Cuestionario de la leccióN 1






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LECCIÓN 6

PENSANDO COMO CUERPO DE CRISTO (Primera Parte) (12-13)

1. INTRODUCCIÓN


¿Qué tan importante es la relación entre los cristianos? Los corintios tenían problemas con Dios por el hecho de que al participar de la Cena del Señor no lo hacían de manera digna. Ellos menospreciaban el Cuerpo de Cristo, es decir que tenían en menos la relación con sus hermanos en la fe.

¿Qué tan sabio será el dicho “no veas al hombre, tú sólo mira a Dios”? ¿Qué tanto importa la gente en nuestra relación con Dios?

Ahora que Pablo ha llamado la atención de los corintios respecto de cuidar su testimonio para no hacer caer a los hermanos y de mantener el orden correspondiente esperándose unos a otros para tomar la cena, es importante sentar las bases de la relación entre los creyentes en Cristo.

Tal vez en toda la palabra de Dios 1 Corintios 12 sea el capítulo que cuenta con más técnica didáctica, las partes del cuerpo hablan para dar una enseñanza importante y tiene una sección de repaso mediante preguntas retóricas. Es posible que sea el pasaje más claro y directo sobre nuestra relación como hermanos en Cristo, y sin temor a equivocarme, también es uno de los pasajes que se ha menospreciado más en la iglesia.

Así que al estudiarlo confío que podamos obtener de él la enseñanza que Dios nos da para pensar como “Cuerpo de Cristo” para edificar y ser edificados en Cristo.

2. SOLO LO QUE VIENE DE DIOS EDIFICA (12:1-11)

2.1. El propósito de los dones


Contrario al asunto del capítulo 8, donde el tema de lo sacrificado a los ídolos era de conocimiento de todos en la iglesia de Corinto (8:1) y por lo tanto abusaban de ello, ahora nos encontramos con el tema de los dones espirituales, el cual al parecer no era claro para todos, por eso Pablo les instruye para que no ignoren sobre ello.

Para empezar, Pablo señala que antes de venir a Cristo, éramos arrastrados a los ídolos mudos por ignorancia. Esta es la importancia de entender los asuntos espirituales, para no ser arrastrados por engañadores.

Así que Pablo deja claro un punto respecto del Espíritu Santo: Quienes reconocen a Cristo como Señor, lo hacen porque tienen el Espíritu, y quienes lo maldicen es señal clara que no lo tienen.

En esta parte Pablo no profundiza en lo que implica reconocer a Cristo como Señor, pues era un tema claro para los corintios. La relación “esclavo – señor” era de uso común en todo el imperio, así que llamar a Cristo “Señor” era un término bastante sólido. De hecho, reconocer el Señorío de Cristo llegó a ser la causa principal de persecución de los cristianos en el imperio romano, debido a que ofendía el señorío del Cesar.

Sin embargo hoy en día muchos llaman Señor a Cristo, sin tener el menor interés en servirle. Por lo tanto a ellos se aplican las palabras de Cristo “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” (Lc. 6:46).

Pero esta indicación nos muestra que no puede haber incongruencias en el Espíritu Santo. Quien lo tiene, es quien puede glorificar a Dios y de ninguna manera lo maldeciría.

Wayne Grudem señala: Podrían los corintios haber experimentado cosas bastante extrañas en los cultos religiosos paganos (lo cual quizá incluyera gritos maldicientes durante el éxtasis religioso). Pero Pablo dice que esto no sucederá en la genuina profecía cristiana. Si alguien parece estar bajo una influencia espiritual y de pronto comienza a maldecir a Jesús, aquello sencillamente no proviene del Espíritu Santo. Eso no sucede cuando se trata de los dones del Espíritu Santo.75

Además debemos entender que la unidad entre creyentes la brinda el Espíritu Santo. Aunque hay diversos dones (es decir que no todos son iguales), sólo hay un Espíritu Santo. Y aunque hay muchos ministerios, o maneras de servir, se sirve a un mismo Señor. Y también hay muchas operaciones o funciones, pero todo proviene de un mismo Dios.

Entendemos en esto que los dones; los ministerios o formas de servicio76; y las funciones, trabajos u operaciones son variados, pero hay un solo Dios.

La diversidad de dones no debe llevarnos a pensar que hay diferentes “Espíritus Santos”, que los ministerios son para diferentes “Cristos” o que las obras que realizamos son derivadas de diferentes “Dioses.”

Como el pasaje se basa en la unidad, nos habla inicialmente de la unidad de Dios. Esto lo hace para introducirnos a la enseñanza de la unidad entre creyentes.

Y a cada creyente le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Esto significa que cada uno recibe un don del Espíritu Santo. El propósito de ese don es edificar.

