Acciones de exclusion de la vocacion hereditaria conyugal






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Parte Segunda
ACCIONES DE EXCLUSION DE LA VOCACION HEREDITARIA CONYUGAL
Por
Graciela Medina

CAPÍTULO V
EXCLUSIÓN DEL CÓNYUGE POR MATRIMONIO

CELEBRADO DENTRO DE LOS TREINTA DÍAS

MEDIANDO ENFERMEDAD DEL OTRO

I. INTRODUCCIÓN
228. Régimen legal.
Esta causal de exclusión fue contemplada por Vélez Sarsfield en el art. 3573 del Código Civil, que originariamente disponía: "La sucesión deferida al viudo o viuda en los tres artículos anteriores, no tendrá lugar cuando el matrimonio se hubiese celebrado hallán­dose enfermo uno de los cónyuges, y si muriese de esa enfermedad dentro de los treinta días siguientes".

Una ley de fe de erratas modificó ese precepto, el cual quedó redactado así: "La sucesión deferida al viudo o viuda en los tres artículos anteriores, no tendrá lugar cuando hallándose enfermo uno de los cónyuges al celebrarse el matrimonio, muriese de esa enfermedad dentro de los treinta días siguientes".

Finalmente, en el año 1968 la ley 17.711 agregó la siguiente frase: "salvo que el matrimonio se hubiere celebrado para regula­rizar una situación de hecho".

229. Fuentes.
El codificador, que en general había sido muy cuidadoso en la cita de las fuentes, no aclaró en esta norma cuáles eran los ante­cedentes en que había abrevado.

La doctrina que estudia el problema tiene dudas en cuanto al origen del artículo, porque para el momento de sanción del Código Civil no había ninguna legislación vigente con un precepto seme­jante.

Se recuerda que en el derecho francés anterior a la codifica­ción tuvieron lugar la declaración francesa de noviembre de 1639 y el edicto de mayo de 1697, que en realidad no prohibía los matri­monios in extremis, pero les quitaba sus efectos patrimoniales y, más precisamente, los hereditarios 1.

También se cita como antecedente un artículo similar presen­tado por las Cortes de Burdeos al ser proyectado el Código Civil francés, pero que no tuvo acogida2.

Díaz de Vivar entiende que Vélez Sarsfield se inspiró en una norma similar del Código peruano, que expresaba: "No se concede cuarta conyugal al que se casa en artículo muerte"3.

Parece difícil que las ordenanzas francesas y el Código del Perú hayan sido las fuentes del codificador, ya que ellas hacen referen­cia a la cuarta conyugal, y es sabido que el codificador le dio al cónyuge el carácter de heredero; por otra parte, en esos textos se hace referencia al matrimonio in extremis, que no es la situación contemplada por nuestro legislador.

Consideramos, siguiendo en esto a Cifuentes, que "se trata de una disposición original de Vélez (...). Parece, más bien, que fue elaborado siguiendo una idea sobre la idiosincrasia nacional, sin que hayan influido las legislaciones foráneas"4.

Lo cierto es que esta causal de exclusión tiene, en la actuali­dad, carta de ciudadanía en la materia. Ningún proyecto de reforma ha tratado de suprimirla, sino de mejorarla, y ha sido copiada por otras legislaciones latinoamericanas.
230. Proyectos de reforma.
El proyecto de 1936 contemplaba la causal de exclusión en estudio en el art. 1999, que expresaba: "La sucesión entre esposos no tendrá efectos: 1) cuando el matrimonio se hubiera celebrado in extremis, y el cónyuge muriese de la misma enfermedad, den­tro de los treinta días siguientes. Este precepto no regirá en caso de probarse que el casamiento tuvo por fin regularizar una con­vivencia anterior...".

