Biblioteca virtual de ciencias sociales de america latina y el caribe, de la red de centros miembros de clacso






descargar 52.58 Kb.
títuloBiblioteca virtual de ciencias sociales de america latina y el caribe, de la red de centros miembros de clacso
página1/2
fecha de publicación19.07.2015
tamaño52.58 Kb.
tipoDocumentos
l.exam-10.com > Economía > Documentos
  1   2



BIBLIOTECA VIRTUAL DE CIENCIAS SOCIALES DE AMERICA LATINA Y EL CARIBE, DE LA RED DE CENTROS MIEMBROS DE CLACSO

http://www.clacso.org.ar/biblioteca

Como citar este documento

Moreno, Alejandro. Superar la exclusión, conquistar la equidad: reformas, políticas y capacidades en el ámbito social. En libro: La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas Latinoamericanas. Edgardo Lander (comp.) CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Buenos Aires, Argentina. Julio de 2000. p. 246.

Disponible en la World Wide Web: http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/lander/moreno.rtf



Superar la exclusión, conquistar la equidad: reformas, políticas y capacidades en el ámbito social.
Alejandro Moreno1


1. Centro de Investigaciones Populares (CIP), Caracas.
Hace algunos años no se hablaba de exclusión y excluidos sino de marginación y marginalidad. Semejantes conceptos son, en principio, elaboraciones teóricas mediante las cuales se intenta definir, en términos de conocimiento para la acción, la realidad social que nos enfrenta en la práctica del vivir cotidiano. Suponen, de partida, la aceptación, como evidente o comprobada, de una división tajante entre dos sectores muy distintos de una sociedad; en nuestro caso, la venezolana.


El hecho básico ineludible es en primer lugar la división de la sociedad y la distinción entre dos grupos humanos por pertenecer cada uno a una situación social propia. La comparación entre ambas situaciones obliga a comprobar la división. La división es a la vez separación. Como toda conceptualización de una realidad, ésta también homogeiniza, dentro de cada grupo, lo que no es homogéneo. No es la misma la marginación o exclusión de los habitantes de nuestros barrios urbanos y la de nuestros campesinos o nuestros indígenas. Ni tampoco es la misma la inclusión de los diversos sectores del otro grupo.


No parece haber habido a lo largo de toda la historia conocida, por lo menos desde el neolítico, sociedades no divididas o en las que no se haya dado una separación entre sectores sociales, con la excepción de pequeñas comunidades como las tribus indígenas autosuficientes mientras pudieron permanecer aisladas. Esto pone ya una nota de escepticismo sobre los dos verbos del título de este tema: superar y conquistar.


Cuando esta separación, ya en nuestros tiempos, se conceptualizaba como marginalidad, se suponía que entre uno y otro grupo existía un margen, una frontera. Las fronteras son superables, aunque sea en forma ilegal, y el otro territorio conquistable. Marginalidad era un concepto de algún modo abierto a la esperanza. Quizás no dice mucho de la realidad, pero sí de la actitud de quienes la conocían así. Decía de frontera, pero también de cercanía y no sólo de posibilidad de superación, sino además de disposición a ello. Decía, pues, que el proceso de marginación se pensaba como reversible y a ello se encaminaron reformas, políticas y capacitaciones.


Si ya no se puede hablar de marginación, sino que hay que hablar de exclusión, debe ser porque aquellos esfuerzos fracasaron. El proceso no sólo no se revirtió, sino que avanzó a un nuevo estadio más radicalmente separador.


Hablar de exclusión es hablar de lejanía y al mismo tiempo de encierro. Ya no de frontera sino de muralla, de afuera y de dentro. El que está dentro construye su muralla y delimita y defiende así su territorio. Es el de dentro el que construye la muralla, no el de fuera.


