La escalera: símbolo central de la obra






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HISTORIA DE UNA ESCALERA”

1.- INTRODUCCIÓN

Historia de una escalera fue estrenada en el Teatro Español de Madrid la noche del 14 de octubre de 1949  fecha clave del teatro y de la literatura española de postguerra , con un clamoroso éxito.

La escalera: símbolo central de la obra

Los tres actos de la obra se desarrollan en el mismo lugar: un «tramo de escalera con dos rellanos». Es en este espacio donde tiene lugar toda la acción; en la escalera se comentan los chismes y se escuchan las discusiones; allí se reflejan los proyectos y los sueños de todos los vecinos.

Todos los personajes se sienten ligados a ella. Algunos la odian, porque «encadenados» simbólicamente a esta escalera han ido perdiendo sus sueños y sus esperanzas con el paso de los años; otros, como Paca, la consideran una vieja compañera.

La crítica considera que la escalera es el elemento central de la obra de Buero; un elemento complejo que se presta a múltiples interpretaciones.

a).- la escalera como personaje

La escalera es el escenario que hace posible la consideración colectiva de los personajes. Ciertos críticos señalan que la propia escalera es uno de los personajes fundamentales de la obra de Buero.

Lo más importante de esa pieza dramática es que en ella el protagonista no habla. El personaje principal y fundamental, inmóvil y mudo, es la escalera de la historia escénica. Todo está ahí centrado y concentrado. ¿Dónde?... En los peldaños desgastados y gimientes por los que pasaron los ágiles y alegres pies de los cortejos de bodas y bautizos; por los que descendieron cuidadosos y lentos las pisadas grávidas de los que llevaban sobre los hombros los pesados ataúdes 

b).- la escalera como símbolo del paso del tiempo

Robert L. Nicholas, entiende que la escalera se humaniza hasta el punto de compartir simbólicamente la historia vital de los personajes, envejeciendo junto a ellos.

En el ámbito personal de la casa, la escalera casi logra convertirse en otro «personaje», pero no sólo como abstracción que pesa fundamentalmente sobre el destino de los personajes humanos, sino como otro ser «humano» también afectado y amenazado por el fluir irremediable del tiempo.

La escalera «acompaña» a los habitantes de la casa a lo largo de los años. Dice Luis Iglesias Feijoo:

En la obra de Buero nos encontramos con una presentación cíclica de los principales acontecimientos humanos, todos conectados con esa escalera siempre presente: [...] El descubrimiento del amor en las reiteradas declaraciones, los matrimonios; la muerte. Todos los momentos están representados en la escalera, nexo y símbolo de ese paso del tiempo y de la vida.

c).- la escalera como símbolo de la inmovilidad

La crítica considera que la escalera es símbolo tanto de la inmovilidad social como de la inmovilidad personal.

  • Símbolo de la inmovilidad social

Para García Pavón, la escalera es:

El símbolo de la inmovilidad de nuestra organización social que impide a la jerarquización existente evolucionar con mayor fluidez. La escalera [...] es imagen simbólica de la gran barrera que divide a los hombres en una serie de estadios económicos y de oportunidad social, sin la menor concesión en treinta años.

  • Símbolo de la inmovilidad personal

Por tratarse de un espacio cerrado, la escalera asfixia las ilusiones de los personajes que viven en ella. El ambiente ahoga sus ambiciones personales. Aunque los vecinos pueden salir al espacio exterior  a la calle , siempre retornan a la escalera.

Ruiz Ramón cree que la escalera es el signo de la inmovilidad personal, porque [...] el origen del fracaso no está sólo en el mundo sino en la persona. Sólo en un acto de auténtica libertad, fundado en la vocación por la verdad, hubiera podido liberar a los personajes de esa «escalera», por donde suben y bajan porque no han realizado el único acto capaz de salvarles.

d).- la escalera como símbolo del fracaso

Muchos críticos opinan que la escalera representa la vida que los está derrotando. Refiriéndose al acto tercero, dice Luis Iglesias Feijoo:

[...] como el escenario no ha variado, la reaparición de los personajes es una viva demostración de que su situación tampoco ha sufrido cambios. La escalera que suben y bajan sigue cargándose de sentido y comienza a ser símbolo de su fracaso.

