2003,© D. R., Universidad Nacional Autónoma de México, dgsca, Coordinación de Publicaciones Digitales, Ciudad Universitaria, México D. F. 04510






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Introducción



Contando con el auxilio de toda la gente, que traían de la región de Tlaxcala, los españoles se encaminaron derecho hacia México. Los textos de los informantes de Sahagún (Códice Florentino) que a continuación se transcriben, comienzan por describir el orden como hicieron su aparición los diversos cuerpos del ejército de los conquistadores. 

    Acercándose a México por el sur, por el rumbo de Iztapalapa, llegaron hasta Xoloco, lugar que como dice don Fernando de Alva Ixtlilxúchitl se llamó después San Antón y se encuentra por la llamada actualmente Calzada de San Antonio Abad. El mencionado Ixtlilxúchitl en su XIII relación, indica la fecha precisa en que esto tuvo lugar: el de 8 noviembre de l5l9. 

   Frente a frente, Motecuhzoma y Cortés, sostuvieron un diálogo que nos conservan puntualmente los informantes de Sahagún. Motecuhzoma llegó a exclamar entonces: "No, no es sueño, no me levanto del sueño adormilado, no lo veo en sueños, no estoy soñando... es que ya te he visto, es que ya he puesto mis ojos en tus ojos ..." 

   El texto que aquí se transcribe se refiere luego a la estancia misma de los conquistadores en la gran capital y a sus intrigas y empeños por adueñarse del oro guardado en la casa del tesoro. 

   Al final de este capítulo se ofrecen las breves palabras de la ya aludida décima tercera relación "de la venida de los españoles", escrita por Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, que confirma en resumen las palabras de los informantes indígenas de Sahagún.   

Motecuhzoma sale al encuentro de Cortés

Así las cosas, llegaron (los españoles) hasta Xoloco.1 Allí llegan a su término, allí está la meta. 

    En este tiempo se adereza, se engalana Motecuhzoma para ir a darles el encuentro. También los demás grandes príncipes, los nobles, sus magnates, sus caballeros. Ya van todos a dar el encuentro a los que llegan. 

    En grandes bateas han colocado flores de las finas: la flor del escudo, la del corazón; en medio se yergue la flor de buen aroma, y la amarilla fragante, la valiosa. Son guirnaldas, con travesaños para el pecho. 

    También van portando collares de oro, collares de cuentas colgantes gruesas, collares de tejido de petatillo. 

    Pues allí en Huitzillan les sale al encuentro Motecuhzoma. Luego hace dones al capitán, al que rige la gente, y a los que vienen a guerrear. Los regala con dones, les pone flores en el cuello, les da collares de flores y sartales de flores para cruzarse el pecho, les pone en la cabeza guirnaldas de flores. 

    Pone en seguida delante los collares de oro, todo género de dones, de obsequios de bienvenida. 

Diálogo de Motecuhzoma y Cortés

Cuando él hubo terminado de dar collares a cada uno, dijo Cortés a Motecuhzoma: ¿Acaso eres tú? ¿Es que ya tú eres? ¿Es verdad que eres tú Motecuhzoma? 

    Le dijo Motecuhzoma. 

    -Si, yo soy. 

    Inmediatamente se pone en pie, se para para recibirlo, se acerca a él y se inclina, cuanto puede dobla la cabeza; así lo arenga, le dijo: 

    -"Señor nuestro: te has fatigado, te has dado cansancio: ya a la tierra tú has llegado. Has arribado a tu ciudad: México. Aquí has venido a sentarte en tu solio, en tu trono. Oh, por tiempo breve te lo reservaron, te lo conservaron, los que ya se fueron, tus sustitutos. 

    Los señores reyes, Itzcoatzin, Motecuhzomatzin el Viejo, Axayácatl, Tizoc, Ahuítzotl. Oh, que breve tiempo tan sólo guardaron para ti, dominaron la ciudad de México. Bajo su espalda, bajo su abrigo estaba metido el pueblo bajo. 

    ¿Han de ver ellos y sabrán acaso de los que dejaron, de sus pósteros? 

    ¡Ojalá uno de ellos estuviera viendo, viera con asombro lo que yo ahora veo venir en mi! 

    Lo que yo veo ahora: yo el residuo, el superviviente de nuestros señores. 

    No, no es que yo sueño, no me levanto del sueño adormilado: no lo veo en sueños, no estoy soñando . . . 

    ¡Es que ya te he visto, es que ya he puesto mis ojos en tu rostro!... 

    Ha cinco, ha diez días yo estaba angustiado: tenía fija la mirada en la Región del Misterio. 

    Y tú has venido entre nubes, entre nieblas. 

