Alberto pinzon leon. Licenciado, maestria y doctorado pontificia universidad javeriana






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ALBERTO PINZON LEON. LICENCIADO, MAESTRIA Y DOCTORADO PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA



¿FOUCAULT CONTRA SADE O FOUCAULT CON SADE?

Del sadismo al sadomasoquismo
¨Crear belleza a partir de la soledad para siempre, no por amor ni desde la libertad. Debes vivir y morir en un calabozo¨1.
Realmente la obra de Sade es para nosotros desconocida2, para los europeos una obra reciente la cual no tiene más de 50 años debido a la exclusión a que fue sometida ella y su autor; después, de una reivindicación principalmente por el surrealismo es tal la lluvia de obras y artículos que sería imposible reseñarlas acá3. Pero paradójicamente la obra de Donatien Alphonse François de Sade, está ligada a cada una de las disciplinas que constituyen nuestra modernidad: el psicoanálisis, la crítica literaria y los más prestigiosos filósofos. Y la obra de Foucault, por lo tanto, no podía estar ajena a la reflexión sobre el pensamiento del ¨Divino Marqués¨.

La obra de Sade es la obra más escandalosa jamás escrita y Sade el único escritor que no ha perdido la capacidad de escandalizarnos4, es casi inevitable el pánico que produce; es ello, lo que la convertido a ella en una zona prohibida y a él en un condenado eterno. En razón de su ateísmo, de su violencia y de su lenguaje crudo, Sade trastorna y atropella. La lectura de cualquiera de sus textos, choca e irrita, se despliega lenta y vacilante, ardua a pesar de una fascinación cierta. Ningún escritor se aventuró como por los caminos del exceso, excesos que exigen el secreto y la soledad de una celda, afirma Blanchot. Pero no podríamos preguntarnos lo mismo acerca de la obra de Foucault, en lo que respecta a la sexualidad y en particular a su homosexualidad5. Sade y Foucault, paradigmas de la más desgarradora lucha contra las formas más totalitarias del poder, condenados a hablar desde la prisión: desde la prisión del discurso6 hasta la más brutal y despiadada prisión real7.

Se ha reconocido la dificultad de la obra sadiana, tanto por su escritura, como por su multiplicidad y polivalencia, algunos afirman que no hay un Sade -contra la interpretación clásica-, sino varios. Yo afirmaría, no hay un solo ni varios Sades, sino únicamente el dramaturgo Sade8, el director de escena -en un ejercicio único, propio de la razón libertina- pone en escena a sus personajes para que ellos desde sus propias concepciones planteen los principales problemas políticos y filosóficos que se debatían en su tiempo, escapando de tal suerte al planteamiento monolítico de un sistema, -tan propio de la filosofía- que tendría como lo ha tenido el objetivo de imponer una única manera de entender el mundo. Sade coloca en boca de cada personaje, desde los libertinos hasta los virtuosos, toda una reflexión filosófica que da cuenta de una visión particular, colocando al lector en una difícil situación, en una actividad de elegir, convirtiendo la lectura en un acto ético9. De esta manera, no hay un universo sadiano, sino un multiverso que responde a cada visión de cada uno de sus personajes y su manera de entender los problemas que planteaba el Siglo de las Luces10.

Por otra parte, el Marqués fuera de toda duda es un hombre de una cultura y un conocimiento extraordinario11, Un hombre que conoce profundamente los problemas sociales, políticos y filosóficos de su época. Y a pesar de su encarcelamiento por más de 27 años, elabora desde allí, una de las obras más extraordinarias que da cuenta de las más bajas pasiones que oculta el ser humano.

El problema fundamental para mí, es que Sade no ha sido estudiado en sí mismo12, sino que ha sido manoseado por todo mundo que lo necesita -confirmando o rechazando sus ideas-, para elaborar su propio sistema o argumentar parte de sus ideas que sostienen dicho sistema13. Se recurre a Sade como se recurría al oráculo. De Sade se ha dicho todo aquello que se puede decir de un escritor, su obra tiene la dificultad – Sade es de lectura difícil14 y laboriosa- de permitir afirmar como negar una misma idea con argumentos tomados de su propia obra, esa ambigüedad, esa escritura paradojal, es propia del Marqués de Sade se ha hablado, sobre Sade no se ha hablado.

