Acciones de exclusion de la vocacion hereditaria conyugal






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262. Medios de prueba.
La prueba legalmente preceptuada para establecer el estado de familia es el título de estado, que se logra con el instrumento o conjunto de instrumentos públicos de los cuales surge el estado de familia56.

Corresponde, entonces, acompañar las respectivas partidas o documentos que puedan ser computados a tal fin. En este caso, se podrá acompañar una fotocopia certificada de la sentencia de separación personal, o el propio expediente; esta última prueba es de mayor valor para verificar si la sentencia se halla consen­tida y debidamente notificada. También se puede probar la culpa­bilidad en el divorcio mediante la partida de casamiento en cuyo margen se ha inscrito aquél.
263. Efectos de la exclusión hereditaria: enunciación.
La exclusión hereditaria conyugal produce efectos respecto del cónyuge excluido, respecto de sus descendientes y respecto de terceros.
264. A) Efectos respecto del excluido: principio.

El efecto de la exclusión del cónyuge consiste en su separa­ción de la herencia, considerándolo como si nunca hubiera sido heredero.

Si se ha dictado declaratoria de herederos, ésta deberá ser modificada, excluyendo de ella al cónyuge. Si no se ha dictado dicha declaratoria, no se podrá incluir en ella al cónyuge.

Este efecto principal acarrea importantes consecuencias si el excluido ha entrado en posesión de los bienes hereditarios, ya con declaratoria de herederos en su favor, ya sin ella, pues entonces deberá restituir los bienes a quienes correspondan.

Aun cuando se excluya a la cónyuge de la declaratoria de herederos, ella puede seguir participando en el proceso sucesorio si no ha sido liquidada la sociedad conyugal en el juicio de di­vorcio. Ello, porque la mitad de los bienes de ésta le correspon­den a título de socia de la sociedad conyugal que se ha disuelto con el divorcio, y que no deben ser incluidos en el acervo here­ditario. Pero a los fines de la partición, aun cuando haya sido excluida como heredera, puede participar en el sucesorio.
265. Restitución de los bienes hereditarios.
El cónyuge excluido deberá restituirles a las personas a las cuales pase la herencia todos los objetos hereditarios de que hubiera tomado posesión (analogía art- 3305). Esta restitución comprende los siguientes aspectos:
a) Frutos. El cónyuge con sentencia de separación personal culpable, que ha entrado en posesión de la herencia, es, eviden­temente, un poseedor de mala fe. Por eso está obligado a entre­gar los frutos que haya percibido y los que por su culpa haya dejado de percibir (art. 2938).

b) Productos. El régimen legal de los frutos no es aplicable a los productos, pues tanto el poseedor de buena fe como el de mala fe deben restituir los productos (arts. 3427 y 2444).

c) Gastos y mejoras. En principio, la restitución de los bie­nes hereditarios incluye las mejoras efectuadas en ellos. El art. 3425, 2a parte, dice, en este sentido, que el tenedor de la herencia debe entregar los bienes hereditarios "con los accesorios y me­joras que ellos hubiesen recibido, aunque sean por el hecho del poseedor".

Empero, el cónyuge excluido culpable tiene derecho a ser indemnizado por las mejoras necesarias hechas en la cosa, y pue­de retenerlas hasta ser pagado por ellas (art. 2440). Los gastos necesarios para mejoras útiles sólo puede cobrarlos si esas mejo­ras han aumentado el valor de la cosa, y hasta la concurrencia de ese valor (art. 2441). En cuanto a las mejoras voluntarias o de embellecimiento, puede retirarlas si al hacerlo no causa perjuicio a la cosa57.
266. B) Efectos respecto de terceros.
Si el cónyuge excluido ha enajenado bienes a terceros, habrá que atenerse a lo que expusimos en el parágrafo 243.
267. C) Efectos respecto de los descendientes del cónyuge excluido.
No es aplicable analógicamente la solución preceptuada para los descendientes del indigno en el art. 3301, los cuales heredan por representación. Aquí, los descendientes del cónyuge excluido no heredan, a no ser que sean, a su vez, herederos del causante, en cuyo caso recibirán la herencia por derecho propio, y no por derecho de representación.
268. Posibilidad de que la cónyuge excluida sea designada administradora de la sucesión.

