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Introducción
a la segunda edición italiana 1995. Respuesta a los críticos



El primero en quedarse sorprendido del éxito de este pequeño libro he sido yo. No lo esperaba ni siquiera el editor que imprimió en una primera edición diez mil ejemplares. Luego, fue una carrera contra el tiempo.
Mientras escribo esta introducción a la nueva edición, sigue apareciendo en la lista de best-sellers. No es un misterio que de las obras escritas por profesores, a excepción de los libros de texto y los tristemente famosos «fascículos», se venden habitualmente unos pocos millares de ejemplares.
No hay duda de que el libro ha sido favorecido al aparecer con aquel título durante una campaña electoral, donde parecía que se contrapusiesen dos alineaciones de una manera más clara que en las elecciones anteriores. Algún librero interpelado sobre las razones por las que el libro se buscaba, nos hizo saber que algunos compradores buscaban en él, si no una respuesta, sí una indicación, una sugerencia, una aclaración sobre su elección de voto. Se habrán quedado desilusionados, pero se diría que la desilusión no ha sido contagiosa. Tanto es así que las ventas han seguido, más o menos con el mismo ritmo,
Desde los primeros días Mauro Anselmo se preguntaba en
Stampa: «El filósofo best-seller ¿Por qué en las librerías Bobbio gana a todos?», 23 de marzo (le 1994, píg. 16.
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unos meses después del cierre de las mesas electorales, cuando ya cada uno había hecho su propia elección.
¿Por qué muchos han seguido, y siguen, comprando este pequeño libro? ¿Es posible que todos se hayan dejado engañar sólo por el hecho de que aparece un elegante y atractivo diseño editorial, es manejable, es breve, cuesta poco? Yo también quiero ver qué hay dentro, habrá dicho seguramente alguien.
Como autor, la razón principal del éxito, sugiero, aunque tímidamente, ha sido el tema. «Tímidamente», digo, pero también discretamente satisfecho, porque no habría podido desear mejor argumento en contra de todos aquellos que dicen desde hace tiempo, y no se cansan de repetir con inquebrantable seguridad, que la díada derecha-izquierda ya no interesa a nadie.
Al éxito de público correspondió el éxito de crítica, más contrastado, debo reconocerlo francamente. Las reseñas han sido bastante numerosas, pero no siempre benévolas, por no hablar de algunas demoledoras2. Un debate amplio y renovado para volver a discutir sobre la díada y las tesis que yo he sostenido, no la ha habido, sea por la prisa a la que todos nos vemos obligados por la voracidad de la prensa cotidiana en hablar de los libros que acaban de salir, sea, no lo oculto, porque —por su debilidad intrínseca?, ¿por el defecto de documentción?, ¿por la insuficiencia de la argumentación?— estas tesis no han resultado ser siempre convincentes. También he recibido muchas cartas de amigos y lectores del periódico donde actualmente escribo, a menudo con observaciones agudas y útiles sugerencias.

A. Socci, «Divieto di svoita a destra», en Ji Giornale, 28 de febrero de 1994; M. Tarchi, «Niente di nuovo neila lezione del filosofo Norberto Bohhio», en L’lndipendente, 6 de marzo de 1994.

Prescindiendo de las apreciaciones genéricas y de los ataques personales, de los cuales no viene a cuento hablar, y de manifiestos, aunque involuntarios, malentendidos, mis críticos se pueden distribuir en tres grupos: 1) aquellos que siguen afirmando que la derecha y la izquierda ya son nombres sin sujeto, y no vale la pena persistir en el intento de mantenerlos con vida, dándoles un significado que ya no tienen, si alguna vez lo han tenido, por lo cual mi intento se puede considerar una obra de arqueología política; 2) aquellos que consideran la díada aun válida, pero que no aceptan el criterio sobre el cual la he fundado y sugieren otros; 3) aquellos que aceptan la díada, aceptan también el criterio, pero lo consideran insuficiente.
Entre los primeros, la mayoría no excluye que la distinción haya tenido un sentido en otros tiempos, pero considera que ahora, en una sociedad cada vez más complicada, y donde las múltiples razones de contraste ya no consienten poner las alineaciones opuestas todas de una parte o todas de otra, la contraposición unívoca entre una derecha y una izquierda acaba siendo simplificadora . Hay también quien considera que ha sido un acontecimiento histórico catastrófico como la caída del muro de Berlín lo que ha hecho que la división ya no sea actual4. Para otros, el ensañamiento estéril por mantener viva la gran división depende también de un error metodológico, el de querer reducir a dos abstrae-

