La teoría del comercio internacional se preocupa por los aspectos reales de las relaciones económicas entre naciones y por las tendencias a largo plazo






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fecha de publicación05.06.2015
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Introducción

 

La teoría del comercio internacional se preocupa por los aspectos reales de las relaciones económicas entre naciones y por las tendencias a largo plazo.

 

El objetivo de este trabajo, es realizar una aproximación a la evolución del pensamiento acerca de la teoría del comercio internacional. Dada la relativa antigüedad de esta disciplina y la abundante literatura que ha originado, no seria sensato por nuestra parte pretender reflejar todas las corrientes y tendencias surgidas dentro de este panorama. Por ello, en el presente trabajo, únicamente expondremos aquellas teorías y escuelas que, bajo nuestro parecer, han conseguido una mayor aceptación e influencia en el cuerpo teórico del comercio internacional, tratando además de reflejar las conexiones entre ellas.

 

Existe abundante literatura donde se expone con mayor amplitud y exactitud la evolución de la teoría del comercio internacional. Pero, cuáles han sido los principales interrogantes a los que la teoría del comercia internacional ha intentado responder? Podemos distinguir cuatro grandes cuestiones:

 

1.     Las referentes a la naturaleza y las causas del comercio internacional, investigando la estructura, la dirección y el volumen de dicho fenómeno: Porque comercia un país con otros?, que tipo de productos comercia?, cuales importa y cuales exporta?, en que cantidad?, con que países se llevan a cabo esos intercambios?.

2.     Las concernientes a la evolución de los precios internacionales, a que precio se realizan las transacciones?, como se determinan esos precios?

3.    Las cuestiones que tiene que ver con las consecuencias del comercio exterior para las economías nacionales: que efectos tiene el comercio internacional sobre la estructura económica de los países?, y sobre el proceso de crecimiento económico?, cuáles son sus consecuencias sobre el bienestar de los ciudadanos?

4.     Por último, las que se preocupan por el papel de la política económica en el comercio internacional: debe procurarse la liberación del mercado internacional?, que efectos tienen las barreras del comercio?, que se deriva de los procesos de integración económica?

 

No obstante, como en cualquier ámbito científico que se precie, todavía queda terreno por explorar. La teoría del comercio internacional ha demostrado, en las últimas décadas, una inquietud constante por abrir nuevas líneas de investigación, por evolucionar. Prueba de lo anterior es que el cuerpo teoría dominante hasta mediados del siglo XX, ha sido continuamente puesto en entredicho desde entonces, apareciendo aportaciones que trataron de complementarlo, corregirlo o enfrentarlo. Ello ha generado un interesante debate científico, que de ninguna manera, se puede consideran zanjado y que para muchos, constituye el germen de una nueva teoría del comercio internacional.

 

La teoría del Superávit Comercial

 

En los siglos XVI, XVII y principios del XVIII se realizaron las primeras aportaciones y reflexiones sobre el comercio internacional. Esta corriente de pensamiento se identifico, con posterioridad, con el nombre de mercantilismo. Aunque no llegaron a establecer un cuerpo doctrinal coherente, los mercantilistas coincidieron unánimemente en su análisis sobre el comercio exterior, hasta tal punto que este se llego a constituir en el eje central de sus teorías.

Los mercantilistas no se preocuparon por estudiar las causas del comercio internacional, sino que se propusieron determinar las ventajas de los intercambios comerciales para la economía del país. La doctrina del Superávit de la balanza comercial que postularon los mercantilistas implicaba que un país se beneficiaria del comercio internacional siempre que el valor de sus exportaciones superase el valor de sus importaciones; ello daría origen a la entrada neta de metales preciosos por el valor equivalente a dicho saldo, lo cual generaría el enriquecimiento del país. Para lograr el deseado superávit comercial los mercantilistas proponían el intervencionismo del estado, que debía por una parte, dificultar la entrada en el país de importaciones mediante políticas proteccionistas, por otra parte fomentar las exportaciones de productos nacionales.

