No lo podía creer: por fin la nave de Ami aparecía sobre las rocas de la playa en la noche encendida de estrellas. Mi alma estaba nuevamente feliz. La espera






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ENCUENTRO Y DESENCUENTRO
No lo podía creer: por fin la nave de Ami aparecía sobre las rocas de la playa en la noche encendida de estrellas. Mi alma estaba nuevamente feliz. La espera había sido muy larga, pero ahora todo volvía a estar bien en el Universo.

El rayo de luz amarilla se encendió y yo me dejé izar por él hasta que llegué al interior del vehículo cósmico, a la pequeña sala de recepción. En mi mente sólo estaba Vinka, mi novia extraterrestre, mi alma gemela. Nos volveríamos a encontrar luego de una triste separación. Mi corazón iba latiendo acelerado por la alegría.

-Bienvenido a bordo –me dijo sonriendo un extraño joven que apareció ante mí para recibirme. Eso me pareció muy raro, porque yo esperaba ver allí a Ami o a Vinka.

-Ami no pudo venir esta vez. Pero pasa adelante, Pedro, ya hablaremos.

Se trataba de un delgado y esbelto chico, mucho más alto que yo, quien, evidentemente, pertenecía a la raza de Vinka, los swamas. Igual que ella tenía el pelo rosado, los ojos color violeta y las orejas puntiagudas en su parte superior.

-¿Está Vinka a bordo? –le pregunté antes de ingresar al salón de comandos.

-Sí, aquí está. Pasa para que la veas.

Suspiré aliviado y feliz, luego entré. Allá estaba esa mirada mágica, al fondo del recinto. Vinka se veía espléndida. Mi pecho se encendió de cariño y de mi sonrisa brotaron chispitas de luz. Pero… ella no me miró con simpatía sino con frialdad. No mostró la menor intención de venir hacia mí ni manifestó alegría alguna ante el reencuentro, me observaba serie desde lejos. ¡Ni siquiera me saludó! Comencé a sentir una especie de angustia. El joven caminó hacia ella y Vinka le brindó una sonrisa que era toda miel… ¡A él sí y a mí no! Después, él se paró a su lado, se volvió hacia mí, tomó a mi compañera eterna por el hombro y con una cruel mirada de triunfo dijo:

-Hubo un error. No existen almas gemelas de mundos diferentes. Nosotros provenimos del planeta Kía, tú eres terrícola, por lo tanto, ella no es tu alma gemela, sino la mía –y procedió a darle un interminable beso en la boca… mientras Vinka le acariciaba la nuca y le arañaba la espalda con pasión…
Yo sentí que me desgarraba por dentro y quise ponerme a llorar, pero no podía hacer nada, estaba paralizado. Vinka me había dejado por otro chico, uno grande, un hombre ya, de unos diecisiete o dieciocho años, como les gustan a ellas, y no un enano de menos de doce, como yo.

En ese momento escuché unos golpes.

-Pedro.

Con un fuerte dolor en el corazón y en el alma abrí los ojos. Estaba en mi habitación de la casa de la playa.

Ah… era otra vez esa pesadilla”… me dije, agradeciéndole interiormente a mi abuela por haber despertado, y comencé a sentirme más sereno.

-Es hora de levantarse. Yo tengo que ir a mi clase de Yoga y alguien debe quedarse aquí despierto.

-Ya. Ya voy, abuela.

-Después tengo que atender a una clienta al mediodía, así que voy a llegar un poco tarde para hacer el almuerzo. ¿Podrías encender el horno a las doce? Adentro está el pastel de papas. Yo me ocupo del resto cuando llegue.

-Sí, abuela, no hay problema.

-Entonces hasta la vuelta, Pedrito. Cuídate.

Sí, ése era el estado de mi alma pesimista e impaciente durante aquel tiempo de espera. A medida que los días pasaban sin novedades de Ami ni de Vinka, con mayor frecuencia me asaltaba la misma espantosa pesadilla. Pera sólo eso: un mal sueño, por suerte…

Mi abuela había tenido un “ataque de rejuvenecimiento”. Hacía Yoga, tomaba vitaminas, se vestía más juvenilmente y retomó su antiguo oficio, no sé si peluquera, cosmetóloga, depiladora o algo así. Ahora pasaba mucho menos tiempo en casa, además aprovechaba para trabajar en el balneario haciendo visitas a domicilio. Eso nos permitió disponer de más recursos y pudimos alquilar la casa de la playa por todo el verano.

