Reunión plenaria de las comisiones de presupuesto y hacienda, de asuntos constitucionales y de mineríA, energía y combustibles






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Sr. Presidente.─ Senadora: independientemente de que yo haya hecho pública esta nota de la senadora Estenssoro, nosotros vamos a hacer esta comunicación a todos telefónicamente. Es lo más fácil que se puede hacer.

De hecho, nada obsta a lo que el presidente del bloque del Frente para la Victoria ha dicho, de que hoy y mañana tengamos tiempo suficiente para que se pueda exponer. Por lo cual invitaremos a todos, y el que quiera venir tendrá el lugar para ser escuchado.

Sra. Negre de Alonso.─ Señor presidente: no tengo dudas de eso; no tengo dudas de eso.

Sr. Presidente. ─ No tenemos ningún interés en negarlos.

Sra. Negre de Alonso.─ Lo que digo es que si tenemos que estar en la sesión no podemos estar escuchando y debatiendo esto que es importantísimo, como también lo es el tema de  muerte digna; pero esto me parece que hace a una política de Estado de todos los argentinos para el futuro por muchos años.

Sr. Presidente.─ Gracias, senadora.

Habiendo cumplido, entonces, con lo expresado para el presidente del bloque del Frente para la Victoria y lo conversado con el resto de los senadores, quiero decir lo siguiente.

Como metodología que pedían los senadores Morales y Petcoff Naidenoff, vamos a debatir todo el día de hoy y todo el día de mañana para tener los plazos suficientes a efectos de poder emitir un dictamen mañana por la noche que pueda ser publicado, de forma tal de que el miércoles de la semana que viene pueda ser debatido en el recinto.

Tiene la palabra el viceministro de Economía y viceinterventor de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, Axel Kicillof.

Sr. viceministro de Economía y Finanzas (Axel Kicillof). – Buenas tardes: muchísimas gracias por la invitación a los señores senadores y al señor presidente de la Comisión.

Queríamos acercarnos hoy con el arquitecto De Vido para llevar adelante dos exposiciones en paralelo. En primer lugar, para aportar a los fundamentos que ayer de manera prístina, transparente y clara, ha expuesto ante la opinión pública la presidenta de la Nación al advertir que se estaba enviando a esta Cámara el proyecto. En segundo término, para comentarles algunos detalles adicionales con respecto a la situación de la compañía. Algunos de ellos los hemos empezado a conocer a partir del día de ayer, cuando se hizo efectiva la intervención.

Al tratarse de una empresa privada lo primero que podemos decir es que venía funcionando como tal. Quiere decir que hay mucha de la información que maneja la propia empresa que no estaba disponible para las autoridades en tanto se trataba, en algunos casos, de cuestiones prospectivas con respecto a los nuevos yacimientos y niveles de reserva esperados que la propia empresa había descubierto pero que todavía no había convalidado ni anunciado. Todos estos eran resortes que movía la propia compañía y que creemos que en el transcurso de los días de esta intervención vamos a ir conociendo.

Uno de los temas fundamentales de los que teníamos noticia, pero que sólo desde dentro de la propia compañía se puede conocer, son los pasivos ambientales que con seguridad no han sido expuestos en sus balances. Probablemente, en el transcurso de los días los vayamos conociendo desde los motores internos de la compañía y los propios especialistas que estaban, de alguna manera, contenidos dentro de la empresa en su actividad anterior.

Sin embargo, ya estamos en condiciones de decir que los números de los que estaban hablando los propios ex directivos de manera muy imprudente acerca del valor de la compañía van a ser revisados a medida que podamos conocer los vericuetos y la información secreta que la propia empresa manejaba. Con ello, vamos a poder conocer su situación patrimonial, sus activos y sus pasivos. Lo mismo ha ocurrido en el caso de una empresa que también había sido manejada por otros empresarios españoles como fue el caso de Aerolíneas Argentinas. Después voy a abundar un poco más al respecto.

La verdad es que por más que he escuchado aclaraciones diciendo que los números estaban a disposición, que por qué las autoridades no actuaron antes, lamento decir que tratándose de una empresa privada -y en pleno respeto de los derechos de una empresa privada- hay buena parte de la información que sólo se conoce cuando uno tiene ocasión de ponerse en la conducción de la empresa: llamar a los funcionarios y preguntarles cuáles son esos números que en los libros contables no estaban apareciendo porque la propia empresa, como política deliberada, tenía la intención de ocultarlos.

