Cuestionario de la leccióN 1






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LECCIÓN 2

COMO PENSAR RESPECTO A LA OBRA DE DIOS


1 Corintios 3:1 al 4:21

1. INTRODUCCIÓN


Al leer el capítulo 3 de la Primera Carta a los Corintios podemos ver que el Apóstol Pablo continúa tratando el tema de los dos primeros capítulos.

La primera pregunta que podría llegar a nuestra mente al leer tal capítulo 3 es ¿será que los corintios verdaderamente son cristianos? Pues es cierto que lo que el Apóstol dice acerca de ellos en este pasaje deja una mala impresión, y dado que utiliza el término “carnales” para referirse a ellos, nos podría llevar a pensar que esta iglesia no es verdaderamente una Iglesia convertida a Cristo.

Pero no debemos olvidar la dedicatoria de la carta que estudiamos en la lección anterior. Los corintios han sido santificados en Cristo Jesús, son llamados a ser santos, han recibido la gracia de Dios, siendo enriquecidos por él tanto en palabra como en conocimiento, y tienen comunión con Jesucristo.

Esto tiene una gran importancia porque nos enseña que la Iglesia de Cristo, a pesar de ser suya, tiene conflictos. No es perfecta, y se enreda en discusiones y pleitos. Por eso es necesario que conozca lo que Dios le dice en esta carta, para ir siendo perfeccionada.

Es una realidad que de las siete iglesias de Asia que encontramos en Apocalipsis 2 y 3, sólo dos no reciben amonestación de parte de Cristo. Las demás tienen defectos que se pueden encontrar en muchas iglesias de hoy en día. Sin embargo también hay algo claro en dicho pasaje: Todas son de Cristo, y él se mueve entre ellas (Ap. 1:12,13,20).

2. LAS DIVISIONES COMO UNA MANIFESTACIÓN DEL PENSAMIENTO HUMANO (3:1-9)


2.1. El reflejo de la inmadurez

Entrando al estudio del pasaje lo primero que encontramos es que Pablo se topó con una limitación para enseñar a los corintios: Ellos no eran maduros en Cristo, eran como niños. Y como la sabiduría de Dios se habla entre aquellos que han alcanzado madurez, no le era posible a Pablo hablarles por medio de ella.

Aquí Pablo utiliza el término “carnales”, y esto se ha llegado a tomar para clasificar a los cristianos en dos categorías: espirituales y carnales. En algún momento, algunos han pensado que los hermanos que oran, leen la Biblia y son de buen testimonio; son cristianos espirituales y aquellos que no hacen nada de esto son cristianos carnales; carnales pero a final de cuentas “cristianos.”

Pero al considerar lo visto en la lección anterior, entendemos que Pablo les dice que su forma de pensar es como la del mundo, para quien Cristo es tropezadero o locura. Por eso es que tuvo que hablarles como a gente carnal... No que lo sean, pero así es su forma de actuar. Esto se aclara al leer lo que escribió también a la Iglesia de Galácia:

Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo. Gálatas 4:1 RV60

Así que los corintios por ser niños eran como los esclavos, a pesar de que ya eran libres en Cristo, debido a su inmadurez se comportaban como los no creyentes. No eran capaces de comprender enseñanzas más sólidas. De ahí que en el capitulo anterior les dice que tuvo que predicar con demostración del Espíritu y de poder y no con palabras sabias (2:4). Pero entre los que han alcanzado madurez habla con sabiduría de Dios (2:6). La razón por la que hizo esto, fue para que su fe no se basara en la sabiduría humana (2:5). Esto significa que al no ser maduros, pudieran confundir la sabiduría de Dios con la sabiduría humana. Situación que ha ocurrido reiteradamente en la Iglesia.

Y lo que ha venido enseñando hasta ahora es el hecho de que existe la sabiduría humana y la sabiduría de Dios. Esto es a lo que se refería el profeta Isaías cuando dijo:

Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. Isaías 55:8-9 RVR

Sin embargo es común en la Iglesia encontrar esta confusión... Iglesias que ponen su esperanza en los políticos, o pensar que aquellos que no creen en Cristo son mejores si cuentan con un título universitario o renombre; pastores que asisten a seminarios de liderazgo para encontrar nuevas técnicas de cómo dirigir o hacer crecer a la Iglesia, etc.

Esto ha llevado incluso a los creyentes a pensar que la Iglesia será edificada con sus fuerzas, astucia y recursos. Pero este tema lo trataremos en la Lección 6.

Sin embargo, aquí nos encontramos con un tema que ha sido de discusión por generaciones dentro de la Iglesia, y que vamos viendo aclarado en esta carta. Tal vez podemos definir el tema con esta pregunta ¿Qué tanto debe el cristiano estudiar y prepararse, y que tanto debe depender de Dios? Para responder a esta pregunta debemos tener paciencia, pues cada vez vamos entrando más en el tema y es necesario ir comprendiendo cada parte para tener claro lo que Dios espera de nosotros. Recordemos que estamos rompiendo con la separación entre fe y razón.

