El Programa El racismo al revés






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EL LARGO PARTO DE UN PENSAMIENTO PROPIO.

Historicidad y generalización ahistórica en América Latina

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Ricardo Jiménez A.

EL LARGO PARTO DE UN PENSAMIENTO PROPIO. Historicidad y generalización ahistórica en América Latina.
2007.
Ricardo Jiménez A.

Ricardo Jimenez Ayala (Chileno) es Sociólogo (por la Universidad de Chile).

Investigador del Centro de Estudios José Carlos Mariátegui de la República Bolivariana de Venezuela – Bolivia – Chile.

Miembro de “Grito de los/as Excluidos/as”, red latinoamericana de movimientos sociales.

Miembro de la “Asamblea de Ciudadanos/as del Cono Sur”.

Con experiencias de investigación y participación en movimientos sociales y políticos de varios países de Sudamérica.

Autor de varias publicaciones y artículos sobre migraciones, interculturalidad, integración regional y movimientos sociales.



Aún cuando el autor considera imprescindible la consideración de género en el lenguaje, como no existe en el idioma castellano una expresión que haga referencia simultánea a ambos sexos, y para evitar el uso de expresiones auxiliares que resultan engorro­sas para ello en textos largos, cuando se hace referencia a ambos sexos se usa el masculino.


A Martín Amaru, cuando sea grande

ÍNDICE

I.- YO TAMBIÉN SÉ SOÑAR
El pecado original

Rescatar espadas de los escombros
II.- LA TENSIÓN ENTRE HISTORICIDAD Y GENERALIZACIÓN

AHISTÓRICA EN AMÉRICA LATINA
Los debates poscoloniales
La historicidad
La matriz ahistórica
Lo nuevo
III.- UN NOMBRE LLENO DE OTROS NOMBRES
La tensión entre Igualdad y Diferencia
El carácter complejo y dinámico de los nombres
Al principio
Las Indias
América
América para los americanos

Colombia
América Latina
Hispanoamérica
Sudamérica
Otros nombres
IV.- TUPAC AMARU

La tormenta perfecta
Quipac haychacta hayllini
Los errores
El Programa
El racismo al revés
Vive, vuelve
V.- LA HISTORICIDAD, UNA NECESIDAD PRÁCTICA EN

AMÉRICA LATINA
VI.- JUAN VISCARDO
Los Jesuitas
La Carta
VII.- EL PRECURSOR
La Masonería
VIII.- LAS MUJERES
IX.- SIMÓN RODRÍGUEZ
Los amautas
X.- EL VIDENTE PRIMERO
Unidad, antimperialismo, igualdad
Las incomprensiones
La primera batalla perdida
XI.- BOLÍVAR TIENE QUE HACER TODAVÍA
El “bolivarianismo” godo
XII.- UN DESENCUENTRO

XIII.- MARTÍ
Patria
Dique antimperialista
XIV.- LOS DESARROLLOS
XV.- MARIÁTEGUI
Peruanizar el marxismo
Los desencuentros
El problema del Indio
Una tarea

XVI.- HAYA DE LA TORRE
El Creador
Las polémicas
La continentalidad
XVII.- PRONTUARIO DE UN CONTINENTALICIDIO
Antimperialismo propio
Siglo XIX
1900 a 1950
La Guerra Fría
Siglo XXI
XVIII.- LA HEREJÍA PERMANENTE

"La tradición de todas las generaciones pasadas pesa como una pesadilla sobre el cerebro de las presentes"
Carlos Marx


Copiar, desde aquí, sería una locura”

José María Arguedas

I.- YO TAMBIÉN SÉ SOÑAR

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Las actuales circunstancias mundiales parecen poner a América Latina en la avanzada de las luchas y reflexiones para la construcción de un orden social alternativo. Tras el fracaso de las experiencias comunistas del este, se ha hecho evidente la crisis estructural permanente del orden capitalista en diversos y cruciales planos, tales como el empleo, la exclusión y desigualdad sociales, el medio ambiente, la paz y la cohesión social en torno a un sentido de vida ético compartido, entre muchos otros. En ese escenario, la región de América Latina y el Caribe, desde el Río Bravo a la Tierra del Fuego, se muestra primera en la búsqueda de respuestas a estas urgencias, destacando, junto a su construcción política de mayorías, la emergencia de un conjunto de reflexiones y enfoques que aquí se agrupan instrumentalmente bajo la denominación de “pensamiento propio”.

