Acciones de exclusion de la vocacion hereditaria conyugal






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276. Pérdida de la vocación hereditaria conyugal del cónyuge sano: su fundamento.
Si bien estamos frente a un divorcio sin atribución de cul­pa, el legislador ha evaluado la conducta del cónyuge que opta por alejarse de sus deberes matrimoniales frente al cónyuge en­fermo, y la ha sancionado con una carga alimentaria y con la pérdida del derecho sucesorio.

La sanción no reside en la culpa, porque ésta no ha sido determinada, ni en la imputación de una conducta antijurídica, sino, simplemente, en una valoración ética de la conducta de quien quiebra la vida matrimonial por la enfermedad del otro. La ley autoriza tal conducta, pero como ésta no condice con el fundamento de la vocación sucesoria, que es el afecto presunto del causante, lo priva de su vocación sucesoria8.

El efecto no surge de la culpa del divorcio, sino de la causa de éste. Es en el derecho francés donde más se ha distinguido entre la causa del divorcio y la culpa en él9, determinando que en algunos casos -como en éste- la causa del divorcio produzca determinadas consecuencias, aun sin imputación de culpa.

"Por otra parte, el cónyuge enfermo, que ha sido demandado por separación personal, y a quien no le es imputable una con­ducta jurídica en razón de su estado de quebrantamiento perso­nal, conserva su vocación hereditaria"10.
277. Fundamento de la asistencia del enfermo como carga de la sucesión.
Tanto en el régimen alimentario en favor del enfermo como en el derecho de seguir habitando en el inmueble conyugal, así como en el derecho de impedir la liquidación del inmueble que fue sede del hogar conyugal, aunque se trate de un bien propio del sano (art. 211, párr. 29), como en la carga de la sucesión esta­blecida en el art. 208, Cód. Civil, hay un claro propósito tuitivo del cónyuge enfermo.

Esta protección del cónyuge enfermo se trasmite a los here­deros para evitar el desamparo que se puede producir, ante la muerte, cuando se lo priva del derecho sucesorio por el divorcio vincular.
278. Causas de exclusión del cónyuge enfermo.
Dijimos que el cónyuge enfermo, en principio, mantiene su carácter de heredero. Pero puede ser excluido del juicio sucesorio en dos supuestos: por la conversión de su sentencia de separa­ción personal en divorcio vincular, o por el hecho de vivir en con­cubinato, o incurrir en injurias graves contra el otro cónyuge, o volverse a casar.
A) Por conversión de la sentencia de separación personal en divorcio vincular. El párr. 29 del art. 238 del Código Civil esta­blece que cualquiera de los cónyuges podrá pedir la conversión en divorcio vincular de la sentencia de separación personal, ob­tenida en los casos de los arts. 202, 203, 204 y 205, una vez tras­curridos tres años desde que ella haya quedado firme.

A los fines de la conversión de la sentencia de separación personal en divorcio vincular es imprescindible la notificación a la contraria, ya que la conversión produce efectos sobre los dere­chos del otro cónyuge, otorgando nuevos, alterando algunos y extinguiendo otros, de modo que se hace imprescindible su inter­vención en el proceso, a fin de garantizar el principio de la de­fensa en juicio11.

Si la sentencia de separación personal es convertida en di­vorcio vincular, el cónyuge enfermo queda excluido de la suce­sión del sano.

La doctrina se ha preguntado acerca de los efectos que ten­dría la muerte del cónyuge sano si se produjera con posterioridad al pedido de conversión de la sentencia de separación personal en divorcio vincular, pero con anterioridad al dictado de la reso­lución de conversión.

Bendersky sostiene que si quien peticionó la conversión falle­ce antes de la sentencia, de todas formas se produce la pérdida de la vocación hereditaria del esposo supérstite. Señala que si ya ha trascurrido el plazo para solicitar la conversión y se ha expre­sado la voluntad de convertir en vincular la separación judicial, "el hecho del ulterior fallecimiento del esposo que la expresó no obsta ni impide que dicha expresión de voluntad surta sus efec­tos consiguientes. O sea, que se configura y completa, al cum­plirse el plazo legal, la condición referida, que produce la pérdida de la vocación sucesoria del restante esposo sobreviviente, divor­ciado vincularmente"12.