Ahora, ¿qué es lo que Pablo dice que manifiesta su inmadurez? Las divisiones. Como vimos en la lección anterior, los corintios basaban su identidad en otro cristiano y no en Cristo mismo. Y eso daba como resultado las divisiones entre ellos. Estas divisiones se han dado a lo largo de la historia al confundir la sabiduría de Dios con la sabiduría humana.

La división que genera un cristiano inmaduro es que puede ser fácilmente impresionado. Ve a alguien hablar con elocuencia y queda fascinado, por lo que se convierte en admirador de aquel que le fascinó.

Es cierto que los creyentes maduros son ejemplo para nosotros, es importante ver su testimonio e imitar lo que hacen cuando eso glorifica a Dios. De hecho Pablo les pedirá que sigan su ejemplo al final del capítulo 4 y al inicio del 11. Pero ellos no son la meta de Dios para nosotros, pues ellos mismos necesitan ser perfeccionados aún. De modo que cuando leemos a algún autor cristiano, cuando escuchamos un mensaje o un testimonio debemos recordar que nuestra identidad con esa persona está establecida por Cristo y tal persona aún está en proceso de perfección. Eso evitará que perdamos de vista a Cristo.

A eso se refiere al final de capitulo donde nos dice que todos los creyentes que sirven de ejemplo son nuestros. Pero retomaremos esa parte un poco más adelante.

Ahora bien, el problema de identificarse de manera equivocada con otros creyentes es que dejamos de lado nuestra relación personal con Cristo y nos limitamos a lo que otro creyente haya dicho. Aunque tal creyente en el momento en que habló o escribió lo hizo aquí en la tierra, cuando todavía tenía camino por recorrer. Por lo tanto era susceptible de equivocares en algún punto.25 Aquí es donde encajan las palabras de R. C. Sproul: “Los mejores teólogos están en lo correcto sólo al 80%.” 26

Sin embargo la Palabra de Dios nos dice que debemos correr esta carrera con los ojos puestos en Jesús (Heb. 12:2).

Pero al no hacerlo así, caemos en lo que Pablo llama “andar como hombres” (RVR) o “comportarse según criterios meramente humanos” (NVI). Y por lo tanto no estamos pensando como personas a quienes se les ha revelado la sabiduría de Dios, y que tienen su Espíritu y la mente de Cristo.

Dada su importancia, este asunto no va a culminar aquí. Pero la forma en que ha de ser resuelto será que el creyente entienda de manera correcta cual es su papel, y el de cada uno de los demás creyentes dentro del cuerpo de Cristo.

2.2. Entendiendo el crecimiento en Cristo

Pablo tiene un concepto correcto de sí mismo y de su ministerio. Él ya ha reconocido que Cristo lo envió a anunciar el evangelio. Apolos vino e hizo su parte también. Son ministros que tienen clara su función dentro del cuerpo de Cristo.

Y cuando tenemos clara nuestra función dentro del cuerpo de Cristo, podemos tener un concepto correcto de nosotros mismos y de los demás hermanos. Por eso Pablo pregunta: ¿qué son Pablo y Apolos como para que los hermanos se definan a través de ellos? Pues en el capítulo 1 de la carta el preguntó ¿acaso Pablo fue crucificado por ustedes o fueron bautizados en su nombre?

Así que, cuando alguien se define a través de Lutero, Calvino, Wesley, etc. y no de Cristo; no está muy lejos de lo que este pasaje está mencionando. Y aún más hoy en día es cada vez más común escuchar a creyentes definiéndose a sí mismo como “de la Iglesia de Cash Luna, Dante Gebel, Maldonado”, “de la visión de Cesar Castellanos”, etc.

Pablo deja algo muy claro: Ni él ni Apolos son algo, sino Dios. Ellos han hecho su parte al sembrar la palabra y regar por medio de la enseñanza, pero el crecimiento lo da Dios.

Este punto es necesario afirmarlo una vez más “el crecimiento lo da Dios.”

¿Ha escuchado usted sobre alguna estrategia de “Iglecrecimiento”? Es algo aparentemente piadoso, semejante al “josmarismo.” Da la impresión de que los esfuerzos y la astucia involucrados en el método o sistema son para la gloria de Dios. Pero la realidad es que tienen un grave problema detrás: Intenciones equivocadas.

Ya lo mencionamos antes, no es lo mismo atraer a la gente a la Iglesia, que predicarles el evangelio para que se conviertan a Cristo.

Pablo decía a los filipenses que aún Cristo era predicado por envidia y pleito (Fil. 1:15-16). Una realidad innegable es que la mayoría de los “modelos de crecimiento” apelan al deseo de los pastores de tener más gente, motivados muchas veces por la avaricia y otras veces por el miedo y vergüenza de que se piense que no son buenos pastores. Hay quienes han tomado modelos porque les prometen llegar a ser como los grandes personajes de la “televisión cristiana.” Por eso buscan usar la misma estrategia que aquellos a quienes admiran, los cuales gentilmente les compartirán sus secretos por un módico costo, además de venderles también los materiales que ellos mismos han escrito.

