Compañía de Comedias Populares. Ciudad de México. México. (1982) Montaje en el Grupo Rafael Briceño. Mérida. Venezuela. (1986) Montaje en el Portorican






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títuloCompañía de Comedias Populares. Ciudad de México. México. (1982) Montaje en el Grupo Rafael Briceño. Mérida. Venezuela. (1986) Montaje en el Portorican
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: (Con cierto temor) No te ensañarías con una débil mujer.
Carlos: ¿Débil?
Marcelo: Lánguida, como las damas del Renacimiento.
Carlos: ¡Cuentos, eres una zorra moderna!
Marcelo: ¡Qué horror!
Carlos: ¡Inmunda y caliente!
Marcelo: ¡Esa no es forma de tratar a una dama!
Carlos: ¡Con todos los adelantos tecnológicos de la píldora, cirugía y maquillaje! (Se le acerca) ¡Vamos, demuestra tu verdadera naturaleza y arrójate en mis brazos!
Marcelo: ¡Retírate!
Carlos: (Abraza a Marcelo) ¡Somos tal para cual!
Marcelo: (Se desprende del abrazo y se retira al fondo) ¡Mentira!...
Carlos: (Se adelanta y utiliza la raqueta como si fuera un micrófono) ¿Qué pasará con Matilde Antúnez? ¿Logrará Ricardo García conquistar su corazón? ¡No se pierda el próximo capítulo! (Mira a Marcelo que lo contempla con pánico) Comerciales... siempre hay comerciales en los momentos de mayor tensión...
Marcelo: ¿Puedo quitarme esta ropa?
Carlos: Aún no hemos terminado.
Marcelo: Estás amenazando con pegarme.

Carlos: ¿Amenazando? Voy a pegarte a ver cuánto resiste tu amor por Luis. A ver si es cierto que lo amas.
Marcelo: ¡En la televisión no se golpea! ¡Se simula que se golpea!
Carlos: ¿Vas a venir con cotorras? ¿Y todos esos moretones, cicatrices y sangre?
Marcelo: ¡Maquillaje, tú lo sabes!
Carlos: ¡No lo sé!
Marcelo: ¡Lo sabes!
Carlos: (Retorna de nuevo el rol de Ricardo) Ven acá, Matilde, mi amor... ¡Mi capullito de alhelí!...
Marcelo: ¡Estás loco! ¡Loco!
Carlos: (Con el corazón destrozado) ¿Me dices loco a mí? ¿A tu Ricardo García? ¡Esto es lo último que podía ocurrirme! (Ve que Marcelo no reacciona. Le hace un gesto amenazante y repite)... ¡Pero esto es lo último que podía ocurrirme!
Marcelo: (Retoma el papel de Matilde con cierta dificultad) ¡Luis! ¡Luis! ...
Carlos: ¡Afloja todo el resentimiento que tienes contra el cabrón de tu marido!
Marcelo: ¡Luis, mi adorado tormento!
Carlos: ¡Me rompes el alma, zorra!
Marcelo: ¡Amo! ¡Amo a Luis Antúnez!
Carlos: ¡Ese tipo se muere, sucia! ¡Lo mata una gandola cinco capítulos más adelante, cuando regresa de inspeccionar una granja llena de cerdos!
Marcelo: ¡Lo salvaré! ¡Tendré una premonición y lo retendré en el hogar! ¡En nuestro hogar!
Carlos: ¡Casi estoy a punto de creerte!..
Marcelo: ¡Créeme!