 

Los autores y escuelas de pensamiento posteriores realizaron numerosas críticas a la doctrina que acabamos de explicar. Por ejemplo, representa una visión errónea del conjunto de la economía, porque asimila la riqueza con la disponibilidad de metales preciosos. Además, esta visión del comercio internacional implica que este solo beneficia a unos países en la medida que perjudica a otros y asume que lo positivo de dicho comercio radica en la corriente exportadora. Sin embargo también algunos autores posteriores a los mercantilistas han justificado la doctrina del superávit comercial en el sentido de que este estimularía la demanda agregada (y en consecuencia, el crecimiento de la renta nacional) o que la acumulación de metales preciosos contribuiría a mantener reducidos tipos de interés (favoreciendo por lo tanto, el crecimiento económico).

 

La ventaja absoluta

 

Durante el siglo XVIII, el nuevo marco histórico resultó decisivo para el surgimiento de nuevas corrientes de pensamientos económicos que, en el terreno de la economía internacional, criticaron la doctrina mercantilista y terminaron de establecer el predominio de la escuela clásica. Destaquemos tres hechos para reflejar las circunstancias históricas de la economía de la época. En primer lugar, la precedente economía de tipo artesanal dominante hasta ese entonces en Europa, iba siendo reemplazada por una incipiente economía industrial. En segundo lugar, el poder absolutista y hegemónico de los estados cedía terreno ante la valoración de los derechos de los individuos y de las ideas liberales. Por último, las relaciones económicas internacionales y los cambios comerciales entre los diferentes países comenzaron a cobrar mayor relevancia.

 

En este contexto, Adam Smith publica en 1776 su Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las Naciones, donde expone nuevos principios e hipótesis sobre la economía internacional, claramente opuestos a las ideas mercantilistas. Smith incorpora los efectos reales del comercio internacional sobre el funcionamiento de la economía, valorando el bienestar que pueda reportar a los ciudadanos. Ello no significa que renuncie a los intereses generales de la nación, sino que estos quedan asegurados con un mayor bienestar individual: lo que es bueno para los individuos, es bueno para la nación. Nótese que, aunque Smith se preocupo por aumentar la riqueza nacional, no identifico como hicieron los mercantilistas, los intereses del estado con los de la monarquía, sino con los del conjunto de la sociedad.

 

Por otra parte, el pensamiento económico de Smith estaba presidido por la existencia de una mano invisible (el sistema de precios), que regulaba el funcionamiento económico de modo natural y sin necesidad de coordinación por parte de las autoridades. Smith traslado su doctrina liberal al comercio internacional, estudiando sus posibles benéficos para la sociedad y las opciones de política económica para maximizar tales ventajas.

 

Así, para formular su pensamiento sobre el comercio internacional, Smith se baso en uno de los conceptos clave de todo su análisis, la división del trabajo, fuente del crecimiento de la productividad de los trabajadores y de la generación de riqueza. Este principio significa que cada individuo se especializa en la producción de ciertos bienes o servicios que, posteriormente, intercambiara por otros bienes y servicios para satisfacer sus necesidades. La división del trabajo lograra un abaratamiento de los costos productivos y economías de escala. Sin embargo, los beneficios de la especialización quedan limitados por la dimensión del mercado. Por ello Smith propone la liberalización del comercio internacional, con el objetivo de lograr la mayor amplitud posible del mercado y permitir así, un proceso de división internacional del trabajo mas intenso. Esta ampliación de los mercados nacionales seria una importante función del comercio entre naciones, pero Smith señalo que, además, el comercio internacional permite la colocación en el exterior de los excedentes productivos nacionales, infiriéndoles un nuevo valor.