    Como que esto era lo que nos habían dejado dicho los reyes, los que rigieron, los que gobernaron tu ciudad: 

    Que habras de instalarte en tu asiento, en tu sitial, que habrías de venir acá... 

    Pues ahora, se ha realizado: ya tú llegaste, con gran fatiga, con afán viniste. 

    Llega a la tierra: ven y descansa; toma posesión de tus casas reales; da refrigerio a tu cuerpo. 

    ¡Llegad a vuestra tierra, señores nuestros!" 

    Cuando hubo terminado la arenga de Motecuhzoma: la oyó el Marqués, se la tradujo Malintzin, se la dio a entender. 

    Y cuando hubo percibido el sentido del discurso de Motecuhzoma, luego le dio respuesta por boca de Malintzin. Le dijo en lengua extraña; le dijo en lengua salvaje: 

    Tenga confianza Motecuhzoma, que nada tema. Nosotros mucho lo amamos. Bien satisfecho está hoy nuestro corazón. Le vemos la cara, lo oímos. Hace ya mucho tiempo que deseábamos verlo. 

    Y dijo esto más: 

    Ya vimos, ya llegamos a su casa en México; de este modo, pues, ya podrá oír nuestras palabras, con toda calma. 

    Luego lo cogieron d ela mano , con lo que lo fueron acompañando. Le dan palmadas al dorso, con que le manifiestan su cariño. 

En cuanto a los españoles, lo ven, ven cosa por cosa. Apean del caballo, suben de nuevo, bajan otra vez, al ir viendo aquello. 

    Y éstos son todos los magnates que se hallaron a su lado: 

    El primero, Cacamatzin, rey de Tetzcuco. 

    El segundo, Tetlepanquetzaltzin, rey de Tlacopan. 

    El tercero, Itzcuauhtzin, el Tlacochcálcatl, rey de Tlatilulco. 

    El cuarto, Topantemoctzin, tesorero que era de Motecuhzoma en Tlatilulco. 

    Estos estuvieron allá en hilera. 

    Y éstos son los demás príncipes de Tenochtitlan: 

    Atlixcatzin, Tlacatécatl . 2

    Tepeoatzin, Tlacochcálcatl. 3

    Quetzalaztatzin ,tizacahuácatl,4

    Totomotzin. 

    Hecatempatitzin., 

    Cuappiatzin. 

    ¡Cuando fue preso Motecuhzoma, no más se escondieron, se ocultaron, lo dejaron en abandono con toda perfidia! ...   

Entrada de los españoles a México-Tenochtitlan

Y cuando hubieron llegado y entrado a la Casa Real, luego lo tuvieron en guardia, lo mantuvieron en vigilancia. No fue exclusivo de él, también a Itzcuauhtzin juntamente. En cuanto a los demás salieron fuera. 

    Y así las cosas, luego se disparó un cañón: como que se confundió todo. Se corría sin rumbo, se dispersaba la gente sin ton ni son, se desbandaban, como si los persiguieran de prisa. 

    Todo esto era así como si todos hubieran comido hongos estupefacientes, como si hubieran visto algo espantoso. Dominaba en todos el terror, como si todo el mundo estuviera descorazonado. Y cuando anochecia, era grande el espanto, el pavor se tendia sobre todos, el miedo dominaba a todos, se les iba el sueño, por el temor. 

    Cuando hubo amanecido, luego se dio pregón de todo lo que se necesitaba para ellos: tortillas blancas, gallinas de la tierra fritas, huevos de gallina, agua limpia, leña, leña rajada, carbón. Cazoletas anchas, tersas y pulidas, jarritos, cántaros, tacitas, y en suma, todo artefacto de cerámica. Esto era lo que había mandado Motecuhzoma. 

    Pero los principales a quienes mandaba esto, ya no le hacían caso, sino que estaban airados, ya no le tenían acatamiento, ya no estaban de su parte. Ya no era obedecido. 

    Y, sin embargo, llevaban en bateas, daban todo aquello que se requería. Cosas de comer, cosas de beber y agua y pastura para los caballos. 

Los conquistadores muestran su interés por el oro

Cuando los españoles se hubieron instalado, luego interrogaron a Motecuhzoma tocante a los recursos y reservas de la ciudad: las insignias guerreras, las escudos; mucho le rebocaban y mucho le requerían el oro. 

    Y Moctecuhzoma luego los va guiando. Lo rodeaban, se apretaban a él. Él iba en medio, iba delante de ellos. Lo van apretando, lo van llevando en cerco. 

    Y cuando hubieron llegado a la casa del tesoro, llamada Teucalco, luego se sacan afuera todos los artefactos tejidos de pluma, tales como travesaños de pluma de quetzal, escudos finos, discos de oro, collares de los dioses, las lunetas de la nariz, hechas de oro, las grebas de oro, las ajorcas de oro, las diademas de oro. 

