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Leer más poesía en la escuela Chaco/ agosto 2012

Quiero iniciar este encuentro ordenando mi exposición en dos partes, ya que el título de la mesa encierra dos supuestos: el primero es que todos compartimos una visión semejante de la poesía y el segundo que se lee habitualmente poesía en la escuela.

Por la diversidad de participantes, de formaciones y edades de los presentes se me hace necesario compartir qué entiendo yo por poesía y cuál es su función en la institución escolar hoy más que en otros momentos socio culturales.

1) Hablar de poesía es hablar de dos mundos que se vinculan de manera permanente: el de las palabras y el de las emociones. El poema es quizás uno de los pocos productos culturales que nace de lo que desea el corazón, el espíritu o el alma como quieran elegir, sin entrar en disquisiciones semánticas que no son ni serán objeto de esta comunicación. Y por ser el poema creación desde lo que se siente, invoca palabras conocidas y reiteradas a veces y otras poco frecuentadas pero que inevitablemente hablan de nosotros.

El poema no es una simplificación de la emoción es una expansión de un sentimiento y la palabra allí es todo, objeto, sentido, forma y fondo.

Dice Octavio Paz en Corriente Alterna,(1967) que el sentido de una poesía es inseparable se la palabra, es palabra: “el poema no tiene objeto o referencia exterior, la referencia de una palabra es otra palabra. Así el problema de la significación de la poesía se esclarece apenas se repara en que el sentido no está afuera sino dentro del poema, no es lo que dicen las palabras sino lo que se dicen entre ellas…” Y agrega “las verdaderas ideas de un poema no son las que se le ocurre al poeta antes de escribir el poema sino las que después, con o sin su voluntad, se desprenden naturalmente de la obra… La significación no es aquello que quiere decir el poeta sino lo que efectivamente dice el poema.”

Esto erradica la viva pregunta sobre lo que quiere decir el poeta por lo que dice el poema… aquello que transmite. Quizás haya que invocar a lo que la palabras interpelan en nosotros, los lectores, lo resortes internos que tocan, las emociones que mueven, evocan, descorren.

Quizás esta forma de tener aislada, lejana de lecturas habituales a la poesía en la sociedad, en las instituciones responda a tener a resguardo los sentimientos. A no exponerse, a poner distancia entre lo que se siente y lo que se muestra.

La buena poesía pone en vilo nuestra cotidianeidad, es una conmoción, es más que un juego lingüístico, es una intimación interior. En esa intimación la palabra horada mucho más que en un texto narrativo porque su tejido es distinto. Y es costoso para cada quien someterse a este vínculo con palabras que no son superficiales y con emociones que no resultan remotas. Encontrarse con el poema es un esfuerzo porque supone un ejercicio lector novedoso, por suerte, los buenos poemas no se suceden como los textos expositivos, suceden pero hay que hallarlos, descubrirlos, seleccionar y aprender a disfrutarlos, esto es, un tiempo sin didactismos, sin un para qué inmediato.

Todo un reto para una sociedad de saciedades inmediatas.

Como ejemplo de lo que expongo, este poema de la reciente fallecida poeta y narradora de la LIJ argentina Beatriz Ferro:

Plaza.

Cierta luz / ciertos árboles/ opíparos faroles encendidos. / Cierto pañuelo blanco /que desempolva el banco/ dulce e inútilmente. /Solícito, apremiado/ pañuelo blanco A preparar la noche / a acicalar la tarde / a un costado, de pie / esperaba la dama.

Yo sólo vi el instante / y esperaba. / Ahora ya solo aguarda/ para siempre, / suelta, despreocupada /indiferente al gesto del pañuelo/ y el polvo, qué importaba. / Podrán haber sido dos espadas/ que luchaban por ella. / Ella hubiese esperado / media vuelta, la espalda./Si ganaría el pañuelo/ que importaba.

Lo demás quedó afuera/ caminos que jugaban /a ocultar la barranca./Jacarandá en la sombra,/ soledad en la estatua” Versos de Bakelita.1996, Sudamericana.

