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Vista Previa de Madame Moonlight por Edgar R. Pérez C. Edrapecor







Madame Moonlight

Segunda edición




Edgar R. Pérez C. Edrapecor

07/05/2013






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Madame Moonlight

Edgar R Pérez C. Edrapecor

2daª edición. 2013

ISBN-

Edición año 2013-03-20

Edgar R Pérez C. Edrapecor

Fecha: 00/00/00



Madame Moonlight

Autor: Edgar R Pérez C. Edrapecor

Durante la cruel ocupación Japonesa de la China Continental, en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial; una bella joven de aristocrático origen lucha por la libertad de su nación.

El destino les tiende una trampa al ser atrapada por la violenta pasión de un atractivo militar enemigo. Ambos sucumben ante el otro. Sin renunciar a sus ideologías y creencias, afrontaran toda clase de peligros, para vivir la más peligrosa aventura. Salvar al ser amado.

Una aventura que comenzó y terminó en dos continentes.

Novela Acción, Guerra, Romance, Aventura.

+15 años.

Precio:: 9,00 $ o su equivalente

Madame Moonlight

Autor Edgar R. Pérez Cordero. Edrapecor

CopyrightEdgarPerez2007

INSPIRADO EN UNA HISTORIA VERDADERA.

Esta historia es verdadera; más o menos verdadera. La escuche en casas de amigos y familiares... Son retazos de su aventura. .Son recuerdos de un baúl repleto de fotos. Son recuerdos de una viejecita, proactiva y productiva.

Nunca las cosas son iguales. Solamente para quien lo vive tiene su justa dimensión. Quizás la personalidad de ella sea representada como la de él o viceversa. A lo mejor fue más trágica y terrible por el momento en que se vivió.

Quizás no fue tan difícil. Quizás no fue en Shanghái, sino más bien en Hong Kong, o en Beijing, en Tsientin o Cantón. Todo depende para quienes compartieron esa aventura. La época es cierta. Los personajes son inciertos, pero verdaderos……

CAPITULO I

El 03 de diciembre de 1922 a la una de la mañana nacía Marina Leung Ba. Así cuenta según la partida de nacimiento de la capilla de San Francisco Javier allá en Nanking. Su padre el señor Wang Leung, un distinguido comerciante descendiente de la familia de los Han

. La guerra civil de los Barones de la guerra asolaba china. Las tropas japonesas intervenían cada vez más descaradamente en la región. Los ingleses desde Hong Kong y en Shanghái hacían contención. Por si acaso. Pero al gran señor Wang Leung nada de eso le parecía extraordinario. El también estaba en un clan de señores de la guerra y le sacaba provecho. A veces se oían rumores de levantamientos campesinos inspirados por los bolcheviques. Se sabía de un joven oficial del ala derechista del Kuomintang que quiso seguir una línea pro occidental. El emperador había sido expulsado del palacio.

El Señor Wang era particularmente pro-japonés. Comerciaba directamente con muchas casas japonesas de Yokohama y el cónsul general era un asiduo a su fastuosa casa. Igualmente los sacerdotes belgas de la orden de los Paúles eran extremadamente íntimos con él. Por eso el era un fanático católico y al nacer la NIÑA LA BAUTIZÓ INMEDIATAMENTE. Tiempos MODERNOS se insinuaban en China. No se sabía si el emperador estaba en Shanghái ó en Nueva York, para lo que importaba, mucho menos a él, fascinado con la cuarta niña.

Es un mal número--le dijo Na Li, su esposa, que con una sonrisa recibía la niña-- estoy dispuesta procrear otra para que sea cinco, que es un mejor número.

Supersticiones--dijo con alegría el gran Leung Ba--sólo el poder de nuestro señor Jesucristo es lo que importa.

¿Por qué Marina?. Es un nombre ruso--pregunto la mujer viendo arrobada la criatura.

Algún día será muy fuertes. Uno nunca sabe y ese nombre nos lleve directamente a un buen enlace.

¡Por dios Wang¡. Tiene dos horas de nacida y ya piensas en negocios.

El hombre besó la frente de su esposa. Un hijo es un hijo. Y no le importase en lo absoluto que fuese hembra.

