Reunión plenaria de las comisiones de presupuesto y hacienda, de asuntos constitucionales y de mineríA, energía y combustibles






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títuloReunión plenaria de las comisiones de presupuesto y hacienda, de asuntos constitucionales y de mineríA, energía y combustibles
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per cápita se ubicó un 92,5 por ciento por encima del alcanzado en 2002 y en un 35,9 por ciento por encima del máximo alcanzado durante la convertibilidad en 2007. Estas son las últimas cifras que tenemos. Quiere decir que hemos dado vuelta la estructura productiva argentina; pero, por supuesto, lleva tiempo. Al proyecto desindustrializador le llevó treinta años destruir la industria. Créanme: lo hemos visto en Aerolínea. Destruir una compañía, destruir un país, es un proceso mucho más rápido que volver a construirlo. Pero estamos en esa dirección. Ese proceso va a llevar a muchos cambios estructurales y va a llevar a tomar muchas decisiones de fondo, como la que hoy está tomando valientemente la Presidenta y como la que hoy tiene por delante el Congreso de la Nación.

Se tiene que entender que no se trata de que YPF sea una empresa simplemente: YPF es una empresa que tiene que alinearse a un modelo de crecimiento, pero no hemos conseguido que lo haga. Ahora vamos a mostrar lo que ha hecho YPF; y lo ha hecho no en total libertad. Porque si los hubiéramos dejado hacer lo que por ahí decían algunos especialistas “lo que hace una empresa privada” -maximizar su ganancia-, obviamente esta empresa hubiera vendido el combustible a un precio equivalente del petróleo de 105 dólares el barril.

Todos los combustibles son equiparables a este precio del petróleo. De hecho, nosotros hemos tenido políticas que sabiamente han conseguido desvincular el precio interno del precio internacional. Para una empresa privada transnacional esto era una aberración porque obviamente podían conseguir más ganancias si les liberábamos el precio de los combustibles completamente. Esto lo hemos hecho con escasos instrumentos. Pero el instrumento que la sabiduría internacional encuentra como fundamental para controlar la combinación en la producción, cómo se ubica la empresa en el downstream y en el upstream, cuál es su cóctel de combustibles -el que saca de la refinería, cuánto ponen los pozos, cuánto la refinería-; la única forma es que el Estado recobre el control de la empresa.

No es que todos los países del mundo están equivocados. Algunos países son tan grandes que muchas veces el sector privado actúa libremente y puede ser que eso funcione suponiendo que hay países como Estados Unidos –una quimera– que no regula sus sectores estratégicos. ¿Por qué? Porque muchas veces es el principal clientes de esos sectores estratégicos el que subvenciona sus inversiones y, entonces, los maneja de esta manera.

Volvamos a la industria aeronáutica. ¿Quién va a creer que la Boeing es una industria que no está tremendamente vinculada, aunque aparezca como una empresa privada, con el gobierno norteamericano? Y el gobierno norteamericano tiene montones de instrumentos para dirigir la política de la Boeing. Porque ahí la situación de la producción industrial, el imbricamiento de esas empresas o de sus propias empresas petroleras con el propio gobierno, tiene infinitos hilos.

Aquí se trata de revertir una situación donde estas empresas actuaban con una lógica completamente asociada a los intereses y a las necesidades de un grupo que piensa sus políticas nacionales como un elemento más de su política internacional. En esas condiciones es difícil pensar que juegue a tono y en sintonía con las necesidades productivas de un país; más cuando los empresarios que la dirigen no creen en lo que ha ocurrido en la Argentina y todos los días están esperando el colapso. Muchas veces basta ver cuáles son muchos de los consultores que los asesoraban: aquellos que han pregonado que íbamos diez, mil, cien mil veces a la hiperinflación, a la quiebra. Lo dijeron cuando pasó lo de las AFJP; lo dijeron respecto de cada una de las medidas que se ha tomado para reencauzar la economía argentina definitiva y, estructuralmente en una senda de reindustrialización y crecimiento con inclusión social. En esas instancias siempre han puesto el grito en el cielo diciendo que esto se iba a caer a los dos días. Cuando se tomaron las decisiones con respecto a la Carta Orgánica del Banco Central dijeron que íbamos a caer en estos días en una hiperinflación galopante; que los mercados no iban a confiar más; que el sector financiero se iba a ir en desbandada porque los iban a controlar de otra manera. ¡No pierden ocasión! Y estos son,  muchas veces, los consultores: los oráculos de los empresarios; más cuando se trata de empresarios extranjeros, que ¡qué van a saber de los que estamos haciendo acá!; ¡qué van a creer!

Lo cierto es que estamos convencidos de lo que estamos haciendo, que lo estamos llevando por una senda responsable y que ha dado frutos completamente distintos a lo que está sucediendo con situaciones de países europeos como la propia España. Nosotros ya hemos probado el gusto amargo del ajuste y ya sabemos que cuando hay una profunda crisis lo peor que se puede hacer es pensar que el Estado es malo, que el Estado es el problema. El Estado es la solución y lo hemos visto en la Argentina. Entonces, ya con los problemas que hay de demanda –y no estoy dándoles consejos a España– simplemente digo que cuando hay recesión y crisis económica el Estado se vuelve un actor clave para revitalizar la demanda y la producción.

El ajuste del poder adquisitivo de los jubilados y de los salarios lo hemos vivido nosotros. Por eso, el doctor Néstor Kirchner puso un salario mínimo: pensando que la demanda interna era un factor para revitalizar la producción argentina. ¿Cómo vamos a retirar el Estado? ¿Cómo lo vamos a retirar de funciones vitales?

Hay “recetas” y “recetas” para pensar en el país y en las empresas. Estos empresarios como Brufau, ¿qué van a entender lo que estamos haciendo? Ellos están pensando en la expansión trasnacional de un grupo, cosa que han hecho en buena medida a expensas de los dividendos girados por nuestra compañía petrolera. Lo mismo hicieron empresarios como González  Pascual, como Díaz Ferrán, como el propio Mata con Aerolíneas Argentinas. Ellos hicieron crecer a Iberia al principio, cuando era Iberia. Pero ese títere que era Marsans, no bien perdió la posibilidad de seguir bebiendo de la sangre de Aerolíneas Argentinas, se desbarató como un castillo de naipes.