Algo que todos los creyentes tenemos en común, además de la salvación en Cristo, es que nos es dada la capacidad para edificar. Esto también es por gracia.

Ya desde hace mucho se ha discutido sobre la permanencia o cese de los dones. Pero es claro que los argumentos sobre su continuidad o finalización está ligada al concepto que se tenga del propósito de los dones.

Quienes sostienen que los dones han cesado, consideran que su propósito fue respaldar a quienes llevaron a cabo la escritura de los libros de la Biblia. Quienes abusan del concepto de los dones, enseñan que los dones son para demostrar que todo lo que hacen es de Dios.

Sin embargo, en ambos casos se comete el error de tomar por “dones” únicamente a aquellos que son espectaculares, restringiéndolos solo a cierto sector de la iglesia. Con esto se deja de lado dones que son edificantes, pero no espectaculares, además de colocar a un lado el concepto del “sacerdocio de todos los santos.”

Para entender el propósito de los dones, es necesario que veamos 1 Corintios 12:7 no solo bajo el contexto de este capítulo, sino bajo el contexto de toda la carta.77

Así que para indagar sobre este asunto, es bueno considerar lo que hemos estudiado preguntándonos ¿Cómo se edifica el cuerpo de Cristo?

Las respuestas pueden ser muy variadas. Algunos sostienen que es a través de lo que se ha dado por llamar “gracia común”, atribuyendo a cada ser humano la capacidad para edificar a la Iglesia si se esfuerza lo suficiente. Esto puede incluso involucrar a personas que no se han convertido a Cristo, como lo es en el caso de la moderna “psicología cristiana”, que hace uso de la psicología tradicional y de la psicoterapia, ambos muy utilizados en la consejería “cristiana” de moda. Sin embargo es necesario aclara lo que en realidad significa la gracia común.

Martin y Deidre Bobgan lo exponen de este modo: Una de las formas por las que los cristianos aceptan las terapias psicológicas y sus psicologías de respaldo es cuando se usa el concepto teológico de la gracia común. La gracia común es esa gracia dada por Dios a toda la humanidad, por la cual el hombre natural tiene un sentido innato de moralidad y podemos observar, pensar, razonar, evaluar, y llegar a conclusiones… Un ejemplo de esta gracia hacia todos se encuentra en Mateo 5:45, “vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos”… La gracia común por lo tanto permite que exista un comportamiento moral y una responsabilidad social, pero no es una gracia salvadora. El corazón natural es perverso a pesar de la ley moral colocada en él. Únicamente la gracia especial de Dios puede redimir el corazón humano y conducir al individuo por la senda de santificación y glorificación… La psicoterapia y sus psicologías de respaldo no pueden salvar ni santificar, y por lo tanto no pueden ofrecerle algo a un cristiano que le ayude a entender el alma, a vencer los problemas de la vida, o a conocer cómo vivir.78

Y así como la psicoterapia no puede edificar al creyente, tampoco los demás esfuerzos humanos pueden colaborar para el crecimiento del Cuerpo de Cristo.

Algo que ésta carta ha ido dejando en claro, es que la mentalidad del cristiano hace uso de la sabiduría y el poder de Dios y no de la del mundo. Por lo tanto, el cuerpo de Cristo no se ha de edificar con la sabiduría humana (ni siquiera con la sabiduría humana propia del creyente).

Pero deberíamos preguntarnos ¿Por qué no edificar con la capacidad humana? ¿Por qué debe ser edificada única y exclusivamente con la capacidad de Dios?

La respuesta es “Gracia”, gracia especial como los Bobgan lo han mencionado.

Que la salvación es por gracia lo entendemos todos los creyentes. Pero es una realidad que muchos también ignoran que el resto de la vida cristiana también se vive por gracia. Esto incluye los medios para edificar a la Iglesia.79

A esto hace referencia el apóstol Pablo en su siguiente carta a los corintios:

Les ruego que cuando vaya no tenga que ser tan atrevido como me he propuesto ser con algunos que opinan que vivimos según criterios meramente *humanos, pues aunque vivimos en el *mundo, no libramos batallas como lo hace el mundo. Las armas con que luchamos no son del mundo, sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas. 2 Corintios 10:2-4 NVI

Al respecto el Comentario Bíblico del Continente Nuevo expone: Todos los dones son acciones divinas que alcanzan a los hombres. Por medio de la acción de su Espíritu, Dios nos permite ser el camino por el que esa acción llega a los demás. No es mi sabiduría—el don de tener palabra sabia—sino el poder divino lo que muestra al prójimo la sabiduría espiritual; pero Dios me concede a mí la “palabra” (el uso del lenguaje) a fin de llegar a los oídos de mi prójimo, y a su corazón. Del mismo modo, el que sana a un enfermo es Dios, pero yo puedo ser el que llegue hasta él con la “fe por el mismo Espíritu” que le permita clamar a Dios confiando en sus promesas para grandes cosas en su nombre. El que tiene el don, el que ha recibido ese regalo divino, es sólo un intermediario entre el Señor que es dueño de todo, y su pueblo que todo lo necesita.80