Pasaron los años. La niña creciendo sana, saludable, aprendiendo de las costumbres occidentales, estudio ingles, se defendía bastante bien con el japonés y entendía perfectamente el francés. Tenía una voz preciosa de mezzosoprano; ya marchaba por el 6to año de estudios de piano. Toda una lady.

Pasaron tranquilamente los años, la fortuna se incremento; los niños tuvieron las enfermedades comunes de los niños, los Japoneses se mostraron cada vez más fuertes, interviniendo directamente desde La Manchuria.

Hasta que llegó un día en que la emoción del Gran Leung fue muy grande. Su casa se engalanaba para recibir al representante plenipotenciario de Japón en Nankíng. Ya estaba bien entrado el año 1934. Los japoneses sin tapujo se mostraban en todos lados, a pesar de las masacres de los civiles hecha ningún motivo, en cada pueblo y ciudad china de cualquier provincia.

El señor Leung impartió sus precisas instrucciones según el protocolo. Ningún comentario se permitía hacer acerca de los actos militares japoneses. La temperatura del sake debía ser correcta, la forma de sentarse y los sitios del protocolo. Así fue. A las 8 de la noche de una tarde de verano llegó el embajador plenipotenciario, cuadrado y grosero, unos despreciativos oficiales japoneses enmascarados en gélida cortesía, los representantes comerciales altaneros y despiadados. Un joven de raza occidental los acompañaba; su aspecto era jovial y parecía un chico divertido de estar presente en toda situación.

Todo eso lo había aceptado el señor Leung desde años atrás; todo por los negocios. Formalmente enseñó a los japoneses cada uno de sus hijos. El hijo mayor Po Leung, quien pronto partiría a la Academia Naval de Hiroshima, renunciando a su nacionalidad china; aceptando una ciudadanía japonesa de segunda clase, mas o menos igual al status de los coreanos.

Nunca sería Vicealmirante, pero quiso ser japonés, lo demostraba con su actitud y corte de pelo. Esto hizo arrancar un gesto de aprobación de los japoneses con los labios cerrados. El gran Leung enseñó a su segunda hija, Virginia Leung, con su habito de novia del seminario católico belga de Tietsin. La joven fue saludada con una gélida cortesía japonesa. El tercer hijo no fue enseñado, pues murió víctima del tifus en al año 1927 y el señor Leung Ba presentó a Marina Leung Ba, quien pronto cumpliría sus 12 años....

Anuncio que cantaría una canción japonesa en honor de tan ilustres invitados. Los japoneses le obsequiaron un trato cortes, pero no les gustó mucho el uniforme escolar occidental y el hecho que la reverencia no fuese tan perfecta. Pero Marina Leung Ba no podría podido hacer la reverencia de acuerdo a las normas. Vio al feo embajador, vio al grosero general, vio a los serios comerciantes, vio los edecanes japoneses y finalmente vio a ese joven distinto a los demás. No era japonés. Pero hablaba en japonés con gran soltura. Se veía perfectamente enmarcado en medio de ellos. Marina comprobó que los cuentos occidentales sobre un tal señor Cupido y sus flechas de oro era completamente verdad.

Marina vio venir hacia ella y desde ese joven, una, don, tres, diez, cincuenta, o serian trescientas flechas de oro que Cupido le lanzó. Fueron tantas que se desmayó en medio de la conmoción general.

II

A mediados del siglo XIX, una oleada de emigrantes chinos llegó a San Francisco en Estados Unidos, para trabajar en la construcción del ferrocarril.

Otros llegaron a Panamá, y unos cientos desembarcaron en Perú. Pequeños grupos de chinos llegaron desde Panamá a las costas de Colombia y Venezuela, viviendo una vida de aislamiento total. En 1856 llegó a la Guaira un pequeño grupo de 30 familias chinas, los hombres con sus largas coletas, las mujeres con sus piyamas tradicionales.

No sabían dónde estaban ni entendían el idioma. No pudieron adaptarse. Los pobladores aparte de burlarse inmisericordemente de ellos, tampoco trataron de entenderlos. Con mucho trabajo se asentaron en Caracas, entre rechazos a pedradas de los muchachos y el asco de las mujeres. Sin embargo comenzaron laboriosamente a laborar: planchaban perfectamente, lavaban con esmero y cocinaban muy bien. También fueron víctima predilecta del dengue, la tuberculosis, los perros con mal de rabia y el sarampión.