No se trata, sin embargo, de la separación de territorios sino de la separación de condiciones de vida. Las murallas no están hechas de piedra. La exclusión de por sí no supone necesariamente inequidad sino cuando, como en nuestro caso, la exclusión se ejerce sobre condiciones de vida humana. Porque no se trata sólo de distintas condiciones de vida humana, sino de unas condiciones en las que la vida humana se hace posible, y aún en abundancia, y condiciones en las que la vida humana se dificulta y llega hasta hacerse imposible. Es pensable una distinción en igualdad, y por tanto en equidad, en lo que a la posibilidad de vida se refiere, pero entre nosotros la distinción se refiere a superioridad e inferioridad, a desigualdad en la vida.


Hablar de exclusión supone inevitablemente hablar también de inclusión. Pero, ¿de qué inclusión y de qué exclusión se trata? ¿En qué se está incluido y de qué se está excluido? Estoy convencido de que en el fondo se trata propiamente de posibilidades de vida, pero en estos términos tan crudos no lo planteamos sino quienes estamos éticamente comprometidos con los excluidos. Nuestro discurso tiene visos, para el resto, de moralismo utópico. Entiendo que, en los términos de este evento, se trata de mercado y de ciudadanía. Superar la exclusión y conquistar la equidad habría que entenderlo, por tanto, en relación al mercado y a la ciudadanía, una ciudadanía, por otra parte, inseparable del mercado. Se trataría, pues, de un discurso económico y político, lo cual resulta coherente con los objetivos fijados para el mismo, especialmente el segundo2. No voy a decir que éstas son máscaras que encubren el verdadero problema ni centros de atención que desvían el foco de lo que verdaderamente debería iluminar porque, quizás, las posibilidades de vida humana se juegan en estos momentos en el mercado y la ciudadanía, por lo menos desde la perspectiva de quienes plantean estos problemas.


La perspectiva misma, sin embargo, se me pone como problema. ¿Quién habla de exclusión? ¿Desde dónde se habla de exclusión? Me parece claro que el discurso de la exclusión se pronuncia desde el lugar de los incluidos y lo pronuncian los incluidos.


Mercado y ciudadanía son sistemas de reglas de funcionamiento, de producción y de reproducción, fuera de las cuales, ni el uno ni la otra tienen posibilidades de existencia. Quien está incluido en el sistema se mueve en el juego de esas mismas reglas. Como son sistemas con una fuerte coherencia interna, tienden a absolutizarse y a concebirse a sí mismos como los únicos posibles y pensables, esto es, como las únicas formas de vida económica y política puestas a disposición de los humanos en el momento actual de la historia. Quien piensa desde ellos y en su seno, no tiene otras posibilidades de elaborar conocimiento sobre lo externo sino en los términos del sistema. No puede ver lo externo como externo, simplemente otro, no relativo al sistema, sino como excluido. Desde esta perspectiva, los excluidos del sistema están llamados o a la inclusión o a la desaparición lenta o acelerada, pronta o tardía, no a su pervivencia como externos, como otredad radical.


No creo que nadie hoy piense con seriedad que estos sistemas son naturales, producidos por el mismo ser del hombre y por lo mismo indiscutibles e inmutables, destinados a permanecer mientras haya hombre en el mundo. Estoy seguro de que todos están de acuerdo en que se trata de productos históricos, situados en el tiempo, en el espacio, en la cultura y en un determinado contexto social. Muchos, sin embargo, siguen pensando que histórico quiere decir situado en una corriente continua de progreso de la humanidad que, partiendo de inicios cercanos todavía al animal, ha ido, al principio lentamente y progresivamente de manera más acelerada, superando estadios sucesivos hasta llegar, en el momento presente, en algunos centros privilegiados -más desarrollados, se dice- a su mejor expresión evolutiva. Lo histórico, así, sería, en último término, una expresión de lo natural. La historia sería tan inevitable como la naturaleza pues no sería sino la actualización en el tiempo de las potencialidades, ya inscritas y proyectadas hacia el futuro, del ser de todo hombre. No quedaría otra opción sino incluirse en la corriente de la historia.

O inclusión o muerte.