K. Adam, «Den Aufruhr denken. Richtungskámpfe sind Nachhutgefechtc», en Frankfiirter Allgerneine Zeitung, 3 de mayo de 1994, yen Lsternazionale, 1, 33, 25 de junio de 1994, págs. 40-41, con el titulo «Caro Bobbio, ti sbagli, non ci sono destra e sinistra».

L. CoHeti, «Quale sinistra dopo ji Muro», en Corriere dciii Serji, 20 de marro de 1994, pág. 24.

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ciones conceptuales la rica y cambiante concreción de la historia5.

La mejor refutación de estos objetores está en el hecho de que, incluso después de la caída del Muro, la díada sigue estando en el centro del debate político. Ahora, más que nunca, más que cuando empecé a ocuparme de ella para explicar, ante todo a mí mismo, su razón de ser. Síntoma de que no tiene nada que ver el famoso derrumbamiento, que ha hecho explotar rápidamente todas las contradicciones del comunismo mundial, y, simultáneamente
—permítanme insistir sobre una observación que no agradecen los ganadores del momento— todas las contradicciones del no menos mundial capitalismo. No sólo ha existido la izquierda comunista, ha existido también una izquierda, y todavía existe, dentro del horizonte capitalista. La distinción tiene una larga historia que va más allá de la contraposición entre capitalismo y comunismo6. Existe todavía y no sólo, como ha dicho alguien en broma, en las señales de tráfico7. Arrecia, de una manera que parece hasta grotesca, en los periódicos, en la radio y en la televisión, en los debates públicos, en las revistas especializadas de economía, de política, de sociología. Quien se ponga a leer los periódicos para ver cuántas veces las palabras «derecha» e «izquierda» aparecen incluso sólo

E Tessitore, reseña de «Destra e sinistra», en Nord e Sud, 4, 1994. Así, también S. Romano que escribe: «le dernier livre de Norberto Bobbio rehabilite les classificatjons traditionelles. Mais la réalité politique est plus nuancée» (Le Monde, 9 de abril, pág. 8).

Me limito a recordar el libro, recientemente traducido al italiano, de M. Gauchet, Storia di una dicotomia. La dessra e la sinistra (ed. orig. La droite et la gauche, Gallimard, París, 1990), Anabasi, Milán, 1994.

E. Sterpa, «Destra-sinistra hanno senso solo nei cartelli stradali», en 11 Giornale, 6 de marzo de 1994.

en los titulares, haría una cosecha muy abundante, también porque estas dos palabras del lenguaje, no sólo común sino popular, ya se utilizan no sólo en el discurso político, sino que se han extendido, a menudo de una manera hasta caricaturesca, a los más variados campos de la acción humana. Recientemente ha estallado, a propósito de la reedición de una conocida obra sobre el problema judío, una erudita disputa para establecer si la casa editorial que había vuelto a proponerla era de derechas 8. He leído que alguien ha planteado el problema, aunque de una manera dudosa: «Pasolini de derechas, d’Anrninzio de izquierdas?»’. Bajando mucho más de nivel, la pregunta se ha vuelto a proponer, aunque de una manera distinta para otros personajes: «iFiorello* a la derecha, Jovanotti** a la izquierda?»’. Hasta replantear- la así: «itelevisión_dederey..p1az.cl.qierdas?»”.

Se trata de la reedición de Léon Blois Dagli Elrrei la salvezza en la Editorial Adelphi. Véase el artículo de R. Calasso «Uno scandalo al so- le» en La Repubblica, 2 de agosto de 1994, y el comentario de E Erbani «Sulle macerie della sinistra»», con la acotación: «Pero Adelphi es de derecha. No, sólo es un poco esnob, dicen Bernardini y Cases». Véase también la respuesta de Cesare Segre, que había provocado el debate, «Per me Blois é un miserabile»», en La Repubhlica, 6 de agosto de 1994.

