Universidad santo tomas – colombia






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UNIVERSIDAD SANTO TOMAS – COLOMBIA

CARTILLA

FILOSOFÍA Y CULTURA INSTITUCIONAL
VOLUMEN 1

Parte 1

¿Cuándo empezó todo esto?


  1. Domingo de Guzmán y la Orden de Predicadores


Todas las instituciones tienen un origen y el de la Universidad Santo Tomás se remonta al siglo XIII cuando Domingo de Guzmán logró reunir a 16 frailes para crear una nueva comunidad de clérigos dentro de la Iglesia católica, a la que denominó Orden de Predicadores, aunque también serán conocidos como dominicos por el nombre de su fundador, y a sus miembros como frailes o hermanos. Se caracterizará por una profunda espiritualidad determinada tanto por el modo de relacionarse con Dios como por la forma de vida religiosa que van asumir. Sus cuatro pilares fundamentales son: la oración, la vida en comunidad, el estudio y la predicación. Pero también comparten otros elementos que los identifica: la condición de ser una comunidad o “orden mendicante”, el interés especial por la educación y en especial por la docencia, la itinerancia, el sistema de gobierno democrático y la pluralidad, fruto del respeto por la personalidad de cada fraile o hermano. Pero antes de continuar, es importante que nos detengamos en quién era Domingo de Guzmán, cómo creo la Orden de Predicadores y de ahí, cómo llegaron a la educación.
El siglo XIII nacen las ciudades, las corporaciones, las comunas, los gremios, se inicia el proceso de profesionalización del saber, de la expansión agrícola y comercial, de la monetización de la economía. Pero también es el siglo que se caracteriza por un fuerte proceso de la secularización del poder, de la humanización de la religión y de una tendencia hacia la horizontalidad en las relaciones personales y sociales; en otras palabras, el señor feudal ya no impone sus decisiones verticalmente, sino que ahora hay más sectores sociales que van a participar en las decisiones a tomar para mejorar las relaciones económicas, políticas, sociales y culturales. Es un siglo, como puede notarse, de grandes cambios y transformaciones tanto para la sociedad en general como para el ser humano en particular.
En este contexto nació, vivió y realizó su obra el fundador de la Orden de Predicadores (O.P.). Pero ¿Quién era Domingo de Guzmán, creador de una de las comunidades intelectuales, religiosas y espirituales de esa época y que aún perdura en nuestros días?
Nace en Caleruega (provincia de Burgos, España) en el año 1170 ó 11731 y muere en Bolonia (Italia) en 1221. Canónigo regular de Osma (España), en 1203 tuvo que acompañar a su obispo a Dinamarca. Impresionado por la expansión de la herejía albigense2 y al no querer tomar parte en la cruzada guerrera, decidida por el Papa, insistió en una predicación pacífica entre los albigenses. Funda un monasterio de religiosas en Prouille (1206) que pronto se convertiría en el centro espiritual y material de su acción evangelizadora y pacífica. Domingo inicia así la cruzada de predicación con el fin de llevar la verdad del Evangelio y combatir la herejía de los albigenses.
Los dominicos nacen, entonces, dentro del gran grupo de órdenes conocidas como “mendicantes”3. En esa época la Iglesia necesitaba una gran revitalización y una reorientación para adaptarse a los nuevos tiempos. La Iglesia de las grandes abadías en medio del campo, de párrocos incultos y obispos feudales no era capaz de adaptarse a una Europa en la que las ciudades, las universidades y la burguesía cada vez tenían más importancia
El 15 de agosto de 1218 dispersó a sus 16 religiosos por París, Madrid, Bolonia y Roma y se dedicó a la predicación y a la organización de la nueva Orden, que tomó su forma definitiva en el primer Capítulo General de Bolonia (1220), que le dio un estatuto original de pobreza mendicante, independiente de la franciscana. En 1221 Domingo dividió la Orden en ocho provincias. Fue canonizado en 1234 por Gregorio IX y se celebra su fiesta el 8 de agosto.
Esta intención lo llevó a comprender que era necesario generar una revolución en la Iglesia del momento. La predicación no debía ser exclusividad de aquellos obispos, más preocupados por las cuestiones socio-políticas del siglo XIII, era necesario que otros sacerdotes se prepararan para asumirla de acuerdo al signo de los tiempos que se vivían, con el propósito de reivindicar el papel del estudio. Predicación y estudio, se convertirán en dos de los elementos centrales de la esencia de la nueva Orden. A través de la predicación se pretendía extender la enseñanza del Evangelio y la vida de Cristo. El estudio debía dirigirse “principal, ardiente y diligentemente a esto: que podamos ser útiles a las almas de los prójimos”4, así que será para los frailes el llamado “a cultivar la inclinación de los hombres hacia la verdad”5.
En este contexto, cuando Domingo tuvo la certeza que sus frailes ya estaban listos para combatir ideológicamente la herejía albigense, le solicitó y obtuvo del Papa Honorio III la confirmación de la fundación de la Orden el 22 de diciembre de 1216, junto al título propio de sus miembros como “predicadores” el 21 de enero de 1217.
El 15 de agosto de 1218, dispersó a sus frailes por París, Madrid, Bolonia y Roma, dedicándose tanto a la predicación y al estudio como a la organización de la Orden, que tomó forma definitiva cuando en 1220 se reunieron todos los frailes dominicos en Bolonia (Italia) en lo que se conoce como el Primer Capítulo General6 de la Orden de Predicadores. El resultado de este capítulo fue el texto del estatuto original o constitución en donde se plasmaron ideas como: la pobreza, la obligación de seguir la regla de san Agustín, vivir en conventos o casas urbanas, profesar una espiritualidad monástica y apostólica, la predicación y el estudios constantes, entre otras. Decidieron escoger un lema que los identificara: Contemplari et contemplata aliis tradere (‘contemplar y dar a otros lo contemplado’). Todo esto fue novedoso para la época, pues hasta entonces, los religiosos vivían en monasterios y no se dedicaban a la predicación, la cual era oficio propio de los obispos dirigidos por el Papa desde el Vaticano. Pronto se añadirán otros dos lemas: uno en el escudo que distingue a la Orden de Predicadores: Laudare, benedicere, praedicar (‘alabar, bendecir y predicar’) y el de Facientem Veritatem que aportará Santo Tomás de Aquino. De estos tres lemas volveremos más adelante cuando presentemos la concepción educativa de Santo Tomás.