Puede plantearse el problema referido a si la cónyuge sepa­rada, que va a concurrir a la sucesión a los fines de la liquidación de la sociedad conyugal, puede ser designada administradora de la sucesión.

El art. 709 del Código Procesal de la Nación establece: Si no mediare acuerdo entre los herederos para la designación del administrador, el juez nombrará al cónyuge supérstite, y a falta, renuncia o inidoneidad de éste, al propuesto por la mayoría, salvo que se invocasen motivos especiales que, a criterio del juez, fueran aceptables para no efectuar ese nombramiento".

Si la cónyuge ha sido declarada heredera, hasta tanto se la excluya debe ser designada administradora; ello, fundado en el interés por la disolución v liquidación de la sociedad conyugal y su eventual derecho hereditario.

Distinto es el supuesto en el cual ya ha sido excluida de la sucesión y su único interés reside en la disolución de la sociedad conyugal. Consideramos que en ese caso la cónyuge no tiene dere­cho a ser designada administradora, porque no entra en la inten­ción del legislador, y porque generaría múltiples problemas en la marcha de la administración.

La jurisprudencia en general ha admitido la administración de la herencia por el cónyuge inocente, pero no por el culpable58. Cierto es que el cónyuge excluido puede devenir administrador en representación de su hijo menor, cuando éste cuente con ma­yoría suficiente para ser nombrado administrador. Pero reitera­mos que el principio ha de ser el de la no designación del excluido como administrador, porque seguramente se generarían disiden­cias perturbadoras que en nada beneficiarían a la masa.
269. Cónyuge excluido y beneficiado con posterioridad en el testamento.
Si con posterioridad a la sentencia de separación personal culpable el causante ha beneficiado testamentariamente a su ex cónyuge, no obstante la exclusión legal, éste mantiene sus dere­chos testamentarios, ya sea como heredero o como legatario.

Al respecto, Cifuentes señala que "el cónyuge incurso en culpa matrimonial u otro motivo de apartamiento puede verse benefi­ciado con un testamento ulterior. De igual modo que el perdón o la reconciliación dejan sin efecto la desheredación testamenta­ria (art. 3750), ese testamento destituye los efectos de la indig­nidad y de la exclusión del viudo. (...) Es decir que el cónyuge vino a perder el título hereditario como tal, pero lo reemplaza como testamentario. Y como aquí el conocimiento por parte del testador de las causales de exclusión no puede faltar, puesto que están fundadas en la quiebra misma del matrimonio, se ve claramente su intención de olvidar agravios, de perdonar"59.

A ello agregamos que si bien es cierto que puede ser here­dero testamentario, el cónyuge culpable del divorcio no es here­dero legitimario, y como ha perdido su condición de heredero forzoso, su designación testamentaria no debe violentar la legí­tima de los demás herederos.
270. Posibilidad de adquirir por sucesión la misma herencia de la cual se está excluido.
Consideramos de aplicación analógica el art. 3303 del Código Civil, es decir, que el viudo solamente es excluido de la herencia de su cónyuge premuerto. Por ejemplo, si la madre es excluida de la sucesión del padre por su culpabilidad en el divorcio, y los bienes hereditarios pasan a su hijo, muerto éste, la madre podrá recoger los bienes que originariamente hacían parte de la heren­cia de la cual había sido excluída60.

CAPÍTULO VII
EXCLUSIÓN DE LA VOCACIÓN HEREDITARIA CONYUGAL

EN LA SEPARACIÓN PERSONAL

SIN ATRIBUCIÓN DE CULPA*
I. SUPUESTOS DE SEPARACIÓN HEREDITARIA CONYUGAL

SIN ATRIBUCIÓN DE CULPA
271. Enunciación.
En el marco del divorcio remedio, la ley 23.515 ha establecido un régimen de separación personal sin atribución de culpa, que se halla legislado en los arts. 203, 204 y 205 del Código Civil. A estos tres supuestos los denominaremos "alteraciones mentales graves, alcoholismo o drogadicción", "presentación conjunta" y "separación de hecho". Analizaremos por separado los tres casos.
II. ALTERACIONES MENTALES GRAVES DE CARÁCTER PERMANENTE,