P. Conti, «D’Annunzio di sinistra, Pasolini di destra», en Corriere della Sera, 8 de junio de 1994.

* Presentador de Karaoke en la televisión italiana. [Nota de la T]

**FamoSo cantante italiano. [Nota de la T]

E. Piervincenzi, «Serenata alla sinistra perduta», en II Venerdi di Repubblica, 27 de mayo de 1994, pág. 50, que empieza así: «Fiorello a la derecha, Jovanotti a la izquierda? ¿La plaza del karaoke en contra de la plaza del Peter Pan progresista?».

Giuliano Zincone, «Tivü di destra e piazza di sinistra»», en Sette, suplemento del Corriere della Sera, pág. 20.

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Habiendo dicho algo incautamente en una entrevista que la televisión es por naturaleza de derechas, se me ha opuesto que el instrumento en sí no es ni de derechas ni de izquierdas, porque de derechas o de izquierdas son los contenidos, demostrando así apalabrastinen todavía un .jdo. Bajando un escalón más —no sé si ha ocurrido alguna vez, pero este año sí ha ocurrido— también las vacaciones se han dividido en vacaciones de derechas y de izquierda&<.
Que hay también un aspecto lúdico en preguntas de este tipo, es evidente, ¿Pero es posible creer de verdad que las palabras se pueden trasladar de un contexto a otro sin que se les atribuya un sentido o, si queremos, un halo de sentidos, que incluso sólo se vislumbran, pero lo suficiente como para hacer aquellas preguntas comprensibles?
Aun dejando a un lado los abusos linguísticos parecidos, expresión típica del invasor periodismo de las buenas y malas costumbres, nuestras dos palabras provocadoras siguen siendo utilizadas en serio a propósito de políticos, de partidos, de movimientos, de alineaciones, de periódicos, de programas políticos, de disposi ‘
Usai, «O di qua o di lá? Vacanze all’italiana tra sinistra e destra», en La Repubblica, 27 de junio de 1994. El libro acababa de salir a comienzos de marzo y ya Panorama del 11 de marzo publicaba un artículo de R. Rosará, sobre el «Tema del día», titulado jocosamente, «Sei di destra o di sinistra>’, págs. 10-11, que empezaba así: «Lo que está ocurriendo es un auténtico gran duelo entre Derecha e Izquierda». Seguía el comentario de Nicola Matteucci que expresaba la opinión opuesta: «Sin intención de ofender a Bobbio, derecha e izquierda no son valores sino términos vacíos. El verdadero desafío está entre liberrad e igualdad». Puesto que Matteucci nos ha dado tanto pruebas de considerar de derechas la libertad y de izquierdas la igualdad, derecha e izquierda no sun para él ni siquiera términos vacíos. La diferencia entre Matteuci y yo consiste en el hecho de que para mí la libertad puede ser tanto de derechas como de izquierdat7t verdadero desafío entre iz uierda derecha c - yor va or a la igua ad u a a Iversi a

ciones legislativas. ¿Es verdad o no es verdad que la primera pregunta que nos planteamos cuando intercambiamos una opinión sobre un político es si es de derechas o de izquierdas? ¿Pregunta sin sentido? Desde luego entre las posibles respuestas está también la de que el personaje no es ni de derechas ni de izquierdas. Pero ¿cómo no darse cuenta de que la respuesta «ni sí ni no» es posible sólo si «izquierda» y «derecha» tienen un sentido y quien plantea la pregunta y quien la contesta saben, aunque vagamente, cuál es? ¿Cómo se puede decir que aquel objeto no es ni blanco ni negro si no tiene la más mínima idea sobre la diferencia entre los dos colores? ¿Cómo puedes decir que aquella disposición del gobierno no es de derechas ni de izquierdas si no tienes la mínima idea sobre el significado de estas dos palabras, o consideras que lo tuvieron un tiempo pero ahora lo han perdido? ¿Cómo puedes decir que las dos palabras han perdido su sentido, porque un partido que era de derechas ahora está haciendo una política de izquierdas, si no sigues creyendo que las dos palabras significan todavía algo? Para negar la diferencia entre dos métodos de jugar al futbol, ¿quién podría sensatamente aducir el argumento de que el equipo X que hasta ahora había utilizado el método A utiliza ahora el método B utilizado por el equipo Y? Planteo estas preguntas ya que la mayor parte de los argumentos aducidos por los detractores de la distinción son de esta naturaleza. Pero son argumentos que demuestran únicamente la confusión entre las ideas abstractas y los compromisos a los que se adaptan en las aplicaciones prácticas. Y cómo olvidar que esta, a menudo hasta cómica, respuesta ha surgido en un momento histórico en el cual en nuestro país [Italia] por una parte se gritaba con aire de triunfo: «Han ganado las derechas», por otra se murmuraba en voz baja: «;Las