  1. Expansión y consolidación de los dominicos en España


El nuevo proyecto de la Orden de Predicadores (O.P.), tendrá un largo camino en la historia de la humanidad. A Domingo de Guzmán se le van uniendo algunos hermanos en el ministerio de la predicación y el estudio. Se va cumpliendo el sueño de Domingo: una comunidad de hermanos predicadores, organizada democráticamente en función de la predicación y el estudio. Que la fraternidad sea el primer anuncio vivo del Evangelio de Jesús. Que la oración, la liturgia, el estudio, la vida en común ayuden a mantener vivo y estable la predicación por el mundo. De esta forma, se configura el carisma de la Orden, lo que los va a diferenciar de las otras órdenes mendicantes.
El siglo XIII representa, entonces, la época clásica de la Orden que con sólo 16 frailes empieza a dispersarse por la Europa de ese entonces, para ya en 1221 (año en que fallece Domingo de Guzmán) sean aproximadamente unos 60 conventos repartidos en ocho provincias: España, Provenza, Francia, Lombardía, Roma, Teutonia, Inglaterra y Hungría. Rápidamente, en 1228 se añadieron otras cuatro: Tierra Santa, Grecia, Polonia y Dacia. En 1294 nace la de Sicilia y en 1301 la de Aragón. En 1303 eran ya 18 provincias y algo más de 10.000 frailes. La Orden tuvo un declive en la modernidad hasta el siglo XIX, pero pudo recuperar su influencia con el impulso de teólogos como el fray Enrique Lacordaire, participando activamente en el Concilio Vaticano I y, desde entonces, contribuyendo al desarrollo del catolicismo contemporáneo. Actualmente, son 55 Provincias con 7.712 frailes aproximadamente.
Haciendo honor a su misión y a su nombre de predicadores, los frailes dominicos dejaron oír su voz dentro y fuera de la cristiandad en las diversas estructuras sociales. Contagiados del espíritu de su fundador y preparados con una formación dirigida hacia ese objetivo, fueron los grandes predicadores del pueblo cristiano. Así mismo, incursionan en otra actividad: universitario. Domingo de Guzmán había enviado a sus frailes a las universidades para formarse como predicadores y muy pronto proyectaron sobre ellas su inquietud apostólica. En las universidades de París y Bolonia, los primeros Dominicos atraen por su estilo de vida a los jóvenes de la época, que están en búsqueda de la autenticidad y verdad espiritual de la vida evangélica, y encuentran en la propuesta de vida comunitaria de aquellos hombres, un proyecto de vida distinto y modelo a seguir.
De nuevo en Bolonia, pero en el año 1221, Domingo vuelve a reunir a todos sus frailes en el Segundo Capítulo General y establecen la organización de la Orden: los conventos se reunirán en Provincia con un superior al frente de cada una de ellas con el título de prior, y un Maestro de la Orden que los presidirá a todos. Actualmente, el Maestro de la Orden es el francés fr. Bruno Cadoré O.P. y reside en el convento de Santa Sabina en Roma (Italia).
Jordán de Sajonia sucede a Domingo como Maestro de la Orden y el número de frailes va creciendo poco a poco. “No obstante, por todo el mundo conocido se oye su voz, gracias a sus múltiples misiones entre fieles e infieles, y a sus cátedras de Paris, Nápoles, Bolonia y en varias ciudades más”7. Entre ellos se destacan Alberto Magno y Tomás de Aquino. Los dos se convertirán en los principales maestros de los centros universitarios de la época y en los principales frailes dominicos tanto por sus conocimientos como por la forma en que enseñaban.
A partir de la licencia dada a las Órdenes Mendicantes y la importancia del estudio dentro de la orden de predicadores, se generó un vínculo estrecho con la enseñanza y el aprendizaje con la predicación. En este contexto, nace la Universidad de Salamanca8 en España, que de la mano de los grandes teólogos del convento dominico de San Esteban, adquirió aquélla su máximo prestigio. El más sobresaliente de todos sus maestros fue el fraile Francisco de Vitoria (1483-1546), padre del derecho internacional y defensor de los derechos humanos que aplicará a los indígenas de América, contenido en sus Relecciones. Junto a él se destaca también fray Domingo de Soto (1495-1560), preclara inteligencia y teólogo principal en el Concilio de Trento. Cabe resaltar que en esta universidad se formaron la mayoría de los dominicos que vendrán a América.