 

Bajo estas premisas, Smith propone que es lo que debe y no debe producir cada nación, en consonancia con el comportamiento eficiente de una economía domestica. Así de contundente lo expone: “La máxima de cualquier prudente cabeza de familia es no intentar hacer en casa lo que le cuesta mas caro que si lo compra. El sastre no intenta fabricar sus propios zapatos, sino que se los compra a los zapateros (…). Lo que es prudencia en la conducta de una familia, suele serlo en la de un gran reino. Si un país extranjero nos ofrece una mercancía mas barata de lo que nos cuesta producirla, será mejor comprarla a cambo de una parte de la producción de nuestra propia industria, debiendo dedicarse esta a sectores en que tengamos alguna ventaja” de esta manera, Smith establece la “teoría de la ventaja absoluta”, bajo la cual un país exportaría / importaría aquellas mercancías en las que tuviera ventaja / desventaja absoluta de costes respecto a otro país. Esta ventaja vendría dada por un menor costo laboral en el primer país, asumiendo que el trabajo es el único factor productivo empleado y que es homogéneo internacionalmente.

 

Por lo tanto Smith, defiende el libre comercio porque algunos bienes se producen en el extranjero, dadas las diferentes ventajas naturales que casa país tiene. El Proteccionismo que propugnaban los mercantilistas favorecía la producción interna de bienes que requerirían el empleo de mayor cantidad de recursos que si se produjesen en el exterior, por lo que nos seria beneficioso para la riqueza nacional, según Smith. El ahorro que supondría para cada país importar productos a un precio inferior que producirlos, aumentaría no solo su propio bienestar, sino la eficiencia escala mundial. De esta forma Smith, asume otra concepción del comercio internacional totalmente opuesta a la mercantilista, ya que se desprende que del libre comercio podrían beneficiarse todas la economías simultáneamente.

 

La ventaja comparativa

 

La contribución de Smith a la comprensión de la existencia y beneficios del comercio internacional resulto decisiva. Sin embargo, no estaba exenta de deficiencias, principalmente en su criterio de lograr la especialización internacional. En este sentido, a principios del siglo XIX, varios autores, entre los que cabe destacar a David Ricardo, realizaron aportaciones novedosas y valiosas para profundizar en la teoría del comercio internacional.

 

Ricardo parte de una serie de hipótesis, de las que cabe destacar las siguientes:

1.     Al igual que Smith, parte de la teoría del valor-trabajo, es decir, el valor de los bienes depende de la cantidad de trabajo que estos incorporan; además, el trabajo se considera móvil dentro de un país, pero inmóvil entre países.

2.     La productividad es constante dentro de cada país, pero puede variar internacionalmente debido a la utilización de diferentes técnicas productivas.

3.     La competencia perfecta, los costes unitarios son constantes, los costos de transportes no se tiene en cuenta y no existen obstáculos al comercio internacional.

 

Bajo estos supuestos, Ricardo establece la teoría de la ventaja comparativa (o de la ventaja relativa), por la que un país debe especializarse en la producción y exportación de aquellos bienes cuyo costo relativo respecto a otros bienes en el propio país sea menor al correspondiente costo relativo existente en otro país. Nótese que, de este modo, las mercancías que un país debe exportar no tienen necesariamente que ser la de menor costo internacional, como proponía Smith.

 

No nos hemos podido resistir a utilizar el célebre ejemplo de Ricardo sobre el comercio entre Inglaterra y Portugal de tela y vino para ilustrar las diferencias entre el principio de la ventaja absoluta de Smith y el desventaja comparativa de Ricardo. En caso A del cuadro, cada país tiene ventaja absoluta en la producción de uno de los bienes y se reproduce la justificación del comercio internacional para Smith. Ambos países se beneficiarían si Inglaterra vendiese vino a Portugal y comprase telas portuguesas. Para ello, simplemente los precios de la exportación tendrían que cubrir los costes unitarios del producto exportado y ser menores que los costes de producción del mismo bien en el país de destino; en nuestro ejemplo, esto supondría que los precios internacionales que justificasen el comercio entre ambos países tendrían que situarse entre el coste de 60 a 80 horas para el vino y entre 90 y 100 para la tela.