Es el caso de Foucault15, quien lo utiliza para afirmar y confirmar sus planteamientos acerca de los períodos en que divide la historia entre el siglo XVI y XIX: el renacimiento, el clasicismo, y el saber decimonónico con respecto a sus análisis de la locura, el saber, la prisión y la sexualidad. Pero nuestro análisis nos permitirá ver que si bien se dará un distanciamiento teórico con respecto a Sade, será él, siempre el ángel maldito que acompañara el cuestionamiento incluso de su propia sexualidad.

Foucault pasa de la fascinación en un comienzo por el Marqués, luego a la relativización y por último al cuestionamiento; que me parece depende no de la obra de Sade en sí misma, sino más bien de la dirección que va tomando el pensamiento de Foucault respecto de sus análisis de la sexualidad, de su propia sexualidad y del mundo gay. ¨Quiero contarte el placer que me proporcionaba observar, sin moverme de mi mesa, a un muchacho que se asomaba por una ventana de la calle Alleray todas las mañanas a la misma hora… Y me pregunto qué sueños encuentran sus ojos en el pliegue de sus brazos, que palabras o dibujos van a nacer, pero me digo que soy la única persona que ha visto desde el exterior a la grácil crisálida de la que nacieron tomar forma y perderla. Esta mañana, la ventana está cerrada y, en su lugar, te estoy escribiendo¨16. El hecho que Foucault haya sido homosexual y sus dificultades para vivir su homosexualidad y que a partir de la década de los setenta –luego de la visita a los Estados Unidos: las experiencias del LSD y de la comunidad gay de San Francisco- pueda expresarlo, marca su obra.

Didier Eribon al hablar de su libro sobre Foucault17 señala dos objetivos: una historia de la obra de Foucault y ¨poner en escena y otorgarle, en esta historia un lugar determinante a la homosexualidad… no se trataba, evidentemente de explicar el contenido mismo de la obra por la homosexualidad de su autor¨18. Su propuesta es que de ninguna manera se puede entender la obra de Michel Foucault explicándola a través de su homosexualidad o de sus experiencias sadomasoquistas, pero estas si son elementos que no pueden dejarse de lado al tratar de entender aspectos de su obra.

En un comienzo Sade, es presentado por Foucault, junto con Goya, como encarnación del retorno de la locura, como desmesura del deseo19. Luego la obra sadiana se ve como un momento de mutación y giro de todo el sistema general de los signos: como una obra prisionera del espacio de la representación20. En un texto hasta hace poco inédito Del lenguaje y literatura21, en un intento por definir la Literatura, Foucault señala el papel de Sade en la literatura moderna. En el texto titulado Prefacio a la transgresión22, vuelve a plantear la obra de Sade y su relación con la transgresión pero esta vez con relación a la muerte de Dios. Finalmente Foucault arremete contra Sade, por dos motivos: por una parte, Sade es el representante tardío de un dispositivo de la ¨sangre¨ y de la ¨raza¨, extraño al dispositivo moderno de la norma y del poder sobre la vida23. Por otra parte, ¨Sade nos aburre¨ en la medida en que encarna, contrariamente a las liberación del placer, el control militar de los cuerpos, es un control inherente a la normalización. Del Sade feroz y visionario, pasando por Sade reverso aterciopelado y encantado de Cuvier a Sade arcaico y reaccionario. Sade puede ser eso y mucho más, según el punto de vista que adopte el crítico respecto no a la obra de Sade, sino a su juzgamiento desde fuera por un sistema que pretende legitimarlo o rechazarlo.

Vamos a hacer un análisis de aquí en adelante sobre cada uno de los textos en que Foucault menciona a Sade, en orden cronológico, para ver cuáles son las razones por las cuales Foucault se va distanciando de Sade, mostrando cuál es el derrotero del pensamiento de Foucault en los últimos años de su vida respecto de las relaciones sexuales de los seres humanos y en particular de las relaciones homosexuales24.