No es casualidad que Cesar Castellanos en su libro “La escalera del Éxito” concluya diciendo “… más si usted le pone el corazón y sigue fielmente cada uno de los pasos que le estamos presentando en este manual, puedo decirle que su ministerio tomará otra dirección y es la de conquistar su ciudad y nación para Cristo.27

Richard Halverson dijo: “Cuando la fe comenzó en Palestina, empezó con una relación con una persona, se trasladó a Grecia y se volvió una filosofía, se trasladó a Roma y se volvió una institución, se trasladó a Europa y llegó a ser una cultura, llegó a EE.UU. y se volvió una empresa... La iglesia es un negocio grande en EE.UU. El empresario es el pastor de la Iglesia grande... Sin embargo, al 95 por ciento de los pastores implícitamente, si no explícitamente, les están diciendo: Hermano, si está haciendo un buen trabajo, usted estará en la cima.” 28

Pero lo que ocurre en la mayoría de los casos, es que quienes siguen modelos de “iglecrecimiento” no consideran a Dios como aquel a quien le corresponde dar el crecimiento. Más bien piensan que son sus fuerzas y astucia las que lo producirán. Pero Pablo aclara, nuestra responsabilidad es sembrar y regar, que Dios dará el crecimiento.

En este punto tal vez alguien diga: Pero el modelo de crecimiento que aplicamos es para sembrar y regar. Aquí entonces es importante analizar las intenciones. ¿Lo que haces es para tener más gente en la Iglesia? ¿O es para que la gente llegue a conocer a Cristo y al creer sean cada vez más semejantes a él, con mentes renovadas, vidas transformadas y corazones sanos?

No podemos evitar mencionar aquí las dos mentalidades pastorales que son notorias en la iglesia de hoy en día. Una es la mentalidad de “Bodeguero.” Lo que se busca es almacenar creyentes en un auditorio, que se mantengan asistiendo y participando (sobretodo diezmando) por el resto de su vida. Solo se busca mantenerlos en la Iglesia en lo que se mueren y se van al cielo. Aquí el pastor solo cuida que las personas no se alejen, es decir, cuida el material que hay almacenado en la bodega.

La otra mentalidad pastoral es la de “Preparador.” Se prepara a los creyentes para la cita ineludible de todo ser humano ante el tribunal de Cristo. Se busca que vayan siendo más semejantes a Cristo, viviendo en su palabra y edificando al cuerpo de Cristo. Aquí el pastor tiene como objetivo la perfección de los santos para que estos hagan la obra de servicio (ministerio) que edificará el cuerpo de Cristo (Ef. 4:11-12).

Así es como el apóstol Pablo llama a los corintios a considerar en la medida correcta a los diferentes instrumentos que Dios utiliza para trabajar en sus vidas, pues ellos son el campo de cultivo de Dios, su edificio, mientras que los ministros son colaboradores de Dios.

Es muy importante recordar esto, que Dios es el Señor de la mies, por eso es él quien da el crecimiento. Nosotros somos solamente los obreros enviados a la mies.

Pero cuando el corazón se desvía, y el pastor o ministro de la palabra pretende ser alguien grande, se siente el señor de la mies. Toma el lugar de Dios pensando que la Iglesia de Jesucristo debe crecer a través de sus estrategias, sus fuerzas y su carisma.

Aquí es donde muchos se esfuerzan por dar crecimiento a la Iglesia, ya que de otra forma podrían quedar en ridículo si su grupo no crece. Y es que hoy en día se ha llegado a considerar erróneamente que una iglesia con pocos miembros es una vergüenza, pues no cuenta con el respaldado de Dios; mientras que un grupo numeroso se considera como ejemplo del favor de Dios y de que todo se está haciendo correctamente.

Pero entender el crecimiento de la Iglesia significa, entender que nuestro papel es predicar el evangelio (sembrar) y cuando las personas se convierten, instruirlas o discipularlas (regar). Nosotros predicamos el evangelio, el cual es suficiente en sí mismo. Dios es quien produce en las personas su entrega a Cristo. No es nuestra función ejercer presión para que vayan a la Iglesia o repitan una oración. 29 Nuestra función es anunciar a Cristo.

Ya que el crecimiento de la Iglesia es responsabilidad de Dios, debemos asegurarnos de estar haciendo nuestra parte al sembrar y regar, para que el crecimiento de la Iglesia no sea artificial o ficticio. Es en este punto donde debe tomar lugar una estrategia enfocada en esta función, pues tal estrategia se ha derivar de la confianza que tenemos que Dios dará crecimiento y no en la astucia humana.

Por eso cuando escuchamos a alguien alardear sobre lo grande que es su congregación, y la gran cantidad de gente que acude cada domingo a oírle a él o a sus predicadores invitados, deberíamos responderle como lo hace Howard Hendricks “Bueno, ¿y qué prueba eso? La gracia de Dios, eso es todo.”30

Sin embargo el hombre de Dios, aquel que está consciente de que está haciendo la voluntad de Dios, no se afana por el número de personas que instruye para que lleguen a ser como Cristo, pues la cantidad de gente es asunto de Dios.

