Sin nadie querido, á quién dedicar éste libro, en éste momento especial; porque mis seres queridos y mis amigos, ya recibieron de mí éste honor. Por esta razón, sintiéndome libre de cualquier otro compromiso, decidí dedicárselo: -a los niños a los niños de todo el mundo






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títuloSin nadie querido, á quién dedicar éste libro, en éste momento especial; porque mis seres queridos y mis amigos, ya recibieron de mí éste honor. Por esta razón, sintiéndome libre de cualquier otro compromiso, decidí dedicárselo: -a los niños a los niños de todo el mundo
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César Tellería Oliva
EL PEQUEÑO VAGABUNDO




CUENTO JUVENILES

BIOGRAFÍA DEL AUTOR
César Tellería Oliva, escritor de nacionalidad boliviano -argentino; nacido en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, el año 1.948. A la edad de 24 años, se radicó en la Argentina, en la ciudad de Córdoba; Allí, formó su familia y trabajó en muchas empresas y fábricas, en todo tipo de tareas y oficios, desempeñándose siempre con eficiencia. Tiene estudios de Ingeniería de Sistemas y Electrónica. Participó en varias luchas y reivindicaciones sociales. Actual-mente, se propone editar las Novelas "la Relatividad Social", y "El Capitalismo Social". La una, una doctrina política: Económico-Social, que propone una solución mundial a todos los problemas humanos: económicos y sociales. La otra, una propuesta económica teórica para la creación de los recursos necesarios para poner en marcha esta doctrina política.

Es autor de varios libros de poesías, cuentos y novelas sin publicar. El primer libro que publicó fue el libro de Poemas: ''Maravillosa'' en la ciudad de Córdoba Argentina en el mes de enero del año 1.996. En marzo del año 1.998 lo presentó en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra-Bolivia, conjuntamente con su nuevo libro de poesías "En Paz". Su presentación en Bolivia tuvo buena repercusión en todos los medios locales, gráficos y Televisivos. Ambas Obras fueron editadas en forma personal y privada. Fue finalista en varios Certámenes Nacionales e Internacionales de poesías. Participó en varias Antologías de Editorial ''Red Literaria''. Y también participó en la antología "300 Escritores Hacia el 2.000", de Editorial "NUBIA". En el año 2.001, el “Centro Internacional de Escritores Noveles”, le otorgó, una “Mención Especial por su estilo literario y contenido”

César Tellería Oliva

Pequeño Vagabundo

D E D I C A T O R I A
Sin nadie querido, á quién dedicar éste libro, en éste momento especial; porque mis seres queridos y mis amigos, ya recibieron de mí éste honor. Por esta razón, sintiéndome libre de cualquier otro compromiso, decidí dedicárselo: -a los niños...a los niños de todo el mundo.
A los niños que estudian, porque asumen ese compromiso de tratar de ser mejor, para tratar de hacer mejor nuestro mundo; a los niños que trabajan, porque necesitan hacerlo, para poder vivir, y que no tienen posibilidad de estudiar, porque necesitan primero que nada: -ayudar a su familia; a los niños que tienen sed de justicia, -porque tienen hambre, o -porque tienen frío; o porque no tienen un hogar donde vivir; ni padres que los proteja, ni estado que los ampare. Porque para esto, hace falta que haya más justicia...para que se respeten los derechos de los niños; y por eso, para todos ellos, les dedico: éste libro.
Porque quisiera, que para ellos, -nuestro mundo cambie; y tengamos un mundo mejor... Porque los niños, son el futuro y la esperanza de la humanidad, y sin ellos, no hay futuro, ni esperanza, ni sueños, ni nada...Para ellos, y por todos ellos: con mucho amor y con mucho cariño, -va el libro...
PREFACIO DEL AUTOR

Nada más cálido, ha vivido dentro de mí, que la existencia de estos hermosos cuentos, guardados en mi memoria; y que hoy decidí escribirlos, para Uds., porque ellos brotaron de mi mente, espontáneamente, un día que yo me encontraba recordando historias de mi niñez... Y que hoy hago entrega a todos Uds., con todo mi corazón y con toda mi alma; y en especial a todos los niños y jóvenes que gustan de ellos.

Y estaba yo... recordando aquellos días felices, pasados en mi país al lado de mi familia y de algunos amigos, que dejaron en mí, sentimientos de dicha y felicidad. Pues, acababa yo, de llegar, de presentar mis dos primeros libros escritos y publicados; y de recibir, los más bondadosos comentarios de la crítica periodística del lugar. Las cuales me sirvieron: para poder continuar, en esta carrera de ensueños y de promesas; y es así, como hoy, puedo ofrecerles otra nueva obra, de mi humilde creación. Recogida, de aquellos horas felices, que cuando niño yo solía escuchar viejos cuentos de historias fantásticas, que me transportaban a aquellos mundos de ensueños.

Y es por eso, que yo; he querido transportarlos a todos Uds. a esos mundos de fantasías y de ensueños; en donde yo, viví, las pasiones y las sensaciones de los personajes, cómo si fueran propias. En aquellos días, yo acababa de llegar a mi casa, en Córdoba; cuando decidí, irme a descansar unos días al campo, a tomar un poco de aire puro, para reponer mis fuerzas; y así poder seguir adelante con mi lucha, de las ideas y de los pensamientos..., y, con las tareas diarias de mi trabajo.

Y allí, en medio de la quietud y la soledad de las praderas: empecé a escribir éste pequeño compendio de historias y recuerdos de mi niñez, hoy tesoros de mi infancia; y las escribí de la manera que yo sólo sé hacerlo; poniendo siempre lo mejor de mí, para que puedan llegar hasta Uds.; tal, y como yo las viví y sentí, en aquellos días.

Y si hay algo más, que hoy hubiera querido decir...y no lo diré, es porque la realidad, me llama a ocuparme de otros temas, más transcendentales y más urgentes, de la vida: que son la realidad que hoy estamos viviendo todos. Tiempos de dolor y de partos. Porque vemos todos los días, guerras y enfrentamientos, entre hermanos; gente que pasa hambre y miseria, y sufre humildemente, sin protestar; porque no tiene, el coraje o el valor de aquellos que luchan contra la opresión, la explotación, la violación de sus derechos, o contra los abusos de un régimen; a riesgo de perder su vida, o a su familia. Y como yo, no soy ajeno a todo esto; pido disculpas por haber sido tan breve, para ocuparme de estos temas.

