Cuestionario de la leccióN 1






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LECCIÓN 3

NUESTRO TESTIMONIO A LA SOCIEDAD (5-7)

1. INTRODUCCIÓN


El apóstol Pablo ha explicado la posición correcta que tienen los ministros de Cristo en la edificación de la iglesia. También ha explicado la diferencia entre la sabiduría de Dios y la sabiduría humana. De esta forma va llevado a los corintios a examinar su manera de pensar hasta el punto en que les dice que hay vanidosos entre ellos; esto lo hace como una forma de preparación para confrontarlos con los conflictos que han surgido como resultado de su vanidad.

Es de esperarse que si una iglesia está dividida y tiene discordia entre sus miembros, haya pecados más profundos en la vida de sus miembros. La Iglesia no puede ser una pantomima o una mera fachada. Si Cristo es el Señor de su Iglesia, entonces quienes participan en ella deben ser edificados y sus vidas deben ser transformadas. Esto puede llegar a incluir un trato severo con tal de que las personas sean edificadas.

Veamos pues a través de los tres capítulos siguientes, como es que debemos pensar diferente al mundo. A través de estos pasajes aprenderemos como es que nuestro testimonio es una evidencia para la sociedad de que Cristo verdaderamente es el salvador.

2. LA CORRECCION HASTA DONDE SEA NECESARIA (5:1-13)

2.1. El Resultado De La Soberbia Dentro De La Iglesia


¿Qué pasa cuando una persona es vanidosa o arrogante? Llega a ser soberbia, es decir que considera que no necesita a nadie y por lo tanto no debe crédito a nadie por lo que ha logrado en su vida.

Gene A. Getz define a este tipo de persona de esta forma: “Un soberbio es ególatra porque la suya es la única autoridad que reconoce. A menudo, también es codicioso y vano... En concreto, un hombre soberbio construye al mundo alrededor de él mismo, quiere hacer lo que le place. Además es testarudo.37

Así que cuando una persona se siente satisfecha de sí misma, empieza a menospreciar los límites y darse algunas concesiones. Al llegar a este punto, piensa que las reglas que aplican para todos los demás no aplican para él. Así que vive de acuerdo a las reglas determinadas por sus pasiones y desecha la palabra de Dios. Hay creyentes que han llegado a este punto por descuido en su relación con Dios. Pero también en la iglesia hay quienes son así porque nunca se han convertido a Cristo.

Entre los corintios algunos estaban envanecidos, se comportaban como carnales, siendo que ya deberían ser maduros en Cristo. Es por eso que la vanidad que había en ellos era muestra de su inmadurez, como si no tuvieran a Cristo. A esto se debía la actitud que tenían de sentirse “reyes”, actuando como si no requirieran instrucción, tal como lo vimos en la lección anterior y por lo tanto estaban expuestos a las consecuencias de la vanidad.

Esto puede ser muy peligroso, aunque se piense que no es un problema. El orgullo lleva a las personas a presumir lo que es vergonzoso, y a ridiculizar lo que es correcto. Es en ese momento que la iglesia hace burla del que es espiritual y exalta al soberbio. Y ellos se jactaban de un pecador que había entre ellos. No podemos afirmar que se jactaban del pecado en sí, pero sí de la situación que se había presentado.

El caso que se menciona aquí es que uno tenía por mujer a la esposa de su padre. Esto es algo que aún para los incrédulos resultaba inaceptable. Y podríamos decir que pese a no tener a Cristo en su vida, hay ciertos límites que los no creyentes llegan a respetar en cierto grado. Hemos visto que pueden esforzarse en ser más morales que los cristianos, porque buscan alcanzar salvación por sus obras.

Martin y Deidre Bobgan, refiriéndose a la gracia común afirman: “La gracia común explica por qué los no creyentes exhiben un comportamiento moral y una preocupación hacia otros humanos, y por qué pueden avanzar y sobresalir tanto en el arte como en la ciencia. Una Escritura que respalda la idea de la gracia común es Romanos 2:14-16… Los gentiles no tenían la ley (la revelación especial), pero sí tenían una ley escrita en sus corazones. Esta gracia en común de una – ley escrita en sus corazones – sirve para refrenar la maldad y conduce a una cierta medida de moralidad y bienestar social… La gracia común por lo tanto permite que exista un comportamiento moral y una responsabilidad social, pero no es una gracia salvadora.38

En el pensamiento cristiano es importante ubicar al ser humano de la manera correcta. Es capaz de gran crueldad, y también de ejemplar bondad. Esto se debe a que fue creado a imagen y semejanza de Dios, pero también fue dañado por el pecado y vive rebelándose constantemente contra Dios.

