Cuestionario de la leccióN 1






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LECCIÓN 8

MOTIVADOS A PERSEVERAR (15-16)

1. INTRODUCCIÓN


Casi llegamos al final de la carta a los Corintios, el Apóstol Pablo ha buscado corregir lo relacionado a las divisiones. Pero no debemos pasar por alto el hecho de que cuando se enfrentan problemas en la relación entre creyentes, se debe a que también hay algún problema doctrinal.

En el capítulo 15 el Apóstol Pablo tratará el problema doctrinal y lo utilizará para fortalecer la esperanza y la fe de los Corintios. El hecho de que el amor sea mayor a la fe y la esperanza no significa que no sean vitales para el crecimiento del creyente. Así que, como ha tratado ampliamente el tema del amor; ahora la fe y la esperanza deben ser tratadas con claridad.

El capítulo final de la carta será rico al mostrarnos la relación que el Apóstol mantenía con la Iglesia de Corinto y con muchos otros creyentes y por lo tanto servirá para motivarnos a nosotros a fortalecer nuestra relación como cuerpo de Cristo.

2. RESOLVIEDO UN PROBLEMA DE FE (15:1-58)

2.1. La base de nuestra fe


Al final del capítulo 14 Pablo reafirma su autoridad como Apóstol, pues todo el que sea espiritual debe reconocer que lo escrito por él es mandamiento del Señor. De igual manera, ahora les recordará que él fue quien les anunció el evangelio, reforzando su paternidad espiritual señalada en el 4:15 y el 9:1y2.

En el 11:2, los ha alabado por haber retenido lo que les ha enseñado, y ahora les aclara que si retienen la palabra que él les ha predicado, son salvos, a no ser que hayan creído en vano.

Retener la palabra significa ponerla en práctica. Pues aquello que es creído es lo que se lleva a la práctica. En las palabras de Jesús “si permanecen en mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos” (Jn. 8:31).

Guardar la palabra, permanecer en la palabra o mantenerse fiel a la palabra, se refieren a ponerla en práctica, no solamente escucharla. Ver Mt. 7:24-27, Ro. 2:13 y Stg. 1:22.

“Haber creído en vano” bien puede explicarse a través de lo escrito por Santiago “La fe sin obras es muerta.” Eso significa que habrá quienes sostengan que han creído en Cristo, conforme a Juan 1:12, sin embargo su falta en poner en práctica las enseñanzas de Jesús manifestará que su fe es muerta (o es mentira) porque en verdad no han creído, y por lo tanto no tienen obras que correspondan a una persona salva (Ef. 2:10).

Ahora, con esa misma autoridad les recordará cuál es el evangelio, el cual él recibió y les transmitió a ellos. Aquí utiliza la frase “Yo recibí” igual que en el 11:23. Al señalar haber recibido de manera directa de Cristo el evangelio refuerza su autoridad como apóstol.109

Nadie había inventado el Evangelio; en cierto sentido, nadie lo descubre por su cuenta, sino que es algo que todos recibimos. Ahí es donde está la misión de la Iglesia: es la depositaria y transmisora del Evangelio.110

Simon Kistemaker afirma: Pablo escribe que recibió y transmitió las enseñanzas de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo (v. 3). Da a entender que cuando se convirtió camino a Damasco, conoció la realidad de la resurrección, lo que lo llevó a predicar de inmediato, en las sinagogas locales, que Cristo era el Hijo de Dios (Hch. 9:20).111

Ahora bien, el resumen que Pablo hace del evangelio es:

  • Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las escrituras.

  • Fue sepultado.

  • Resucitó al tercer día, conforme a las escrituras.

  • Se apareció a Pedro, luego a los doce, luego a más de 500 hermanos a la vez, luego a Jacobo, luego a todos los apóstoles, y finalmente se le apareció al mismo Pablo.

Es interesante que no menciona “Dios te ama y tiene un plan maravilloso para tu vida.” Tampoco usa frases promocionales como la que exhibe en una manta una pequeña congregación cerca de donde vivo “ni te imaginas lo que cristo puede hacer por ti.”

Pero lo importante a destacar aquí es que mientras Pablo afirma su autoridad como apóstol, con la cual escribe a los corintios, no lo hace con presunción. Pues reconoce su posición: Cristo se apareció a todos los apóstoles antes que a él. Su conversión o nacimiento en Cristo vino posteriormente, “fuera de tiempo” diría él.

¿Y porqué considera Pablo que Cristo le dejó hasta el final? Porque todos los demás apóstoles caminaron con Cristo, le escucharon y comieron con él, y nunca se esforzaron en dañar a la iglesia de Cristo.

Sin embargo Pablo es la manifestación clara de la gracia de Dios. Si Judas, teniendo todo para seguir con Cristo fue puesto para perdición, Pablo siendo perseguidor de la iglesia fue llamado, no solo para venir a Cristo, sino para ponerle por ministro y testigo de las cosas que ha visto y de aquellas en las que Jesucristo se aparecería a él, enviadole a los gentiles para abrir sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios, para que por la fe en Cristo reciban el perdón de pecados y herencia entre los santificados. (Hch. 26:16-18

¿Qué podemos aprender de este párrafo? Simplemente que Dios es sublime y da gracia en abundancia, a él sea la gloria.

…. Permítame hacer una pausa para repasar lo anterior y hacer una anotación: El evangelio nos habla de Cristo y sólo de Cristo, no está centrado en la gente, sino en Cristo. Pablo en realidad no está interesado en hablar de sí mismo, todo lo que él escribe sobre su experiencia tiene el único propósito de llevarnos a Cristo.