Si fuera por nuestra sagacidad, entonces aquellos que mienten y roban para enriquecerse con el evangelio, pero a final de cuentas atraen personas a la iglesia, no serían reprobables y el uso de tales artimañas podría ser imitado sin discusión. Sin embargo quienes actúan de esta forma, manipulan el pasaje de Lucas 16:8. Tal pasaje nos llama a edificar con responsabilidad, haciendo uso de las armas que nos han sido provistas. No debemos olvidar que al venir Cristo, pondrá al descubierto las intenciones de cada corazón (4:5).

Y debemos considerar que es una realidad que quienes mienten y roban en “pro del evangelio”, en realidad piensan en su propio bienestar y no en glorificar a Dios. Generalmente usan a Dios como mero pretexto o instrumento para sus fines egoístas. Recordemos que aún la envidia es mencionada como una motivación por la cual se puede llegar a compartir el evangelio (Fil. 1:15-16).

Hemos visto Mateo 7:21-23, a aquellos que llamaban “Señor, Señor” a Jesús, y en su nombre profetizaron, echaron fuera demonios e hicieron muchos milagros; pero no hicieron la voluntad del Padre que está en los cielos. Estos nunca tuvieron una relación con Cristo, así que se les manda apartarse, porque son “hacedores de maldad.”

Esto pone de manifiesto que la sagacidad humana en realidad está al servicio de las ambiciones humanas y no de Dios.

Richard Gaffin describe esto así: Probablemente la lección más importante, y ciertamente la más difícil de aprender para nosotros, es que los dones espirituales no son la final nuestras supuestas fuerzas y capacidades, ni algo que “tengamos” (ni que nos haya sido dado), sino lo que Dios hace a través de nosotros sin contar con nuestra ayuda ni limitado a nuestras debilidades. ”Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Co. 12:9).81

Sin embargo, cuando Pablo escribe a los efesios, después de hablar de la unidad (un Señor, una fe, un bautismo y un solo Dios y Padre de todos), les habla de la gracia para edificar:

Pero a cada uno de nosotros se nos ha dado gracia en la medida en que Cristo ha repartido los dones. Efesios 4:7 NVI

A los filipenses les dice que Dios es quien produce “el querer y el hacer” (el deseo y la capacidad) para cumplir con su voluntad (Fil. 2:13). De esta manera seremos luminares en medio de una generación maligna y perversa.

Esto nos enseña que la finalidad de los dones es que no edifiquemos el cuerpo de Cristo en nuestra propia capacidad, sino que Dios es tan maravilloso que incluso nos equipa con su propia capacidad para edificar.

Así lo dice el apóstol Pedro:

Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido, administrando fielmente la gracia de Dios en sus diversas formas. El que habla, hágalo como quien expresa las palabras mismas de Dios; el que presta algún servicio, hágalo como quien tiene el poder de Dios. Así Dios será en todo alabado por medio de Jesucristo, a quien sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
1 Pedro 4:10-11

Así que, si los dones han sido dados para provecho de los demás, es decir para edificar el Cuerpo de Cristo, estos seguirán siendo concedidos en tanto que el cuerpo de Cristo necesite seguir siendo edificado.

Esto nos habla también de que hacemos mal cuando tratamos de edificar el cuerpo de Cristo basados en capacidades humanas, ya sea porque alguien es maestro en alguna escuela creemos que es apto para enseñar en la iglesia, si alguien es psicólogo, entonces ya puede aconsejar… sin embargo hay dones dados por el Espíritu para ello.

Pero el pensamiento de que todo esfuerzo humano es bueno para edificar al Cuerpo de Cristo ha sido una mina de oro para promotores de la excelencia humana, que no son más que motivadores que venden materiales y dan cursos con el propósito de ganar dinero. Esos son los John Maxwells, Dante Gebels, etc. de nuestro tiempo que buscan inyectar vitaminas humanas al cuerpo de Cristo para que funcione.

Sin embargo, Dios aún sigue dando gracia para que edifiquemos conforme a su capacidad y no a la nuestra.

2.2. Los dones como parte de la Gracia de Dios


Una de las preguntas que hicimos al inicio de este curso fue ¿Qué tanto debo prepararme que tanto debo depender de Dios? Respondamos a ello.

