Encuentro Internacional de Filosofía y Política en el Tercer Milenio






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Ponencia dictada por Francisco Tanzi en el Encuentro Internacional de Filosofía y Política en el Tercer Milenio.

Rosario, Argentina.

27 Septiembre 2010


Tras las huellas hegelianas en el ensayo de estética americana de Ricardo Rojas
Francisco Tanzi.

Licenciatura en Filosofía, Universidad Nacional de Rosario.

Tucumán 951, 2 “A”.

Cel.: 155-317056.

franciscotanzi@yahoo.com.ar
Introducción

El período del centenario supuso, para el ambiente intelectual emergente de la época, una situación de desgaste de la tradición nacional. Esto se debe a que, por un lado, la inmigración causó un fuerte impacto identitario hacia finales del siglo XIX y principios del XX –ya sea por su renuencia a integrarse como ciudadanos argentinos sin abandonar su cultura e idioma foráneos, como también por su insurreccionalismo proletario en clave anarquista o socialista-. Por el otro lado encontramos que la amenaza que derruía los cimientos mismos de la nacionalidad se encontraba también en el materialismo mercantilista derivado del liberalismo, que imponiendo un gusto por la cultura cosmopolita, contaminaba las raíces de la conciencia nacional.

Este ambiente intelectual emergente no constituía un lugar hegemónico para principios del siglo XX dentro del debate de ideas, sino que por el contrario era la generación positivista la que se encontraba en el epicentro de ese ámbito intelectual.

Como respuesta al positivismo imperante y como ensayistas que interpretan las falencias que aquejaban en el período a la nación, son los pensadores que comienzan a hacer sus primeras armas en torno al centenario los que darán el puntapié al denominado nacionalismo cultural. Nacionalismo que propondrá una reconquista espiritual del país, desgastada sin duda por el materialismo creciente de la época. Para ello no sólo diagnosticarán el mal que aqueja a la Argentina –tal como expusimos anteriormente- sino que también formularán soluciones para el caso. En dos de los autores más representativos de este nacionalismo cultural podemos ver el mismo esbozo de solución: tanto Ricardo Rojas como Leopoldo Lugones vislumbran la necesidad de inventar una tradición patria en la cual se pudiesen integrar y reconocer tanto los criollos mismos como los nuevos argentinos.

Como contrapartida, la generación positivista por mucho que tuvieran en claro el problema y la temática de la nación no tenían intereses ni eran capaces de producir ese relato o, en un sentido más amplio, ese conjunto de herramientas que sirviera como molde intelectual en el cual fundir a los argentinos1.

Es de tal modo entonces como jóvenes ensayistas se inscriben en el debate de un campo intelectual en construcción –a diferencia del ya anquilosado positivismo-, en el que se promueve como respuesta a las acechanzas del mercantilismo europeizante un modelo pedagógico e histórico que bien se diferencia de las pretensiones científicas de la anterior generación. Por tanto, es el nacionalismo cultural el que viene a suplir la carencia de una tradición –sírvase como ejemplo El payador de Lugones de 1916- y a plantear las necesarias reformas en el ámbito educativo –como es el caso de La restauración nacionalista de Rojas de 1909-.

Rojas operador cultural

Observamos entonces cómo, tanto para Ricardo Rojas como para sus contemporáneos nacionalistas, existía una imperiosa necesidad de levantar por sobre la desorientación introducida por el cosmopolitismo una bandera de tradición nacional. Pero, como remarcamos anteriormente, tal insignia no podría servirse del legado científico-positivista, puesto que a éste le era imposible lograr articular un relato que pudiese aunar a la ciudadanía toda. Tal carencia debe ser suplida, según Rojas, por las humanidades modernas [que] deben servir para excitar el nacionalismo2.