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izquierdas han sido derrotadas!». Pero, ¿cómo?, ¿existen todavía partidos de derecha y de izquierda? ¿Ya no existen? Y entonces ¿cómo explicar que entre los ganadores haya uno que se llame Alianza Nacional, pero hasta hace poco tiempo se llamaba Derecha Nacional (yno sólo no lo esconde sino más bien alardea de ser un partido de derecha) y entre los derrotados el mayor partido se llame Partido Democrático de la Izquierda? ¿La díada ya no tendría ningún sentido propio en el momento en que la terminología tradicional se ha quedado para designar dos partidos opuestos?
No se debe oponer que la persistencia de una diversificación que habría perdido su razón de ser es un signo ulterior del retraso italiano. Veamos cómo acaba el pe1, /ieño volumen de Marcel Gauchet sobre la historia de
esta distinción, aunque la narración histórica se limite a Francia: «Independientemente de lo que ocurra, derecha e izquierda tienen ya una vida autónoma respecto a la matriz, dentro de la cual se desarrollaron originariamente. Han conquistado el planeta. Se han convertido en ate orías unversales de la olítica Forman parte de que. tririma. peia
funcionamiento de las sociedades contemporáneas»1 bre el método, no tengo reparos en admitir que el método del análisis conceptual, que me es familiar, puede parecer áspero a quien ha permanecido fiel al método histórico, a quien considera que el fluir de la historia, del río donde nunca nos bañamos dos veces en la misma agua, no pueda ser contenido o acotado por orillas o diques artificiales sin que pierda su potencia y sus propias características naturales. En mi eclecticismo —no

M. (;aochet, Storia di una dicotornia, cit., pág. 84.

tengo ningún titubeo en utilizar esta palabra, que significa «mirar un problema por los dos lados», y es una manera de pensar que tiene un reflejo práctico en mi moderación política, otra palabra que no me da verguenza pronunciar, siempre y cuando se entienda no negativamente como opuesta a radicalismo, sino positivamente como opuesta a extremismo14— nunca he considerado los dos métodosmbles.
Siempre pensé, en cambio, que se integran mutuamente. El método analítico no tiene que olvidar que la realidad es más rica que las abstractas tipologías, y tiene que revisarla continuamente para tener en cuenta los nuevos datos, o las nuevas interpretaciones de los antiguos; pero el historiador tiene que darse cuenta de que para comprender, describir y ordenar las realidades de hecho que revelan los documentos, no puede prescindir de los conceptos abstractos, cuyo significado, lo sepa o no lo sepa, se lo proporcionan los apasionados análisis. No sabría señalar mayor testimonio de esta mutua colaboración que el reciente debate entre historiadores, filósofos y estudiosos de política, sobre si la guerra de liberación en Italia fue o no una guerra civil. El debate parece estéril e inconcluyente, hasta que no se definan las características esenciales por las cuales la guerra civil se distingue de la guerra internacionaFl. La única

En la reseña de mi libro, A. Leone De Castris, «La sinistra secondo Bobbio. La sinistra secondo noi>’, en Liberazione, 11, 19-25 de marzo de 1994, ve precisamente en mi «moderación» las razones del desacuerdo: «Pero el hecho es que a él (Bobbio) le urge indicar en los tiempos de la moderación las mesuradas ideas del progreso gradual y sin saltos».

Cfr. N. Bobhio, «Goerra civile?», en Teoria po/itica, VIII, 1-2, 1992, págs. 297-307, escrito con ocasión de la publicación del libro de Claudio Pavone Urna guerra cwile. Saggio storico sulla moralité nella Resistenza, Bollati Boringhieri, 1991.

