Importancia de la fundacion de partido independiente de color y la amplitud de su programa






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IMPORTANCIA DE LA FUNDACION DE PARTIDO INDEPENDIENTE DE COLOR Y LA AMPLITUD DE SU PROGRAMA.
Tomás Fernández Robaina

Investigador Titular

Biblioteca Nacional José Martí
Introducción.

Nuestros pueblos caribeños y latinoamericanos presentan, por lo general, dos aspectos que bien pueden considerarse dos caras de una misma moneda. Una de ellas es la construcción de una historia narrada, transmitida y difundida para su conocimiento y estudio por el poder hegemónico de cada una de nuestras sociedades, la cual solapa, y manipula los hechos sociales e históricos, así como el papel desempeñado por determinadas figuras, como una forma de legitimarse histórica y actualmente; la otra es la versión, y narración de esa historia según el punto, o los puntos de vista, de los que tratan de subvertir ese orden, en pos de la construcción de una sociedad donde los ciudadanos y ciudadanas, históricamente marginados, tengan mayores posibilidades de acceder a posiciones económicas, laborales, educacionales, y culturales, tanto de forma individual como colectiva.

El estudio y análisis de la historia, por lo tanto, se transforma en un espacio de debate, de denuncia y deconstrucción de la manipulación histórica ejercida por los grupos y sectores de las diferentes clases sociales que han compartido el poder en cada uno de nuestros países.

Muchos son los ejemplos de hechos y personalidades de nuestra historia que pueden nombrarse. Narciso López1 es una de esas figuras, que durante mucho tiempo se enseñó en nuestras escuelas como un venezolano que murió por la independencia de Cuba, cuando en realidad fue un instrumento del grupo de esclavistas cubanos que buscaba la anexión a los Estados Unidos, como una forma de mantener la esclavitud en la Isla, amenazada ante la posibilidad de su abolición.

Otro hecho, de los varios que pueden comentarse, radica en la Agrupación Independiente de Color, convertido en Partido, poco tiempo después de su fundación. La importancia de esa acción no ha sido aún subrayada de la forma que merece por nuestra historiografía.

En 1950 Serafín Portuondo Linares2 dio a conocer la primera historia panorámica de esa organización política, surgida el 7 de agosto de 1908, pero esa acción no fue analizada de manera amplia por los investigadores anteriores a él, y solo Fermoselles3, Aline Helg, Alejandro de la Fuente5 y María de los Ángeles Meriño Fuentes6 han efectuado reflexiones notables, a partir de la valoración de la documentación existente en los archivos de Cuba y los Estados Unidos, y por la consulta de la huella del PIC en nuestra prensa periódica. El libro de Castro
Fernández7, La Masacre de los independientes fue una notable contribución en su momento, pues puso a disposición de nuevas generaciones el recuento de los hechos, y su valoración historiográfica y la propia del autor, en la misma dirección se encuentra Guantánamo en el vórtice de los independientes8. Pero aún quedan muchas interrogantes que deberán ser respondidas mediante el análisis más riguroso de ciertos aspectos mencionados, y mantenidos como posibles hechos reales en algunos textos de la prensa de la época, pero que no cuentan con fuentes documentarias que corroboren las hipótesis ni testimonios orales llevados a la escritura. Todo queda en un decir, o decires, como la supuesta carta3 que evidencia el acuerdo entre Estenoz y José Miguel Gómez.

En un informal y espontáneo debate sostenido en la oficina entre Roberto Zurbano, Víctor Fowler, ambos poetas y ensayistas, y yo, ( el mediodía del viernes 19 de septiembre), Víctor fundamentó de forma muy clara sus reparos al proyecto de los Independientes, por considerar que el mismo iba en contra de la idea de la democracia, que no había habido un partido político solo para blancos, como no lo había habido los chinos, ni para los españoles. Que no podía pasarse por alto el papel que jugó, sin duda alguna, el gobierno de Washington, en el desenlace final de la protesta. Se sabe que la misión de Ferrara era demostrar y garantizar que el gobierno ejercía el control del país, y evitar de ese modo una nueva intervención. Tampoco puede sorprender, de ser cierta la especulación de Fowler, de que la represión y matanza de los Independientes se llevó a cabo para impedir la tercera intervención, y ante la posible amenaza de que un tercer desembarco de tropas estadounidenses pusiera punto final a la República.