Por eso aclara que no es que haya sido él quien trabajó mucho, sino la gracia de Dios produciendo mucho a través de su vida. Lo mismo ocurrió con los demás apóstoles.

2.2. El problema de aceptar la resurrección


Ahora bien, si se ha predicado que Cristo ha resucitado, como lo hemos visto en el resumen del evangelio ¿entonces porque en la iglesia de Corinto algunos decían que los muertos no resucitan?

William Barclay aclara: Es sumamente importante recordar que los corintios no negaban la Resurrección de Jesucristo, sino la resurrección del cuerpo; y que en lo que Pablo insistía era en que, si se negaba la resurrección del cuerpo, se negaba también la Resurrección de Jesucristo, y por tanto se vaciaba el Evangelio de su verdad y la vida cristiana de su realidad.112

Pablo en su viaje a Atenas, (recordemos que fue la ciudad desde la cual viajó por primera ocasión a Corinto), fue invitado por los griegos a hablar en el Aerópago. Ellos le escucharon con atención hasta el momento en que mencionó la resurrección, entonces algunos se burlaron y otros le dijeron que mejor luego lo escucharían. (Hch. 17:16-34)

Para entender porque los griegos tenían problemas en aceptar la resurrección, debemos recordar que el pensamiento dominante de este tiempo provenía de Platón y de Aristóteles.

Salvador Dellutri señala: Para Platón existen dos mundos contrapuestos: el mundo sensible que es mudable e imperfecto y el mundo de las ideas que es universal, suprasensible, perfecto y eterno.113

Luego nos describe la idea de Platón: Mientras somos prisioneros del cuerpo no podemos volvernos para contemplar las esencias, vivimos limitados al mundo sensible, cambiante e imperfecto... El cuerpo es la cárcel en la que el alma habita temporalmente. En cada muerte el alma transmigra, cambia de casa.114

Sobre esto William Barclay dice: Para Platón « el cuerpo es la antítesis del alma, como la fuente de todas las debilidades se opone a lo que solo es capaz de independencia y bondad.» Donde podemos ver esto mejor es en la fe estoica. Para los estoicos, Dios era un espíritu de fuego, más puro que nada en la Tierra. Lo que les daba la vida a los seres humanos era la chispa de fuego divino que venía a morar en el cuerpo humano. Cuando moría una persona, su cuerpo sencillamente se disolvía en los elementos de los que estaba compuesto, pero la chispa divina volvía a Dios y era reabsorbida en la divinidad de la que formaba parte. Para los griegos, la inmortalidad consistía precisamente en desembarazarse del cuerpo. Por eso les resultaba inconcebible la resurrección del cuerpo. La inmortalidad personal no existía realmente, porque lo que les daba la vida a las personas era absorbido otra vez en Dios, la fuente de toda vida.115

Y ya que el mensaje del evangelio nos dice que Jesucristo resucitó, afirmar que los muertos no resucitan sería una contradicción. A menos claro, que supusiéramos que Jesucristo es una excepción, pero de esta forma negaríamos que su humanidad fue real.

Además, con esto daríamos un falso testimonio de Dios, diciendo que Jesucristo ha resucitado cuando en realidad no resucitó, si en verdad no hay resurrección.

Y si Cristo no resucitó, entonces lo que creemos es una falsedad y de nada serviría lo que practicamos y el abstenernos de lo que muchos otros hacen. A final de cuentas seguimos en pecado y no habrá vida eterna.

Pablo lo aplica a sí mismo al decir que ¿entonces para que haber luchado con fieras en Éfeso? ¿Para que batallar por el evangelio?

William Barclay comenta: En efecto, pregunta: « ¿Por qué había de aceptar una persona los peligros de la vida cristiana si todo acaba en nada?» Cita su propia experiencia. Diariamente estaba exponiendo su vida. Algo terrible que no se nos relata en el Nuevo Testamento le sucedió a Pablo en Éfeso. También hace otra alusión a ese mismo hecho en 2 Corintios 1:8-10: dice allí que en Asia, la provincia romana en la que estaba Éfeso, estuvo condenado a muerte y ya daba por perdida su vida. Hasta el día de hoy hay un edificio en Éfeso que se conoce como la prisión de Pablo. Aquí especifica su peligro como pelear con las fieras.116

Así que bien pudiéramos decir como el pueblo de Israel que en lugar de estar arrepentido decía “comamos y bebamos que mañana moriremos” (Isaías 22:13 y 56:12). O en otras palabras, disfruta lo que tienes aquí porque todo se acaba al morir.

Y la verdad es que muchos cristianos han sido enseñados a pensar de esa manera y se afanan por esta vida como si la vida eterna fuera un vulgar mito.

¿Pero que hay si Jesús no resucitó? ¿Qué tan importante puede ser esto como para que Pablo diga que nuestra fe es vana si Jesús no resucitó? Aclaremos que al decir “nuestra fe”, se refiere a toda nuestra fe, no solo a este tema de la fe cristiana.

Definitivamente es muy importante. De hecho aquí encontramos una parte muy valiosa para el pensamiento cristiano. ¿Qué nos queda si Cristo no resucitó, y por lo tanto esta parte del evangelio no es verdad? ¿Qué parte podríamos decir que sí lo es?