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manera de refutar mi intento de redefinición de la díada, especificando el criterio de la distinción, es la de demostrar la insuficiencia de este criterio y de sustituirlo con otro. Para conseguir este propósito, no veo qué otro método se puede emplear sino, una vez más, el analítico.
Como he dicho, al segundo grupo de críticos per— tenecen aquellos que consideran que la díada tiene todavía sentido, pero no están convencidos de que el criterio que adopto para la distinción sea adecuado.
Ante todo quiero aclarar que considerar la aspiración a la
rntqiiiaiaieaualLZhe tomado como ex resión de una communis opinio, dela quha o çj1ta en do ca ítulos v algunas notas.
Me he limitado a buscar una explicación simple del origen de esta distinción, para mostrar no sólo su validez, sino la recurrencia, a pesar del cambio de las situaciones históricas a través de las cuales, basándose en la cambiante opinión sobre lo que es relevante y lo que es irrelevante, cambian los criterios para establecer cuáles de ellas hay que considerar iguales y cuáles desiguales. Quizás sólo quienes rechazan el criterio adoptado por mí son los que se ponen fuera de la tradición, sin aducir argumentos para justificar su preferencia o para refutar los argumentos de los adversarios.
Hay quien ha sostenido9 el rasgo característico de la izuierd es novio1encfaPero ireTIuncia-a

C. Vattimo, «MicroMega, 1994, 3, pág. 48. La polémica de Vattimo se dirige contra el fundamentalismo, o sea, en contra de la consideración de la violencia entendida «como afirmación perentoria de lo terminal que, como el fundamento último de la metafísica (y también el Dios de los filósofos) no admite ulterior interrogante sobre el porqué, interrum1e el diálogo, hace callar».

utilizar la violencia para con uistar e ercerj_pjgres sicae método democrático, cuya reglas tomiflas decisiones colectivas a través de un libre_de-, tomada por mayoría. Es prueba de esto que dentro e un siiociáti, es posible y legítima la alternancia entre gobiernos de derecha y de izquierda. Además, definir la izquierda a través de la no-violencia con- lleva necesariamente a identificar la derecha con el gobierno de la violencia, hecho que es propio, según la otra gran dicotomía que entrelazo con la izquierda y derecha, de la extrema derecha, no de la derecha genéricamete entendida. No me parece tampoco más convincente la representación de la izquierda como la que tiende a la creación de sociedades abiertas en contra de las sociedades cerradas, que expulsan a los diferentes’>. También las sociedades abiertas viven y se expanden dentro de las estructuras institucionales de los regímenes democráticos. No necesito subrayar la importancia que ha tenido sobre «la sociedad abierta» la obra de

Me refiero a la entrevista dejolanda Bufalini al filósofo español Fernando Savater, «Farei cosi l’identikit del progressista», en L’Uniai, 23 de junio de 1994, pág. 2. Del mismo autor, «<, en MicroMega, 3, 1994, págs. 67-72, donde rechaza la igualdad como mutiladora, admite «libertas a coacCione la libertas a miseria.
Por izqtuerda entienda a) insistencia sobre el máximo de transparen_\ cia y participación; b) universalización de la institución política de la
libertad, sea tanto formal como sustancial (por libertad sustancial entiende la libertas a miseria). Llama nuestra atención sobre la consideración «nuestro más auténtico grupo de pertenencia es el grupo humano» (pág. 71). La pertenencia al común grupo humano es lo que
nsidero el fundamento del valor ideal de la igualdad.

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uno de los mís conocidos y seguidos teóricos de la democracia, Karl Popper. Es verdad, en cambio, que un gobierno de derechas, aunque respetando las reglas de la democracia, consiente o promueve una política menos igualitaria, como el mismo Savater admite hablando del nuevo alcalde de Madrid, del Partido Popular, que frente a una desgracia sufrida por un grupo de inmigrantes comentó: «Podrían haberse quedado en sus casas». Querría también mencionar a un clásico contemporáneo del liberalismo, Isaiaiiin_qu.e_consitk rade izquierdas el liberalismo enemigo del excesivoppder e ji autoridad fundada obrç 1 flza dg la tradición, donde ve la característica principal de las derecl 5.’5. Al mismo tiempo afirma que el régimen autoritario de la Unión Soviética ha convertido en inservible el uso de la distinción entre derecha e izquierda
,—{abiendo usurpado el nombre de izquierda. Observo que una afirmación parecida demuestra que «izquierda» tiene para quien la enuncia un significado axiológico positivo, mientras que, como todos las palabras del lenguaje político, que no es un lenguaje riguroso, puede tener los dos significados emotivos, positivo y negativo, según c-ontexto. Eso explica
bién por qué el mismo Berlin llama de izquierda la doctrina liberal, que prefiere a cualquier otra, a la reformu ación de la cua ha e ica o sus obras más cono-
___________________________,_1_ — cidas y recisamente mas celebraGas. Ln realiaaa, el hbera ismo del que él habla, incluyendo en un juicio favorable tanto al New Deal de Roosevelt como a los