Sin embargo, cuando un creyente, como el que aquí se menciona, se rebela contra Dios, y su corazón se ha endurecido, ya no es sensible a la reprensión del Espíritu Santo. Por lo tanto brinca todo límite y llega a cometer pecados mayores que los no creyentes.

El Apóstol Pablo espera visitarlos pronto y no desea hacerlo para regañarlos, por eso se adelanta a corregir a la iglesia a partir de este momento. La reprensión que les hace es que en lugar de sentirse orgullosos deberían estar tristes y lamentando tal situación. Además, debiendo haber expulsado ya a tal persona de la congregación, no lo han hecho.

Pablo ha juzgado ya a quien ha cometido tal pecado. Aquí introduce nuevamente el asunto de juzgar. Es cierto que debemos juzgar las cosas, pues tenemos el Espíritu de Dios, y es cierto también que al final de los tiempos Dios pondrá en evidencia las intenciones de cada corazón. Pero también es necesario que en la Iglesia haya sabiduría para discernir la situación y la forma de vida de sus miembros. De esa forma se puede animar, instruir o corregir a cada uno según su situación.

Y como la iglesia de Corinto tiene problemas al tener gente envanecida, es necesario que alguien con madurez juzgue tal asunto, eso le corresponde a Pablo a falta de creyentes maduros en la Iglesia.

El les indica que como iglesia deben entregar a tal hombre a Satanás. Esto suena fuerte y puede dar la impresión de tener un trasfondo ocultista. Pero no es algo difícil de entender.

Por un momento pensemos en una persona que no tiene a Cristo en su vida. No le busca ni le conoce. Pero tiene un problema y entonces acude con algún creyente en Cristo y le pide que ore por su problema. Así que este creyente, o la iglesia reunida, interceden por tal persona y Dios responde a la oración de su pueblo. Así la intercesión de la iglesia llega a ser como un escudo o un alivio para tal persona.

Ahora pensemos que tal persona ve el beneficio de tener una relación con los creyentes, aunque no la tenga con Dios. Así que se congrega, pero sigue en pecado porque no ha reconocido su necesidad de perdón y salvación en Cristo. Sin embargo es cobijada por la oración y el consejo de los creyentes.

Bueno, volviendo al caso del pasaje, apliquemos las palabras del Apóstol Pablo “entregarle a Satanás.” Esto se refiere a que la Iglesia debe dejar de darle esa protección y que su vida quede expuesta a las consecuencias derivadas de su pecado.

La finalidad es que aunque sufra en su cuerpo, se vuelva a Cristo y sea salvo. Pues es claro que Pablo no dice estas palabras por resentimiento o por venganza, sino para que tal persona vuelva a Cristo. De hecho este asunto es tocado nuevamente en la siguiente carta que le escribe a esta Iglesia (2 Co. 2:5-11) donde les dice que ya es tiempo de perdonar y consolar a tal persona.

Es importante notar que el objetivo de esto es tratar a la persona que se ha envanecido y por lo tanto no siente el más mínimo remordimiento por su pecado. Es para llevarle a reconocer que en verdad está en pecado y que necesita arrepentirse y venir a Cristo. Esto puede ocurrir con alguien que siendo creyente haya descuidado su relación con Cristo y convencido de que como ya tiene salvación, entonces puede hacer lo que quiera. Así que se envanece y necesita ser tratado por Dios mientras no reconozca su necesidad de arrepentimiento. Ese parece ser el caso en este pasaje.

Pero la iglesia no ha de andar entregando a Satanás a cualquier persona que tropiece o tenga una falla. Esto se aplica a quienes en su soberbia no reconocen la necesidad de arrepentimiento y no están dispuestos a dejar el pecado. 39

Pablo les dice que él está ausente en el cuerpo pero los acompaña en espíritu. Esto es un asunto verdaderamente importante, pues si en la iglesia de Corinto se habían dado ya casos de división, envanecimiento, pleitos, etc. la realidad es que difícilmente se aceptaría la autoridad de alguien al interior de la iglesia. Entonces como ya lo hemos mencionado, era necesario que alguien con autoridad reconocida participara en este asunto. Por eso al decir que los acompaña en espíritu, se refiere a que él respalda lo que los corintios han de hacer.

Sin embargo algunos han llegado a darle a esta expresión un toque mágico (y de brujería) al decir que Pablo hizo un viaje astral desde el lugar donde estaba hasta la ciudad de Corinto. Aunque esto suene risible, se ha puesto de moda últimamente con la influencia del esoterismo en la iglesia, y el surgimiento de varias personas que aseguran haber ido al cielo y/o al infierno y haber vuelto para contarlo, al más puro estilo de Dante Alighieri y su Divina Comedia.