Pero, esperando sinceramente, que mis cuentos sean de vuestro agrado; deseo pedirles que se alejen un poco de estos problemas, y dejen atrapar por estas historias, si quieren viajar hasta aquellos lugares de fantasías y de ensueños.

Afectuosamente. El Autor.

PEQUEÑO VAGABUNDO
CAPITULO I

Este, era un pueblito, muy pequeño y muy lindo; de casas coloniales, con paredes blancas y techos coloridos; con calles de tierra y arena, anchas y derechas; con pocas diagonales. En cuál, habían muy pocas fábricas e industrias, donde la gente pueda trabajar. Pero la mayoría de la población, era feliz; y estaba compuesta por artesanos, jornaleros y labriegos; salvo algunos doctores: como médicos y abogados; habían muy pocos intelectuales y artistas: cómo escritores, periodistas, pintores y poetas.
Los más, eran: albañiles, pintores, carpinteros, herreros, peluqueros, sastres, etc. Y el comercio era todavía incipiente; se vendía en los mercados y en las calles, salvo algunas pulperías y tiendas. Habían muchas Iglesias, todas lindas pero sencillas, salvo la Catedral, que era el orgullo del pueblo. También habían muchas plazas y paseos; y todo esto, rodeado por un hermoso y bello río, al que acostumbraba ir toda la gente del pueblo a bañarse o a pasar un día de campo; el cuál corría a orillas del pueblo, abrazándolo y llenándolo de vida y alegría.
Muchas fincas llenas de plantas y árboles frutales lo rodeaban, y era hacia allí a donde los niños iban a jugar y correr; y a veces, a cazar pequeños animales salvajes o pájaros, o ha recoger frutos silvestres y frutas típicas. Aunque también, habían algunas plantaciones rurales que cultivaban arroz, yuca y caña de azúcar.
Los caminos todavía vírgenes, conservaban la belleza de un paisaje salvaje y agreste. Grandes árboles corrían a la vera del camino, y servían de pascana a los muchos viajeros que pasaban por ahí, y que andaban todavía en carretas de tiro, con bueyes, ó a caballo.
Hasta ese día, allí no había llegado -todavía el progreso; salvo una carretera ripiada, que acababan de inaugurar; y el aeropuerto habilitado para pequeños aviones; por eso la gente todavía viajaba por tierra, en camiones o a caballo. La mayoría de los caminos tenían el paisaje y la vida salvaje. Y las rutas eran de tierra, de arena o de ripio. A veces abnegadas de agua y barro. Lo que dificultaba la comunica­ción con estas tierras. Que la hacían solitarias y lejanas, apartadas del resto del país. Pero la gente era feliz. Y conservaban sus costumbres y tradiciones más fuertemente, gracias a esta situación. Y aquí, en medio de este ambiente, comienza a suceder esta hermosa y tierna historia...
Juancito. Así se llamaba un pequeño niño, que vivía en este pueblo, de apenas 12 años de edad. Y él, era un niño muy simpático y alegre, que había pasado su niñez en este pueblo, disfrutando sus días de infancia con juegos infanti­les, ya idos. Jugando en las calles con sus amigos, sin que nadie se molestara por eso. También le gustaba correr y pasear por el bosque; porque la naturaleza y todo lo que a él, le gustaba: -estaba cerca suyo.
Pero a él, le gustaba también: soñar y leer. Y desde muy niño le gustó ayudar a sus padres. A Juancito también le gustaba mucho la escuela, y era muy buen alumno; pues, en su escuelas, -era uno de los primeros. Pero además tenía otras virtudes; le gustaba el dibujo, la poesía y las letras. Y acostumbraba anotar para sí, todas las historias que le contaban y gustaban, -los mayores y sus amigos.

El mayor defecto que tenía él; era, que era un soñador empedernido y un vagabundo en potencia. Juancito, soñaba con viajar mucho, y conocer otras tierras y ciudades; por eso quería llegar a ser algo en la vida; como un ingeniero, un científico o un escritor.
Juancito, salía todos los días de su casa, a correr por el campo y a estudiar. Y cuando se cansaba, se sentaba al pie de un árbol a soñar. Y mirando las nubes dibujaba en el cielo, paisajes remotos, o personajes grotescos, desconocidos.
Un día llegó a su casa: -¡una carta!. Pero cuando él, la recibió; no se imaginó, ni por un momento, ni lo hubiera pensado; que esa carta, -cambiaría su vida. Por esa carta, se enteró, que tenía otro hermano por parte de padre; y que sus abuelos paternos vivían. Pero que ellos vivían muy lejos de allí, en un pueblito llamado: -Riberalta, (un pueblito situado, en el extremo norte del país, muy cerca del Amazonas). Este hermano suyo, era hijo de su padre, en otra mujer. Que según le dijo su padre; la madre, de él; -había sido su mujer, años antes de conocer a su madre. Pero que él, no sabía nada de su existencia, hasta ese momento.
Su hermano, aún desconocido para ellos, le escribía a su padre, porque se había enterado de su existencia; y además, de que él vivía -allí; y que al enterarse de la verdad; él tenía muchas ganas de conocerlo y de conocer a su familia. Por eso le escribía, porque quería conocerlo; y quería saber si él, -iba a recibirlo; y si él, lo deseaba conocer; él iría hasta allí. Además le contaba, que había terminado el secundario; y que había cumplido -veinte años. El único problema era; -que esa carta era muy vieja, pues tenía la fecha de un año atrás.
La carta se había extraviado y había llegado muy tarde, porque había sido mandada sin dirección al Correo Central; y que como nadie la esperaba, nadie había ido a recogerla en todo ese tiempo. Y habiendo pasado tanto tiempo, tal vez, -su hermano; -ya no esperaba una respuesta. Además, tampoco tenía dirección; -sólo el nombre de la localidad donde ellos vivían.