Tampoco estoy vaticinando qué va a ocurrir con el grupo Repsol, pero lo decían los propios diarios españoles y lo leyó la propia presidenta: Repsol, antes de apropiarse de YPF, era  una empresa muy pequeña que prácticamente no tenía producción de hidrocarburos, y ahora se ha convertido en lo que es. No se trata de un problema de hacer una revisión histórica de lo que ha ocurrido; pero que no nos vengan a decir que les estamos sacando algo que era suyo y que no han exprimido hasta la última gota. Ahora lo vamos a ver.

Quiero hablar brevemente de la inversión. Este es un punto fundamental porque de nuevo vuelven a agitar el fantasma de la seguridad jurídica, de la libre empresa y del clima de negocios.

En el tercer trimestre de 2011, con la inversión bruta interna fija en la Argentina, hemos alcanzado un porcentaje realmente espectacular. Prácticamente un cuarto del producto bruto interno es inversión en la Argentina: el 24,4 por ciento del producto, una cifra extraordinaria. En 2002 este mismo número era 11,9 por ciento. Pero déjenme tomar toda la convertibilidad sin tener en cuenta 2002. De 1993 a 2001 la inversión era de 18,2 por ciento y créanme que cada punto de la inversión es un elefante que hay que mover empujándolo, porque la inversión es un elemento que depende fundamentalmente de las decisiones privadas. Y ¿qué han hecho en términos de inversión los privados? Apostar al país porque han tenido beneficios extraordinariamente grandes. ¡Qué seguridad jurídica; qué clima de negocio más que un gobierno comprometido con sostener el crecimiento, con sostener la demanda interna; con sostener nuestras extraordinarias exportaciones hacia el resto del mundo, porque éste ha sido un modelo que ha permitido romper ese mito de que si se crece para dentro no se crece para afuera!   

Año tras años hemos batido récords históricos de exportaciones no sólo de aquello que cuenta con extraordinarias condiciones climáticas y agroambientales -como es el caso de la producción sojera- sino de nuestras producciones industriales, que están batiendo récords de exportación y de composición todos los años. Así que eso ha roto esa disyuntiva ridícula de que se crece sólo para adentro o se crece sólo para afuera. Ha roto con esa fábula de que estamos desconectados del mundo. Cuando nuestras importaciones crecen tan fuertemente, como lo han hecho el año pasado, es porque nuestra economía sigue creciendo mientras las demás se enfrían. Entonces, nosotros tenemos poder de compra para tomar esas importaciones del mundo.

Ahora bien: tenemos que cuidarnos de esos saldos exportables que no se pueden colocar. Eso pasa con el acero mundial. Pregúntenle a la gente de una de las empresas privadas más grande de la Argentina -como es el caso de Siderar cuál es su miedo. Su miedo es el dumping que nos van a hacer India, China o la propia Europa: la Europa del Este; las seis repúblicas socialistas soviéticas. ¿Por qué? Porque una vez que su industria deja de producir no tienen mejor idea que colocar sus planchones de acero en las economías que siguen creciendo fuertemente, que tienen necesidades como la nuestra. Ante una situación de este tipo, ¿qué vamos a hacer nosotros? Apostar por la industria nacional. Ver cómo podemos hacer, como lo hemos hecho, sin corrernos ni un milímetro de la letra de la OMC para, a pesar de eso, dar todas las garantías a la producción nacional de que el abastecimiento del mercado interno tiene como actor prioritario a los sectores industriales y productivos de la Argentina.

No les quepa duda de que no vamos a dejar que los problemas externos nos los exporten a la Argentina y hagan tambalear lo que tanto nos costó reproducir, que es un robusto y eficaz mercado interno, y una capacidad exportadora que hasta hace unos pocos años era un sueño. Porque en 2001, 2002 se estaba hablando de otra cosa y nadie creía que esto iba a ocurrir y está ocurriendo, señores: hemos crecido el 7,7 por ciento anual acumulativo. De hecho, tenemos necesidades nuevas a cada paso y las vamos a desarrollar con todos los que se asocien y entiendan lo que está ocurriendo en la Argentina con los planes de nuestro gobierno que son públicos y claros.

En cuanto a la orientación que estamos dando a la economía todos los funcionarios y la propia presidenta de la Nación, es algo que la doctora Kirchner no para de explicar muchas veces a esos economistas obtusos que todavía piensan que todavía las mejores recetas son la liberalización completa de todos los rubros de la economía: la apertura indiscriminada al mercado mundial, sin tener en cuenta estos factores que son los factores centrales para garantizar la continuidad de este proceso del crecimiento.                         

Hablaba de las exportaciones. Vamos a las reservas un poquito; vamos a hablar dos minutos de las reservas porque este punto es central.

A diciembre de 2011 las reservas de nuestro Banco Central acumulaban 46.062 millones de dólares. Después de haber saldado nuestros compromisos con el Fondo Monetario Internacional -10 mil millones de dólares-; después de haber empleado fondos para satisfacer algunas necesidades externas, como el caso del FONDEA; después de todo eso, nuestras reservas internacionales contaban 46 mil millones de dólares. No eran -es cierto- los 50 mil millones de dólares que había en algún momento, pero hemos hecho todo eso. Hemos capeado una corrida, prácticamente: ésta que ocurrió en noviembre. De nuevo los mercados financieros tratando de condicionar las políticas económicas y, sobre ellas, los papagayos que repiten estas ideas de que “¿Ven? ¿Cómo vas a resistir una corrida bancaria? ¡Hay que devaluar la moneda inmediatamente!”

Recuerdo que los grandes bancos pulseaban con nuestras autoridades para hacer una corrida especulativa valiéndose todavía de las ventanillas que han quedado abiertas y que todavía no hemos cerrado. El sector financiero conoce -¡y vaya que conoce!- cómo meterse por todas las grietas. Uno les dice: “Bueno: las inversiones en bonos tienen que estar fijas por ‘tanto’ tiempo” para que no especulen. Para que no aparezcan de nuevo esos capitales golondrinas que viendo que nuestro crecimiento, viendo que nuestra tasa de interés asociada a nuestras tasas de ganancia es tan elevada, van a venir a especular. Pero no necesitan sólo buenos rendimientos: necesitan válvula de escape para irse cuando encuentren mejores rendimientos o cuando tengan necesidades.

Estábamos pulseando y ahí empezaron a decir que no quedaba otra salida; qué cómo el gobierno se le iba a parar a los grandes poderes financieros internacionales; que no hay espalda en el gobierno. Y lo hemos mostrado porque han perdido. ¡Miren cómo compraban futuros para esta época! Futuros, que salen plata, para asegurarse un dólar a ocho pesos. No sólo le creyeron a los consultores que todo el tiempo están esperando que haya una megadevaluación, que quiebre el Estado: lo están esperando; son sus deseos. Son los deseos del señor Magneto, que ni bien escucha a cualquier perejil decir esto lo pone en la tapa de su diario.