2.2. Cuidando la relación con personas que aparentan ser de Cristo y no lo son.

Debido a que volverse jactancioso (o presumido), es derivado de la arrogancia que da la autosatisfacción, se vuelve un asunto delicado. Pablo les amonesta porque con un poco que resbalen, será suficiente para caer completamente. Lo que empieza con pequeñas concesiones puede terminar en grandes perversiones. Él utiliza la expresión “un poco de levadura leuda toda la masa.” Hace referencia a la advertencia que Jesús hizo a sus discípulos de cuidarse de la levadura de los fariseos, la cual es la hipocresía (Lc. 12:1). Lo que estos hacían era para impresionar y no de manera honesta, estaban inflados.

Así que debemos limpiarnos de la vieja levadura, la cual incluye la malicia y la perversidad (maldad). Esto puede inflar a los creyentes haciéndoles pensar que son grandes. Pero se nos llama a celebrar la fiesta con la sinceridad y la verdad porque Cristo, que es nuestra pascua ya fue sacrificado.

Aquí es fácil caer en la influencia del movimiento mesiánico que dice que este pasaje nos indica que debemos celebrar la fiesta de la Pascua como se hacía en el Antiguo Testamento. No pocas iglesias actualmente han sido arrastradas por el error y la arrogancia de este movimiento.

Pero notemos lo que en realidad nos dice: Cristo es nuestra Pascua y ya fue sacrificado. Por lo tanto los panes no son los que nos comemos, sino nosotros mismos, pues somos la masa nueva, la cual no está inflada con las apariencias que proveen la malicia y la perversidad, pues lo que hay es la sinceridad y la verdad. La fiesta es nuestra relación con Dios, pues la pascua era la sombra de nuestra pertenencia a Cristo.

En realidad está hablando de nuestra forma de pensar y de vivir, pues este es el tema que acaba de tratar (y que trata a lo largo de la carta). Y si usamos de un poco de hipocresía, de malicia y perversidad, entonces nos inflamos de pecado. Tal era la situación de la iglesia en Corinto.

Como vemos, el Apóstol no ha dejado el tema de la vanidad y nuestra necesidad de pensar como cristianos. Así que les aclara a los corintios que ya en una ocasión anterior les había dicho que no se juntaran con los fornicarios, avaros, ladrones e idolatras. Pero ahora les aclara que no estaba hablando de los no creyentes. Si se tratara de apartarnos de los no creyentes que son avaros, ladrones o idolatras, necesitaríamos salir del planeta.

Es importante recordar que únicamente hay una clasificación de las personas que es importante para Dios: Los que son de Cristo y los que no. Quienes somos de Cristo no podemos quejarnos de los no creyentes, pues ya sabemos que viven en pecado por muy buenos que sean. En cualquier momento su pecado se manifestará en alguna actitud. Ellos no tienen libertad para hacer lo correcto, aunque busquen hacer cosas buenas. De hecho debemos esperar que aquello bueno que hagan lo hagan por egoísmo. No tiene caso quejarse del político, del gobernante, del vecino, del maestro, etc. Ellos no van a actuar correctamente todo el tiempo porque lo que necesitan es salvación. Esa es una de las futilidades de la teología de la liberación que busca la justicia por parte del pecador.

Pero ¿qué hay de los que dicen que son de Cristo y viven como si no lo fueran? Ellos creen que lo son, pero sus hechos niegan que sean de Cristo (Tito 1:15-16). Hoy en día las triquiñuelas que las iglesias utilizan para atraer multitudes han llevado a muchos asistentes regulares a pensar que son cristianos sin haber nacido de nuevo.

Retomemos por un momento el ejemplo anterior por medio del cual explicamos el término “entregar a Satanás.” Una persona ve el beneficio en su vida de juntarse con los cristianos, porque eso al parecer le produce una vida más tranquila, aprende buenas ideas de cómo vivir mejor y su conciencia se tranquiliza al sentir que por lo menos está haciendo algo para Dios. Aunque aclaramos una vez más, no le conoce y ni le interesa andar en sus caminos.

Esto ha sido alentado por las estrategias de muchas iglesias, donde más que llevar a la gente a Cristo, se trata de llevarlos a la Iglesia; tal como lo hemos visto en las dos lecciones anteriores. Así, en la reunión de la Iglesia se puede encontrar a personas que están ahí por todo tipo de motivos, menos el correcto. No son de Cristo, aunque ellos podrían asegurar que lo son, pero sus vidas no van de acuerdo a las enseñanzas de Cristo, y no piensan como Cristo, porque no puede sujetarse a él (Ro. 8:7). Pero aún la gente de afuera podría decir que son “cristianos” porque los ven entrar y salir de la reunión o saben que asisten al lugar. Esto es lo que lleva al Apóstol Pablo a cuidar el hacer distinción respecto de los que están adentro.