Creemos errada tal posición, pues pensamos que si la muerte del cónyuge sano acaece antes de dictada la conversión, no se produce la pérdida de la vocación sucesoria del sano, por cuanto el juicio de conversión, al igual que el de divorcio, no puede ser continuado por los herederos, y la trasmisión hereditaria se pro­duce al momento de la muerte, según lo hemos señalado ya cuan­do tratamos el tema de la exclusión por separación culpable (pará­grafo 253).

Además, no es cierto que la conversión se produzca ipso iure por la petición y el trascurso del plazo. Tras la petición, puede haber oposición, fundada en que no hay sentencia firme de sepa­ración personal, o que no han trascurrido los tres años desde que quedó firme dicha sentencia, o que ha habido reconciliación13. Es con el pronunciamiento judicial que acepta la conversión cuan­do se produce la pérdida de la vocación hereditaria. Por tanto, estimamos que para excluír al cónyuge sano de la sucesión del enfermo necesariamente debe mediar un pronunciamiento de con­versión de la sentencia de separación personal en divorcio vincu­lar, que esté firme.
B) Por vivir en concubinato, o incurrir en injurias graves. En lo referente a este tema, remitimos a su tratamiento genérico en oportunidad de desarrollar el capítulo de la exclusión por con­cubinato o injurias graves.
279. Sentido de la expresión "carga de la sucesión".

Clásicamente, se ha dicho que "las cargas de la sucesión son las obligaciones nacidas después del fallecimiento, a diferencia de las deudas hereditarias contraídas por el causante", y se ha señalado como cargas sucesorias, entre otros, los gastos de sepe­lio y los de administración de la sucesión, y los honorarios de los profesionales intervinientes en el juicio sucesorio14.

Pero he aquí que en este caso nos hallamos ante una carga de la sucesión que nace con anterioridad a la muerte del cau­sante15, y que impedirá la partición hasta tanto se establezca la forma de cubrirla. En las Terceras Jornadas Bonaerenses de De­recho Civil, Comercial y Procesal, celebradas en Junín (Bs. As.), en 1988, se puso de relieve la impropiedad de la expresión "car­gas de la sucesión"16.

Pensamos que el término "carga" no está tomado en el sen­tido técnico expuesto, sino como un cargo o prestación que deben cumplir los herederos, quienes deben prever cómo se ha de rea­lizar la prestación.
280. Modo de cumplir la carga.
En nuestra opinión, es de aplicación lo dispuesto por el art. 3474, Cód. Civil, que dice: "En la partición, sea judicial o extrajudicial, deben separarse los bienes suficientes para el pago de las deudas y cargas de la sucesión", y por el art. 3475 del mis­mo ordenamiento, el cual establece que los acreedores, tanto de unas como de otras, se pueden oponer a la entrega de las hijue­las a los herederos, hasta que sean pagados sus créditos.

Habrá que establecer, por consiguiente, medios idóneos para garantizar una renta suficiente a los efectos de cubrir la presta­ción asistencial de carácter permanente (p.ej., separar bienes pro­ductores de frutos).

Se puede establecer la carga como una pensión que deben atender los herederos; o también se puede afectar todos los bie­nes hereditarios, o algunos de ellos, con una carga real (art. 2614, Cód. Civil), quedando los herederos obligados al pago en propor­ción a sus cuotas hereditarias. Si se establece una carga real en los términos del art. 2614, su duración será de cinco años, y luego se trasformará en una carga personal.

Otra forma de cumplir con la carga sería autorizar la venta de bienes para aplicar el producto a los fines indicados.

En todo caso, hay que tener presente que la obligación del cumplimiento de la carga debe recaer sobre los herederos y sobre los legatarios de cuota, en proporción a los bienes recibidos. Debe tenérselo en cuenta al separar los bienes para cumplir los fines de la norma.

