Boletín nº 1






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títuloBoletín nº 1
fecha de publicación15.06.2015
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tipoBoletín
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Introducción
Con el Boletín nº 1 del blog, Detrás de un escrito, se envía a los suscriptores la primera entrega del libro electrónico titulado Los cuatro pilares de la ficción.
Ideado como un material de apoyo para los escritores, con el envío de Los cuatro pilares de la ficción deseo no sólo contribuir a reforzar las técnicas narrativas (un escritor jamás deja de aprender) que todos, como escritores, debemos conocer a fondo y practicar asiduamente, sino también agradeceros el interés que habéis mostrado por el blog al suscribiros a la lista de correos.
El libro está dividido en cinco entregas:
La primera, que es la que estás leyendo, comienza con una reflexión sobre el arte de la escritura y el oficio de escritor, y, en su parte final, introduce los cuatro elementos que nos van a servir como pilares para construir una novela.
En la segunda entrega, trataremos con mayor profundidad de la que se puede dar a un artículo del blog el primero elemento: el espacio. Al que seguirán, en sucesivas entregas, los demás: los personajes, la estructura y el narrador.
Confío en que cado uno de estos fascículos no sólo sea de vuestro agrado, sino, sobre todo, que os sirva de ayuda para mejorar vuestra técnica narrativa, bien por la adquisición de nuevos conocimientos, bien refrescando los que ya tenéis.
Con ese deseo os dejo hasta el próximo mes.
Ana Bolox.

Contenido de esta entrega



  1. La escritura, ¿arte u oficio?

  • El arte.

  • ¿Entonces el escritor nace o se hace?

  • El oficio.



  1. El oficio de escritor.

  • ¿Eres escritor?

  • ¿Eres un buen escritor?



  1. Los cuatro pilares de la ficción.

  • El espacio.

  • Los personajes.

  • La estructura.

  • El narrador.




  1. La escritura, ¿arte u oficio?


No es una pregunta muy original y tampoco demasiado novedosa. Es una pregunta, de hecho, que se ha venido haciendo desde siempre, pero que no se plantea de la misma forma desde el punto de vista de un lector que del de un escritor (sobre todo si se trata de un escritor novel).
Cuando esta pregunta la hace un lector, lo mejor es intentar ser educado y contestarla sin ahondar mucho en la respuesta. El lector que plantea esta pregunta cree que escribir es una tarea fácil, al alcance de cualquiera: Todo el mundo escribe, ¿no? Pues eso… Para este tipo de lectores, escribir consiste tan sólo en colocarse delante del ordenador y teclear una palabra tras otra. De hecho, algunos incluso te dicen que un día ellos mismos se pondrán a la tarea y escribirán una novela, como si fuera lo mismo que prepararse el desayuno.
Pero, vayamos por partes y definamos primero qué es arte y qué, oficio.

El arte
El arte es el proceso de crear algo desde una nada (que puede consistir en un bloque de mármol o un lienzo en blanco) de una forma única que nadie más es capaz de realizar. El artista es quien, de esa nada, obtiene algo que, además, es bello y propio, es decir, absolutamente personal. De modo que, no, el arte no se puede enseñar, porque cada artista atesora una forma peculiar y distinta a la de los demás de observar el mundo.
Por supuesto, se pueden adquirir las técnicas de cualquier disciplina, pero dos artistas a los que se les den dos bloques de mármol idénticos crearán dos obras diferentes, cada cual según su manera personal de observar la realidad. Por ello,
cuando alguien ve una obra de arte, jamás piensa: Eh, todo el mundo lo hace, ¿no? Quizá algún día decida esculpir una Piedad.

