El fuego descendía rugiendo por la escalera trasera. El resplandor de las llamas lanzaba una luz dantesca sobre el vestíbulo. Quedaba muy poco tiempo. Ella






descargar 1.04 Mb.
títuloEl fuego descendía rugiendo por la escalera trasera. El resplandor de las llamas lanzaba una luz dantesca sobre el vestíbulo. Quedaba muy poco tiempo. Ella
página7/33
fecha de publicación07.06.2016
tamaño1.04 Mb.
tipoDocumentos
l.exam-10.com > Economía > Documentos
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   ...   33

—Tal vez no —concedió ella, entrecerrando los ojos—. Pero creo poseer algo que usted desea, señor.

Artemis paseo la mirada sobre ella.

—¿Oh, sí? Debo reconocer que la oferta es realmente interesante —recordó las apuestas que circulaban por los garitos—. Y no deja de tener sus recompensas.

—¿Cómo dice? —preguntó ella, mirándolo fijamente.

Su expresión de total incomprensión le dijo a Artemis que ella no sabía nada de la apuesta.

—No es frecuente que cualquier hombre tenga la oportunidad de vivir una relación con la Viuda Siniestra. Dígame, señora, ¿puedo esperar sobrevivir a la experiencia? ¿O sus amantes corren la misma suerte que sus esposos?

Madeline quedó con la boca abierta. Al instante, sus ojos parecieron relampaguear de fría furia.

—Si decido emplearlo, señor, ciertamente habrá riesgos, pero esos riesgos no provendrán de mí.

Artemis alzó las cejas.

—Detesto ser grosero, pero con respecto a la naturaleza de mi paga...

Madeline dirigió una mirada significativa hacia el armario que contenía el libro sobre los miembros de Vanza.

—Por su expresión, pude ver que no le agradaba especialmente la idea de que en ese fichero se registrara tanta información relativa a sus asuntos personales.

—Ha acertado. No me gusta en absoluto.

De una manera u otra, ya hallaría la forma de hacerse con el condenado volumen. Echó una mirada a las absurdas campanillas de las ventanas. No representarían un obstáculo insalvable para sus habilidades.

Madeline seguía mirándolo con intensidad.

—Si llegamos a un acuerdo, señor, le pagaré con ese libro por su tiempo y los inconvenientes que debe enfrentar.

—¿Está diciéndome que me dará el maldito libro si accedo a ayudarla?

—Sí—titubeó—. Pero primero debo decidir si lo empleo o no. Debo pensarlo antes de tomar una decisión. Es mucho lo que está en juego.

—Por su propio bien, señora Deveridge, le sugiero que no dude mucho tiempo.

Madeline alzó el mentón con frío desdén.

—¿Una nueva amenaza, señor?

—En absoluto. Sólo me refería a sus esfuerzos por fortificar su casa —hizo un gesto señalando las ventanas—. Si lo que teme tiene relación con Vanza, puedo asegurarle que el tintineo de esas campanillas bien puede sonar demasiado tarde para serle de alguna utilidad.

Madeline se puso pálida y se aferró al apoyabrazos de su sillón con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.

—Me parece que es mejor que se marche, señor.

Artemis vaciló un instante, mas después inclinó la cabeza con gran formalidad.

—Como usted guste, señora. Cuando llegue a una decisión, ya sabe dónde encontrarme.

—Ya le haré saber cuándo... —se interrumpió al ver que la puerta de la biblioteca se abría de improviso. Miró brevemente a la recién llegada—. Tía Bernice...

—Lo siento, querida —Bernice dirigió la mirada hacia Artemis—. No me di cuenta de que aún estabas con nuestro huésped. ¿No vas a presentarnos?

—Sí, desde luego.

A regañadientes, Madeline los presentó a toda prisa. Artemis se negó a dejarse apremiar. Bernice Reed le resulté agradable a primera vista. Se trataba de una dama de cierta edad, elegante y refinada, que tenía una clase innata para la moda y el estilo. La chispa divertida que bailoteaba en sus brillantes ojos azules le resulté sumamente atractiva. Se inclinó sobre la mano de la dama, y se vio recompensado con una agraciada respuesta, claramente reveladora de que a la señora no le faltaba experiencia en los salones de baile.