Hay una pregunta que sería bueno que cada pastor se hiciera en algún momento de su vida ministerial: ¿Si Dios deseara que tú pastorees una Iglesia pequeña el resto de tu vida, estarías dispuesto a servirle de esa forma? ¿Lo harías con agrado? ¿O sólo le sirves por la esperanza de estar al frente de un grupo grande de personas para ser conocido?

Una falsa piedad es pensar “pero es que puedo hacer más por Cristo, me puedo preparar para dar más y hacer de la Iglesia una Iglesia más grande.” Pero recordemos que el Señor de la mies es Dios, él nos llama a cumplir una función determinada en el Cuerpo de Cristo. No somos los actores principales. A eso se refiere la Palabra cuando dice que el que siembra y el que riega están al mismo nivel, o son una misma cosa.

Eso nos convierte en colaboradores de Dios, es decir que nos unimos a él en su obra, pero él es quien dirige. Sin embargo, consideremos que aunque no somos los protagonistas, nuestra función es importante, y debemos ser responsables en ello. Por eso cada uno recibe recompensa de forma personal por el trabajo que desarrolla.

3. LA RESPONSABILIDAD DE ENTENDER EL CRECIMIENTO (3:10-17)


Ser colaborador de Dios es por la gracia de Dios. No podemos en ningún momento pensar de nosotros mismos como merecedores de esta participación. Eso hará que pongamos más cuidado en nuestra participación en la obra de Dios.

El papel del apóstol Pablo fue, echar los cimientos, pues el sembraba la palabra. Él no desprecia el bautizar, pero está consciente de su función. Al poner los cimientos lo hizo como un experto arquitecto. Sobre esos cimientos es que se construye la vida de cada creyente. Pero hay una amonestación, debemos tener cuidado de como construimos porque sólo hay un fundamente, el cual es Cristo.

Y entendamos a Cristo según la palabra de Dios, no un personaje subjetivo como se le ubica en el mundo, a la bajeza de Buda o Krishna; tampoco como un iluminado que se preparó en la India en su juventud, semejante al dalai lama o Ghandi; ni un extraterrestre enviado por humanos de otra galaxia para poner en orden a los humanos de este mundo. Sino Jesucristo, tal como la palabra de Dios nos lo revela.31

Aquí podemos notar la diferencia entre el pensamiento cristiano y el humano: El pensamiento cristiano tiene un fundamento definido, y esté es Cristo.

Cristo es quien sustenta todo lo creado (Heb. 1:3), él nos dio vida eterna, él es creador y es quien nos ha dado a conocer a Dios (Jn. 1:1-18).

La mentalidad humana por el contrario se basa en el criterio humano, es una fe sin fundamento ya que cada ser humano tiene perspectivas distintas. Por lo tanto es subjetiva.

Una fe sin fundamento vaga por todo tipo de corrientes y creencias, no es estable porque no tiene un punto firme. Y ese es una de las grandes explicaciones de lo que ocurre en la iglesia cuando la gente es meramente atraída a venir y participar. Ellos están ahí, pero sus ideas siguen siendo la regla porque no forman parte del cuerpo de Cristo, pues no se han convertido a él. Ellos necesitan convertirse a Cristo.

Sin embargo, el nacer de nuevo al convertirse a Cristo no es el fin del camino. Es más bien el inicio de una nueva vida en la cual hay que edificar, es decir crecer para madurar.

Pero muchos prefieren conformarse con la idea de “la bodega”, simplemente asistiendo a la Iglesia, participando en sus actividades pero sin crecer, ni madurar en Cristo, por lo que no se les puede hablar con sabiduría. Eso no es sano, hay que seguir construyendo sobre el fundamento.

El fundamento es esencial en cualquier edificio, es altamente importante. Pero la finalidad del fundamento es que haya un edificio. Por eso debemos edificar, y mientras lo hagamos con material más perdurable, mejor. Esto se refiere a que ya que tenemos una nueva vida en Cristo, debemos profundizar en su palabra, ponerla en práctica.

Lo triste de edificar negligentemente, como cristianos sin interés en Cristo, que anteponen otras actividades o personas a su edificación, su obra perecerá al ser probada.

Sobre la edificación John MacArthur escribe: “Por otro lado, los creyentes que dedican sus vidas a actividades temporales y sin valor deben esperar de Cristo una recompensa mínima. Los pecados de todo creyente, por supuesto, son perdonados para siempre mediante la cruz; la salvación no se pierde. Sin embargo, aquellos que desaprovechan las oportunidades de la bendición de Dios para el servicio espiritual, un día descubrirán que sus obras son poco más que madera, heno y hojarasca. Carentes de cualquier valor eterno, tales obras no permanecerán bajo el fuego del escrutinio de Dios.” 32

Si una pregunta debe llegar a nuestra mente al leer esta parte de la carta a los corintios, es esta “¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Estoy edificándola en Cristo, o solo paso el tiempo en lo que me muero para irme con él? ¿Alguien es edificado con lo que conozco?