¿Y qué hemos conseguido? Ahí ven: estabilidad en el mercado cambiario, mucha más de la que tienen vecinos nuestros. En la región todavía, señores, se habla de metas de inflación como la política económica que tiene que tener un gobierno: ¡de metas de inflación! Metas de inflación: ¿que quiere decir? Que el gobierno, a lo único que se tiene que dedicar a través de su Banco Central, es a regular el crédito para que no haya inflación. Quiere decir que tiene que incentivar una tasa elevada de interés para perseguir niveles de precios que, además, son índices de precios que vaya a saber qué son, porque son los precios que les interesa son los precios que les interesa al sector financiero en sus colocaciones. Entonces, el crédito en la Argentina tiene que depender según lo que indican los libros de texto de los noventa. Siguen predicando en esta dirección.

Lo cierto es que esos mismos señores vienen a dar cátedra de política monetaria, de política fiscal y de independencia; pero no hablan de independencia del Banco Central. ¡Entiéndanlo! Hablan de independencia total: libertad, libertinaje del sector financiero con un Banco Central que los represente. Eso quieren. Quieren que el Banco Central ni mire la economía: que mire simplemente los intereses y necesidades. Esa es la famosa independencia pregonada del Banco Central. No es letra chica: es letra gruesa.

Nuestras reservas, volviendo al punto, ascendían en diciembre -después de todo eso; después de ese intento de corrida frustrada- a 46 mil millones de dólares. ¿Qué van a decir? ¿Que el nivel óptimo de la reserva tiene que ser 70 mil millones de dólares? ¿Qué van a aplicar, la fórmula del señor Redrado para ver cuántas reservas necesitamos?

Tenemos reservas récord. Hemos tenido y hemos mantenido reservas récord. ¿Y por qué reservas récord? Porque hemos tenido superávit externo durante todos estos años. Un superávit externo que, más allá del número del superávit  –exportaciones menos importaciones-, hay que ver los dos números por separado: exportaciones récord, importaciones récord. ¿Qué está ocurriendo? Crecimiento récord.

Recordemos los llamados “pigs”. “Pigs” –cerdos- es el nombre con el que  bautizó el establishment económico a algunas economías europeas como Portugal, Italia, Grecia y España: “Pigs”. Hay papers de grandes economistas llamándolos cerdos.

Le pido a España que recupere la dignidad en este sentido: que mire lo que le están recomendando la derecha y los guitarristas del libre mercado.

Después de haber cumplido con todas esas recetas tienen grandes problemas económicos, pero el gran problema económicos no es ese default de la deuda externa en el que iba a caer Grecia exclusivamente: los problemas económicos que mira este gobierno y que no están en los libros de texto son el desempleo, el nivel salarial, el nivel de las jubilaciones, el bienestar de la gente. Esos son los problemas: los grandes y gravísimos problemas económicos, no lo que hace el Estado argentino con una empresa argentina; más allá de que el grupo controlante haya sido, hasta hace pocos días, español o en parte español, si uno mira la composición accionaria de Repsol. Problemas son los trabajadores españoles y las condiciones de vida de los españoles.

Repsol es una compañía que ha buscado maximizar su beneficio. Eso es algo legal; pero en esa búsqueda de maximización de beneficios –más, cuando el grupo completo está en dificultades, mientras la Argentina sigue creciendo y generando utilidades- los intereses del grupo pueden eventualmente chocar con los intereses de nuestro modelo de crecimiento económico con inclusión social. Pueden chocar. Yo me atrevo a decir: es casi claro que en algún momento van a colisionar y se va a hacer claro que resulta muy difícil seguir conviviendo.

Junto con el superávit externo hemos mantenido durante todos estos años -y fíjense- el superávit fiscal. Mientras, todavía andan por ahí hablando del gasto electoral. Los que hablan del gasto electoral son los mismos que presentaban esos proyectos hablando del gasto de la política diciendo que el gasto de la política era el sueldo de los señores senadores y de los señores diputados: una institución. Entonces, lo mismo que los trabajadores, son un costo para la empresa. Ahora resulta que la retribución de diputados y senadores es el “costo de la política” para la República. Resulta que las instituciones tienen que andar gratuitamente: las instituciones que nos dan las leyes.

Esos mismos eran los que pregonaban el ajuste permanente. Un ajuste permanente, señores, que no los llevó a ningún lado porque los gobiernos neoliberales tuvieron déficit fiscal permanente: ¡miren qué paradoja!

El superávit externo y el superávit fiscal los logró este gobierno. Porque ¿cuál era la clave del superávit externo y del superávit fiscal? El modelo de crecimiento con inclusión social: si no, es imposible. Si no hay producción doméstica y uno la está liquidando, ¿de qué superávit fiscal van a hablar? ¿Qué impuestos van a recaudar si están destruyendo su industria, si están destruyendo el consumo, si están destruyendo los salarios? Entonces era contradictorio. ¿En qué se basaba esa premisa del superávit, del “déficit cero”? ¿Lo recuerdan? Ese ajuste permanente; y no sólo el gobierno de Carlos Menem. El gobierno del doctor de la Rúa, a veces con los mismos actores, vino a decir que la única política posible era el ajuste permanente. “Ajustarse el cinturón”, y de ahí todas esas frases nefastas, macabras: “hay que pasar el invierno”.

¿A qué llevó eso? A comprimir más el papel del Estado; a comprimir hasta donde se podía los salarios de los trabajadores y los beneficios sociales. ¿Eso en qué redunda? No en superávit: en más déficit. Es una espiral descendente; y esa espiral descendente no necesita, por supuesto, que YPF tenga ningún papel. ¡Que haga lo que quiera YPF!