Si se piensa, en cambio, como la crítica de los últimos treinta años ha fuertemente señalado, que la historia no es continua sino discontinua, no única sino múltiple, su universalidad queda reducida a la particularidad de uno o de algunos grupos humanos, a la particularidad de sus culturas y de su propia manera de organizarse como sociedad. La hasta ahora narrada como historia universal, se reduce a la historia particular del mundo occidental. Que éste haya sido invasor, y siga siéndolo, y haya pretendido, y pretenda, incluir al universo en su propia historia, no nos habla de la historia sino de la manera particular de hacer historia, sobre el ejercicio del poder de dominación cuyo hoy sería la globalización, que hasta ahora ha caracterizado a Occidente. Y particulares resultan también sus sistemas de reglas.


No porque el intercambio de bienes haya sido una práctica presente en todos los tiempos, lugares, culturas y grupos humanos, la forma occidental actual de esa práctica estructurada como mercado y este mercado, haya de ser única, global e inevitable para todos los hombres.
Ni siquiera en Occidente el intercambio de bienes en forma de mercado tiene continuidad a lo largo de su historia. Las discontinuidades son claras y evidentes. El mercado, y esta forma de mercado, tiene su momento germinal en plena Edad Media con la aparición del primer burgués, que empieza a practicar el intercambio de esta manera, y el surgimiento del individuo en cuanto práctica burguesa de las relaciones entre personas. Mercado e individuo autónomo nacen a la par, se transforman a lo largo del tiempo y llegan a su expresión actual.


Precisamente en el individuo autónomo basa Hinkelammert -para citar a un intelectual latinoamericano comprometido con los excluidos- la constitución del mercado moderno. Dice Hinkelammert: " El determinismo histórico manejado en la actualidad por la sociedad burguesa sostiene que la historia misma, por los efectos no-intencionales de la acción intencional, impone la sociedad burguesa como la única posible, porque cualquier intento de superarla resulta en algo peor de lo que esta sociedad ofrece. Esto es: mercado mundial, juicio final " (1996, 20) Si es verdad que en la ciencia, empezando por la misma física, ha sido ya superado el clásico determinismo, basta leer a cualquier economista o analista y comentarista de la economía nacional en los actuales momentos, para sacar como conclusión que o se hace lo que ellos unánimemente dicen, y que coincide con lo que dicen los organismos internacionales, o lo que nos espera será mucho peor.


Cito de nuevo a Hinkelammert haciendo un mosaico con algunos fragmentos de su texto: "Desde David Hume aparece la convicción de que la acción humana es fragmentaria (...) Por eso a toda acción humana subyace el desorden. El elemento a explicar es, por tanto, cómo es posible un orden, si toda acción humana es a priori fragmentaria (...) Primero se concibe el orden emergente como un orden preestablecido, pero, desde Adam Smith, como un sistema que resulta del carácter fragmentario de la acción humana misma y como fruto de sus efectos no-intencionales (...) una mano invisible que rige en esta producción del orden (...) Partiendo de esto, el mercado es concebido como un mecanismo autorregulado (...). De la acción de los individuos autónomos surgen de manera no-intencional las leyes que determinan el orden económico-social" ( id. 21-23).


El mercado se sostiene, pues, sobre un tipo de hombre aparecido en un lugar y en un tiempo históricos: el individuo autónomo, responsable de sí mismo y de los bienes de los que es propietario (incluyendo la fuerza de trabajo) que se relaciona como individuo propietario con otros individuos propietarios en acciones fragmentarias, individuales, de intercambio. No está en su intención la generación de un orden, de un sistema, sino sólo la de su propia acción, pero, al chocar entre sí las distintas acciones, se limitan las unas a las otras, se compensan y regulan. Surge así el orden como efecto no-intencionado de las acciones de los individuos, surge el mercado como sistema. El orden político debe limitarse a poner las condiciones para que surja este orden porque cualquier interferencia lo distorsiona y no le permite aparecer y funcionar.