Cuando Josué está por conquistar la tierra prometida por Dios a Abraham, Dios mismo le manda que se esfuerce, porque él estará a su lado (Jos. 1:9). La presencia de Dios es la gracia que, aunque no se explica en el Antiguo Testamento, está implícita. Porque la compañía de Dios es el querer y el hacer del que Pablo habla en Filipenses 2:13. Así que cuando Pablo instruye a Timoteo, le manda que se esfuerce en la gracia que es Cristo Jesús (2 Tim. 2:1), porque para Timoteo la gracia era un tema conocido y entendido.

Así que para dar una respuesta clara a la pregunta propuesta anteriormente, debemos tener claro lo que es la gracia. Es todo aquello que necesitamos, pero que no merecemos y no podemos adquirirlo por nosotros mismos y que Dios nos lo brinda de manera gratuita.

En este contexto nos referimos a todo aquello con lo que Dios nos equipa para que cumplamos con su propósito.

Por lo tanto, una vez equipados con esta gracia y enfocados en el propósito de Dios, debemos esforzarnos. A esto es a lo que se refiere Pablo al hablar de edificar sobre el fundamento que ha sido establecido, el cual es Cristo.

El centro de esta carta es que cuando construimos fuera del plan de Dios, o en nuestra propia capacidad, no estamos haciendo lo que debemos. Lo correcto es edificar de acuerdo al plan de Dios con las capacidades (o herramientas) que Dios nos ha dado.

Y aunque estas capacidades son diferentes, es decir que no todos recibimos los mismos dones, son dadas por el mismo Espíritu según su voluntad.

3. LA MENTALIDAD DE CUERPO (12:12-31)


Ya en los primeros versículos hemos visto sobre la unicidad de Dios, un mismo Espíritu, un solo Señor, un mismo Dios.

Ahora pasamos a estudiar la unidad entre todos los creyentes. Eso es lo que los versículos 12 al 14 enseñan. Un cuerpo cuenta con muchos miembros: ojos, pies, manos, hígado, pulmones, etc; pero es un mismo cuerpo. Así es exactamente con Cristo. Es un solo cuerpo pero con muchos miembros.

Este es uno de los puntos más importantes que debemos entender en cuanto a nuestra relación como creyentes en Cristo. Somos muchos, pero todos somos miembros del mismo cuerpo.

Esto se debe a que el Espíritu Santo que nos ha sido dado, que habita en nosotros, es el mismo. Nadie recibe un Espíritu mayor que otro.

Es cierto que de cuando en cuando surgen individuos que se sienten “ungidos” por un Espíritu Santo “superior”, y lavados en una sangre VIP de Cristo. Y en su afán por vivir como seres superiores han creado el producto más rentable en los años recientes de la iglesia.

Este producto es llamado “la unción.” Si bien no les queda otra opción que aceptar que los creyentes tenemos el mismo Espíritu, no es suficiente dicen ellos; debes tener también “la unción.”

Y ya que tal idea es contraria a lo enseñado en este capítulo, eso muestra que este es uno de los pasajes más ignorados en la Biblia. Pues los dones, es lo que el Espíritu da para edificar, y lo da a todo creyente.

Sin embargo, estos individuos, soberbiamente se dicen portadores de “la unción.” Y han creado un ridículo catálogo de “unciones”, por ejemplo: unción de poder, unción de abundancia, unción de gozo, unción de sanidad, unción de libertad financiera, etc. Lo que la gente requiera, ellos lo tienen en la versátil presentación de unción. Así que al ser contratados para alguna conferencia, ellos transmiten el poder de la “unción” a quienes estén dispuestos a recibirla. Esto hace que se conviertan en conferencistas deseados y exclusivos. Sin embargo esto no es más que una forma moderna de las indulgencias.

Así que, como hemos dicho, este ha sido el mejor producto que se vende en las iglesias posmodernas. Pues así se les dice a las personas que, el conferencista que está al frente, bien vale el costo de la inscripción que pagaron, o la ofrenda que le hicieron.

De este modo, confiando en el poder que se supone emana de tal personaje, las personas sienten que su relación con Dios mejorará, que su vida cambiará, que finalmente dejarán ese hábito que tanto les molesta, o que se acabarán sus problemas financieros.

Y de esta forma ellos basan su superioridad sobre el cristiano común, pues se les cataloga como “varones o mujeres de Dios”, en fin, cristianos con unción.

Sin embargo, la primera carta del Apóstol Juan, la cual está dirigida a todos los creyentes en Cristo (1 Jn. 1:1-4); afirma que tenemos la unción del Santo (1 Jn. 2:20), y que la unción que de él recibimos permanece en nosotros, y aún la unción misma nos enseña todas las cosas (1 Jn. 2:27).

Así entendemos que la unción es el Espíritu Santo, con el cual fuimos sellados para el día de la redención (Ef. 1:13-14).