Advertimos en este anteproyecto la clara referencia al matri­monio in extremis, que no se observa en nuestro texto vigente. En el anteproyecto de 1954, entre los casos de exclusión fi­gura el art. 722, que dice: "Carecerá el cónyuge supérstite de voca­ción hereditaria: 1) cuando el autor de la herencia se hallase mor­talmente enfermo al contraer las nupcias y se produjera su deceso por esa causa dentro de los treinta días siguientes a la celebra­ción del matrimonio. Sin embargo, no regirá esta exclusión si el esposo sobreviviente hubiese ignorado el peligro de muerte del causante o no tuviera intención de lucrar con la herencia al con­traer matrimonio, o si el casamiento se hubiese hecho para regu­larizar una convivencia anterior...".

Del anteproyecto de 1954 surgen, como excepciones a la ex­clusión, la ignorancia de la enfermedad y la carencia de inten­ción de captación de la herencia, que no se hallan en la norma actual.

Ello implica que el legislador de 1968, aun conociendo estos proyectos de reforma, no tomó de ellos ni el concepto de matri­monio in extremis, como requisito de funcionamiento de la exclu­sión, ni la falta de propósito de lucro del viudo, como motivo de excepción en la aplicación de la norma.

Es importante tener en cuenta lo que acabamos de expresar como pauta de interpretación de la legislación vigente.
231. Legislación comparada.
Hallamos normas similares a nuestro art. 3573 en el Código de Bolivia de 1976, así como en los modernísimos códigos del Perú de 1984 y del Paraguay de 1986. Veamos:

1) Código de Bolivia, art. 1107: "La sucesión del cónyuge sobreviviente no tiene lugar cuando: a) el matrimonio se celebra hallándose enfermo el otro cónyuge y su muerte acaece dentro de los treinta días siguientes como consecuencia de aquella en­fermedad. . . ".

2) Código del Perú, art. 826: "La sucesión que corresponde al viudo o viuda no procede cuando hallándose enfermo uno de los cónyuges al celebrarse el matrimonio, muriese de esa enfer­medad dentro de los treinta días siguientes, salvo que el matri­monio hubiera sido celebrado para regularizar una situación de hecho".

3) Código del Paraguay, art. 2587: "La sucesión de los espo­sos no tendrá lugar: a) cuando hallándose enfermo uno de los cónyuges al celebrar el matrimonio, muriese de esa enfermedad dentro de los treinta días siguientes, salvo que el matrimonio se hubiere celebrado para regulizar una situación de hecho, haya o no hijos…”.

232. Fundamento.
La nota de Vélez al art. 3573 es muy ilustrativa en cuanto al fundamento de esta causal de exclusión.

Señalaba el codificador: “no hay razón alguna para dar a los cónyuges derechos sucesorios cuando el matrimonio es in extremis. En alguna provincia de la República, se ha dado derecho sucesorio a los cónyuges sobre los parientes colaterales, y se han visto matrimonios in extremis verdaderamente escandalosos, con solo el objeto de heredar inmediatamente al enfermo”.

Evidentemente el fundamento reside en evitar que el matrimonio sea realizado con la finalidad espuria de servir de causa al llamamiento hereditario conyugal.

“Se quiere que el matrimonio, que tiene fines específicos y trascendentes, no sea tomado como medio para captar herencias”5.

Se señala también que el consentimiento matrimonial podría haber sido prestado sin libertad, por la conjunción de maquinaciones tenebrosas con el estado de enfermedad del causante, que lo colocaba en una situación débil6.

No pensamos que este último haya sido el motivo, por que la falta de consentimiento anularía el matrimonio. El fundamento de la norma ha de ser buscado en la intención del legislador de evitar un casamiento cuyo interés sea captar la herencia.

233. Presupuestos de aplicación: enunciación.
La doctrina generalizada reconoce en la norma que examinamos la existencia de presupuestos objetivos y subjetivos.

Los presupuestos objetivos son tres: 1) enfermedad de uno de los cónyuges; 2) gravedad de la enfermedad; 3) muerte dentro de los treinta días.

El presupuesto subjetivo está constituido por el consentimiento de la enfermedad por el otro contrayente. Se discute la exigibilidad de un segundo presupuesto subjetivo, cual es el ánimo de captar la herencia.
234. Presupuestos objetivos.