Al enterarse Juancito del contenido conmovedor de esa carta; le pidió a su padre, que le cuente su historia. Y que le diga:

¿Cómo es, -que él, había tenido otro hijo, en otra mujer?

...¿Antes que su madre?.

¿Y porqué? - ¿no les había contado nada, de aquello?;

-ni de su familia anterior...

¿Y porqué? -si tenía un hijo, allí, no volvió con su mujer anterior y su hijo; después que terminó la guerra. Entonces su padre un poco sorprendido, y otro poco acongojado, no tuvo mas remedio que decirles lo que había sucedido y contarles la verdad. Y comenzó contándoles así.....

INFIERNO EN LA GUERRA

(RELATO)

Cuando ocurrió la Guerra, con un país vecino, al nuestro; me reclutaron y me enrolaron en ella; a pesar de que yo tenía una esposa, pero con la cuál no estaba casado, ni tampoco tenía hijos. Mujer, -con quién, convivía hacía muy poco tiempo; pero a quien, en ese momento; yo, quería y respetaba mucho. Y me llevaron a ella, sin que yo pudiera negarme; -porque no estaba casado con ella, ni tenía familia. Que de haber sabido, -que ella estaba embarazada, y que estaba esperando un hijo mío; aunque no hubiese, estado casado; no me hubiesen llevado a la guerra, -¡ni a la fuerza!.
Pero cuando me fui a la guerra, yo no sabía nada, de que ella se había quedado embarazada; y que iba a tener un hijo mío. Y creo, que ella tampoco lo sabía, de lo contrario me lo hubiera dicho; y que según parece, ella recién se enteró unos meses después que yo me había marchado; y por eso tal vez, -no pudo decírmelo.
Pero cuando terminó la guerra. Que duró un poco más de tres años, yo no pude volver a mi pueblo -con mis compañeros y amigos; debido, a que, un poco antes, que terminara la guerra, en una de las úl-timas batallas; yo fui herido en combate, -en una pierna. Y fui llevado a la retaguardia, para que me hagan las primeras curaciones; pero poco después, de allí, me llevaron -a un hospital.
Así fue, como me separaron de mis compa­ñeros, y amigos; y me llevaron a otra parte, sin que ellos supieran, -nada de mí; y como me quedé muy solo y lejos de mi familia; y no pude volver a mi casa, ni a mi tierra. Mientras, todos mis compañeros y amigos regresaron a sus casas, con sus familias, cuando terminó la guerra, y a todos los desmoviliza­ron. Pues todos los que sobrevivieron a la guerra, regresaron a sus casas, inmediatamente; menos yo, que me quedé aquí, recuperándome de mis heridas, y de una afección muy grave; -pues, debido a que se me había infectado la herida, esa infección amena­zaba con mi vida.
Lo que me obligó, a quedarme hospitalizado y en cama; porque, por la herida de bala que me hicieron en la pierna, -me agarró Gangrena. Debido a que estuve mucho tiempo sin atención médica, sin curación y sin higiene; en medio de aquella selva, llena de bichos y de mosquitos; con días sofocantes, de calor insoportable; la herida que tenía, se me infestó, y se me hinchó; lo cuál, obstruyó la circula­ción de la sangre en mi pierna, y me produjo la gangrena.
Y aquí, tan lejos, de mi familia y de mis amigos; -no me sentí tan solo, en esos días, que estuve enfermo y herido; porque durante todo ese tiempo que estuve en cama, en el hospital; recibí la visita, y la caridad de una señora, que todos los días, visitaba a todos los enfermos, -que no tenían familia; y, ella, cada vez que venía a vernos a todos; se detenía y charlaba, un poco más conmigo; -porque me veía: muy triste, solo y sin familia. Y fue, así; que durante todo ese tiempo, que yo estuve hospitalizado, allí; ella, fue; la que me ayudó, a mantener la fe, y la esperanza; y la que alentó, mis ganas y deseos de vivir y de curarme; porque su amistad, y su caridad, -me alentaban y reconfortaban.
Por ese motivo llegamos a conocernos, y nos hicimos muy amigos. Y luego, cuando yo salí del hospital, después que me dieron el alta. Yo, empecé a visitarla, y a cortejarla. Y así fue, que al poco tiempo de conocerla, y de tratarla; yo me enamoré, y me casé, con ella. Tal vez, -un tanto agradecido, o tal vez de verdad enamorado, no lo sé; pero me comprometí y me casé. Esa mujer, con la que me casé: -es hoy, tú madre.

Además, cuando lo decidí; yo me había enterado, que la mujer que yo había dejado en mi pueblo; ya se había casado con otro hombre; -por las noticias que llegaban hasta allí; y que a mí, me llegaron. Y, yo me casé; creyendo que ella me había engañado; y que se había casado, con otro; -porque se había cansado de esperarme; nunca pensé, que ella lo hizo, porque me creía muerto; y que pensaba que yo no iba a regresar más...
Pero en realidad, yo no sabía, -que ella no sabía la verdad. Y que se casó con otro, creyéndome verdaderamente muerto. Pues, debido a que ya hacia mucho tiempo que había terminado la guerra; y a que todos mis compañeros y amigos, habían regresado a sus casas; y, yo no, -lo había hecho. Entonces, ella ya no me esperaba más. Porque, según me cuenta mi hijo, en su carta; su madre, creyó verdaderamente, que yo había muerto en la guerra. -Porque un compañero mío, que había estado en combate conmigo; -así se lo insinuó. Al contarle, que yo había sido llevado del campamento, muy mal herido y con gangrena.
Y así fue que pasado un tiempo, al conocer a otro hombre que le propuso matrimonio; -ella acepto. Sobre todo, porque tenía un hijo a quien criar. Pero, que de esto, yo, no me enteré; hasta el día en que me llegó esta carta; -que me escribía mi hijo, y hijo de ella; el cuál, -yo no conozco. Y que me dice que hoy, -es un hombre grande, y quiere conocerme.
Y pensar... que todos esos años; yo, había vivido, creyendo, que ella me había traicionado, casándose con otro hombre. O que me había olvi­dado. ¿Y sin saber: -que ella había tenido un hijo mío?.
Tampoco, que ella lo hizo, porque no sabía, que yo no había muerto. Y que no había regresado a mi casa; porque cuando estuve enfermo; fui llevado a un hospital, para mi tratamiento o curación. Por eso, yo, al enterarme, al salir del hospital;

-que ella se había casado, y que vivía con otro hombre.

