La reconstrucción económica y política






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C.N.S.C.

Depto. de Historia y Cs. Sociales.
UNIDAD DE ENLACE: IDEOLOGÍA, HISTORIOGRAFÍA Y MEMORIA HISTÓRICA



¡Es importante no olvidar!, por que una vez a un niño de una escuela en Alemania le preguntaron si sabia quien había sido Adolf Hitler, y el niño respondió que si, que Adolf Hitler había sido un señor que construía carreteras.”

Elena Poniatowska
Esta cita de la escritora mexicana Elena Poniatowska, nos adentra a dos de los problemas fundamentales de la Historia a lo largo de su desarrollo, primero, la importancia y la necesidad de recordar, y en segundo lugar conocer desde que posición y tendencia se esta escribiendo la historia, debido a que en la interpretación de la historia existen distintas visiones que intentan a la par dar respuesta al problema de la memoria, estableciendo ¿que es lo importante recordar? y ¿por qué?, intenciones que nos permiten vislumbrar desde que perspectiva que se encuentra narrando la persona y lo más fundamental aún; nuestra capacidad de recordar lo que fuimos y somos para articularlo en un futuro.




LA RECONSTRUCCIÓN DE EUROPA
La reconstrucción económica y política.
A partir de 1946, el nuevo desafío era recuperarse de los estragos producidos por la Guerra. Una consecuencia de los regímenes fascistas fue el fortalecimiento del valor de las instituciones democráticas en la opinión de la población de los países occidentales. Primero, frente a la amenaza de la Guerra, y luego, frente al horror provocado por el conocimiento del sistema nazi, se generalizó una adhesión a las instituciones democráticas mayor que la de la épocas anteriores a la Guerra Alemania Occidental, bajo la tutela de la ocupación aliada, se dotó de nuevas formas jurídicas y de partidos políticos democráticos. Italia salió del fascismo con flameantes instituciones republicanas y, con la ayuda de los aliados, puso en pie por primera vez un régimen democrático regido por el sufragio universal. Francia, con su sistema político muy deteriorado por los años de colaboración con el ocupante nazi, fundó una nueva república. Austria siguió un desenvolvimiento parecido al alemán y rehízo un sistema político adecuado a la democracia.

El resto de los países europeos continentales, que, con intensidades y características distintas, habían sido golpeados por la guerra, vieron igualmente fortalecidas sus instituciones democráticas con el retorno de la paz. En Gran Bretaña, donde se había mantenido el funcionamiento pleno de las instituciones democráticas, éstas quedaron fortalecidas. Los Estados Unidos salieron del conflicto bélico ocupando el rol de principal potencia occidental, tanto en el plano económico como en el político e ideológico. Desde este rol, impulsaron a los gobiernos europeos a enfrentar el avance del comunismo. Como parte de la misma estrategia, se implementó el Plan Marshall, que permitió la recuperación económica de los países del viejo continente e implicó, no sólo la penetración de capitales americanos a través de las empresas multinacionales, sino también la difusión de nuevas formas de ver la sociedad.

Entre 1947 y 1955, las naciones destruidas por la Segunda Guerra Mundial, iniciaron su reconstrucción. Durante este período los países europeos tomaron conciencia de la necesidad de unirse: algunos de ellos no podían, por sí solos, competir con los Estados Unidos o con la Unión Soviética; por otra parte, el acercamiento debía hacer imposible un nuevo conflicto entre Alemania y Francia.

Al terminar esta última gran guerra, Estados Unidos no optó por la política de aislacionismo, que le caracterizó luego de finalizar la primera conflagración, sino que asumió una responsabilidad a nivel mundial y ayudó a la recuperación de los aliados y de los vencidos, excepto a los soviéticos. Además, este país salió muy fortalecido, puesto que gracias a su esfuerzo de guerra había superado los últimos efectos de la crisis de 1929 y, del mismo modo que sucedió tras la Primera Guerra Mundial, sus aliados europeos le debían grandes cantidades de dinero.