Por lo tanto, la obra completa de Ricardo Rojas entiende la necesidad de apelar a una cultura nacional que ha de ser formulada en torno a las humanidades. Justamente por ello además de publicar su solución pedagógica sobre la problemática que ocupaba a la educación nacional en La restauración nacionalista de 1909, su labor como escritor excedió el campo de las políticas educativas para adentrarse en los terrenos de la literatura, la historia, la crítica, la estética, y demás temáticas afines que pudiesen tener cierta relevancia en la conformación de una identidad nacional. Es por ello que de manera conjunta con su propuesta educativa, Ricardo Rojas propuso a través de sus escritos proveer los diversos materiales necesarios para conformar la tan ansiada tradición local; actividad por la cual Fernando Devoto lo designa como operador cultural, ensayista, historiador vocacional y estudioso de la literatura argentina3.

En busca del legado hegeliano

Ahora bien, lo que atañe particularmente a este trabajo refiere –tal y como el título lo indica- a la indagación acerca del legado hegeliano que podemos percibir en una obra en particular de Ricardo Rojas. El texto al que aquí sometemos a análisis es Eurindia. Ensayo de estética sobre las culturas americanas. El mismo, editado en 1924, se ocupa de exponer el ideal argentino subyacente en las obras artísticas nacionales e hispanoamericanas, con el fin –al igual que en toda la obra de Rojas- de proponer una estética argentina, nunca antes elaborada ni explicitada, que sirva como fundamento para el campo artístico, en el marco de un programa integral que se ocupe de la conciencia nacional.

Debemos remarcar aquí que toda la obra de Rojas responde a la misma motivación, y que por ende podríamos rastrear las huellas de los escritos de Hegel no sólo en Eurindia. De hecho, la noción de la superación de los opuestos exotismo e indianismo –de claro carácter hegeliano, y que posteriormente nos encargaremos de desarrollar- es precedente a la obra de 1924 sobre estéticas americanas. Pero el presente ensayo sólo se encargará de centrar su indagación en la citada obra, procurando ir más allá de la mencionada dialéctica precedente, en busca de influencias hegelianas tangibles, con el objetivo de agotar las posibles líneas que se puedan entrecruzar entre los autores.

Es por ello que debemos, para comenzar, esbozar las más claras influencias de las ideas hegelianas que se nos presentan en el trabajo de Rojas. Pero antes, es conveniente aclarar entonces que, si bien el presente ensayo inquiere sobre tales probables influencias, la doctrina euríndica no se presenta nunca como hegeliana. Y que, de hecho, si bien existen una serie de afinidades entre las ideas del pensador alemán, también podemos percibir reincidentes puntos de quiebre, como así también nociones que son resignificadas o más bien cercenadas al calor de un nacionalismo cultural que toma como eje la preponderancia de la tierra en tanto matriz configuradora del carácter nacional; noción que, de más está decir, no se presenta en ningún momento en los planteos hegelianos.

Por lo tanto, este trabajo no se propone ilustrar las diferencias o rupturas con el pensamiento hegeliano, sino más bien las posibles influencias, como así también las necesarias reconciliaciones y modificaciones a las que Rojas se vio impelido con el fin de orientar tales ideas hacia una causa nacional acorde a su sistema de pensamiento.

De manera general podemos presentar entonces al menos cinco claras influencias hegelianas que hallamos en Eurindia:

# La figura que representa al ideal nacional no es ni más ni menos que el resultado de las fuerzas opuestas de exotismo y barbarie. Entiéndase entonces aquí la clara relación con la dialéctica hegeliana.

# Para ambos el arte es la representación sensible de la Idea. Pero claro, los dos no piensan exactamente lo mismo cuando refieren a la noción de idea, ni de espíritu.

# Otra de las cuestiones en la que Rojas parece haber sido influenciado por Hegel la encontramos en la noción que piensa que es en la historia donde se desarrolla la Idea o el espíritu absoluto. En este caso debemos aclarar –otra vez- que Rojas no está pensando, de manera precisa, en el espíritu absoluto hegeliano.