Yo, desde luego, no lo hago. Si me dan unos lápices de colores y un papel, lo más bello que podré componer será una figura geométrica que pueda trazarse con líneas rectas y puntos de fuga. Soy franca, el arte de pintar y yo somos incompatibles. O, expresado de otra forma: podría pasar toda mi vida tomando clases de pintura y al final de ella probablemente los pinceles y yo continuaríamos detestándonos. Simplemente, no somos compatibles. Sin embargo, cuando leo una novela (no una obra magistral, quede esto claro), sí que me digo: Eh, yo puedo hacer algo como esto.
Vamos a ver cómo podemos trasladar este concepto a la escritura y, para ello, partamos de la idea de que la escritura también es un arte y, al igual que los pintores, los escultores o los músicos, los escritores crean algo desde una nada.
Su material de trabajo es una hoja en blanco y en ella el escritor concibe y da vida a un mundo donde viven personas que tienen problemas, que aman, que odian, que desean la muerte propia o la ajena, que caen, que se levantan, que duermen, comen, viven, sufren, ríen… Y, al final, el lector, aunque sabe que ese mundo nunca existió, cree en él y, a veces, llega a introducirse tanto en la historia que acaba viviendo dentro de ella.
Ninguna obra de ficción es igual a otra, como ninguna escultura lo es, ni ninguna pieza musical suena igual que las demás. En toda novela policíaca hay un asesino, pero cada asesino es diferente, como lo son los detectives. De modo que un escritor es artista porque es capaz de crear algo único de una nada, algo que nadie más puede crear por él.

¿Entonces el escritor nace, no se hace?
Hay gente que sí nace escritora, pero la mayoría de los escritores, tenlo por seguro, se hacen. Simplemente hay que escucharse a uno mismo, discernir hacia dónde se inclina su talento y optar por el camino al que éste le precipita. Yo descubrí dos en mi naturaleza: tengo buen oído y maña para escribir. En mi juventud, llegué a estudiar violín, que hube de abandonar porque la vida no me daba para tanto y mi padre me planteo dos posibilidades: o dejas el violín y atiendes sólo a la carrera, o dejas el violín y atiendes sólo a la carrera. De modo que opté por dejar el violín y atender mis estudios universitarios. Sin embargo, jamás dejé de escribir, y, veinte años después, aun con la posibilidad de haber retomado mis estudios musicales, no lo he hecho. Pero…continúo escribiendo.
En mi caso ha sido obvio: mi talento (mucho o poco, pero el que destaca en mí) me llevó por el camino de la escritura. Puedo pasar sin violín, pero no puedo vivir sin escribir.
De modo que una vez que descubres cuál es tu talento, debes empezar a cultivarlo, y ningún escritor que desee llegar a escribir bien (a excepción de los genios) puede pasar sin estudiar el oficio. Si un escritor no se aplica en el estudio de cómo ensamblar correctamente los componentes de una novela, jamás podrá llegar a construirla. Un remedo de ella, sí; pero una historia de pies a cabeza, no.

El oficio
De modo que el oficio es algo que puede ser enseñado: con los conocimientos adecuados, cualquier persona puede convertirse en escritor (lo cual no es sinónimo, no obstante, de gran escritor; aunque, créeme, con trabajo, esfuerzo y tiempo sí se puede alcanzar el nivel de buen escritor). Ya lo dije en mi entrada Ser escritor, aprende a serlo: es posible aprender a escribir. Algo muy diferente es la calidad de lo escrito, porque la calidad de lo que escribas va a depender, en parte, de tu talento
innato, pero también del esfuerzo que hagas por aprender el oficio, la habilidad que adquieras con la práctica y el afán con que te emplees.


  1. El oficio de escritor


Hay quien ha nacido con una gran imaginación. Hay quien ha vivido una larga existencia (o corta, da igual) repleta de experiencias únicas. Y hay quien reúne ambas peculiaridades y parte desde una posición ventajosa en la parrilla de salida para competir como escritor y, sin embargo, a pesar de esa ventaja, pierde la carrera. ¿Por qué?
El problema de muchos “aspirantes” a escritores no es que no cuenten con las habilidades necesarias para desarrollar su talento; su problema es que no dan el paso definitivo para cruzar la línea que separa el quiero ser escritor del voy a ser escritor.