    Inmediatamente fue desprendido de todos los escudos el oro lo mismo que de todas las insignias. Y luego hicieron una gran bola de oro, y dieron fuego, encendieron, prendieron llama a todo lo que restaba, por valioso que fuera: con lo cual todo ardió. 

    Y en cuanto al oro, los españoles lo redujeron a barras, y de los chalchihuites, todos los que vieron hermosos los tomaron; pero las demás de estas piedras se las apropiaron los tlaxcaltecas. 

   Y anduvieron por todas partes, anduvieron hurgando, rebuscaron la casa del tesoro, los almacenes, y se adueñaron de todo lo que vieron, de todo lo que les pareció hermoso. 
 
 

Los españoles se apoderan de las riquezas de Motecuhzoma

Van ya en seguida a la casa de almacenamiento de Motecuhzoma. Allí se guardaba lo que era propio de Motecuhzoma, en el sitio de nombre Totocalco.5 Tal como si unidos perseveraran allí,como si fueran bestezuelas, unos a otros se daban palmadas: tan alegre estaba su corazón 

 



Los españoles funden los presentes de oro (Códice Florentino)

    Y cuando llegaron, cuando entraron a la estancia de los tesoros, era como si hubieran llegado al extremo. Por todas partes se metían. todo codiciaban para sí, estaban dominados por la avidez. 

    En seguida fueron sacadas todas las cosas que eran de su propiedad exclusiva; lo que a él le pertenecía, su lote propio; toda cosa de valor y estima: collares de piedras gruesas, ajorcas de galana contextura, pulseras de oro, y bandas para la muñeca, anillos con cascabeles de oro para atar al tobillo , y coronas reales, cosa propia del rey, y solamente a él reservada. Y todo lo demás que eran sus alhajas, sin número. 

    Todo lo cogieron, de todo se adueñaron, todo lo arrebataron como suyo, todo se apropiaron como si fuera su suerte. Y después que le fueron quitando a todo el oro, cuando se lo hubieron quitado, todo lo demás lo juntaron, lo acumularon en la medianía del patio, a medio patio: todo era pluma fina. 

    Pues cuando de este modo se hubo recolectado todo el oro, luego vino a llamar, vino a estar convocando a todos los nobles Malintzin. Se subió a la azotea, a la orilla de la pared se puso y dijo: Mexicanos, venid acá: ya los españoles están atribulados. Tomad el alimento, el agua limpia: todo cuanto es menester. Que ya están abatidos, ya están agotados, ya están por desmayar. ¿Por qué no queréis venir? Parece como que estáis enojados. 

    Pero los mexicanos absolutamente ya no se atrevieron a ir allí. Estaban muy temerosos, el miedo los avasallaba, estaban miedosos, una gran admiración estaba sobre ellos, se había difundido sobre ellos. Ya nadie se atrevía a venir por allí: como si estuviera allí una fiera, como si fuera el peso de la noche. 

   Pero no obstante esto, no los dejaban, no eran abandonados. Les entregaban cuanto había menester, aunque con miedo lo entregaban. No más venían temerosos, se llegaban llenos de miedo y entregaban las cosas. Y cuando se habían acercado, no más se volvían atrás, se escabullían de prisa, se iban temblando. 6  

El testimonio de Alva lxtlilxóchitl

Y asi otro dia (8 de noviembre de 1519 ) salió Motecuhzoma con su sobrino Cacama y su hermano Cuitlahua, y toda su corte a recibir a Cortés, que ya a esta ocasión estaba en donde es ahora San Antón, que después de haberlo recibido lo llevó a su casa, y lo hospedó en las casas de su padre el rey Axayaca, y le hizo muchas mercedes, y se ofreció de ser amigo del emperador, y recibir la ley evangélica, y para el servicio de los españoles pusieron mucha gente de Tetzcoco, México y Tlacopan. Y después de cuatro días los españoles estaban en México muy contentos, servidos y regalados..7




1Xoloco: "en la bifurcación". Sitio donde se bifurcaba la calzada que conducía a México.
2Tlacatécatl: "el que acomoda a los hombres". Título militar, propio de quien había hecho cautivos.
3 Véase nota 3 del capitulo II.
4 Tizacahuácatl: "el que tiene la tiza o greda": funcionario de Tenochtitlan.
5Totocalco:"En el lugar de la casa de las aves." Nombre del jardín zoológico de Tenochtitlan.
6 Informantes de Sahagún: Códice Florentino, lib. XII. caps. XVI y XVII. (Versión de Angel Ma. Garibay K.)
7 Alva Ixtlilxóchitl, Fernando, XIII relación "De la venida de los españoles y principio de la ley evangélica."