Otros creen que la escalera «sugiere el medio opresor y degradante en que se mueven los personajes».

El título de la obra

Aunque en su acepción más usual historia es la «narración y exposición verdadera de los acontecimientos pasados y cosas memorables», también puede significar «relación de cualquier suceso, aunque sea de carácter privado y no tenga importancia alguna».

Esta es la dimensión que quiere dar Buero a la voz historia en el título de su obra.

Doble lectura del título

El título de la obra de Buero Vallejo tiene una doble lectura. Una literal, denotativa, y otra de carácter simbólico:


HISTORIA DE UNA ESCALERA

LECTURA DENOTATIVA

LECTURA SIMBÓLICA


Narración de una serie de acontecimientos que transcurren en la escalera de una casa modesta de vecindad.


Espacio social cerrado del que los personajes no pueden salir debido a sus circunstancias sociales o personales. (Inmovilismo social.)



2.- TEMA CENTRAL Y MOTIVOS

En Historia de una escalera Buero intenta trasladarnos una visión realista de la vida española de la primera mitad del siglo a través de una imagen amarga del sufrimiento humano. El sufrimiento es inherente a la existencia de sus personajes.

La impotencia, el fracaso y la frustración  que conforman el núcleo temático de la obra  acompañan desde el comienzo a los protagonistas, quienes intentan, en vano, salir de la precaria situación en la que se encuentran. El medio social en el que se desenvuelven y sus propias circunstancias personales  la falta de voluntad o de carácter, la dependencia familiar, etc.  les impiden realizar sus ambiciones.

En la obra se presenta la vida de tres generaciones en un proceso cerrado y cíclico, caracterizado por la alternancia de dos estados anímicos: la desilusión y el fracaso, aunque al final parece que Fernando y Carmina hijos podrán romper el círculo antes de que también a ellos les alcance el fracaso colectivo.

Buero desarrolla, paralelamente, una serie de motivos secundarios que concurren en el tema de la frustración colectiva: la pobreza, la fuerza del destino, la falta de sinceridad, la incomprensión

A).- TEMA CENTRAL: LA FRUSTRACIÓN COLECTIVA E INDIVIDUAL

La frustración responde a la privación de algo que se esperaba. Ninguno de los personajes de Historia de una escalera logra hacer realidad sus sueños y proyectos. Su vida consiste en ir «perdiendo día tras día», como dice Fernando ya en el primer acto. A todos les alcanza el fracaso.

La mayoría de los críticos definen la obra como «drama de frustración». La frustración gravita inexorable sobre la vida de tres generaciones de estas familias, que viven pobremente en una «casa modesta de vecindad» de una ciudad española entre 1919 y 1949.

Tres aspectos de la frustración

1.- La personal, que se relaciona con la actitud y el modo de ser de cada uno de ellos;

2.- la social, que se relaciona con las circunstancias sociales que les rodean;

3.- la metafísica o existencial, que se relaciona con la vivencia del tiempo, que transcurre rápidamente para los personajes.

Estas tres dimensiones de la frustración se interrelacionan y condicionan mutuamente. Aunque cada una de ellas influye de manera diferente en los personajes, el resultado final, es idéntico para todos: la frustración total de cada uno y, en suma, la frustración colectiva.

A pesar de la evidente influencia negativa del ambiente social, los personajes de Buero tuvieron en algún momento de sus vidas la posibilidad de elegir un camino diferente. Por ello son, en alguna medida, culpables de su fracaso.

La frustración colectiva se observa especialmente en la disputa final. Entonces se manifiesta abiertamente el odio existente entre las familias, odio sofocado hasta ese momento por la necesaria convivencia.

B).- MOTIVOS SECUNDARIOS

Los motivos a los que nos referimos a continuación son las causas (directas o indirectas) del fracaso y de la frustración de los personajes:

1. Causas directas:

  La pobreza;

  La falta de sinceridad en el amor;

  El determinismo social;

  La angustia producida por el paso del tiempo.