Si un no creyente, aunque sea borracho o adultero, ve tu testimonio, puede venir a Cristo. El se volverá a ti y no tú a él. Pero si alguien que se cree de Cristo sin serlo ve tu testimonio, no lo dará importancia, pensando que no lo necesita. Además tal persona, como un poco de levadura, hará que tú también seas arrastrado. Por eso es importante ni siquiera reunirse a comer con tal persona.

Pablo se lo dice también a Timoteo:

Ahora bien, ten en cuenta que en los últimos días vendrán tiempos difíciles. La gente estará llena de egoísmo y avaricia; serán jactanciosos, arrogantes, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, insensibles, implacables, calumniadores, libertinos, despiadados, enemigos de todo lo bueno, traicioneros, impetuosos, vanidosos y más amigos del placer que de Dios. Aparentarán ser piadosos, pero su conducta desmentirá el poder de la piedad. ¡Con esa gente ni te metas! 2 Timoteo 3:1-5 (NVI).

No tendría sentido que lo dijera respecto de los que “están afuera”, en realidad se refiere a los que “están adentro.” Por eso, es necesario que tales personas queden apartados de los creyentes para que en lugar de disfrutar de bendición, sean llevados a sufrir las consecuencias de su estilo de vida, entonces es posible que un día reconozcan su necesidad de salvación y se convierta a Cristo.

Así que, no tiene caso juzgar a los de afuera, somos conscientes de su situación. Pablo lo dice claramente. Ellos son asunto de Dios, él les juzgará. Pero los que están adentro, ellos deben ser considerados (juzgados) en cuanto a su forma de vida para que lleguen a ser edificados. Es necesario que estemos al tanto de su caminar para apoyarles, animarles y exhortarles, a fin de que sigan creciendo en Cristo.

La conclusión de Pablo a todo esto: ¡Expulsen al malvado¡ No hay más que analizar sobre su situación.

3. PENSANDO CORRECTAMENTE PARA RESOLVER DIFERENCIAS (6:1-11)


Y ya que ha indicado la decisión sobre el asunto previo, ahora hay que tratar asuntos de la vida cristiana diaria. Pues hay cosas que vivimos como cristianos y que nos pueden poner en conflicto unos con otros. Jesús tocó tal tema en Mateo 18:15-17, manifestando que aún cuando hemos creído en él, hemos de necesitar resolver conflictos. Así que hay que hablar con el hermano que haya pecado contra nosotros; sino no nos oye, hacerlo con el apoyo de dos o tres testigos; si no escucha aún, hacerlo con el apoyo de la iglesia, y si eso no le ha amonestado, entonces es que no es de Cristo.

Sin embargo, no siempre ponemos atención a lo que ya ha sido escrito y por lo tanto no lo ponemos en práctica. Eso ha producido a lo largo de la historia una gran cantidad de demandas entre hermanos que se presentan ante los tribunales humanos. Ya sea por el edificio que se quedó en manos de un grupo que resultó de una división, ya sea por dinero de la iglesia o por algún terreno donado, por el registro ante el gobierno, etc. Vaya que la lista puede ser muy larga y muchos de sus casos pueden ser sorprendentes.

El problema no es que surjan conflictos dentro de la iglesia, eso podríamos decir que tiene que ver con el trato que Dios lleva a cabo en nuestra vida. El problema es la manera en que buscamos resolver tales conflictos. O peor aún es el hecho de no buscar siquiera resolver los conflictos. Lo cual en realidad ocurre en muchas iglesias donde lejos de resolver los conflictos, simplemente se les busca ignorar como si no hubiera ocurrido nada. Sin embargo el tema vuelve a surgir en algún momento dando lugar a chantajes o divisiones. Todo esto se hace desechando la sabiduría de Dios y tomando la del mundo.

Pablo utiliza aquí el término “injusto”40 para referirse a los que no son de Cristo. No por afirmar que todos los que no son de Cristo acostumbran actuar injustamente. Más bien lo utiliza para hacer notar la incongruencia de que aquellos que han sido declarados “justos” por la muerte de Jesucristo en la cruz, vayan a pedir “justicia” a quienes aún están muertos en sus delitos y pecados y por lo tanto son “injustos” delante de Dios.