Cuando llegamos, yo pensaba que Ami y su nave espacial estarían de regreso los primeros días de la temporada, pero me pasé inútilmente casi dos meses esperando en el roquería donde nos encontramos en las dos ocasiones anteriores. Ya las vacaciones estaban por terminar, pronto regresaríamos a la ciudad, y todavía nada… Esa triste espera convirtió mi veraneo en algo deprimente, interminable, eterno.

Todos los días me iba a las rocas de la playa y me quedaba observando el cielo durante horas, hasta muy entrada la noche, con el deseo de ver un objeto volador. Cada lucecita que se movía en lo alto me hacía saltar de esperanza el corazón, pero siempre resultaba ser un desilusionante satélite, un estúpido aerolito o un miserable avión, y no la nave de Ami, único medio capaz de acercarme a Vinka.

Vinka… cómo deseaba volver a verla… Se había instalado tan en lo profundo de mí, que me parecía haber estado eternamente unido a ella, a pesar de que nos conocimos apenas unos meses antes y nos vimos sólo durante menos de un día, pero fue suficiente. Entre nosotros se desató una atracción irresistible. Y pocas horas después llegamos a comprender que nuestras almas son dos mitades de un mismo ser: somos almas gemelas. Por eso mismo la separación me afectó mucho, y yo creía sentir que a ella también, y la recordaba todos los días, todos. Desde el momento en que la vi por primera vez, de allí en adelante, siempre estuve pensando en ella, o con la sensación de su presencia dentro de mí a cada instante, hasta que me di cuenta de que eso iba a seguir igual para siempre, y me gustaba, me hacía sentir más vivo, más completo y más feliz; aunque ella no estuviese a mi lado, porque de alguna otra forma sí lo estaba. Claro, porque nos unía el amor, y gracias a Ami comprendí que ésa es la fuerza mayor de todo el Universo. Así me enteré que el amor no es simplemente un sentimiento hermoso, no; es mucho más que eso.

Luego de la visita de Ami, para mí existe un nuevo Dios. Creo que inclusive muchos ateos podrían estar de acuerdo con mi nueva cisión del inventor del Cosmos, que es la misma que tienen en los lugares más avanzados del Universo; de ellos la recibí.

Yo sé que Dios siempre ha sido y será el mismo, pero nuestra manera de verlo va cambiando con el paso del tiempo, con nuestra propia evolución. Al principio, la gente pensaba que el Creador era una piedra o el rayo o el sol. Después aprendimos que no era justamente eso. Y cada vez que lo podemos concebir de una forma más elevada es como si se transformase para nosotros en un nuevo Dios, que fue justamente lo que me ocurrió.

Antes de Ami, en mi imaginación Dios era un señor vigilante, vengativo, rígido, severo, castigador e iracundo. Bueno, ésa es la idea que algunas personas me transmitieron para asustarme, y en la misma Biblia lo pintan más o menos así en algunas partes. Debido a todo eso, cuando niño le tenía mucho miedo. Pero después descubrí que si no pensaba en Él, yo no entraba en mala onda, y me pareció más conveniente dudar de su existencia… Pero ahora, para mí es un bondadoso y radiante “Ser-Presencia-Inteligencia” quien dirige el Universo. De Él me enteré gracias al amigo que vino desde las estrellas a visitarme en su nave: Ami; él me hizo conocer a Dios Amor.

Ahora sí que le presto atención, porque dejó de ser una idea imaginaria y se transformó en algo que yo puedo sentir, vivenciar y experimentar. Claro, como el Amor es Dios, cada vez que siento amor estoy experimentando a Dios. Sencillo.

Sencillo para las almas simples, quiero decir; porque si hablamos del tema con un viejo de espíritu va a salir con complicaciones teológicas e intelectuales que lo enredan todo y que, a fin de cuentas, nos alejan de Dios. Lo que pasa es que en este planeta somos medio retorcidos por dentro, por eso nos cuesta comprender las cosas simples. Es lo mismo respecto al manejo de este mundo.