Si así fueran las cosas ¿En qué se puede fundamentar la fe del creyente? La respuesta es: en nada. Pues si lo que Jesús dijo no es cierto, entonces no hay razón para escuchar a sus palabras y menos para ponerlas en práctica.

Ahora bien, no solo estamos hablando de que la fe cristiana no tendría fundamento. Pues siendo así, no tendríamos un conocimiento confiable de Dios, y nada nos daría certeza de que él es real. Por lo tanto no habría fundamento para ningún pensamiento. La percepción y razón humana no podrían ser tal fundamento, ya que varían ampliamente de persona a persona y están limitadas a una forma particular de pensar y de conocer las cosas.

Como Dice Timothy Keller: Si Dios no existe, entonces no es posible decir que un acto es “moral” y el otro es “inmoral” solo porque “a mí me gusta este.” Si ese es el caso, ¿quién tiene derecho a convertir sus sentimientos morales, subjetivos y arbitrarios en leyes? Puedes decir: “las mayorías tienen derecho a redactar leyes”, pero ¿quieres decir entonces que las mayorías tienen derecho a votar a fin de exterminar a una minoría? Si dices “no eso está mal”, entonces estarás de nuevo en el punto de partida. ¿”Quién dice” que las mayorías tienen la obligación moral de no matar a las minorías? ¿Por qué tus convicciones morales deben ser obligatorias para quienes se oponen a ellas? ¿Por qué debería prevalecer tu opinión sobre la voluntad de las mayorías?117

Y luego citando el ensayo de Arthur Leff, profesor de derecho de la Universidad de Yale, agrega: El hecho es que – dice Leff –, si Dios no existe, entonces todas las declaraciones morales son arbitrarias, todas las valoraciones morales son subjetivas e internas, y no puede haber ningún estándar moral externo con el cual se juzguen los sentimientos y valores de una persona.118

Y en este punto podríamos preguntar con el salmista ¿qué puede hacer el justo si los fundamentos son destruidos? (Sal. 11:3).

Wenceslao Calvo comenta a este respecto: El problema de haber echado por tierra que existe un principio de autoridad absoluta, es que quedamos a merced de una pauta que depende del más poderoso, del más locuaz, del más hábil o del más popular, aunque no necesariamente del más sabio. Finalmente, el resultado es que cada uno acaba fabricando su propia ley y estableciendo las normas que le parecen, ya que son tan válidas como las del otro. La dificultad insuperable a la que nos lleva la negación de una sola autoridad absoluta es que las leyes se convierten en una serie de normas inconexas entre sí, porque no tienen un principio rector único sino múltiple. De esta manera es posible ser muy detallista con algunas leyes, pero laxo o indiferente con otras.119

Así pues en la mente del creyente debe estar claro que todo lo que cree está definido y establecido por un Dios eterno, que no cambia, no actúa en base a las circunstancias ni a caprichos, y que además él es quien sustenta todas las cosas. Y esa verdad nos ha sido revelada en Cristo, el cual ha resucitado.

2.3. La grandeza y la importancia de la resurrección de Cristo


Ahora bien, es una realidad que Cristo ha resucitado. Esto está sustentado en evidencia sólida como lo afirma Simon Kistemaker: Pablo saca su enseñanza de la doctrina de la resurrección que se haya en la Escritura y del testimonio de muchos testigos (vv. 1–11). Entre los testigos, menciona a los doce apóstoles, junto con Jacobo y él mismo. También afirma que un grupo de quinientos creyentes vio a Jesús resucitado. El testimonio de todos estos testigos fortalece la fe que los destinatarios tenían en Cristo.120

Más adelante en su comentario nos dice: En un tribunal judío, se exigía la presencia de dos o tres testigos para probar la veracidad de un acontecimiento. Al aparecer a la vez a quinientas personas, Jesús estaba entregando la prueba más contundente de que estaba vivo. Pablo añade que la mayoría de ellos estaban todavía con vida cuando escribió su epístola. Con esto da a entender que si alguien duda el hecho de que Jesús venció la tumba, puede consultar a cualquiera de los creyentes que vio al Señor resucitado. No se sabe si estos testigos estaban con vida, pero se entiende que Pablo y los corintios conocían a muchos de ellos. Pablo parece indicar que los escépticos pueden acudir a los testigos y pedirles que den su testimonio.121

Así que nuestra esperanza de su regreso no es vana. Tampoco lo es la promesa que dio a los apóstoles el día que los envió a hacer discípulos a todas las naciones diciéndoles: Y he aquí yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo (Mt. 28:20).

A esto es a lo que Pablo se refiere al decir que nuestra fe sería vana si Jesús no hubiera resucitado, porque le sería imposible cumplir con lo que prometió.