2. Causas indirectas:

  La falta de libertad del hombre, marcado por su destino;

  La impotencia y el consiguiente desengaño, causados por no poder salir de su depauperado estado;

- La resignación o el rencor ante la realidad;

- La incomprensión entre padres e hijos (el choque generacional).

a).- LA POBREZA, LA IMPOTENCIA Y LA RESIGNACIÓN

Tres de las cuatro familias que viven en el quinto piso de la casa pertenecen a la que podría considerarse clase media baja. Don Manuel y su hija, que disfrutan de mayor poder adquisitivo que sus vecinos, pertenecen a la clase media alta.

A pesar de que no llegan a un estado de necesidad, pues no carecen de lo necesario para el sustento, los vecinos son pobres. En la mayoría de los hogares se ha de mirar cada peseta que se gasta y se hace lo posible para economizar ante la constante y angustiosa subida del coste de la vida. En el primer acto, Paca y Generosa hablan de sus intentos para economizar en el gasto de la luz:

PACA    ¿Cuánta luz ha pagado este mes?

GENEROSA. Dos sesenta. ¡Un disparate! Y eso que procuro encender lo menos posible... Pero nunca consigo quedarme en las dos pesetas.

PACA. No se queje. Yo he pagado cuatro diez.

GENEROSA. Ustedes tienen una habitación más y son más que nosotros.

PACA   ¡Y qué! Mi alcoba no la enciendo nunca. Juan y yo nos acostamos a oscuras. A nuestra edad, para lo que hay que ver... (Acto l.)

b).- EL AMOR

Jean Paul Borel afirma categóricamente que Historia de una escalera «es ante todo un drama de amor, el drama del amor frustrado».

La inautenticidad en el amor es uno de los componentes fundamentales de la obra; pero aunque el fracaso amoroso sea uno de los motivos más llamativos de la frustración de estos seres, existen otros aspectos derivados de su falta de sinceridad en el amor que también hemos de considerar.

Las dos parejas principales

Los jóvenes traicionan al amor, al ser infieles tanto a sí mismos como a los demás. El mal comienzo de cada uno de ellos provocará su fracaso final. Fernando ama a Carmina y aunque es correspondido por ella no es capaz de luchar  o, más bien, trabajar  por su amor cuando llega el momento. En el acto segundo nos enteramos de que Fernando se ha casado con Elvira, que ya le "perseguía" en el acto primero.

Carmina acepta la proposición de Urbano, el cual, aun sabiendo que la muchacha ama a Fernando, se aprovecha del incierto futuro a ella se le presenta para hacerla su esposa. CARMINA se casa con él por evitar la soledad

Otros romances

Hay otro tipo de relación amorosa cuyos protagonistas son Pepe (hermano de Carmina) y Rosa (hermana de Urbano). Su relación también está destinada al fracaso, a pesar de que, al menos por parte de la mujer, es una relación sincera. La diferencia estriba en que Pepe y Rosa no están casados; además él no trabaja y pretende que Rosa le mantenga.

Por último, podría ser que, gracias a su amor, Fernando y Carmina hijos lleguen a ser felices.

c).- LA CUESTIÓN SOCIAL

Carácter testimonial de la obra

La obra de Buero refleja los problemas latentes en la España de 1919 1949. De ahí el carácter testimonial de Historia de una escalera.

Aunque de pasada, a lo largo de los dos primeros actos se alude a algunos aspectos de la situación social y sindical de los años 20. Y, aun cuando no hay referencias a la Guerra Civil española (1936 1939), el espectador de 1949 sabe que la guerra ha transcurrido entre el segundo y el tercer acto.

Los personajes de la historia de Buero han sido incapaces de rebelarse contra el sistema, y acaban instalándose en él definitivamente, sin conquistar ninguno de sus sueños.

Diferencias de clase

La frecuente afirmación de que existe un cierto enfrentamiento clasista entre los personajes parece exagerada, ya que el único vecino que sobresale por su mejor situación económica es don Manuel.

Buero señala en acotación que el traje de don Manuel y el de su hija «denotan una posición económica más desahogada que la de los demás vecinos». No obstante, puede englobarse a todos los personajes dentro de la clase media baja.

La diferencia entre Urbano  obrero  y Fernando –dependiente- es mínima, aunque, en cierta ocasión, Elvira recrimina a su marido por dirigirse a «esa gentuza» (refiriéndose a todos los vecinos, especialmente a Urbano y Carmina). Este desaire responde claramente a motivos sentimentales y quizá a que Elvira se siente molesta porque ella misma ha descendido socialmente al casarse con Fernando, quien, por su parte, no ha logrado medrar a pesar de la ayuda económica de su suegro.