Gong YuTing tenía 15 años. Con estoicismo y en el mas absoluto silencio fue llevada por las monjas de la Milagrosa, para que trabajara en la cocina de la casa del General José Antonio Trompiz Guedez, un viejo rancio a orines y aguardientes Este general, viejo, gordo, escupidor de chimó, vivía entre todas las conspiraciones inimaginables, detenciones y líos de faldas.

El viejo desde su mecedora, Veía con analítico ojo el maniobrar silencioso de Gong, le hablaba, trataba de agarrarla cuando ella pasaba. La joven bajaba la cabeza y corriendo iba a esconderse en sus labores en la calurosa cocina. Una noche de lluvia a pesar de su defensa conoció la sucia rudeza del general, quien demostró en ella su peor cualidad. La joven lloró y pensó en suicidarse, su sueño era reservarse para un príncipe de aventuras y terminó siendo violada repetidamente por ese viejo gordo y maloliente de una raza desconocida. Recibió repetidamente la simiente de un hombre que podía ser su abuelo.

Una noche llegaron soldados, se llevaron preso al general, entre golpes, maldiciones y patadas. La joven descansó y por unos días pudo dormir en paz, aunque con horrorosas pesadillas donde veía la cara barbuda y hedionda a saliva del sátiro. Su vientre se abultó lentamente e inmediatamente fue echada a la calle como una basura, por la esposa del general. No pudo volver a su casa, fue nuevamente al convento. Las monjas con ceño super fruncido la recibieron. Pasó su embarazo rezando a ese nuevo dios y limpiando afanosamente el piso del convento. Pario en el convento, atendida por las monjas. Gong murió de fiebre pauperal 3 días después y una nueva revolución triunfó entre tantas.

Días después La puerta principal del convento voló por los aires vuelta trizas a consecuencia de un cañonazo. En medio de la humareda entró el general a caballo hasta el interior del convento con una turba de soldados. Estos hicieron una descarga de fusilería dentro del convento haciendo gritar a las aterrorizadas monjas.

¡Me sabe a mierda lo que piense mi esposa¡. Tengo 18 hijos, cada uno de ellos tiene su mamá y cuentan conmigo que soy su papá. A ver. ¿Dónde está mi retoño?--dijo la voz del ebrio fuera de sí, bajando dificultosamente del caballo.

Al minuto de manos de las asustadas monjas recibió a su hija. Del Valle Cristina Trompiz Guedez. Fue reconocida por el general, criándose en la casa bajo la furiosa mirada de la esposa del general, que recordaba las facciones de India Goajira Maracucha de la joven muerta, al menos eso creían todos.

La joven vivió una vida tranquila, serena. En 1877 se desposo con un ingeniero Canadiense de minas y vivió en Aroa.

En 1882 nacía su tercera y última hija, después de fallecer sus dos hermanos en medio de la peste de 1880.

Su última hija Dulce María Wilson Trompiz hizo en 1902 un viaje de placer al Mediterráneo. Conoció a un apuesto y arruinado Conde italiano, quien se vino a perseguirla hasta Barquisimeto, casándose con la frágil joven. Gracias al dinero de la joven esposa, viajaron y vivían entre los dos países a pesar de los agotadores y peligrosas travesías, pues el conde decidió que no iba a morirse de aburrimiento, ni picado de culebras en una tierra tan fastidiosa, fea y monótona.

El 15 de Marzo de 1910 nació el conde Fulvio Gallipoli Wilson, en Milán, en la casa de campo de los Gallipoli, donde nadie hubiera pensado que éste retoño provenía de una silenciosa y pobre sirvienta china que murió a los 16 años en un país que nunca supo donde quedaba.

Ese Teniente Fulvio Gallipoli de 24 años, de los Bersaglieri fue el que originó el desmayo con unos delirios extraños, haciendo que Marina Leung Ba menstruara por primera vez en la vida y que la madre de está, a espaldas de su padre contratara una hechicera china para despojarla del fuerte encantamiento del cual la joven fue víctima, fracasando estrepitosamente en el intento la bruja, quien enfáticamente anuncio que la joven era presa de mal de amores. Solamente el causante tenía la cura. Debía ser mujer del mismo, pues era cosa del mundo de los permanentes cambios.

