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Norberto Bobbio

¿existe aún la izquierda y la derecha?

DERECHA E IZQUIERDA

PROLOGO




PROLOGO 1

Introducción
a la segunda edición italiana 1995. Respuesta a los críticos 7


Introducción
a la primera edición italiana 18


La distinción rebatida 20


Extremistas y moderados 31



La díada sobrevive 38


En busca de un criterio de distinción 44

OTROS CRITERIOS 47


Igualdad y desigualdad 58



Libertad y autoridad 68


LAESTRELLA POLAR 75

Los siglos naturales no suelen coincidir con los del calendario. Norberto Bobbio nació poco antes de la 1 Guerra Mundial (el 18 de octubre de 1909) y, por lo tanto, cumplió ochenta años pocos días antes de la caída del muro de Berlín. En medio, tantos acontecimientos que martirizaron a varias generaciones de ciudadanos. En su Autobiografía intelectual, presentada en un seminario de la Universidad Menéndez Pelayo de Santander, dirigido por Gregorio Peces Barba en el verano de 1992, el filósofo italiano escribe:«El transcurso de mi vida coincide en gran parte con el periodo histórico que ha sido denominado, con razón o sin ella, de la guerra civil europea. Es el periodo que comienza con la profecía del ocaso de Occidente y termina con la victoria triunfal de la mayor potencia occidental, y con la declaración, precipitada, del final de la historia. Los años de mi formación coinciden con los del fascismo: cuando Mussolini llegó al poder hacía pocos días que yo había cumplido trece años; cuando cayó, el 25 de julio de 1943, yo tenía ya treinta y cuatro y había alcanzado ya il mezzo del carnmino de mi vida. Los veinte meses de la guerra de Liberación que siguieron, entre septiembre de 1943 y abril de 1945, ftteron, para la historia de mi generación, decisivos: dividieron, incluso rompieron, el curso de la vida de cada uno de nosotros en un antes y un después en el que habíamos procurado sobrevivir con algún inevitable compromiso con nuestra conciencia y aprovechando incluso los más pequeños espacios de libertad que el régimen fascista, una dictadura
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más suave que la nazi, nos concedía; un después en el que, por medio de una guerra civil, en algunos momentos despiadada, nació nuestra democracia».
En estas palabras de Bobbio está, en esencia, el contenido de una vida, afortunadamente todavía hoy inacabada. Testigo del siglo xx, ejemplo de una cultura militante desde el antifascismo activo, desde la búsqueda de la racionalidad, desde la pasión por la libertad, acérrimo defensor del socialismo liberal y democrático —y por lo tanto, iluminador de la revisión del socialismo marxista— Norberto Bobbio plantea en toda su obra teórico-política la misma complejidad: desconfianza hacia la política demasiado ideologizada; defensa del gobierno de las leyes contra el gobierno de los hombres; elogio de la democracia; defensa a ultranza de una política laica, entendiendo el laicismo como ejercicio del espíritu crítico contra los opuestos dogmatismos de católicos y comunistas y, finalmente, incondicional admiración del sistema político inglés.
Bobbio se considera doblemente a sí mismo —la última vez en este libro al que Vázquez Montalbán ha calificado de «casi testamentario»— como un hombre de izquierdas («por lo tanto siempre he dado al término izquierda una connotación positiva, incluso ahora que está siendo cada vez más atacada, y al término derecha una connotación negativa, a pesar de estar hoy ampliamente revalorizada») y un moderado.
Aunque más tarde abundaremos en lo que significa esta moderación (parte fundamental de su tesis), volvamos a las palabras explicativas del propio filósofo:
«Frente al fascismo y al nazismo hubo que comportarse como extremistas, escogiendo entre resignarse y resistir. Y no dudo que fueron los extremistas de entonces los que llevaron razón. Pero en una sociedad democrá tica