Me refiero al diálogo entre Isaiah Berlin y Steven Lokes, Trafilosofia e storia de/le idee. La societd pluralistica e i suol nernici, Ponte alle Grane, Florencia, 1994, especialmente el párrafo «La sinistra, oggi» (págs. 88-96).

laboristas de Attlee, es el liberalismo social, que se diferencia de liberalismo clásico propio de los partidos liberal-liberalistas, por un componente igualitario, que por sí solo permite incluirlo sin contradicción entre las doctrinas de izquierda<.
Vuelvo una vez más sobre la distinción, que he puesto en la base de mi razonamiento entre significado descriptivo y significado emocional de una palabra. Vuelvo sobre él porque se trata de una distinción fundamental sobre la_cual me parece que ninguno de los críticos se ha deteni&i. Quien se considera de izquierdas, de la misma manera que quien se considera de derechas, considera que las dos palabras se refieren a valores positivos. Esta es la razón por la cual el uno y el otro no renuncian a incluir eij ellas la libertad. Como he intentado demostrar, desarrollando mejor el argumento en esta nueva edición, el contraste entre libertarios y autoritarios corresponde a otra distinción que iioe obripone ala déentre derecha e izqüierda sino que la enaza. Dede el punto de vista analítico donde me hesimado, mi fin sido hacer emeir del ticpolítica_habitualmente seguida y de las opiniones comunes, tanto eruditas como populares, el significado descriptivo de los términos, independientemente de su significado emotivo. Aunque

En este grupo hay que situar también a D. Cofrancesco, que re1 señando mi libro volvió sobre la nueva propuesta de distinción, que yo ya había ilustrado en la primera edición (capítulo V, párrafo 1). Vuelve ¡ a afirmar que el mejor criterio para distinguir la derecha de la inquier- / da es la actitud frente al poder: en la derecha se subraya que es iinprescindible, en la izquierda se denuncian sus potencialidades represivas deshumanizadoras. En este nuevo criterio propuesto por Cofrancesc no me reconozco, porque la izquierda, así entendida, parece identif carse con la anarquía, que tradicionalmente se considera de los mov mientos de izquierda. Las palabras tienen su significado hisfórico, q en una redefinición, no puede ser completamente ignorado

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yo me considere emocionalmente de izquierda, como he afirmado en el último capítulo que, contrariamente a mis intenciones, ha acabado por hacer que mi pequeño libro parezca un manifiesto electoral, el análisis que he llevado a cabo prescinde completamente de los juicios de valor. Y de hecho en la primera presentación del libro se escribió que «desde hace tiempo Bobbio lucha por devolver al término “izquierda” y sobre todo “derecha” la total ciudadanía política y moral»2
Por esto el argumento más frecuente aducido por los críticos, según el cual el sistema soviético habría dejado fuera de juego a la izquierda, y consecuentemente habría demostrado la utilidad de la distinción, es desde el punto de vista analítico irrelevante. 1 jdealialdad puede tener en la práctiça spi.uçjQnes muy distintas. Que algunas hayan dado buena prueba de ello, y otras no, que algunas puedan gustar, y otras no, es un problema, del cual no pongo en duda la importancia práctica, pero totalmente distinto2

Así como no es un argtunento contrario a la identificación de la izquierda con la aspiración de igualdad, la constatación de que hoy la izquierda persigue este ideal con palabras pero no con hechos, corno