III

Fulvio era un italiano en su estampa, en su amor al buen vino, a la pizza, a los quesos madurados, a los profiteroles, a montar a caballo, aventurero y espadachín, enamorado de cuanta escoba con faldas se atravesase, cantante, amante, inteligente, alegre, feliz, inmaduro, irresponsable, mentiroso. Con mucho más dinero; producto de la herencia de su madre, del que pudiese gastar en juegos, a los que era muy aficionado. Fue el alférez mayor de la academia, tuvo que obedecer al Duce, pero no se lo tragó. Fue lleno de delirante entusiasmo a la guerra de Etiopía a los 18 años. Regresó a Roma para saltar de todos los balcones de señoritas, señoras, viudas y solteronas que consiguió, rompiéndoles el corazón, olvidándose absolutamente de todas y cada una después que obtenía sus objetivos de cama.

En el frío Enero de 1934 le tocó ir a Japón a aprender tácticas de infantería de Marina de el ejército japonés que se encontraba en el cenit de su violenta gloria, donde aprendió los lujuriosos secretos sexuales de las Geishas, cosa que lo tenía un mas lejos de la locura.

Por eso andaba en China, viendo el accionar de estos contra la población civil y todo lo que se atravesase. Vivía en una nueva angustiosa emoción que le golpeaba con intensidad cuando llegó a la misteriosa y hermética China. Amó aquellas llanuras anegadas sembradas de arrozales, sus derruidos templos, sus increíbles atardeceres y en contra de sus instructores japoneses quienes le enseñaron el código del samurái, el Karate; busco afanosamente aprender a usar el I Ching, que también era usado en secreto por los japoneses. Degustó a placer la comida Pekinesa y Cantonesa, comió serpiente y sopa de aleta de tiburón. Aprendió rudimentos del Kung-fu, el cual entendió era muy superior al Karate. También disfruto el suave placer de las ardientes y sensuales jóvenes Chinas, quienes a pesar de su tamaño eran apasionadas y también en extremo lujuriosas al hacer el amor... Como mujeriego suma cum laude entendió porque Marina Leung Ba se desmayó.

¡Ay Dios¡. Ya ni las niñas--dijo con autosuficiencia, en medio de una inmensa sonrisa, y después de darse el mismo un golpecito en el mentón, apuró un caliente sake; pues a pesar del percance, el señor Leung Ba no suspendió ni por un momento la recepción.

Meses después Fulvio volvió a Italia. Fue a la guerra civil española con los legionarios italianos. Estuvo varias veces de vacaciones en Venezuela y hasta tuvo un tiempito para conocer a sus familiares Canadienses en la región de los grandes lagos. En 1937 se mantuvo fijo en Italia, para descubrir que su patria ya no era su patria. La barbarie, la ignorancia y la brutalidad del fascismo hacia irrespirable el país. Lo peor. Los militares eran los más responsables, pues apoyaban en toda su extensión a ese régimen fanático y corrupto. Estuvo tentado a pedir la baja e irse de su país. Pero se quedo en el ejército. Alguien sensato debía estar entre ellos e impedir en lo posible las barbaries que cometían los militares Fascistas. Pues el entendió que aquellos bestias no podían ser Italianos.

Fulvio sintió que algo dentro de sí había cambiado. Aquella lejana tierra envuelta en guerra lo llamaba día a día, es más, hora a hora. Algo le decía que debía volver. A su vez pasó a ser un oficial veterano de guerra y muy disciplinado. Consultaba permanentemente el I Ching, modificó su apartamento de acuerdo a normas de una técnica llamada feng shui. No dejaba de meditar en los rasgos de su ilustre antecesora que seriamente miraba a todo el mundo desde el inmenso cuadro de la sala de su casa allá en Venezuela y que desde aquí en Roma, e el se le antojaba que se le aparecía en los recuerdos de cada esquina de Shanghái.