Y con la deuda pública ocurre otro tanto. Ahora van a ver las cifras. Porque respecto de YPF –a pesar de lo manifestado por ese hombre que anduvo por ahí hablando de la excelente gestión de YPF– ahora nos encontramos con que tiene una deuda cercana a los 9.000 millones de dólares. Esto es algo que, por supuesto, se va gestando. Uno puede entender: son empresas complejas que hay que gestionar. Uno puede entender la lógica, la dinámica de la deuda, solamente cuando está sentado y habla con los actores. Porque, de lo contrario, puede parecer que es deuda de corto plazo, porque estábamos coinvirtiendo más. Se puede disfrazar la deuda de mayor inversión. Eso ha hecho el señor Brufau, quien nos ha dicho que el año pasado YPF ha tenido niveles récord de inversión; pero uno se pregunta dónde está esa inversión si la producción siguió cayendo. O sea, Brufau reconocía que la inversión venía baja. Después vamos a hablar de los planes de Brufau. El ministro que me acompaña y yo lo hemos visto y escuchado en primera persona diciendo que, después de mucho sostener que no había que modificar nada, en un par de meses nos traía su proyecto de modificación de la política de la compañía. Esto es algo que aparece refutado en el mensaje que envía la presidenta de la Nación porque, con desparpajo, este señor hacía una confesión donde decía: “Miren: la verdad es que hemos hecho esto de la siguiente manera. Ahora, a partir de este año, vamos a hacer esto otro.” ¿Y a qué te estabas dedicando?

Y esto sólo se puede conocer si uno conoce los verdaderos planes estratégicos de la compañía. Porque la reversión de la situación de una compañía de esta magnitud se puede dar muy rápidamente y sólo la conoce quien está sentado en ese sillón. Por eso, sabiamente, aquellos que tienen riquezas hidrocarburíferas dicen que si éstas se quieren usar para algo –no si se quieren regalar–; si se quieren utilizar en beneficio del pueblo que representa, el manejo día a día de esa producción tiene que estar en manos del propio Estado. De lo contrario, tiene que haber una fuerte participación de éste en el control de la compañía.

La deuda pública en la República Argentina se redujo de una forma extraordinaria. Ahora nos hablan de default de Grecia y de la reestructuración de dicho país. Pero atención con esto: hay reestructuraciones que son positivas para los países y otras que son negativas. Depende de quién la haga la reestructuración.

¿Qué es lo que conseguimos nosotros? Cambiar la estructura de nuestra deuda convirtiéndola en una deuda de largo plazo –era de corto plazo–, lo que nos permitió extender la vida promedio de la deuda pública nacional a once años casi duplicando el 6,1 por ciento de 2002. O sea que nuestros acreedores van a tener que esperar largo plazo porque este es el promedio para que nosotros podamos honrar esa deuda, como hemos hecho puntualmente una vez retransformada.

Con relación a Energía e Infraestructura, voy a dejar que después brinde algunos elementos el ministro acerca de la política que hemos llevado a cabo; pero todo esto forma parte de un proceso acumulativo que va avanzando. No es gradual porque lo hemos hecho vertiginosamente y de esto hablan los números: un ritmo de crecimiento del 7,7 por ciento; a un ritmo de crecimiento de la industria de más del 9 por ciento. Algunos dicen: “Claro, ¡qué ventaja que tenían! Tenían esos establecimientos.” Muchos de los aquí presentes en sus provincias, en sus lugares, conocerán esos edificios fantasma donde antes funcionaban industrias y que hemos reactivado. Entonces, algunos dicen: “¡Qué fácil! Claro: estaba toda la estructura puesta y sobre eso es fácil estructurar el crecimiento.” No es así: durante treinta años estuvo eso allí enmoheciéndose y llenándose de telas de araña. Se necesitaba de una fuerte decisión, de mucha inteligencia y de llevar adelante con tenacidad un modelo que permitiera revertir una situación que requirió treinta años para que se despliegue completamente.

Esto se inició a sangre y fuego ocupando esas plantas industriales, muchas de ellas con el ejército, y con algunos industriales cómplices que marcaban a los trabajadores que había que desaparecer para que la compañías pudieran tener clima de negocios y seguridad jurídica. Léase: “sin sindicatos que defiendan sus derechos y sin organizaciones a escala nacional”. Después, se produjo esa reforma laboral de la ley “Banelco” que pensaba que los sindicatos tenían que ser grupitos de dos personas y que tuvieron que escandalosamente aprobar.

Entonces, ahora está la necesidad de recuperar el control. Algunos cuestionan por qué YPF y no agarrar alguna otra empresa. Ahora vamos a ver un poco la participación de YPF. No voy a abundar infinitamente en esto. Hay millones de datos. No quiero marearlos. Quiero referirme a los datos de la presidenta, simplemente profundizando un poco más el tema. También estamos para responder preguntas.

YPF, aun después de la administración española de Repsol, sigue siendo el actor clave. Pero es verdad, no les quepa duda: si seguía este camino iba a dejar de serlo. Entonces, que ningún payaso venga a decir que YPF es una empresa sin importancia. Ahora parece que, para defenderla, hay que decir que no sirve para nada. Entonces, ¿por qué YPF? ¿Este es el argumento? ¿Por qué YPF, si controlar esta empresa no sirve, si es un pedacito chiquito del mercado?

La reducción de la participación de YPF en el mercado es el resultado de la propia política de YPF. Esta empresa es menos en el mercado extractivo porque sistemáticamente Repsol tuvo la responsabilidad de haber sido el total controlante de esta compañía a través de su porcentaje accionario: siempre. Desde1999 en adelante lo que hace YPF lo deciden funcionarios españoles. Y me animo a decir más porque participé como veedor de algunas reuniones de Directorio: lo hacen con comunicación directa con España.

Del mismo modo que ocurrió con Aerolíneas Argentinas se dedicaron a descerebrarla, a lobotomizarla, a sacarle hasta los sistemas con los que se tomaban las decisiones. Porque, señores: tienen derecho. Es un grupo trasnacionalizado que no piensa en el trabajador argentino ni en el automovilista argentino. No sé en qué lugar está, dentro de las prioridades de Repsol como grupo a cuánto van a pagar el combustible nuestras industrias y nuestras generadoras eléctricas; si va alcanzar –o no– la producción nacional. Y les digo más, porque los hemos escuchado: se quejan todo el día del precio. Los hemos escuchado en estas últimas reuniones a Brufau diciendo que el problema que tuvo YPF es que los precios internos eran bajos. Ahora, si esos precios internos eran bajos, ¿cómo sostuvo esa extraordinaria rentabilidad durante todos estos años? Tan bajos no eran.

Pero como ustedes saben en economía, como en la vida, los precios son bajos o altos dependiendo con qué se comparen. Entonces, aquí se pretendía que el precio de la nafta, del gasoil, del barril de crudo, estuvieran al mismo nivel que el mercado internacional; mercado que no tiene únicamente como dificultad para nosotros que ha elevado sus precios a niveles históricos que nadie se esperaba –superando la barrera de los 100 dólares el barril– sino que además, en lo que respecta a nuestra política, es altamente fluctuante y tiene elementos especulativos, como todas las commodities.