pluralista, donde existen varios grupos en libre competición, con reglas del juego que deben ser respetadas, mi convicción es que tienen mayor posibilidad de éxito los moderados [...] Guste o no guste, las democracias suelen favorecer a los moderados y castigan a los extremistas. Se podría también sostener que es un mal que así ocurra. Pero si queremos hacer política, y estamos obligados a hacerla segiín las reglas de la democracia, debemos tener en cuenta los resultados que este juego favorece. Quien quiere hacer política día a día debe adaptarse a la regla principal de la democracia, la de moderar los tonos cuando ello es necesario para obtener un buen fin, el llegar a pactos con el adversario, el aceptar el compromiso cuando éste no sea humillante y cuando es el único medio de obtener algún resultado».
Esos valores fundamentales de la ética social y política, la tolerancia, la libertad, el pluralismo y la no Violencia, la paz, la fraternidad, la igualdad (atención a este concepto de Bobbio!), son los que le permitieron batirse con el fascismo y con el comunismo dogmático. No vale la pena insistir en el primer combate, pues toda su obra y su práctica están impregnadas de él (pese al interés reciente de algunos de ponerlo en cuestión desempolvando textos aislados, que tendrían interés histórico, pero no de convencimiento) pero sí recordar algunas piezas del segundo. En Derecha e izquierda... L fr1casp del comunismo histórico, «aun ue el desafío que lanzó permanece. Y permanece la istinción entre izquierda y derecha». Entiende que el socialismo integr efcomumsmo integral, o la democracia integral no tienen futuro: «Toda concepción totalizadora de la historia, según la cual la historia tiene una meta preestablecida y definitiva, no tiene futuro, porque ninguna meta está

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taxativamente, ninguna meta es nunca definitiva. Al menos en una concepción no profética, no escatológica de la historia, como la que caracteriza al pensamiento laico al que no me siento ligado».
En esa discusión permanente, siempre en el seno de la izquierda antideterminista, tiene un interés superlativo la polémica de Bobbio con Palmiro Togliatti, fundador y secretario general del Partido Comunista Italiano, en la que remata su posición de siempre: «Mi objetivo principal en el debate fue la defensa de los derechos del hombre, en particular el derecho a la libertad —que no debía ser considerado una conquista de la burguesía de la que el proletariado no hubiera sabido hacer uso— aunque fuera una afirmación de la que primero nació el Estado liberal, después el Estado democrático, el mismo al que los comunistas hubieran debido llegar para salvar una revolución cuya importancia yo mismo he podido reconocer varias veces en el transcurso del diálogo. Con aquel debate quise dar un ejemplo de lo que yo consideraba la función mediadora y moderadora del intelectual ante dogmatismos opuestos».

La díada existente

El título del libro Derecha e izquierda. Razones y significados de una distinción política preexplica la principal aportación del mismo: que para Norberto Bobbio la díada derecha-izquierda, que ha prevalecido desde al menos dos siglos y que designa el contraste de las ideo- logias y de los movimientos en que está dividido el universo, permanece activa.
¿Por qué iba a no estarlo? ¿Es que debe sorprendernos que en un universo como el político, constituido

sobre todo por relaciones de antagonismo entre partes contrapuestas (partidos, grupos de intereses, facciones, pueblos, relaciones internacionales, naciones, ciudadanos, etcétera) la manera más común de representarlos sea mediante una díada derecha-izquierda? Y sin embargo, no debe estar tan claro cuando la conceptualización izquierda-derecha tañe a duelo, cada vez con más frecuencia, siendo aclamada una especie de sociedad de ambidextros.
Bobbio hace de abogado del diablo y establece algunas situaciones que generan dudas sobre la vigencia de la díada en cuestión. En primer lugar, la crisis de las ideologías. Si las ideologías tocasen a su final, como han expresado algunos estudiosos, la díada no tendría sentido; pero al contrario, el árbol de las ideologías está siempre reverdeciendo. Además, derecha e izquierda no significan sólo ideologías; reducirlas a la pura expresión de un pensamiento ideológico sería una injusta simplificación, pues también indican programas contrapuestos respecto a muchos problemas cuya solución pertenece habitualmente a la acción política. Se trata no sólo de ideas, sino también de intereses o valoraciones.
En segundo lugar, la síntesis de derecha y de izquierda hacia una convergencia o tercera vía. El socialismo-liberal o el liberal-socialismo y la revolución conservadora son ejemplos de un intento de conciliación de ideas contrapuestas, y por consiguiente alternativas, que la historia había señalado como incompatibles. Pero todavía no ha habido entre las terceras vías una que acerque, en la práctica política, al comunismo y al fascismo, pese a que tengan de enemigo común a la democracia. Lo que tienen en unión, explica el autor, llevar hasta sus últimas consecuencias los rasgos característicos

