Fue el doctor Jacobo Silberman un acendrado docente de la facultad de medicina de San Fernando, cuya trayectoria vital fue lamentablemente interferida por una






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fecha de publicación08.04.2017
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JACOBO SILBERMAN S.

1927 – 1988

Fue el doctor Jacobo Silberman un acendrado docente de la facultad de medicina de San Fernando, cuya trayectoria vital fue lamentablemente interferida por una cardiopatía prematura, que posteriormente, en pocos años, acabó con su valiosa existencia. No obstante, tan desfavorable circunstancia, dejó en la memoria de quienes lo conocimos, el nítido recuerdo de su caballerosa conducta personal, de su alto nivel de profesionalismo neurológico y asimismo la cabal expresión de sus virtudes de ejemplar maestro universitario.

El doctor Silberman nació en Brasil y cuando apenas tenía año y medio de edad fue traído al Perú por sus padres, quienes se radicaron en la ciudad de Trujillo. En la calida y acogedora ciudad norteña cursó sus estudios escolares en el Instituto Modelo. Al terminar su educación secundaria, ingresó en 1942 a la Universidad Nacional de Trujillo, aprobando en ella, los dos años de estudio denominados de premédicas, que entonces eran requisito indispensable, para postular a la Facultad de Medicina de la Universidad de San Marcos de Lima* Recordemos que desde 1935, la Universidad de Trujillo había sido oficialmente autorizada solo para impartir los mencionados cursos de pre médicas. De modo que los alumnos que deseaban estudiar medicina, debían aprobar el examen de ingreso a la universidad trujillana, superar todos los cursos exigidos en el programa establecido y prepararse luego para venir a Lima a fin de rendir otro examen de admisión, esta vez en la Facultad de Medicina de San Fernando. En consecuencia los estudios de la carrera médica, duraban en total 9 años, 2 de premédicas, que podían seguirse tanto en Trujillo, Arequipa o Lima (en la Facultad de Ciencias) y a continuación los 7 años, que se dictaban únicamente en la facultad de Medicina de Lima. Esta peculiar modalidad de enseñanza, recién desapareció en Trujillo en 1956, cuando se promulgó la ley 12647, que creó la Facultad de Ciencias Médicas en la Universidad Nacional de esa ciudad. Pero, Jacobo Silberman, no tuvo tal prerrogativa, ya que había estudiado en Trujillo varios años antes, finalizando en consecuencia, los largos y exigentes estudios profesionales sanfernandinos de la época en el año 1951.


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*La enseñanza de la medicina en el Perú se inició en el siglo XVI, en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Posteriormente, en el año 1811, tal responsabilidad docente fue transferida a una institución autónoma, bautizada con el nombre de Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Fernando. Luego, en 1821, tal denominación fue cambiada por Colegio de la Independencia. Finalmente en 1856, debido a la decisiva mediación del ilustre educador doctor Cayetano Heredia, el antiguo colegio se reincorporó a su alma Mater la UNMSM, convirtiéndose desde entonces hasta la actualidad en la Facultad de Medicina de dicha universidad. No obstante los cambios de nombre mencionados, coloquialmente, todavía se mantiene la original denominación de San Fernando, para referirse a ella.
Como se ha referido, Jacobo Silberman perteneció a la promoción 1951. En esa época las promociones médicas se identificaban por el año en que terminaban los estudios curriculares, a diferencia de la costumbre iniciada en 1972, de reconocerlas según el año de ingreso a estudiar medicina.

Luego de haberse graduado de médico cirujano, el doctor Silberman viajó para seguir estudios de post grado en los Estados Unidos de América, especializándose primero en Neurología, en el hospital Universitario de la ciudad de Louisville-Kentucky y luego en neuropatología en el afamado hospital Bellevue de la universidad de New York . Aparte de la experiencia clínica adquirida, enriqueció sus conocimientos en la investigación neurológica, contribuyendo por tal razón, de modo significativo, en varias importantes publicaciones, siendo las de mayor difusión, una sobre las lesiones cerebrales detectadas en pacientes que fallecieron en el estado clínico conocido como mutismo aquinético (actualmente se usa mayormente el nombre estado vegetativo persistente) y otra sobre la enfermedad de “jarabe de arce” (Maple Syrup disease). Terminado el programa de especialización neurológica que tenía previsto, Jacobo Silberman decidió volver al Perú, aunque previamente postuló y obtuvo la certificación correspondiente a la preparación profesional (Board Certified) que había adquirido.