IV

A Marina le costó mucho reponerse. Duró días enferma y era vista de manera diferente por las servicios y por su propia madre. Quería repentinamente acompañar a su padre a todas las ceremonias japonesas. Parecía buscar a algo ò alguien. Y no ocultaba su decepción cuando eso no lo encontraba.

Pasaron años. Llego la primavera de 1938. La niña a sus diez y seis años se transformo en una seria y espectacular adolescente. Fue enviada a Hong Kong a estudiar contabilidad, a lo que se dedicó con disciplina ejemplar. No pudo negar que le gustaron muchos chicos, pero algo le impedía enamorarse. No entregaba su corazón bajo ninguna circunstancia. A pesar que muchos enamorados salían a diestra y siniestra tratando de conquistar su inalcanzable corazón.

Pasó todo el año 1939 .Vio, conoció y entendió los discursos del inmenso Chang Kai Seng. Ingreso contra viento y marea en una hermandad secreta. Los Tigres del Kuomintang. Con disciplina cumplió misiones secretas en Hong Kong y su estrecho conocimiento de los japoneses fue de gran ayuda. Todos sabían del avance Japonés en China y llego el año 1941.

Sucedió lo impensable. Los japoneses atacaron Hong Kong. Ella Leía con avidez los periódicos que anunciaban los catastróficos resultados de la guerra en Europa, para atisbar alguna posible ayuda.. Rusia sé defendía difícilmente de los Alemanes y los Japoneses eran una mancha incontenible en Asia. Singapur, Indochina, Filipinas, Birmania. Los norteamericanos se mantenían neutrales, esperando el mejor momento de actuar, de acuerdo a sus particulares intereses. Cuando empezó la batalla por Hong Kong, la joven no se hizo ilusiones... Desde el balcón de su lujoso apartamento vio el 08 de Diciembre de 1941 la desigual lucha por la ciudad. Fue testigo de lo impensable.

Los británicos se rindieron el día de navidad. Vio por la Avenida Nelson Street desfilar al frente de sus tropas al General Rensuke Isogai. Desde su balcón no le parecieron tan malignos. Desfilaban lentamente. Con una disciplina ejemplar. Total. Desde niña siempre los conoció y sabía evitar el colocarse frente a sus terribles maldades.

Estos japoneses, tropas de Isogai, no eran ni de lejos parecidos a los fuertes, marciales, disciplinados Japoneses que gobernaban en el norte. Eran un insulto a los perros y a cualquier demonio. En fin, Se comportaron muy distintos a los conocidos. Se embriagaron a más no poder. Masacraron a la población. Violaron a las mujeres sin importarles su condición ni edad. Eliminaron los bancos. Saquearon los comercios, destruían por destruir y ella se vio obligada a huir de su lujoso apartamento

Parte de la fortuna de su padre en dólares americanos y dólares de Hong Kong estaba depositada en el Hong Kong and Shanghái Bank y se evaporo al ser confiscado el banco. Su bella escuela donde estudiaba con tanto confort, la St.Paul´sGirl´sCollege de la Iglesia Anglicana fue tomada y convertida en Hospital Militar.

Marina Leung Ba entendió que debía irse de la ciudad, mientras pudiera. Gracias a su pasaporte especial, que usaba profusamente en beneficio de los Tigres del Kuomintang pudo escapar de Hong Kong, cuando los japoneses llegaron a la cúspide de la barbarie. Fue en un tren de refugiados hasta Cantón y de allí siguió los 1200 kilómetros más peligrosos de su vida hasta Shanghái, No pudo continuar. Se enteró del pago de los Japoneses a la fidelidad de su padre con ellos; lo asesinaron junto a su madre y le incautaron de todos sus bienes.

La bella muchacha conoció el horror del desamparo, el hambre, la soledad y la miseria en medio de una ciudad que no conocía, pues la otrora internacional perla oriental ahora era un amasijo de ruinas; en medio de un cruento invierno, en plena guerra. Su única posibilidad de salvarse era contactar urgentemente a los Tigres del Kuomintang. Ellos la refugiaron en el único sitio posible. Donde también estaban ocultos muchos oficiales británicos y norteamericanos. En el “Sector Restringido para Refugiados Apátridas", en el Distrito de Hongoku, el más pobre de Shanghái. Ni más ni menos el guetto Judío de la ciudad. Ahí paso Marina escondida todo el año 1942. Hasta que recibió su asignación de parte de los Tigres del Kuomintang.