Esto es, de una mirada, una comprensión y una propuesta para América Latina, que, aún cuando recoge y sintetiza necesariamente importantes aportes universales, tiene como eje ordenador, el hacerlo desde su propia y especifica posición. Desde América Latina como unidad central de la reflexión, como punto de partida y de llegada del análisis. Articulando todo lo humano con lo único e irrepetible, lo propio. Creando. Es un acto profundamente creativo, que tomando desde y para su utilidad particular los materiales del mundo, genera respuestas inéditas, profundamente alimentadas por sus acervos históricos y culturales específicos. Las cuales, aunque intencionadamente construidas para su propia realidad, no dejan de impactar, a su vez, universalmente, aperturando horizontes posibles para la humanidad.

Tal fenómeno contemporáneo es, entre otras cosas, la culminación de un acumulado largo y difícil de experiencias y gestaciones, muchas veces dolorosas. Un extendido y a veces incomprendido parto de pensamiento propio. Cuya diversidad y trayectoria, llena de encrucijadas, es inconmensurable. Un verdadero laberinto continental de volcánicas intelectualidades en constante erupción. Un mapa viviente del pensamiento regional, con infinitos “senderos que se bifurcan”, como en el cuento del escritor argentino Jorge Borges. Prácticamente en todos los rincones de América Latina y el Caribe, a través de los siglos. En todas las expresiones de la cultura, particularmente la filosofía, la literatura, la historia, la economía y las ciencias naturales, innumerables hombres y mujeres, en la vorágine de las realidades únicas y bullentes, supieron articular acciones y reflexiones propias, útiles a la transformación de sus situaciones. Como en los simbólicos “caminos de muertos” en los murales del mexicano Alfaro Siqueiros, siembran una extendida, plural y profunda, larga marcha hacia si mismos, como pueblo continente.

Sin embargo, todavía el conocimiento de este largo parto creativo, de esa epopeya del pensamiento y la acción propios, resulta desconocida para las mayorías. Muy escasa y pálidamente, se le reduce a nombres, fechas y estatuas inmóviles en alguna asignatura escolar, sentidas, con toda razón, como lejanas y ajenas a las cuestiones del presente. Apenas si se le hace algún caso en las universidades, siempre corriendo a toda prisa para enterarse de la última novedad académica europea o norteamericana. Todavía, y a pesar de notables avances, los cuadros, militantes y simpatizantes de las fuerzas políticas y movimientos sociales antimperialistas y antioligárquicos, no la conocen, sino en forma fragmentaria y distorsionada por toda clase de silenciamientos, ignorancias y desvirtuaciones. Sabiendo, muchas veces, más de otros que de si mismos como pueblos en lucha.

En una coincidencia para nada inocente, las “historias oficiales”, con claro objetivo de domesticación, y aún muchas lecturas de la “izquierda”, por menosprecio extranjerizante hacia lo propio, han instalado una mirada de nuestras luchas históricas, despojadas de su contenido creativo y revolucionario. Donde se intenta mirar lo propio y único con supuestas “verdades y modelos universales”, negando así el derecho de los pueblos a su propia creatividad para descalificar las reflexiones y luchas que no encajan en estos modelos foráneos contrabandeados como “universales” e “inevitables”. Se enfatizan apresuradamente los errores, las limitaciones. Se otorga la mayor centralidad a las pugnas y divisiones. Enterrando en el desconocimiento, la tergiversación y el olvido, toda su sustancia vital, creativa y revolucionaria, que es su legado. Al mismo tiempo que, por contraste, se resaltan las virtudes de las corrientes y experiencias extranjeras, distinguiendo y aminorando sus errores y limitaciones.