En las escenas que se suscitan con motivo del cobro del recibo de la luz se nos muestran las dificultades económicas cotidianas de los inquilinos. Unos consumen bastante más electricidad que otros, sobre todo teniendo en cuenta el número de personas que viven en cada casa.

Don Manuel y su hija han de pagar el doble que la familia de Generosa, compuesta por cuatro personas, pero ello no les causa el menor problema. No sucede lo mismo con los demás inquilinos, para quienes la factura de la luz constituye una carga, hasta el punto de haber quien no puede responder al cobro.

d).- EL TIEMPO. DESENGAÑO VITAL

El paso inexorable del tiempo revela el fracaso de estos seres que, como ellos mismos presienten ya en el primer acto, jamás verán realizadas sus ilusiones juveniles.

Buero consigue transmitir al espectador la sensación de que el tiempo transcurre con lentitud  ya que los sucesos acaecidos en cada acto son totalmente cotidianos y carecen, en principio, de interés  y, al propio tiempo, con rapidez   dados los grandes lapsos (diez y veinte años) entre un acto y otro.

Con ello deja entrever que los días y los años transcurren sin que nada cambie, excepto los propios vecinos, que van envejeciendo.

Un tiempo que se repite

El espectador se percata de la monotonía con que transcurre el tiempo a través de las múltiples repeticiones de acontecimientos diarios triviales, lo que a la vez nos ofrece la visión de que los problemas permanecen inmutables.

Los propios personajes permiten que el tiempo pase sin que sus vidas experimenten cambio alguno. Fernando asegura continuamente que «trabajará al día siguiente», pero ese mañana nunca llega, y así consiente que, con el transcurso del tiempo, se desvanezcan sus sueños vacíos y sus falsos proyectos. Urbano sabe lo que les espera:

URBANO. Ya sé que yo no llegaré muy lejos; y tampoco tú llegarás. Si yo llego, llegaremos todos. Pero lo más fácil es que dentro de diez años sigamos subiendo esta escalera y fumando en este «casinillo». (Acto I)

e).- EL DESTINO

La obra entra en la eterna dialéctica entre la libertad del hombre (como ser que puede forjarse su propio destino, sea positiva o negativamente) y la fatalidad del destino (o encadenamiento necesario de los sucesos, contra el cual el hombre nada puede).

Los personajes de Buero no ejercen su libertad; no actúan positivamente para cambiar su destino. Su única esperanza era la de haber sabido imponer su libertad. Pero no supieron hacerlo. Cada uno sufre, por tanto, las consecuencias de sus propios actos.

Para Buero, el destino no es algo abstracto y lejano y se identifica con el «absurdo o la imperfección de la estructura social».

En Historia de una escalera, la búsqueda de la felicidad, de la verdad y de la libertad se ve obstaculizada por las circunstancias concretas, ya sean internas o externas, que lastran a los personajes.

Buero ha afirmado en más de una ocasión que cualquier problema dramático se puede reducir a la cuestión de la lucha del hombre, inmerso en sus limitaciones, por la libertad.

f).- LA INCOMPRENSIÓN ENTRE PADRES E HIJOS

En la obra existe una incomunicación total entre padres e hijos, incomunicación que refleja un problema siempre presente en la sociedad humana.

Los padres se caracterizan por mostrarse siempre autoritarios ante los hijos; los hijos  que serán padres autoritarios  se quejan del autoritarismo y de la falta de comprensión de los padres. El conflicto se repite de generación en generación sin que nadie se sitúe en el lugar del otro.

En este sentido, la obra de Buero tiene cierto carácter circular.

En el acto primero, Fernando se queja de la falta de comprensión de los mayores. En el tercer acto su hijo repetirá la misma idea, treinta años después.

FERNANDO. Hemos crecido sin darnos cuenta, subiendo y bajando la escalera, rodeados siempre de los padres, que no nos entienden. (Acto l.)

FERNANDO Hijo    ¿Qué puede haber de común entre ellos y nosotros? ¡Nada! Ellos son viejos y torpes. No comprenden... (Acto III.)
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