En La historia de la locura en la época clásica -1961-. Foucault afirma que el internamiento es una creación institucional del siglo XVII. La Edad Media y el Renacimiento le temían al insensato pero era sentido y reconocido desde los paisajes de la representación. Lo que hace el internamiento es apartar la sinrazón de esos paisajes, y localizarla. En el campo de la represión del pensamiento y el control de la expresión el internamiento tiene un sentido preciso, el de hacer volver a la verdad por vías de la coacción moral, esta experiencia del error debe ser entendida desde el punto de vista de la ética. ¨Lo que se ha producido entre el final del Renacimiento y el apogeo de la época clásica no es, por lo tanto, tan sólo una evolución de la conciencia de la locura; son los asilos de internado, las prisiones y las correccionales las que, en adelante, representarán esta conciencia¨25. A partir del siglo XVII la sinrazón toma el aspecto de un hecho humano, toma el aspecto de un personaje o de personajes: el depravado, el disipador, el homosexual, el mago, el suicida, el libertino. La sinrazón se empieza a ver como un apartamiento de la norma social, en un individuo concreto. El siglo XVII rompe la unidad entre razón y sinrazón, de la cual es expresión institucional el internamiento. La sinrazón se separa de la razón, de ello testimonian personajes desgarrados como Sade y Nietzsche. El libertinaje vivirá hasta el final del siglo XVIII, bajo dos formas: una, como un esfuerzo de la razón por formularse en un racionalismo en que toda sinrazón toma los visos de lo irracional; y la otra, una sinrazón del corazón que hace plegarse a su lógica irrazonable los discursos de la razón. Dice Foucault, luces y libertinaje se yuxtapusieron en el siglo XVIII, pero sin confundirse.

El libertinaje es sacado de la oscuridad por Sade, de su reclusión en el campo de la sinrazón. El libertinaje era entendido como un estado de servidumbre en que la razón se hace esclava de los deseos, Sade es el primero en el siglo XVIII que intenta hacer una teoría coherente del libertinaje, destacando esa esclavitud: el libertino está convencido que los hombres no son libres, que están encadenados a las leyes de la naturaleza, somos sus esclavos. El libertinaje es en el siglo XVIII el uso de la razón alienada en la sinrazón del corazón. El lenguaje de Sade recoge las últimas palabras de la sinrazón, redescubre de la nada la sinrazón. Los personajes de Sade recluidos, verdugos y víctimas, es allí donde pueden ejercer su plena libertad. Allí encuentra una verdad, la verdad dada por la naturaleza, aquella que sus pasiones por más irracionales no son contra natura; en lo profundo del encerramiento recupera el hombre su armonía con la naturaleza. En este primer momento, según Foucault, Sade afirma, ¨la naturaleza nos ha hecho nacer a todos iguales, si la suerte desarregla esta igualdad, nos toca a nosotros corregir sus caprichos con nuestro ingenio frente a las usurpaciones de los más fuertes¨. Pero ello es una irónica justificación de la propuesta de Rousseau. En La Sociedad de los amigos del crimen esta armonía queda rota, esta sociedad cuyo vínculo es negarse a aceptar cualquier vínculo, no es una sociedad natural sino el ejercicio libre de la soberanía por encima y en contra de la naturaleza. No hay un regreso de Sade a lo natural como rechazo de lo social. La locura solitaria del deseo se hunde no en un mundo natural, sino en un vacío que domina la naturaleza, ¨en una falta total de proporciones y de comunidad, en la inexistencia, siempre recomenzada, del saciarse. La noche de la locura carece entonces de límites; lo que se podía tomar por la violenta naturaleza del hombre no era sino el infinito de la no naturaleza¨.