En Aerolíneas Argentinas, como ustedes sabrán, tanto los pasivos como los activos estaban sobrevaluados y subvaluados respectivamente como para disimular la situación de riesgo que estaba atravesando la compañía. De hecho, eso sólo se pudo descubrir una vez que se realizó una fuerte auditoria interna que sólo el Estado puede realizar cuando está en condiciones de manejar la compañía, como es el caso ahora de YPF. Supongo que todos los días van a ir apareciendo noticias con respecto a las políticas comerciales y patrimoniales que llevaba adelante Respsol en la conducción de YPF y que solamente se pueden conocer estando allí.

Antes de comenzar una exposición que va a abundar un poco sobre los lineamientos generales que –decía recién- expresó y expuso tan magistralmente la presidenta de la Nación en el día de ayer, quiero referirme a algo que aparece en el mensaje que se ha enviado al Congreso y que me parece importantísimo para comprender un poco cuál es la dimensión histórica de la medida que se está tomando.

Como todos ustedes comprenderán, y evidentemente saben, la economía mundial y también la economía de la Argentina atraviesan y han atravesado a lo largo de su historia diferentes ciclos económicos.

Es llamativo y fundamental comprender el porqué y la oportunidad de este proyecto de ley de expropiación -y también de regulación y control del sector: o sea, de recuperación de la soberanía hidrocarburifera de la Argentina-: es decir, por qué se presenta precisamente ahora. Esto tiene mucho que ver con la comparación con el modelo económico que imperó en la década del 90, cuyas raíces no fueron tendidas en la propia década del 90. De hecho, la década del 90 no fue otra cosa que la profundización de un modelo neoliberal que en la Argentina comenzó a arrasar con fuerza a partir del golpe de Estado de 1976, pero cuya consumación tuvo lugar en la década del 90.

Entonces, lo que quería señalar simplemente es que una cosa era la empresa Yacimientos Petrolíferos Fiscales -más allá su forma de propiedad, más allá de su forma de administración- en el marco del modelo neoliberal, y otra cosa distinta es el papel, la función y el lugar que tiene reservado una empresa estratégica y el sector en su conjunto.

Después vamos a hablar un poco de por qué YPF cuando hablamos del sector hidrocarburos. Es algo que también han llamado discriminación pero que resulta muy fácil ver en números. De ello, se han hecho eco muchos legisladores. “¿Por qué YPF?” es la pregunta, como si estuvieran defendiendo los intereses particulares de esta compañía; como si nosotros tuviéramos que venir a esta casa para explicar cuál es la significación y el lugar que ha ocupado YPF en la historia argentina, más allá del lugar y de la participación que hoy tiene en cada uno de los segmentos del mercado hidrocarburífero y energético después de la gestión privada; en particular, de la gestión española.

Quiero decir que un lugar esta reservado para YPF en el modelo neoliberal y otro lugar está reservado en un modelo de crecimiento con inclusión social como el que estamos desplegando a partir del 2003.

Esto hay que entenderlo porque los hidrocarburos pueden ser tomados simplemente como un commodity de exportación -como fue el oro en la época de la colonia, cuando en Sudamérica la actividad industrial, productiva y comercial era mínima; y entonces se trataba de venir a explotar los recursos naturales de nuestros países como si fuera simplemente materia de exportación para llevárselo a los países centrales-, y otra cosa distinta es el tratamiento que deben tener los recursos estratégicos en el marco del crecimiento acelerado: un crecimiento con cada vez mejor distribución del ingreso; con participación de los trabajadores; con cada vez mejores estándares de vida para toda la población.

Por tanto, una cosa es pensar que el petróleo es un recurso a extraer y a exportar al exterior, y otra cosa distinta es pensar que ese recurso se convierte en estratégico porque se transforma en un resorte y un elemento central del crecimiento y del bienestar de la población argentina.

Así que una cosa es YPF en los años 90 y otra cosa totalmente distinta es YPF en el modelo que ha rendido sus frutos; que ha dado unos resultados pasmosos en términos de crecimiento, en término de salarios reales; en fin, en términos de todos los indicadores que se le pueda ocurrir en estos últimos años. Una cosa distinta es el papel que tiene reservado en contraposición con el que ocupa en términos de modelo económico y del daño que puede hacer una compañía como YPF, manejada por intereses que la están considerando de otra manera totalmente distinta.

Porque YPF no es sólo la privatización, como planteaba ayer la presidenta. Se trata particularmente del proceso de desnacionalización que se consumó no en aquel 1992 sino en 1998 y, finalmente, con el control efectivo a partir de 1999 por el grupo Repsol, que entonces convirtió a YPF -como ocurrió con Aerolíneas Argentinas- en una empresa más de un gran grupo económico que ni siquiera es completamente español.