Es verdad que la autoridad fue establecida para mantener el orden en las relaciones entre los ciudadanos. También es cierto que la ley romana daba cierta libertad a pueblos como el judío de tener sus propios jueces y eso hacía posible que la Iglesia estableciera sus propios tribunales.41 Tal como posteriormente lo pretendió el catolicismo romano. Pero no es por eso que Pablo les reproche estas acciones, sino más bien por el mal testimonio, la falta de amor entre ellos y el menosprecio hacia lo que significa “ser de Cristo.”

Aquí nuevamente Pablo toca el tema de juzgar. Al parecer con cierta sorpresa les pregunta si no están al tanto de que los santos hemos de juzgar tanto al mundo como a los ángeles.42 Si Dios nos ha concedido tal posición y responsabilidad para el futuro, la pregunta es ¿acaso no podemos juzgar cosas más pequeñas, e incluso algunas de ellas insignificantes?

El punto principal aquí es que quienes han creído en Cristo, tienen la mente de Cristo y el Espíritu de Dios, pueden entender las cosas del Espíritu y lo profundo de Dios, de modo que están capacitados para tratar los conflictos que surjan entre ellos.

Pero la falla no está sólo en acudir con personas que no cuentan en realidad dentro de la Iglesia, sino la falla principal es que haya conflictos entre ellos que no sean resueltos de manera pronta.

¿Acaso no podríamos cargar con algún agravio para que el nombre de Cristo no sea blasfemado, y con esto dar gloria a Dios?

Tal fue la pregunta que Dios le hizo a Job

» ¿Vas acaso a invalidar mi justicia? ¿Me harás quedar mal para que tú quedes bien?
Job 40:8 NVI

Si estamos dispuestos a buscar que se nos haga justicia en algún pleito con uno de nuestros hermanos ¿estaríamos dispuestos a ser medidos de igual manera en todos los conflictos que hemos tenido?

Por eso el mismo Pablo es quien declara que ellos mismos defraudan y cometen injusticias ¿Esperamos en verdad vivir basados en la justicia que merecen nuestros actos? ¿O estamos consientes de que la gracia de Dios actuó por la justicia que ha sido en Cristo Jesús y somos depositarios de un perdón y una salvación que no merecíamos?

Por eso Pablo mismo lo escribió en su carta a la iglesia en Roma:

Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se ha de hurtar, ¿hurtas? Tú que dices que no se ha de adulterar, ¿adulteras? Tú que abominas de los ídolos, ¿cometes sacrilegio? Tú que te jactas de la ley, ¿con infracción de la ley deshonras a Dios? Porque como está escrito, el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros. Romanos 2:21-24 RVR

Y esta es la situación de los corintios, ellos esperan que alguien les haga justicia en sus pleitos sin considerar su propia participación en dichos conflictos.

Pero tomemos nota de algo importante, el apóstol se refiere a las autoridades no cristianas llamándolas: “Los que no cuentan para nada (NVI), son de menor estima (RVR), o nada son (NBLH) en la Iglesia.” Si bien es cierto que debemos tener claro cuál es el papel y la posición de los ministros de Cristo para ubicarlos correctamente, también debemos hacerlo con las autoridades civiles.

No es raro que en las reuniones de pastores se llegue a tener como invitado de honor a algún político, muchas veces un candidato en tiempos de elecciones, el cual les promete grandes beneficios si llega a ganar la elección. Incluso se le cede la palabra y se le escucha con atención cuando es él quien necesita escuchar el mensaje de salvación.

Cuando fui secretario de la mesa directiva de una “Unidad Ministerial” una de mis primeras preguntas fue ¿Por qué tener una mesa de honor en las reuniones? El razonamiento era sencillo ¿A quién de los pastores no habríamos de distinguir sentándole en dicha mesa? ¿Cuál de todos no merece honra por su ministerio si todos son hombres que combaten por el evangelio de Cristo y procuran que él sea formado en la vida de los creyentes?

Según pude notar, aquellos que trabajan menos por Cristo y más por su bolsillo, son lo que procuran mayor distinción y les gusta impresionar haciéndose pasar por influyentes, trayendo gobernantes y políticos a las reuniones.

Y esto se llega a dar porque como iglesia perdemos de vista quienes somos nosotros y quiénes son ellos.

Esto es a lo que Alejandro Moreno Morrison llama “el estatismo” el cual define como una religión secular sin pretensiones de trascendencia. Y dice de ella:

Es una derivación del humanismo secular (el hombre es la medida de todas las cosas), y se basa en la creencia (fe) de que los seres humanos son capaces de superar por sí mismos sus problemas por medio del estado. De manera que el estado es elevado a la categoría de ser supremo (Dios), del cual se espera que fluya todo tipo de bendiciones terrenales. 43

Hasta se ha llegado a utilizar un término para describir la búsqueda de aquellos presupuestos que el gobierno destina para apoyar organizaciones civiles y religiosas. El término suena desagradable pues es “bajar recursos del gobierno.” Si por lo menos se dijera “subir recursos” ya podríamos empezar a colocar tanto al gobierno y a la iglesia en su posición real.