Lamentablemente no se han encontrado documentos o partes oficiales que posibiliten corroborar esa idea de Víctor, pero si está bien claro que los independientes en ningún momento buscaron y propiciaron la intervención, ya que de haber sido ese uno de sus objetivos, las propiedades extranjeras hubieran sido blancos directos de sus ataques. Justamente ese hecho pudo haber sido altamente valorado por Washington, ya que se conocía muy bien que los independientes buscaban una sociedad donde objetivamente el sector negro era el llamado a buscar el equilibro tan necesario para que la patria fuera realmente justa para blancos y para negros

Por otra parte, los investigadores, historiadores y periodistas han debatido más la Enmienda Morúa9 ,sus consecuencias, la protesta y masacre final de cientos de sus miembros en 191210, que las causas de la fundación del PIC,

Debe tenerse muy en cuenta que el nacimiento de esa agrupación marcó un hecho muy importante en nuestra historia, y en particular en la recién inaugurada República Burguesa: la existencia de un partido político integrado solo por miembros de una raza. Además, era la demostración más palpable de que la Revolución Redentora de José Mart(1853-1895)11, se había ido a bolina, como dijera año más tarde el Canciller de la Dignidad, Raúl Roa12, de la Revolución del Treinta.

Todos los cubanos, negros, mulatos y blancos, patriotas, intelectuales, trabajadores calificados o no, campesinos y/o trabajadores agrícolas, artesanos, empleados de la administración pública y del comercio, sabían objetivamente que los partidos tradicionales existente hasta entonces manipulaban las demandas reivindicadoras de los sectores sociales necesitadas de ellas, en los que la población negra era la que se encontraba más marginada social y laboralmente.

Nada se había hecho para disminuir hasta eliminar la diferencia de origen, apuntada objetivamente por Juan Gualberto Gómez (1854-1933)13, quien recalcaba que el negro había sido traído como un instrumento de trabajo, sin tener en cuenta su condición humana, y que era necesario incorporarlos a la sociedad moderna. El empeño juangualbertista en esa dirección, al fundar el Directorio Central de Sociedades de Color14, no tuvo el resultado esperado por su promotor.

Las ideas de que con la independencia y la República, los sectores obreros, campesinos y en particular, los negros que formaban parte mayoritaria de los mismos, como ya he expresado, podrían acceder a una mayor instrucción y tendrían más espacios laborales, sobre todos los cubanos negros con instrucción, fueron acicates que movilizaron a los negros de forma amplia y consciente a engrosar las filas mambisas, mucho más que los que se aliaron a los españoles.

No pasó mucho tiempo para que no pocos de ellos, sin llegarse aún a la república, se percataran de que algo estaba funcionando mal en nuestra sociedad; se cuenta con una numerosa muestra de cómo muchos de ellos acudieron a los tribunales, y de forma legal y disciplinada demandaron derechos planteados por las leyes, en pleitos y demandas muy casuísticamente, satisfechas en algunos casos.

No fue casual, como ya he dicho, que el 29 de junio de 190215, a solo semanas de inaugurada la primera república, figuras prominentes del mambisado negro, participaran en una asamblea en el teatro Albizu en donde demandaron atención y solución a las demandas enarboladas en aquel momento.

¿En qué momento surgió la idea de la formación de un partido político integrado solo por negros y mulatos? ¿Era realmente una idea nueva? ¿Qué significación tuvo en su momento y tiene en la actualidad el nacimiento de la Agrupación de los Independientes de Color?

Para dar respuesta a las anteriores interrogantes debemos recordar algunos elementos que nos ayudarán a comprender mis razonamientos.

Históricamente se ha dicho, como bien me apuntó el historiador e investigador Jorge Ibarra Cuesta, que existía la creencia generalizada de que los africanos y sus descendientes no habían tenido ideas independentistas, que las sublevaciones de esclavos y posteriores conspiraciones habían tenido el único objetivo de abolir la esclavitud, sin que se haya tenido presente, que en el caso de Cuba, la abolición conllevaba de forma obligatoria a la independencia. No puede ignorarse el espíritu de amor a la libertad, siempre presente en los esclavos, que los llevó al cimarronaje individual, y a la fundación de palenques de diversas dimensiones, en todos los países y épocas donde dicho fenómeno se manifestó, como el de Palmares, en Brasil16, que sobrevivió durante un siglo a todos los intentos del poder colonial hasta que fue destruido porque era intolerable la existencia de un amplio territorio y una numerosa población africana y afrodescendiente libre.