Yo viajé a Ofir, un mundo evolucionado, y también a otros. Así supe que las civilizaciones avanzadas del Universo comparten todo con cariño, como si se tratara de una gran familia planetaria. Sencillo. Y como resultado, eso parecía una fiesta permanente porque toda la gente andaba contenta. Pero aquí uno sale a la calle y ve una cara alegre y cien caras de vinagre… Y casi todos piensan que sus problemas los resolvería el dinero, pero mientras más rico es un lugar, más vinagres y más de piedra las caras…

Lo que pasa es que lo material es solamente “la parte de afuera”, pero la felicidad tiene que ver con “la parte de adentro”, y eso a su vez tiene que ver con el Amor. Ése es justamente el Principio Guía de los mundos más adelantados que el nuestro, el Amor; debido a eso, allá se mira la vida desde un “nosotros”, mientras que aquí sólo importa el “yo”. El egoísmo es nuestra conducta más natural, y de allí deriva nuestro estilo de vida, impulsado por el viejo y cruel “motor” de esta “civilización”, la famosa “competitividad”, que no es más ni menos que la prehistórica “ley de la selva”, expresada en palabras elegantes…

Pero los mundos evolucionados ya no están en la prehistoria. Allá no se compite, allá de comparte.

Debido a ésa y a otras razones, las civilizaciones cósmicas consideran que nuestra humanidad todavía no es civilizada o evolucionada. Para esa gente, nosotros somos una especie más bien primitiva, aunque nosotros nos consideremos “modernos” (la gente del año 1200 y de todas las épocas se ha considerado igual)… Y no podemos comprender por qué los tripulantes de esas silenciosas naves que se ven cada vez con mayor frecuencia, que poseen una tecnología que aquí ni se suela todavía en alcanzar, no nos consideran dignos del menor contacto a nivel oficial.

Bueno, tampoco los catedráticos de las universidades van a entablar contacto con los salvajes de las selvas, ¿para qué? ¿Mandarles instructores? Seguramente terminarían acribillados por dardos venenosos… Mejor sería dejarles al alcance algunos libritos con ilustraciones fáciles de comprender, con el ABC de lo que se les desea enseñar.

Otro ejemplo: si usted va a visitar a un malhechor peligroso, él va a pensar que usted lo apoya… Y si va a decirle que su conducta no es correcta, mejor vaya con chaleco antibalas… Además sería inútil, porque él sabe muy bien lo que hace. También en ese caso es mejor que le deje los libritos por ahí cerca (y no olvide poner en ellos balazos y peligros, muchas angustias, odios y tristezas, porque si no, se aburre y lanza el libro lejos)…

Pero a pesar de todas las oscuridades y durezas de este incivilizado mundo, que justamente por vivir en su prehistoria todavía no respeta ni intuye lo que es realmente el Amor, Ami dice que tengo que vivir con alegría, con buena onda hacia todos, inclusive hacia los científicos que se dedican a traficar con sus conocimientos inventando nuevas armas, o hacia quienes hacen negociados destruyendo la naturaleza (él cree que es tan fácil amar a ciertos humanoides). Según él, esos “benefactores de la humanidad” (yo los metería a todos presos par que no hagan más daño) no es que sean malos, sino que son ignorantes. Debido a eso, la solución no es pelear ni combatir; el remedio no consiste en borrar del mapa ni en meter preso a nadie (lamentablemente), sino en enseñar, en ayudar a cambiar la mente y el corazón, por lo menos de los más jóvenes, que todavía podríamos llegar a ser diferentes (ahora que me doy cuenta, adult-o y adult-erar tiene la misma raíz)… Digo que podríamos llegar a ser distintos y conducir el mundo de una forma más humana alguna vez, pero no es seguro porque en la escuela no nos enseñan a ser mejores personas. Nuestra educación no está orientada a “la parte de adentro”, sino a lo de afuera; por ese motivo, casi lo único que hacemos es memorizar datos, y no justamente datos que nos lleven hacia la felicidad, o que nos hagan comprender el sentido superior de la vida. Acumulando datos acerca de la parte de afuera de todo no cambia nada por dentro, no en un sentido profundo.