En cuanto a esto David King escribe: El punto de todo esto es que ninguna separación puede ser hecha entre Cristo y el Espíritu en la vida de los cristianos y la iglesia. Algunas veces se nos dice, “Cree en Jesús para ser salvo; ahora necesitas avanzar más y recibir el Espíritu.” Se da la impresión de que (1) creer en Jesús para ser salvo es necesario si quieres ir al cielo, pero las experiencias verdaderamente grandiosas de la vida cristiana vienen a ti después que recibes al Espíritu, y que (2) recibir el Espíritu es diferente y posterior a recibir a Cristo en la salvación. La gente que cree esto habla del Espíritu como una “segunda bendición” o una segunda obra de la gracia que mueve a los cristianos de ser solamente salvos a realmente conocer y vivir en el poder de Dios. Pero Pablo refuta esta herejía al decir, “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo” (1 Cor. 12:13). No existe un grupo “elite” de los súper-cristianos o cristianos “espirituales” que han sido bautizados por el Espíritu, mientras que otros son débiles y ordinarios. Todo el que es verdaderamente cristiano (“nacido de nuevo por el Espíritu”, Juan 3:5-8; Tito 3:5) ha sido bautizado por el Espíritu (“todos”) y es habitado, guiado y otorgado poder por el Espíritu (Rom. 8:9-15).82

Por lo tanto, la unidad entre los creyentes tiene un fuerte lazo que es el Espíritu de Dios habitando en cada uno de nosotros por igual. El Espíritu Santo del cual se nos ha dado a beber a todos, nos da identidad como creyentes en Cristo.

Ahora bien, nuestro cuerpo, siendo uno solo, tiene muchos miembros. El pie no tiene que convertirse en mano para ser parte real del cuerpo, ni la oreja debe ser similar al ojo para ser parte del cuerpo.

El olfato, el oído, la vista, el tacto, el gusto; todos ellos dependen de diferentes miembros del cuerpo, por lo que si todo el cuerpo fuera un solo miembro, se dejaría fuera a la mayoría de estos sentidos.

Por otro lado, cada miembro depende de los demás miembros para subsistir y funcionar. El ojo no es independiente de la mano, ni la cabeza de los pies. Todos los miembros en el cuerpo sirven los unos a los otros y aun los que parecen menos importantes tienen una función que cumplir en el cuerpo.

Si este ejemplo es claro, entonces debemos entender que exactamente lo mismo aplica para la iglesia. Hay quienes predican, quienes evangelizan, quienes dan clases; pero ellos también requieren de aquellos que sirven, que aconsejan; incluso de quienes hacen el aseo, de los que se dedican a interceder.

El que hace milagros no es independiente del que acomoda cosas o del que toca la música. Pues el cuerpo de Cristo está conformado por todos los creyentes en Cristo, y cada uno tiene una función que cumplir.

Así es como los corintios debían verse unos a otros, sobre todo al tomar la Cena del Señor. Somos miembros los unos de los otros y lo que afecta a uno, afecta a los demás, lo que alegra a uno alegra al resto. Pues no somos una organización, sino un cuerpo.

Ahora bien, en la iglesia hay quienes piensan que la única relación que importa es la relación con Dios. Que la gente está de más y que si bien, puede ser usada por Dios, es pérdida de tiempo el compartir con ellos.

Eso es un sello característico en las alianzas de pastores, donde el dicho “si es solo para desayunar juntos y no para trabajar, entonces la reunión es solo pérdida de tiempo” Por que fingen ser muy trabajadores y no les importa el tener comunión con los demás pastores para animarse unos a otros.

Y no es ajeno esto a una gran cantidad de ministerios extra-iglesia, pues los involucrados en misiones, pregonan que las misiones son lo que más importa, los que trabajan en la obra social, afirman lo mismo, igualmente las asociaciones evangelisticas, etc. Y es algo muy cierto que muchos de ellos reprochan amargamente a los pastores por no enfocar todos sus recursos y esfuerzos en el ministerio que ellos promueven. En serio que esto puede llegar a volver loco al pastor.

Pero la enseñanza es importante, el salir a evangelizar es importante, el enviar a otros países creyentes y sostenerlos es importante, todo es importante cuando se trata del evangelio de Cristo, ¡Pero todo tiene un orden y nada es superior a lo demás!

He escuchado a promotores de Agencias Misioneras decir tontamente “no envíe a cualquiera, envíe a los mejores.” Y disculpe, pero al decir “tontamente” me refiero a que eso significa que no toman en cuenta que esto depende de ser llamado por Cristo y equipado con los dones que para ello se requiere.

Y si esto ocurre a nivel entre iglesias y Asociaciones de Ministerios, también ocurre en cada iglesia local. Pero esto está influenciado por la manera en que se ve a los demás creyentes. Esto es algo en lo que Pablo busca formar la mentalidad correcta.