Si no se parte del individuo autónomo, este sistema autorregulado no se da. Ahora bien, el individuo autónomo, antes que una convicción de los pensadores y los teóricos, es una práctica social histórica que se instala en Occidente en un tiempo determinado como he desarrollado en mi libro El Aro y la Trama (1995) Donde y cuando no se ha dado o no se da esta práctica del individuo, no se ha dado ni se da este sistema de mercado. Y mientras y donde se dé esta práctica del individuo autónomo, se dará este sistema.


"Ya no es necesario explotar a los trabajadores; basta con no necesitarlos. La explotación ha sido reemplazada por la exclusión". Estas palabras de Jacquard (1995, 30) ponen el dedo en el signo principal de la llaga: el desempleo estructural al mercado en su momento actual, titulado como "horror económico" por Forrester (1996)3, el cual señala hacia lo que Dussel ( 1998) ha llamado el principium exclusionis, la exclusión como principio, que, para él, va más allá del mercado, hasta la constitución misma de la ética de la sociedad moderna y, por tanto, también a la política y la ciudadanía.


En nuestros días, este sistema es absolutamente victorioso. Si nos remontamos a sus orígenes medievales y recorremos su historia hasta el presente, habremos de aceptar que ésta ha sido una historia de afirmación y expansión progresiva y, al mismo tiempo, de transformación permanente. Si seguimos con alguna atención este proceso de transformaciones, descubriremos en él una oculta intención intrínseca a su misma estructura que sólo hoy, en su mayor afirmación, se nos revela, pero que ya había avistado Marx: la liberación progresiva del capital-dinero de todas las ataduras de la producción material. La palabra intención puede prestarse a confusiones. Una es, sin embargo, la intención subjetiva, producida por la conciencia y la voluntad de los sujetos, que es la que ordinariamente entendemos por tal, y otra la que pertenece por constitución al modo de ser de un sistema, -in-tentio, tendencia a- independiente de los sujetos a los que inevitablemente se impone y para los que permanece oculta. Los sujetos se ilusionan si creen que pueden elaborar y ejecutar su intención subjetiva de manera autónoma. Inevitablemente se inscribe en la intención intrínseca del sistema. Cuando ésta se afirma totalmente, en los momentos de triunfo, sale a la luz y es entonces cuando la de los sujetos puede coincidir conscientemente con ella. Es lo que sucede en este tiempo. El capital-dinero, ya con intención consciente de los sujetos, está desprendido de la producción -para los más optimistas en un setenta por ciento, mientras muchos piensan que supera el noventa por ciento- y gira sobre sí mismo en un acelerado movimiento y en una reproducción, totalmente aislada, de sí mismo.


Este sistema es productor de crisis. Crisis, en realidad, es un eufemismo pues no se trata de estados transitorios de discernimiento entre situaciones, entre pasado y futuro, por ejemplo, sino de un futuro de desastre para las grandes mayorías. El sistema, sin embargo, no se pone de ninguna manera en duda. Es la realidad misma inevitable y deseable, es el bien mismo, el que debe imponerse en todo el mundo, el proyecto único para todos.


¿Qué sentido tiene hablar, entonces, de superar la exclusión? Los excluidos hoy están en todas partes. Hasta en los centros mismos realizadores y promotores del sistema, allí donde se han dado cumplimiento a todas sus exigencias y donde se han obtenido sus mejores frutos, la exclusión de una parte importante de los habitantes se dice ser estructural. Sucede que, por ahora, en ellos la sociedad pone en marcha mecanismos para mantener a sus excluidos en condiciones precarias pero suficientes de vida. ¿Por cuánto tiempo? La tendencia no apunta hacia mejor. Fuera de esos centros, las posibilidades de vida se reducen a sectores minoritarios, muy minoritarios, los beneficiarios del sistema, de la gran población. Es nuestro caso.