 

 

Caso A: Ventaja absoluta

 

Caso B: Ventaja comparativa

 

 

Tela

Vino

Vino / Tela

Tela / Vino

Tela

Vino

Vino / Tela

Tela / Vino

Inglaterra

100

60

0.6

1.66

100

120

1.2

0.83

Portugal

90

80

0.88

1.12

90

80

0.88

1.12

 

 

Sin embargo, el caso B plantea una situaron en que uno de los países (Portugal) goza de ventajas absolutas en la producción de los dos bienes, debido a sus menores costos de producción. Por ello, con el esquema smithiano no se comprendería el comercio entre ambos países. No obstante, si se aprecian ventajas relativas comparando los costes relativos de los dos bienes en los dos países, es decir, la razón entre le numero de horas de trabajo que cada bien requiere. Entonces, en este caso y bajo la teoría de Ricardo, ambos países se beneficiarían si Inglaterra produjese y vendiese tela a Portugal, mientras que Portugal se especializase en vino y vendiese a Inglaterra; ello siempre y cuando se estableciese un precio relativo entre ambos bienes que fuese intermedio del que prevaleciese en cada país. Así, resulta recomendable la especialización productiva de cada país en los bienes con menor coste relativo, puesto que, aunque Portugal compre tela a Inglaterra a un precio superior al que la podría producir, si dedica las horas de trabajo ahorradas a producir vino (arte del cual exportara a Inglaterra), podrá incrementar su consumo total de tela y vino. Por ejemplo, si el precio relativo internacional de una unidad de vino es de 1,05 unidades de tela, Portugal con un esfuerzo de 800 horas de trabajo producirá 10 unidades de vino, pudiendo destinar la mitad al consumo interno e intercambiar la otra mitad a Inglaterra por 5,25 unidades de tela; en cambio, en ausencia de comercio exterior, si Portugal emplea las 800 horas de trabajo en producir ambos bienes, tras dedicar 400 horas para la obtención de 5 unidades de vino, con las restantes 400 horas de trabajo solo obtendría 4,4 unidades de tela.

 

Debemos apreciar, en el ejemplo anterior, que la ventaja absoluta se convierte en un caso particular de la ventaja comparativa. Es decir, la existencia de diferencias absolutas en los costos implica diferencias en términos relativos, aunque lo contrario, como hemos visto, no es cierto.

 

También debemos recalcar que la teoría ricardiana conduce a que solo en el caso de que los costes relativos coincidan, el comercio entre dos países no resultaría beneficioso para ellos.

 

Por ultimo, Ricardo señala que las diferencias en la productividad del trabajo en los distintos países representa la causa del comercio internacional, suponiendo ello otra nueva superación del análisis realizado por Smith. En efecto, la productividad relativa de cada país (dependiente de las técnicos de producción empleadas por él) determinara la dirección de los flujos internacionales de bienes.

 

Una de las lagunas del análisis de Ricardo se encuentra en que no preciso la relación de precios a que se intercambian internacionalmente las mercancías. Como antes hemos expuesto, la condición ricardina era que tal precio se situase entre los precios relativos nacionales, de modo que quedarían justificadas las ganancias por comerciar. Seria John Stuart Mill en su obra Principios de economía política, original de 1848, quien arrojaría luz sobre la cuestión, exponiendo su teoría de la demanda reciproca (o de los valores internacionales). A través de esta teoría, Mill introduciría la demanda en el modelo de Ricardo, que solo contempla la oferta. Y llegaría a la conclusión de que el precio de intercambio internacional (de equilibrio) de una mercancía seria aquel para el que la cantidad ofrecida por un país y la cantidad demandada por otro coincidiesen. Recurriendo a la ley de la oferta y la demanda, si existiese en el comercio internacional un exceso de oferta de un bien y un exceso de demanda de otro, sus precios descenderían y aumentarían respectivamente, hasta alcanzar la relación real de intercambio de equilibrio.