El derecho español prevé diferentes formas de cumplir con la "pensión" debida al enfermo. El art. 99 del Código Civil es­pañol prevé que "en cualquier momento podrá convenirse la sus­titución de la pensión fijada judicialmente conforme al art. 97 por la constitución de una renta vitalicia, el usufructo de deter­minados bienes o la entrega de un capital en bienes o en dinero".
281. Diferentes hipótesis relacionadas con el cumplimiento de la carga.
Ante todo, debemos aclarar que el cónyuge enfermo puede o no ser heredero del sano, según lo veníamos diciendo, ya sea que su sentencia de separación personal haya sido o no conver­tida en divorcio vincular.

Revista o no aquél la calidad de heredero, puede constituir una carga para la sucesión proveer lo necesario para su asisten­cia, tratamiento y recuperación. Ello surge claramente del texto expreso del art. 208 del Código Civil, que dice: "Fallecido el cón­yuge obligado, aunque se hubiese disuelto el vínculo matrimonial por divorcio vincular con anterioridad, la prestación será carga en su sucesión, debiendo los herederos prever, antes de la parti­ción, el modo de continuar cumpliéndola".

Corresponde establecer hasta cuándo perdura esa carga, o, dicho en otros términos, si alguna vez los sucesores pueden libe­rarse de ella. Al respecto, conviene analizar los siguientes su­puestos:
a) Cónyuge "enfermo" que es heredero y cuyo tratamiento constituye, a la vez, una carga de la sucesión. Si el cónyuge en­fermo recibió en el sucesorio bienes suficientes para solventar su tratamiento y recuperación por el tiempo probable de dura­ción, cabría sostener que se puede dar por finalizada la carga de la sucesión, pues, aunque la ley no lo diga expresamente, se ha cumplido su finalidad, cual es la protección del enfermo.

Establecer como carga de la sucesión el sostenimiento de los gastos de recuperación del enfermo tiene un claro fin tuitivo, que se prolonga más allá del divorcio vincular. Pero si ese fin se cum­ple con la trasmisión de un patrimonio hereditario importante y suficiente para cubrir las necesidades del minusválido, sería injusto que el resto de los herederos vieran afectada incluso su legítima para sostener la curación de quien tiene medios sufi­cientes para hacerlo. Más injusto aún sería el caso en que habien­do otro heredero enfermo (p. ej., un hijo), debiera soportar los gastos de curación del ex cónyuge en desmedro del propio hijo enfermo.

En el derecho alemán, se limita la responsabilidad de los he­rederos a la porción legítima que el alimentado hubiera tenido en la sucesión del alimentante si no hubiese mediado causa de divorcio17.

De ello se infiere que el cónyuge enfermo no puede preten­der más que lo que le correspondería como heredero.

En el derecho español, se autoriza a los herederos a solicitar al juez la reducción o supresión de la pensión si el caudal ali­mentario no puede satisfacer las necesidades de la deuda o afecta sus derechos a la legítima18.

En el derecho positivo argentino, el fundamento debe ser buscado en lo dispuesto por el art. 208 del Código Civil, el cual establece que los medios necesarios para el tratamiento y la re­cuperación deben ser fijados teniendo en cuenta los recursos y las necesidades; cuando a las necesidades se las cubre con los recursos recibidos a título hereditario, se puede dar por finali­zada la carga de la sucesión.

Sin embargo, esto no se lo puede establecer como regla fija, sino que habrá que atenerse a las características de cada caso en particular.
b) Cónyuge "enfermo" heredero que recibe bienes parcial­mente suficientes para cubrir su tratamiento y recuperación. Este supuesto difiere del anterior en que los bienes que el enfermo ha recibido a título hereditario son insuficientes para pagar sus gastos de tratamiento y recuperación, en cuyo caso pensamos que los herederos deberán soportar la carga hereditaria en la propor­ción del caudal económico del enfermo, por aplicación de la pro­porcionalidad que debe haber entre los recursos de quien está obligado a pagar los gastos del enfermo y el potencial económico del recipendiario,

c) Cónyuge "enfermo" no heredero que recibe bienes sufi­cientes en la división de la sociedad conyugal. Puede ocurrir que como consecuencia del divorcio o de la conversión de la senten­cia de separación personal en divorcio vincular, el enfermo haya perdido sus derechos hereditarios, y, no obstante ello, que en la división de la sociedad conyugal reciba bienes importantes, sufi­cientes holgadamente para solventar su tratamiento y recupera­ción, en tanto que la otra mitad de los bienes de la sociedad conyugal debe ser repartida entre los herederos.