—Mi sobrina me ha informado que se siente sumamente agradecida por la ayuda que usted le brindé anoche —dijo Betnice—. En esta casa, hoy es usted el héroe.

—Gracias, señorita Reed. Le agradezco sus amables palabras —dirigió una rápida mirada a Madeline—. Pero la señora Deveridge me dejó en claro que no he sido ningún héroe, sino que me limité a cumplir con mi obligación como propietario del establecimiento donde tuvo lugar el secuestro.

Madeline hizo una mueca, lo que a Artemis le provocó una pequeña satisfacción.

Bernice miró a su sobrina con expresión espantada.

—Santo cielo, querida, no habrás dicho semejante cosa al pobre señor Hunt! Fue mucho más allá de sus meras responsabilidades. No entiendo cómo pudiste decirle que él tenía alguna responsabilidad. Nellie fue secuestrada fuera del parque de diversiones.

—Aclaré bien al señor Hunt que sus servicios eran apreciados y agradecidos —dijo Madeline con los dientes apretados.

Efectivamente, lo hizo —confirmó Artemis—. En realidad, demostré ser tan útil que su sobrina está contemplando la posibilidad de volver a contratarme para otra tarea. Algo que tiene que ver con la idea de emplear a un ladrón para atrapar a otro ladrón, creo.

Bernice soltó un sofocado suspiro.

—¿Lo llamó ladrón, señor?

—Bueno... —comenzó a decir Artemis.

Madeline alzó ambas manos.

—Jamás le dije tal cosa, señor.

—Es verdad —concedió Artemis. Se volvió hacia Bernice—. Nunca me dijo expresamente ladrón.

—Espero que no —dijo Bernice.

Madeline soltó un gruñido.

—Como me dedico al comercio —dijo Artemis—, me siento naturalmente entusiasmado ante la perspectiva de seguir empleado —mientras se dirigía hacia la puerta hizo un guiño a Bernice—. Entre nosotros, señorita Reed; tengo una gran expectativa de obtener el puesto. Hay muy pocos candidatos calificados, comprende usted.

Atravesó el vestíbulo y alcanzó la salida antes de que ambas mujeres pudieran cerrar la boca.

5

—Hunt es Vanza —dijo Madeline— Eso significa que está jugando un juego muy serio. Contratarlo para que nos ayude será muy peligroso.

No me parece que sea prudente utilizar palabras como contratar o emplear cuando hablamos del proyecto de pedir al señor Hunt que nos ayude —Bernice se mordió los labios—. Cuesta imaginarlo como empleado pago, si entiendes a qué me refiero.

—Al contrario. Considerar al señor Hunt como empleado pago es la única manera sensata de enfocar cualquier relación con él —Madeline, sentada detrás de su escritorio, se inclinó hacia delante y examinó el pisapapeles de bronce que tenía frente a ella como si se tratara de un antiguo oráculo . Si llevamos adelante este plan mío, debemos poner sumo cuidado en asegurarnos de que Hunt sepa cuál es su lugar.

Bernice bebió un sorbo de té de la taza que le había llevado Nellie.

—Humm —fue todo lo que dijo.

—Mi mayor temor es que después ya no tengamos injerencia en la cuestión.

Bernice pestañeó, sorprendida.

—¿Cómo dices?

—Hunt conoce la existencia del libro de papá, tú sabes.

—¡Oh, vaya¡

—Sí, ya sé; fue un error mostrárselo- Madeline se puso de pie, agitada. Se lo dije mientras trataba de explicarle cómo llegue a enterarme de su vinculación con los Pabellones de los sueños. Creí que le tranquilizaría saber que no me había dedicado a espiarlo.

Los ojos de Bernice ya no mostraron ninguna diversión.

—Pues, ahora cine sabe que algunos de sus secretos han sido registrados. Querrá hacerse con el libro a toda costa.