En Lima se vinculó a la Clínica Javier Prado como socio fundador y en calidad de Neurólogo trabajó durante todos los años de su quehacer profesional, junto al selecto grupo de colegas que formaban el plantel profesional de dicha institución. En forma paralela a su labor neurológica particular, a partir de 1961, Jacobo Silberman, se vinculó, para siempre, a la docencia en San Fernando. Su ingreso fue el resultado de un estricto concurso de oposición y méritos, avalado por un jurado internacional ad hoc, Las especiales circunstancias que precedieron a este hecho, merecen ser narradas a continuación, aunque de modo sucinto, para no alejarnos del propósito central de este escrito, dedicado a la semblanza de Jacobo Silberman.

El parlamento nacional, promulgó el 13 de abril de 1960, la Ley Universitaria N° 14317, la cual entre otras disposiciones, concedió la participación de los alumnos, en la proporción de un tercio, en varios de los órganos de gobierno institucionales, incluyendo los Consejos de Facultad de todas las universidades del país. Las autoridades y los docentes de la facultad de medicina de San Marcos, desde antes de la dación de la citada norma, habían expresado, enfáticamente, su rechazo a la idea del “tercio estudiantil”. Lamentablemente, la ley 14317, en vez de fijar una posición clara y definitiva al respecto, incluyó un confuso y controvertido artículo, el 34, que aparentemente otorgaba a las facultades de medicina, la singular potestad de elaborar su propio Estatuto (desde luego sin tercio estudiantil). Finalmente, después de varios meses de tensa espera, el 11 de agosto de 1961, el parlamento dio por terminada la ambigua interpretación generada anteriormente, dejando sin efecto el discordante artículo 34 de la Ley y en consecuencia quedo establecida la participación del “tercio” en todas las universidades del Perú, públicas y privadas, incluyendo a desde luego a las 3 facultades de medicina, existentes (Lima, Trujillo y Arequipa). En respuesta, el día siguiente, 450 docentes de San Fernando, reunidos en una sesión extraordinaria, aprobaron la redacción de un extenso documento dirigido a “la nación”, en el cual reiteraban su posición sobre los sucesos recientes, agregando que se sentían “obligados a abandonar, con profundo sentimiento a una institución que hemos defendido con cariño y entereza” (firmaron su subrogación a los cargos que detentaban en la Universidad de San Marcos) y señalaron más adelante que habían organizado la Asociación médica Cayetano Heredia,”con el objeto de crear una escuela médica privada”. En efecto, apenas un mes después, el 22 de setiembre de 1961, el gobierno expidió el Decreto Supremo Nº 18 que autorizaba el “funcionamiento de la Universidad Peruana de Ciencias Médicas y Biológicas, la que tendrá carácter de Universidad Particular, de acuerdo con el artículo 6º de la Ley Universitaria 13417”.

Los acontecimientos, someramente narrados, ya forman parte de la historia de la educación médica en el Perú, siendo mayormente memorables dos importantes consecuencias derivadas de ellos, la primera se vincula a la aparición en nuestro país, de la ahora muy extendida, educación médica de carácter privado o particular, a partir del citado 22 de setiembre de 1961, cuando se creó la actualmente llamada “Universidad Peruana Cayetano Heredia”, en tanto que el segundo hecho, generado por la discutida Ley 13417, no es menos significativo que el anterior, abarcando un período de 7 meses, desde agosto de 1961 hasta enero de 1962 Durante este corto tiempo se sentaron las precisas bases organizativas, para revitalizar a la Facultad de Medicina sanmarquina. El reto tenía varios matices, siendo posiblemente el más complicado, tratar de subsanar en poco tiempo, la abrupta pérdida de capital humano, que significó la dimisión colectiva de docentes, conociendo el “voto de pobreza” impuesto por diferentes gobiernos peruanos a las universidades estatales. En consecuencia el trabajo realizado fue muy intenso, tanto para evitar “el colapso de la educación médica” en la Universidad de San Marcos, que algunos pesimistas consideraban inevitable luego de la renuncia masiva de docentes, como asimismo para sentar las bases, de lo que se perfilaba como el robusto renacimiento material y espiritual de la centenaria Facultad de Medicina. Recordemos que tras el deplorable retiro colectivo referido, el plantel de profesores en San Fernando había quedado reducido a sólo 106 docentes, casi todos de menor categoría, aunque comparativamente, ellos ostentaban similar calidad personal y no menos compromiso docente que los renunciantes. Los momentos iniciales de tan ardua tarea, fueron facilitados en gran parte por el sagaz e infatigable apoyo del entonces Rector de la Universidad de San Marcos doctor Luis Alberto Sánchez, Por tal motivo, antes de finalizar agosto de 1961, se reiniciaron las actividades en San Fernando, habiéndose nombrado para el efecto una Comisión Organizadora bajo el decanato interino del doctor Héctor Colichón Arbulú. Meses después fue electo Decano de la Facultad de Medicina el doctor Alberto Cuba Caparó**. Finalmente, la laboriosa primera etapa, de poner la casa en orden, culminó exitosamente con la elección del doctor Alberto Guzmán Barrón como Decano.