¿Eres escritor?
De modo que hay dos estados en los que te puedes encontrar: ser alguien que escribe o ser alguien que no lo hace. Si escribes, entonces eres escritor; si no escribes, no lo eres. No valen medias tintas: Aspiro a ser escritor es una frase sin sentido. Insisto: ¿escribes? Si sí, entonces lo eres.
Y es que no existe ningún camino seguro para convertirse en escritor salvo uno: escribir. Es una obviedad, lo sé, y, sin embargo, ¿cuántos “aspirantes” a escritores se quedan en eso porque no escriben? Comienzan una historia y nunca la terminan. Anotan decenas de ideas de las que podrían salir buenos textos que jamás empiezan. Investigan sobre la época, la historia, la economía, etc., del momento sobre el que pretenden escribir y pasan horas acumulando datos. Prueban métodos, leen libros

sobre técnicas narrativas e incluso llegan a convertirse en auténticas enciclopedias humanas que lo saben todo del oficio, pero que no hacen lo que deben: ¡escribir!
Sigue el consejo que da James Scott Bell: ser un escritor profesional consiste en escribir palabras, no en sentarse frente al teclado de un ordenador.



Escribir es lo único que hace de ti un escritor


¿Eres un buen escritor?
Ah, esto ya es harina de otro costal. Ser escritor es fácil. Ser buen escritor lleva mucho trabajo. Ser un escritor publicado es muy difícil. ¡Pero ninguna de esas tres posibilidades es imposible! Para la primera, ya sabes lo que tienes que hacer. Para la segunda… simplemente vamos a empezar a trabajar.
Tu primera labor es contar tus historias con ojos nuevos, como hace un buen artista y, para ello, debes esforzarte por leer el mundo de una forma en que antes no haya sido leído y transcribirlo después con esa originalidad. Luego, además, has de presentar tu historia de un modo que emocione al lector. Tú, como el lector que también eres, seguro que lo has experimentado en muchas ocasiones mientras leías a los grandes maestros. De hecho te gustaría llegar a ser uno de ellos y a veces te preguntas si hay algún truco, alguna especie de conjuro mágico que te eleve hasta el universo en el que ellos viven.
Siento desilusionarte, pero no existe ningún conjuro. Ahora bien, la buena noticia es que sí hay trucos. Como lector, has sentido esos trucos. Como escritor, te preguntas cuáles son. La respuesta se llama técnicas de escritura y muchas horas de trabajo. Lograr escribir buena ficción no es fácil, de hecho es bastante raro encontrarla, pero tampoco es imposible.

¿Y cómo se consigue? Estudiando y practicando.


  1. Los cuatro pilares de la ficción


Cualquier historia se construye sobre estos cuatro pilares:


  • El espacio.

  • Los personajes.

  • La estructura.

  • El narrador.



El espacio
El espacio de tu novela es el lugar donde la historia se va a desarrollar, ¡pero no sólo! También lo es la época en la que tiene lugar y el tiempo que dura, así que cuidar este elemento narrativo es de vital importancia para que tu novela pueda apoyarse bien sobre el primero de los pilares. De hecho, el escritor debe considerarlo tan importante como cualquier personaje, ya que orientará al lector tanto desde el punto de vista geográfico, como climático, social, temporal, etc.
Así pues, debes conocer a fondo el escenario que contiene tu historia y saber moverte por él a ciegas como lo harías en tu propia casa. Luego, además, es imprescindible que sepas cómo introducir en él a tus personajes y lograr que estos se desplacen por ese espacio de manera natural.
Si aprendes a manejarlo con inteligencia, el escenario impactará en el pensamiento de los lectores y también en las acciones de los personajes, haciendo que tu historia avance. Si no le prestas la atención que requiere ni le das la importancia que tiene, te aseguro algo: frustrarás al lector, bien porque se sentirá perdido, bien porque le aburrirás con descripciones extensas, sin un objetivo claro y, por tanto, innecesarias.
El espacio, además, tiene otras muchas utilidades además de la de servir de escenario de la acción, y es una lástima que la mayor parte de los autores nóveles no sepan de ellas ni les saquen partido.
Aprender cómo escribir un escenario activo simplemente consiste en saber cuándo y dónde colocar los detalles elegidos para describirlo y por qué.