—Me temo que estás en lo cierto - Madeline contemplo el jardín podado- Pude ver la expresión de sus ojos cuando llegó a la página encabezada con su nombre. Al instante supe que había cometido un grave error.

— De manera que le ofreciste un trato- dijo Bennice asintiendo—. No es mala idea. Parecía dispuesto a considerar la posibilidad de un arreglo semejante.

—Un poco demasiado dispuesto, si quieres saber mi opinión, pero no sé qué otra cosa puedo hacer, salvo continuar con este curso de acción Madeline le dirigió una mirada de reojo. No cabe duda de que puede resultarnos muy útil. Anoche pude verlo en acción. El plan que ideé para rescatar a Nellie fue muy astuto. Y la llevó sobre el hombro a lo largo de todo el callejón. Parece estar en un excelente estado físico, para ser un hombre de su edad.

—Bueno, no puede decirse que sea un anciano.

—No, desde luego que no, se apresuró a decir Madeline. Simplemente, señalaba que no es extremadamente joven.

—No, no lo es.

—Tampoco es viejo, como tú lo señalaste, siguió diciendo, obstinada—. La verdad es que parece tener la edad ideal. Maduro, pero todavía ágil.

—Maduro, pero todavía ágil —repitió Bernice en tono neutral— Sí, eso describe a Hunt, me parece.

—Tengo ciertas dudas acerca de tus conclusiones al respecto de las razones que podría tener el señor Hunt para mantener en secreto el hecho de que sea dueño de los Pabellones de los sueños.

—¿Ah si?

—Sí. Ya no estoy tan segura de que lo haga porque desee encontrar una esposa saludable y de noble cuna.

Bernice pareció moderadamente sorprendida.

—¿Por qué? Anudar una alianza con una familia poderosa parece ser algo perfectamente lógico para un caballero ambicioso como él.

—Es fácil suponer que el señor Hunt tiene alguna que otra ambición-- Madeline tamborileó con el dedo sobre el antepecho de la ventana. Pero no creo que incluyan el matrimonio. Algo me dice que, si ése hubiera sido objetivo, ya lo habría cumplido.

—Una buena observación.

—Tendría que haber aparecido algún anuncio de compromiso. Al menos, tendríamos que haber oído comentarios que vincularan su nombre con alguna de las jóvenes casaderas de la nobleza.

—Tienes razón —Bernice se mantuvo un instante en silencio.

—Es interesante que no hayamos oído ningún nombre. ¿Qué crees que está pasando?

—Con un maestro de Vanza, ¿quién puede decirlo? —Madeline giró sobre sus talones y comenzó a pasear por la biblioteca—. Pero Hunt es... especial.

—¿Especial?

—Sí—Madeline hizo un ademán, tratando de hallar las palabras exactas para expresar lo que le dictaba su intuición—. Ciertamente, no es el típico dandy de la alta sociedad. Daría la impresión de que estuviera hecho de una materia más sólida que el resto. Es un halcón entre palomas.

—Supuestamente, un halcón madura pero todavía ágil entre palomas, ¿eh?—Una chispa divertida bailoteó en los vivaces ojos de Bernice— Vaya descripción interesante. Tan poética. Casi metafísica.

Madeline le dirigió tina mirada furiosa.

— ¿Encuentras divertida mi descripción de Hunt?

Bernice soltó una risa.

—Querida mía, la encuentro sumamente tranquilizadora.

El comentario logró detener el ansioso paseo de Madeline.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Después de tu experiencia con Renwick Deveridge, había comenzado a temer que ya nunca volverías a sentir un sano interés por el lado masculino del reino animal. Pero ahora parece que no tenía motivos para estar preocupada, después de todo.

La conmoción dejó a Madeline sin palabras. Cuando finalmente recuperé el dominio de sí, no encontró la manera de decir nada coherente.

—Tía Bernice! ¡Por el amor de Dios!