** En 1986, al cumplirse 25 años de los acontecimientos de 1961, la Facultad de Medicina de San Marcos, organizó una ceremonia conmemorativa en el Paraninfo. Entre los oradores invitados estuvo el doctor Alberto Cuba, quien rememoró los agitados días de su pasado decanato, con la seriedad, respeto a la verdad y moderación que fueron el sello constante de su vida. En un tramo de su exposición enfatizó su agradecimiento a quienes lo ayudaron en la complicada tarea de 1961 y expresó con particular énfasis su gratitud al doctor Honorio Delgado (renunciante de San Marcos y primer Rector de la Universidad Cayetano Heredia), quien en más de una ocasión le trasmitió su leal y desinteresada colaboración en apoyo del renacimiento de San Fernando. Tan generoso gesto de Honorio Delgado en este tema, no hace sino remarcar el alma grande, de auténtico maestro, que caracterizó su existencia.
Como consecuencia, en enero de 1962, San Fernando funcionaba con normalidad. Tenía un calificado plantel docente formado por profesores que no habían renunciado, otros que habiéndolo hecho solicitaron luego su reincorporación y el mayor número lo constituyeron médicos de destacada trayectoria y probado interés académico, que se incorporaron a la docencia mediante estrictos concursos de méritos. Entre ellos, como ya se ha mencionado, accedió el doctor Silberman, como profesor Asociado de Neurología y Neuroanatomía.

En pocas semanas se formó un grupo de docentes en neuroanatomía liderado por Jacobo Silberman, a quien acompañaban en las responsabilidades del curso, los Jefes Instructores doctores Alberto García Villalobos y Víctor Torrealva, además se contaba con la entusiasta y eficaz colaboración de varios alumnos, de años superiores de la Facultad, en calidad de Ayudantes. Casi todas clases las dictaba el profesor Silberman, en el salón de lecciones del antiguo pabellón, construido en 1887, para las actividades del Anfiteatro Anatómico, en el Jardín Botánico de la avenida Grau, El edificio es utilizado hasta la actualidad para las prácticas de anatomía de los alumnos de San Fernando, aunque el referido salón fue demolido en la década del 70 del siglo XX. Se trataba de un agradable ambiente de clases, trabajado totalmente en madera por hábiles ebanistas del siglo XIX, los asientos y las graderías estaban dispuestos en forma semicircular, de acuerdo a la tradición nacida en las escuelas de medicina europea, además, su elevado techo permitía una buena ventilación e iluminación y la acústica era excelente. Las clases de Jacobo Silverman eran amenas, en una materia usualmente no muy fácil de “digerir” por los estudiantes de medicina. Exponía claramente y con voz suficiente los tópicos programados, con o sin ayuda de la proyección de láminas. Su expresión facial y la velocidad del tema en desarrollo trasmitían serenidad, la cual sumada a su gesto sosegado y equilibradamente sonriente, generaban un buen acercamiento espiritual, con los atentos estudiantes. Usualmente, las clases del profesor Silberman terminaban entre aplausos espontáneos de los alumnos, que de esta sonora manera le expresaban su aprobación. Ocasionalmente, invitaba a sus ayudantes en el curso, a exponer alguno de los temas del silabo. Entonces asistía a escuchar la clase del convidado y recuerdo, en lo personal, sus siempre amables y atinadas recomendaciones, dirigidas a afinar nuestra performance de docentes en formación. Entre los gratos recuerdos de esa época conservo una foto, que me parece de interés incluirla en este escrito, fue tomada en un restaurante limeño, al cual acudimos los colaboradores, por invitación del doctor Silberman, con motivo de haber terminado el dictado del curso, en 1963. De izquierda a derecha, en posición de pie están los entonces alumnos Ernesto Ríos Montenegro (se especializó en Neurooftalmología), Oswaldo Valdivia (siguió Neuropatología), Walter Chuquisengo (Neuropediatra), Ernesto Yap, José Jaúregui (Pediatría), Sentados, Víctor Torrealva, se dedicó a la docencia de Anatomía Humana, el doctor Silberman (con el rostro más serio de lo habitual), Adriana Ciudad, destacada neuropatóloga y el autor de este documento.

Además de Neuroanatomía la actividad docente de Jacobo Silberman, abarcó la Neurología Clínica, dictada para los alumnos de 5º año de medicina en el Hospital Dos de Mayo y las labores de neuropatología incluyendo clases en el Instituto de Patología, que tenía nuestra Facultad en el hospital Loaiza. En el Dos Mayo, tuve muchas ocasiones de acompañar al doctor Silverman y admirar su perspicaz capacidad clínica, durante las frecuentes consultas de la especialidad que le solicitaban los colegas de los diferentes servicios de hospitalización (no existía Servicio de Neurología en el nosocomio). En el hospital Loayza mayormente estuvo a su lado Adriana Ciudad, que ya mostraba el talento en la Neuropatología, que luego desarrollaría a muy alto nivel profesional.