Decidí, que no podía regresar jamás, porque me sentía herido en mi orgullo; y porque pensaba, que ya no tenía porque regresar. Y por eso fue: que decidí, -quedarme aquí para siempre. Porque aquí, había encontrado a otra mujer, que también me amaba; y, a quién, -yo también amaba. Y fue así que me quedé aquí con ella...Tu madre. Aquí, lejos de mi casa y de la familia de mis padres...
Pero todo ocurrió... -le dice: debido, a que me agarró, gangrena, en la pierna; por la cuál, casi me muero. La cuál, se me produjo, durante el trayecto de retirada de los heridos, que duró varios días; -y que debido, a que me se me infectó la herida, la pierna se me hinchó; y por el calor y el torniquete, que tenia para parar la hemorragia; la falta de circulación, en la herida, -me ocasionó la gangrena.
Y, ... cuando me internaron en un hospital, los médicos querían cortarme la pierna, porque según ellos, ya no había ya otra cosa que hacer. Ante esta situación, decidí escaparme del hospital, antes que ellos me corten la pierna; y, fui en busca, -de ayuda externa; pues, otro paciente, en el hospital; me había contado, que había una anciana curandera, que vivía cerca de allí, -que podía curarme...sin contarme la pierna.
Y hasta allí, -llegué; todo rengo y dolorido, con una pierna herida y gangrenada, en muletas. La curandera me atendió y me prometió que me curaría, pero que eso me iba a doler mucho. Y que si era capaz de aguantar, ella lo haría. Y además me dijo; que por mucho tiempo no iba a poder caminar. Pero que iba a quedar bien. Y, ante esa promesa, suya; -yo acepté; y prometí aguantar, y hacer todo lo que ella me diga, con tal de que no le corten la pierna.
Luego que acepté. La curandera me hizo acostar en una cama de madera, hecha con palos labrados y rústica; y allí, estando yo acostado sobre unos cueros; ella, después de limpiarme la herida; me roció con unas resinas en la pierna, y el tobillo; y me dio, unos tragos de aguardiente, y me dijo: -ahora, aguantá hijo...aguantá.
Aguantá, -que ahora viene lo mejor. Me dijo: acercándome una toalla a la boca para que la mordiera. Y la viejecita, se acercó al fuego, donde había una olla de cobre; hirviendo algo, que parecía leche pero que despedía un feo y fuerte olor. Ella me dijo, que era un nitrato de algo y azufre. Luego metió un jarro de hierro con una manija larga y lo llenó. Ella se me acercó, con paso lento y ceremonioso, y sin titubear, me roció con esa cocción infernal, en toda la pierna.
Y mientras yo -gritaba y lloraba de dolor. La pierna me fue quedando -al rojo vivo; -¡pero algo increíble!; después que la viejecita, dejó de rociarme la pierna, con ese líquido, tan caliente; -ya no sentía más dolor. Ella, después; mojó una toalla con agua, y me la puso en la frente; y después, me dejó dormir: Pues yo tenía mucha fiebre, y deliraba dormido...Allí me quedé inconsciente varios días, y estuve deli­rando y gritando o gimiendo, asistido por la curan­dera todo el tiempo; hasta que, -por fin desper­té...mejor.
Y al día siguiente, que desperté; -cuando ya me sentí muy bien; me levanté de la cama, le agra­decí a la curandera y le pagué. Luego me fui de allí, con destino al hospital, antes de que me encuentre -la policía militar. Pues, como yo me había escapado; no quería comprometer a nadie, menos a mi curan­dera; lo que pasaría, si me encontraban allí. Y qué, como ya me sentía bien; -no tenía sentido quedarme, mas tiempo. Los médicos del hospital, cuando regresé, me examinaron; y se sorprendieron, al comprobar, que ya no tenía la gangrena. -No querían creer...lo que había sucedido.
Y así que, después de muchas consultas y discusiones, aceptaron que yo, ya no tenía gangrena; pero decidieron que debería seguir internado, hasta que termine la curación, de mi herida; que ahora parecía, como si hubiera tenido una quemadura; -pues la gangrena había desaparecido. Y así fue, como en el hospital, pasé en cama varios meases; pero esta vez, no por la gangrena; sinó, por las quemaduras, y la herida de bala que todavía tenía en la rodilla.
Y fue en ese tiempo, que estuve internado, que conocí a tu madre; y fue, cuando ella me visitaba, que yo me enamoré. Pues ella acostumbraba a ir, todos los días, a repartir pan a los enfermos y charlar con ellos. Y así, fue que nos hicimos amigos. Y que al poco, tiempo que yo salí del hospital, la fui a visitar a su casa; y la cortejé hasta que nos compro­metimos y nos casamos...

CAPITULO I I

Juancito, después de escuchar su historia, le dice a su papá, que lo comprendía y lo quería más; pero que ahora que conocía la verdad, quería ir a conocer a su hermano, y a sus abuelos. -No puedes hacerlo -ahora, hijo; -le dice su papá. No tenemos como pagarte los pasajes en avión. Y por tierra es imposible. Pues no hay caminos y está muy lejos.
No me importa, -le dice Juancito. Iré por tierra....