 

El modelo de Heckscher – Ohlin

 

En el último tercio del siglo XIX, empezó a cobrar relevancia en el panorama del pensamiento económico lo que posteriormente se conocería como al escuela neoclásica, de la que también resultarían decisivas aportaciones a la teoría del comercio internacional. A este cuerpo teórico neoclásico también se le denomina la teoría pura del comercio internacional o la teoría de proporciones factoriales. Los neoclásicos implementan una nueva teoría del valor, basada en la utilidad de los bienes, y el modelo de equilibrio económico general, que interrelaciona las variables económicas más representativas para llegar a una solución de equilibrio.

 

Con respecto a sus contribuciones a la teoría del comercio internacional, se pueden distinguir dos vías, complementarias en bastantes aspectos. La primera dada por la reformulación neoclásica de las teorías basadas en la ventaja comparativa. Pero quizás, las aportaciones neoclásicas mas importantes fueron las llevadas a cabo desde una segunda vía, con las investigaciones de los economistas suecos E. Heckscher y B. Ohlin. Sinteticemos a continuación, las principales ideas de estos autores neoclásicos, haciendo hincapié en las diferencias respecto a las teorías precedentes.

 

Como anteriormente comentamos, los neoclásico desterraron la teoría del valor-trabajo empleada por sus antecesores, afirmando que el valor de los bienes debe medirse en función de la utilidad que proporcionan (teoría del valor-utilidad) en vez del trabajo que llevan incorporado. Otro de los supuesto de los autores clásicos (que el trabajo era el único factor productivo empleado) fue superado debido a la introducción de los esquemas neoclásicos de un segundo factor productivo; el capital. Además, la productividad de los factores ya no se considera constante, sino que tanto al trabajo como al capital, se les considera con productividades marginales decrecientes, de modo que si, en un proceso productivo se mantiene constante la cantidad empleada en uno de los factores, las sucesivas unidades suplementarias del otro que se apliquen llevaran a obtener cantidades decrecientes de producto. No obstante, en le nuevo marco neoclásico de competencia perfecta, la teoría de la ventaja comparativa sigue vigente.

 

La contribución fundamental de la teoría neoclásica para el análisis del comercio internacional reside en la explicación de las ventajas comparativas y de la especialización de un país a partir de su dotación factorial. Dicha aportación fue consagrada con el nombre de modelo Heckscher-Ohlin (modelo HO en adelante) o modelo de Hecksher-Ohlin-Samuelson, si se consideran las extensiones que este ultimo autor realizo al modelo original a finales de los años 40 del pasado siglo.

 

El modelo HO explica la existencia y composición del comercio internacional a partir de un nuevo concepto, el de la abundancia relativa de los factores de producción de cada país, lo cual originara la ventaja comparativa. Consideremos el comercio entre dos países A y B que producen dos bienes X e Y, utilizando dos factores de producción, trabajo y capital. Se parte de que las cantidades disponibles de los factores de producción vienen dadas para cada país, designando así sus respectivas dotaciones factoriales. Por razones geográficas e históricas, cada país en comparación con el otro, será más abundante en un factor que en el otro. Por ejemplo, supongamos que le país A esta dotado, en relación con el país B, de mas unidades de capital por unidad de trabajo; inversamente el país B esta dotado de mas unidades de trabajo por unidad de capital. En este caso, diríamos que el país A será abundante en capital (escaso en trabajo) y el país B será abundante en trabajo (escaso en capital).