Introducción



Establecidos ya los españoles en México-Tenochtitlan Motecuhzoma se convirtió prácticamente en prisionero de Cortés. Varios textos indígenas como el Códice Ramírez, la XIII relación de Ixtlilxóchitl, el Códice Aubin, etcétera, se refieren de manera directa a la matanza preparada por don Pedro de Alvarado, durante la fiesta de Tóxcatl, 1 celebrada por los nahuas en honor de Huitzilopochtli. 

    Hernán Cortés se había ausentado de la ciudad para ir a combatir a Pánfilo de Narváez, quien había venido a aprehender al conquistador por orden de Diego Velázquez, gobernador de Cuba. Alvarado "el Sol", como lo llamaban los mexicas, alevosamente llevó al cabo la matanza, cuando la fiesta alcanzaba su mayor esplendor. 

    Aquí se ofrecen dos testimonios, conservados en náhuatl y que pintan con un realismo comparable al de los grandes poemas épicos de la antiguedad clásica, los más dramáticos detalles de la traición urdida por Alvarado. 

    Primeramente oiremos el testimonio de los informantes indígenas de Sahagún, que nos narran los preparativos de la fiesta, el modo como hacían los mexicas con masa de bledos la figura de Huitzilopochtli y por fin, cómo en medio de la fiesta, de pronto los españoles atacaron a traición a los mexicas. Los informantes nos hablan en seguida de la reacción de los nativos, del sitio que pusieron a los españoles refugiados en las casas reales de Motecuhzoma. El cuadro se cierra, cuando llega la noticia de que vuelve Cortés. Los mexicas "se pusieron de acuerdo en que no se dejarían ver, que permanecerían ocultos, estarían escondidos . . . como si reinara la profunda noche . . ." 

    Después de transcribir el texto de los informantes de Sahagún, se ofrecerá también en este capítulo la breve pintura que de la misma matanza de la fiesta de Tóxcatl nos da el autor indígena del Códice Aubin. Se trata de un pequeño cuadro acerca del cual Garibay ha escrito: "Literariamente hablando, a ninguna literatura le viene mal tal forma de narración, en que vemos, viviendo y padeciendo, al pueblo de Tenochtitlan ante la acometida del Tonatiuh (Alvarado), tan bello como malvado".   

Los preparativos de la fiesta de Tóxcatl

Luego pidieron (los mexicas) la fiesta de Huitzilopochtli. Y quiso ver el español cómo era la fiesta, quiso admirar y ver en qué forma se festejaba. 

    Luego dio orden Motecuhzoma: unos entraron a la casa del jefe, fueron a dejarle la petición. 

   Y cuando vino la licencia a donde estaba Motecuhzoma encerrado, luego ya se ponen a moler la semilla de chicalote, 2 las mujeres que ayunaban durante el año, y eso lo hacen allá en el patio del templo. 

    Salieron los españoles, mucho se juntaron con sus armas de guerra. Estaban aderezados, estaban armados. Pasan entre ellas, se ponen junto a ellas, las rodean, las están viendo una por una, les ven la cara a las que están moliendo. Y después que las vieron, luego se metieron a la gran Casa Real: como se supo luego dizque ya en este tiempo tenían la intención de matar a la gente, si salían por allí los varones.   

Hacen la figura de Huitzilopochtli

Y cuando hubo llegado la fiesta de Tóxcatl, al caer la tarde, comenzaron a dar cuerpo, a hacer en forma humana el cuerpo de Huitzilopochtli, con su semblante humano, con toda la apariencia de hombre. 

    Y esto lo hacían en forma de cuerpo humano solamente con semilla de bledos: con semilla de bledos de chicalote. Lo ponían sobre un armazón de varas y lo fijaban con espinas, le daban sus puntas para afirmarlo. 

    Cuando ya estaba formado en esta figura, luego lo emplumaban y le hacían en la cara su propio embijamiento, es decir, rayas que atravesaban su rostro por cerca de los ojos. Le ponían sus orejas de mosaico de turquesa, en figura de serpientes, y de sus orejeras de turquesa está pendiente el anillo de espinas. Es de oro, tiene forma de dedos del pie, está elaborado como dedos del pie. 

La insignia de la nariz hecha de oro, con piedras engastadas; a manera de flecha de oro incrustada de piedras finas. También de esta nariguera colgaba un anillo de espinas, de rayas transversales era de color azul y de color amarillo. Sobre la cabeza, le ponían el tocado mágico de plumas de colibrí. También luego le ponían el llamado anecúyotl.3 Es de plumas finas, de forma cilíndrica, pero hacia la parte del remate es aguzado, de forma cónica. 