Entonces, YPF se convirtió en un elemento a jugar dentro del balance de un grupo económico que, por supuesto, tiene intereses que superan los de los españoles: son intereses de un grupo trasnacional que se ha expandido por toda la orbe. Por tanto, YPF sirvió de fuente de recursos para solventar esa expansión. En consecuencia, ya estamos hablando de una cosa completamente distinta. Con sólo plantearla en términos generales, uno aprecia lo poco que tenía en cuenta el grupo Repsol las necesidades de un país como la Argentina -las necesidades de sus trabajadores, las necesidades de su pueblo y las necesidades del conjunto de su industria- dentro de las coordenadas que consideraba cuando tomaba sus decisiones.

Esto se ha ido expresando a medida que la Argentina retomaba la senda del crecimiento, la consolidaba y la convertía en sustentable. Esto ha sido así hasta llegar a la situación actual, donde sabemos que tenemos condiciones para crecer durante decenas de años más. Entonces, ahora sí no podemos darnos el lujo de esperar que un grupo trasnacional se siente a discutir con nosotros qué va a hacer con el gas, qué va a hacer con la producción directa del petróleo, qué va a hacer con el precio de cada uno de los tipos de nafta y de los combustibles, qué va a hacer con sus exportaciones y qué va a hacer con sus importaciones. ¿Por qué? Porque ahora sí ha saltado a la luz que necesitamos que eso juegue para que este modelo de crecimiento, que ha dado frutos tremendamente significativos, continúe y se sostenga a lo largo del tiempo.

Hemos crecido como lo han hecho pocas naciones del mundo para sorpresa, entre otros, del grupo Repsol, que en su modelo extractivo no tenía en cuenta que en la Argentina se iba a generar un gran mercado interno. Esa ha sido una de las más fuertes peleas que hemos tenido, porque pretendían y pretenden hoy −al igual que todos los grupos trasnacionales− vender el petróleo y los combustibles a precios mundiales cuando todos nosotros sabemos que si la nafta en la Argentina se guía por el precio mundial, que si el precio del gasoil y del fuel oil se guía por los precios internacionales, eso generará un descalabro macroeconómico mayúsculo en la economía nacional y pondrá en riesgo nuestro modelo de crecimiento.

Estamos en presencia de una empresa que ha tenido objetivos divergentes que se pudieron conciliar hasta cierto momento, pero ahora nos encontramos con que es necesario −porque lo hemos visto y lo vamos a demostrar con los números de la compañía− que los objetivos de YPF estén en línea con los objetivos de la República Argentina y de su modelo de desarrollo y de crecimiento. Esta situación se ha desplegado a lo largo de estos casi nueve años de inusitado crecimiento que ha tenido la economía nacional.

Por lo tanto, me voy a referir brevemente a algunas cifras vinculadas con la magnitud del modelo de crecimiento que estamos presenciando.  De lo contrario, no se podrá comprender cuál es la importancia estratégica que tiene la toma del control de YPF por parte del Estado justamente en este momento.

Refrescaré números que todos ustedes conocen; algunos de ellos están en el mensaje del Poder Ejecutivo. Quiero dejarlos en claro y contrastarlos con el desempeño de la economía argentina en los 90 para demostrar que estos ciclos de la historia y de la economía hicieron que una empresa que en un determinado momento tuvo un papel pase a tener otro.

Distintos sectores ocupaban determinados lugares en el esquema de crecimiento de un país; pero a partir de ciertos cambios cardinales −como los que ha dado el gobierno de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner− en la orientación macroeconómica y, por lo tanto, en la orientación productiva, se generaron necesidades completamente distintas. Así, en cuanto a diversos sectores que pueden ser estratégicos abstractamente, se vuelve una necesidad imperiosa ponerlos a jugar en la misma dirección que la economía en su conjunto cuando uno está embarcado en el proceso de crecimiento económico más acelerado y continuado que ha atestiguado la historia del país en su conjunto.

Simplemente, me referiré a eso contrastando con los 90 para que vean que de esta idea de los recursos hidrocarburíferos como un commodity a exportar −porque la actividad doméstica no existe o está en vías de desaparición- al papel que ocupan los hidrocarburos dentro de un modelo de crecimiento con inclusión existe una diferencia tota. Entonces, nosotros tenemos que estudiar esto en perspectiva histórica para entender el porqué de tomar ahora esta decisión de manera urgente.