Desde allí, desde esos centros, nos viene el mensaje que se supone salvador: no se trata de cambiar el sistema sino de capacitar a la población para que se integre, se incluya, en él. ¿Dejan de lado, como si de algo deleznable se tratara, el hecho de que sus propios excluidos están capacitados y, sin embargo, no superan la exclusión? ¿Será que los desempleados alemanes son analfabetos o atrasados culturales? Siempre lo mismo: el sistema es bueno y capaz de producir vida si se lo deja libre de interferencias externas; son las personas las que no lo aceptan o se quedan rezagadas por múltiples deficiencias que a ellas compete superar: prejuicios culturales, defectos de carácter, dependencia de la tradición, insuficiente capacitación. ¿No serán ellas más bien víctimas del sistema que por su misma estructura las excluye? ¿No se está con ello culpabilizando a la víctima? ¿ No será que la culpabilización cumple dos funciones esenciales para una eficaz gobernabilidad: sacralizar el sistema y someter a las víctimas pues quien se siente culpable no se rebela? ¿No serán los programas de capacitación precisamente instrumentos diseñados, no para superar la insuperable exclusión, sino para culpabilizar? No es que ésa sea la intención subjetiva de quienes los diseñan, pero, ¿no es su intención intrínseca? El día 28 de enero de 1999 año fui invitado, como comentarista, a un seminario sobre evaluación del programa de capacitación de los jóvenes excluidos del sistema educativo que promueve el Ministerio de la Familia4. Se analizaron importantes y muy serias investigaciones al respecto. Todas se encaminaban a estudiar las condiciones de los excluidos; ninguna a las condiciones de los agentes de exclusión. Y ello, no obstante constatar que aun aquellos jóvenes ya capacitados difícilmente encontraban el modo de integrarse al trabajo. Las conclusiones coincidían en que se necesitaba mayor y mejor capacitación y, en todo caso, perfeccionamiento del programa. La capacitación se convierte, así, en un proceso infinito en el que los jóvenes jamás estarán capacitados y siempre serán culpables de su situación.


No faltan, ciertamente, quienes, desde las víctimas del sistema, lo analizan críticamente. Dussel, en la obra ya citada (p. 413), tomando a la sociedad dominante actual en su sentido más amplio, esto es, en su ética estructural, y analizando lo más avanzado de ella, la ética del discurso de Habermas y Apel, señala "la imposibilidad empírica de no excluir a alguien" aun en el mejor de los casos imaginable. "La no-participación fáctica de la que hablamos es un tipo de exclusión no-intencional inevitable (...) siempre hay algún tipo de afectado-excluido. Este siempre es empírico, y su inevitabilidad es apodíctica: es imposible fácticamente que no los haya". En la misma línea están los análisis de Hinkelammert, de Jacquard, de Vivianne Forrester y de otros muchos. Algunos señalan hacia posibles soluciones. Muchas se han planteado a lo largo del tiempo. La victoria del mercado no ha sido pacífica.


Dejando de lado revoluciones múltiples y fracasadas, me detendré sobre la propuesta de Hinkelammert porque me parece que da en el clavo aunque, de partida, se contradice.
El problema, para él, es que no hay la proclamada crisis de paradigmas sino que, muy al contrario, un solo paradigma se ha impuesto victoriosamente, en el caso del mercado, que actúa en nombre de la más absoluta certeza con valor universal. La respuesta a esta unificación universal "tiene que hacer de la fragmentación un proyecto universal" (p. 19). Una multiplicidad de economías y de ciudadanías, por tanto. Cada comunidad humana con su derecho a ser distinta. Pero es precisamente de la fragmentación de la acción humana -del hombre entendido como individuo autónomo- de donde surge y ha surgido el sistema unitario. Se trata de que dentro de cada comunidad la acción de los hombres no sea fragmentaria, individual, sino solidaria, esto es, ya ordenada desde el principio por la solidaridad. Si ya se parte de un orden solidario, producido libremente por los sujetos, se hace innecesario el surgimiento de un orden autorregulado y que se les impone desde fuera. De esta manera se mantiene la posibilidad de que la economía esté sometida a las decisiones libres de los hombres y no éstas a la economía.