Los norteamericanos estaban convencidos de que las tendencias autárquicas de los años treinta habían contribuido a la tensión de las relaciones internacionales y, por eso mismo, ahora impusieron a todos los países que necesitaban su ayuda la aceptación del libre comercio. Al igual que se había llegado a acuerdos políticos, se imponía la necesidad de lograr acuerdos económicos entre los países capitalistas. Estos se produjeron antes de que finalizara la Segunda Guerra Mundial, en la Conferencia de Bretón Woods (1944), en Estados Unidos. Allí se diseñó un nuevo sistema monetario internacional basado en el dólar como moneda de validez universal, logrando que el resto de las divisas dependan de su cambio con respecto a la estadounidense. Estas medidas de de orden monetario y fiscal tenia como objetivo regular el sistema monetario y financiero internacional. Además, se fijaron los instrumentos del nuevo orden económico, que se regiría por distintos organismos supranacionales con fines diversos, entre los que se destacaron:

  • El FMI (Fondo Monetario Internacional): Organismo dirigente de la economía capitalista mundial, formado por representantes de todos los Estados capitalistas vencedores en la guerra. Fue considerado como necesario para asegurar la estabilidad de las monedas por medio de la concesión de créditos a los Estados que atravesasen dificultades económicas.

  • El Banco Mundial: Banco Internacional de Reconstrucción y Desarrollo.

  • GATT (Acuerdo General sobre Tarifas Aduaneras y Comercio): Desde 1946 se convirtió en un instrumento eficaz para evitar las guerras comerciales y facilitar el comercio entre los países.


La edad de oro de las economías capitalistas
El crecimiento económico que experimentaron las economías capitalistas en este período no tenía precedentes históricos, ni por su magnitud ni por su velocidad. Sus consecuencias sociales y culturales cambiarían para siempre la faz del planeta. Fueron los treinta años gloriosos de los franceses y la edad de oro de un cuarto de siglo de los angloamericanos. En la década de 1960 el desempleo en Europa occidental era de 1,5 %, lo que equivale a tener un empleo total; en tanto que, los países capitalistas desarrollados representaban aproximadamente las tres cuartas partes de la producción mundial y el 80% de las exportaciones de manufacturas.
Estados Unidos: el gigante de la economía capitalista.
El Plan Marshall cumplió sobradamente con los propósitos trazados por el gobierno norteamericano. En el plano estratégico logró detener un potencial avance comunista en Europa y, en el económico, resultó un importante aliciente para las empresas y la economía norteamericana, las que aumentaron considerablemente sus ventas de alimento, maquinarias y materias primas.

En la década de los cincuenta, Estados Unidos era responsable del 60% de lo producido por el conjunto de los países capitalistas avanzados y poseía el 60% de las existencias de capital de ese mismo grupo, destinado a préstamos e inversiones en el exterior. El dólar se convirtió en la moneda de referencia en el ámbito mundial, y las industrias norteamericanas eran la principal fuente de innovaciones tecnológicas.
El Estado de Bienestar
Después de la Segunda Guerra Mundial, Inglaterra, Alemania, Francia, Suecia y muchos otros países capitalistas, pusieron en vigencia los postulados de John M. Keynes (1883-1946), desarrollados con vigor desde la gran crisis de 1929, que recomendaban la intervención del Estado, a través de políticas monetarias y fiscales, como medios para estabilizar la economía. En todos estos países, el Estado amplió su actuación en la regulación global de la economía y puso en práctica políticas de inversión en áreas como las obras públicas, la vivienda, los ferrocarriles, la energía y la siderurgia. En todas las economías más poderosas los Estados subvencionaron la investigación científica y tecnológica, y tuvieron un papel predominante en la evolución de la industria armamentista y espacial.

El Estado intervino también en los sistemas de seguridad social y el sostenimiento de sistemas educacionales y salud. El objetivo era crear condiciones de vida dignas para toda la población, desde el nacimiento hasta la muerte. Esto significaba la creación de mecanismos de protección de la población frente a las enfermedades, la vejez, los accidentes y el desempleo. Los Estados que sostenían estos sistemas de protección social se denominaron Estados benefactores o de bienestar.

Los gobiernos de los diferentes Estados se preocuparon de dirigir las inversiones con el objetivo de conseguir el crecimiento económico necesario para reconstruir sus economías, reinvertir los beneficios, regulas las difíciles coyunturas económicas de postguerra y conseguir una situación de pleno empleo para poder mantener las políticas sociales.