  1. Enfermedad de uno de los cónyuges. La primera condición para que proceda el supuesto de exclusión contemplado en el art. 3573 es que el cónyuge esté enfermo, es decir, que tenga en su organismo una alteración que impida a su persona el ejercicio de todas sus funciones.




  1. Gravedad de la enfermedad. La enfermedad que sufra el causante debe ser de una importancia cualitativa tal que este llegue a la muerte como consecuencia de ella.

Aunque se requiere una enfermedad grave, no es necesario que el paciente guarde cama, pues, como lo señalaba Machado, si bien en la enfermedad grave “se supone que el enfermo debe guardar cama, no es de absoluta necesidad, porque hay enfermedades que permiten estar en pie”7.

La muerte debe ser consecuencia directa de la enfermedad, no provenir de concausas distintas. Así lo expresaba Lafaille, al decir: “Si el deceso corresponde a complicaciones distintas o circunstancias diversas, aun cuando la enfermedad haya venido a cooperar en ese resultado, no regirá el artículo, que debe ser de interpretación restrictiva. El mal que existía al casarse debe ser la causa determinante de la muerte”8.

Puesto que lo que se exige es la gravedad, “una enfermedad benigna, agravada después o que llevó a la muerte por la interposición de concausas imprevisibles, no configura el requisito del art. 3573”9.


  1. Muerte dentro de los treinta días. La muerte del cónyuge debe producirse dentro de los treinta días de la celebración del matrimonio. Este es un plazo elegido por el legislador sin ningún fundamento; sin embargo, es el mismo que se repite en todos los códigos latinoamericanos, y se mantiene inalterado en los proyectos de reformas.

El cómputo del término ha de realizárselo conforme a lo pre­ceptuado por el Código Civil en su art. 24, comenzando a contarlo desde la medianoche del día del matrimonio, hasta la mediano­che del día de la muerte.

235. Presupuestos subjetivos.

A) Conocimiento de la enfermedad. La casi totalidad de la doctrina nacional acepta que la enfermedad debe ser conocida por el sobreviviente y, por tanto, ha de haber estado exteriorizada o manifestada10.

Sin embargo, Cifuentes pone de resalto que ese requisito no es exigido por el legislador, y que la exclusión se produce pese a la ignorancia de ambos sobre la muerte que sobreviene11. No compartimos la posición rigurosamente objetivista de Cifuentes.

La exigencia de que el sobreviviente haya tenido conocimiento de la enfermedad que aquejaba a su esposo o esposa es un re­caudo impuesto por el fundamento mismo de la causal de exclu­sión, cual es el de evitar situaciones escandalosas con el solo objeto de heredar inmediatamente al cónyuge (nota al art. 3573); es decir que la norma se refiere a una intencionalidad que aparece como causa impulsiva del acto jurídico matrimonial.

Si bien la causa impulsiva o motivo permanece, por regla general, en un plano de ajuridicidad, en este caso asume relieve por razón de la norma que estudiamos. En efecto: con esta nor­ma el codificador hace, en definitiva, una aplicación específica de la noción de causa inmoral; al identificar esa causa inmoral en una norma excluyente, le da relevancia como causa ilícita.

Por otro lado, si se tratara de una causal de exclusión obje­tiva, quedaría comprendido aun el sobreviviente a quien su cón­yuge enfermo ocultó la enfermedad que lo aquejaba, de donde ese silencio omisivo del fallecido se volvería en contra del supérs­tite sin ninguna razón que lo justifique.
B) Ánimo de captar la herencia. No hay acuerdo en la doc­trina en cuanto a Si el "ánimo de captar la herencia" constituye o no un requisito de procedencia de la exclusión del cónyuge supérstite; en otros términos, si se exceptúa de la exclusión al viudo que no obstante haber conocido la grave enfermedad que llevó a la muerte a su consorte en un plazo de menos de treinta días, no se casó con el ánimo de captar la herencia, sino con cualquier otro propósito.