# Tanto Hegel como Rojas llevan adelante en sus escritos estéticos una división del sistema de las artes, otorgándoles ambos por igual el lugar preponderante en tal división al arte poético.

# A la creación artística no le corresponde la trivialidad. Ambos autores concuerdan que el rol del arte es el de expresar lo divino, por lo que el arte verdadero no es mero divertimento, ni mucho menos ornamento.

Rojas y la dialéctica

Con intención de aclarar qué es a lo que referimos con la noción de idea, o bien de espíritu en Ricardo Rojas, nos vemos inducidos a explicar más detalladamente el proceso dialéctico hegeliano. Proceso que es, a su vez, el punto de partida por el que nuestro nacionalista arriba a la doctrina euríndica.

Para Hegel es el proceso dialéctico el que hace posible el despliegue, y por consiguiente, la maduración y realización de la realidad. El mismo consta de una posición denominada tesis, su oposición llamada antítesis, y la síntesis4 que es el movimiento generado por aquellas dos posiciones iniciales, que supone la afirmación y realización de ambas de manera conjunta en una unidad superior. Según Hegel es en el movimiento dialéctico a través del cual la idea –o bien, espíritu absoluto- se autodesarrolla. Ahora, cuando Hegel refiere a idea o espíritu absoluto entiende por ello a la totalidad misma de la realidad, al universal concreto, el verdadero Absoluto, y en otras palabras, Dios. De modo que en el movimiento dialéctico la totalidad acaba por cerrarse a la manera de un círculo en la definitiva conciliación de todos los opuestos. Concluimos por tanto que, para Hegel, la realidad es un organismo de relaciones dialécticas.

En Ricardo Rojas apreciamos una operación dialéctica de claro cuño hegeliano al momento de oponer los dos elementos fundacionales de la cultura argentina: el estudio de la literatura argentina descubre dos corrientes, que han influido también en la política y en todas las formas del arte: la una es indígena, la otra es exótica5. Aquí se presentan las dos instancias que para Rojas configuran al ser nacional. Por un lado la tradición indiana que posee todo el poder de las vibraciones de la tierra que son recogidas en la raza, impregnada ésta del ambiente local. Por el otro, la tradición de origen europeo, ya española, ya cosmopolita, organizada a través de una refinada cultura con sede principalmente en las ciudades. Es en la síntesis de ambas, en tanto etapa superadora que no niega a ninguna, sino que las supone integradas, donde Rojas encuentra la expresión del espíritu nacional.

Entonces, al igual que para Hegel, la síntesis contiene dentro de sí los momentos anteriores, configurando por ello la totalidad como instancia que acaba cerrándose sobre sí misma en la definitiva conciliación de lo opuestos, en Rojas la doctrina estética arriba a su unidad tras incorporar los momentos opuestos anteriores, siendo su síntesis la denominada doctrina euríndica.

Ahora bien, así como en Hegel el espíritu absoluto es precedente a su propio despliegue en el movimiento dialéctico, en Rojas podemos observar que como matriz configuradora originaria se encuentra el propio numen de los lugares. El mismo es caracterizado por Rojas como un deidad americana –y aquí otra vez la semejanza con Hegel, puesto que si bien el pensador alemán cuando piensa en Dios lo hace en referencia al espíritu absoluto, en Rojas sabemos ya que su obra gira en torno a la necesidad de configurar una matriz nacionalista, y que por ello recorta para el caso el absoluto hegeliano al campo geográfico local- que recibe el nombre de Argentinidad. Tal Argentinidad es un espíritu angélico que se nos manifiesta en la tierra, en el hombre, en la tradición y en la cultura enviando a nuestra conciencia reflejos de su propia luz espiritual6.