    Luego le ponían al cuello un aderezo de plumas de papagayo amarillo, del cual está pendiente un fleco escalonado de    semejanza de los mechones de cabello que traen los muchachos. También su manta de forma de hojas de ortiga, con tintura negra: tiene en cinco lugares mechones de pluma fina de águila. 

    Lo envuelven todo él también con su manto de abajo, que tiene pintadas calaveras y huesos. Y arriba le visten su chalequillo, y éste está pintado con miembros humanos despedazados: todo él está pintado de cráneos, orejas, corazones, intestinos, tóraces, teas, manos, pies. 

   También su maxtle. 4 Este maxtle es muy precioso y su adorno también es de miembros rotos, y su fleco es de puro papel es decir, de papel de amate, de ancho una cuarta, de largo veinte Su pintura es de rayas verticales de color azul claro. 

    A la espalda lleva colocada como una carga su bandera color de sangre. Esta bandera color de sangre es de puro papel. Está teñida de rojo, como teñida de sangre. Tiene un pedernal de sacrificio como coronamiento, y ése es solamente de hechura de papel. Igualmente está rayado con rojo color de sangre. 

    Porta su escudo: es de hechura de bambú, hecho de bambú. Por cuatro partes está adornado con un mechón de plumas finas de águila: está salpicado de plumas finas; se le denomina tehuehuelli. Y la banderola del escudo igualmente está pintada de color de sangre, como la bandera de la espalda. Tenía cuatro flechas unidas al escudo. 

    Su banda a manera de pulsera está en su brazo; bandas de piel de coyote y de éstas penden papeles cortados en tiras cortas.   

El principio de la fiesta

Pues cuando hubo amanecido, ya en su fiesta, muy de mañana, le descubrieron la cara los que habían hecho voto de hacerlo. Se colocaron en fila delante del dios, lo comenzaron a incensar, y ante él colocaron todo género de ofrendas: comida de ayuno (o acaso comida de carne humana) y rodajas de semilla de bledos apelmazada. 

    Y estando así las cosas, ya no lo subieron, ya no lo llevaron a su pirámide. 

    Y todos los hombres, los guerreros jóvenes, estaban como dispuestos totalmente, con todo su corazón iban a celebrar la fiesta, a conmemorar la fiesta, para con ella mostrar y hacer ver y admirar a los españoles y ponerles las cosas delante. 

    Se emprende la marcha, es la carrera: todos van en dirección del patio del templo para allí bailar el baile del culebreo. Y cuando todo el mundo estuvo reunido, se dio principio, se comenzó el canto, y la danza del culebreo. 

    Y los que habían ayunado una veintena y los que habían ayunado un año, andaban al frente de la gente: mantenían en fila a la gente con su bastón de pino. Al que quisiera salir lo amenazaban con su bastón de pino. 

    Y si alguno deseaba orinar, deponía su ropa de la cadera y su penacho partido de plumas de garza. 

    Pero al que no más se mostraba desobediente, al que no seguía a la gente en su debido orden, y veía como quiera las cosas, luego por ello lo golpeaban en la cadera, lo golpeaban en la pierna, lo golpeaban en el hombro. Fuera de l recinto lo arrojaban, violentamente lo echaban, le daban tales empellones que caía de bruces, iba a dar con la cara en tierra, le tiraban con fuerza de las orejas: nadie en mano ajena chistaba palabra. 

    Eran muy dignos de veneración aquellos que por un año habían ayunado; se les temía; por título propio y exclusivo tenían el de "hermanos de Huitzilopochtli". 

    Ahora bien, iban al frente de la danza guiando a la gente los grandes capitanes, los grandes valientes. Pasaban en seguida los ya jovenzuelos, aunque sin pegarse a aquéllos. Los que tienen el mechón que caracteriza a los que no han hecho cautivo, los mechudos, y los que llevaban el tocado como un cántaro: los que han hecho prisioneros con ayuda ajena. 

    Los bisoños, los que se llamaban guerreros jóvenes, los que ya hicieron un cautivo, los que ya cogieron a uno o dos cautivos, también los iban cercando. A ellos les decían: 

    -¡Fuera allí, amigotes, mostradlo a la gente (vuestro valor), en vosotros se ve!   

Los españoles atacan a los mexicas

Pues así las cosas mientras se está gozando de la fiesta, ya es el baile, ya es el canto, ya se enlaza un canto con otro, y los cantos son como un estruendo de olas, en ese preciso momento los españoles toman la determinación de matar a la gente. Luego vienen hacia acá, todos vienen en armas de guerra. 