—Te has mantenido enclaustrada y aislada del mundo durante un año. Muy comprensible si tenemos en cuenta por lo que tuviste que atravesar. No obstante, todo el asunto podría haberse convertido en una tragedia aún mayor si comenzaba a circular el rumor de que no habías recuperado tus sentimientos naturales de mujer. Tu evidente interés en el señor Hunt me parece una excelente señal.

—¡No estoy interesada en él, por todos los cielos! —Madeline fue con paso airado hasta el estante de los libros—. Al menos, no lo estoy de la manera que sugieres. Pero estoy convencida de que, ahora que conoce la existencia del registro de papá, será muy difícil librarse de él. De modo que lo mejor será que hagamos buen uso de él, si entiendes lo que quiero decir.

—Bien; sencillamente podrías entregarle el libro —comento Bernice, sarcástica.

Madeline se detuvo frente a la estantería.

—Créeme, pensé en eso.

—Pero necesitamos sus habilidades. ¿Por qué no llegar a un acuerdo pata hacer uso de ellas? Así mataríamos dos pájaros de un tiro—advirtió que volvía a caer en el uso de refranes.

—Sí ¿por qué no? —Bernice parecía pensativa—. En este caso, no tenemos demasiadas alternativas.

—No, no las tenemos —Madeline echó una mirada a las campanillas de las ventanas—. De hecho, sospecho que, si no ofrecemos el libro al señor Hunt a cambio de sus servicios, es posible que cualquier noche oscura nos haga una visita y se lo lleve.

A la mañana siguiente Madeline dejé en el tintero la pluma que había utilizado para apuntar notas y cerró el delgado libro encuadernado en cuero que había estado intentando descifrar.

Descifrar; ésa es, en efecto, la palabra justa, pensó Madeline. El libro era muy antiguo y estaba muy gastado. Contenía un embrollo de frases sin sentido aparente, escritas a mano. Por lo que Madeline había podido interpretar hasta el momento, se trataba de una mezcla de griego antiguo, jeroglíficos egipcios y la antiquísima lengua muerta de Vanzagara. Le había sido enviado tres semanas atrás después de un largo y complicado viaje desde España y había logrado intrigarla de inmediato. Sin demoras, había puesto manos a la obra.

Sin embargo, hasta el momento no había realizado ningún progreso. El griego era bastante simple, pero las palabras que había traducido no parecían tener sentido. Los jeroglíficos eran, desde luego, un gran misterio, aunque había oído decir que Thomas Young estaba desarrollando una interesante teoría acerca de los textos egipcios, basándose en su trabajo con la piedra Rosetta. Desgraciadamente aun no había publicado el resultado de sus investigaciones.

En lo que se refería al idioma de Vanzagara, Madeline sabía que ella era una del pequeño puñado de estudiosos que tenían alguna posibilidad de traducir al menos parte de ese texto. Muy pocas personas fuera de su familia conocían esa habilidad suya. El estudio de Vanza y de su lengua muerta se consideraba territorio exclusivamente masculino. En la Sociedad las mujeres no eran admitidas, ni se consideraba adecuado instruirlas en los temas relacionados con ella.

Aun cuando hubiesen recibido la información de que Winton Reed había enseñado a su hija todo lo que él sabía, pocos de los miembros de la Sociedad creían que una mujer fuera capaz de comprender las complejidades del extraño idioma en que estaban escritos los antiguos volúmenes.

Hacía varios días que Madeline trabajaba en el pequeño volumen en sus ratos libres. El proyecto, por difícil y exigente que fuera, representaba una bienvenida distracción de sus restantes preocupaciones. Pero esa mañana no parecía resultar demasiado efectivo.

Madeline se descubrió alzando repetidamente los ojos de su trabajo para fijarlos en el reloj. Le fastidié comprobar que estaba contando los minutos y las horas pasados desde que enviara un mensaje a Artemis Hunt, pero parecía incapaz de evitarlo.

—¡Ya está aquí! —exclamó la tía Bernice desde el vestíbulo—. ¡Ya ha llegado!