Cantaría en el Moonlight. El sitio predilecto de la oficialidad japonesa. Debía estar ahí para enterarse en la medida de lo posible de sus planes. Ella era la única indicada. Cantaba. Hablaba Japonés y era bella

Marina entendió. Si el hecho de haberse mantenido férreamente católica a pesar de los intentos reiterados y fastidiosos de los anglicanos ingleses en su escuela , de ser anti japonesa ante su padre, prácticamente un cómplice de ellos; si servía de algo ante Jesucristo todo eso . Pues este era el momento de saberlo.

La bella muchacha no se hizo ilusiones. Cantar en el Moonlight significaba que esa misma primera noche la ultrajarían todos los japoneses que quisieran, en las noches siguientes seria parte de las orgias de las tropas hasta que se aburrieran de ella. Los Tigres del Kuomintang también lo sabían. Pero era necesario un agente ahí adentro.

La noche de su debut, la joven salió ante un sencillo escenario. Trató de cantar una canción japonesa. Pero en medio de la gritería de la soldadesca nadie la oía. Repentinamente un gordo, tosco Coronel subió al escenario, de un manotón le arranco la blusa, dejando al descubierto sus preciosos y virginales senos.

La joven aterrada se los tapo como pudo. El hombre la agarró y trato de besarla brutalmente, en medio de las risotadas de la soldadesca que aupaban al bastardo.

Una gigantesca cachetada con el puño cerrado se lo impidió. El Coronel reaccionó inmediatamente para ser detenido por todas las estrellas del Uniforme que portaba el Teniente General Takeo Namura. El Coronel recibió de éste otra fenomenal cachetada con el puño cerrado y se desplomo de rodillas. Namura. Comandante General. Dueño y señor de todo Shanghái, favorito del príncipe Ahito; tomó el sable del Coronel y con el canto del mismo, golpeo el hombre hasta que sacio su furia. El silencio fue inmediato. El Teniente General hizo un gesto hacia un Teniente Coronel y este inmediatamente se quito su chaqueta, cubriendo a la joven.

Namura caminó tranquilamente hacia una mesa justo frente del escenario, de un manotón lanzo por doquier las innumerables botellas y vasos. Se sentó y miro a la joven. “Canta” le dijo con grave y fuerte voz.

Absolutamente todos los soldados, muy lentamente se sentaron en las mesas en estricto silencio, olvidando insufacto al Coronel tendido, exánime, bañado en sangre; a la orilla del escenario.

…… A partir de ese instante Marina Lueng Ba entendió que tenía un dueño. El primero en la lista de todos los futuros intentos de asesinato de los comunistas y de los guerrilleros del Kuomintang. Por ende el más cruel y despiadado de todos los japoneses que estaban en Shanghái……………..

Continua en la obra.. Madame Moonlight por Edgar R. Pérez C. Edrapecor. En ésta editorial

Edgar Ramón Pérez Cordero es Edrapecor, un escritor Venezolano, quien escribe cuentos y novelas. Sus trabajos los presenta en diferentes Formatos, tales como e-books, e pub, kindle y escrito. En diferentes géneros. Terror, amor, acción, aventuras, romance, guerra, ciencia ficción.

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1era edición.

Valencia 20 de marzo del 2007...

2da edición

Valencia 20 de Marzo del 2013.

Otros títulos de éste autor.

Cobardía. Novela de acción y guerra.

La Esquina. Novela de Terror

Margott Taylor. Novela Romántica.

Cristina Takeshi. Novela Juvenil Romántica

La Otra Chica Novela de Ciencia Ficción

¿La Visa de Mis Sueños? Novela Urbana de Aventuras

Xixata Novela Étnica de Aventuras.

Tahirza Novela Étnica de Aventuras

Traición y Cobardía Novela Urbana de Aventuras

Odalis Amelia. Un Amor Ridículo Novela Urbana de Aventuras

Mi Loco Padre Novela Urbana de Terror, entre otros títulos.

Dedicado precisamente a ti que me estás leyendo.

Gracias por leer éste trabajo.

Valencia. Venezuela


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