Jesús habló de la recompensa. Cuando habló de la actitud de los hipócritas al dar limosna, al orar y al ayunar dijo: ya tienen su recompensa (Mt. 6:2,5,16). La admiración de la gente será todo lo que obtengan, pues Dios ya no les dará más por ello. Pero al enseñarnos sobre no amar solo a quienes nos aman (Mt. 5:46), no hacer nuestra justicia para ser vistos por la gente (Mt. 6:1), e incluso a dar a uno de los pequeños un vaso de agua (Mt.10:42), nos dice que todo esto tiene recompensa.

Pablo habló de correr de tal manera que obtengamos el premio dado por Dios (1Co. 9:24), como él mismo lo hace (Fil. 3:14). Si hacemos de buena gana lo que Dios nos ha mandado hacer, tendremos recompensa (1Co. 9:17), y que la recompensa es la herencia (Col. 3:24). Hebreos 11:6 nos dice que Dios premia a los que le buscan

Pero ¿por qué esperar una recompensa? Es claro que Dios no espera que hagamos las cosas “altruistamente”, sino por los motivos correctos. Sin embargo, en la lección 4 volveremos a este tema.

Ahora bien, aquí es importante entender dos términos: “el día” y “el fuego”, los cuales ponen al descubierto la calidad de la edificación. Bien se puede pensar que el día, es cuando Cristo vuelva, pero también Filipenses 6:13 nos habla del día malo, para el cual debemos ponernos toda la armadura de Dios. Así mismo Pedro (1P. 1:7 y 4:12) habla de ser probados por fuego.

¿Qué debemos entender de esto? Que al venir las pruebas es cuando se pone de manifiesto la calidad de nuestra edificación. Aquellos que se han esforzado en edificar su vida con oro y piedras preciosas (entiéndase la comparación), es decir aquellos que se edifican en oración y la palabra, poniéndola en práctica, reciben recompensa, salen adelante y se mantienen firmes tras la prueba, tal como lo dice Efesios 6:13.

Sin embargo aquellos que juegan con su vida espiritual, construyendo con heno u hojarasca, al venir la prueba sufren, se amargan, se asustan y preocupan tal como los incrédulos.

Esto bien puede explicar el sentido a Mateo 18:23-35, donde el creyente que no perdona es entregado a los verdugos, lo cual en otras palabras es que sufre debido a su necedad.

Así que la amonestación es semejante a la de Hebreos 2:1, pongamos más atención a lo que hemos oído, no sea que nos deslicemos.

Pero la edificación no solo tiene una promesa de recompensa, también tiene una amonestación. Nosotros somos el templo de Dios donde habita su Espíritu33, y por lo tanto la edificación es importante.

En el 6:19 Pablo especifica que nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo. Pero en este pasaje solo indica que “somos templo de Dios donde vive el Espíritu Santo.” Esto se puede entender como el hecho de que todos los creyentes unidos somos el templo de Dios tal como también lo dice a los efesios:

Están edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular, en quien todo el edificio, bien ajustado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor. En Cristo también ustedes son juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.

Efesios 2:20-22 NBLH

Y también el apóstol Pedro dice:

Y viniendo a Él, como a una piedra viva, desechada por los hombres, pero escogida y preciosa delante de Dios, también ustedes, como piedras vivas, sean edificados como casa espiritual para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. 1 Pedro 2:4-5 NBLH

Pero así como podemos edificar, también podemos destruir. Y si lo que hacemos es destruir en lugar de edificar, seremos destruidos por Dios. Esto tiene que ver con el poder destructor de las divisiones y por lo tanto la amonestación va dirigida a la actitud que tenían los corintios acerca unos de otros.

Así que esta amonestación aplica tanto de manera colectiva, destruir a la Iglesia de Cristo con las divisiones, como de manera personal, destruyéndose a sí mismo al ser negligente en lugar de buscar ser edificado.

4. UN RECORDATORIO DE PORQUE PENSAMOS DIFERENTE (3:18-4:7)


El tema central sigue siendo el pensamiento cristiano, el cual ve la sabiduría humana en oposición a la sabiduría de Dios. Y ahora que nos ha hablado del crecimiento y de quienes trabajan para Dios, podemos avanzar en la comprensión de esta diferencia.

Se nos dice que la sabiduría del mundo es engañosa, ¿en que sentido? Cuando el apóstol dice “que nadie se engañe” se refiere a que quien sea sabio conforme a la sabiduría humana, en realidad tiene una sabiduría que no le llevará a ningún lugar.

La historia es testigo de grandes personajes que han sido portadores de conocimiento y desarrollo, transformadores de sociedades, destacados en las artes, etc. Recordemos por un momento a la ilustración francesa. Su desarrollo llevó a la redacción de la “Declaración de derechos del hombre y ciudadano” durante la revolución francesa.