El Producto Bruto Interno, tomado a precios constantes, se expandió a un ritmo promedio del 2,2 por ciento entre 1991 y 2002. Entre 2003 y 2011 creció a un 7,7 por ciento el Producto Bruto Interno; dicen en el mundo a “tasas chinas” porque lo son. Y hemos superado esa crisis violenta que se manifestó en 2009 a una velocidad que pocos de nuestros socios regionales −pero además pocas economías del mundo- han logrado.

El 2011 fue un año de fuertes dificultades para las economías vecinas. ¡Ni hablar para las economías centrales, como la propia economía española  o las economías de los países débiles de la Unión Europea! Pero también está el tema de la economía norteamericana, que vio ralentizado su ritmo de crecimiento.

Nosotros no sólo nos recuperamos de la crisis de 2009 sino que también hemos crecido a una tasa del 9,7 por ciento: o sea, algo insólito para lo que esperaban no sólo los observadores internacionales −quienes tuvieron que reconocerlo− sino también la CEPAL, el Fondo Monetario Internacional y esos agoreros de la industria doméstica de la consultoría y de hablar en la prensa, que se dedicaron a decir en 2009 que este país estaba fuera del mundo; que había caído; que la crisis había puesto de manifiesto nuestros problemas internos; y que usábamos como excusa la crisis externa de 2009. Sin embargo, en 2010 y 2011 hemos demostrado una recuperación realmente extraordinaria. ¿Sobre qué base? Sobre la base de un mercado interno que es dinámico, que se ha revitalizado.

Ahora tenemos el mismo problema: la economía mundial muestra signos de recesión, de agotamiento. Pero nosotros encontramos no sólo industrias como la automotriz, cuyo principal problema no es el mercado interno, que sigue mostrando récord todos los meses −enero y febrero−: tenemos también los mercados en los que colocamos nuestros productos −la exportación−, que sí están entrando en procesos recesivos −tal como las propias naciones lo han reconocido−, circunstancia que nos genera problemas domésticos.

Por ello, el que mira este problema de YPF históricamente se olvida de que ahora estamos en una situación en la que necesitamos poner pilares o columnas que aseguren que nuestro crecimiento no estará amenazador por actitudes de empresas o de grupos extranjeros que tienen lógicas distintas, y que no han confiado ni creído −por eso la sorpresa− que la Argentina iba a poder mostrar tal robustez en su modelo de crecimiento. Lo han criticado los propios empresarios que manejaban la compañía en foros nacionales e internacionales; pero eso no importa. En sus convicciones internas se lo atribuían al "viento de cola": lo mismo que dicen los consultores; lo mismo que dicen todavía muchos economistas de la oposición. Ellos decían que "esto es viento de cola", que "esto es el rebote" cuando salimos de la crisis generada por el neoliberalismo, y que "se va a acabar prontamente", que "no tiene bases sólidas". Sin embargo, hemos crecido un 7,7 por ciento anual acumulativo desde 2003 a 2011: no hay rebote, no hay casualidad, no hay "viento de cola". Hemos capeado los peores temporales internacionales, pero necesitamos que todos los recursos del país se pongan al servicio de este modelo de crecimiento y, en particular, los recursos estratégicos como el petróleo.

De hecho, esto no se logra si no haciendo lo que han hecho los principales países del mundo, en particular los que tienen petróleo a montones; lo que instrumentaron  los países de la región que es controlar no sólo por la vía regulatoria sino también a través de la gestión sus empresas petroleras. Lo ha hecho Brasil. Ayer la presidenta dio una lista, que no es comprensiva de todos los ejemplos, del porcentaje de participación estatal en las empresas hidrocarburíferas. Eso es así porque no se trata sólo de un recurso estratégico. La experiencia internacional dicta que se puede regular a través de diversas herramientas. Ni hablar cuando uno tiene las leyes del neoliberalismo que impiden la regulación porque se basan filosóficamente en la simple idea de que el libre mercado es la panacea y de que no sélo es bueno para las empresas sino también para los países. Pero un porqué fundamental: porque toda esa teoría económica que fundamenta que el libre cambio y el libre mercado, la apertura indiscriminada, el sector financiero actuando sin ninguna traba, los sectores estratégicos actuando sin supervisión del Estado; todos los que impulsan eso, además de tener una teoría equivocada no pueden distinguir los casos particulares de las economías periféricas y de las economías en vías de desarrollo como la nuestra. Lo cierto es que esa teoría económica fue creada desde los grandes centros económicos para fundamentar muchas veces el saqueo de nuestros recursos, el saqueo de nuestras empresas. Entonces, claro: son fundamentalistas de libre mercado.