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de la ideología es justo lo que los convierte en irreconciliables. máximo ejemplo instrumental de alianza práctica eare fascismo y comunismo fue el pacto de no agresión y repartición mutuamente ventajosa entre la Alemania de Hitler y la Unión Soviética de Stalin.
En ú1t0 lugar citaremos la aparición de nuevos movimient05 que aparentemente no entran en la dialéctica derecha_izquierda. Por ejemplo, los verdes. Algunos SOciólogos los han definido corno movimientos transversales en el sentido de que parecen atravesar los campos etiemigos, pasando de uno a otro. No comparte Bobbio esta opinión, que afirma que existen verdes de derechas verdes de izquierdas: se ha pasado de considerar a la naturaleza como objeto de nuevo dominio y dócil instrumento de las necesidades humanas, a la idea de la naturaleza como sujeto o como objeto de Utilización no despótica, sino incluida en los límites de l razón. Es decir, hay una distinta manera de concebj la relación del hombre con la naturaleza:
o deuda del hombre hacia el resto de las entidades no humaUaS o simplemente deuda que tiene hacia otros horrbres especialmente de las generaciones fu— turas. Como ha escrito Aiain Mmc, no puede ser de izquierdas quien intenta aplicar la socialdemocracia para los Pajao5 a costa de la socialdemocracia de sus semejant5

La igual

Para llobbio, y ésta es la parte central de su pensaIflU SfltO Político la esencia de la distinción entre la derecha y 1a izquierda, o a partir de ahora, entre las derechas las izquierdas (pues hay graduaciones en cada

familia) «es la diferente actitud que las dos partes —el pueblo de la derecha y el pueblo de la izquierda-_mues tran sistemáticamente frente a la idea de igualdad»:
aquellos que se declaran de izquierdas dan mayor importancia en su conducta moral y en su iniciativa política a lo que convierte a los hombres en iguales, o a las formas de atenuar y reducir los factores de desigualdad; los que se declaran de derechas están convencidos de que las desigualdades son un dato ineliminable, y que al fin y al cabo ni siquiera deben desear su eliminación.
«Cuando se dice que la izquierda es igualitaria y la derecha es inigualitaria no se quiere decir en absoluto que para ser de izquierdas sea necesario proclamar la máxima de que todos los hombres son iguales en todo, independientemente de cualquier otro criterio discriminatorio, porque ésta sería no sólo una visión utópica, sino peor, una proposición a la que no es posible dar un sentido razonable [.., El hecho real es éste: los hombres son entre ellos tan iguales como desiguales. Son iguales en ciertos aspectos, desiguales en otros. Queriendo poner el ejemplo más familiar: son iguales frente a la muerte porque todos son mortales, pero son desiguales frente a la manera de morir porque cada uno muere de manera distinta [...] Entre los hombres, tanto la igualdad como la desigualdad son de hecho verdaderas porque corresponden a observaciones empíricas irrefutables. Pero la aparente contradicción de las dos proposiciones — “los hombres son iguales”, “los hombres son desiguales”— depende únicamente de lo que se observa. Entonces se puede llamar correctamente igualitarios a los que, a pesar de no ignorar que los hombres son tan iguales como desiguales, dan mayor importancia, para juzgarlos y para atribuirles derechos y deberes, a lo que les hace iguales en lugar de a lo que

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les hace desiguales; no igualitarios, a los que partiendo de la misma constatación dan mayor importancia, para el mismo fin, a lo que los hace desiguales en lugar de a lo que les hace iguales [..i Es justamente el contraste entre estas últimas elecciones lo que sirve muy bien, en mi opinión, para distinguir las dos opuestas alineaciones que ya estamos acostumbrados durante una larga tradición a llamar izquierda y derecha
artedacoyicción de quemayjrte de las indian, y querría hacer desaparecer, son sociales,
que sea como tales, ne1iminab1esAl
lado de i2iiaturaleza madastra está también la sociedad madrastra» [la cursiva es nuestra].
En resumen, una política igualitaria se caracteriza por la tendencia a remover los obstáculos que convierten a los hombres y a las mujeres en menos iguales. Si existe un elemento caracterizador de las doctrinas y de los movimientos que se han reconocido universalmente como izquierda, este elemento es el igualitarismo, entendido éste no como la utopía de una sociedad donde todos los individuos sean iguales en todo, sino como la tendencia a convertir en más iguales a los desiguales. Esta izquierda intentó, en algunos de sus componentes (el socialismo real), la remoción de lo que durante mucho tiempo ha sido considerado el mayor obstáculo a la igualdad: la propiedad individual, el «terrible derecho». Así se llegó a lo que Bobbio ha definido como la «utopía invertida», el vuelco total experimentando por una grandiosa utopía igualitaria hasta convertirse en su contraria: «La primera vez que una utopía igualitaria ocupó la historia pasando del reino de los discursos al de las cosas, dio un vuelco para convertirse en su contraria».