Además de aquellos que critican la distinción y aquellos que no aceptan el criterio, están los que dudan, que aceptan la distinción, no rechazan el criterio que he utilizado e ilustrado, sino que consideran que hoy resulta insuficiente. Me refiero especialmente a quien, aunque reconociendo que «la crisis de las ideologías, la variabilidad de los criterios de juicio moral, la naturaleza técnica y siempre más compleja de los problemas políticos, el pluralismo y la segmentación de las afiliaciones sociales, convierten a cada ciudadano en un sujeto político “transversal” respecto al esquema axial derecha- izquierda», que es un juicio a compartir, considera que además del tema tradicional de la igualdad sería preciso, para volver a definir la díada, tener en cuenta otros criterios como «los de la autonomía y de la identidad de las personas, del pluralismo de las culturas y de las pertenencias, de la radical contextualidad de los valores morales, de la dispersión de la “esfera pública” inducida en las sociedades informáticas por los medios de comunicación» 22. Que hy una de las razones de la desorien sostien

A. Jacono, «Eguaglianza e differenza, u problema é qui>», en JlManifrsto, 22 de mayo de 1994, dejando entender sobre todo que, si sigue así, la izquierda no cumple su papel. ¿Es necesario reafirmar una vez más que no existe ningún contraste entre el ideal de igualdad y el reconocimiento de la diversidad? La diferencia entre derecha e izquierda está en el distinto criterio en base al cual se establece quiénes son los iguales y quiénes son los diferentes.

D. Zolo «La sinistra di Bobbio», en L’Unitá, 19 de marzo de 1994. También A. Bolaffi, «como subtítulo «Veritá scomode e qualche dubbio», JI Me.ssaggero, 1 de marzo de 1994, después de haber presentado mi libro, que acababa de salir, al tiempo que la apertura de la campaña electoral, y haber retomado la opinión de Forattini según la cual «derecha e izquierda son categorías de comodidad e instrumentos ideológicos inservibles”, no parece en absoluto convencido de mi tesis, y expresa la duda que mi reflexión «se detenga allí donde sería necesario empezar». De acuerdo,

R. Rosati, Sei di destra o di sinistra?, cit. pág. 24. En la primera entrevista después de la publicación del libro, a Nello Ajello había hablado del significado emotivo cambiante, según los tiempos y las personas que utilizan aquellos términos, diciendo: «Ha ocurrido que la derecha ya no está en condición de avergonzarse. Después de la Liberación llamarse de derechas era un acto de valor o incluso de impru(‘dencia. Hoy casi se puede decir que es un acto (le valor llamarse de izquierdas. La izquierda es cuestionada y se autocuestiona. A una oleada de izquierda ha seguido una oleada de derecha. Hasta hace unos diez años se consideraba positiva la izquierda y negativa la derecha: hoy ocurre lo contrario. Se ha modificado el significado valorativo de los términos. Pero más allá de estas cambiantes valoraciones éstos siguen describiendo un binomio de realidades relativamente estables» («Gli estremi nemici», en La Repubhlica, 6 de marzo de 1994.

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tación u da del hecho de que en el
ndo conternporneo,.haytn surgido pro emas que los movimientos tradicionales de la izquierda nunca se
hayan fallado algunos presupuestos, sobre los cuales habían fundado no sólo el propio proyecto de transformación de la sociedad, sino tam b su le. Yo mismo he vuelto a
os más veces23. Ningún izquierdista puede negarse ¡ a admitir que la izquierda de hoy ya no es la de ayer. Pero mientras existan hombres cuyo empeño político es moid0 por un profundo sentido de insatisfacción y de sufrimiento frente a las iniquidades de las sociedades contemporáneas, hoy quizás de una manera no tan combativa respecto a las épocas pasadas, sino mucho fllís visible, se mantendrán vivos los ideales que han marcado desde hace más de un siglo todas las izquierdas de la historia.
C-nélyendo, no me atrevería a decir que el debate acerca de la contestadísima contraposición, que se ha desarrollado al publicarse mi libro, haya dado muchos pasos hacia delante. No excluyo mi responsabilidad, al no haber logrado que siguiese a la reseña de los precedentes y al comentario de teorías alternativas ufla «pars construens» suficientemente documentada y
pee0 ¿por dónde volver a empezar? Parece ser que desde el reconocimiento de la diversidad que Bolaffi considera incompatible con el derecho a la igualdad. El sumo principio de la justicia «Últimamente, en el volumen Sinistra punto zero, cit. (cfr. este volumen la nota 2 en la pág. VIII).