Entonces, ¿qué vamos a hacer? ¿Fijar el precio de la nafta mirando el WTI? ¿Mirando cómo se mueve el mercado de Houston? Entonces, ¿el señor va a llegar al surtidor con una pantalla de Bloomberg o de Reuters viendo a cuánto está el petróleo en Houston? ¿O cuál es la última invasión norteamericana, lo cual que afecta el precio del petróleo? Bueno, señores, ese precio pedía el señor Brufau. Un precio a tono con el precio mundial o, si no, que se lo dejara exportar más, independientemente de si se satisfacía el mercado interno. Lo ha dicho delante de todo el mundo. Ha dicho: “¿falta fuel o gasoil para satisfacer a las generadoras eléctricas? Que lo traiga el Estado y que se lo venda al precio que ustedes dicen.”

¿Por qué el precio al que le vendemos a las generadoras es bajo? Porque de eso depende el precio de la energía del país. ¿Cuándo es alto o bajo el precio del barril y con qué lo queremos comparar nosotros? Con los costos de la compañía.

Hagan un ejercicio de economía básica. El barril en el extranjero está ahora a 104/105 dólares. Y nosotros “obligamos” –y lo pongo entre comillas– a vender aquí a 60 dólares o 67 dólares. Claro, el señor dice que no hay seguridad jurídica ni clima de negocios. “¿Por qué el tipo que explota en Afganistán vende a 105 y yo, que he hecho la inversión, que soy un gran empresario y me codeo y manejo con los grandes petroleros del mundo, no puedo vender todos los barriles que saco a 105 dólares?”

Si se lo regulamos de alguna manera es mediante una legislación imperfecta, armada filosóficamente para un mercado desregulado y para cuando el barril estaba a nueve, treinta o cuarenta dólares.

Entonces, ¿es alto o bajo el precio del barril interno? ¿Lo podemos controlar teniendo a un señor que todos los días va a condicionar su actividad a que el barril interno esté al mismo precio que el barril externo? Y no digo algo malo. Es de buen empresario hacer eso. Nos lo dijo a nosotros: “Si quieren que venda más barato me van a tener que obligar.” ¿Qué quiere decir eso? Que tenemos a una empresa cuyos intereses chocan con los intereses del país. Se la puede regular y llevar con riendas. Pero, pónganse en las botas de un empresario que puede vender a 105 y adentro a 60 ó 65 dólares. ¿Qué creen que va a hacer? Va a guardar el petróleo, no lo va a sacar de debajo de la tierra. Lo va a retener, a atesorar ,y hará que falte el petróleo para obligarnos a nosotros a importar petróleo –ahí sí, a los duros 105 dólares– y luego venir y decirnos: “Ven, son estúpidos ustedes, lo pagan a 105 dólares afuera cuando se los puedo dar –ya no a 65– a 80 ó 90 y ahorran plata.” ¿Ahorrar plata? ¡Pierde plata el país! Porque nuestro criterio para ver cuál es el precio del combustible, de la energía, en la Argentina son los costos reales en que incurren las empresas. Y a cualquiera de esos que dicen que con regulación se puede conocer todo esto, ¡por favor! La única forma de conocer los costos es estar parado pozo por pozo. Es la única forma, si no, te van a mentir. ¿Cuántos funcionarios públicos necesitaríamos para conocer una actividad tan compleja y de milímetro como la petrolera? Porque los tipos te dicen que el pozo bajó la presión, hay que subirla, estoy trayendo una máquina...

¡Señores, lo saben solamente ellos! Por eso, los Estados intervienen en el control de sus petroleras. Justo es una empresa que, a nivel productivo, depende de recursos naturales que no son un bien industrial que se produce estandarizadamente. Hay que ir a ver el pozo, hay que ver cómo está.

Juntamente con el ministro y con los delegados que ha colocado la intervención recién ahora nos estamos enterando del estado de los pozos. Con el secretario de Energía, Daniel Cameron, hemos tratado de conocer el estado de cada pozo, pero te dicen que se agotó. ¿Qué quiere decir eso? Que ya no es rentable. ¿No es rentable para quién? ¿Y qué se va a hacer? La Secretaría de Energía debía remitir una nota para pedir que ese pozo se ponga a producir.

¡Pero eso se hace con un perillero, unas palancas y unos botones que hacen producir el pozo! Pero esos botones están en la dirección de Yacimientos Petrolíferos Fiscales. No están en ningún otro lado del mundo o, perdón, tal vez, están en el grupo Repsol.

Nos han desabastecido para quebrarnos la muñeca y sacarnos más precio. Cameron ha luchado denodadamente para que eso no ocurra, y lo ha conseguido ya que los precios internos están desdoblados de los externos. Cosa que me hace acordar a otros exportadores a quienes tampoco les gusta que los productos internamente no se vendan al precio internacional y que están dispuestos a ponerlos al costado de la ruta. Y me refiero a muchos que, además, te dicen que no hay clima de negocios ni seguridad jurídica. Claro, seguridad jurídica es que hagan lo que se les cante, porque es así, sin pensar en el conjunto de la economía argentina. Ese es el papel del Estado.

Por eso, en algunas actividades la regulación es tan sofisticada –casi me animaría a decir imposible–, si es que uno no quiere una maraña regulatoria y un batallón de tipos que van a ser más empleados que la propia YPF para controlar a YPF. ¿Hace falta que hagamos esto cuando se trata de una empresa que por su ADN es argentina? Y si no es argentina, por lo menos, es nacional. O, por lo menos, no juega en un grupo trasnacional que ni siquiera producía petróleo o que ha aprendido a producir petróleo con YPF. Y no contento con eso, se ha expandido a producir petróleo en otros países con la espalda enorme que le dio la producción de YPF.

Entonces, ¿cuál es el precio del barril? Esa es la discusión. Y la decisión de la señora presidenta es que para controlar fehaciente, responsable e inteligentemente eso la única forma que ha enseñado el mundo desarrollado y el no desarrollado, los países que nadan en petróleo y que lo cuidan como si fuera oro, es controlando directamente las compañías petroleras. Tal vez, la economía más grande del mundo pueda hacer otra cosa. Pero son casos especiales. Sus economías son casi el mundo. Pero todo los ejemplos que uno pueda encontrar –Noruega es un caso– van en el sentido indicado.

Nosotros hemos transitado un camino arduo, de pelea, de sudor y de lágrimas para conseguir que la producción hidrocarburífera se encuentre a tono con las necesidades del crecimiento acelerado que hemos tenido y que creemos que va a seguir, aunque ellos no lo creen y apuestan todo el día, como dijo la presidenta, a que esto se rompa porque si no van a tener que seguir vendiendo los barriles en el mercado interno, que afuera pueden colocar a precio internacional, a un precio diferente en virtud de que se necesitan. Es así como nos han llevado al desabastecimiento a fin de torcernos la muñeca.