¿Pero solo? -le dice su papá. Si papá, yo puedo ir solo. Le contesta Juancito. Acaso tú no me dices que ya estoy muy grande, para hacer tantas cosas. Ahora es el tiempo, que me dejes que te lo demuestre. Esta bien; esta bien, hijo, -le responde; pensando que a Juancito, se le pasaría pronto ese deseo. Le dice: -te dejaré, pero tienes que esperar a que lleguen tus vacaciones; -porque no quiero, que pierdas tus clases. Gracias papá....le dijo Juancito a su papá; -mientras le daba un beso.
Luego se fue a dormir.....y después de esto, no se habló mas del viaje, por mucho tiempo; pero cuando llegaron las vacaciones, Juancito se comenzó a preparar para el gran viaje. Juntando todo lo necesario: comida, ropa y algo de dinero. Mientras tanto, en ese tiempo ya había planeado la ruta que seguiría y el tiempo que demoraría.
Y así, viendo sus padres que su decisión y entu­siasmo, no decaían; y sus preparativos, continuaban; no queriendo desanimarlo, ni contrariarlo; le permitieron viajar. Y pronto llegó el día. Y cuando Juancito, se aprestaba a partir; se despidió de sus padres; y estos, entre llantos y recomen­daciones, lo despidieron; pero, aunque a él, -se lo veía feliz. Pero en su interior, Juancito pensaba así....
"Hacia extraños lugares, hacia mundos tan raros; voy con ánimo alegre, voy con aire resuelto." “Hacia tierras lejanas, hacia mundos extraños, voy buscando el camino: -que me lleve al encuentro, de mi querido hermano”...
Y así, al fin partió. Salió de viaje. Pero sabiendo muy bien, que esto no era sencillo; pues debía viajar por tierras extrañas y desconocidas. En parte en Ómnibus, en parte en camión; una parte en carreta y otra a caballo, ó a pié. También debía hacer, una parte muy larga del viaje, -en lancha a vapor.
Pero lo mejor....era, empezar a viajar. Muy pronto estuvo en camino, y después de varias horas de viaje, llegó a una población llamada el Pailón, al llegar allí no lo esperaba nadie. -¡Que aterrador¡..., -¡que angustia!, pero ya no podía volverse atrás, la realidad era esa. Así que estuvo un momento, muy quieto y pensativo, pero poco después, pensó, que lo mejor era continuar; buscaría un lugar donde dejar sus cosas, hasta averiguar, como conseguir transporte, -para seguir su viaje.
Después de dejar sus cosas en una casa, y de preguntar un poco, le dijeron: que hasta el otro día no salía nadie para San Ignacio. Que era el próximo pueblo hasta donde debería ir, para continuar su viaje. Y que un tal señor Vargas -iba a llevar una carga hasta allí. Que era la próxima población de su itinerario a seguir en su viaje. Así, que sin pensar más, se fue a verlo. Y después de contarle su historia y su problema; él prometió que lo ayudaría, y lo llevaría con él. Pero que ellos partirían muy temprano. Y le dijo:

- Saldremos, como a eso de las cuatro de la mañana; por lo tanto, -creo que tú deberías dormir en el camión, para no quedarte.
Y así lo hizo Juancito. Y al otro día, -salieron muy temprano de viaje. El camino fue largo y caluroso; lleno de mosquitos y de insectos molestos. Y tuvieron varios contratiempos; algunas veces, porque el camión se atascaba en algún pantano; y otra fue, cuando se les dio vuelta, y debieron enderezarlo y cargarlo de nuevo. Pero, al fin, después de varias horas de viaje: - casi, -un día y medio; llegaron a San Ignacio.
Allí se enteró; -que para ir a Trinidad, la próxima localidad -que seguía en su itinerario, no había ningún transporte. Porque los caminos y los ríos no lo permitían, así que debía viajar en mula o a caballo.
Pronto ubicó unos arrieros que llevaban mulas y que viajarían ese mismo día; así que se fue a verlos y se ofreció a servirlos y pagarles algo si los llevaban con ellos. Estos aceptaron. El jefe de esta cuadrilla era un señor alto blanco y de bigotes -llamado Ricardo Salas; y parece que nuestro amigo les cayó simpático, pues aceptaron inmediatamente, llevarlos con ellos; además, después; -a la hora de comer; lo invitaron a sentarse a comer con ellos. Y también, a la cena; los cuales, después de charlar un poco entre ellos; le contaron un cuento, antes que se fuera a dormir, y que según ellos; -esta historia, era parecida a la suya...

EL TESORO ESCONDIDO

(Cuento Juvenil)

En una familia muy modesta, había un joven muy guapo y valiente llamado Bartolean, que decidió irse de su casa a rodar el mundo (por aquellos días, los jóvenes y los niños; acostumbraban irse de la casa, después de cierta edad, -a rodar el mundo; que es como decir ahora: ir a otro lado, -a buscar trabajo; o, ir; -a buscarse la vida).
Bartolean se le acercó a su padre y le dijo: -padre; -dame tu bendición; porque me quiero ir a rodar el mundo.

Entonces el padre le dijo: te doy mi bendición, hijo mío; y vé, con Dios y con suerte; a buscar tu destino, en otros pueblos, en otros reinos o en los caminos; pero no olvides volver a tu casa, si te va mal. Lleva mi bendición y este consejo:

"no juzgues a nadie sin conocerlo", ”-porque, con la vara que tu midas, - serás medido".
Luego fue donde su madre; también a pedirle su bendición, y al encontrarla, se le acercó y le dijo: -madre¡, -dame tu bendición porque quiero irme a rodar el mundo. La madre lo miró dulcemente a los ojos, y le dijo:

-¡hijo mío!, que grande estas, como has cre-cido; pero para lo que te atreves a emprender...hoy, -aún eres un niño. Pero, -yo te bendigo, y le pediré a Dios en mis oraciones para que cuide de ti. Solo te daré un consejo:

"Haz bien, y no mires a quien; ni jamás, -devuelvas mal por bien".