razonada2. Habiendo tomado en serio las críticas de los comentaristas y las dudas de los lectores, he ampliado en esta nueva edición el capítulo donde expongo la tesis central, poniéndola al día con referencias a los libros que o no conocía o han salido después, y lo he dividido en dos, para tener la posibilidad de aclarar mejor, y a la vez de justificar el lugar que yo asigno a los dos valores supremos de la igualdad y de la libertad en la interpretación de la «gran división»: grande en la historia de la lucha política en Europa en el último siglo, y según mi obstinada y convencida opinión, más viva que nunca. No sé si lo he logrado. Pero no podía dejar sin respuesta a mis críticos. La única manera de tomarlos en serio era corregir errores materiales, aclarar expresiones obscuras o ambiguas, enriquecer la documentación de las notas, sin renunciar a mis tesis de fondo, intentando, como mucho, convertirlas, si no en menos discutibles, en merecedoras de ser todavía discutidas25.
He escrito estas páginas mientras se enciende desde hace meses, y en estos días con especial ensañamiento, un debate sobre los intelectuales, confuso e irreverente, como siempre cuando los intelectuales discuten entre
24 Como hace notar G. Pasquino en una reseña de mi libro, en Reset, 5 de abril de 1994, págs. 76-77.

Otras reseñas, de las que he tenido noticias: A. Massarenti, «11 so/e 24 ore, 6 de marzo de 1994; G. Paolini, «’, en II Gazzettino, 21 de marzo de 1994; R. Virgilio, «Quale eguaglianza?», en Auemo.e, III, marzo-abril de 1994, pág. 3; M. Ostinelli, «Egajaglianza, destra e sinistra», Corriere diii Ticino, 23 de abril de 1994; B. Vasari, «Ciñ che ci distingue. Destra e sinistra: una contrapposizione che conserva intatta la sua validari”, en Lettera ni compagni, Revista de la FIAP, abril (le 1994; G. Borelli, «’, en i’Arena, 13 de junio de 1994; B. Lai, «Destra e sinistra», en L’Unione Sarda, 18 de mayo de 1994.

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ellos: si ha habido una hegemonía de los intelectuales de izquierda (desde luego perversa) y por qué motivos, y si de nuevo una cultura de derechas, que hasta ahora había sido marginada, tiene una fuerza de penetración y de qué tipo. Nunca como en este periodo de transición la cultura de derechas suscita curiosidad e interés también por parte de quien no es de derechas. Todos aquellos que han participado en este debate, y son muchos, parecen no tener dudas sobre el hecho de que «derecha» e «izquierda» no son «cajas vacías». ¿Y entonces? ¿Son todos discursos insensatos? Desde luego no es insensato el discurso, con el cual me gusta cerrar esta renovada invitación a la discusión, de quien encuentra en el iluminismo pesimista (expresión que yo mismo utilicé hace muchos años)26 aquella actitud que, aunque capaz de recoger las voces de la literatura pesimista, no se deja aturdir. «Quizás sea la izquierda democrática, la que pueda y deba escuchar las voces que enseñan que el hombre es malvado pero al mismo tiempo hay que ayudarle con todos los recursos posibles, aun con los más prosaicos, incluida la asistencia sanitaria y la pensión»27.
N.B.
N. Bobbio, Politica e cultura, Einaudi, Turín, 1955, pág. 202.
C. Magris, «Cultura: la destra e la sinistra. II pessimismo contro l’illuminismo», en Corriere della Sera, 26 de junio de 1994.

Nunca como hoy se ha escrito tanto en contra de la tradicional distinción entre derecha e izquierda, considerada como una distinción ya superada y sin ningún sentido, suponiendo que haya tenido alguno en el pasado’. Nunca como hoy, en los días en que estoy escribiendo estas líneas, en víspera de las próximas elecciones para la renovación del Parlamento, la escena política italiana ha sido dominada por dos alineaciones que se declaran respectivamente de derecha y de izquierda, y que, bajo estas dos banderas, se disponen a luchar encarnizadamente la una contra la otra por el gobierno del país.
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