Como lo hace todo empresario más o menos avezado, lo han hecho de manera disimulada, de manera lateral, sin comunicar sus planes.

Les comento a los paladines de la regulación que regular al sector privado en materia hidrocarburífera no es tan fácil. No te van a venir con su plan de negocios verdadero. No sabés para qué pusieron dos mangos allá o acá. Tienen quinientas cincuenta mil excusas para decirte que lo hicieron y al cabo, como son inversiones de mediano y largo plazo, igual que en el caso de Aerolíneas Argentinas, te enterás cuando solamente vuelan veintiséis aviones. Es decir, te dicen que uno está en reparaciones, otro en mantenimiento o que tal repuesto no se consigue y hubo que traerlo de afuera.

Señores, es muy difícil. De lo contrario, se va a tener un Estado gigantesco para regular a una compañía que la experiencia indica que la única regulación efectiva es el control.

Esto no es una receta de libro de texto. Hay que ver cada sector. Son contados los ejemplos, como justamente el de hidrocarburos, donde todo el mundo hace prácticamente lo mismo.

Entonces, ¿cuál es el problema? ¿Que la revolución de mayo está mal porque en vez de haber sido en 1810 debió haber tenido lugar en 1805? ¿Entonces no me pliego? Puse cualquier ejemplo. La oportunidad surge en el desenvolvimiento de una política.

Seguro que todos tenemos algo para opinar. Pero hoy tenemos este proyecto que marca el problema y propone una solución sobre la cual ya estamos sentados trabajando. Y esto va a dar resultado, tanto como lo dio en el caso de Aerolíneas Argentinas. En términos de puntualidad remontamos una situación imposible. Ustedes estaban y viajaban cuando estaba Marsans. Era un desastre.

Creo que hoy salió en el diario un artículo sobre los niveles de puntualidad auditados por los mismos que levantaba la oposición muchas veces para decir que la empresa funcionaba mal –The Tour– y que ahora ni mencionan para decir que funcionan bien. Dicen: fuentes privadas independientes. Esas mismas fuentes se sientan delante de la pantalla y miran cuándo salen los aviones.

Esto ha costado, porque hubo que cambiar una cultura organizacional, tal como expresó, de nuevo con otra decisión valiente, la presidenta de la Nación en aquel discurso de los hangares de Aeroparque, cuando dispuso una serie de medidas que eran lo que faltaba. Y uno diría: ¿por qué no las tomó el día uno? Porque los problemas se van mostrando de a poco, como dice el chiste de los elefantes –imagino que lo conocen–: si uno les toca solo la trompa piensa que es una manguera y si le toca una pata piensa que es una columna; hay que ver el bicho entero.

Para esto hace falta andar un camino y ese camino se ha andado.

Ya no se puede seguir en estas escenas de pugilato con un empresario que lo que quiere es vender el barril del petróleo acá adentro a 105 dólares y ha hecho las cosas para forzarnos a que esto tenga que ser así. Incluso tiene el desparpajo de decir: ahora les cuesta más barato pagarme el gas a lo que estoy diciendo que seguir importándolo. Si él es el que día a día va haciendo todas las cosas que uno no puede ver para reducir la producción de gas.

Lo he dicho el primer día: esto no es un problema de producción. Y vamos a demostrar que mintió al decir: los pozos están declinando porque están viejos, agotados; esto es natural, no vengan a pedirme que haga milagros; estas son leyes de la geología.

En YPF con control estatal, señor Brufau, va a operar un milagro, porque vamos a producir más. Usted no producía porque invertía en otro lado, en negocios de corto plazo, en estaciones de servicio que parecen shopping centers y en ahorcar a los estacioneros que no son propios en vez de hacerlo en extracción y en exploración.

¿Qué nos viene a decir que están viejas las áreas? Al lado de las concesionadas a YPF siempre hay otra empresa que con la misma cuenca aumenta la producción y la reserva, mientras YPF la disminuye. Y no es que no nos dimos cuenta, hemos tenido paciencia. Hemos tratado de orientar y regular las políticas.

Quiero contarles la primera reunión y la segunda que tuvimos con Brufau. A la primera vino montado en una soberbia increíble a decirnos que YPF había hecho todo perfectamente, que no había tal declinación ni tal falta de inversión. Y vino a la segunda, después de ver que el gobierno y la presidenta de la Nación estaban convencidos de que esto era un ultimátum –desde la primera reunión hasta la última hemos dado dos meses–, a decir: la verdad es que podemos revertir esta situación, pero Repsol no tiene plata para invertir.

La pregunta es: ¿dónde la habrán puesto que no la tienen? ¿Qué pozo puede dar unos metros cúbicos más? Solo se conoce ahí. Esto, por poner un caso. Si las reservas de una compañía son el secreto, lo conoce solo ella. Y está bien que ocurra así. Porque de la otra forma habría que poner geólogos al lado de cada geólogo y conocer al detalle lo que está ocurriendo en cada área. Y para eso tendríamos una YPF tan grande como YPF que en lugar de producir petróleo y combustible se dedique a controlar a la otra empresa.

Hay sectores que se controlan manejándolos, conduciéndolos. Por eso no hemos aspirado a expropiar toda la compañía; simplemente, a modificar el control que hasta ahora era del grupo Repsol, responsable de haber llevado a la compañía en una dirección.

Se ha hablado de todas las maneras posibles. Hasta hemos sido –por decirlo de alguna manera– amigables, amigos de Repsol, cuando más o menos veíamos que iba en la dirección adecuada.

Hay ciertas decisiones que se toman hoy cuyos frutos se conocerán en tres años. Y uno no sabe de qué inversión se trata. Uno podría decir: problema tuyo si no lo sabías.

Señores: cualquiera que esté metido en un proceso productivo sabe que hay que caminar la planta todos los días y no una vez con un arqueo para saber qué es lo que realmente pasa en una empresa; y ni hablar de las petroleras.

Voy a hablar del ingreso de Repsol a la compañía. Fíjense la evolución de producción de petróleo de YPF Repsol. Porque acá hay un problema de los empresarios que conducían Repsol. Pese a las mentiras que obviamente decían: nosotros estamos consustanciados con el gobierno, creemos en esta política; lo que hicieron fue que ni bien se vino la devaluación iniciaron una política sistemática de reducir la producción por esto que digo de la pulseada, más todo lo que comentaba la presidenta que uno se pueda imaginar, de apuestas políticas que hayan hecho estos empresarios.