Dicho esto, la madre le preparó un poco de comida para el camino, y le entregó una bolsa con provisiones; luego, lo acompaño y lo despidió desde el portal; lo abrazó, lo besó y le dijo:

-adiós, ¡hijo mío!... Y, después, levantando las manos; ambos se siguieron despidiendo, -mientras Bartolean, se alejaba de allí. Así, fue; como emprendió su camino, y se alejó de su casa apresurada-mente.
Caminó, caminó y caminó..., durante horas...y horas. Pasando por ríos, arroyos y quebradas; e internándose cada vez más, en lo más profundo del bosque.
Pero, cuando estaba llegando la noche; Bartolean, empezó a buscar un refugio, para pasar la noche, y para evitar un ataque, de algún depredador nocturno; y, por el peligro que significan los animales y las alimañas; pero como no encontraba, nada apropiado; decidió pasar la noche, arriba de un árbol; y buscando y buscando; uno, en el camino. Encontró un frondoso y hermoso árbol; en medio de un claro del bosque; se acomodó en la copa del árbol; y se amarró para no caerse. Luego, se durmió profundamente, por el cansancio y por el silencio de la noche. Pero cuando estaba, en su mejor sueño; lo despertó el murmullo y los gritos de gente, que parecía: -que llegaban de todos lados.
En silencio vio, como unos hombres, raros, (por sus rasgos de animales y con cola); se acomo­daban por debajo de él. Y; -él, que desde allí los distingue; medio escondido, para que no lo vean (porque la media luna alumbraba muy tenuemente). Veía, como se acomodaban y sentaban en medio de aquel claro; y también, podía escuchar y entender, todo lo que charlaban o decían.
Así fue, como se enteró, que todos eran diablos, en comisión; y que cada uno, se especiali­zaba en hacer algún tipo de maldad; además, eran conocedores de la gente, de su problemas y de sus necesidades; lo que se notaba, -cuando decían: -que disfrutaban de ello; porque ellos, se encargaban de ponerle más obstáculos.
Todos los diablos, charlaban y reían entusiasmadamente, esa noche; mientras bebían alguna bebida desconocida, que ellos habían traído consigo mismo; ¡cuando de pronto!- :

-llegó un diablo muy especial; un diablo, flaco y alto, con barbas; y con unas patas que parecían de carnero.
Todos los presentes, se pararon y lo saluda­ron; por lo que a él, le pareció; que este era el jefe. Así, lo comprobó, porque éste diablo, empezó inmediatamente, a pasar revista, a todos los presen­tes; y ha preguntarle, a todos y a cada uno; de sus acciones de maldad, y de pedirles, que las describan; y después, escucharlos relatar, a todos: uno por uno; sobre las acciones de maldad, que habían hecho, ese día. Y así, fue, como él, pudo escuchar; contar, a todos ellos, su historia diabólica del día; y hubo algunas que llegaron a interesarle.
Un diablo, medio petiso y panzón y con cara de sapo y ojos de víbora, dijo:

-yo, he colocado en el pozo de agua, del pue-blo -del Rey Secaron; del reino del Oeste; un sapo gigante que se bebe toda el agua, del único pozo que tiene el pueblo, y todos sus vasallos están muriendo de sed; y que sólo, pueden curar el pozo, si consiguen matar al sapo; pero para ello necesitarían un poco de la corteza de este árbol para ponerla en el agua del pozo; y el sapo se moriría inmediata-mente; pero como ellos no lo saben; están sufriendo de sed, y van a sufrir hasta morir. ¡Bravo!, ¡bravo!...dijeron todos; -¡que bien!, -¡que bien!.
Entonces... otro diablo...muy flaco y con cara de lombriz, les dice:

-yo dejé ciego al Rey Nubarrón; que es el rey del reino del Sur; cuando le rocié en los ojos un poco de polvo, -de abrojos venenosos; y sólo se curará, si se lava los ojos con las agua de una infusión hecha con las hojas de este árbol; de lo contrario quedará así para siempre; y el pueblo sufrirá porque lo quiere, -¡que bien!, -¡que bien!...le gritaron todos.
Luego, otro diablo, con cara de culebra y voz de trueno les dijo: yo volví loco, al Rey Astorís, del reino del naciente; cuando le hice escuchar mis melodías satánicas y le llenaba el castillo de ratas y cucarachas; y sólo se curará si bebe un poco del jugo de la raíz de este árbol ; de lo contrario, morirá en poco tiempo: y su pueblo sufrirá por ello....¡bravo! -dijeron todos, -¡que bien!, -¡que bien!.
Yo, dijo inmediatamente; otro diablo con cara de lechuza y ojos encendidos, -como brasas; dejé paralítica a la hija del Rey Peniades, del reino del norte, cuando le hice oler el perfume de la orquídea negra; y sólo se curará si huele un poco del polen de las flores de este árbol;

-¡que bien!, -¡que bien!, gritaron todos.
Luego, cuando amanecía; todos los diablos empezaron a irse, de aquel lugar, hacia sus respectivos territorios; y pronto, Bartolean quedó solo, y pudo bajarse del árbol y emprender su camino apresuradamente; pero sin olvidar, ningún detalle de aquella reunión nocturna; y sabiendo que hacer; ahora, que la suerte le había brindado la posibilidad de ayudar a mucha gente. No, sin antes, llevar un poco de corteza, de hojas, de raíz y de polen del árbol Mályumalo.
Así, qué; lo primero que se le ocurrió fue; ir hacia el reino que estaba muriendo de sed; y al llegar al mismo, se detuvo a escuchar el bando que pregonaba un mensajero, que también estaba muriendo de sed y con voz ronca y sin aliento decía:

-el Rey Secaron, dará la mitad de su reino, al hombre, mujer, mago o hechicero que consiga curar el pozo de agua; y evitar que la gente del pueblo muera de sed, y el pueblo desaparezca.
El rey Secaron agradecido; le dará, además, a la persona que devuelva el agua al pozo; -el título de príncipe; además de la mitad de sus tierras. Y así, lo repetía; una y otra vez:

"El Rey Secaron....y le dará......y de príncipe....".