El humanismo se manifestó tal como lo narra Justo L. González: “En el país se desató una ola de terror que, uno tras otro, fue llevando a la guillotina a todos los principales jefes revolucionarios. A todo esto se unió una fuerte reacción contra el cristianismo, tanto protestante como católico. Los nuevos jefes de la revolución estaban convencidos de que eran heraldos de una nueva era en que la ciencia y la razón se sobrepondrían a todas las supersticiones y los sistemas religiosos, que en fin de cuentas no eran sino producto de la ignorancia humana… Fue a base de esas ideas que la Revolución Francesa creó su propia religión, que se llamó primero “Culto a la Razón”, y después “Culto al Ser Supremo”… Todo esto no pasaría de lo ridículo, de no ser por los millares de vidas que costó.34

Otro ejemplo de una de las culturas más destacadas que ha existido y que llevó la capacidad humana al límite de sus tiempos, fue la Alemania Nazi. Conocedores y admiradores del arte en todas sus expresiones a tal grado que al final de la guerra los aliados tuvieron que formar un comité que devolviera a sus países de origen todas las obras de arte que los nazis se habían llevado a Berlín. Fueron tan destacados en la ciencia que en realidad ellos iniciaron la era espacial, al menos en la teoría, de la cual se nutrieron los aliados. Usaban uniformes de diseñador Hugo Boss, y en su camino habían sido formados por una serie de filósofos, teólogos, músicos, etc. destacados a nivel mundial. Pero al mismo tiempo se caracterizaron por ser de los más despiadados y crueles que ha habido a lo largo de la historia. Mismo ejemplo fueron los romanos al inicio de la era cristiana. Por que cuando el ser humano se desarrolla ampliamente, manifiesta también ampliamente su situación de pecado.

No por nada las ciudades más poderosas y modernas han provisto formas de pecado muy perversas y respaldadas económicamente con fuertes sumas de dinero.

Así que para llegar a ser verdaderamente sabio, hay que hacerse ignorante. A esto se refiere Pablo en Filipenses 3:1-11. Él habla de sí mismo como un hombre que alcanzó altos niveles de excelencia según el pensamiento humano. Pero prefiere dar por perdido todo esto para no justificarse por sí mismo ante Cristo, es decir, teniendo su propia justicia. El desea la justicia de Cristo Jesús. En eso reside el hacerse ignorante a este mundo para ser sabio para Dios.

Y así es como ahora lo enseña: Para ser sabio según la sabiduría de Dios, debes reconocer que todo esfuerzo humano es vano. Debes depender de Dios y no de tu sagacidad o sabiduría humana. Esto lo hemos aplicado ya al crecimiento de la Iglesia.

Esto se debe a que la sabiduría del mundo es locura para Dios. Esta es la forma en que Dios responde al mundo que piensa que su sabiduría es locura.

Pero la diferencia es que Dios:

Él deshace las maquinaciones de los astutos, para que no prospere la obra de sus manos. Él atrapa a los astutos en su astucia, y desbarata los planes de los malvados.
Job 5:12-13 NVI

Con la erupción de un volcán en Islandia Dios puede cerrar todos los aeropuertos europeos, pese a la avanzada tecnología que estos poseen. Puede llevar a las grandes potencias a una crisis económica derribando proyectos y orgullos. Por eso también dice:

El SEÑOR conoce los pensamientos del hombre, Sabe que son sólo un soplo.
Salmo 94:11 NBLH

Es así como el pensamiento cristiano tiene claro el asunto de las divisiones que ponen la mirada en los hombres: “Que nadie se gloríe en los hombres.” Ya lo vimos en el 1:31, basado en Jeremías 9:24, si en algo hemos de gloriarnos, que sea en que conocemos a Dios.

Porque todo es nuestro, o en otra palabras, todo es instrumento de Dios para su obra en nosotros (Ro. 8:28). Lo es Pablo tanto como lo son Apolos y Pedro; lo es la vida como lo son la muerte, lo presente y lo por venir. Así que de acuerdo al pensamiento de Dios, nada está de más en nuestra vida. No tenemos incertidumbre sobre las cosas que ocurren en nuestra vida. Más bien tenemos la certeza de que Dios está trabajando en nosotros por el simple hecho de que: “Nosotros somos de Cristo”, y Cristo no es un personaje ambiguo o circunstancial como el mundo lo piensa, sino que Cristo proviene de Dios.

Por lo tanto debemos tener claro que los ministros son servidores (subordinados) de Dios. Ellos no son Dios, sino administradores de los misterios de Dios. Y al decir que son “administradores” significa que no son los dueños de los misterios, así como tampoco son el objeto de la revelación. Ellos sólo administran y están al mismo nivel de los demás. No son el “Señor de la mies”, son “obreros en la mies.” Sin embargo el administrador tiene responsabilidad y autoridad.

Es importante recordar esto sobre todo cuando escuchamos a alguien decir que Dios le dio una revelación personal, y curiosamente todo en esa revelación gira alrededor de su propia persona.