Leerlo fue oírlo con los ojos y a la vez, verlo con los oídos. Es una simbiosis entre escuchar y combinar las imágenes que fluyen que seguramente ha sido distinta en cada uno de los presentes. Al leer o escuchar un poema, nacen, se suceden las imágenes mentales. La comprensión de un poema es un ejercicio espiritual, Cada lector es otra poeta y cada poema se torna otro asegura Paz, y esto es lo que sucede con el poema de Ferro, su modo personal de descubrir la estatua, su mirada sobre la plaza en un instante y esa morosa manera de decirlo… qué se espera de él: el disfrute de la palabra. Una celebración.

Si el lector busca, encuentra porque el poema siempre está ahí gratuito y oferente. El verdadero poema con rima o sin ella, es ritmo y pausa, y como dirían los budistas es un “apoyo” para la meditación. El poeta propone abre el camino de la escritura que el lector completa casi siempre de manera silenciosa. El poema “provoca al otro “lo obliga a oír, a oírse.

Además hay otro aspecto que define un poema que es el armado visual, cómo el autor dispone cada palabra, cada verso, cada estrofa en la página, Cómo se desliza, ella, la palabra por esa tela que la anida.

Sin embargo y a pesar de que efectúe una apología de la belleza que encierra una buena poesía, no basta para convencer a toda audiencia docente de lo necesario que es tener este “punto de apoyo “para alimentar nuestro capital lingüístico y espiritual.

Si el adulto no está convencido, el niño menos, el adolescente navega en medio de sus contradicciones y prejuicios. Pero la poesía, esa inútil, cuando la dejan jugar libre por todos lados, pequeña, breve, profunda o divertida gana muchas partidas. Ella es inexplicable pero no ininteligible.

Me resta para concluir esta primera parte que vincula palabra y emoción, desmitificar que poesía es solo ritmo, o rima y juegos lingüísticos y repeticiones. Poesía es también una historia, la poesía dice mucho sobre la vida, en poco espacio. Como esta de Diana Bellesi, poeta contemporánea argentina.

Alondras

Juan y la joven amiga /de una amiga de Ramón

Son putas dijo la gente /pero yo los ví quererse

como pocas veces ví /Irradiaban esos dos

aquella luz, y a su paso /el verano les abría

su puerta dulcemente / Recostados sobre el muelle,

la cabeza en el regazo /acunándolo al Juancito /en un capullo dorado

Los amo, murmuró el día, /y yo con él para siempre

Así fue. Pero llegó /la ley. Menor, paraguayo

y la madre apareció /buscándolo. Esas lágrimas /nunca las olvidaré

Dos años después volvió /Juancito, tuvo mujer

y también hijos, y tuvo /esa sombra detrás. Dulce

y cruel herida es haber /sentido. Nos vuelve amargos

o compasivos. Por él, /tan bello y triste, existe

Shakespeare. Por ella, /a quien más no vi. Así

las historias acompañan /y nos salvan. Cuando voy

de vos, hondo estoy en mí.

Simple, esta historia mínima plena de melancolía. Estilos distintos, tonos internos variados, el poema está allí no para ser explicado sino para celebrar un acuerdo, uno de los pocos todavía celebrados entre palabra y sentimiento.

2) ¿Y esta poesía cómo ingresa a la escuela? La escuela no abandona la poesía, quizás no la frecuente más que en situaciones especiales y en determinados contextos o franjas etarias pues es más fácil trabajarla con los pequeños que con los grandes, es más amena la humorística y narrativa que la lírica pura. Si se entendiera como un festejo, contarían con ella a diario.

Aquí hallo dos realidades, el poema es necesario porque es el reservorio de trasposiciones, metáforas, personificaciones, comparaciones, imágenes…es el lenguaje hecho arte, y el más “efusivo” que tiene la literatura. Por otra parte el niño cuando comienza a moverse con el lenguaje por el mundo, ese pequeño gran mundo que debe recorrer, usa metáforas, personifica, crea ritmos, imágenes, la poesía va hacia él a través de nanas, cantos y recíprocamente es el primero que la usa, la genera y la disfruta y este encuentro ocasional es más que necesario, para que su crecimiento biológico se vea acompañado del simbólico. Simbolizar es nutrirse.