ALCOHOLISMO O DROGADICCIÓN
272. Concepto.
Este supuesto se halla legislado en el art. 203 del Código Civil, que establece: "Uno de los cónyuges puede pedir la separa­ción personal en razón de alteraciones mentales graves de ca­rácter permanente, alcoholismo o adicción a la droga del otro cónyuge, si tales afecciones provocan trastornos de conducta que impiden la vida en común o la del cónyuge enfermo con los hijos".
Ésta es la única causal que no da derecho a solicitar el di­vorcio vincular en forma autónoma, pues sólo permite peticionar la separación personal. Pero ello no es definitivo, porque después de un lapso de tres años se puede solicitar la conversión en divorcio vincular1.

No obstante, conforme a un fallo del año 1989, es posible obtener directamente el divorcio vincular cuando a la causal del art. 203 se suma una separación de hecho de más de tres años. En este sentido se expidió la Cám. Nac. Civil, Sala A, diciendo: "Debe reconocerse al cónyuge sano el derecho para demandar el divorcio vincular por la separación de hecho, cuando paralelamente impetra que queden consagrados los particulares efectos que el art. 208 del Código Civil reserva para la separación y ulterior divorcio, admitidos en el art. 203 del Código Civil"2.
273. Antecedentes. Legislación comparada.
Los antecedentes de la norma los hallamos en el art. 238 del Código Civil francés. La diferencia entre nuestro régimen y el francés consiste, principalmente, en que en el nuestro no se ha establecido plazo alguno de duración de la enfermedad, ni se le da al juez la posibilidad de rechazar la demanda si su progreso puede acarrear consecuencias indeseables para el enfermo3.

En la doctrina francesa se señala que esta clase de divorcio produce un efecto particular, que aparece dentro de sus propias condiciones y que consiste en el mantenimiento unilateral de los efectos pecuniarios del matrimonio, ya que quien demanda el divorcio debe declarar que él asume la carga de mantenimiento del otro cónyuge. e genera, así, una pensión alimentaria o de seguridad4, que se caracteriza por continuar, después de la muer­te del obligado, como una obligación de sus sucesores.

Similares disposiciones hallamos en el derecho español, legis­ladas en los arts. 97 y 101 del Código Civil, después de la reforma de 1981.
274. Efectos de carácter patrimonial. Alcances en el ámbito sucesorio.
La separación conyugal por la causal prevista en el art. 203 genera, como derechos patrimoniales en favor del enfermo, el derecho de asistencia patrimonial en todo lo necesario para su tratamiento y recuperación, y el derecho de continuar habitando el inmueble conyugal y evitar su partición aun cuando se trate de un inmueble propio del otro cónyuge.

Al igual que en el derecho francés y en el español, lo que distingue al derecho de asistencia del enfermo del mero derecho alimentario es su transmisibilidad a los herederos. Por ello corres­ponde precisar claramente cuáles son las obligaciones trasmisi­bles a los herederos.

La separación de hecho fundada en las alteraciones mentales de carácter permanente, I3 drogadicción o el alcoholismo tiene un doble efecto en materia sucesoria: por una parte, excluye al cónyuge sano de la sucesión del enfermo y, por la otra, establece como carga de la sucesión proveer al enfermo de los medios necesarios para su tratamiento y recuperación, teniendo en cuenta las necesidades y recursos de ambos cónyuges.

La pérdida de la vocación sucesoria del cónyuge sano y la conservación de la vocación hereditaria del enfermo surgen del art. 3574 del Código Civil, que establece: "Si la separación se hu­biese decretado en los casos del art. 203, el cónyuge enfermo conservará su vocación hereditaria".

Como corolario de la citada norma legal, el cónyuge sano que solicitó la separación personal pierde la vocación hereditaria. El enfermo conserva sus derechos sucesorios hasta tanto se

convierta su sentencia de separación personal en divorcio vincu­lar, ya que en este último caso es de aplicación el art. 3574, último párrafo, del Código Civil, que establece: "Estando divor­ciados vincularmente por sentencia de juez competente, o con­vertida en divorcio vincular la sentencia de separación personal, los cónyuges perderán los derechos hereditarios".