Ahora bien, hay quienes en la iglesia tienen “Mentalidad de Grupo.” Ellos solo ven gente y no tienen relación con nadie. Es cierto que en algún momento esto ocurrió con cada uno de nosotros al llegar a la Iglesia. Mientras no formábamos relación con otros, estábamos solo entre un grupo de personas. Un grupo solo tienen relación en el momento de la reunión, de modo que una vez terminada la reunión el grupo se disuelve.

En esta mentalidad permanecen estancados aquellos que no tienen el más mínimo interés en los creyentes, y aunque aleguen que su relación es sólo con Cristo, la realidad es que ni con él tienen relación. Si uno deja el grupo, no siente el más mínimo dolor.

Por lo tanto es importante crecer de la “Mentalidad de Grupo” a la “Mentalidad de Familia.” Pues cuando la reunión del grupo termina, las familias permanecen juntas. Esta mentalidad le gusta a la mayoría de los creyentes y quisieran permanecer en ella, porque hay afecto y convivencia, pues aun cuando el grupo se ha separado, se vuelven a reunir para seguir conviviendo. Pero al igual que el grupo, las familias también tienden a separarse en algún momento. Pues cada miembro tiene sus propias actividades e intereses. Además, si un miembro de la familia no trabaja, los demás lo mantienen. Pero la familia es una forma de pensar respecto de la Iglesia, de la cual tenemos que avanzar también.

La “Mentalidad de Cuerpo” tiene las características que menciona 1 Corintios 12. Aun cuando la reunión del grupo ha terminado y el grupo se ha separado, las familias van a sus actividades y se separan. Pero el cuerpo siempre permanece unido, pues estar separado del cuerpo trae la muerte del miembro que se aparta.

Y así es como sucede cuando alguien deja de congregarse, se va enfriando hasta que su relación con Dios se ha secado. ¿Y porque podríamos afirmar que esto es así?

Sencillo, porque el cuerpo tiene una función: “Edificar.”

Piense por un momento en todas las cosas que un cristiano puede hacer sólo en su casa: Orar, leer la palabra (esperamos de hecho que lo hagan en su casa). Pero también puede pararse frente a un espejo y predicarse un sermón, pude darse una clase, entonar cantos y hasta recoger ofrenda… diríamos que puede hacer todo lo que se hace en la reunión de la Iglesia, menos una cosa: ser edificado.

En el cuerpo todos los miembros trabajan para el bien de todo el cuerpo. Si algún miembro del cuerpo deja de cumplir su función, entonces el cuerpo sufre daño y empieza a padecer algún trastorno.

De la misma forma, en este pasaje el apóstol Pablo enseña que ningún miembro es superior a los demás, de hecho hasta los más débiles son más protegidos y los menos dignos de decoro se visten con mayor decoro. De este modo no hay desequilibrio en el cuerpo. Y esto mismo debemos pensar respecto del cuerpo de Cristo, el cual es la iglesia.

Así que no todos tenemos los mismos dones debido a que debemos cumplir con diferentes funciones dentro del mismo cuerpo de Cristo.

Pero ¿Por qué será que aún hay grupos que insisten en que todo aquel que tiene el Espíritu Santo debe hablar en lenguas? Es una realidad que eso es contrario a lo que enseña este pasaje, y esta es una razón más para afirmar que este pasaje ha sido gravemente menospreciado.

Es cierto que se pretende sustentar tal enseñanza principalmente en Hechos 2:1-13. Sin embargo este pasaje es la narración de un hecho, y 1 Corintios 12 es la explicación clara de un tema que involucra este hecho. Algunos hablan lenguas, pero no todos, porque nuestras funciones son distintas en el cuerpo de Cristo.

Y esto se afirma con la última parte de este capítulo 12 de 1 Corintios, una sección de preguntas retoricas ¿son todos apóstoles? Definitivamente la respuesta es no, pues estamos concluyendo lo visto en el capítulo. De la misma manera la respuesta es “NO” para profetas, maestros, hacer milagros, dones de sanidad, y no queda fuera el hablar lenguas. Algunos contarán con este don, pero no todos.

Ahora bien, es el Espíritu de Dios quien da los dones como él quiere, esta es la gracia de Dios. Sin embargo mayor aún es la gracia de Dios al darnos la oportunidad de procurar o anhelar los mejores dones. Es decir que podemos orar a Dios a fin de ser investidos de algún don en particular para edificar.