 

En le modelo HO tanto la tecnología como las preferencias de los consumidores son consideradas idénticas en los dos países. Por lo tanto, los dos bienes X e Y se producen a partir de técnicas distintas, pero cada bien es fabricado con funciones de producción idénticas por los dos países. Supongamos también que la producción del bien X requiere mas unidades de capital por unidad de trabajo que la del bien Y (es decir, el bien X es intensivo en capital y el bien Y es intensivo en trabajo). Esta situación, dada la dotación factorial relativa de los dos países, conducirá a una determinada estructura comercial entre ellos. Así, siguiendo el teorema de HO, cada país tendera a especializarse en producir el bien que utiliza, de modo mas intensivo, el factor productivo en que esta mejor dotado (su factor abundante). Siguiendo nuestro ejemplo, el país A se especializara y exportara el bien X, mientras que el país B se especializara y exportara el bien Y. De este modo, los diferentes precios relativos de los factores, debidos a las distintas dotaciones factoriales de los países, explican las diferencias de costos relativos en la producción de ambos bienes. El comercio internacional equivale, por lo tanto, al intercambio de factores productivo, de modo que en última instancia, cada país compra del exterior su factor escaso y vende a exterior su factor abundante. Esto llevara a que, en le largo plazo, las dotaciones relativas y los precios de los factores productivo se igualen internacionalmente y, en consecuencia, también se equiparan los precios de los bienes comerciados. Es lo que se conocer como el teorema de la igualación del precio de los factores (modelo HOS).

 

Para acabar con la exposición de la teoría neoclásica, en el cuadro siguiente hemos adaptado a los supuestos neoclásicos el ejemplo que habíamos utilizado en el epígrafe anterior, referido al comercio entre Inglaterra y Portugal de tela y vino.

 

Hipótesis y horas de trabajo necesarias para producir una unidad de producto

 

Función de producción

Precio relativo

de los factores

Ventaja comparativa

 

Tela

Vino

Tela

Vino

Vino / Tela

Tela / Vino

Inglaterra

20 h T y

30 h T y

1 h T = 1 h K

60

50

0,83

1,20

Portugal

40 h K

20 h K

2 h T = 1 h K

100

70

0,70

1,43

 

Se pueden observar las principales diferencias con el esquema ricardiano. Ahora se emplean dos factores productivos, cuya combinación varia según el producto de que se trate, siendo mas intensiva en trabajo de la elaboración de vino. Mas no existen diferencias en la manera de obtener una unidad de un mismo producto en los dos países, esto es en las respectivas funciones de producción. Por otro aparte, se considera que Portugal tiene abundancia de trabajo y escasez de capital con respecto a Inglaterra, por lo que el trabajo (valorado en términos del otro factor productivo) será mas barato en Portugal que en Inglaterra, mientras que ocurrirá lo contrario con el precio del capital.

 

Bajo estas premisas, se puede determinar el precio relativo de la tela y vino en ambos países, estableciendo quien posee la ventaja comparativa en la producción de cada bien. Para ello, solamente debemos valorar los costos en términos de un único factor y aplicar el principio de la ventaja comparativa a los precios relativos. El resultado es que Portugal debe especializarse en la producción de vino y que Inglaterra debe hacerlo en la de la tela. Podemos comprobar que dicha especialización es coherente con el modelo HO. En efecto, Portugal tienen ventaja en la producción de vino (bien relativamente barato), que es la que utiliza más intensivamente el factor trabajo, ya que en este país dicho factor es el más abundante (y por ello, relativamente barato). En cambio, Inglaterra dada su abundancia relativa de capital, tiene ventaja comparativa en la tela, producción que emplea en mayor proporción el factor capital.

 

La corriente heterodoxa

 

En la segunda mitad del siglo XIX, Marx puso en entredicho la teoría clásica en su conjunto. Para entonces, la plena afirmación del capitalismo industrial ya había manifestado determinados problemas como la crisis o las desigualdades sociales. Bajo estas circunstancias históricas y posturas metodologica diferente, Marx reinterpreta el fenómeno del comercio internacional.