    Vienen a cerrar las salidas, los pasos, las entradas: la Entrada del Águila, en el palacio menor; la de Acatl  iyacapan (Punta de la Caña), la de Tezcacoac (Serpiente de espejos) . Y luego que hubieron cerrado, en todas ellas se apostaron: ya nadie pudo salir. 

    Dispuestas así las cosas, inmediatamente entran al Patio Sagrado para matar a la gente. Van a pie, llevan sus escudos de madera, y algunos los llevan de metal y sus espadas. 

    Inmediatamente cercan a los que bailan, se lanzan al lugar de los atabales: dieron un tajo al que estaba tañendo: le cortaron ambos brazos. Luego lo decapitaron: lejos fue a caer su cabeza cercenada. 

    Al momento todos acuchillan, alancean a la gente y les dan tajos, con las espadas los hieren. A algunos les acometieron por detrás; inmediatamente cayeron por tierra dispersas sus entrañas. A otros les desgarraron la cabeza: les rebanaron la cabeza, enteramente hecha trizas quedó su cabeza. 

    Pero a otros les dieron tajos en los hombros: hechos grietas, desgarrados quedaron sus cuerpos. A aquéllos hieren en los muslos, a éstos en las pantorrillas, a los de más allá en pleno abdomen. Todas las entrañas cayeron por tierra Y había algunos que aún en vano corrían: iban arrastrando los intestinos y parecían enredarse los pies en ellos. Anhelosos de ponerse en salvo, no hallaban a donde dirigirse. 



La matanza del Templo Mayor (Códice Florentino)

    Pues algunos intentaban salir: allí en la entrada los herían, los apuñalaban. Otros escalaban los muros; pero no pudieron salvarse. Otros se metieron en la casa común: allí sí se pusieron en salvo Otros se entremetieron entre los muertos, se fingieron muertos para escapar. Aparentando ser muertos, se salvaron. Pero si entonces alguno se ponía en pie, lo veían y lo acuchillaban. 

    La sangre de los guerreros cual si fuera agua corría: como agua que se ha encharcado y el hedor de la sangre se alzaba al aire, y de las entrañas que parecían arrastrarse. 

    Y los españoles andaban por doquiera en busca de las casas de la comunidad: por doquiera lanzaban estocadas, buscaban cosas: por si alguno estaba oculto allí; por doquiera anduvieron, todo lo escudriñaron. En las casas comunales por todas partes rebuscaron.   

La reacción de los mexicas

Y cuando se supo fuera, empezó una gritería: 

    -Capitanes, mexicanos . . . venid acá . ¡Qué todos armados vengan: sus insignias, escudos, dardos! . . . ¡Venid acá de prisa, corred: muertos son los capitanes, han muerto nuestros guerreros . . . Han sido aniquilados, oh capitanes mexicanos. 

    Entonces se oyó el estruendo, se alzaron gritos, y el ulular de la gente que se golpeaba los labios. Al momento fue el agruparse, todos los capitanes, cual si hubieran sido citados: traen sur dardos, sus escudos. 

    Entonces la batalla empieza: dardean con venablos, con saetas y aun con jabalinas, con harpones de cazar aves. Y sus jabalinas furiosos y apresurados lanzan. Cual si fuera capa aurilla, las cañas sobre los españoles se tienden.   

Los españoles se refugian en las casas reales

Por su parte los españoles inmediatamente se acuartelaron. Y ellos también comenzaron a flechar a los mexicanos, con sus dardos de hierro. Y dispararon el cañón y el arcabuz. 

    Inmediatamente echaron grillos a Motecuhzoma. 

    Por su parte, los capitanes mexicanos fueron sacados uno en pos de otro, de los que habían sucumbido en la matanza. Eran llevados, eran sacados, se hacían pesquisas para reconocer quién era cada uno.   

El llanto por los muertos

Y los padres y las madres de familia alzaban el llanto. Fueron llorados, se hizo la lamentación de los muertos. A cada uno lo llevan a su casa, pero después los trajeron al Patio Sagrado: allí reunieron a los muertos; allí a todos juntos los quemaron, en un sitio definido, el que se nombra Cuauhxicalco (Urna del Águila). Pero a otros los quemaron sólo en la Casa de los Jóvenes. 
 
 


El mensaje de Motecuhzoma

Y cuando el Sol iba a ocultarse, cuando apenas había un poco de sol, vino a dar pregón Itzcuauhtzin, desde la azotea gritó y dijo: 

    -Mexicanos, tenochas, tlatelolcas: os habla el rey vuestro, el señor, Motecuhzoma: os manda decir: que lo oigan los mexicanos: 

    -Pues no somos competentes para igualarlos, que no luchen los mexicanos. Que se deje en paz el escudo y la flecha. 