Simon Kistemaker nos habla de la importancia de esta doctrina al decir: La resurrección de Jesucristo no se convirtió en una doctrina definida cuando Pablo escribió (ca. 55 d.C.) su primera carta a los corintios. Al contrario, cuando Pedro se dirigió a una multitud de judíos devotos, el día de Pentecostés (ca. 30 d.C.) proclamó la resurrección de Jesús (Hch. 2:24–36). A lo largo del libro de Hechos, leemos que los apóstoles predicaron la doctrina de la resurrección a judíos y a gentiles. Lo hicieron en Jerusalén, Antioquía de Pisidia, Atenas y Roma. Esta doctrina era parte fundamental de la predicación apostólica y era básica para la fe cristiana (cf. p. ej., Hch. 17:18). Esta doctrina ha sido y es la médula del cristianismo.122

Y respecto de la importancia que tiene el hecho de que Jesús resucitó, Timothy Keller afirma: Si Jesús se levantó de los muertos, entonces tienes que aceptar todo lo que dijo. Si no fue así, ¿para qué preocuparse entonces por cualquier cosa que haya dicho? No se trata de saber si a ti te gustan o no sus enseñanzas, sino si él resucitó o no.123

Después agrega: Eso es lo que sintieron quienes escucharon por primera vez la noticia de la resurrección. Si sabían que era cierto, significa que no podemos vivir como queremos. También significa que no debemos sentir miedo a nada; de espadas romanas, del cáncer ni de nada. Si Jesús resucitó de entre los muertos, eso lo cambia todo.124

Pero sobre todas las cosas, la importancia de la resurrección de Cristo deja clara su victoria sobre la muerte.

Por eso lo llama las primicias de los que durmieron, utilizando este término para referirse a los que han muerto, con la idea clara de que serán levantados en el día final.

Y al decir que Cristo es primicia de los que durmieron, se refiere a él como el primero en resucitar. Es cierto que Lázaro, la hija de Jairo, entre otros muchos que la Biblia nos narra, resucitaron. Sin embargo ellos volvieron a morir.

Pero Cristo ha resucitado de una vez y para siempre, la muerte ya no tiene poder sobre él y esto significa que la muerte ha sido vencida, o ha perdido su poder sobre Cristo, tal como lo será con nosotros cuando seamos resucitados para quedar libres del poder de la muerte (6:14).

Por lo tanto Pablo nos explica cómo fue posible que esto ocurriera. Bien este asunto debe ser claro para todo creyente, ya que es uno de los fundamentos de la fe en Cristo : Por medio de Adán entro el pecado y por el pecado la muerte, fue así que la muerte pasó a todos los hombres porque todos pecaron (Ro. 5:12).

Esto significa que todo ser humano está en pecado, ya sea Gandhi, Buda, Teresa de Calcuta, el Dalai lama. Cualquiera de ellos que no reconoce que es pecador y necesita la salvación efectuada por Cristo en la cruz, muere en pecado y va a condenación eterna.

Lo mismo aplica para los grandes pensadores de la historia, los escritores, y los políticos en los cuales de cuando en cuando la iglesia pone su esperanza para tener recursos. Y es importante tener claro que aplica a todo aquel que cruza la puerta de nuestros templos.

La muerte ha pasado a todos nosotros, por eso Pablo es categórico al decir que al igual que todos ellos, nosotros también estábamos muertos en delitos y pecados, haciendo la voluntad del diablo, al seguir nuestros propios deseos, pero Dios, que es rico en misericordia nos dio vida en Cristo (Ef. 2:1-5).

Y es necesario resaltar esto, porque es una parte esencial para entender porque necesitamos de un salvador. Si entendemos que la muerte pasó de Adán a todo ser humano, entenderemos también que estamos bajo su dominio, y que no hay en nosotros nada que nos libere de ello. Así toma mayor claridad la obra de Cristo en nosotros.

De hecho esto también nos ayuda a responder respecto de la creación, pues si la muerte entró por medio de Adán, entonces no pudo haber sido que el australopiteco, o el hombre de Cro-Magnon hayan muerto antes que Adán. Y con esto respondemos incluso a cristianos que piensan que los seis días de Génesis 1 fueron eras geológicas, pues no hubo muerte en la creación antes del pecado de Adán y Eva.

Y aunque este tema debe ser tratado en otro estudio, es importante aclarar que el pensamiento cristiano tiene respuestas reales a todo lo relacionado con nuestra existencia. De esta forma nos enseña porque la gente actúa de la manera en que lo hace y cuál es la verdadera necesidad en sus vidas. Así vemos con mayor claridad la respuesta que ellos necesitan.

Si estamos muertos debido al pecado, lo que necesitamos es vida, y esa vida solo se recibe en Cristo. Por eso es que en Cristo somos vivificados.

Pero hay un orden: Cristo ha resucitado primero, después vienen las primicias, luego los que son de Cristo y que estén vivos en su venida. Este es el mismo orden que vemos en 1 Tesalonicenses 4:15-17, con lo cual entendemos que las primicias mencionadas después de Cristo, se refiere a los que ya han muerto en Cristo.

Y después de esto vendrá el fin. Pero es necesario que primero todo dominio y potestad sean sujetos a Jesucristo, tal como el escritor de Hebreos lo explica al comparar a Jesús con los ángeles. Nos, dice que el mundo venidero no quedó sujeto a ellos, sino a Jesús, tal como lo dice el salmo 8. Aunque aún no vemos que todo esté sujeto a él (Heb. 2:1-9).