  1. Los dominicos en América


Con la llegada de Cristóbal Colón en 1492 se inicia el periodo colonial en América que se extenderá hasta 1810, cuando en la mayoría de pueblos latinoamericanos se inician los procesos de independencia. La Iglesia durante ese periodo, se constituyó como uno de los pilares básicos sobre el que se edificó y sostuvo la estructura colonial hispánica.
Los dominicos llegaron a América en el año de 1510 a la isla La Española, hoy República Dominicana y Haití, para llevar a cabo su actividad eclesial. No pasará mucho tiempo en dejar sentir su presencia y se convertirán en uno de los actores centrales de la vida de la Iglesia y de la sociedad. Desde su llegada a América y de acuerdo con la misión de Domingo de Guzmán, los dominicos se van a dedicar, sobre todo, a la predicación doctrinal, a la conversión de los herejes, a la evangelización de los paganos, a la formación religiosa de los laicos, a la creación de cofradías y hermandades de carácter religioso y social, al estudio de la Biblia, a la docencia universitaria y a la elaboración sistemática de la reflexión teológica, junto a la inquisición como a otras actividades propias del mundo clerical de la época.
Los dominicos se van a destacar como defensores y salvaguardas de la vida de los indígenas, denunciadores de los abusos, atropellos, violencias y homicidios de conquistadores y encomenderos, en garantes de la protección a los indígenas y de sus comunidades.
Muchos son los frailes que se empeñaron con esfuerzo a esta tarea, hasta el punto que algunos fueron asesinados por orden de los conquistadores, encomenderos y autoridades civiles. Entre los más destacados defensores se destacan, entre otros, Pedro de Córdoba, Gil de San Nicolás, Antonio Valdivieso, Gaspar de Carvajal, Tomás de Toro y Luis de Cáncer.
Es importante destacar especialmente a fray Antonio de Montesinos, quien ingresó a la Orden de Predicadores en el Convento de San Esteban, se ordenó sacerdote en 1509, y formó parte en 1510 del primer grupo de misioneros dominicos que se embarcaron con destino al “Nuevo Mundo”. Montesinos fue un religioso observante, de gran formación y virtud, así como de gran energía, como lo demostraban sus enardecidos sermones en la isla de La Española, con los que defendía los derechos de los indios, denunciando los abusos de los que eran objeto por parte de los conquistadores. En 1512 regresó a España para informar al Rey sobre la doctrina que defendían los dominicos en La Española. Regresó a la isla y siguió trabajando allí en San Juan de Puerto Rico. En 1521 fundó, junto con otros religiosos dominicos, un convento en la ciudad de San Juan Bautista de la Isleta, base de la primera universidad de Puerto Rico, fundada ésta en 1532. Murió en Venezuela el 27 de junio de 1540. Sus sermones no se conservan completos, sólo algunos fragmentos que aparecen en el texto Sermones, de Bartolomé de las Casas.
Otro de los grandes dominicos fue fray Bartolomé de las Casas (Sevilla, 1474 - Madrid, 1566). Religioso español, defensor de los derechos de los indígenas en los inicios de la colonización de América, tuvo una formación autodidacta, orientada hacia la teología, la filosofía y el derecho. Pasó a las Indias diez años después de su descubrimiento, en 1502. En la isla La Española, se ordenó como sacerdote en 1512 (fue el primero que lo hizo en el Nuevo Mundo) y un año después marchó como capellán en la expedición que conquistó Cuba. Conmovido por los abusos de los colonos españoles hacia los indígenas y por la gradual extinción de éstos, emprendió una campaña para defender los derechos de los indios. Para dar ejemplo, en 1514, Bartolomé renunció a la encomienda que le había concedido el gobernador de Cuba, al tiempo que denunció esta institución ante las autoridades españolas como una forma de esclavitud encubierta de los indios.