—¿Qué diablos...? —Madeline contempló la puerta cerrada de la biblioteca, oyendo los pasos presurosos de su tía, que se acercaba por el pasillo.

Segundos después, la puerta se abría de par en par. Bernice se precipitó, triunfante, en la habitación, agitando en su mano lo que parecía ser una tarjeta blanca.

—¡Es tan excitante! —exclamó.

—¿Qué es eso? —preguntó Madeline, observando la tarjeta.

—La respuesta del señor Hunt a tu nota, por supuesto.

Madeline sintió una oleada de alivio. Se puso de pie de un salto.

—Déjame verla.

Bernice hizo revolotear en el aire la tarjeta, como si fuera un mago que sacara una paloma blanca de la nada. Madeline rasgó el sobre y leyó rápidamente la esquela que contenía. Al principio, creyó haber leído mal. Perpleja, volvió a leerla desde el principio. Pero la nota seguía sin tener sentido. Bajó la mano que la sostenía y se quedó mirando a su tía Bernice, estupefacta.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   ...   33

similar:

El fuego descendía rugiendo por la escalera trasera. El resplandor de las llamas lanzaba una luz dantesca sobre el vestíbulo. Quedaba muy poco tiempo. Ella iconSinopsis dos hombres mayores despiertan en una sala de un hospital...

El fuego descendía rugiendo por la escalera trasera. El resplandor de las llamas lanzaba una luz dantesca sobre el vestíbulo. Quedaba muy poco tiempo. Ella iconHabía una vez una adorable niña que era querida por todo aquél que...

El fuego descendía rugiendo por la escalera trasera. El resplandor de las llamas lanzaba una luz dantesca sobre el vestíbulo. Quedaba muy poco tiempo. Ella iconIrma Verolín ha publicado tres libros de cuentos: "Hay una nena que...

El fuego descendía rugiendo por la escalera trasera. El resplandor de las llamas lanzaba una luz dantesca sobre el vestíbulo. Quedaba muy poco tiempo. Ella iconLa literatura es una fuente enriquecedora por el valor artístico...
«érase una vez…» sabrá que está abriendo el tarro de las esencias de un hermoso cuento y se situará ante él con una predisposición...

El fuego descendía rugiendo por la escalera trasera. El resplandor de las llamas lanzaba una luz dantesca sobre el vestíbulo. Quedaba muy poco tiempo. Ella iconLa escalera: símbolo central de la obra
«tramo de escalera con dos rellanos». Es en este espacio donde tiene lugar toda la acción; en la escalera se comentan los chismes...

El fuego descendía rugiendo por la escalera trasera. El resplandor de las llamas lanzaba una luz dantesca sobre el vestíbulo. Quedaba muy poco tiempo. Ella iconFilosofía y ciudadaníA
«saltar» hacia el futuro. Y hoy sabemos que esto es cierto. Se puede medir esta distorsión en el tiempo en naves espaciales, usando...

El fuego descendía rugiendo por la escalera trasera. El resplandor de las llamas lanzaba una luz dantesca sobre el vestíbulo. Quedaba muy poco tiempo. Ella iconHace poco tiempo una querida amiga norteamericana me confesó su asombro...

El fuego descendía rugiendo por la escalera trasera. El resplandor de las llamas lanzaba una luz dantesca sobre el vestíbulo. Quedaba muy poco tiempo. Ella iconHace poco tiempo una querida amiga norteamericana me confesó su asombro...

El fuego descendía rugiendo por la escalera trasera. El resplandor de las llamas lanzaba una luz dantesca sobre el vestíbulo. Quedaba muy poco tiempo. Ella icon2. Existe en todo el cosmos la escala sonora de los siete tonos;...
«Este era en el principio con Dios». «Todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho». «En...

El fuego descendía rugiendo por la escalera trasera. El resplandor de las llamas lanzaba una luz dantesca sobre el vestíbulo. Quedaba muy poco tiempo. Ella iconTrece clases de narrativa. El primera tema es una introducción que...






© 2015
contactos
l.exam-10.com