Dios encomendó el reino a su Hijo para el período que empieza desde la venida de Cristo hasta su segunda venida. Cuando Jesús dijo: «Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra» (Mt. 28:18), pronunciaba su discurso y coronación. Cuando llegue el fin, Cristo entregará el reino a Dios el Padre, después de haber destruido todas las fuerzas espirituales enemigas. De esta forma, el reino de Cristo dura desde su propia resurrección hasta la resurrección de todos los creyentes; después de lo cual serán destruidos todos los poderes malignos.125

Por lo tanto en este tiempo está reinando para poner a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y una vez que haya cumplido con ello, entregará el reino al Padre. De esa manera Dios será el todo en todos. Es decir que en la eternidad nada será ajeno a Dios y nada se revelará a él. Así se cumple lo dicho en la carta a los romanos:

Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén. Romanos 11:36

En este punto Pablo pregunta que si no fuera así ¿Qué harán los que se bautizan por los muertos? William Barclay, después de analizar las diferentes interpretaciones que se dan a esta pregunta concluye:

Creemos que esta frase únicamente se puede referir a una costumbre que ha desaparecido de la práctica de la Iglesia completamente. En la Iglesia Primitiva existía lo que se llama el bautismo vicario. Si moría una persona que había tenido intención de bautizarse e ingresar en la iglesia, y hasta probablemente estaba ya siguiendo el curso de catecumenado, algunas veces otra persona se bautizaba en su nombre. La costumbre surgió de una idea supersticiosa del bautismo que suponía que, sin él, una persona quedaba irremisiblemente excluida de ir al Cielo, para prevenir lo cual otra persona se presentaba voluntaria para bautizarse, literalmente en el lugar del fallecido. Aquí Pablo, ni se muestra de acuerdo ni en desacuerdo con aquella práctica. Simplemente pregunta si tiene algún sentido cuando no se tiene la esperanza de que los muertos resuciten.126

Y es en este punto donde Pablo menciona el precio que le ha tocado pagar a él, apuntando al precio que cada creyente paga por seguir a Cristo. Lo cual sería inútil si los muertos no resucitan. Con esto entendemos que la resurrección es la motivación más fuerte que tenemos para renunciar a todo aquello que nos estorbe para cumplir con la voluntad de Dios y para vivir el desgaste que ello nos requiera.

Así lo expone William Barclay: Suprime la idea de que esta vida es la preparación para otra más plena que le sigue, y los lazos del honor y de la moralidad se sueltan. Es inútil discutir que no debería ser así, y que las personas deberíamos ser buenas y honorables sin esperar ninguna recompensa. El hecho es que, para el que cree que este es el único mundo que hay, las cosas de este mundo son lo único que importa. Así es que Pablo insiste en que los corintios no deben asociarse con los que dicen que no hay Resurrección; porque sería arriesgarse a contraer una infección que puede contaminar toda la vida. Decir que no existe la Resurrección no es señal de tener ideas elevadas, sino de no conocer a Dios en absoluto. Pablo aplica la palmeta para que la misma vergüenza haga volver a los extraviados al buen camino.127

Por eso recibimos una advertencia triple muy importante aquí: evitar las malas compañías (o conversaciones), velar y no pecar.

Esto debe ser así porque “vergonzosamente” dentro de la iglesia hay quienes no conocen a Dios. Por lo tanto se llegan a dar malas conversaciones o malas compañías. Por ese motivo debemos estar alerta, ya que de otro modo seremos inducidos a pecar.

Y con esto reafirma lo que hemos ido analizando. En la iglesia hay quienes no conociendo a Dios han llegado a constituirse como maestros de otros (2 P. 2:1-3). De hecho muchos han levantado grandes movimientos que dejan clara su avaricia, y con ello propician el pecado en la Iglesia. Así lo menciona nuestro Señor Jesucristo en Ap. 2:6,14,15,20,24, donde la falsa enseñanza se da dentro de la iglesia.

Por lo tanto no podemos seguir pensando cándidamente que todo aquel que se para en el púlpito, o que sale en la televisión anunciándose como cristiano, por ese simple hecho ha de predicar la palabra de Dios con fidelidad.

De ahí que en la iglesia de Corinto parecería que la idea era adaptarse al pensamiento griego, negando la resurrección de los muertos, tal como ahora muchos evitan términos como “Iglesia”, “pecado”, “homosexualidad”, etc. Incluso los cantantes “cristianos” ahora evitan mencionar a Cristo o a Dios en sus canciones, tal vez con la idea de atraer a la gente. Pero cuando tengan la atención de ellos ¿Qué mensaje les quedará entonces?

Estos predicadores que han brincado de pronto al escenario tienen la idea equivocada de que la Iglesia debe adaptarse a una sociedad cambiante. ESTO ES FALSO. La iglesia nunca fue llamada a adaptarse a la sociedad sino a animar a la sociedad a adaptarse a las enseñanzas de Jesucristo. El problema en todo esto radica en aquellos que presumen de sí mismos como líderes espirituales pero eligieron el ministerio como una carrera en lugar de haber sido llamados al ministerio.128

2.4. Una nueva imagen


Cuando hablamos de que Cristo ha de volver, no lo tenemos por un mito, ni lo debemos considerar como el regreso de un espectro que vendrá a llevarnos a un mundo metafísico. Al hablar de resurrección, hablamos de la unión del alma con el cuerpo.

Simon Kistemaker se refiere a la contundencia de la resurrección de Cristo en cuerpo físico al decir: La evidencia de la tumba vacía subraya que la resurrección de Jesús fue física. Los cuatro escritores de los evangelios describen en forma explícita que la tumba estaba vacía. Hablan de que había ángeles en la tumba junto a vestiduras funerarias (Mt. 28:5, 6; Mr. 16:5, 6; Lc. 24:3, 4; Jn. 20:6–8). El cuerpo físico de Jesús podía ser tocado después de su resurrección (Jn. 20:27), los discípulos pudieron reconocerlo con dificultad (Jn. 20:14, 15; 21:4, 7). El Señor podía entrar y salir a través de puertas cerradas (Jn. 20:19, 26) y comió un pedazo de pescado asado (Lc. 24:42, 43). En una ocasión, el Señor comió y bebió con sus discípulos (Hch. 1:4; 10:41). Con todo, su cuerpo fue transformado de tal forma que estaba sobre el espacio y el tiempo.129

La realidad es que este tema, resucitar para la eternidad ha generado curiosidad en varios cristianos que llegan a preguntar ¿y de qué edad será nuestro cuerpo? ¿Qué características hemos de conservar en nuestro cuerpo? Etc.