Carlos rodea la cintura de Marcelo. Lo hace inclinar la espalda, al estilo de las heroínas de antaño.
Carlos: Querida mía, entiende. Trata de pensar. ¿Vas a romper toda la estructura de la telenovela? ¿Ah, cariño mío?... ¿El pensamiento vertido por el dueño de la estación y el libretista?
Marcelo: ¿Qué más puedo hacer? (Se separa de Carlos) Entiendo tu pasión, pero... ¡Lo único que me importa es que adoro a Luis!
Carlos: (Hace que Marcelo caiga al suelo. Se monta sobre su espalda) No te mato porque es una contingencia que no veo en el libreto. Si no, estarías frita. ¡Hipócrita! ¡Verdulera! ¡Terminarás en el campo, desdentada y llena de críos!
Marcelo: ¡Si es con Luis no me importa!
Carlos: ¡Alimentando gallinas y permitiendo que los cerdos se te metan hasta en la cama!
Marcelo: ¡Compartiré todo con el hombre que amo!
Carlos: (Se separa un tanto) ¡Ni televisión tendrás!
Marcelo: ¡No! ¡Eso no!
Carlos: Luis Antúnez, al verte gorda y fea te abandonará...
Marcelo: (Rogando de rodillas) ¡No digas eso, Ricardo!
Carlos: ¡Sí, te abandonará por una campesina más gorda y espantosa que tú, pero que lo cautivará con su olor a cerdo podrido!... ¡Y morirás de celos!
Marcelo: ¡No, por favor!
Carlos: ¡Morirás de celos, perra! (Empuja a Marcelo con el pie) ¡Perra! (Escupe sobre Marcelo) Y ahora, me voy al Tennis Club...


Carlos se retira unos pasos. Mueve la raqueta en gesto de juego de tennis.

Música. Bolero con marcado despecho. Marcelo se muestra destruido.
Marcelo: (En arranque final) ¡Amo a Luis Antúnez! ¡Amo a Luis Antúnez! ¡Amo a Luis Antúnez!


Carlos se acerca a Marcelo. Lo toca, entusiasmado.
Carlos: ¿Ves, Marcelo? Yo sabía que Matilde era fiel, igual que mi Mariela... (Marcelo se levanta lentamente. Se acerca al maniquí y comienza a desprenderse del vestido) Más tarde la buscaré y haremos las paces... La pobre, seguro que está pasando malos ratos con ese condenado que intenta seducirla día a día... Se casaron, se mudó con él y ya van buscando un carajito, pero eso no importa... ¡Este nuevo final de “Arráncame la vida” me abrió los ojos... (Pausa corta. A Marcelo) ¿Cómo te sientes?
Marcelo: Bien... bien...
Carlos: Me alegro...
Marcelo: Un poco aturdido, pero bien. ¿Y tú?
Carlos: ¡Feliz!...


Carlos se interna entre los elementos del fondo.
Marcelo: Me alegra que todo se haya solucionado.
Voz de Carlos: Un poco a contrapelo, pero eso no importa. ¿Verdad?
Marcelo: Lo fundamental es el final feliz. ¿Cómo no lo vi antes?
Voz de Carlos: Es la televisión, que tiende a enredar las cosas. Me he dado cuenta.
Marcelo: Cierto.


Marcelo se ha quitado el traje de mujer. Viste de nuevo la camisa. Aún permanece con las perneras de los pantalones recogidas, acción que efectuó para interpretar el personaje de Matilde.
Voz de Carlos: (En off) Siempre salen cosas raras. Uno nunca sabe por dónde va a saltar la liebre. Estás tranquilamente observando a una pareja que se quiere con todas las de la ley y ¡zas! ... Aparece el tipo malo que se quiere coger a la protagonista.
Marcelo: O la hembra platinada que desata sus furores uterinos sobre el muchacho bueno.
Voz de Carlos: ¡Enredos! ¡Puros enredos!

Marcelo: Tengo miedo. Y frío. La sangre se me congela. ¿Quién está fuera de sus cabales?... Siento como si un río me arrastrara. Una locura afincada en lo más profundo de la conciencia... Televisión, comunicación... Creí hacerlo bien. Pertenecer a la parte sana de la humanidad...