    Los que sufren son los viejos, las viejas, dignas de lástima. Y el pueblo de clase humilde. Y los que no tienen discreción aún: los que apenas intentan ponerse en pie, los que andan a gatas. Los que están en la cuna y en su camita de palo: los que aún de nada se dan cuenta. 

    Por esta razón dice vuestro rey: 

    -"Pues no somos competentes para hacerles frente, que se deje de luchar." A él lo han cargado de hierros, le han puesto grillos a los pies. 

    Cuando hubo acabado de hablar Itzcuauhtzin le hicieron una gran grita, le dijeron oprobios. Se enojaron en extremo los mexicanos, rabiosos se llenaron de cólera y le dijeron: 

    -¿Qué es lo que dice ese ruin de Motecuhzoma? ¡Ya no somos sus vasallos! 

    Luego se alzó el estruendo de guerra, fue creciendo rápidamente el clamor guerrero. Y también inmediatamente cayeron flechas en la azotea. Al momento los españoles cubrieron con sus escudos a Motecuhzoma y a Itzcuauhtzin, no fuera a ser que dieran contra ellos las flechas de los mexicanos. 

    La razón de haberse irritado tanto los mexicanos fue el que hubieran matado a los guerreros, sin que ellos siquiera se dieran cuenta del ataque, el haber matado alevosamente a sus capitanes. No se iban, ni desistían.   

Los mexicas sitian a los españoles

Estaban sitiando la casa real; mantenían vigilancia, no fuera a ser que alguien entrara a hurtadillas y en secreto les llevara alimentos. También desde luego terminó todo aportamiento de víveres: nada en absoluto se les entregaba, como para que los mataran de hambre. 

    Pero aquéllos que aún en vano trataban de comunicarse con ellos, les daban algún aviso; intentaban congraciarse con ellos dando en secreto algunos alimentos, si eran vistos, si se les descubría, allí mismo los mataban, allí acababan con ellos o les quebraban la cerviz, o a pedradas los mataban. 

    Cierta vez fueron vistos unos mexicanos que introducían pieles de conejo. Ellos dejaron escaparse la palabra de que con ellos entraban otros a escondidas. Por esto se dio estricta orden de que se vigilara, se cuidara con esmero por todos los caminos y por todas las acequias. Había grande vigilancia, había guardas cuidadosos. 

    Ahora bien, los que introducían pieles de conejo eran trabajadores enviados de los mayordomos de los de Ayotzintepec y Chinantlan. Allí no más rindieron el aliento, allí se acabó su oficio: en una acequia los acogotaron con horquillas de palo. Aún contra sí mismos se lanzaron los tenochcas: sin razón alguna aprisionaban a los trabajadores. Decían: -"¡Éste es!" Y luego lo mataban. Y si por ventura veían a alguno que llevara su bezote de cristal, luego lo atrapaban rápidamente y lo mataban. Decían: 

    -Éste es el que anda entrando, el que le está llevando de comer a Motecuhzoma. 

    Y si veían a alguno cubierto con el ayate propio de los trabajadores, también lo cogían rápidamente. Decían: 

    -También éste es un desgraciado, que trae noticias infaustas: entra a ver a Motecuhzoma. 

    Y el que en vano pretendía salvarse, les suplicaba diciendo: 

    -¿Qué es lo que hacéis, mexicanos? ¡Yo no soy! Le decían ellos: 

    -¡Sí, tú, infeliz! . . . ¿No eres acaso un criado? Inmediatamentle allí lo mataban. 

    De este modo estaban fiscalizando a las personas, andaban cuidadosos de todos: no más examinaban su cara, su oficio: no más estaban vigilando a las personas los mexicanos. Y a muchos por fingido delito los ajusticiaron, alevosamente los mataron: pagaron un crimen que no habían cometido. 

    Pero los demás trabajadores se escondieron, se ocultaron. Ya no se daban a ver a la gente, ya no se presentaban ante la gente, ya no iban a casa de nadie: estaban muy temerosos, miedo y vergüenza los dominaba y no querían caer en manos de los otros. 

    Cuando hubieron acorralado a los españoles en las casas reales, por espacio de siete días les estuvieron dando batalla. Y los tuvieron en jaque durante veintitrés días. 

    Durante estos días las acequias fueron desenzolvadas; se abrieron, se ensancharon, se les puso maderos, ahondaron sus cavidades. Y se hizo difícil el paso por todas partes, se pusieron obstáculos dentro de las acequias. 