Una de las obras fundamentales –a la vez la más extensa- de Ricardo Rojas es su Historia de la Literatura Argentina. La misma consta de cuatro tomos, divididos gracias a sus núcleos temáticos que comprenden a Los gauchescos, Los coloniales, Los proscriptos y Los modernos. En cada período histórico de nuestra literatura encuentra Rojas las influencias de las fuerzas opuestas, y que en algunos casos unas predominan con mayor intensidad por sobre las otras. Pero el análisis al que arriba nuestro autor en la obra por nosotros estudiada relata que el espíritu nacional no se encuentra de manera separada en ninguno de aquellos momentos, sino que de hecho, la intención de Eurindia es la de refundir todas esas instancias del arte nacional en una conciencia estética abarcadora de todas ellas, debido que es en tal unidad donde se presenta la argentinidad. Encontramos entonces aquí, además de la noción dialéctica, una conciencia del despliegue del espíritu en la historia a través de los distintos momentos artísticos que le es muy cara a Hegel.

De tal modo, el despliegue del espíritu nacional comprende en Rojas ciertas instancias históricas en las que prevalece alguna de las fuerzas opuestas constituyentes de nuestro ser argentino. La concreción del ideal local podrá ser realizada, según nuestro pensador, al instante en que ambos momentos dialécticos logren al fin integrarse en la necesaria síntesis. Con la intención de explicar el despliegue histórico en el cual se baten las fuerzas del exotismo y el indianismo, para ulteriormente arribar a la conciliación y superación de tales opuestos, Rojas supone en su esquema histórico el punto de partida del movimiento dialéctico en el sometimiento al que la cultura precolombina se vio subsumida al momento del trasplante cultural exótico que significo el arribo del conquistador; frente a tal inicio se presenta una segunda instancia en la que los conquistadores fueron a su vez vencidos por los gauchos americanos; más tarde fueron tales gauchos los que se vieron subordinados a las fuerzas del exotismo representadas por la cultura que ingresó al país de la mano de las oleadas inmigratorias; pero, finalmente el cosmopolitismo inmigratorio fue vencido e integrado por los artistas autóctonos poseedores de la conciencia y expresión americana.

Para Rojas tal despliegue histórico se puede observar también en el arte puesto que en la historia literaria se repite el esquema; primero el folklore indígena; después el pseudoclasicismo colonial; luego los poemas gauchescos, más tarde el positivismo y el decadentismo. Aguardamos ahora la asimilación de la civilización exótica por la tradición indiana, para que pueda aparecer su expresión sintética en la filosofía y en el arte7.

Por separado cada momento es estéril para Rojas, por ello la doctrina de Eurindia propone ayuntar en cópula fecunda lo europeo y lo indiano. El exotismo pedante por sí mismo sólo ofrece progresos aparentes de trasplantes culturales. El indianismo sentimental aporta rusticidad agresiva y pobreza de técnica y materiales. Es en la reducción de ambas fuerzas en un mismo ser –el ser nacional, claro está- donde se podrá superar tales legados en función de una tradición que sirva a la posteridad, a manera de manantial intelectual del que brote la identidad nacional. Identidad que, según éste modelo, no puede ser atribuida a momento alguno en particular (ni a lo indio, ni a lo gauchesco, ni a lo colonial, ni mucho menos a lo cosmopolita), sino que el espíritu nacional se halla en la sumatoria de todos ello, pues Eurindia abarca lo nativo y lo extranjero.

Para Rojas la doctrina euríndica es la necesaria síntesis de las fuerzas opuestas del exotismo e indianismo, que lograrán plasmar en el campo estético el espíritu nacional de manera sensible –creemos que no es casual que tal sea el lugar asignado al arte por Hegel-. Ahora bien, dijimos en el campo estético, puesto que de esto es lo que Rojas se ocupa en el libro que nosotros trabajamos, pero vale remarcar –tal como lo hace el propio autor- que aquel espíritu de la Argentinidad también se manifiesta impulsando una didáctica (Restauración Nacionalista); se presenta en la fusión histórica de nuestras razas (Blasón de Plata); y se caracteriza en una política democrática (Argentinidad).

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