Surge Carlos vestido de madre castradora. Lleva un bolso grande. Música infantil.
Marcelo: Bueno... me voy...
Carlos: (Dando muestras del carácter feroz de su nuevo personaje) ¿A dónde?
Marcelo: A... a casa...
Carlos: ¿Para qué?
Marcelo: Dormiré veinticuatro horas seguidas.
Carlos: ¡Más tarde!
Marcelo: ¡Déjeme ir!
Carlos: (En su personalidad original, tímida) Tenemos... tenemos que... arreglar otras cosas...
Marcelo: ¿Otras?
Carlos: Tengo que... pues, reconstruir mi vida, Marcelo... meditarla de nuevo. Tengo muchos rencores en la cabeza.
Marcelo: ¿Rencores?
Carlos: ¡Ajá! Y esta es la oportunidad de sacarlos.
Marcelo: ¡Yo no puedo ser tu paño de lágrimas!
Carlos: Comenzando desde la niñez. ¡Nunca! ¡Nunca me gustó el Corn Flakes y durante ocho años mi madre me obligó a comerlo! (Adopta postura de anunciante de televisión) “Porque usted sabe, comadre, Corn Flakes tiene compuestos vitamínicos que aseguran la salud del niño y le otorgan la sonrisa nueva de los campeones”... ¡Corn Flakes para su nené! ¡Nené para su Corn Flakes!

Marcelo: ¡Si tu madre te obligaba a comer cosas que no te gustaban, no es culpa mía!
Carlos: ¿No?
Marcelo: ¡Ni la conozco!
Carlos: ¡Eres el dueño de la televisora! ¡El Sumo Sacerdote!
Marcelo: Sólo soy el Presidente.
Carlos: ¿Y qué más quieres? ¡Tu estación aullaba día tras día las benditas propiedades mágicas del Corn Flakes! ¡En la mañana, en la tarde y en la noche! ¡Especialmente en la tarde, antes, durante y después de “El Investigador Submarino”, donde calumniaban a Mike Nelson diciendo que tomaba Corn Flakes antes de sumergirse en las profundidades... llenas de tiburones, barracudas y otras alimañas marítimas!... ¡Y no tienes la culpa!..
Marcelo: Escucha, Carlos. Hay algo en lo que estás equivocado.


Carlos extrae un babero y una gorrita del bolso. Se acerca a Marcelo y se los coloca.
Carlos: Puedes llamarme Teresa, como mi mamá.
Marcelo: Teresa...
Carlos: (Canta) “Los pollitos dicen, pío, pío, pío, cuando tienen hambre, cuando tienen frío”...
Marcelo: Teresa...
Carlos: ¿Quieres decirme algo, mi niño?
Marcelo: (En plan de niño) Sencillamente que yo no soy el dueño de la estación televisora.
Carlos: ¡Ay, que gracioso mi nené! (Le pellizca las mejillas) ¡Cuchi, cuchi! ... Eso no te lo cree ni el coyote estúpido que persigue al correcaminos.
Marcelo: Es cierto, Teresa. ¿Cómo explicarte?
Carlos: (Abandona el rol) ¡Nadie tiene un escritorio más grande que el tuyo!
Marcelo: (Abandona el rol) ¡Pura pantalla!
Carlos: ¡Eres el Presidente! (Se dedica a preparar un plato rebosante de Corn Flakes. Todos los utensilios los saca del bolso) ¡Todos lo dicen! ¡Hay un rótulo en la puerta de tu despacho!
Marcelo: Se trata de un truco.
Carlos: ¡El truquero eres tú!
Marcelo: ¡Un truco económico! ¡Los verdaderos dueños son otros tipos!
Carlos: ¡Fantasías!
Marcelo: Yo soy el que da la cara y todo lo demás, pero los amos del negocio son otros...
Carlos: (Asume el rol de madre) ¡Estás peor que Walt Disney! ... Vamos, venga a la mesa y cómase su Corn Flakes...
Marcelo: (Se acerca a la mesa asumiendo el rol de niño. Se sienta y se dispone a comer) Yo soy el que...
Carlos: (Propinando un golpe en la cabeza de Marcelo) ¡Hágase la cruz, muchacho del demonio!


Marcelo se persigna.
Marcelo: (En rol de niño) Es una transnacional. ¿Tú sabes lo que es una transnacional?
Carlos: ¡No! ¡Y come!
Marcelo: Son corporaciones monstruosas, mamita. Dependemos de ellas...
Carlos: ¡Traga muchacho, si no quieres que te rompa los dientes!
Marcelo: (Comiendo y explicando como niño) Mami, nos procuran toda la tecnología. Los repuestos, los equipos...
Carlos: ¡Devora tu Corn Flakes para que seas un chico sonriente que le gane a todos en las carreras por los campos verdes!...
Marcelo: Los programas en video y las películas...