¿Qué hubiera ocurrido si aquellos cimarrones, en lugar de adoptar una posición defensiva en Palmares, hubieran marchado a tambor batientes sobre las plantaciones, liberando y sumando a los esclavos de cada una de ellas?

En Cuba nunca el cimarronaje y los palenques pusieron en peligro el sistema colonial, ni hubo un palenque comparable al de los Palmares, pero los hubo, y tanto esos palenques como el cimarronaje individual expresan el espíritu rebelde, de resistencia al sistema social al cual habían sido obligado a vivir los africanos y afrodescendientes.

En la conspiración que dio lugar a la Guerra de los Diez Años (1868-1878) el negro libre no estuvo presente en su organización, y mucho menos el esclavo. El hecho de que desde el primer día Carlos Manuel Céspedes (1819-1874)17 liberara a los esclavos de su ingenio fue un hecho sorpresivo para muchos, pero objetivamente fue el resultado, una vez más, que la realidad social, política y bélica en un lugar y tiempo determinado de una sociedad, obliga el modo o los modos de resolver las adversidades y necesidades inmediatas para lograr el objetivo principal planteado; en el caso concreto de Cuba: la separación política y económica de España.

No se ha valorado de forma debida que independientemente de los problemas regionales que debilitaron las fuerzas independentistas en su primera guerra, la abolición de la esclavitud, fue un elemento que dividió a los criollos y perjudicó a las fuerzas cubanas. Los españoles tuvieron en ese sentido un saldo más positivo, al menos históricamente, con la ley de vientre libre, y la creación de tropas integradas por negros. ¿Eran estos mayoritariamente negros criollos, o africanos, y eran esclavos o negros libres? Son algunas de las preguntas que les hago a los historiadores que se han ocupado de esos temas, entre algunas más que nunca han sido respondidas desde mucho antes de 1959.

La Protesta de Baraguá18 se llevó a cabo contra el acuerdo de aceptar la paz propuesta por los españoles. Ella estuvo apoyada por importantes patriotas blancos, liderada por Antonio Maceo (1845-1896), un mulato, y secundada por la casi totalidad de la oficialidad negra y mulata que buscaba materializar el gran sueño de la independencia, de la cual ellos se habían apropiado, batallando, y muriendo en hazañas heroicas que les había proporcionado el prestigio y valentía, así como los grados que muchos ostentaban finalizada ya la contienda. Todo lo anterior reflejaba ya de manera indiscutible la existencia de un sentido de pertenencia e identidad total que los había hecho luchar para materializar la independencia, anhelada ya no solo por los poseedores del poder económico, sino también por los pertenecientes a los más diversos sectores populares de nuestra población.

La experiencia posterior, adquirida durante la llamada paz fecunda19, y las vivencias a partir de la guerra independentista iniciada en 1895, la Guerra Hispano-Cubano-Yanqui (1898-1899) y la Primera Intervención Estadounidense(1899-1902) enriquecieron extraordinariamente, la mentalidad de todos los cubanos, y en particular la de algunos afrodescendientes sensibilizados con la situación de marginalidad que padecían no pocos de ellos a pesar de tener un nivel de instrucción adecuado para desempeñar puestos laborales en la administración pública.

Justamente, no pocos de ellos fueron oradores en el acto celebrado en el ya mencionado Teatro Albizú. La indiferencia de Estrada Palma ante las demandas más esenciales de justicia social, y más bien la adopción de una política discriminatoria y humillante como la realizada contra Quintín Banderas(1834-1906)20 hicieron ver muy claramente cual era el papel desempeñado por los partidos políticos Liberal y Conservador, en sus deferentes tendencias.

Por lo tanto, era lógico que se planteara una forma diferente de organizarse los cubanos negros para luchar contra esa situación imperante, y una de esas tendencias, fue la asumida por Evaristo Estenoz de constituir una agrupación con fines políticos que hiciera objetivamente lo contrario de las otras organizaciones políticas.

Mas esa propuesta no era realmente nueva. No debe olvidarse el rechazo de Juan Gualberto Gómez a presidir una organización política integrada solo por negros en la década ochenta del siglo XIX21. No pocas de las razones por las cuales se formuló tal propuesta fueron similares a las esgrimidas por la Agrupación Independiente de Color a principios del Siglo XX: La falsedad y manipulación de las promesas de los políticos y de sus partidos con vista a satisfacer las demandas de los cubanos negros.