Los servicios que el Estado ofrecía implicaban unos elevados costos de financiamiento, que eran satisfechos mediante el pago de impuestos por parte de todos los ciudadanos, impuestos proporcionales a la riqueza e ingreso de cada familia. De esta manera las democracias liberales combinaron los principios básicos del libre mercado con los de la planificación, para evitar crisis económicas e integrar a los trabajadores a una sociedad de alto consumo.
Aspectos políticos de la posguerra en Estados Unidos.
Como se señaló antes, los Estados Unidos salieron de la Guerra fortalecidos, tanto en el orden económico como en las dimensiones internas e internacional de la política. La consolidación de la intervención estatal recorrió un camino diferente del europeo, y el crecimiento económico se apoyó, fundamentalmente, en la política armamentista contra el avance del comunismo.

Desde la muerte de Roosevelt, en 1945, se hizo cargo del gobierno el vicepresidente Harry Truman. Un signo de su política fue la Doctrina Truman, la cual comprometía la ayuda militar y económica a todos los países para “liberarlos” del avance comunista. Esto resultó evidente durante la Guerra de Corea (1948-1953), en la que Estados Unidos lideró la intervención de la ONU para frenar el avance comunista. En 1953, el republicano Dwight Einsenhower sucedió a Truman. Su política internacional siguió el mismo rumbo: la Doctrina Einsenhower garantizó la ayuda a los estados de Oriente Medio contra los ataques comunistas.

Ni el crecimiento económico ni la creación de organismos encargados de mejorar las condiciones de vida de los sectores sociales más desprotegidos solucionaron el extendido fenómeno de la pobreza, alarmante en medio de la abundancia de otros sectores. John Kennedy (1961-1963) buscó solucionar las desigualdades raciales y sociales, y condujo iniciativas -como la Ley de Derechos Civiles, sancionada en 1964- favorables a las minorías raciales. Por otro lado, inició el programa “Guerra contra la Pobreza” que implicó la construcción de viviendas, así como el saneamiento urbano y la ampliación del gasto federal en educación y salud. En el plano internacional, Kennedy mantuvo la tensión contra el comunismo; sin embargo, en respuesta a los cambios que se evidenciaban en la URSS, después de pasar el momento de mayor tensión durante la llamada “crisis de los misiles”, dio algunos signos de aflojamiento.

Con la idea de que los países latinoamericanos desarrollaran una “revolución pacífica”, el presidente demócrata dio una ayuda económica para planes de desarrollo estatal, que fue recibida por los gobiernos desarrollistas. Tras la muerte de Kennedy, el vicepresidente Johnson continuó con la política de distensión hacia la URSS, a pesar de los conflictos desatados en oriente medio y de la invasión soviética a Checoslovaquia en 1968, que se analizará más adelante.
LA ECONOMÍA SOCIALISTA DE LA URSS.
En forma paralela al desarrollo económico experimentado por los países capitalistas, las repúblicas que integraban la Unión Soviética y los países europeos que estaban bajo su influencia iniciaron un proceso semejante, pero aplicando un modelo diferente.

La economía stalinista.
El gobierno de Stalin optó en 1928 por una vía de desarrollo económica más acelerada, priorizando el desarrollo de la industria pesada. Para cumplir ese objetivo fue necesario trasladar la mano de obra campesina a la ciudad para que se convirtiera en obrera industrial y hacer más eficiente la producción agrícola, lo que se intentó hacer creando granjas de propiedad colectiva y mecanizando el trabajo agrícola. El campo debía producir más con menor cantidad de trabajadores. Entre 1929 y 1933, se pasó de 4 millones de hectáreas colectivizadas a 75 millones, mientras que el traslado de mano de obra a las ciudades con frecuencia se hizo con el uso de la fuerza, incluyendo la deportación.