4. EL CAMINO MÁS EXCELENTE (12:31-13:3)


Como hemos visto los dones son la capacidad de Dios para edificar. Y edificar es la palabra clave en esta sección de la carta. De hecho la meta en la mentalidad de Cristo o pensamiento cristiano, es la edificación del cuerpo de Cristo. Todo lo que la carta ha dicho hasta este punto, es con el fin de establecer la base para una verdadera edificación.

Por lo tanto es necesario recordar lo que leímos al inicio del capítulo 8 ¿Qué es lo que edifica? La respuesta no debe nunca dejar nuestra mente… lo que edifica es “el amor.”

Esto es lo que Pablo llama “un camino más excelente.”

Imagine que tiene un auto que puede alcanzar hasta 300 km/hr. Tiene una formidable estabilidad, y el mejor sistema de frenado que existe. Además su carrocería es altamente atractiva, pero…. ¡Oh no! Se acabó la gasolina y debido a algún problema no la podrá conseguir hasta dentro de varios días. Mientras tanto ¿Qué es lo que tiene en realidad? No tiene nada que sea más útil que un montón de chatarra.

Veamos otro ejemplo, una supercomputadora, lo más avanzado en tecnología. Hace lo que usted desee, e incluso habla. Es capaz de resolver todo reto que se le ponga, pues cuenta con el más moderno procesador. Pero… Nuevamente diga conmigo, ¡Oh no! ¡Se fue la luz! y no volverá hasta dentro de unos días. Además no contamos con planta eléctrica. ¿Qué tenemos en realidad? Algo menos útil que un pisapapeles, porque incluso estorba.

Así es todo ministerio investido con los mejores dones. Hablar lenguas humanas y angélicas pero sin amor, es lo mismo que hacer sólo ruido. Don de profecía, de sabiduría, de conocimiento o de fe, pero sin amor; es igual a no tener nada. El don de misericordia y el de martirio, pero sin amor… de nada sirve.

¡Un momento! Detengámonos en la frase anterior ¿Cómo es posible que hacer misericordia, vendiendo mis bienes para dar de comer a los pobres, o que pueda yo mismo sacrificarme ¡Y no tener amor!?

Pues de acuerdo al pasaje es posible. En realidad lo hemos mencionado ya, aún evangelizar puede ser hecho por maldad. Lo vimos en el 4:5 “Dios aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios.”

Tendremos que repetirlo a fin de comprender más claramente lo que el pasaje enseña: Muchas cosas buenas se pueden hacer con malas intenciones.

Hoy en día hay muchas personas llevando alimento a los necesitados, no por amor, sino porque les han dicho que si hacen cosas buenas se irán al cielo, eso es egoísmo en realidad. Muchas señoras de la alta sociedad ayudan a los necesitados, porque sus propios hogares están destruidos, tal vez un ejemplo de esto se la fallecida princesa Diana. Muchas grandes empresas tienen fundaciones o Instituciones de Asistencia Privada (IAP) a fin de evitar pagar impuestos. El cargo de conciencia, la avaricia, el deseo de ganar el favor de alguien pueden ser motivos muy fuertes para hacer cosas buenas por otros, pero al final sólo son egoísmo.

Pero si esto ocurre afuera de la Iglesia, entendemos que se debe al dominio del pecado en el corazón y la naturaleza humana. No pueden amar correctamente pues no aceptan el hecho de que han sido amados por Dios quien les brinda la salvación por gracia.

Lo que debe llamar nuestra atención es cuando esto ocurre dentro de la Iglesia. Iglesias llenas de dones, pero sin amor. Evangelistas que se plantan en los grandes estadios, pero a cambio de jugosas ofrendas… predicadores en enormes auditorios y canales de televisión, buscando fama… misioneros que se desgastan en lugares lejanos, pero resentidos con las iglesias de sus países… todo esto puede llevarse a cabo sin amor.

De hecho en algún tiempo se puso de moda que las iglesias organizaran Asociaciones Civiles, supuestamente con el objeto de ayudar a los necesitados. La realidad es que muchas se establecieron para recibir donaciones, otras para evitar registrarse como Asociaciones Religiosas,83 otras para poder registrar alguna propiedad a nombre de un grupo, etc. pero no precisamente con la finalidad honesta de ayudar a los necesitados.

Sin embargo debemos ser honestos, el problema mayor en todo esto es “la falta de un concepto claro del Amor.”

Guillermo Serrano en su libro “La predicación, imagen de la PALABRA”, da una excelente enseñanza sobre la predicación, en verdad el libro es muy edificante. Sin embargo casi al final, le da un balazo a su propio libro al citar como ejemplo de exposición bíblica un mensaje del Reverendo Aldão Carlos Nascimento el cual dice: Otro principio establecido por Jesús es que el matrimonio debe estar basado sobre el compromiso y no sobre el amor… Pero el amor debe verse y entenderse como la corona del matrimonio, y no como su base. El amor, como sentimiento emocional subjetivo, está sujeto a muchas vicisitudes y por lo tanto, no puede garantizar el éxito a una institución tan importante – como lo es el matrimonio.84

Este ejemplo nos muestra que la necesidad de un correcto concepto del amor es en verdad urgente dentro de la Iglesia. Lo que citamos aquí bien puede ser el ejemplo de la mentalidad de muchos respecto del amor: sentimiento emocional subjetivo.