La revista “Leadership” en su publicación de otoño de 2008 presenta una fotografía del pastor Rick Warren tomando de la mano a John McCain a su derecha, y abrazando por la cintura a Barak Obama situado a su izquierda. Debajo de la foto cita a Rob Bell y Don Golden: Un Cristiano debe ponerse muy nervioso cuando la cruz y la bandera empiezan a estrechar sus manos. Este no es un romance que quisiéramos alentar. 44

Sin embargo, debemos tener claro que si el crecimiento lo da Dios, también él mismo da el sustento para tal crecimiento. Incluso puede dar este sustento a través del gobierno. Pero nuestra tarea no es buscar al gobierno, sino a Dios, quien es nuestro sustentador.

Y lo que necesitamos tener claro es que los injustos, a los cuales ya Pablo ha hecho referencia, no heredarán el reino de Dios. Por tal motivo no tiene sentido sentar nuestras esperanzas en ellos, ni tomarles como guías.45 Esta diferencia se ha ido marcando desde el inicio de la carta.

Los no creyentes no solo son injustos, a esta característica se agrega una lista que define la situación de los injustos. Y eso eran algunos de los corintios antes de venir a Cristo para ser santificados y justificados en el nombre de Cristo por el Espíritu Santo.

4. COMO DEBEMOS VIVIR PARA DAR TESTIMONIO (6:12-7:11)


Hagamos un breve recuento de lo que el apóstol Pablo ha enseñado a los corintios hasta ahora. Les ha llevado a ubicar el lugar correcto de los ministros para que nadie base su fe en ellos, aunque ellos mismos son ejemplo para nosotros. Así les ha enseñado lo equivocadas que son las divisiones. También ha enseñado que no todo aquel que se congrega es de Cristo, y por lo tanto deben apartarse de la gente que pretende serlo pero cuyas obras lo niegan.

Todo esto nos lleva a preguntarnos ¿Entonces qué es lo que si podemos hacer? ¿Cómo debemos vivir?

El apóstol Pablo da una respuesta sencilla y directa a esto: Todo nos está permitido, más no todo nos conviene, ni es para nuestro bien, además de que no debemos dejarnos dominar por nada.

Es común que en cada religión haya una lista de cosas que se prohíben, pero en realidad podríamos decir que el cristiano no se mueve en base a prohibiciones, sino en base a lo que él mismo es, gracias a Cristo. Y es por eso que no todo nos conviene, o no es para nuestro bien, y no dejaremos que nada nos domine.

No todo lo que nos estorba es pecado, así que sí algo no ha de edificarnos, y puede dominarnos, entonces es mejor dejarlo.46 Este tema lo retoma el apóstol en el 10:23.

Pero para que este criterio tenga el sentido correcto, debemos saber quiénes somos en realidad. De otra forma ¿cómo tendríamos certeza de lo que en verdad nos conviene y lo que no? Así evitaremos caer en motivaciones equivocadas, como ya lo hemos visto.

Esto lo menciona Pablo tomando un proverbio popular en Corinto que decía: “Así como el vientre es para la comida, el cuerpo ha sido hecho para el sexo.” Implicaba que lo que se hace con el cuerpo no afecta el espíritu.47

El apóstol Pablo está de acuerdo con la primera parte, pues incluso afirma que a ambos los destruirá Dios. Pero corrige la segunda parte del dicho, la cual no es correcta. Pues el cuerpo no es para la fornicación, sino para Dios. Por eso habla primero del poder de Dios para resucitarnos. Y después señala que quien se une con una prostituta se hace un solo cuerpo con ella, mientras que aquel que se une con el Señor, un espíritu es con él.

Pero además de unirnos en un solo espíritu, también nuestro cuerpo se une a él al convertirse en el templo del Espíritu Santo.

Esta afirmación ya la había hecho en el 3:16-17, al hablar de que como Iglesia somos el templo de Dios. Pero ahora también lo indica de manera individual al señalar que nuestro propio cuerpo es templo del Espíritu Santo.48

Recordemos que en Corinto se practicaba la prostitución ritual, y por lo tanto quien se unía a una prostituta, no sólo se unía a ella, sino que estaba tomando el templo de Dios para participar de la idolatría. Recordemos que en el 3:17 nos dice que quien destruya el templo de Dios, Dios le destruirá. Por eso Pablo al señalar la trascendencia de este pecado por encima de los demás, no está buscando excusar cualquier otro pecado, sino mostrar la gravedad de este.