Los personajes
Los personajes son los actores de tu ficción y, al igual que ocurre con el escenario, debes conocerlos como conoces a tu propia familia. Por tanto se impone un arduo trabajo previo a la escritura.
En esa labor de creación, has de dotar a tus personajes con un cuerpo, un alma y una mente, esto es, debes hacerlos tridimensionales y humanos si quieres que sean creíbles y que te ayuden a hacer avanzar la historia. Y, muy importante, es imprescindible que construyas para ellos un pasado porque una parte de los conflictos con los que se toparán vendrá provocada por ellos.
A esto es a lo que me refiero cuando digo que los personajes deben ser tridimensionales: el alma y la mente del personaje se han ido configurando a través de ese pasado y les ha pertrechado con una personalidad y carácter propios que el autor no puede quebrantar sin una buena razón, pero tampoco ignorar o, peor aún, evitar que el lector conozca. De otro modo, muchas de las acciones y decisiones que tomen los personajes serán irracionales para él. Y si el lector no entiende por qué tu protagonista hace lo que hace, el personaje perderá credibilidad. Lo cual significa que habrá dejado de ser verosímil. Justo lo que ningún escritor puede permitir que ocurra con sus personajes.

La estructura
Desde que Aristóteles los fijara en su Poética, la estructura de una historia ha venido dividiéndose en 3 bloques: presentación, nudo y desenlace.
Cada uno de estos bloques se separa del siguiente por lo que conocemos como punto de giro.


  • En la presentación, se introducen los personajes, el escenario y el conflicto que va a motivar al protagonista a actuar. La trama gira radicalmente y toma un nuevo rumbo al final de la presentación, con el primer punto de giro.




  • Durante el nudo, la historia avanza a través de una serie de obstáculos y dificultados que complican la trama (y también la existencia del protagonista), que debe ir resolviendo estas crisis. Estos obstáculos han ido elevando la tensión de la historia, aproximándose al momento del. Al final del nudo se produce el segundo punto de giro.




  • En el desenlace, tanto el clímax como los flecos que han quedado sueltos se resuelven.

Estudiaremos cada uno de estos puntos en la cuarta entrega y veremos cómo debe repartirse la trama en cada uno de ellos.

El narrador
El narrador es quien cuenta la historia. Puede estar en primera, segunda o tercera persona; puede ser un narrador externo, puede ser omnisciente…

La elección del narrador es fundamental para que una historia tenga éxito. En muchas ocasiones, una novela que parecía tener un buen sustento no ha cuajado precisamente porque se ha hecho una mala elección del narrador. Si queremos evitar
este error monumental y tener que vernos obligados a reescribir toda una novela para cambiarlo, tendremos que hacer un estudio muy preciso de cuál es la voz narrativa que conviene a nuestra historia y cuáles los puntos de vista que vamos a utilizar.


♣ ♣ ♣

Con estos cuatro pilares puedes construir una gran novela. Lo ideal sería dominarlos todos, pero, para ser francos, si estudias en profundidad cualquier libro de los últimos que hayas leído, verás que los autores no manejan todas las técnicas con igual soltura. Unos destacan en la trama, otros en los personajes, otros son maestros del tema y otros despliegan un mundo del que al lector le resulta difícil salir. Sin embargo, cuanto mayor sea tu dominio de cada una de estos pilares, mejores novelas escribirás.
Empezaremos a verlos con mayor profundidad en el próximo Boletín. Mientras tanto, espero que hayas disfrutado de esta entrega y que te haya resultado de provecho.

 

Nos vemos dentro de treinta días. Hasta entonces, mis mejores deseos para este mes que ya nos viene otoñal y una última recomendación:

¡escribe!
Ana Bolox


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