Sin embargo, en toda la Biblia, no hay palabra más importante que el amor y no hay palabra más menospreciada por la Iglesia que la palabra “amor.”

Palabras como “Dios”, “Cristo”, “salvación”, “todo poderoso”, “santidad”, “mandamientos”, “ley”, “justicia”, “pacto” “fe”, etc. son importantes y no debemos tomar el nombre de Jehová nuestro Dios en vano. Sin embargo, todo esto lo conocemos debido a que Dios, por amor decidió revelarse a nosotros.

Este “amor de Dios” nos remite en muchos pasajes al sacrificio de Jesucristo (ver: Jn. 3:16; Ro. 5:8; Ga. 2:20; Ef. 5:2,25; 1 Jn. 3:16, 4:9,10; Ap. 1:5).

Como cristianos debemos tener claro el concepto del amor, para pensar correctamente, incluso respecto de nuestra propia salvación. Pensar del amor como un sentimiento, algo emocional o subjetivo, nos traería serios problemas para comprender 1 Jn. 4:8 y 16, que nos señalan que “Dios es amor.”

Por otro lado, es importante notar como en el Nuevo Testamento la palabra “mandamiento” en varias ocasiones viene relacionada con la palabra “amor” o alguna de sus acciones, pues el mayor mandamiento es amar a Dios (Mt.22:37-38), el segundo mandamiento es amar al prójimo (Mt.22:39) y el nuevo mandamiento es que los creyentes nos amemos unos a otros (Jn. 13:34), de igual manera 1 Jn. 2:15 nos manda no amar al mundo, y Gálatas 6:2 nos dice que llevemos los unos las cargas de los otros y así cumplamos la ley de Cristo.

¿Cómo podríamos entender los dos mandamientos más importantes de toda la Biblia que nos ordenan amar si no entendemos a lo que se refieren al hablar de “amar”?

Y debo recalcar esto “nos ordenan”, no nos sugieren ni nos aconsejan, ni aún nos piden, sino que “nos ordenan”, porque son MANDAMIENTOS, y nos dicen que debemos “amar.”

Si la orden es “amar” entonces estamos ante algo que no es, ni sentimental, ni emocional, ni subjetivo. Por el contrario, es algo que está bajo nuestro dominio y debe ser claro, pues debemos ser conscientes de si lo estamos haciendo o no.

Pero ya que vemos la relación entre “el amor de Dios” y el “sacrificio de Jesucristo”, entendemos que el amor está relacionado con “el compromiso.” Ese sería el primer apunte del cual quienes piensan como el Rev. Nascimento deben tomar nota.

Si amar es algo que se nos ordena, entonces inicia con la decisión de llevarse a cabo, y como en la Biblia encontramos que el amor de Dios está relacionado en todos los casos con habernos dado a su hijo, entonces va de la mano con la decisión de dar.

Pero es tema de la siguiente lección el concepto claro del amor, pues es lo que los siguientes versículos nos enseñan.

“Edificación” es la palabra importante en esta lección. Dios nos da la capacidad para edificar al darnos los dones, así no dependeremos de nuestra sagacidad o astucia para edificar al Cuerpo de Cristo.

Pero nos aclara que los dones no cumplen su función si no son usados correctamente y esto significa que debemos amar. El Cuerpo de Cristo es edificado cuando por amor a los hermanos, y por amor a Dios, ponemos estos dones al servicio de los hermanos.

CUESTIONARIO DE LA LECCIÓN 6

  1. ¿Cuál es la finalidad de los dones?

  2. ¿Qué es la gracia común?

  3. ¿Cuáles son las dos cosas que requerimos para esforzarnos correctamente?

  4. ¿A qué se refiere la Biblia cuando habla de “la unción”?

  5. ¿Cuáles son las tres mentalidades explicadas en esta lección sobre nuestra relación con los demás creyentes?

  6. De estas tres mentalidades ¿a cuál debemos llegar para edificar correctamente?

  7. ¿Cuál es la meta en la mentalidad de Cristo o pensamiento cristiano?

  8. Complete la frase: Muchas cosas buenas se…

  9. ¿Por qué decimos que el amor es algo que está bajo nuestro dominio y debemos saber si lo estamos haciendo o no?

  10. ¿Cuál ha sido la palabra importante en esta lección?
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