Historia del Museo de Bellas Artes de Valencia






descargar 220.88 Kb.
títuloHistoria del Museo de Bellas Artes de Valencia
página6/6
fecha de publicación07.01.2016
tamaño220.88 Kb.
tipoDocumentos
l.exam-10.com > Historia > Documentos
1   2   3   4   5   6

PINTURA DE LOS SIGLOS XIX Y XX



El siglo XIX está considerado como el nuevo Siglo de Oro de la pintura valenciana. El conjunto de artistas que trabajaron en esta época, con su peculiar forma de pintar, constituyeron una escuela coherente y bien definida que contribuyó decisivamente a la renovación de las artes pictóricas en España. La principal aportación de estos artistas estriba en la captación instantánea y lumínica de las cosas, desarrollando para ello una peculiar técnica de pequeñas pinceladas individualizadas y manchas de color, unidas a una ejecución rápida, que en algunos casos parece tener como resultado un aspecto abocetado o inconcluso. Esta apariencia visual ha motivado que popularmente se les conozca como escuela impresionista valenciana, expresión quizás incorrecta por ser en realidad ajenos a los planteamientos filosóficos de la pintura impresionista. Su principal preocupación es captar efectos lumínicos. De ahí que resulte más correcto llamarlos pintores luministas o naturalistas.

Todos estos artistas tenían como denominador común su formación en la Real Academia de San Carlos y sus pensionados en Roma o París, en donde conectaron con las corrientes artísticas europeas vigentes en el momento, lo que provocó en ellos cambios sustanciales en su modo de pintar. Aunque casi todos ellos realizaron obras de gran formato con las que concurrieron a exposiciones y concursos, es en los pequeños cuadros en donde consiguen sus mejores logros. La temática de estas pinturas se diversificó mucho, pero en líneas generales respondía al deseo de satisfacer la demanda de una clientela burguesa ajena a cualquier experimento o audacia compositiva. Entre los temas más cultivados destacaba la pintura de historia, obligatoria en los concursos nacionales, el elegante y refinado retrato, el paisaje como protagonista absoluto, la pintura de costumbres (que convirtió lo cotidiano y popular en motivo artístico) y, finalmente, la pintura religiosa, que desde su claro declive encontró entonces un nuevo enfoque costumbrista combinado con el sentimiento religioso.

La escuela valenciana del siglo XIX se asienta fundamentalmente en la obra de cuatro artistas:

Francisco Domingo Marqués es el primero que introduce en su pintura una serie de innovaciones técnicas. Entre sus obras podemos encontrar cuadros de temática histórica como el Beato Juan de Ribera en la expulsión de los moriscos, anecdótica como Lance en el siglo XVII o escenas de tabernas y andaluzas, retratos en los que reduce la paleta cromática e introduce matices de filiación goyesca y pintura religiosa como Santa Clara o San Mariano, en donde bebe de Ribera y Velázquez para transmitir piedad.

Ignacio Pinazo Camarlench es el más atrevido de los cuatro, ya que su técnica está basada en manchas de color que dotan a la obra de un aire inacabado basado en la sugerencia, como podemos ver en el retrato de su hijo ataviado como un Monaguillo tocando la zambomba. Es uno de los máximos exponentes del naturalismo. Así, en su obra Interior de una alquería valenciana (h. 1899) pretende captar el efecto lumínico del sol filtrándose por el jardín. Se trata de un boceto, pero ejemplifica el cambio de mentalidad que se produce en el ámbito artístico. El Retrato de Isabel II de Bernardo López, por ejemplo, la intención del artista es trasladar al lienzo las características, tanto físicas, psicológicas como sociales, del personaje, hacer un trasunto bidimensional de un objeto real, con todos sus detalles y de forma extremadamente realista. Pinazo, en cambio, no tiene intención de reproducir la realidad en todos sus detalles, ni de copiar los objetos. La información visual que el tratamiento verista de cada uno de estos elementos puede aportar no interesa a Pinazo, a diferencia del retratista dieciochesco, al que la copia exacta de la expresión de un rostro o la soberbia de una pose, la suave textura del terciopelo de una cortina, los dorados de un trono o el brillo lujurioso de las joyas, le sirven de instrumento para transmitir la identidad de un personaje y su posición social. A Bernardo López le interesaba mostrar a Isabel II, mientras que a Pinazo le importa captar un momento muy concreto del transcurso de la vida en el interior de una alquería. De ahí que los rostros sean simples manchas de color rosado o que los objetos parezcan desvanecerse en el aire mientras que otros elementos más anecdóticos captan la atención del pintor, como el pavo que se pasea por el interior de la casa o el fragmento de día que se asoma a la puerta, a través del cual podemos incluso intuir la hora.

Pinazo también cultivó el retrato, en el que empleó la misma técnica con la que semejaba dejar las obras inconclusas. Gustaba de ensuciar el color y empastar las formas pero era capaz de captar la psicología del personaje. Igualmente, destacan sus desnudos infantiles en los que se ejercitaba en el estudio de la anatomía. No obstante, estos trabajos se ven imbuidos por la época del pintor, como en el caso de El guardavía (1877), que evidencia el desarrollo que en ese momento estaba adquiriendo el ferrocarril en España.