Seguramente la pregunta que el apóstol Pablo señala en el v.35 se debe al hecho del escepticismo de los corintios sobre la resurrección.

En el caso del cuerpo de Cristo una vez más Simón Kistemaker señala: Simplemente no tenemos respuestas para las preguntas que surgen acerca del cuerpo resucitado de Jesús. Las Escrituras no revelan esta información.130

La realidad es que lo que se nos ha revelado es poco, y a esto debemos aplicar sabiduría. Romanos 8:11 nos deja claro que nuestro cuerpo mortal será resucitado, y en los versículos 18-23 de ese mismo capítulo nos dice que en nosotros ha de ser revelada la gloria venidera que es superior a lo que sufrimos ahora. Además, toda la creación gime ahora, incluidos nosotros que esperamos la redención de nuestro cuerpo. Y junto con la creación seremos libres de la esclavitud de la corrupción (es decir que no nos desgataremos o echaremos a perder).

De la misma forma 2 Corintios 5:1-4 compara a nuestro cuerpo actual con un tabernáculo o tienda de campaña y al cuerpo en la eternidad con un edificio, del cual anhelamos ser revestidos.

Además, al meditar en lo que el apóstol pablo dice en este capítulo de 1 Corintios, encontramos que la gloria de Dios ha de manifestarse en nuestro cuerpo resucitado y transformado. Por lo que la descripción que pudiésemos recibir aquí en la tierra de tal aspecto de nuestro cuerpo pudiera ser incomprensible para nosotros ahora. Por lo tanto es muy probable que no se nos haya dado más información al respecto, pues no podríamos comprenderla, además de que no la requerimos por ahora.

Lo que Pablo explica aquí es que los cuerpos varían dependiendo de su naturaleza, ya sea de seres humanos, bestias, aves y peces. De la misma manera hay cuerpos celestiales y cuerpos terrenales.

Así que la descripción más clara de nuestro cuerpo resucitado está en los vrs. 42-49. Nuestro cuerpo mortal será sembrado (será muerto – ver Jn. 12:24), para que resucite el cuerpo incorruptible. Sembramos en deshonra para resucitar en gloria, en debilidad para resucitar en poder; sembramos un cuerpo natural para que resucite un cuerpo espiritual.

Y si como vimos anteriormente, por Adán vino la muerte y por Cristo vino la vida, nuestro cuerpo natural, cuerpo de la tierra, nos ha llevado a traer la imagen del terrenal, es decir Adán. Del mismo modo en la eternidad traeremos la imagen del celestial, es decir, de Cristo.

Esto le da sentido a las palabras de Pablo en Romanos 8:29 que hemos visto previamente: Dios nos predestinó para ser transformados a la imagen de su hijo Jesucristo para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. En Efesios 4:11-13 nos dice que la función de apóstoles, profetas, evangelistas, y pastores y maestros es la de perfeccionar o capacitar a los santos. El propósito de capacitar a los santos es llevar a cabo la obra del ministerio que ha de edificar el cuerpo de Cristo, para que de esa forma lleguemos a la estatura de la plenitud de Cristo. Para ser en todo como Cristo (v. 15).

En otras palabras, lo que Dios está haciendo en este tiempo en nosotros, es moldearnos para llegar a ser la imagen de Cristo. Ese es el propósito de lo que sufrimos, lo que aprendemos, lo que batallamos, etc., ir formando en nosotros la imagen de Cristo.

Pero el apóstol Juan aclara respecto a esta transformación actual:

Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. 1 Juan 3:2

Es un hecho que ya somos hijos de Dios, pero este proceso de transformación se completará hasta que Jesucristo vuelva. Por tal motivo Pablo dice que Dios, el que comenzó la buena obra en nosotros la perfeccionará hasta que Cristo vuelva. (Fil. 1:6). Es decir que Dios concluirá su buena obra de transformación en nosotros hasta la segunda venida de Cristo, cuando seamos transformados. Mientras tanto la imagen de Adán en nosotros seguirá teniendo su parte, y la santificación consiste en que cada vez seamos más semejantes a Cristo y menos a Adán.

Así que el Apóstol Juan escribe respecto de nuestra esperanza en la semejanza que tendremos a Cristo cuando el vuelva, al escribir:

Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro. 1 Juan 3:3

Así que la esperanza de la resurrección, y de la semejanza a Cristo nos lleva a purificarnos es decir pagar el precio necesario con tal de llegar a la meta. Esta es la importancia de entender la resurrección de Cristo para nuestra esperanza.