La propuesta es ingeniosa pero tiene dos dificultades insalvables de fondo. La primera es su carácter utópico -la utopía de por sí no es un defecto-, irrealizable en cuanto compartida por todos, pues se trata de una proposición ética que llama a una conducta moral de los individuos. ¿Cómo garantizar que todos van a aceptar libremente una propuesta ética? Y si no la aceptan todos, no habrá una economía comunitaria así concebida. La segunda es más de fondo: Hinkelammert no renuncia a la concepción del hombre como individuo autónomo pues ésta sería una conquista positiva de la modernidad. La fragmentación de la acción está ya como intención intrínseca, no subjetiva, en la estructura misma del individuo. La acción solidaria sólo podría ser una decisión conductual del individuo sobre la base de una decisión ética también individual. La estructura se impone sobre las decisiones subjetivas, por lo menos para la gran mayoría, aceptando que algunos pueden independizarse de ella. Pero la economía global no depende de algunos. Para que la propuesta de Hinkelammert sea realizable, se necesita otro hombre, un hombre en el que la solidaridad pueda surgir como emanación de su estructura y no como un mandato moral. ¿Existirá ese hombre?


Llevo ya veinte años "incluido" en un barrio de Petare, una de esas comunidades que antes se llamaron marginales y hoy se llaman excluidas, cuando se nombran desde fuera de ellas mismas, desde los incluidos en el sistema. Desde dentro, desde ellas mismas, ni se consideran marginales ni excluidas, simplemente porque ese planteamiento no les pertenece. Desde dentro se perciben como comunidades -pacíficas o conflictivas- de convivientes. Se diría que cada barrio más parece un pueblo tradicional que un sector de la ciudad. Este parecido a pueblo es muy significativo. Desde la estructura política, económica, social y cultural de la ciudad, los barrios son partes de una unidad más amplia. Desde dentro, se identifican como, y practican, una notable autonomía. Ni desprecian ni rechazan, pero tampoco ensalzan, la ciudad. Su autonomía no la perciben como marginación ni exclusión, sino como una manera natural de practicar la convivencia.

  1   2

Añadir el documento a tu blog o sitio web

similar:

Biblioteca virtual de ciencias sociales de america latina y el caribe, de la red de centros miembros de clacso iconBiblioteca virtual de ciencias sociales de america latina y el caribe,...

Biblioteca virtual de ciencias sociales de america latina y el caribe, de la red de centros miembros de clacso iconEsperamos publicar los mejores textos en una antología que será publicada...

Biblioteca virtual de ciencias sociales de america latina y el caribe, de la red de centros miembros de clacso iconClase Elaboraciones clásicas sobre el colonialismo en América Latina y el Caribe

Biblioteca virtual de ciencias sociales de america latina y el caribe, de la red de centros miembros de clacso iconEl reguetón1 2 3 es un género musical bailable3 que tiene sus raíces...
«hispano» en el Gran Caribe y la ciudad de Nueva York. La salsa abarca varios estilos como la salsa dura, la salsa romántica y la...

Biblioteca virtual de ciencias sociales de america latina y el caribe, de la red de centros miembros de clacso iconDerechos económicos, sociales y culturales en América Latina

Biblioteca virtual de ciencias sociales de america latina y el caribe, de la red de centros miembros de clacso iconAcuerdos y Plan de Acci ón para el Proceso de Diálogo entre los Pueblos...

Biblioteca virtual de ciencias sociales de america latina y el caribe, de la red de centros miembros de clacso iconX jornadas regionales de investigación en humanidades y ciencias...

Biblioteca virtual de ciencias sociales de america latina y el caribe, de la red de centros miembros de clacso iconColegio Particular Castelgandolfo Área de Historia y Ciencias Sociales...

Biblioteca virtual de ciencias sociales de america latina y el caribe, de la red de centros miembros de clacso iconSatélite is9: América latina, América Central y España Mayo de 2007

Biblioteca virtual de ciencias sociales de america latina y el caribe, de la red de centros miembros de clacso iconBiblioteca virtual de poesía






© 2015
contactos
l.exam-10.com