Por tanto el llamado es a huir de la fornicación para que glorifiquemos a Dios en nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Y para ello es importante hablar de lo que Dios nos ha provisto para no caer en fornicación: el matrimonio.

Sin embargo, los corintios habían escrito al apóstol algo respecto de lo que se concluía que era mejor no tener relaciones sexuales con las mujeres. No podemos asegurar qué fue exactamente lo que le escribieron, pero entendemos que esto llevó a Pablo a aclarar algunos asuntos respecto del matrimonio por lo cual les indica que éste es importante por causa de la fornicación.

Así que el tema del matrimonio ha de girar en torno a la relación sexual entre los esposos. Pues la relación matrimonial es apoyo para evitar ser tentados por Satanás a causa de la falta de dominio propio. Es por eso que los solteros y viudas estarían mejor si no se casaran, pero si no tienen don de continencia es mejor que se casen.

Aquí Pablo se pone a sí mismo como ejemplo, anhelando que todos participarán del mismo don (de continencia), pero reconoce que cada uno tiene el don que Dios le ha dado. Y esta afirmación es una breve introducción a un tema que expondrá ampliamente en el capítulo 12.

Sin embargo, su afirmación rompe con un mito, tal vez no mal intencionado pero si equivocado. Este mito sostiene que el estado completo del ser humano es el matrimonio. Tal mito da a entender que mientras estemos solteros, estamos incompletos.

Pensar que el matrimonio nos ha de completar, es tal vez uno de los principales ingredientes para el fracaso matrimonial. Cuando se llega al matrimonio con ese pensamiento, cada uno espera que el otro le dé, y entonces ambos buscan recibir del otro aquello que su necesidad les demanda, sin estar dispuestos a dar para edificar.

Pero la Biblia nos enseña que el creyente está completo en Cristo (Col. 2:10), pues el estado completo del ser humano (por utilizar el mencionado término) es cuando está unido a Cristo.

Así que ante el conflicto matrimonial Pablo manifiesta que el mandato de Dios es la reconciliación, pues el matrimonio es para toda la vida. Tal como Jesús lo indicó (Mt. 5:32, 19:3-9). Por eso es importante la reconciliación en los matrimonios que están separándose.

Es necesario destacar que ya en ese tiempo, siglos antes de los derechos humanos y de los movimientos de equidad de género, el apóstol Pablo hablaba de una igualdad entre el esposo y la esposa respecto al derecho de uno sobre el cuerpo del otro. Por eso les manda que no se nieguen el uno al otro, a menos que estando de acuerdo tomen un tiempo para dedicarse a orar. Pero es importante que después vuelvan a retomar la relación intima. Con esto marca la responsabilidad y cuidado que debe haber entre ellos.

5. DIOS ES LO IMPORTANTE EN TODO (7:12-40)


Lo extenso del pasaje que trata sobre el matrimonio nos muestra el amplio interés que Pablo tenía de dar respuesta a lo que los corintios le habían escrito. Esto es más notorio aún por el hecho de que en dos ocasiones abiertamente da su opinión personal.

Ahora bien, aunque el apóstol Pablo sigue tocando el tema del matrimonio, en realidad lo que está haciendo es dar respuesta a las cosas que los corintios le escribieron a él, las cuales no conocemos con certeza aunque podemos discernir que trataban sobre las relaciones del hombre con la mujer.

Pero dado que ya ha establecido la importancia que tiene el glorificar a Dios en nuestros cuerpos y la manera en que el matrimonio es una bendición para ello, ahora debe aclarar lo que en realidad es importante por encima de todo.

Para establecer este punto, toca el tema del matrimonio entre un creyente y un incrédulo, donde la actitud del creyente, tanto hombre como mujer, debe ser la de convivir con su conyugue no creyente. De esta forma el creyente puede ser bendición para aquel. Incluso puede por su testimonio llevarle a salvación. De esta forma, además de ganar a su conyugue para Cristo también bendice a sus hijos, pues tienen quien les comparta de Cristo y crecer teniendo relación con él.

Aquí nuevamente tomamos el principio de “entregar a Satanás.” Si tal principio habla de estar fuera de una bendición que se da por la relación con la iglesia, entonces en el caso en que uno de los padres es creyente en Cristo, tal bendición o protección está sobre la vida del hijo.

Ahora bien, es importante que entendamos que esto lo está diciendo a quien estando ya casado se convirtió a Cristo pero su conyugue no. Pues esto no es para excusar a quien está buscando unirse en matrimonio con un no creyente. Véase (2 Co. 6:14-16).

Pero si el conyugue no creyente se separa, el hermano (a) no está sujeto a servidumbre, así que es mejor que se separe para vivir en paz.