Como me así de Octavio Paz para definir el vínculo palabra, emoción, en este punto que tiene que ver especialmente con el lenguaje como alimento , lo haré a través de la sicoanalista argentina Silvia Bleichmar que explica la importancia de esta nutrición simbólica en la infancia para formar subjetividad que es función de la escuela y que consiste en poblar de palabras y significados los actos diarios y es en esa primera y maravillosa relación del niño con el arte donde el lenguaje poético muestra su mejores ropas. Dice Bleichmar: “ La crudeza de la crisis actual, centra la atención de los adultos en los problemas mayores sin percibir que nos encontramos en un momento de riesgo o de genocidio psíquico de los chicos si sólo nos ocupamos de su nutrición biológica descuidando sus necesidades tempranas de asistencia libidinal que marcan el camino de la riqueza intelectual futura”. Agrega luego: “Distintas producciones científicas señalan que la riqueza libidinal de estas relaciones primeras con los símbolos son las que atesoran y suministran confianza básica necesaria,(…) por eso es imprescindible comenzar desde muy temprano con activadores libidinales sencillos, como pueden ser cantos y poemas, para asegurar la tramitación simbólica necesaria para la nutrición del cerebro y psiquismo”. Y acopié este último párrafo que me pareció contundente:

Se ha comprobado que la falta de palabras y las restricciones en los procesos de simbolización son una carencia que deja secuelas irreparables en las posibilidades de comprender y ser comprendidos para un extenso grupo de niños escasamente asistidos cuando son pequeños. Los escasamente asistidos de hoy, serán los simbólicamente pobres del mañana.” Esta cita no requiere de comentario ni aclaración. La propuesta, canto y poema, que son caras de una misma moneda, acompañada por una cultura de la ternura será imborrable en la infancia y en la vida….

¿Quiénes la proveen? Adultos: madres, padres, abuelas, maestras dadores de ternura y solidarios con las palabras y la infancia. ¿Para qué? para poblar de nuevos significados y sentidos y así nutrir los procesos cognitivos, para ser organizadores simbólicos porque es en la escuela donde se redefine la relación del sujeto con la sociedad y donde se generan por primera vez metas que no están marcadas por el entorno primario del sujeto. Es en la escuela donde se reacomodan nuevos articuladores que pueden producir formas de simbolización diferentes a las que se arrastran (entrevista S. Bleichmar por Sandra Carli, 2003 Revista FFyL, UBA)

No es poesía cualquier rima, ni tampoco toda expresión de amor en verso. La poesía se hace de trabajo con la palabra, de muchos pequeños encuentros, acuerdos y buenos lazos con las palabras.

Me quedo con las muchísimas poesías que conozco y conoceré, que leo en forma silenciosa pero como ahora, leo en voz alta donde me parece que adquieren otra dimensión, llenan el silencio de significados y sonidos el espacio. Escucharlas, reiterarlas lleva a rememorar ese momento y ese poema. Me quedo con las que me leen otros, con la que escribo para satisfacer mi necesidad de hacerlo. He formado una pequeña biblioteca, no de fotocopias, sino de libros de poemas, y trato de poner en espacios personales de difusión como mi blog, ahora se puede difundir mucho a través de las redes sociales virtuales que forman comunidad. Difundir libros y poemas de autor.

Socializar, generar proyectos que la difundan, siempre gozosos, ese es el plan.

La poesía se detiene en la reflexión y da un secreto bienestar bien lejos del maltrato verbal que se percibe en los chicos, en los adultos, en todos los espacios, maltrato que se ejerce sobre el lenguaje con el mismo que se menosprecia al otro, que de eso se trata maltratar.

Y la lengua se vacía de sentido y se achica, se empequeñece y nos empequeñece. Por eso para empezar hay que Leer, leer y leer, y si se puede sumar leer más y más poesía, mejor para reforzar esa subjetividad en construcción de la que habla Bleichmar que se consolida en los años escolares.

O para dejar que ruede por todos lados como los objetos de este poema de Laura Devetach con el que cierro este intercambio:

Las ovejas/ las abejas/las madejas/ los botones/ los melones/los limones/ las naranjas/ las lentejas/ y los chicos/ y los viejos/ y las viejas/todos ruedan / si las dejan.

Secretos de un dedal,2009, SM .
Graciela Perriconi


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