Otro de los pintores más importantes de la época es José Benlliure. Perteneció a una familia de artistas entre los que se cuentan sus hermanos Blas, Juan Antonio y Mariano, dos pintores y un escultor respectivamente, y su hijo José Benlliure Ortiz, que fue pintor. De todos ellos conserva el museo una gran cantidad de obras. Aunque realizó pintura religiosa, es más conocido por sus obras de temática costumbrista, que se erigen en testimonio de la Valencia de su tiempo, poniendo de relieve el valor del arte como documento: personajes populares como El Tío Andreu de Rocafort o El Tío José de Villar del Arzobispo, escenas religiosas de cariz costumbrista como Oyendo Misa (Rocafort), Misa en la Ermita, Monaguillos o personajes y lugares de su entorno familiar, tratados con frescura y colorido.

La comparación de una obra como Por la patria de Juan Antonio Benlliure Gil con el Retrato ecuestre de D. Francisco de Moncada, marqués de Aytona es un buen ejemplo del rumbo que ha tomado el arte en la segunda mitad del siglo XIX. El formato de ambas obras es muy semejante, pero la categoría social del marqués que explica el enorme formato de su retrato, ha sido sustituida en el cuadro de Benlliure por la sencillez de unos hechos tan desafortunadamente frecuentes como insignificantes históricamente. El pueblo llano, representado en este caso por un soldado y una pareja de ancianos campesinos con una niña, toma el protagonismo que durante siglos había sido exclusivo de los ricos y poderosos, y empieza a adquirir la dignidad suficiente como para ser tema de una obra de arte.

Oyendo Misa (Rocafort) de José Benlliure Gil se erige en perfecto documento de la época. Desde la celebración de la misa con el sacerdote de espaldas a los fieles, la ausencia de bancos, la presencia de los monaguillos pidiendo limosna o la decoración con azulejos valencianos del interior de la iglesia, los detalles del modo de vida de nuestros antepasados son numerosos y nos aportan una información valiosa. No obstante, no es menos cierto que los pintores decimonónicos no siempre eran fieles a la realidad y en ocasiones, más que un fiel reflejo de la Valencia del siglo XIX, lo que hallamos es la invención que del siglo XIX nos dejaron. Salida de Misa en Rocafort (1915) de José Benlliure Ortiz podría interpretarse como la continuación de la obra anterior. Se puede, en este punto, dirigir la observación del grupo hacia detalles que enriquezcan la comprensión de una época que, en algún aspecto, no queda tan lejana: la anciana que carga con una silla de esparto porque no puede permanecer de pie en la misa, las mujeres ataviadas con mantillas en señal de respeto o el caso contrario del hombre que asoma por la esquina superior derecha colocándose el pañuelo, tras haber tenido la cabeza descubierta durante la misa por la misma razón, la vestimenta que dará lugar al traje tradicional, etc.

El último de los grandes maestros valencianos del siglo XIX es Joaquín Sorolla. El Museo de Bellas Artes de Valencia conserva sobre todo obra de su primera época, la de formación en la Academia (Academia del natural, Tres cabezas de estudio, El niño de la bola), ya que el resto, la más conocida, se encuentra en el Museo de Sorolla en Madrid, donde fijó su residencia. Pese a que la mayoría de sus obras presentan una temática agradable, no comprometida socialmente (playas, bañistas, etc.), en atención al gusto de la época, técnicamente es un pintor de una gran calidad. Se ha dicho que es el pintor de la luz. De hecho, los colores claros, especialmente el blanco, adquieren en Sorolla una dimensión distinta a la de otros pintores. Pero no sólo es capaz de captar los efectos atmosféricos, especialmente los lumínicos, sino que alcanza un realismo en sus obras tanto más admirable si tenemos en cuenta la economía de medios que utiliza. Su pincelada es larga y ancha, suelta e individualizada, poco propicia a la captación del detalle y, sin embargo, capaz de captar la esencia de los objetos.

Solamente pueden contemplarse en este museo dos escenas marineras (Puerto de Valencia y Playa de Valencia. Pescadoras) y una obra costumbrista, que destaca especialmente por su tamaño y significación (Grupa valenciana, 1906); el resto son retratos. Destaca también una obra de temática religiosa (La Virgen María) y La bacante, con la que se suma a los gustos orientalistas de la época y en la que podemos ver uno de los pocos desnudos femeninos que los pintores se atrevieron a representar, pues predominan sobre todo las academias (desnudos) masculinas y, sobre todo, infantiles.

Así pues, el costumbrismo puede derivar hacia un regionalismo dominado por los tópicos, como en la obra de Sorolla, pero también en la de José Pinazo, hijo de Ignacio. Si bien en este último caso, la modernidad técnica de la que hacía gala su padre desaparece (Floreal).