William Hendricksen en su libro “Mas que Vencedores” comenta: Dice el Señor: “He aquí, yo hago nuevas todas las cosas.” Es solamente Dios que puede hacer nuevas las cosas. Las personas pueden imaginar, pero en vano, que por medio de una educación mejor, un ambiente mejor, una legislación mejor, y una distribución más equitativa de la riqueza, van a introducir una nueva era, un siglo de oro, la utopía del deseo ardiente de los hombres, pero su sueño permanece como tal. Ni la economía política, ni las conferencias para deponer las armas, ni las escuelas mejores, ni los programas para una distribución equitativa de la riqueza van a introducir un verdadero siglo de oro, un cielo nuevo y una tierra nueva, un orden nuevo. Es siempre Dios quien por medio de su Espíritu hace nuevas todas las cosas (Babilonia es “grande.” Jerusalén es “nueva.” La expresión “grande ciudad” se refiere siempre a Babilonia, nunca a la nueva y santa Jerusalén). Es solamente Él que puede restaurar y renovar al hombre y el universo. Lo hace ahora, aunque en un sentido muy limitado. Va a hacerlo luego cuando vuelva Cristo.131

Así que cuando hayamos sido resucitados, lo corruptible se habrá vestido de incorrupción, y lo mortal de inmortalidad. De ese modo la muerte habrá sido vencida, o “devorada” por la victoria. El aguijón de la muerte y el sepulcro es el pecado. Ya que la muerte no podrá retenernos, el pecado no tendrá más efecto sobre nosotros.

Es interesante notar que en toda esta carta el Apóstol Pablo no ha tocado el tema de la ley, como lo hace ampliamente en varias cartas y sólo menciona que el poder del pecado es la ley.

A fin de no dejar pasar esta frase que establece una conexión Muerte – Pecado – Ley, es necesario comentar que el propósito de la ley fue el de hacer notorio nuestro pecado, para que fuéramos consientes de él, y así tomar consciencia de nuestra necesidad de salvación.132 Por lo que ni la ley, ni el pecado, ni la muerte tienen poder sobre aquel que es de Cristo.

En cuanto a la ley, porque hemos muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo (Ro.7:4-6), en cuanto al pecado, porque al haber padecido Cristo en el cuerpo por nosotros rompimos con el pecado (1P.4:1), y en cuanto a la muerte, porque al haber muerto Cristo, mediante su resurrección anuló el poder de la muerte, ya no puede retenernos en la tumba.

Ese es el motivo de nuestra gratitud “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.”

Esto debe fortalecer nuestra fe y nuestra esperanza, para que nos mantengamos “firmes” y “constantes.” De ese modo seguiremos creciendo siempre en la obra que Dios está llevando a cabo en nuestras vidas.

Pues este trabajo no es en vano. Considere con seriedad lo siguiente:

Si un médico cura a un enfermo, este seguramente un día morirá. Un dentista arregla los dientes de quien un día no podrá usarlos más. Un arquitecto construye un edificio que un día será derribado. Un político trabaja en pro de un gobierno que un día dejará de ser. Y de la misma manera, todo empresa, oficio y empleo que pueda presumirse de ser lo mejor, incluidos los soberbios “CEO’s”, se esfuerzan en pro de un sistema que un día pasará.

Pero las personas que edificamos con la palabra de Dios, aquellos que rinden sus vidas a Cristo y son transformados a su imagen, permanecerán por la eternidad. Esa edificación será lo único que permanezca más allá de esta vida.

Y como el joven que está respondiendo a un examen en la universidad y se da cuenta de que lo único que importaba previamente al examen era el haber dedicado tiempo al estudio, y las otras actividades ya no son relevantes en ese momento, así también cuando Cristo vuelva y estemos ante su presencia, lo único que contará será “que tanto fuimos transformados para semejantes a él en la tierra.” En verdad, este trabajo no es en vano.

Ahora usted podrá decidir que es más importante para dedicar su tiempo de aquí en adelante. Tal vez quiera decir como Charles Spurgeon “Si Dios te llama a predicar el Evangelio, no te rebajes para convertir en rey.”133

3. UN EQUIPO EN LA EDIFICACIÓN (16:1-19)

3.1. La participación de toda la Iglesia


Es típico del apóstol Pablo el cambio de tono tan abrupto que hay entre los capítulos 15 y 16. El capítulo 15 ha discurrido en las esferas más altas del pensamiento y la teología, y hablando de la vida del mundo venidero. El capítulo 16 trata de las cosas más prácticas de la manera más natural, y se ocupa de la vida cotidiana de este mundo y de la administración de la iglesia. No hay alturas de pensamiento demasiado elevadas para que Pablo intente alcanzarlas, ni detalles prácticos de administración demasiado insignificantes para que les dedique su atención.134

Las primeras palabras «Ahora bien, acerca de» deben indicar que Pablo está respondiendo a una pregunta que estaba incluida en la carta que los corintios le enviaron (7:1). Con estas palabras de introducción, Pablo contestó las preguntas que le hicieron respecto al matrimonio, la carne ofrecida a los ídolos, los dones espirituales, la ofrenda para los pobres en Jerusalén y Apolos (7:1, 25; 8:1; 12:1; 16:1, 12).135

Es evidente que Pablo fuera uno de los promotores principales de la ofrenda para aliviar las dificultades económicas por las cuales pasaban los hermanos creyentes en la iglesia madre en Jerusalén. Sus esfuerzos en pro de esta ofrenda se mencionan en Hechos 11:29, 30; 24:17; Romanos 15:25–28; 2 Corintios 8 y 9. Aunque el Apóstol emplea un imperativo, “haced”, no se debe pensar en esta ofrenda como algo impuesto por Pablo o por la iglesia. Más bien, no hay evidencia de que Pablo viera esta ofrenda como otra cosa sino como un acto voluntario de los corintios.136

Así Pablo instruye a la iglesia de Corinto en como recoger esta ofrenda especial, de la misma manera que lo hizo con las iglesias que había en la provincia de Galácia.