 

Un primer aspecto del análisis de Marx tiene que ver con la relación existen entre la formación del mercado mundial y el fortalecimiento del capital. Así Marx interpreta que el capitalismo y el mercado mundial son dos caras de una misma realidad. La economía capitalista, para reafirmase y desarrollarse, necesita de un espacio cada vez mas abierto, lo que conduce inevitablemente a la internacionalización de las relaciones económicas. El comercio mundial por una parte, libera a la producción de los sistemas feudales y por otra parte, estimula en cada país la formación y el desarrollo de su mercado interno, al ser eliminados los obstáculos internos a la producción y el comercio.

 

Respecto a la idea clásica de que con el comercio internacional todos los países se benefician, Marx se muestra crítico. A pesar de que reconoce las ventajas inmediatas de la mejor distribución de recursos, insiste en que hay que tener en cuenta los impactos cualitativos, en las estructuras económicas y sociales de cada país. Se hace imprescindible la distinción entre los países agrícolas, que puede dar lugar a efectos diversos y contradictorios.

 

Otra de las cuestiones en que Marx fijo su atención fue la relación real de intercambio, apuntando que acentuaría las asimetrías ya existentes en el comercio mundial. El planteamiento clásico y neoclásico sobre el sistema de determinación de los precios relativos internacionales fue criticado por varios economistas. Según ellos, el reparto de los beneficios del comercio internacional no es equitativo, sino que favorece más a los países desarrollados que a los subdesarrollados. Esa afirmación se basa en que los primeros centran su especialización en productos manufacturados, mientras que los segundos lo hacen en productos primarios y materias primas. La desigual evolución de los precios en el comercio internacional de unos y otros bienes (tal que se había manifestado en el largo plazo un considerable aumento del precio de las manufacturas en relación a los demás bienes) deteriora la relación de intercambio de las economías atrasadas, lo que limita sus posibilidades de crecimiento y desarrollo económico.

 

El origen de de este razonamiento, conocido como hipótesis Prebisch-Singer, fueron las investigaciones empírica de estos autores, aunque también le ofrecieron otros argumentos en su defensa. Veamos algunos de ellos. Primero, la baja elasticidad de la demanda de productos primarios respecto a la renta (su demanda crece en menor proporción que la renta) y respecto al precio (la mayor demanda ante un menor precio supone un resultado global de menores ingreso). En segundo lugar, factores tecnológicos, como que el progreso técnico alcanzado por os países desarrollados ha permitido reducir su utilización de materias primas o crear bienes sustitutivos del producto primarios tradicionales. Tercero, que la propia especialización de los países subdesarrollados en estos bienes ha sido reforzada pro inversores extranjeros propiciando la repatriación de los beneficios obtenidos. Por último, el llamado argumento del intercambio desigual, aduce a características diferenciales en los mercados de trabajo de los países desarrollados y subdesarrollados para justificar incrementos de productividad de los primeros se traducen en mayores rentas para los factores productivos locales, mientras que en los segundos, se transfieren al resto del mundo en forma de menores precios. Algunos autores van incluso mas allá, admirando que en ocasiones en que la estructura exportadora de los países de distinto grado de desarrollo no difiere tanto (debido por ejemplo, a la instalación de empresas multinacionales con fines exportadores en países de baja renta), el intercambio desigual persiste, porque es una característica intrínseca al funcionamiento del sistema capitalista y no depende del tipo de producto intercambiado ente unos países y otros.

 

Por último dentro de la corriente heterodoxa, también podemos incluir a los modelos de proceso de caución acumulativa, los cuales presentan una posición crítica respecto al enfoque neoclásico, tanto en sus hipótesis como en sus conclusiones. Por ejemplo, rechazaban la existencia de perfecta movilidad de la mano de obra y de la tecnología, al igual que la homogeneidad del factor trabajo. Y por supuesto, consideran que partiendo de una situación internacional de desequilibrio, las fuerzas del mercado presenten en el comercio internacional agudizaran las disparidad del partida, en lugar de corregirla.