En una lógica proverbial inversa, se está pronto y predispuesto a ver la viga en el propio ojo histórico. Lo que actúa como refuerzo cultural para desdeñar y presagiar, en el presente, derrotas de todo intento y toda construcción propia, que no encaje totalmente en los moldes foráneos reputados como regla inviolable. Como señaló José Martí: “…el afán de progreso en las repúblicas aún no cuajadas lleva a sus hijos, por singular desvío de la razón, o levadura enconada de servidumbre, a confiar más en la virtud del progreso en los pueblos donde no nacieron, que en el pueblo en que han nacido… el ansia de ver crecer el país nativo los lleva a la ceguedad de apetecer modos y cosas que son afuera producto de factores extraños u hostiles…”.
El pecado original
Las divisiones, conflictos y pugnas entre quienes luchan por un gran objetivo común, parecen ser parte de la condición humana, al menos en esta etapa del desarrollo histórico, y ello, como lo reflexionó el francés Pierre Bourdieau en su teoría de campos, tiende a abarcar todas las esferas de la vida humana. Es el verdadero “pecado original”, de índole social e histórica, por el cual Caín mata a su hermano Abel, en la parábola bíblica. En la época moderna, las pugnas internas han sido consustanciales a las luchas por la transformación social, desde aquella arquetípica y trágica ruptura de Danton y Robespierre en la revolución francesa. Más tarde, en las corrientes socialistas del siglo XIX y XX, empapadas del cientificismo que confundió conocimiento con realidad, la “verdad científica” cerró toda posibilidad de lo “otro”, de la diferencia, entendido únicamente como “error” o “desviación”, matando, de hecho, a nivel mental, comprensivo, la posibilidad siquiera de la democracia plena que se buscaba construir.

A partir de allí, los luchadores sociales, caídos en las trampas sutiles de las pasiones o de los mitos cientificistas, han tendido a hacer, demasiadas veces, de la diferencia de ideas una dinámica insoluble por vías de consenso y, casi mecánicamente, conducente a la declaración del otro como enemigo a vencer, cuando no a aniquilar. Son numerosos y evidentes los lenguajes descalificadores, incluso ofensivos, con que muchos revolucionarios “clásicos”, con evidente buena intención, hablan de “democracia” pero niegan, en el mismo acto, toda legitimidad a la discrepancia, aún entre revolucionarios. A estos pensadores extranjeros, sin embargo, esto se les perdona, cuando no se les admira, rescatando sus aportes. Sin embargo, entre pensadores propios esto mismo es considerado imperdonable y constituye lo único a resaltar negativamente de su experiencia. Súmase a ello una compleja agregación y cruce de otras variables, consustanciales a todo fenómeno humano, que son distinguibles de la pura discrepancia reflexiva o programática, aunque tienden a justificarse y a encubrirse discursivamente con ella. Dimensiones ajenas a lo político, pero que contaminan lo político, tales como las afinidades o antipatías personales, las competencias personales o de grupo, las pasiones sentimentales, etc.

Ha sido un problema permanente que, en etapas en que la acción política y social adquiere generalizada virulencia, incluso formas violentas, armadas, se ha vuelto todavía más grave. La tendencia a resolver por vías militares problemas de índole política, reflexiva, ha sido una constante que atraviesa la compleja, y sin soluciones fáciles, tensión entre autoritarismo y democracia en el seno de los procesos de transformación social. Por otro lado, la exacerbación natural de las pasiones y los estados de ánimo alterados para responder a las críticas circunstancias de una revolución o una guerra, tienden a permitir toda clase de excesos y francos abusos de fuerza, lamentablemente presentes a lo largo de las luchas de la humanidad por su liberación. Errores y horrores que la propaganda de quienes desean conservar las injusticias para su beneficio pretende mostrar, engañosamente, como propios y únicos de las luchas de transformación, silenciando las violencias y horrores permanentes y del todo evitables de las relaciones de dominación que generan por respuesta esas luchas. Como señaló Bolívar en 1814: “Aunque la guerra es el compendio de todos los males, la tiranía es el compendio de todas las guerras”. Por reacción, algunos sectores que luchan por la transformación tienden a la negación de ellos y la idealización propagandística de las luchas e intentos. Camino que priva de la oportunidad de convertir lo realizado en valiosa experiencia, empobreciendo el proceso reflexivo y generando el riesgo de reincidir en los errores y horrores.