Nosotros tenemos nuestras recetas. No estamos para darle cátedra a nadie porque no queremos exportar el modelo argentino: queremos que nos dejen tranquilos para seguir creciendo de esta manera y simplemente -como lo ha hecho con tremenda valentía este gobierno- no someternos a la supervisión del Fondo Monetario Internacional, que hoy está despistado y no sabe qué hacer con las economías centrales que se encuentran en recesión. No queremos someternos tampoco a las opiniones de estos grandes expertos. De hecho, hoy podemos ver con sorpresa y alguna alegría que en los propios centros internacionales muchos economistas están empezando a desconfiar de ese libro de texto, de ese recetario que tenían incorporado, y que se ha incorporado como Biblia en la enseñanza de la economía pero que ha fracasado.

Sigo hablando porque no es sólo el crecimiento el problema: es la orientación y la composición de ese crecimiento lo que ha logrado cambiar la política económica desenvuelta por el gobierno de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner. No es sólo esta tasa de crecimiento sino que, comparado con los 90, se ha cambiado la orientación del crecimiento; y es ahí de nuevo donde el sector productor de hidrocarburos se vuelve fundamental. ¿Por qué? Voy a dar sólo algunos números.

De 1994 a 2002 los sectores productores de bienes –estoy comparando la producción de bienes contra la producción de servicios– “crecieron” -en el término económico que usamos nosotros- a un ritmo promedio de menos 0,6 anual. Mientras tanto, los servicios se expandieron al 0,9 por ciento anual acumulativo.

De 2003 a 2011, los sectores productores de bienes se expandieron a un ritmo promedio del 7,7 por ciento anual. Mientras, los productores de servicios también crecieron pero menos: al 7,1 por ciento anual. Esto muestra que creció la economía.

Ahora bien: en los 90 decrecía la producción de bienes a expensas de los servicios. Todavía escucho las voces de muchos que sostenían determinados argumentos para modernizar la economía. Decían que la producción y la industria habían desaparecido; que una economía moderna se dedicaba a los servicios y que, si queríamos seguir los mejores ejemplos internacionales, teníamos que olvidarnos de los obreros, de la producción y de los sindicatos porque eso se había acabado. Sostenían que una economía moderna se dedica a vender servicios al mundo; a vender exclusivamente a industrias de esas que se llaman “sin chimeneas”. Eso decían entre toda esa perorata que nos querían meter para que nosotros termináramos la labor de la dictadura militar y su profundización en la década del 90, cuyo objetivo final básicamente significó la desindustrialización de la economía argentina.

¿Qué ocurrió? Les explotó la bomba en la cara un poco antes porque afortunadamente hemos llevado el barco en otra dirección y ahora podemos ver –doy otro ejemplo- que la producción industrial de 2003 a 2011 se expandió al 9,5 por ciento anual acumulativo por arriba del crecimiento de la producción en su conjunto, mientras que de 1991 a 2002 apenas lo hizo al 0,5 por ciento anual acumulativo. Así que éste es un modelo, como dijo la presidenta, de reindustrialización enfocada en buena medida a la exportación pero, sobre todo, a revitalizar el sector del mercado interno. Esto demuestra que salarios altos no significan exclusivamente costos industriales, costos empresariales -como pregona la derecha- sino también poder de compra, mercado interno, bienestar para nuestra población. Y ahí está el papel que ocupan los hidrocarburos. Si uno tiene una economía que quiere orientar hacia los servicios, pues bien: vendamos el petróleo a otros que producen. Si estamos industrializando a tasas inéditas en la historia la economía nacional el lugar que ocupa la energía o el petróleo es completamente distinto.

Llevamos todos estos años trabajando para acondicionar estas empresas y ahora encontramos que es oportuno demostrar que esa situación llegó a un límite que nos lleva a avanzar un paso más: simplemente un paso más. Porque cuando dicen que no hemos regulado YPF pregúntenle a YPF, que se viene quejando todos estos años de todo lo que el Ministerio de Planificación le pedía para que apoyara y acompañara nuestro modelo. Pregunten a YPF todos los vericuetos que encontró en esa regulación -que todavía es herencia, en buena medida, de la de los 90- para escaparse y llevar a la compañía a una situación que podemos mostrar que claramente no está en línea con esto que estoy diciendo: no es una empresa que haya apostado al crecimiento del país y, menos todavía, al crecimiento del país que implica volver a poner de pie a la industria argentina en base a la producción nacional.

Tengo números a montones. Quiero mencionar algunos más. El PBI industrial
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