 

La teoría de la disponibilidad

 

La teoría de la disponibilidad fue planteada por autores por 1956 y se puede englobar en el conjunto de teorías neotecnologicas. Según ellas, un país importaría tanto los bienes cuya producción se muestra absolutamente incapaz de realizar porque su oferta es completamente rígida (indisponibilidad absoluta); como aquellos bienes cuya producción es insuficiente, esto es cuando hay oferta pasante inelástica tal que, ante un incremento de la producción, los costes crecen muy rápido (indisponibilidad relativa). Las exportaciones al contrario, se darían en aquellos bienes en cuya producción el país dispone de una posición dominante y, entonces, una oferta elástica que tiende a sobre pasar las necesidades locales. La disponibilidad o indisponibilidad de los bienes estaría ligada a la existencia o a la carencia de recurso naturales y al ritmo de difusión de las innovaciones.

 

De este modo, la estructura de los flujos comerciales vendría explicada por el nivel comparado de las elasticidades de la oferta nacional y de la extranjera en los productos. Además de por la comparación del progreso técnico. Lógicamente, el ritmo de progreso técnico de las industrias de exportación de un país sería más rápido que el correspondiente a las mismas industrias en sus competidores comerciales.

 

Sin embargo, esta teoría no logra una respuesta satisfactoria para la explicación a los incrementos del comercio entre países de semejantes características.

 

La teoría de la demanda representativa

 

La teoría de la demanda representativa fue expuesta por mediados de 1961; poniendo su atención en la similitudes en renta y gustos de algunos países que realizaban un elevado intercambio comercial.

 

Consideraban que el comercio internacional esta ligado a ventajas comparativas. El origen de estas ventajas se encuentra en las diferentes dotaciones factoriales en el caso del comercio de productos primarios. Sin embargo, en el comercio de productos industriales la ventaja comparativa viene explicada por la importancia de la demanda interna del bien de exportación.

 

Para estos autores, un bien solo será susceptible de ser exportado si, previamente, ha sido objeto de una fuerte demanda interna. Un gran mercado interno constituye un fuerte incentivo a la innovación y una elevada producción posibilita las economías de escala. Por lo tanto, es la existencia de una fuerte demanda interna la que genera la ventaja comparativa y entonces, las condiciones para que el producto pueda ser exportado fácilmente.

 

Mas un producto solo será exportado a un país que lo pueda consumir. Se supone que la calidad y la naturaleza de los productos consumidos dependen del nivel de vida y pro consiguiente, en gran medida del nivel de salarios. De este modo, un producto demandado en el interior de un país con un determinado nivel de vida, solo podrá ser exportado a otro de un nivel similar. Esto choca frontalmente con el teorema HO, puesto que cuanto mas similares sean los grados de riqueza de los países, mas semejantes serán sus dotaciones factoriales.

 

La teoría proporciona una explicación para una de las principales características del comercio actual (el elevado intercambio entre países industrializados). Así, es la semejanza en rentas nacionales (y por lo tanto, en patrones de demanda) la que favorece el comercio, al menos de productos del tipo industrial.

 

Otros autores introdujeron el concepto de costos de transferencia internacional estos costes de transferencia se definen como la diferencia entre los costes incurridos por vender en el extranjero y los de vender en el mercado interno. Trasladando esto al modelo anterior, tendríamos que estos costos de transferencias se minimizarían cuanto mas similares fuesen los patrones de demanda entre dos países. Por lo tanto, este tipo de costos, deberá ser incluido entre los costos de producción para conocer si una mercancía será o no exportada. Que el comercio entre países ricos sea mas intenso es lógico porque incurre en menores costos de transferencia que el comercio entre un país desarrollado y otro subdesarrollado.

 

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