No obstante, lo que importa aquí no es si uno está casado o es soltero. Es por eso que también aplica este mismo principio a situaciones tales como, el estar o no circuncidado, ser esclavo o ser libre. Pues lo importante es haber sido llamado por Dios, y esto no depende de nuestro estado, soltero, casado, circuncidado, no circuncidado, esclavo o libre.

Así que al decir que cada uno permanezca en el estado en que fue llamado, no se refiere a que haya algo de malo en cambiar de estado. Lo que está diciendo es que el casado no es más santo que el soltero, el libre no lo es más que el esclavo, ni el circuncidado que el incircunciso, o viceversa. Si piensas cambiar tu estado para agradar más a Dios, entonces estás equivocado. Ese es el sentido de esta instrucción.

Circuncidarse solo puede traer efectos sanitarios, pero si se hace por pretender agradar a Dios, entonces uno se ha desligado de Cristo. (Ga. 5:3-4)

De modo que si lo importante es haber sido llamado por Cristo, entonces el estado no importa. Sin embargo sí se anima a que sí puedes mejorar, lo hagas. Pero esto no es para ser más espiritual. Esto implica que nuestra vida aquí en la tierra no depende de si lloramos o reímos, o si gozamos del mundo, o si compramos y poseemos cosas, o si estamos o no casados. El tiempo de esta vida es corto en comparación con la eternidad que nos aguarda, y estamos aquí sólo para ser preparados para vivir esa eternidad.

Si alguien se quiere casar, que lo haga, eso está bien. Pero si prefiere no casarse también es correcto. Incluso en el sentido de relación con Dios es mejor porque así toda su atención se centrara en servir a Dios. Lo mismo es para aquel que quiere dar a su hija en matrimonio, hace bien. Pero si decide no darla en casamiento, también es bueno, de hecho es mejor, porque así ella puede dedicar su vida al servicio de Dios.

Esto es algo que Pablo recomienda, aunque afirma que esto lo dice él y no el Señor. Sin embargo tal afirmación no significa que no sea cierto o no tenga autoridad. Lo establece de esta forma porque él mismo es ejemplo de esta libertad que se tiene para servir a Cristo cuando no se está casado. Y por lo mismo, aclara que el casado o la casada no pueden descuidar a su conyugue pretextando servir a Dios, pues es esa relación con Dios la que le impele a cumplir responsablemente su parte en el matrimonio.

Aclaremos aquí también lo opuesto. Una persona no puede descuidar su servicio a Dios argumentando el cuidado a la familia, la carga es que debe cumplir en ambos lados. Incluso respecto de Dios, su servicio debe ser al mismo nivel de alguien que no está casado. Esa es la ventaja del soltero.

De la misma forma, un esclavo debe cumplir con su obligación delante de su amo sin pretextar servir a Dios para descuidar su responsabilidad. Al contrario, el testimonio de servir correctamente a su amo, era para el esclavo lo mismo que el buen testimonio de una esposa el servir a su esposo no creyente.

Esto también puede ser aplicable a jóvenes creyentes con padres no creyentes que tienden a desobedecer y rebelarse a sus padres argumentando que ellos no entienden lo que tal joven o señorita está haciendo porque no han creído en Cristo. En la mayoría de estos casos tal desobediencia tiene que ver más con la rebeldía de su propio corazón que con un verdadero compromiso con Cristo. Esto no resulta en un buen testimonio.

Solo cuando el conyugue muere el hermano queda libre de tal relación, e incluso puede casarse con quien quiera siempre y cuando sea para glorificar a Dios, es decir, que sea en el Señor, o digámoslo más claro, con otro creyente en Cristo.

CUESTIONARIO DE LA LECCIÓN 3


  1. ¿Cuál es el problema para el creyente cuando se vuelve soberbio?

  2. Explique el término “entregar a Satanás.”

  3. ¿A qué se refiere Pablo al indicarnos que “celebremos la fiesta”?

  4. ¿Cuál es la explicación para el término “injustos” que Pablo aplica a los jueces no cristianos?

  5. ¿Cómo se define el “estatismo”?

  6. ¿Cuál es el criterio que encontramos en esta lección para responder a lo que debemos y no debemos hacer?

  7. ¿Cuál es la voluntad de Dios ante el conflicto matrimonial, según nos muestra esta lección?

  8. ¿Cómo aplica el tema de que los hijos son santos cuando uno de los padres es creyente en Cristo?

  9. Explique la forma en que se aplica el tema del estado en que Cristo nos llamó, así permanezcamos.

  10. ¿Cuál es la verdadera ventaja que el soltero tiene con respecto al casado?
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