   Y en cuanto a los caminos, se les pusieron cercos, se puso pared de impedimento, se cerraron los caminos. Todos los caminos y calles fueron obstruccionados. 5  

La versión de la matanza según el Códice Aubin

En Tóxcatl subían arriba al dios. Mataron a los cantores cuando comenzaba el baile. No más lo vio Motecuhzoma y dijo a Malintzin: 

    -Favor de que oiga el dios: ha llegado la fiesta de nuestro dios: es de ahora a diez días. Pues a ver si lo subimos. Harán incensaciones y solamente bailaremos cuando se suban los panes de bledos. Aunque haya un poco de ruido, eso será todo. 

    Dijo entonces el capitán: 

    -Está bien. -¿Que lo hagan. Ya lo oí. 

    Luego partieron, fueron a encontrar a otros españoles que llegaban. Sólo El Sol se quedó aquí. 

    Y cuando llegó la hora en la cuenta de los días, luego dijo Motecuhzoma a éste: 

    -Favor de oír: aquí estáis vosotros. Pronto es la fiesta del dios; se ha aproximado la fiesta en que debemos festejar a nuestro dios. 

    Dijo aquél: 

    ¡Qué‚ lo hagan: de algún modo ahora estaremos! 

    Luego dijeron los capitanes: 

    -Favor de llamar a nuestros hermanos mayores. 

    Y hablaron los hermanos mayores: 

    Cuando éstos hubieron venido, luego les dan órdenes; les dicen: 

    -Mucho en esto se ponga empeño para que se haga bien. 

    Y dijeron los hermanos mayores: 

    -Que con fuerte impulso se haga. 

    Entonces dijo Tecatzin, el jefe de la armería: 

    -Favor de hacerlo saber al señor que está ante nosotros. ¡Así se hizo en Cholula: no más los encerraron en una casa! También ahora a nosotros se nos han puesto difíciles las cosas. ¡Qué en cada pared están escondidos nuestros escudos! 

    Dijo entonces Motecuhzoma: 

    ¿Es que estamos acaso en guerra? ¡Haya confianza! 

    Luego dijo el jefe de armas: 

    -Está bien. 

    Luego comienza el canto y el baile. Va guiando a la gente un joven capitán; tiene su bezote ya puesto: su nombre, Cuatlázol, de Tolnáhuac. Apenas ha comenzado el canto, uno a uno van saliendo los cristianos; van pasando entre la gente, y luego de cuatro en cuatro fueron a apostarse en las entradas. 

    Entonces van a dar un golpe al que está guiando la danza. Uno de los españoles le da un golpe en la nariz a la imagen del dios. Entonces abofetean a los que estaban tañendo los atabales. Dos tocaban el tamboril, y uno de Atempan tañía el atabal. Entonces fue el alboroto general, con lo cual sobrevino completa ruina. 

   En este momento un sacerdote de Acatl   iyacapan 6 vino a dar gritos apresurado; decía a grandes voces: 

    -Mexicanos, ¿no que no en guerra? ¡Quién tiene confianza! ¡Quién en su mano tiene escudos de los cautivos! 

    Entonces atacan solamente con palos de abeto. Pero cuando ven, ya están hechos trizas por las espadas. 

   sEntonces los españoles se acogieron a las casas en donde están alojados. 7







1  La fiesta de Tóxcatl. Dice Sahagún "Esta fiesta era la principal de las fiestas: era como pascua y caía cerca de la pascua de Resurrección, pocos días después . . ." (Op. cit., t. I. p. 114.)
2 Chicalote: hierba medicinal y comestible (argemone mexicana)
3 Anecúyotl: Insignia de Huitzilopochtli especie de "ceñidero".
4 Maxtle: propiamente máxtlatl era la prenda de vestir masculina que cubría las partes pudentas. Jaques Soustelle en La Vie Quotidiene des Aztéques, Hacheite, París, 1955, describe así el máxtlatl: "Era un paño que daba vuelta alrededor de la cintura, pasando entre las piernas y se anudaba al frente, dejando caer por delante y por atrás sus dos extremos adornados con frecuencia con bordados y franjas. Bien sea en una forma muy sencilla, una banda de tejidos sin adornos, o en formas muy elaboradas, el máxtlatl apareció desde los tiempos más antiguos entre los olmecas y los mayas. En el siglo XVI todos los pueblos civilizados de México los usaban con excepción de los tarascos al oeste y los huastecos al noreste, lo que no dejaba de escandalizar un poco a los mexicanos del centro."
5  Informantes de Sahagún: Códice Florentino, lib. XII, caps. XIX, XX y XXI. (Versión de Ángel Ma. Garibay K.)
6 Acatl iyacapan: "En la punta del cañaveral." Sitio dentro del Templo Mayor.
7 Códice Aubin, Edic. de A. Peñafiel, p. 84 y ss. (Versión de Ángel Ma. Garibay K.)



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