Insistiendo en la evangelización como única justificación de la presencia española en América, planteó a la Corona reformar las Leyes de Indias, que en la práctica se habían demostrado ineficaces para poner freno a los abusos. De las Casas propuso suprimir la encomienda como forma de premiar a los colonos y replantear la colonización del continente sobre la base de formar comunidades mixtas de indígenas y campesinos castellanos, y establecer una economía más agrícola que minera. Para la isla de La Española, dada la extinción de la población indígena y su incapacidad para el trabajo, proponía una colonización enteramente castellana, reforzada con la importación de esclavos negros africanos.
Junto a estos dos frailes, también hay que decirlo, hubo otros, en menor número, que no entendieron el carácter de este compromiso y se alinearon al grupo de los conquistadores y colonizadores o, simplemente, se mantuvieron al margen.
4- La Provincia de San Antonino
En la expedición de Gonzalo Jiménez de Quesada que llegó al altiplano cundiboyacense procedente de Cartagena, se encontraba el dominico fray Domingo de Las Casas. Una vez fundado Santafé de Bogotá el 6 de agosto de 1538, empezó a echar las bases de los primeros conventos de la Orden en el actual territorio de Colombia. En Tocaima (1544), Vélez (1549), Santafé (1550) y Tunja9 (1551), primeros conventos, que unidos a los de Santa Marta y Cartagena, permiten pensar en la nueva Provincia. En España, desde otro frente, fray Bartolomé de Las Casas solicita al Capítulo General de la Orden reunido en Salamanca en 1551, la conveniencia de erigir la nueva Provincia con los conventos y doctrinas ya existentes en la Nueva Granada, a lo que los capitulares responden positivamente. Solo hasta el 28 de julio de 1558, nace con el nombre de “Provincia de San Antonino”. Tendrá su primer Capítulo Provincial en el convento de Tocaima, donde se elegirá al español fray Francisco de Venegas como superior o prior Provincial, quien lleva más de veinte años laborando en estas tierras10.
Estos años de labor evangélica son difíciles pero nada que la espiritualidad de los frailes no pueda superar. Al respecto, fray Luis Téllez O.P., nos comenta las penurias en la que realizan su labor, leámoslo:
“Los conventos y los templos, eso sí, no pasan de ser enramadas más o menos amplias, según lo numeroso de la población del contorno. Dotación y ajuar unos cuantos camastros colgados a los postes de los ranchos, y alguno que otra mesa y asiente en tabla burda. Manjares, las legumbres cultivadas por los indios; bebidas, el agua natural de los arroyos, y de vez en cuando un jarro de chicha de maíz. Vehículos y equipaje para los desplazamientos en su ir y venir por los pueblos y veredas, las dos piernas de cada quien y un morral a las espaldas en donde llevan algunas prendas de vestir, junto con un misal, un pequeño botijo de vino y un trozo de “biscocho” (harina de trigo amasada con agua y cocida al sol) para la celebración de las Misas”11
Entre estos frailes desde los inicios de la Provincia, se destacan dos: fray Luis Bertrán y fray Luis Vero. El primero, cuenta con 36 años cuando llega a la Nueva Granada el 14 de febrero de 1562. A lo largo de 7 años es un misionero infatigable que cautiva con el ejemplo de su vida: en más de una ocasión, con peligros y pese a su quebradiza salud, se entrega decididamente a su labor evangélica en la costa Caribe, por los lados de la actual Barranquilla. San Luis Bertrán fue un excepcional maestro de novicios y formador de religiosos; misionero y predicador popular abnegado; hombre de profunda cultura eclesiástica y creador de toda una escuela de espiritualidad. Religioso recio, austero y gran penitente, encarnó profundamente el ideal dominicano de alta contemplación. Además, se destacó por su gran dedicación al estudio. El Papa Alejandro VIII lo nombró, en 1690, Patrono Principal de Colombia. El segundo, fray Luis Vero también llega a la Nueva Granada en el mismo año de 1562 y ambos fundan el convento en Valledupar y le regalan una "preciosa imagen de la Virgen del Rosario, que fue muy venerada en toda la región".