Y en lugar de estimularnos a ser solidarios, nos incitan a ser muy “competitivos”, y eso quiere decir a tratar de ganarles a los demás en todo, dejarlos convertidos en puré, aplastarlos, pasarles por arriba. Ésa es nuestra formación filosófica, moral y ética actual. Nos vestimos mejor que antes, por fuera, y andamos con celular. Pero por dentro, de las cavernas a hoy no ha cambiado mucho la cosa…

Ante ese panorama, me parece a veces que mi generación tampoco va a hacer nada distinto. ¿Habrá otra?...

Yo he cambiado, ahora me interesa de forma muy seria el destino de esta humanidad, pero no gracias al colegio, sino gracias a Ami, y ésa fue otra gran Luz para mi alma, que tampoco me llegó por vía terrestre, naturalmente. Pero “los amigos de arriba” no pueden andar despertando a todos, uno por uno, y como por aquí abajo no hay demasiado interés en el mejoramiento interior de la especie humana, no veo fácil un cambio en este mundo, a menos que produzcamos un desastre tan espantoso que, si sobrevivimos, nos obligue a cambiar, a construir un mundo diferente del actual. Pero Ami dice que la idea es cambiar el mundo sin que haya grandes desastres, y un poco para colaborar en eso se me dio la misión de escribir estos libritos, que muestran lo más elemental y básico de la forma de vivir de los mundos (y de las personas) con mayor evolución que la nuestra. Ya dije que por esas alturas se guían por el “Principio Fundamental del Universo” o “Ley Fundamental del Universo” (otra gran luz de origen no terrenal en mi vida), es decir, el Amor, algo muy sencillo y claro, algo que lleva a buscar el mayor bien posible para todos. Pero, a pesar de lo “romanticón” o “espiritualoide” que podría parecer eso por estas oscuras latitudes del entendimiento, en esos luminosos mundos se trabaja sobre todo en centros de investigación y en universidades, y en ellas se realiza mucha actividad orientada al desarrollo espiritual, porque allá, espiritualidad y ciencia son la misma cosa, y saben que todo depende del Amor. Aquí no, aquí todo depende de la Bolsa de “Valores”, de los bancos…

Lo lógico sería que algo tan delicado y complejo como un mundo fuese dirigido por científicos o sabios, pero en este planeta no nos guiamos por el Amor, y por eso no somos lógicos. Un lector muy intelectual diría que lo que acabo de subrayar es incoherente, porque no tiene nada que ver el amor con la lógica. Sin embargo, aquí va otra Luz aportada por Ami: “el Amor es la suprema lógica”, pero eso, sólo la sabiduría del corazón puede comprenderlo, y como quienes nos dirigen no lo comprenden, y menos todavía lo aplican, aquí sucede algo que de verdad es muy incoherente, esto sí que es ilógico: el destino de la humanidad, nuestro futuro y el de toda la vida planetaria está sometido a las leyes del mercado…
Y así nos vamos deslizando por esta periferia galáctica en nuestra hermosa y comercial nave Tierra; ciegos, espoleados por la cruel competitividad en persecución de un solo objetivo: DINERO, sin importar cómo se consiga. Si el asunto es rentable, nada cuentan la vida, el bienestar de las personas, la preservación de la naturaleza ni el futuro planetario.

Aquí va el resultado de la filo$ofía que rige a nuestro planeta: la mayor parte de la gente no es feliz, o no tiene qué comer, o no tiene tiempo para disfrutar de la vida; la corrupción se cuela hasta en los lugares más sagrados, la violencia y el delito crecen, los dientes y garras se afilan en contra del vecino, haciendo aumentar rejas, candados, revólveres y muros, acrecentando la distancia entre pobres y ricos, mientras suculentos “negocios” destruyen y contaminan nuestro hogar planetaria. ¿Y las necesidades y valores profundos del ser humano? ¿Qué pasó con la amistad verdadera, la ternura, la bondad, el cariño? ¿Qué futuro nos espera si seguimos así?

Pensar en eso no brinda buenos réditos, no es “viable”, a otra cosa. Aquí, las personas son “artefactos productivos y consumidores”, y punto. Y la naturaleza es “mercancía”.

Si me vas a producir ganancia te trato bien y te sonrío, si no, sal rápido de mi vista”… Si seguimos igual nos vamos a aniquilar, y nosotros lo sabemos muy bien. Pero,
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