La indicación incluye “el primer día de la semana”, el cual se refiere al domingo. Además de los relatos en los evangelios sobre la resurrección de Jesucristo el primer día de la semana, sólo Hechos 20:7 y este pasaje hacen referencia a este día.

Sin embargo Simon Kistemaker explica: En la tarde del primer día de la semana, los cristianos se reunían para partir el pan, esto es, para celebrar la Cena del Señor (Hch. 20:7). Los primeros cristianos conmemoraron el primer día de la semana como el día de la resurrección de Jesús. Así que, escogieron ese día como día para adorar y tener comunión.137

En el 4:19 y 11:34 les ha avisado que irá a verlos, y nuevamente aquí está instruyéndoles para que cuando vaya ya esté lista la ofrenda que se ha de llevar a Jerusalén y las personas escogidas por la iglesia para llevarla.

Así que Pablo les comparte sus planes de pasar por Macedonia para ir a verlos y permanecer un tiempo con ellos. Pero debe estar en Éfeso primero porque hay grandes oportunidades de trabajar ahí, pese a que hay muchos enemigos.

3.2. El trabajo de muchos


Pero el trabajo bien organizado que podemos ver en esta carta, no es sólo el trabajo de Dios a través de Pablo, sino de Dios a través de muchas personas más. El primer mencionado es Timoteo. Pablo pide que le hagan sentir bien, pues Pablo sabe lo que es estar con temor y temblor en la Iglesia de Corinto (2:3). Timoteo destaca por ser joven y Pablo les pide que no le menosprecien por eso, al igual que en 1 Timoteo 4:12.

El siguiente en mención es Apolos, quien como vimos en los primeros capítulos, era muy conocido entre los hermanos de Corinto. Y Apolos es la muestra de que no conocemos en realidad a todos los hermanos que fueron instrumento de Dios para la edificación de la iglesia, pues seguramente hubo muchos más. Pero el evangelio no es asunto de protagonismos, por eso Dios nos ha dado a conocer sólo a unos cuantos.

Luego menciona a la familia de Estefanas, de los pocos a quienes Pablo bautizó (1:16) y que son de los primeros creyentes en la provincia de Acaya.

Luego Pablo indica que Estefanas, Fortunato y Acaico lo fueron a ver y eso alegró mucho el espíritu de Pablo. Y con ello vemos lo valioso que es la comunión de los hermanos que fortalece y anima para seguir adelante.

La iglesia en la casa de Aquila y Priscila es tal vez una muestra de que no eran tiempos de grandes templos, pero sí de grata armonía entre creyentes que tenían una fuerte identidad entre ellos.

En esta parte tenemos algunas instrucciones importantes: Velar, estar firmes en la fe; portarnos varonilmente, y esforzarnos. Estar a disposición de quienes ayudan y sirven. Y reconocer a los que son de edificación.

William Barclay comenta: Pablo empieza con una serie de cinco imperativos. Es posible que los cuatro primeros tengan un trasfondo militar y sean como las órdenes de un oficial a sus soldados. < Como centinelas, estad siempre alerta. Cuando os ataquen, manteneos firmes en la fe y no retrocedáis ni un centímetro. A la hora de la batalla, portaos corno héroes. Como soldados bien equipados y entrenados, pelead con bravura por vuestro Rey.» A continuación, la metáfora cambia. Cualquiera que sea la actitud del soldado cristiano para con las personas y las cosas que amenazan al Evangelio desde fuera, para con los que están dentro de la iglesia su actitud debe estar inspirada siempre por la camaradería y el amor. En la vida cristiana tienen que estar siempre presentes el coraje que no retrocede jamás y el amor que nunca falla.138

4. DESPEDIDA


Pablo escribe el saludo de su puño y letra, por lo que es posible que el hermano Sóstenes fuera quien escribiera toda la carta a excepción de esta parte.

Y como firma, escribe una advertencia semejante a la del final de capítulo 14: El que no ame al Señor Jesucristo sea maldito.

Después una palabra de aliento: El Señor viene.

Luego su bendición: La gracia del Señor Jesucristo sea con todos ustedes.

Sus palabras puede que hayan sido duras por momentos en la carta, pero Pablo pone en práctica lo que ha enseñado sobre el amor. Así que escribe una última frase que implica identidad y un amor sincero: Los amo a todos ustedes en Cristo Jesús.

Y finalmente “Amén.”

PREGUNTAS DE LA LECCIÓN 8


  1. ¿Qué significa “haber creído en vano?

  2. ¿En quién está centrado el evangelio, y en quien no lo está?

  3. ¿Por qué para los griegos era inconcebible pensar en la resurrección?

  4. ¿Hasta qué punto llegaría a afectar el hecho de que Jesucristo no hubiera resucitado?

  5. Según lo visto en esta lección ¿Por qué todo ser humano necesita la salvación en Cristo?

  6. ¿Qué nos enseña este pasaje que está haciendo Cristo ahora que está reinando?

  7. ¿Cómo resumiría lo que el pasaje nos enseña sobre nuestro cuerpo resucitado?

  8. ¿Cuáles son las tres cosas sobre las cuales Cristo nos ha hecho vencedores con su muerte?

  9. ¿Por qué nuestro trabajo en el Señor no es en vano?

  10. ¿De qué manera estos dos últimos capítulos de esta carta fortalecen su fe y su esperanza? Explique.
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