Moderación y extremismo

Ya hemos escrito que Norberto Bobbio se considera un moderado. En el libro Derecha e izquierda... contempla otra díada alternativa, la de extremismo versus moderación, que pertenece a un universo político diferente que la de derecha-izquierda. La díada extremismo- moderación está referida no al concepto de igualdad, sino al de libertad. El ideal de libertad, otro gran referente de la humanidad, no sirve para distinguir entre derecha e izquierda pues existen doctrinas y movimientos libertarios y autoritarios tanto a la derecha como a la izquierda. «Y existen tanto a izquierda como a derecha movimientosy doctrinas libertarios y autoritarios porque el criterio de la libertad sirve para distinguir el universo político no tanto respecto a los fines como respecto a los medios; o al método empleado para conseguir los fines», escribe el autor italiano.
Así se explica por qué revolucionarios de izquierdas y contrarrevolucionarios de derechas pueden compartir ciertos autores (George Sorel, Carl Schmitt, incluso Antonio Gramsci), no en cuanto sean de derechas o de izquierdas, sino en tanto que extremistas respectivamente de derechas y de izquierdas que, precisamente por ser así se distinguen de los moderados de derechas y de izquierdas. Sólo las alas moderadas de las dos afiliaciones son compatibles con la democracia. «Yo me considero un moderado [...] El moderado es, por naturaleza, democrático; un extremista de izquierdas y uno de derechas tienen en común el antidemocratismo [...] No es casual que tanto los extremistas de izquierda como los de derechas desprecien la democracia, incluso desde el punto de las virtudes que ella alimenta y que son imprescindibles para su supervivencia. En el lenguaje

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de Unos y otros democracia es sinónimo de mediocracia, entendida ésta como dominio no sólo de la clase media, SjflO de los mediocres. El tema de la mediocridad democrática es típicamente fascista. Pero es un tema que encuentra su ambiente en el radicalismo revolucionario de cada color».
De la conjunción de libertad e igualdad extrae el filósofo italiano un espectro político con cuatro categorías:
—La extrema izquierda: el jacobinismo. Moviientos y doctrinas a la vez igualitarios y autoritarios.
—El centro izquierda: el socialismo liberal Y la socialdemocracia. Movimientos y doctrinas liberales y a la rez igualitarios
—El centro derecha: partidos conservadores que 50n fieles al método democrático, pero que se detienen en la igualdad ante la ley, que implica únicamente el deber por parte del juez de aplicar las leyes de una maneimparcial. Movimientos y doctrinas liberales y a la Vez desigualitarios.
—La extrema derecha: el fascismo, el nazismo. Movi-nientos y doctrinas antiliberales y a la vez antiigualitarios.
Norberto Bobbio es uno de los pensadores políticos mas influyentes de este siglo. A esta categoría coresponde el opúsculo sobre la derecha y la izquierda. o obstante, hay que recordar que su principal contribuciOn como teórico está en la Filosoifa del Derecho. Catedrático de la disciplina y padre de la filosofía neo- positivista italiana, senador vitalicio nombrado por el presidente italiano Sandro Pertini, entiende que «todos los grandes interrogantes permanecen sin respuesta». JE’erO Como testigo del siglo xx no ha dudado jamás de u campo de acción: nunca como en nuestra época se han puesto en tela de juicio las tres principales fuentes de desigualdad, la clase, la raza y el sexo. Cuando la

derecha grita «abajo la igualdad!» no quiere decir, como alguien podría interpretar «viva la diferencia!», sino «arriba la desigualdad!». Por ello, izquierda y derecha continúan vigentes. No sólo como una suma de emociones, sino como una colección de valores.

JOAQUÍN ESTEFANÍA

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