Carlos: ¡Mastica bien tus minerales, chiquillo de mierda! (Da un pequeño golpe en la cabeza de Marcelo) ¡La vitamina A, la B, la C, la D, la F!...
Marcelo: ¡Soy un testaferro, mamita linda!...
Carlos: ¿Te gusta El Zorro? (Le hace espadas) ¡Vitaminízate hasta la zeta de El Zorro!
Marcelo: ¡Un testaferro! ¡No soy el dueño! ¡Déjame ir!
Carlos: (Atormentado por la inapetencia del niño) ¡Ah! ¿Conque no te gusta el Corn Flakes? ¿Y qué quieres? ¿Hacerme pasar vergüenza con la vecina? ¿Ser una mierda de niño al que los otros le peguen?... ¡Pues no! ¡No y no! ¡A la fuerza te lo vas a comer! (Hunde la cabeza de Marcelo en el plato) ¡Come! ¡Come y mineralízate hasta los cojones!


Marcelo se derrumba. Se arrastra huyendo de Carlos.
Marcelo: ¡No soy! ¡No soy!


Carlos toma el cubo lleno de Corn Flakes y lo arroja sobre Marcelo.

Marcelo gimotea...
Carlos: ¡Los niños que comen Corn Flakes no lloran! ¡Prefiero tener un hijo muerto antes que un crío llorón y mocoso!
Marcelo: (Reponiéndose) ¿Llora? ¿Quién llora?
Carlos: Vaya a la mesa y termine su comida.
Marcelo: (Después de meditar una serie de alternativas, opta por la de niño malcriado) ¡No y no!
Carlos: (Asombrado) ¿Qué no?
Marcelo: (Camina hasta la mesa y bota el plato repleto de Corn Flakes que Carlos ha renovado) ¡No me gusta el Corn Flakes! ¡Es una mierda de producto y no me comeré ni una podrida hojuela más!
Carlos: (Horrorizado ante la rebelión) ¡Así que eres un niño rebelde!
Marcelo: ¡Sí!
Carlos: ¡Dios mío!

Marcelo: ¡Y Mike Nelson no come Corn Flakes! ¡Es más, lo odia! ¡Y antes de sumergirse en las profundidades marítimas llenas de pulpos y cangrejos, recomienda a los niñitos botar a la basura todas las cajas de Corn Flakes que tengan a mano!
Carlos: ¡Mira que te voy a pegar!
Marcelo: ¡No me importa!
Carlos: (Se desmaya) ¡Ah, no te importa!
Marcelo: ¡No me importa! ¡No me importa! ¡No me importa!


Marcelo llega a la cumbre de su rebelión. Utiliza el babero como capa y vuela por la habitación.
Carlos: (Reponiéndose) ¡Dios, por qué me has castigado con esta criatura del demonio!... Seguro que esa actitud se debe a las compotas que tanto te gustan.
Marcelo: ¡Sí! ¡A las compotas Heinz!
Carlos: (Agresivo) ¡Gerber! ¡Gerber!
Marcelo: (Asustado) ¡Gerber!... que cuida la existencia de los bebés como si fueran capullos de rosas.
Carlos: (Angustiado) ¿Qué habré hecho yo para merecer semejante castigo? Mi pecado fue haberte parido. (Se sienta en el cubo y hace señas a Marcelo) Ven acá niño malo...
Marcelo: No...
Carlos: ¡Venga! ¿Se va a poner desobediente?
Marcelo se envalentona. Mira sus bíceps.
Marcelo: Sí.
Carlos: En castigo no verá televisión durante una semana.
Marcelo: (Patalea) ¡No! ¡Eso no, no!
Carlos: Además de los azotes. Venga.
Marcelo se niega. Carlos se levanta y va en busca de Marcelo. Lo toma del brazo.
Carlos
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