La carga de la sucesión en favor del cónyuge enfermo, con­sistente en procurarle los medios necesarios para su tratamiento y recuperación, surge del art. 208, Párr. 1°, del Código Civil, que prevé: "Cuando la separación se decrete por alguna de las causas previstas en el art. 203, regirá, en lo pertinente, lo dispuesto en el artículo anterior en favor del cónyuge enfermo, a quien, ade­más, deberán procurársele los medios necesarios para su trata­

miento y recuperación, teniendo en cuenta las necesidades y re­cursos de ambos cónyuges".

Y agrega el párr. 29: "Fallecido el cónyuge obligado, aunque se hubiera disuelto el vínculo matrimonial por divorcio vincular con anterioridad, la prestación será carga en su sucesión, debien­do los herederos prever, antes de la partición, el medio de con­tinuar cumpliéndola".

Vemos cómo el divorcio vincular le hace perder al cónyuge enfermo sus derechos hereditarios, si bien conserva su derecho de ser mantenido en su nivel alimentario y de asistencia médica, hasta su recuperación5. En efecto: como bien se advierte en el derecho español, no estamos frente al puro deber alimentario que finaliza con la muerte del alimentante, sino que se trata de una "pensión" de carácter diferente6.
275. El problema de la indivisibilidad del inmueble.
Ninguna duda cabe, entonces, de que, fallecido el cónyuge obligado, se trasmite a sus herederos el deber de asistencia del enfermo, en los términos del art. 208. Lo que sí puede plantear inconvenientes es la cuestión de si subsiste el derecho de opo­nerse a la división del inmueble conyugal, en los términos del art. 211 del Código Civil.

Pensamos que no se mantiene el derecho de impedir la par­tición establecido en el art. 211, por las siguientes considera­ciones:

a) El principio, en mategia sucesoria, es la partición. El art. 211, al establecer un derecho de indivisión para el cónyuge en­fermo, tiene en cuenta los efectos que el divorcio produce du­rante la vida de los cónyuges, pero no se proyecta en el plano sucesorio, porque ello es contrario al principio de la partición, que sólo puede ser dejado a un lado por disposición expresa de la ley.

El carácter forzoso de la división cuando media un pedido de parte está contemplado en el art. 3452 del Código Civil, que dice: "Los herederos, sus acreedores y todos los que tengan en la sucesión algún derecho declarado por las leyes pueden pedir

en cualquier tiempo la partición de la herencia, no obstante cual­quier prohibición del testador o convención en contrario".

Los supuestos en que el legislador ha querido establecer una indivisión forzosa temporaria se hallan taxativamente enumera­dos en la ley 14.394: estados de indivisión impuestos por el cau­sante (art. 51, Párr. 1º), estados de indivisión impuestos por el cónyuge supérstite (art. 53), caso de indivisión pactada por los herederos (art. 52), bien de familia (art. 49).

Vemos, pues, que cuando el legislador ha querido apartarse del principio de división de la herencia lo ha hecho expresamente; cosa que no ocurre en el caso del cónyuge enfermo, cuya tutela se limita a su derecho de ser mantenido en sus gastos de asisten­cia y recuperación.
b) Excedería de los efectos del derecho de habitación del cónyuge supérstite. Si partimos de la base de que el derecho de habitación del cónyuge supérstite no constituye una causal de indivisión forzosa respecto del inmueble7, no podemos admitir que al cónyuge separado enfermo se le otorgue un derecho mayor (el de la indivisión) que el que se le otorga en general al cónyuge supérstite.
c) La interpretación del art. 208 no permite que la carga` de la sucesión se extienda al contenido del art. 211, pensado para el caso de sentencia de separación personal, y no para el de falle­cimiento.

Cuando el legislador estableció como carga de la sucesión el sostenimiento del enfermo, no hizo ninguna referencia a su dere­cho de impedir la división del hogar conyugal, con lo cual debe­mos concluir afirmando que no todas las consecuencias patrimo­niales que se originan en la separación por la causal del art. 203 pasan como carga a los herederos; concretamente, el cónyuge enfermo no tiene el derecho de impedir la división del inmueble que fue sede del hogar conyugal.
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