Y así, que Bartolean se acercó al palacio; y le comunicó a un guardia que él quería ver al Rey; porque él sabía, -porqué el pozo estaba seco; y como se lo podía curar.
Inmediatamente, al escuchar esta noticia; fue llevado por los guardias, a la presencia del Rey; y cuando estuvo frente al Rey, le explicó que el sabía que el pozo estaba seco, porque en el vivía un sapo gigantesco que se tomaba toda el agua, que había sido puesto por un diablo perverso; y que la única manera, -de librarse de él, era, dándole de comer un poco de la corteza de un árbol, cuyas maderas el traía en su bolso.
Y que para ello necesitaba, preparar un delicioso bocado; para usarlo como carnada para el sapo. El Rey, después de escucharlo, le creyó, por la manera convincente que Bartolean lo decía; Y entonces... ordenó preparar un gigantesco pan; al que le pusieron un poco de la corteza del árbol, que Bartolean había traído consigo, además. dentro del pan le pusieron un arpón , con una cuerda, y cuando todo estuvo listo;

-todos se dirigieron al pozo de agua, -a arrojar el pan.
En el momento que estaban por arrojar dicho pan, al pozo; ya se había reunido todo el pueblo, a presenciar los preparativos; el Rey, la Reina los Príncipes, toda la corte, los guardias y todos los vasallos del pueblo;

luego... le arrojaron el pan, con una cuerda; y esperaron;(Bartolean les había dicho que esperaran a que el sapo tirara de la cuerda, para sacarlo) y al cabo de pocos minutos se sintió el primer tirón pero muy débil, así que Bartolean les dijo que esperasen un poco más;

pero luego se sintió que tiraba de la cuerda con más fuerza y desesperación, pero al poco tiempo se quedó quieto; ese fue el momento en que Bartolean les pidió que tiraran de la cuerda;

entonces todos empezaron a tirar, todos al mismo tiempo, y él también, tubo que ayudar a la gente del pueblo, a tirar de la cuerda; porque el sapo era muy grande y muy pesado; pero al cabo de unas horas, consiguieron sacarlo.
Era un sapo descomunal, -¡muy impresionante!; como de dos metros de largo. Esa noche, todo el pueblo festejó la vuelta del agua y se celebró el nombramiento del nuevo príncipe; y le dieron los títulos de la tierra y sus dotes.

Bartolean estaba muy contento de tanto agra-decimiento; pero les dijo, -que se tenía que ir, al otro día; porque debía ir, en ayuda de otros pueblos, que lo necesitaban, igual que ellos. Pero que después volvería a vivir con ellos.

Así fue, que al otro día, Bartolean se despidió del pueblo, y siguió su viaje.
Bartolean siguió su camino, hasta que llegó al reino del Rey Nubarrón, y al llegar vió como toda la aldea estaba triste, porque su Rey estaba ciego; y como ellos lo querían machismo; así que, sin perder mas tiempo;

-se presentó en el palacio y les dijo: yo puedo curar a su Rey, de la ceguera que el tiene; pues tengo conmigo un remedio que podrá curarlo. Así, que pidió permiso, para dárselo al Rey; -y todos le dijeron que,...¡sí!...
Bartolean, entonces...,pidió, que le dejaran preparar una infusión con las hojas, que el había traído; para lavarle los ojos al Rey. Y así lo hicieron, y después de lavarle los ojos al Rey: - el Rey se curó .

Luego, al verlo curado a su Rey, todos se sintieron muy felices; y estaban contentos y agradecidos con Bartolean; así que esa noche hicieron una gran fiesta; y en ella, el Rey le obsequió valiosas joyas y tesoros, además lo nombró caballero de honor del Rey.

Con todo... Bartolean tenía que seguir su viaje; así que se despidió de todos, dejándolos muy triste por su partida; y siguió su camino.
Luego Bartolean se dirigió hacia el reino del naciente, en donde estaba enfermo de locura, el Rey Aromo; y su esposa, la reina Gancya estaba desesperada, y el pueblo sufría con ella.

Gancya, había ofrecido una fortuna, a quien pudiera curar a su esposo, pero nadie había podido hacerlo hasta ahora. A pesar de que habían venido, médicos, hechiceros magos y curanderos de todas partes.
En esas circunstancias, se presentó Bartolean, ofreciendo sus servicios a la Reina; y le dice, que el curará al rey Aromo, si ella accedía a hacer lo que el le pida;

-ella observándolo cuidadosamente, vió en él, a un joven honesto y bondadoso; así que aceptó inmediatamente; tal vez, porque esta, era una nueva esperanza para la cura de su esposo.
Luego Bartolean le dice, que se le debe dar de beber al rey, una infusión preparada con la raíz de un árbol, cuyas raíces el traía; y el rey se curará. Y así lo hicieron, y pronto, poco después de beber la infusión,

-el rey se curó.

Y al verlo curado, todos quedaron muy contentos y agradecidos con Bartolean; y le obsequiaban: vestidos, telas, joyas, etc.,etc.
Cuando terminaron los agasajos, los festejos y los regalos; Bartolean, continuó su camino hacia otro reino; queriendo ayudar a la princesa Maryliana que se encontraba petrificada, y que vivía en el reino del oeste..., y, -fue hacia allí.

Y al llegar a su reino, se hizo anunciar y llevar ante los reyes, y se presentó ante ellos diciendo: yo soy el príncipe Bartolean del reino del norte y he venido a curar a la princesa, Maryliana. Y, traigo conmigo, un remedio infalible, -les dice;

-ya con más confianza; y les aseguro, que ella se curará... Y les dice nuevamente; -perro necesito de su confianza, y de su consentimiento. Entonces los reyes, después de escucharlo, y de verlo tan sincero y tan seguro, de lo que decía; no sólo accedieron a darle su consentimiento para que él la curase, sino que además le ofrecieron la mano de su hija, si lo hacía.
Entonces, Bartolean sin decir nada, extrajo de su bolsa, una pequeña bolsita, en la que llevaba un poco del polen, de las flores del árbol Malyúmalo. Luego, sacó un poco de ese polvo, con sus dedos, y empezó a regar con el, a la princesa; ella estaba pálida y dura, pero a medida que le iba cayendo el polvo encima, se empezó a ruborizar y a mover suavemente.

Ella, estaba consciente, todo el tiempo, de lo que pasaba a su alrededor, pero no podía hablar. Hasta que por fin dijo: -¡gracias!...-¡gracias!, gracias a ti, -joven príncipe; -estoy bien...y estoy curada.
Todos gritaron, y saltaron de alegría. Mientras los padres, de la princesa, lloraban de alegría y decían: nosotros también te damos las gracias príncipe Bartolean, y te queremos entregar por esposa a nuestra hija, -si vos la aceptas.
Bartolean, consciente y respetuoso de los sentimientos y pensamientos de la princesa, -les dice: -No puedo aceptar este honor, como premio, por este acto de humanidad.