Después, si quieren, voy a mostrar precios de petróleo. Porque obviamente para ellos el indicador es el precio.

¿Por qué el precio interno es más bajo que el externo? Porque es una política deliberada que en algunos sectores se mantenga un precio interno bajo para sostener el poder adquisitivo del salario y para fomentar la competitividad de la industria en la producción –no solo de la industria, del comercio y el transporte, ya que todos indirectamente viven de la energía– con el objeto de dar seguridad jurídica y clima de negocios –palabras horribles–. Nosotros mantenemos un precio estable, no ese serrucho que son los precios internacionales del petróleo y los combustibles.

Para todo eso hace falta regular el precio interno. Y si este Congreso discute cuál tendría que ser el precio del barril para garantizar estas variables que estoy poniendo, probablemente llegue a números que al señor Brufau le provocarían un ataque cardíaco, porque puede ser que hasta no sean rentables para la compañía.

Supongamos que nuestros pozos empiezan a ser menos productivos y aumentan los costos. ¿Hasta cuánto este Congreso está dispuesto a llevar el precio del barril interno de petróleo? Tal vez haya que subsidiarlo. No es este el caso, porque afortunadamente este país tiene recursos que permitan producir petróleo a un costo barato. Pero tenemos que discutirlo porque esto pasa con muchas tarifas que nos las tiran encima como si fuera un problema, por ejemplo, porque el Estado regula el precio de los pasajes.

Cuando Mata y compañía estaban sueltos se presentaron en el CIADI a decir que las tarifas aéreas eran muy bajas. Esto es antiempresa. No permite la libertad de mercado. Claro, pero preguntémonos respecto a qué y para qué son muy bajas las tarifas aéreas: para que los ciudadanos argentinos, para que los habitantes de un país federal como este tengan unas tarifas aéreas a niveles razonables. Por supuesto que Aerolíneas Argentinas, en los lugares donde hay monopolio, podría poner las tarifas aéreas por el cielo. Pero es una política de este gobierno que las tarifas aéreas y de transporte y que el barril de petróleo esté a niveles razonables para garantizar determinado bienestar a la sociedad con la competitividad, que también representa más puestos de trabajo, y con la no fluctuación de los precios internos a niveles internacionales. Ahora bien, todo ese combo da que para una empresa privada puede sonar a escarnio o indignación que nosotros tengamos estas políticas.

Uno podría preguntarse a cuánto tiene que estar el subte. Claro: viene una persona con estas ideas y clava un aumento del 123 por ciento. ¿Y qué tenemos? Que la gente va a viajar en colectivo. Porque son tarifas sociales, con sentido social. Podremos subir y discutir los niveles de las tarifas en función de 500 cosas, pero nuestro objetivo no es la rentabilidad de la empresa. Entonces, aparece el subsidio. Pues bien, el subsidio bien entendido es la diferencia entre el precio y el costo. Si nosotros ponemos un precio al bolsillo más bajo que el costo aparece que alguien tiene que asistir a las empresas para que tengan una rentabilidad razonable. Porque creemos en la libre empresa subvencionamos a algunas compañías que con los niveles de precios, que son una política económica y macroeconómica del país, porque son determinante y resorte del nivel del salario real… Así que los que dicen: “che, ¿por qué no tienen más ganancia?”. Discutamos los precios y cuando esos precios están regulados –a veces, amistosamente, porque hay que ser amigos de los empresarios, ¿no De Vido?, cuando no tenemos el instrumento para fijar el precio por resolución–, hay que ser amigos o parecer amigos, e ir y acordar. Es un acuerdo libre.

¿Qué dice el señor Brufau? “Para que yo haga lo que ustedes necesitan – era todo muy criterioso– me van a tener que obligar, porque yo no lo voy a hacer.”. ¿Por qué? “Porque yo tengo que obtener la máxima ganancia”. Máxima ganancia implica precios elevadísimos, impagables para los argentinos. Por eso la presidenta muestra lo del déficit y dice “esto es crucial para nuestro modelo”. Nosotros vamos a asegurar rentabilidad para YPF, pero no lo vamos a hacer a costo de poner tarifas que quiebren a las empresas. Pregúntenle a un empresario, a esos señores que vienen hablando de la rentabilidad en este sector. Pregunten a todos los demás empresarios qué opinan de los precios de los hidrocarburos sostenidos en estos niveles gracias a la política de este gobierno.

Ahora bien, ¿qué pasaría si nosotros tenemos mayores costos o si durante una etapa tenemos que explorar algunos yacimientos, lo que nos requiere incurrir en mayores costos? ¿Qué nos diría el señor Brufau? “Yo lo hago si vos me das precio”. ¿Qué diría? Que es lo que nos dijo: “dame el gas a 9 dólares y yo te saco el gas”. ¿Cómo fiscalizamos los costos finos si no es estando ahí adentro? ¿Hay que creerle a la declaración jurada de un grupo trasnacional? Hay instrumentos que no tenemos: podríamos entrar a modificar los instrumentos, pero todas las empresas han entendido que el camino razonable, justo y necesario es este. Y, de nuevo, que era una asignatura a revertir. Hemos sostenido esto andando tan bien con este crecimiento, con esta competitividad, sin la necesidad de hacerlo. Ahora se nos presenta esta necesidad.

¿Qué ha hecho, entonces, YPF? Ha disminuido, la producción de petróleo desde 1997 hasta ahora en un 49 por ciento, sistemáticamente y a partir de la devaluación. También lo han hecho en el campo en algún momento: es una práctica común del productor exportador guardar la producción, atesorarla, porque tiene la perspectiva de conseguir un precio más alto. Hemos visto esos nuevos silos…, la práctica normal del empresario. Brufau podría decir “sí, yo he guardado producción porque esperaba que el precio fuera a subir”. Pero no es que esperaba: todos los días operaba, insistía, presionaba…; la presidenta usó la palabra extorsión. Porque si te desabastecen el mercado y te dicen “la única forma de abastecerlo es subir el precio”, ¿cómo tenemos que catalogar eso? Aunque no es ilegal, sí está reñido con los principios que rigen nuestra ley de hidrocarburos. Pero, claro, ese es un grupo empresario que tenía un solo objetivo, que era maximizar la ganancia. ¿Y si el señor decía toda la inversión la voy a poner en las estaciones de servicio y no en la extracción? ¿Por qué? “Porque es más rentable”. Sí, es un resorte que maneja la compañía. Más aún, el directorio puede presentar un plan de inversión y después apartarse todos los días o hacer como hicieron otras empresas, que dijeron “hay un clima enrarecido en el mundo y mañana dejo de invertir”. Pero hemos llegado a un punto que nosotros necesitamos cantidad y precio que acompañen nuestras políticas. Y ya no es tiempo de seguir viendo si se les ocurre o no, si están de acuerdo o no. Lo tenemos que hacer. Y no lo vamos a hacer con fobia hacia todos los privados que manejan todo el sector o la propia YPF, porque parte de estas acciones flotan en el mercado. Vamos contra el grupo que tuvo esta estrategia, que llevó adelante estas políticas y que, como vamos a hablar dentro de un minuto, pensaba seguir llevándolas adelante.