En 1963 empecé a elaborar mi tesis de Bachiller en Medicina y mi tutor fue Jacobo Silberman. En realidad, la idea del tema, partió de una observación clínica del profesor Silverman. Se trató de una mujer de 19 años, con una primera gestación, de 5 meses de evolución. Pasados 8 días de haber sido arañada por un gato doméstico, desarrolló los síntomas y signos de la “enfermedad por arañazo de gato” o cat-scratch disease, cuyo agente etiológico se desconocía en esos años y ahora sabemos que es la bartonella henselae. Tres días después de su admisión al Hospital, la paciente falleció con un severo cuadro de encefalitis. El estudio histopatológico mostró lesiones que se describen en dos patologías aparentemente diferentes, pero que de acuerdo a la investigación microscópica del cerebro de la paciente, parece existir una cercana relación entre ambas. De otro lado, en la Tesis se describieron por primera vez tanto hemorragias perivasculares como “anillos” de desmielinización, en el cerebro de una persona afectada con cat-scratch disease. Lo investigado, el desarrollo del tema y la elaboración del texto final demoró cerca de un año, tiempo durante el cual descubrí y admiré otras virtudes del doctor Silberman, tales como su desinteresado afán docente y su paciencia para hacerme entender, no pocos secretos de la patología celular del cerebro. Hasta la fecha, no deja de emocionarme el recuerdo, que la mayoría de nuestras “reuniones de trabajo”, empezaban cuando el profesor terminaba de atender a sus pacientes particulares, casi invariablemente pasadas las 9 de la noche, en el consultorio que tenía en la avenida Arequipa. Finalmente mi Tesis fue aprobada por unanimidad y recomendada para su publicación en los Anales de la Facultad de Medicina, no obstante, fue rápidamente acogida y divulgada por otra revista, también de la Facultad, pero de orientación más especializada que los Anales***.

Un año después, parafraseando el conocido poema de Cesar Vallejo, los “heraldos negros”, puede afirmarse que tales heraldos, marcaron su mal augurio en el corazón de Jacobo Silverman, cuando apenas tenía 37 años de edad. En enero de 1965 yo debía empezar mi post grado en la Universidad Nacional Autónoma de México y en el Instituto de Neurología de ese país. Por tal motivo en diciembre de 1964, el profesor tuvo otro gesto de su proverbial generosidad, invitándome a una cena de despedida, a la cual convidó también a otros colegas, que formaban casi la totalidad del grupo docente de neuroanatomía en San Fernando. Lamentablemente, ese mismo día tuvo un síncope, que bien pudo haber sido de origen cardiogénico, a juzgar por los varios problemas que posteriormente, en forma progresiva, deterioraron su salud cardiovascular, hasta su fallecimiento el 10 de mayo de 1988.

Obviamente, los mas condolidos por su ausencia deben haber sido su querida esposa Minia y sus entrañables hijos. Creo que la precocidad

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*** Luis Deza Bringas. Leucoencefalitis hemorrágica aguda: consecutiva a enfermedad por arañazo de gato. Revista de Ciencias Psicológicas y Neurológicas 1965; 2: 51-69

y la desfavorable evolución de sus molestias cardíacas crónicas, menguaron sus posibilidades de desarrollar el proyecto que tenía en mente, esto es, contribuir a formar una “escuela neurológica” propia en San Fernando. Dejó la enseñanza de Neuroanatomía, me parece que en 1966, aunque siguió como Profesor del curso de Neurología Clínica en el Hospital Dos de Mayo. Se graduó luego de Doctor en Medicina y por sus méritos accedió a la categoría de Profesor Principal de la Facultad de Medicina. De otro lado, tuvo en la Clínica Javier Prado, su centro de intensa actividad neurológica particular. Algunos años después, cuando regresé al Perú, coincidimos ocasionalmente con el doctor Silberman, en varios eventos académicos de la especialidad, como expositores o simplemente como asistentes. Los años nunca cambiaron su genuina actitud amigable y docente de siempre. Ahora, que escribo esta nota, en memoria de su trayectoria vital, me parece pertinente, copiar las sentidas palabras, impresas en la primera página de mi Tesis de Bachiller y repetirlas como un homenaje colectivo, de todos aquellos que lo conocieron: “Al doctor Jacobo Silberman, médico y maestro ejemplar”.
Dr. LUIS DEZA BRINGAS



Dr. Jacobo Silverman y sus colaboradores en la enseñanza de Neuroanatomía. Facultad de Medicina de San Fernando. Año 1963. Otros detalles se encuentran en el texto.




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