plenario, en el año 1962, que señaló: "EI divorcio vincular que autorizó el art. 31 de la ley 14.394 no hace cesar el derecho sucesorio del cónyuge no culpable, a menos que con ulterioridad a la sentencia que lo declaró inocente haya incu­rrido en algún acto que cause la caducidad de su vocación suce­sorio"17.

La mayoría de los votantes en el plenario concordaron en afirmar que ante la inexistencia de otra norma legal que previera los efectos sucesorios del divorcio vincular incorporado por el art. 31 de la ley 14.394, se debía aplicar por analogía el art. 3574 del Código Civil, que preveía la conservación del vínculo para el cónyuge inocente.
308. La ley 17.711 y la pérdida de los derechos hereditarios en el divorcio vincular.
A pesar de que el plenario de la Cámara Civil de la Capital vino a dar solución a la divergencia jurisprudencial en la Ca­pital Federal, puesto que aquél no era de aplicación obligatoria en todo el país, en las provincias seguían reiterándose los fallos contradictorios, lo cual generaba inseguridades acerca de un tema de orden público. Por eso la ley 17.711 vino a establecer segu­ridad legislativa, reglando expresamente sobre la vocación suce­soria de los cónyuges que hubieran alcanzado el divorcio vincular durante la brevísima vigencia de éste.

Siguiendo la doctrina del plenario, la ley 17.711, en su art. 6, determinó: "En los matrimonios que fueron disueltos durante la vigencia del art. 31 de la ley 14.394, el cónyuge inocente conserva el derecho a alimentos y vocación hereditaria, salvo que hubiese pedido la disolución del vínculo, contraído nuevas nupcias o incu­rrido en actos de grave inconducta moral".
309. ¿Subsiste la vocación hereditaria del cónyuge divorciado vincularmente por la ley 14.394?
En doctrina se ha planteado la cuestión de si subsiste la voca­ción hereditaria del cónyuge divorciado vincularmente por la ley 14.394.

Barbero sostiene que el divorciado vincularmente bajo el ré­gimen de la ley 14.394 conserva su vocación hereditaria, fundado en que el art. 6 de la ley 17.711 no fue derogado, ni expresa ni tácitamente, por la ley 23.515. Por tanto, este autor entiende que el cónyuge divorciado vincularmente por el art. 31 de la ley 14.394, si es inocente, conserva vocación hereditaria, salvo que haya pedido la disolución del vínculo, contraído nuevas nupcias o incurrido en actos de grave inconducta moral.

En tal orden de ideas, manifiesta que para que el cónyuge inocente, divorciado por la ley 14.394, pierda sus derechos here­ditarios, será necesario que convierta su situación en divorcio vincular según el régimen de la ley 23.51518.

No compartimos la interpretación anterior, a pesar de advertir que ella se esfuerza por proteger al cónyuge inocente del divorcio vincular, interés, éste, que resulta saludable. No obstante ello, pensamos que no subsiste la vocación hereditaria del cónyuge ino­cente divorciado vincularmente por la ley 14.394, por las siguientes consideraciones:
a) No admitimos que una misma situación jurídica tenga dos soluciones distintas, porque esto contraría el principio de igualdad constitucional. Por ello, no podemos aceptar que el cónyuge ino­cente divorciado vincularmente por la ley 14.394 tenga derechos hereditarios, y el cónyuge inocente divorciado vincularmente por la ley 23.515 carezca de ellos.
b) El legislador del 87 optó por la pérdida de la vocación hereditaria en caso de disolución del vínculo por divorcio; toda dis­posición anterior que se oponía a ello (caso del art. 6 de la ley 17.711) quedó derogada por el art. 9 de la ley 23.515, que "deroga todas las leyes que se opongan a la presente ley".

Estamos frente a un típico caso de derogación tácita por in­compatibilidad de contenido19, ya que resulta incongruente, incom­patible e inarmónico aceptar que en un caso el divorcio produzca la pérdida de la vocación hereditaria, y en otro no.
c) Por otra parte, el instituto de la conversión está pensado para trasformar la separación personal o divorcio sin efecto vincu­lar en divorcio vincular, y no para trasformar un divorcio vincular en otro divorcio vincular.

Es absurdo convertir un divorcio vincular en otro divorcio vincular a los fines meramente hereditarios, máxime cuando los res­tantes efectos que producía el divorcio según la ley 14.394, nece­sariamente, han de ser regidos por la ley 23.515, por cuanto el régimen de divorcio de aquélla ha sido derogado expresamente por el art. 9 de ésta.
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