Quizás una de las mayores herejías de nuestros tiempos es la que se puso de moda hace unos cuantos años, cuando algunos sostenían que Dios les había revelado que serían “su hombre para x ciudad para los próximos años.” Aplíquelo a cualquier país donde tal personaje viva. Aunque tal herejía ha disminuido, estuvo de moda por algún tiempo. Y el show que se desarrollaba para darle crédito a tales engaños era muy peculiar:

Algún pastor (o Director, como algunos suelen llamarse a sí mismos), invitaba a un personaje famosillo a dar una serie de conferencias en algún congreso. Parte de las entradas era para el pastor organizador, y una buena tajada para el invitado. Y este, en agradecimiento por tan buena ganancia, en su última conferencia hacía pasar al frente al pastor, diciéndole que tenía una “palabra de Dios” para él. Y ya teniendo la atención de todo el auditorio le decía que Dios le estaba colocando como “el hombre de Dios para la ciudad”, que Dios le levantaría por encima de los demás pastores, porque contaba con su apoyo. ¡Toda suerte de fábulas se dijeron en aquellos tiempos! (y se siguen diciendo). Todo esto se hacía tomando en cuenta que a tal congreso acudían personas de otras congregaciones, que seguramente dirían, ¡Guau! ¡Aquí si está Dios! Este pastor es mejor que el de mi Iglesia. Eso sedujo a muchos a cambiar de congregación y dio paso al desarrollo de varias “mega iglesias.”

Sin embargo, Pablo aclara su posición, lo mismo que la de Apolos. Ellos tienen un encargo y deben ser fieles, es decir dignos de confianza como administradores. Ellos entienden que el encargo es para edificar y no para sacar ganancia de él. Ellos no buscan fama, sino responder al encargo de Dios.

Ahora recordemos algo que vimos en la primera lección. El espiritual juzga todas las cosas y él no es juzgado de nadie (2:15). Es cierto que Pablo es servidor de Dios, es administrador y sabe que debe ser fiel. Pero aún no es perfecto. Por eso puede cometer errores. Pero es espiritual, por lo tanto no se preocupa por que lo juzguen, ya sea los creyentes o los no creyentes, incluyendo los tribunales.

Es claro que el hombre de Dios no está buscando popularidad. No predica y luego les pregunta ¿qué les pareció el mensaje? Tampoco altera su mensaje para que la gente no se sienta ofendida y se vaya de la Iglesia.

Es posible que nunca haya existido algún pastor o predicador del que no se haya hablado mal en algún momento. Al prepararse para el ministerio uno debe ser consciente que en ocasiones tendrá que enfrentar calumnias en su contra. Pero eso no debe preocuparnos, pues Dios es quien finalmente juzgará todas las cosas y pondrá todo al descubierto.

Muchos ataques a los ministros tienen más que ver con los conflictos que hay en el corazón de quien se ataca, que con lo que tal ministro hace. Pero aunque esto sea así, no por eso podemos hacer lo que queramos, pues debemos ser fieles y responsables, sabiendo que quien nos ha de juzgar es Dios.

Es cierto que hay malos ejemplos de ministros, la historia cuenta de conflictos causados por el egoísmo y la avaricia por parte de algún pastor, evangelista o misionero. Hay cristianos que han sido dañados por los abusos, eso es cierto. Así mismo es cierto que otros han sido acusados falsamente. Pero todo esto va quedando reservado para cuando el Señor venga y ponga todo al descubierto.

Esto cobra especial importancia por el hecho de que muchas buenas obras se han hecho por maldad. Ya hemos mencionado que aún Cristo ha llegado a ser predicado por envidia. Jesús dice que incluso quienes hayan hecho muchos milagros, profetizado y echado fuera demonios en su nombre; pero sin haber hecho la voluntad del Padre, no entrarán en el reino de los cielos y son “hacedores de maldad” (Mt. 7:21-23).

Recuerda, cualquiera que toma el ministerio para ganar la admiración de los demás, sacando provecho personal de ello, ya ha recibido su recompensa.

En esto encontramos una gran verdad, la cual con su permiso pondré en negrillas porque es muy importante para el ministerio: Hay que hacer lo correcto por el motivo correcto.

Por lo tanto, si podemos juzgar todas las cosas, seamos cuidadosos en cuanto a descalificar o rendir admiración a otros. Mejor seamos pacientes, que Dios pondrá al descubierto las intenciones de cada corazón y dará a cada uno la alabanza que le corresponda.

Tengamos cuidado de quienes impresionan yendo más allá de lo que nos dice la palabra de Dios, pretendiendo ser depositarios de nuevas revelaciones y menospreciando lo que Dios ya ha revelado en su palabra. Es así como muchos han llegado a creerse superiores a los demás.

Sin embargo ¿Qué es lo que hace a una persona mejor que otra? La mentalidad humana habla de superioridades por mérito propio. Esto es contrario al pensamiento cristiano.

Timothy Keller escribe: “La doctrina bíblica de la imagen universal de Dios lleva por lo tanto a los cristianos a esperar que los no creyentes puedan ser mejores de lo que podrían serlo, gracias a sus creencias erróneas… El cristianismo no solo hace que sus miembros crean que las personas de otros credos tienen bondad y sabiduría para ofrecer, sino que esperan también que muchas personas lleven una vida moralmente superior a la de ellos. La mayoría de las personas de nuestra cultura cree que, si hay un Dios, podemos relacionarnos con él e ir al cielo si nos comportamos bien... La mayoría de las religiones y filosofías asumen que el estatus espiritual de alguien depende de sus logros religiosos. Esto hace que sus fieles se sientan superiores a quienes no creen que se hayan comportado como ellos. En cualquier caso el evangelio cristiano no debería tener ese efecto. 35

Así que el ser humano busca mejorar cada día para ganar el cielo, para ser admirado y tener renombre. Pero el pensamiento cristiano reconoce que toda diferencia entre las personas se debe a la obra de Dios y nada más, contrario al pensamiento del mundo.