Creemos que también en este supuesto, como en los anterio­res, la determinación de la carga deberá ser establecida teniendo en cuenta los recursos y las necesidades (art. 208, Cód. Civil), e incluso llegar a precisar que no corresponde cumplir con carga alguna, por no haber necesidades del enfermo o ser su caudal económico mucho más importante que el acervo hereditario.

Hay que tener siempre en cuenta, para llegar a cualquier tipo de solución, el fundamento de esta pensión que se le debe dar al enfermo. El fin último de la ley ha sido compensar la situa­ción de aquel de los cónyuges que se ve perjudicado con el divor­cio, o que a causa de éste ve empeorada su situación patrimonial. Pero si estas circunstancias no se dan y la situación patrimonial del enfermo supera la de la masa hereditaria, no hay por qué cargar a ésta con una manutención que carece de fundamento.

d) Cónyuge "enfermo" no heredero que recibe bienes par­cialmente suficientes. En este caso es aplicable lo dicho en el parágrafo b, y en la determinación de la carga se deberá tener en cuenta tanto el caudal económico del beneficiario del cargo como el de la sucesión.
e) Cónyuge enfermo que ha logrado la recuperación. Lo ló­gico sería que si el cónyuge tiene sus facultades mentales alte­radas, o es alcohólico o drogadicto, antes de la partición se esta­bleciera la forma de soportar la recuperación del enfermo, que podría ser mediante la no partición de un bien capaz de producir renta.

Separado este bien, se puede realizar la partición de los de­más bienes, por aplicación del art. 3453, que establece: "Aunque una parte de los bienes hereditarios no sea susceptible de división inmediata, se puede demandar la partición de aquellos que no son actualmente partibles"19.

Podría ocurrir que el cónyuge enfermo sanara, con lo cual no se justificaría excluír de la partición el bien capaz de producir renta, destinado a proveer los medios necesarios para una cura­ción que ya se produjo. Por ende, se puede accionar por finali­zación de la carga sucesoria, motivada en su cumplimiento.

Para dar por terminada o cumplida la carga de la sucesión por curación, habrá que demostrar, con las respectivas pericias médicas, el estado del enfermo.

En las Terceras Jornadas Bonaerenses de Derecho Civil se

propuso: "Se debe interpretar que el derecho acordado por el art. 208 del Código Civil, modificado por la ley 23.515, respecto al cónyuge enfermo, cesará cuando se pruebe su recuperación"; y de lege ferenda se sostuvo que en los arts. 210 y 218 del Código habría que agregar un párrafo que dijera: "La recuperación del enfermo es causa de la cesación del derecho alimentario"20.

Incluso puede ocurrir que el cónyuge enfermo haya sido de­clarado demente o inhabilitado (art. 152 bis, Cód. Civil), en cuyo caso, antes de dar por cumplida la carga de la sucesión, habrá que iniciar un proceso de rehabilitación, que se halla compren­dido en el art. 150 del Código Civil y en el art. 635 del Código Procesal de la Nación21.

Una vez obtenida la rehabilitación judicial, cesa la carga de la sucesión al respecto. En este supuesto, habrá que atenerse a la forma en que se pactó el cumplimiento de la carga: si fueron separados bienes capaces de producir rentas, éstos podrán ser reintegrados al patrimonio y partidos; si se estableció un usu­fructo u otro derecho real, éste deberá cesar, y se podrá solicitar la cancelación de su inscripción respectiva.

El problema se plantea cuando en pago de la pensión se ha recibido un bien o una cantidad de dinero determinada, que se ha consumido, en cuyo caso será imposible retrotraer el bien al sucesorio para su partición.
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