Durante los siglos XVII y XVIII, la Orden siguen creciendo y propagando el Evangelio y fomentando el estudio. Los conventos de Tunja, Cartagena y Santafé, entre otros, se convierten en centros de estudio para los frailes y escuelas de primeras letras (lectura, escritura, números, canto, civismo, filosofía y teología) abiertas a los muchachos criollos, mestizos y a algunos hijos de caciques indígenas, así como ser centro de preparación para la clase dirigente de la Nueva Granada.
Ahora las condiciones cambian sustancialmente. Se construyen templos y conventos más grandes y confortables. Se destaca el convento de Santo Ecce–Homo cerca a Villa de Leyva, que hoy sigue bajo la dirección de la Orden. Se consolida la vida en comunidad y la preocupación por el estudio. En este periodo se destaca la figura del santafereño fray Bernardo de Lugo, quien recoge y redacta un libro que titula Gramática de la Lengua General del Nuevo Reino llamada Mosca en 1618, con el objeto de conocer los diversos dialectos de los nativos y poder realizar mejor la evangelización. El texto fue usado por todos los religiosos de las órdenes presentes en el país, así como por el clero de la Iglesia diocesana. Pero a finales del siglo XVII, ya es poco usado porque la mayoría de los indígenas han aprendido el castellano.
Para el siglo XVIII, nos dice fray Téllez, la Provincia de San Antonino “cuenta ahora con el mayor número de frailes de toda su historia: se habla de que para 1750, por sus claustros, doctrinas y misiones se mueven unos 240 frailes…, la mayoría son criollos y mestizos, con algunos españoles”12.
Las familias prestantes y los ciudadanos con poder económico, buscando la salvación de su alma y de sus parientes, colaboran en la construcción de templos, se hacen mejoras en los ya existentes y en los conventos, a condición de que se les permita ser enterrados en ellos, y que los frailes les celebren misas y sufragios semana a semana sobre sus tumbas. “En algunos casos, dice fray Téllez, incluso pasan a añadir casas y haciendas a fin de hacer más atractiva la capellanía, y con ello los sufragios sean más amplios e indefinidos”13.
Para la historia de los dominicos en América Latina y el Caribe, un momento de particular importancia fue, sin duda, la emancipación y posterior independencia de las colonias americanas de España en el siglo XIX. La nueva situación política y el nacimiento de nuevos países, influyeron en la vida y actividades que los dominicos venían desarrollando desde el siglo XVI. Si a comienzos del proceso emancipador los dominicos estaban plenamente integrados a la sociedad colonial, no sucederá lo mismo tras las declaraciones de independencia y la formación de las actuales repúblicas americanas y caribeñas.
Sin embargo, es importante destacar la participación activa de los frailes en el proceso de independencia del Virreinato de la Nueva Granada. Desde la revolución de los comuneros (1781) y el proceso anterior a la independencia, la Universidad Tomística se torna en el escenario preferido para los debates y encuentros, pues la mayoría de la generación criolla eran profesores o estudiantes o egresados del claustro. Es el caso del Virrey Antonio Amar y Borbón que reunió, en 1809, a todas las figuras civiles, políticas y eclesiásticas de Santafé para obtener el apoyo frente a los rebeldes.