Un gran sector de la doctrina entiende que éste es un requi­sito de funcionamiento de la norma y, por tanto, lo hace valer como exclusión del principio general. Es decir que aun cuando quienes ejercen la acción prueben que la muerte del cónyuge, ori­ginada en una enfermedad grave conocida por el sobreviviente, acaeció dentro del plazo legal, el viudo mantendrá su vocación hereditaria si demuestra que no ha tenido intención de captar la herencia. Considera, en definitiva, que estamos frente a una presunción iuris tantum que admite prueba en contrario.

Se señala que "el esfuerzo de la doctrina y la jurisprudencia nacionales, antes de 1968, se dirigió a superar la apariencia abso­luta de la letra de la ley, construyendo una presunción iuris tan­tum cuando el matrimonio se celebraba en las condiciones apun­tadas, admitiendo la prueba por el supérstite, en cada caso, de no existir de su parte el propósito de captación de la herencia"12.

Nosotros entendemos que el ánimo de lucro no configura un requisito de la causal de exclusión, por lo cual la demostración de que el matrimonio fue celebrado sin intenciones espurias no eximirá al viudo de su exclusión de la herencia. Ello está moti­vado en los siguientes razonamientos:

1. Ausencia del requisito en la norma legal. En el texto de la norma, en su actual redacción, no está incorporado el requisito del ánimo de captar la herencia.

Con anterioridad a la reforma del año 1968 se forzaba el texto legal, para impedir que los matrimonios celebrados in ex­tremis, con el fin de regularizar una situación de hecho, cayeran dentro de la causal de exclusión13.

Esto dio lugar a que en el proyecto de 1954 se dijera clara­mente: "Sin embargo, no regirá esta exclusión si el esposo sobre­viviente hubiese ignorado el peligro de muerte del causante o no tuviera intención de lucrar con la herencia al contraer matrimonio, o si el casamiento se hubiese hecho para regularizar una convivencia anterior".

Si hubiera sido sancionada una norma como la trascrita, ob­viamente, el ánimo de lucro sería una condición de la exclusión, y, por ende, la prueba de su no existencia daría lugar a excep­cionarla.

Pero el legislador de 1968, que conocía bien este proyecto, no incorporó el ánimo de lucro ni como causal de exclusión autó­noma ni como requisito de procedencia de la prevista en el art. 3573, limitándose a incorporar la última parte del texto referido.

Debemos hacernos cargo de que al tratar de los recaudos he­mos subrayado que el sobreviviente tiene que haber conocido la enfermedad, y hemos fundado tal solución en la noción de causa motivo o impulsiva, inmoral e ilícita.

Ello no autoriza a sostener que el demandado por esta causal de exclusión pueda excepcionar basándose en la inexistencia de este móvil inmoral o ilícito. En el caso, la ley presume la existen­cia de la causa ilícita, sin admitir prueba en contrario. Justamen­te, porque -como se verá más adelante- es virtualmente impo­sible la prueba de las intenciones, y, además, quien se casa en esta situación conoce -porque a la ley se la presume conocida por todos- cuál es el efecto legal previsto.

Según nuestro juicio, al no estar incluido el ánimo de lucro en la norma, es indiferente que se demuestre que el casamiento fue celebrado por los más sagrados motivos, si se dan las condi­ciones objetivas del art. 3573.
2. Razones de seguridad. Admitir lo contrario implicaría abrir una brecha a la incertidumbre y a la inseguridad en un problema tan importante como es el de conceder o denegar el derecho a la herencia14.
3. Imposibilidad de prueba. Enseña Méndez Costa que "no procede que se intente demostrar la falta de ánimo de lucro, por la casi imposibilidad de poner en evidencia intenciones y propó­sitos íntegramente subjetivos"15.

En definitiva, entendemos que la prueba de la falta del áni­mo de captar la herencia no influye en la aplicación de la norma.
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