Entrado el siglo XX encontramos una serie de artistas que siguen la estela de los maestros y merecen ser tenidos en consideración. Joaquín Agrasot presenta en su Baco joven una combinación de la técnica academicista tradicional, visible en el cuerpo del niño (gradación del color, pinceladas invisibles, minuciosidad, etc.) y una aplicación más innovadora de la pintura, que queda relegada al elemento secundario del bosque.

La obra de Cecilio Pla se halla en la órbita del modernismo, de ahí que encontremos en sus obras una concepción decorativista de la mujer, visible por ejemplo en La mosca, donde la protagonista se esconde tras la cortina favoreciendo así un juego cromático entre la blanca transparencia de la tela y el negro de su vestido.

El Retrato de la esposa del pintor (1914-1930) nos ofrece un interesante paisaje de fondo del que también podemos extraer información sobre las costumbres de la época. Es en este momento cuando se pone de moda la playa como lugar de ocio, si bien, solamente las personas con una cierta posición podían permitírselo. La estética también era diferente, la belleza de una mujer aumentaba cuanto más blanca era su piel, de ahí que los personajes del cuadro aparezcan resguardados bajo toldos o totalmente cubiertos de ropa y con sombrero de ala ancha cuando se aventuran a pasear bajo el sol. El moreno no sólo era estéticamente indeseable sino que era signo de pobreza ya que solamente tenían quemada la piel aquellos que se pasaban el día trabajando bajo el sol. Como vemos, la concepción de la belleza estaba íntimamente ligada con la condición social.

La mancha verde que envuelve la cabeza de la retratada es objeto de curiosidad entre los visitantes del museo. Se trata de un arrepentimiento. En un principio, el pintor retrató a su esposa con sombrero y luego decidió hacerlo desaparecer. Con el tiempo el óleo se ha hecho transparente y permite entrever la pintura que había quedado oculta.

A partir del siglo XIX se invierte la tendencia que había definido la historia del arte hasta ese momento. Si en épocas anteriores un estilo abarcaba varios siglos, en este momento se suceden las tendencias e incluso llegan a ser simultáneas. Junto al costumbrismo, por ejemplo, encontramos el realismo social que está representado en el museo con obra de Antonio Fillol del que cabe destacar La gloria del pueblo (1895).

Se trata de una obra doblemente realista, por la temática y por la técnica. El pintor centra su atención en el problema de la emigración que trata de hacer llegar al espectador a través de los detalles: las cebollas, los remiendos del vestido de la niña a la que carga su hermano, la tez tostada del alcalde que evidencia su trabajo en el campo. El nombre del pueblo que aparece en la pared de una de las casas, a pesar de reproducir la toponimia típica de muchos pueblos de Valencia, es inventado. Tal vez el artista pretendía, de esta manera, ubicar la escena en cualquier lugar de la región valenciana y no identificarla con un sitio concreto.

El romanticismo también tiene representación en el museo a través de la obra de Carlos de Haes, que sigue la escuela de Barbizón. El paisaje es otra de las asignaturas vigentes en la Real Academia. Generalmente, se realizaba un boceto del paisaje al natural, y los cuadros se completaban en el estudio. Carlos de Haes, catedrático de la Academia, es el primer artista de nuestro país que aplica la práctica de salir a la naturaleza a pintar. Este tipo de cuadros fue rechazado por la sociedad de su tiempo.

En cierto sentido, también puede considerarse romántica la obra de Antonio Muñoz Degraín en la que predominan los temas históricos y literarios tratados como si fueran escenas teatrales, los paisajes en los que la naturaleza aparece desbocada e infinita y los sucesos presentados como fantasías irreales.



1   2   3   4   5   6

similar:

Historia del Museo de Bellas Artes de Valencia iconDiscurso de ingreso como Académica Numeraria de la Real Academia...

Historia del Museo de Bellas Artes de Valencia iconJoan Miró nacio el 20 de April del 1893 e Barcelona en Northern Spain....

Historia del Museo de Bellas Artes de Valencia iconProfesorado de artes plásticas escuela de bellas artes u n. t

Historia del Museo de Bellas Artes de Valencia icon1986-1991. Licenciada en Bellas Artes por la Universidad del País Vasco

Historia del Museo de Bellas Artes de Valencia iconL as Bellas Artes ~ Capítulo 2

Historia del Museo de Bellas Artes de Valencia iconEstudiante de Bellas Artes Universidad Arcis

Historia del Museo de Bellas Artes de Valencia iconEs una de las bellas artes que nacieron en

Historia del Museo de Bellas Artes de Valencia iconEstudiante de Bellas Artes Universidad Arcis

Historia del Museo de Bellas Artes de Valencia iconBoletín de E. A. A. O. A. Bellas Artes. Madrid nº 15. Página. 38

Historia del Museo de Bellas Artes de Valencia iconInstituto Nacional de Bellas Artes y Literatura






© 2015
contactos
l.exam-10.com