“De las 8 de la mañana a la 1:00 p.m., bajo guardia del Batallón Auxiliar, se comentó la situación, agravada por los sucesos de Quito, del 2 de agosto. El 11 se prosiguió la junta de 8 a 3 de la tarde. El Virrey exigió a los eclesiásticos toda la influencia frente a la rebeldía. De los dominicos estuvieron presentes el provincial fr. Francisco de Paula Ley, el Prior de Santafé fr. Juan Antonio de Buenaventura, y el rector de la universidad, fr. Mariano Garnica”14
En esta época crucial para el país, es necesario mencionar la obra de frailes como Ciriaco Archila (compuso el himno de la revolución de los comuneros), Ignacio Mariño, Pablo Lobatón y Mariano Garnica. Además, junto a egresados tomasinos independentistas como Camilo Torres y otros criollos ilustres, el provincial, el prior y el rector de la universidad, forman parte de la Junta de Gobierno de 1810, luego del incidente del florero de Llorente.
En 1861, el dictador Tomás Cipriano de Mosquera decreta la Ley de Bienes de Manos Muertas y el consecuente cierre y expulsión de las órdenes religiosas, en especial la de los predicadores. Fray Benedicto Bonilla, Provincial de la época, firma y acepta la Ley, lo que produce disputas internas y su destitución. La suerte de los dominicos fue diversa: unos se exiliaron, otros se enclaustraron en Chiquinquirá, a otros los expulsaron, varios volvieron a la vida laical, a pocos les permitieron seguir con sus actividades, aunque controlados por las autoridades gubernamentales y otro tanto se fueron exiliados a los Llanos Orientales. La suerte del Convento de Nuestra Señora del Rosario fue otra, pasó a manos del gobierno y se convirtió en la sede del poder legislativo y en oficinas de comunicaciones en 1866 y estuvo así hasta su demolición total en 1939, dando paso a la construcción del edificio Murillo Toro, sede del Ministerio de Comunicaciones.
El 20 de noviembre de 1881 se inicia la restauración la Provincia de San Antonino bajo la figura del santandereano fray Buenaventura García Saavedra, quien toma como centro del proceso el convento de Chiquinquirá. Solo hasta 1910 el Maestro de la Orden fray Jacinto María Cormier, expide los documentos declarando restablecida la Provincia con todos sus privilegios. Se reabren templos, conventos y colegios a lo largo y ancho del país. Sin embargo, a pesar de haber sido reconocida y coronada la Virgen del Rosario de Chiquinquirá, tanto por el Papa Pio X (1910) como por las autoridades civiles colombianas de la “insignia de mayor categoría en la evangelización del Nuevo Reino” (1919), “se percibe desenfoque y flojedades en el vivir de varios de sus miembros (frailes), lo cual hace pensar en la necesidad de mejorar la formación”15.
Hacia 1940 se encuentran dos figuras centrales de la Orden: el Provincial fray Alberto Ariza y un grupo de cuatro frailes franceses procedentes de Lyon entre los que se encuentra Gabriel María Blanchet; con ellos se inicia el proceso de consolidación de la Provincia. El primero, centrado en la organización de la vida comunitaria, en la oración y la contemplación; el segundo, además, dando un gran impulso en la formación de los novicios y frailes. Al final de la década, los franceses regresan a su convento, y el Padre Ariza continúa con la labor total.
En 1953, luego de obtener los permisos necesarios y requeridos, es cambiado el nombre de la Provincia: se deja de lado el de San Antonino y se asume el de San Luis Bertrán. En el mismo año, se traslada el centro de estudios de la Provincia, de Chiquinquirá, que lo era desde 1861, a Bogotá. Fray Luis J. Torres asume la idea de reabrir la Universidad Santo Tomás, que se logrará en 1965 con el apoyo de un grupo de frailes provenientes de España. Actualmente, el Provincial es fray Orlando Rueda Acevedo O.P.