Si bien la propuesta colonial no prosperó, fundamentalmente, por la negativa de Juan Gualberto Gómez, ya en la primera década republicana, el contexto era objetivamente diferente. Cuba era independiente, y aunque teníamos como una amenaza constante la Enmienda Platt22, impuesta por el gobierno de Washington, la constitución del partido fue un acto legal, aprobado por la autoridad estadounidense durante la segunda intervención (1906-1909). No resulta difícil intuir que probablemente la aprobación de tal organización, se hacía con objetivos más allá de los visibles de favorecer a la sociedad civil.

La fundación de la Agrupación de los Independientes de Color denotó la madurez a la cual había llegado un sector de la población negra, que no veía otra opción para luchar por sus derechos que por los medios políticos establecidos legalmente en el país. Su programa formulaba ideas que los mostraban como negros identificados plenamente con la Patria y con la Revolución Redentora de José Martí; sus demandas perseguían eliminar las diferencias sociales que marginaban de forma amplia a los cubanos negros, así como posibilitar su acceso a la instrucción, de la cual habían estado marginado de forma amplia por siglos.

Un análisis sereno del programa del PIC motiva admiración, y aplauso por las demandas tan justamente planteadas, beneficiosas no sólo para la población afrodescendiente, pero que tenía muy en cuenta la necesidad histórica de elevar el nivel educacional y cultural de ese sector de nuestra población. Todas las demandas se enmarcaron dentro de las necesarias reivindicaciones sociales, económicas, políticas y educacionales.

No hubo un espacio para el reconocimiento oficial de los valores culturales de origen africano, los surgidos como consecuencia de la transculturación de los elementos africanos entre sí y entre ellos y los códigos eurocéntricos de la cultura oficial dominante.

Lo anterior refleja parte del proceso de asimilación de una parte del sector de la población negra de Cuba: la poseedora de instrucción y por lo tanto con derechos objetivos para competir por puestos laborales junto con los blancos educados. Era evidente que para alcanzar ese propósito tenían que alejarse, al menos de los espacios públicos, de todo lo que se identificaba con la cultura de origen africana.

Esas expresiones entonces eran consideradas manifestaciones cultivadas por un sector de la población apegada al pasado, sin instrucción. Se tenía la certeza de que a medida que los miembros de ese sector se instruyeran, se alejarían de esas prácticas. Por eso Fernando Ortiz(1881-1969) en su Hampa Afrocubana23, llamó la atención sobre la necesidad de estudiarlas como expresiones de la cultura tangible e intangible de los africanos y de sus descendientes para que no se perdiera el conocimiento de ellas y las huellas de las mismas habían existido en nuestro país.

Los cubanos negros asimilados tenían que demostrar que eran portadores de los valores eurocéntricos. Muchos habían peleado en nuestras guerras independentistas. Por lo cual sus demandas eran legítimas y nobles. Probablemente, no pocos de ellos, a pesar de sus posiciones abiertas en contra de las manifestaciones de origen africano, las practicaban de forma oculta, mientras que los vinculados a los sectores más populares las cultivaban de modo más visible.

Se debe destacar que en las demandas del movimiento social del negro, anterior a 1959, el respeto e identidad hacia las culturas de origen africano nunca apareció de forma orgánica; mucho menos la valoración de las creencias afrocubanas como religiones del mismo nivel que las diferentes iglesias cristianas. Una vez más esa actitud indicaba la posición eurocéntrica adoptaba también en ese sentido por los cubanos negros asimilados, al menos en su mayoría. Por otra parte, como ya he señalado, la mayoría de los integrantes de los sectores más populares, y marginados de la sociedad, no solo las practicaban abiertamente, sino que las expandían horizontal y verticalmente, entre hombres y mujeres de diferentes clases sociales, quienes a veces las practicaban de manera oculta, disimulada, de tal forma que oficialmente, y muy particularmente después de 1959, se consideró que las religiones, y de forma muy singular, los llamados cultos sincréticos, estaban disminuyendo de forma muy objetiva.

El Partido Independiente de Color no se pronunció en este sentido en ninguna dirección notable, pero se infiere que al ser su mayoría negros de los sectores más populares, fueron practicante de las religiones afrocubanas, como también del catolicismo popular, al menos sus dos líderes principales, parecen haber sido católicos.
Evaristo Estenoz en la prensa anterior a la fundación AIC.
En El negro en Cuba: apuntes para la historia de la lucha contra la discriminación racial24. se relacionan las acciones y hechos que el movimiento social ejecutó en pro de sus derechos desde las primeras semanas de inaugurada la república burguesa que ayudan a entender el porqué de la creación de la Agrupación Independiente de Color el 7 de agosto de 1908.