Ni siquiera esto es completo, porque fíjense que Repsol posee más acciones de las que les da el control de la compañía. Entonces, solamente necesitamos las que sirven para controlar la compañía. Si ustedes, junto con los diputados, aprueban esta ley Repsol seguirá siendo dueña a tal punto que ni siquiera hay problema con Repsol como empresa, como grupo. El problema son la dirección, los planes que llevó adelante y lo que pensaba seguir haciendo, que solamente se pueden torcer… Porque nos han dicho “dialoguen”… El otro día escuchaba a alguien de la oposición que decía que en otros países se condiciona a las compañías, hay miles de instrumentos… Pero después, cuando vamos y ponemos a jugar esos instrumentos hablan de patoteros…, ¿no? Cuando el Estado se para y le dice “señor, usted…” hablan de patoteros. Pero no es eso, sino que el tema es más de fondo: puede ser que las mayores ganancias de Repsol con YPF no surjan de implementar los planes acordes a nuestras necesidades. Es así, porque nos ha develado sus planes, nos ha dicho que ya estaba en conversaciones para implementarlos. ¿Qué organismo regulador puede saber con quién conversa Brufau y qué compromisos tiene si no está sentado en la empresa? Y cuando el acuerdo ya esté hecho, como sucedió en alguna zona, nos vamos a enterar de que ya lo tiene firmado. ¿Es ilegal? No es ilegal. ¿Requiere de nuestra autorización? No requiere de nuestra autorización.

Sistemáticamente, ha reducido la producción. Les muestro un gráfico: en el año 1997 en la producción de petróleo local, días antes de que esta gente tomara el control de la compañía, Repsol representaba el 42 por ciento. Y ahora algún papanata dice ¿cómo van a expropiar una empresa que representa sólo el 34 por ciento? Esto fue una política deliberada: no producir petróleo porque se dedican a los segmentos premiun del mercado. Es como había hecho Marsans con Aerolíneas Argentinas: ¿dónde va a poner los aviones? ¿Los va a poner a volar en vuelos directos a Santa Rosa? No, va a los segmentos premiun del mercado. Si no, fíjense dónde está operando la empresa privada que es competencia de Aerolíneas Argentinas: en los destinos que tienen más pasajeros, que son pasajeros que viajan en primera, destinos cercanos, no sea cosa que tengan que viajar con tarifas reguladas gastando mucho combustible. Pero, claro, son libres de hacer eso. Ahora bien, la pregunta es: ¿la política aerocomercial argentina tiene que bailar al ritmo de la rentabilidad empresaria en un sector estratégico como los vuelos aéreos? Y vemos los resultados.

Sin violar ninguna ley probablemente –probablemente, pero vamos a ver qué hicieron con el medio ambiente cuando miremos en zona qué pasó con los pozos, dónde tiraban cada metro cúbico de agua contaminada, vamos a ver con qué nos encontramos cuando abramos la caja negra, lo que cualquier empresa privada sabe esconder muy bien cuando viene un inspector, cuando vienen diez inspectores-, si YPF ahora es 34 por ciento del mercado es porque desde 1997 al 2011 se ocupó de no producir más crudo, porque le gustaba más el precio de la premiun y no del barril.

Me atrevo a plantear un contrafáctico: si nosotros hubiéramos puesto el precio internacional como ellos pedían, YPF quizá era hoy el 60 por ciento del mercado. ¡Qué argumento estúpido y circular decir “no le saquen la compañía a los que provocaron esto porque miren, pobre gente cómo están, solamente son el 34 por ciento del mercado”! Esperen que el Estado tome el control de la compañía para ver si esta proporción se respeta.

Miren a la propia YPF que cuando le gustaba el precio producía más, y cuando después de la devaluación el precio del crudo dejó de gustarle, hizo dos cosas: pidió precio internacional en una ventanilla y nos ahorcó a los argentinos en la otra. ¡Pobre gente! ¿Cómo siendo solo el 34 por ciento? ¿Cuál es el resultado de ese argumento? ¿Quiere algún senador presentar un proyecto de ley para expropiar a todas las empresas porque está de acuerdo con el contenido? ¿O es una chicana estúpida que no va a ningún lado? ¿Qué pasa? ¿No les alcanza con expropiar YPF? Y ni siquiera YPF, sino una parte, que es la porción accionaria respetando a la propia Repsol, que se queda con una participación muy importante en una empresa enorme. Además, esto va al Tribunal de Tasaciones de la Nación para pagar, según nuestra ley de expropiación, lo que termine siendo el costo real. No les vamos a pagar lo que ellos dicen, como quiere el señor Brufau: 10.000 millones de dólares. ¿Eso dónde está? ¿En la especulación que mandaron a hacer algunos días que pensaban que iban a vender las acciones? En ese leonino estatuto interno que dijeron que si alguien osaba poner un pie, como al propio Estado… Porque créanme que si uno quería comprar acciones para entrar a la compañía y pasaba el 15 por ciento, pisaba la trampa del oso y tenía que comprar el ciento por ciento a un valor equivalente a 19.000 millones de dólares.

¡Porque los tarados son los que piensan que el Estado tiene que ser estúpido y comprar todo según la ley de la propia YPF, respetando su estatuto! ¿Si no dónde está la seguridad jurídica? Señores, fue una empresa, se reunieron y dijeron: “¿Cómo podemos hacer para que nadie nunca intervenga en el control de la compañía?” Será que es sagrado el control de compañía, será que se dieron cuenta que tenían la gallina de los huevos de oro y dijeron: la vamos a hacer parir pero que nadie pueda husmear acá en la compañía.

Ese director que tenemos es porque la acción de oro desapareció, porque ahora tenemos una acción de oro boba. ¿Cuánto tenemos? 0,9 por ciento…

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