SEGUNDA PARTE
CÓMO NOS PENSAMOS
1- Hacía una filosofía de la USTA
La USTA al ser un proyecto dominicano retoma los ocho siglos de su tradición en el mundo y más de cuatro de su presencia en América. Esto caracteriza a la USTA como una institución de educación superior, diferente a las demás. Para entender de dónde surge la filosofía de la institución debemos remitirnos a unas notas esenciales que no son fruto del azar o una complicada red de conceptos que no dicen nada de la realidad, sino por el contrario, ella se preocupa de orientar la razón misma de ser de la universidad y la formación de toda la comunidad académica. Esas notas concretizan varios siglos de tradición de los intelectuales de la fe: la vida en comunidad, la oración, el estudio y la predicación. Estos elementos constitutivos del carisma de los dominicos, perduran y son esenciales en la concepción de universidad que hoy tenemos y que nos distingue de los demás centros de educación superior.
Pero expresemos estas ideas con detenimiento. Los dominicos como ya vimos son una orden religiosa que incursiona en el mundo de la educación universitaria. Recordemos que lo primero que hizo Domingo de Guzmán fue enviar a sus frailes a las universidades existentes en Europa para que realicen estudios superiores con el fin de una predicación más contextualizada. Un caso especial lo constituyeron los dominicos con el convento de San Esteban (España), que en 1221 fue consagrado como centro de estudio en teología y más tarde como universidad de Estudio General, lo que dio origen a la Universidad de Salamanca, y poder ahora sí salir a predicar. Pero ¿por qué?, ¿qué pretendía con eso? Domingo de Guzmán había sumido una misión especial ante el Papa Honorio III: Predicar. Como notarán, la predicación es la “última” nota esencial del carisma de los dominicos, la que necesita de las tres acciones anteriores (vida en comunidad, oración y estudio) y para ello requería que los frailes se formaran en todas las ciencias y en los más altos niveles, pues como predicadores que siguen las enseñanzas y reglas que Domingo emitió para un estilo de vida especial, debía diferenciarse de las demás órdenes religiosas del siglo XIII.
¿Pero qué es predicar para un dominico? Predicar ha significado muchas cosas a lo largo del tiempo, el mismo Jesucristo predicó, los apóstoles después de pentecostés también, pero san Pablo lo hizo yendo a los no judíos y proponiendo una manera nueva de acercar a Dios para los gentiles (filósofos árabes y, por extensión, a todos los que profesarán la religión musulmana en la Edad Media), y a los filósofos estoicos y epicúreos16 Así pues, la predicación de los frailes de Domingo tienen que hablar del reino de Dios, pero no desde lo que a cada uno se le ocurra, sino que por el contrario, deben hacerla respondiéndose la pregunta: ¿Qué nos dice Dios aquí y ahora?. Por eso, la predicación debe surgir de la vida misma, no de teorías complicadas y etéreas, sino de la realidad misma que nos ha tocado vivir, por lo que deben ser siempre creativos, críticos y comprometidos responsablemente (éticos), en su ministerio de aquí que siempre estén buscando nuevos conocimientos que les permitan acceder a la realidad del ahora con una mirada más totalizante de los acontecimientos del mundo. Predicar no es recitar las palabras de la Biblia, la predicación dominicana tiene como objetivo primario, según la constitución fundamental de la Orden de Predicadores:
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