La vía acelerada se llevó a cabo a través de planes quinquenales (cinco años de duración cada uno) dirigido y controlado por el Estado, que decidía dónde y cómo intervenir y que recursos humanos y económicos movilizar, según sus prioridades. Esta era la primera vez que se ponía en práctica en el mundo un sistema económico de planificación centralizada donde se sacrificaba el pleno ejercicio de las libertades individuales a cambio de otorgar al Estado la responsabilidad de regular la producción, los precios y la distribución de los bienes entre la población.
Potencia industrial, bajo rendimiento agrícola.
Los resultados de la colectivización no fueron los esperados y, si bien, la producción agrícola mejoró durante los primeros años, los rendimientos agrarios fueron muy reducidos, problema que subsistió hasta el derrumbe del régimen soviético en 1990. En el plano industrial, a cambio, la URSS se transformó en una potencia de primer orden, en especial en la siderurgia, la electricidad y el petróleo. En treinta años, el comunismo soviético convirtió una atrasada economía rural en otra moderna, erigiéndose en modelo para los países que aspiraban a conseguir lo mismo y que carecían de capital privado y de un sector industrial que impulsara el proceso. La fórmula soviética de desarrollo económico –una planificación estatal centralizada, encaminada a la construcción vertiginosa de las industrias básicas y las infraestructuras esenciales para una sociedad industrial moderna- parecía pensada para otros países.

La opción por la vía acelerada significó que el bloque soviético debió vivir con mínimos niveles de consumo (por ejemplo, en 1940 se produjeron en la URSS un poco más de un par de zapatos por habitante), garantizando a cambio un mínimo social mediante trabajo, alimentos, vivienda y vestuario subsidiados, pensiones, atención sanitaria y una preocupación especial por la educación. La transformación de un país, en buena parte analfabeto, en la moderna URSS fue un logro gigantesco para las personas que la experimentaron y para quienes buscaban modelos de desarrollo más allá de sus fronteras.
El mundo comunista entre 1945 y 1970.
Al terminar la Segunda Guerra Mundial, las posesiones ganadas por la URSS en la política internacional habían cambiado el eje de los conflictos mundiales y la habían convertido en una gran potencia con capacidad de intervenir en el área formada por los países que quedaron bajo su esfera política y militar. Su desempeño en la guerra, y lo que se percibía como sus éxitos sociales y culturales, le daban cierto atractivo ideológico para sectores intelectuales de los países occidentales más desarrollados, que identificaron el socialismo con el régimen de Stalin.

En ese momento, la Unión Soviética era, al mismo tiempo, más fuerte y más débil que al comienzo de la guerra. Era más fuerte porque se había dotado de un área de protección constituida por una serie de países que, bajo su influencia, adoptaron regímenes comunistas y que oficiaban de “colchón” entre la URSS y los países capitalistas. Por intervención soviética directa o como consecuencia de procesos autónomos, Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumania, Bulgaria, Alemania del este, Yugoslavia y Albania, se sumaron a la conformación de un bloque comunista. Además, los soviéticos habían ampliado sus fronteras anexando Lituania, Letonia y Estonia.

Pero la URSS era también más débil, en virtud de los inmensos daños sufridos por su población y su economía durante la guerra. El país tenía por delante largos años de penurias habitacionales y de racionamiento de artículos de primera necesidad. Los millones de muertos en la guerra implicaban una alteración muy seria de la estructura demográfica. Además, en ciertas regiones, había existido una propensión a colaborar con la invasión nazi y, al finalizar el conflicto, el gobierno de Stalin resolvió realizar traslados masivos de poblaciones como castigo. La infraestructura de medios de transporte, los mecanismos de producción de energía y los depósitos de alimentos o de otros bienes estratégicos (que en cualquier guerra, son un blanco privilegiado de los atacantes) tenían funciones muy importantes en la URSS dado el carácter centralmente planificado de su economía, y su deterioro y destrucción afectaron la organización del sistema político.

En los países que formaban parte del bloque, la oposición al comunismo se articuló con las ideas políticas favorables a la defensa de la identidad nacional, éste fue uno de los focos de resistencia que, en momentos distintos, afloró en los diferentes países del Este.

Al morir Stalin, en 1953, hubo largas pugnas por el poder, disminuyó la represión interna y un cierto “deshielo” pareció, contradictoriamente, ponerse en marcha.

En esas luchas, terminó por imponerse Nikita Kruschev, que gobernó hasta 1965, cuando lo reemplazó Leonid Brezhnev, quien ocupó el cargo hasta 1982. Durante esos años, se había endurecido la política interna, y el malestar de los intelectuales y de los científicos (que consiguieron hacer llegar sus protestas a Occidente) sirvió para deteriorar internacionalmente la imagen del régimen comunista. La invasión a Checoslovaquia en 1968 operó en el mismo sentido.
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