Sólo lo aceptaré, si ella también me acepta...

-entonces...La princesa Maryliana, lo miro dulce, y fijamente a los ojos. Con esos sus ojos bellos, grandes y azules; y después de envolverlo con su mirada, le dijo:
-Yo, también... te acepto por esposo, Príncipe Bartolean. -Sí, dijo Bartolean. -Gracias. Y todos aplaudieron y saltaron de alegría con la noticia.
Y aquella noche, en aquel lugar; se celebró el compromiso formal del príncipe Bartolean con la princesa Maryliana; y al otro día, se mandaron emisarios para todos lados, a dar la noticia; e invitaciones, para la boda.
Y se llevó invitación: al Rey Secaron, al Rey Nubarrón, al Rey Aromo; y también, mandaron a buscar a la madre de Bartolean; cuya viejecita, estaba triste y desconsolada; porque Bartolean, no regresaba, y porque además, había quedado sola, hacia muy poco tiempo; -porque su esposo, había muerto.
Bartolean, lloró...ese día, al enterarse de la noticia, de la muerte de su padre; pero pronto se consoló, porque tenía a su lado a la princesa Maryliana; que le estaba ofreciendo su amor, y que esperaba casarse con él;

Y así fue, pronto llegó el gran día. Y, todo el reino, estuvo de fiesta; adornado y preparado para la gran boda. La madre de Bartolean, estaba presente, y se la veía muy feliz y orgullosa de su hijo; él, también estaba contento, y muy feliz de volverla a ver.
Así que aquella noche se celebró la boda; y estaban presente todos los amigos de Bartolean; e inclusive, estaban presentes los cuatro diablos implicados, por sus bromas; porque Bartolean había tenido el sumo cuidado de nombrarlos -testigos y padrinos de su boda.

Y ellos también, después de la boda, quisieron obsequiarle algo a Bartolean;

y el primero, de ellos, Sequifer le dice: -a causa de lo que me haz hecho, como castigo, tendrás muchos hijos;

el segundo diablo, Tiniebler, también se le acerca y le dice:

-a causa de lo que me haz hecho, tú y tu esposa, tendrán una larga vida;

un tercer diablo llamado Locufer, mirando a los novios les dice:

-yo haré que su amor perdure, eternamente, para que no puedan separarse nunca;

...y por último, el cuarto diablo, llamado Paratifer, poco amistoso, pero contento de asistir a la boda de Bartolean y la princesa, les dice:

-yo multiplicaré sus bienes, para que no puedan disfrutar de la pobreza, y deberán vivir la vida, solo para servir y amar a su pueblo y sus amigos, eternamente.
Así fue, como, con todos esos regalos recibidos: la felicidad del cielo, les fue dada; y el tormento del infierno, les fue negado. Y luego de la boda, Bartolean, se fue de luna de miel...

Y después de la luna de miel; los novios se fueron a vivir al palacio, que Bartolean tenían en las tierras de Secaron... Y vivieron muy felices. Pues, fueron muy buenos reyes con sus súbditos, y los querían y los servían. Y ellos les correspondían, amándolos y sirviéndolos con alegría.

CAPITULO I I I

La caravana, en cuadrilla, en que viajaba Juancito; pronto, después de dos días de viaje, -llegó a Trinidad. Pero a Juancito le pareció una eternidad; aunque pronto se le pasó el malestar, al entrar al pueblo; este era un pueblo muy lindo, y muy parecido a su pueblo, natal; pues aquí, habían carretas, negocios y algunos talleres. Después de despedirse de sus amigos se fue en busca de alojamiento. Y se acercó a una casa y les contó su historia. Y que iba de viaje hacia Riberalta; que había venido en una caravana de muleros, y él debía seguir su viaje solo. La gente se conmovió y compadeció de él, y le dio alojamiento.
Pronto, Juancito, -encontró en que ayudarles; y así, se ganó la voluntad y el afecto de la gente, que lo invitó a comer con ellos. Además, le prometieron que lo conectarían con el dueño de un barco que viajaba hacia allí. Sólo que el vapor venía cada diez días. Por lo tanto, debía esperar algunos días, pero que el barco, ya estaba por regresar.
Todos los días, que faltaban, hasta la llegada del barco; Juancito, se quedó en aquella casa, que le brindó su hospitalidad. Y cortaba leña, y sacaba agua del pozo para ellos; él, mantenía llenas las vasijas y los bebederos. Por lo que la gente de allí, estaba muy contenta y agradecida con él.
Por eso le prometieron darle unos pesos para su viaje. Y cuando llegó el día, que vino el vapor; el dueño de casa, y él, se fueron a ver al dueño del barco; para hablarle, y pedirle: -si podía llevar a Juancito, hasta Guayaramerin; que era el próximo destino de su viaje; para luego seguir, -hasta Riberalta.
El Capitán, le prometió que lo llevaría, sin cobrarle ni un peso; pero a cambio, él debería trabajar duro y ayudarlos con la limpieza del barco. Juancito aceptó, y su acompañante también. Así que ambos se despidieron, pero antes de irse, este señor le dejó los pesos que le prometió. Luego, su amigo se alejó lentamente....Y Juancito, se quedó nuevamente solo, -en manos de gente extraña.
Pronto Juancito comenzó a trabajar en el barco y se sintió como en casa. Aunque tuvo que limpiar la cubierta, el depósito y los dormitorios. También ayudó a subir la carga, que consistía en cueros, carne seca y otros víveres, como grasa, sal y arroz.
El dueño del barco, estaba complacido con el muchacho, y por eso lo invitó a comer con ellos, a su mesa. Todos comieron y bebieron, y mientras charlaban y reían, contaban las anécdotas de sus viajes. Pero viendo que a Juancito no le interesaban, sus historias, le dijeron: -ahora te vamos a contar algo, para vos, antes de que te vayas a dormir. Inspirado por el aguardiente, uno de ello comenzó así....
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