Se trata entonces de reconocer las realidades negativas en las experiencias de lucha por la transformación social, pero no al punto de hacer de ellos el centro y lo principal de la reflexión histórica, bloqueando el acceso a lo mucho de valioso, incluso imprescindible, que tienen para aportar, sobre todo, tratándose de las experiencias y pensamientos propios de latinoamericana. Donde abundan las miradas centradas en los defectos humanos de los líderes y pensadores, en sus amargas pugnas y hasta crímenes, cometidos en el fragor de las luchas, las pasiones y los contextos autoritarios y extremos de la guerra y el poder. Ya sea por el colonialismo cultural, que sólo puede ver errores en los intentos creativos propios, ajenos o contrarios a la matriz hegemónica europea norteamericana o marxista; por la temprana e intencionada campaña de los poderes fácticos extranjeros; por la pequeñez de historiadores e intelectuales encerrados en sectarismos ideológicos, académicos, de grupo o chauvinistas; o por la simple incomprensión o falta de fuentes confiables.

Por contraste, concientemente, y a condición de no incurrir en falsedades históricas, se enfatizan aquí los aspectos de aporte creativo, incluso estableciendo asociaciones y continuidades de orden programático entre líderes y pensadores, que son reales, aunque en su momento estuvieron nubladas por otros elementos de diferencia, conflictos o incluso odiosidad. Haciendo el ejercicio, legítimo, pero lamentablemente desusado, de una mirada constructiva que no niega las otras, sino que busca incorporar también el rescate útil.
Rescatar espadas de los escombros

Por otro lado, tras una embriaguez de paradigmas históricos y reflexivos pretendidos como “científicos”, únicos y excluyentes, se produjo el estrepitoso derrumbe y descrédito de ellos. El cual, inocente o intencionadamente, ha pretendido arrastrar consigo toda forma de reflexión que busque significados y sentidos útiles para la transformación social colectiva del presente. Entre aquella esterilidad mecánica y este escepticismo paralizante -ambos, una vez más, venidos como matriz foránea- se retoma y revitaliza, casi como acto reflejo de necesidad, el accidentado parto de pensamiento propio del pueblo continente. “…los profesionales de la inteligencia no encontraran el camino de la fe, lo encontraran las multitudes”, dijo Carlos Mariátegui.

Por ello, aunque avanzan fuerte las recuperaciones y usos mayoritarios del propio pensamiento, especialmente a partir del impacto universal de la Revoluciones Zapatista en Chiapas y Bolivariana de Venezuela, las reflexiones y experiencias propias, nacidas en estas tierras, constituyen, para las grandes mayorías, aún un tesoro perdido y necesario, a medio sepultar todavía, cuya utilidad y oportunidad vuelven urgente su rescate y uso pensante, instrumental, formativo. Apura, entonces, rescatar espadas de los escombros, ahora que aumentan las manos dispuestas a empuñarlas. Actualizando la tarea que señalara tempranamente Martí: “Los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse… el deber urgente de nuestra América es enseñarse como es… Se necesita abrir una campaña de ternura y de ciencia”. Y que ya antes supiera describir con vehemencia y belleza el hondureño José del Valle, gestor de la más radical independencia colonial de España en Centroamérica y México, en su famoso articulo “Soñaba el abad de San Pedro y yo también sé soñar”: "La América será desde hoy mi ocupación exclusiva. América de día, cuando escriba: América de noche cuando piense. El estudio más digno de un americano es la América". 

El presente trabajo revisa y reflexiona sólo algunos de los más esenciales y primeros hitos de aquella rica, extensa y diversa trayectoria intelectual y de lucha, a partir de una tensión entre matrices culturales que, en su extremo, corresponden a las venidas desde fuera a partir de la conquista, y a las gestadas en la propia América Latina y el Caribe, como síntesis de su originalidad y su mezcla cultural diversa. Lo hace, conciente y explícitamente, desde supuestos precisos, es decir, largamente reflexionados y argumentados. Pero, al mismo tiempo, de contornos vagorosos, en tanto que abiertos y en flujo, no definitivos. Mirando, consecuentemente, desde el lugar latinoamericano en el mundo y para un destino propio. Que, si bien necesariamente será parte de uno universal, tiene también un componente único e irrepetible. Esto es, la propia configuración cultural y epistemológica latinoamericana, la cual intenta, en el mismo movimiento, delinear. De modo que la descripción toma la forma del objeto a describir. A contramano. Tal como se han hecho las luchas y las reflexiones propias. Desde la conexión entre teorías y sentidos ancestrales. Incorporando componentes míticos, propios de una matriz cultural profunda latinoamericana. De una lógica distinta a la consagrada oficialmente como “científica” por la matriz cultural hegemónica. O como reivindicó para nuestros pueblos, el amauta mexicano José Vanconcelos, en su obra, justamente llamada “Pensamiento Latinoamericano”: “una lógica particular de las emociones y la belleza”.