La primera referencia que he encontrado sobre Evaristo Estenoz en la prensa cubana se halla cuando da a conocer un comunicado dirigido “A mis amigos” 25. Dicho documento había sido enviado a varios órganos de la prensa grande, pero no publicado. El análisis de dicho texto nos muestra un análisis justo y sereno de la presencia de los negros en los diferentes partidos hasta ese momento. Estenoz expresó su negativa a aceptar una posición en la Vanguardia Liberal del barrio de Cristo, por la siguiente razón:
yo aceptaré puesto en el Partido (Liberal), cuando allí los hombres de color se sientan capaces de defender los derechos de los que todos estén asistidos y mientras los que allí se encuentren no se den cuenta de que harán nada, no volveré a él. En una palabra, no quiero pertenecer a nada en que la raza de color tenga deberes solamente, y esta conducta solo la rectificaré cuando se tenga en cuenta, que servimos, pero con plena conciencia de que valemos y podemos hacer mucho, cuando en una palabra, se hagan respetar, porque no es posible ser libres, pelear por la libertad y sufrir ser tratados al estilo del liberto romano, que a eso no pueden prestarse más que los degenerados, esos pobres de espíritu que viven sin parámetros en la ridícula situación en que se les coloca. Los hombres dignos, los que aspiran a merecer el título de hombres libres, necesitan para vivir en una sociedad que merezca ese nombre dos cosas: ser queridos y respetados. Si no se consigue lo primero, que depende de un sentimiento mutuo y espontáneo, debe imponerse lo segundo, que es lo justo y lo legal, de cada uno y de todos los hombres. También debo hacer constar que no pretendo ser candidato a nada, no consentiré que se me postule para nada. Y diré por qué. Porque nosotros, si se nos da una escoba o una chapa de mensajero, se nos exige que tengamos los conocimientos de los señores Gómez o Morúa, o las heroicidades del gran Maceo.



A pesar de los años transcurridos, no dudo en afirmar que algunos de sus criterios tuvieron vigencia durante toda la república burguesa, y también en la República Revolucionaria. Uno de ellos es bien objetivo, porque es aún muy visible: la exigencia de un nivel educacional al negro, muy superior al que se le ha exigido históricamente a un blanco para el desempeño de cualquier trabajo.

1907 parece haber sido el año en que los negros cubanos dieron más señales de la urgente necesidad de organizarse como bien lo demuestra Fermoselles26, quien relaciona algunas de las comunicaciones enviadas por el capitán J.W. Furton, jefe del Servicio de Información Militar del Ejercito Estadounidense, al mayor General T.H. Barry, y a otros funcionarios en Cuba. En ellas se mencionan las reuniones que sostenían los dirigentes negros, proclamas y manifiestos impresos que circulaban en varios lugares del país.

En una de esas comunicaciones se habla de Evaristo Estenoz, como propiciador y líder de una de las tendencias presentes en la mente de los negros cubanos, como la expresada en el manifiesto aparecido en Lajas, en el que se pedía la constitución de un partido independiente de negros.

El manifiesto firmado por Ricardo Bartrell y Alejandro Neniger27 exhortaba a los negros a unirse en sus partidos para hacer un frente único y de ese modo presionar para una mayor justicia social para los históricamente discriminados.

Un manifiesto publicado en Camaguey aseveraba que:
no nos propendemos a la formación de un partido político independiente, que respetamos la filiación de cada cual, que cada cual podrá moverse independientemente de ese partido al objeto de asegurar la efectividad de nuestros derechos en la práctica28

Sus firmantes de declaraban respetuosos de las preocupaciones y convencionalismos sociales, por eso aseguraban que no:
Queremos que conste que no nos anima sentimiento de odio de ningún género como insinuosamente se propala por los elementos interesados en que fracasen estas gestiones, sino por el contrario, con nuestra dignificación, ansiamos la dignificación de las demás clases democráticas… A los que dicen que es prematuro nuestro movimiento porque colocados en un nivel que les permite el disfrute de alguna comodidad (que nos deben a nosotros mismos) ven con malos ojos que los demás elementos aspiren a ese a ese mismo disfrute, les diremos que hace nueve años que estamos esperando y cada vez la vemos alejarse más porque los llamados a imponer equidad son los primeros en alejarse, a mistificar ese derecho29.

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