Aquello que hay de Justine a Juliette es un juego soberano, la muerte de Justine: ¨No se puede decir que el crimen no había llegado al término de su virtud; hay que decir, inversamente, que su virtud natural la había llevado al punto de haber agotado todas las maneras posibles de ser objeto del crimen¨. Justine es lanzada a la calle en medio de la tormenta y un rayo la mata26. Para Foucault, el rayo es la naturaleza convertida en subjetividad natural. La naturaleza no mata a Justine, su muerte pertenece al reino insensato de Juliette, a la soberanía de la locura y su dimensión ilimitada. ¨La nada de la sinrazón donde se había callado para siempre el lenguaje de la naturaleza se ha convertido en violencia de la naturaleza, y esto es así hasta la abolición soberana de sí misma¨27.

Es la sinrazón la sombra que cubrirá, -la sinrazón continúa velando en su noche- a todo escritor moderno. Sade como Goya nos ha permitido ir más allá de la razón con la violencia y de recuperar la experiencia trágica. Sade abrió las puertas para que la sinrazón se manifestara, los escritores que lo intentaron después de él naufragaron - Nietzsche, Artaud, Hölderlin, Nerval y otros- demostrando que la locura es la ausencia de obra, pero ello es lo que los hace escritores modernos. Ese desgarramiento, ese silencio al cual es conducido el escritor, ese abismo al cual se ve abocado, ese imposible con el cual lucha el escritor moderno por darlo a conocer: ¨la tarea de dar razón de esta sinrazón y a esta sinrazón¨, Desde tal perspectiva Sade es el padre de la literatura moderna.

Sade es el ejemplo que ilustra el encierro -27 años de su vida en prisión- y el paso entre, hacer callar las voces de la sinrazón que luchan por hacerse escuchar y aquellos que pretenden tomarla como enfermedad. Es por ello por lo cual Sade no es admitido más en Charenton, ¨ese hombre no es un alienado. Su único delirio es el del vicio¨, escribe a Fouché, el 1 de agosto de 1808, el director de la casa de Charenton, Roger-Collard. Es con la liberación planteada por Pinel y Tuke por la cual ya no son válidas las leyes del encierro, y la sinrazón es atrapada como enfermedad, surge así la ciencia positiva de la locura.

Entre la Razón y la Locura, la obra no digestible del Marqués de Sade establece el puente. Por una parte, comunicando el lado del desorden con el orden, le dirige al lector normal –espectador- una palabra que la locura no puede formular; y por otra, organiza el desorden, ordena al loco para que pronuncie su palabra, lo promociona a una conciencia de sí mismo; en el hospital Charenton al loco se le devuelve la palabra.

En el artículo Prefacio a la transgresión -1963- Foucault escribe, la obra de Sade es una profanación en un mundo que no reconoce sentido positivo a lo sagrado, en ello consiste la transgresión sadiana. Aquello que el lenguaje puede decir a partir de la sexualidad no es el secreto natural del hombre, sino que no tiene Dios, la palabra cedida a la sexualidad es la misma que nos ha anunciado la muerte de Dios. El discurso sadiano, el lenguaje de la sexualidad, es lenguaje donde Dios está ausente. ¨…donde todos nuestros gestos se dirigen a esa ausencia en una profanación que de una vez la designa, la conjura, se agota en ella, y se encuentra reconducida por ella a su pureza vacía de la transgresión¨28.

En el texto De lenguaje y literatura -1964- Ubica a Sade como la figura de la transgresión: ¨Es evidente que Sade ha sido el primero en articular, a finales del siglo XVIII, el habla de la transgresión; se puede decir que su obra es el punto que a la vez acoge y hace posible cualquier habla de transgresión. La obra de Sade, no cabe ninguna duda, es el umbral histórico de la literatura… La obra de Sade tiene la pretensión, tuvo la pretensión de ser la borradura de toda filosofía, de toda literatura, de todo el lenguaje que ha podido serle anterior, y la borradura de toda esa literatura en la transgresión de un habla que profanaría la página vuelta así a tornarse blanca… creo que Sade es el paradigma mismo de la literatura¨29. Foucault ve en la obra de Sade el habla única de transgresión, que borra toda habla escrita y abre un espacio vacío, el de la literatura moderna.

El § 8 del capítulo VI de Las Palabras y las cosas -
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