Aunque ordena según nudos o ejes temáticos el desarrollo de las reflexiones, el orden es en cualquier caso instrumental, siguiendo muchas veces el ir y venir, los saltos temporales, las asociaciones de ideas y las exploraciones de horizontes, propias de las conversaciones entre amigos y compañeros, y de las clases en talleres y escuelas de formación popular, a las cuales busca recrear, y de las cuales es por entero fruto. Por similares razones, prescinde de las referencias teóricas detalladas, especialmente a las de antiguos o nuevos pensadores europeos o norteamericanos, convencionalmente aceptados como imprescindibles mecanismos de legitimación de cualquier argumento propio, instalando y reproduciendo, concientemente o no, el complejo de subordinación cultural, que sustenta, en última instancia, el rol subalterno en la política y la economía. Se libera también de la carga de una bibliografía pormenorizada, las notas al pie de página y otras rigurosidades académicas convencionales, limitándose sólo a la referencia sencilla, pero seria y útil, para quien desea ampliar la exploración en algún punto.

Se aparta así de los cánones académicos formales establecidos para legitimar cualquier reflexión, siempre dictados desde centros intelectuales hegemónicos en el norte. Cuyas universidades y centros de investigación actualizan la generalización ahistórica de matrices epistemológicas y culturales ajenas e inadecuadas. O, en cualquier caso, pretendidamente únicas, invalidantes de otras, propias, posibles y legítimas. Mismos centros donde actualmente, según cifras del investigador peruano Teofilo Altamirano, terminan de formarse en postgrado una masa crítica de científicos latinoamericanos, quedándose el 70% de ellos en el norte. Más de un millón de científicos desde 1961, cuya formación de base universitaria le costó sólo al sistema educacional público del continente, en su conjunto, más de 20.000 millones de dólares.

Flujo desigual y de subordinación cultural. De capital humano hacia el norte y de matriz cultural hegemónica hacia al sur. Donde hasta los mismos datos y temas de investigación, propios de América Latina, incluso los sociales e históricos, son “patentados”, procesados, reflexionados e interpretados teóricamente por dichos centros foráneos y vendidos después al mismo continente para el consumo intelectual. En el colmo de la negación, la región sólo puede ser ella misma a través de otros que la cuentan y relatan, mirándose con sus ojos, en el lugar que ellos le asignan. Es la cara ideológica cultural del mismo flujo económico que permite que, actualmente, trasnacionales norteamericanas y japonesas patenten la propiedad de los derivados industriales de un promedio de cuatro especies diarias de vegetales e insectos en el Amazonas latinoamericano, la reserva de biodiversidad más grande del mundo.

Tal como se pretende hacer de la opción política y económica desigual y excluyente, “la realidad”, única, inevitable. Así también, precisamente como sustento de ello, se busca consumar definitivamente su hegemonía cultural negadora, con la pretensión de hacerse ella misma “universal”. Usando la palabra de moda en las academias, se “desterritorializa” la matriz cultural europeo norteamericana, incluyendo a retazos y subalternamente los pensamientos propios de los “otros”, pero sólo como “aportes”, incluso “críticos”, a una matriz tan o más hegemónica, pero legitimada ahora como única y “de todos”, simplemente, “humana”. Es el “crimen perfecto” cultural.

Sin embargo, como todo discurso unificador que se construye sobre la subordinación, presenta innumerables y crecientes grietas. Contaba un reconocido periodista chileno, una anécdota de cuando llegó a realizar un postgrado en uno de estos centros, una afamada universidad norteamericana. Al contar a uno de sus más renombrados profesores que venía de Chile, éste le manifestó su gran cariño por Nicaragua, pues había estado allí por mucho tiempo. Al aclararle el alumno que se trataba de “Chile”, un país diferente y mucho más al sur que Nicaragua, el profesor le espetó con impaciencia y gesto despectivo: “¡Cómo sea!, ¡A quién le importa!”.

La imposición por la fuerza militar genocida, las concesiones comerciales y diplomáticas espurias arrancadas u obtenidas a la corrupción de las elites políticas tradicionales, y la ventaja tecnológica, han sido factores, en muchos momentos, decisivos, de la dominación de los diferentes poderes fácticos extranjeros en la región. Sin embargo, es sólo sobre la base de la “aceptación” de la ideología de ese poder fáctico dominante, de la legitimación profunda de su matriz cultural, por parte de sectores significativos, suficientes, de la población local, que ella es sustentable en el largo plazo. Rota aquella legitimidad ideológica cultural, todos los demás factores de dominación, están condenados, a la larga, a la insuficiencia y la derrota. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra”, apuntó Martí, tempranamente. Es, por tanto, una necesidad crucial, decisiva, develar las formas en que esa aceptación y legitimación se ha construido, negando o desvirtuando para ello todo pensamiento propio, como inferior, perjudicial, peligroso o simplemente imposible. Como afirmó Vasconcelos: “No sólo nos derrotaron en el combate; ideológicamente también nos siguen venciendo… Nosotros nos hemos educado bajo la influencia humillante de una filosofía ideada por nuestros enemigos, si se quiere de una manera sincera; pero con el propósito de exaltar sus propios fines y anular los nuestros... ”.

En un aleccionador cuento infantil, un oso, muchos años encerrado en su jaula, libre al fin de ella, siguió como siempre, caminando tres pasos para allá y tres para acá, porque para él, el presente sólo podía ser repetición del pasado. Como aquel oso, América Latina no consigue aún del todo, su completa libertad espiritual, la plena conciencia de su capacidad de creación y su irrenunciable deber de originalidad. Así lo señaló el amauta peruano Aníbal Quijano: “…no se trata solo de que leemos libros europeos y vivimos en un mundo por completo diferente. Si sólo así fuera, seríamos apenas ‘europeos exiliados en estas salvajes pampas’, como se han definido muchos o tendríamos como única aspiración ser admitidos como europeos, o mejor yanquis, como es sin duda el sueño de otros muchos. No podríamos, en consecuencia, dejar de ser todo eso que nunca hemos sido y que no seremos nunca …volver a mirarse desde una nueva mirada en cuya perspectiva puedan reconstituirse de otro modo, no colonial, nuestras ambiguas relaciones con nuestra propia historia. Un modo para dejar de ser lo que nunca hemos sido”.

Re-conocerse. Conocer nuestra inteligencia colectiva propia y recrear su incesante, aunque silenciado y desvirtuado, parto de pensamiento autónomo, libertario, justiciero y armónico. Tarea fundamental de conocimiento y reflexión, seria y abierta, que el mismo proceso contemporáneo impone a las mayorías en la región. Según el programa de Vasconcelos: “Comencemos, entonces, haciendo vida propia y ciencia propia. Si no se liberta primero el espíritu, jamás lograremos redimir la materia. Tenemos el deber de formular las bases de una nueva civilización, y por eso mismo es menester que tengamos presente que las civilizaciones no se repiten ni en la forma ni en el fondo”.

Aunque persista todavía la tendencia totalitaria a cerrar los horizontes, decretando clausuras y abordajes definitivos y excluyentes, toda mirada es una opción de construcción posible, una relación de conocimiento, de suyo, y de hecho, legítima. Como aporte instrumental, no exhaustivo, a esa tarea de liberación integral, este trabajo pasa revista sencilla, esencial y pensante, a las ideas y acciones de los principales y primeros constructores de “tormentas perfectas” populares que han marcado el camino de gestación del largo parto teórico reflexivo propio. Para devolverlo en forma comprensible y útil a sus auténticos creadores y legítimos dueños, los pueblos en cuyas entrañas y luchas se produjeron estos constructores. Precisamente, para hacer el proceso más conciente todavía, para continuar alimentándolo.
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