Esta verdad se sustenta en el hecho de que todo lo que tenemos nos ha sido dado por Dios. Esto incluye la inteligencia del ser humano que ha buscado su propia sabiduría apartándose de Dios. La vida, y las fuerzas nos han sido dadas, de modo que no hay nada que presumir, solo lo que hemos dicho anteriormente: “Que conocemos a Dios.”

5. TODO LO QUE SOMOS Y HACEMOS ES POR CRISTO (4:8-21)


Todo lo que hemos visto hasta ahora tiene un propósito, llevarnos a entender las cosas de la manera correcta para pensar conforme a la sabiduría de Dios. Ese cambio en nuestra forma de pensar es lo que traerá la transformación a nuestras vidas (Ro. 12:2).

Sin embargo los corintios se sentían perfectos, como si ya tuvieran todo lo que necesitaban y ya no requirieran de instrucción. ¡Ojalá así fuera! Es la expresión de Pablo, así él mismo gozaría de la perfección de ellos.

Pero hemos dicho que Pablo tiene muy clara su función dentro del cuerpo de Cristo. Él entiende que si paga un precio es por Cristo. Si hay que batallar renunciando a toda comodidad y ser exhibido es por amor a Cristo, a fin de edificar a su iglesia.

El apóstol aplica a su propia vida lo que acaba de exponer. Su motivo es Cristo, todo lo ha recibido de él y no presume nada fuera de él. Así que todo lo que él experimente es bien recibido, pues no es una víctima, él se ha ofrecido voluntariamente.

Lo que se detalla en este pasaje acerca de la vida y experiencias de un apóstol deja al descubierto la falsedad de esos modernos apóstoles que presumen de ser gente grande con lugares privilegiados en los cielos. Su actitud de buscar los primeros lugares, considerarse incuestionables al decir herejías y la búsqueda de admiración, niega todo lo que hemos visto hasta ahora en esta lección. Ellos buscan establecer jerarquías en la Iglesia al mas puro estilo católico romano, donde ellos están a la cabeza e incluso han formado su “Coalición Internacional de Apóstoles.”

Es cierto que en una cosa si coinciden con Pablo, son “espectáculo” pero no en el sentido en que lo menciona Pablo. Él se refiere a que los apóstoles han sido exhibidos y avergonzados delante del mundo, de los ángeles y los hombres; sus debilidades y defectos han sido expuestos y señalados.

Contrario a esto, estos modernos “apóstoles”, los cantantes “cristianos”, los tele-evangelistas y demás, son espectáculo pero no por causa de Dios, sino que montan su espectáculo para beneficio personal. Esto es notorio porque cuando se presentan en alguna iglesia o auditorio, la gente corre a verlos esperando ver un despliegue de grandezas y de “poder de Dios.” De hecho pastores y miembros de iglesias se sienten afortunados de que tal circo se detenga en su ciudad. Esto es más cercano a un vedetismo que a un ministerio en el cuerpo de Cristo. Pues ellos son la razón de la asistencia al evento, no Cristo.

Pero lo que el Apóstol Pablo menciona aquí respecto de los Apóstoles, cobra mayor sentido si lo aplicamos a lo que hoy en día llamamos “misioneros.” 36

Sin embargo es necesario que no perdamos de vista el objetivo de lo que está escrito aquí. Esto es para que tanto los corintios como nosotros, ubiquemos de manera correcta a todo ministro de Cristo. Esto implica reconocer que en verdad alguien está sirviendo en nuestra edificación pagando un precio, y esto es un ejemplo que debe ser imitado. Es necesario reconocer que otros actúan en nuestra vida por amor a Cristo, y debemos ser agradecidos por ello.

Ahora bien, lo correcto es que nuestra motivación sea Cristo, pues si nuestra motivación es otra, entonces algo está mal. Aquí es donde importa la intención del corazón.

Jesús enseñó que hiciéramos tesoros en el cielo, no en la tierra. Y un tesoro no es precisamente una cuestión monetaria, es donde ponemos el corazón (Mt. 6:19-21). Porque en la tierra los tesoros sufren daño, son robados, se acaban o se van, pero en el cielo no. Así que Cristo mismo debe ser nuestro tesoro, nuestra motivación, es decir la persona en quien pongamos nuestro corazón.

Es inevitable que lleguen momentos difíciles a todo ministerio. Así que cuando alguien sale al campo misionero motivado por la necesidad de la gente de conocer a Cristo, o cuando alguien toma el pastorado por la necesidad de otros, la desilusión llega al darse cuenta que quienes tienen tal necesidad no desean una respuesta. Es debido a esto que muchos han dejado las misiones y otros el pastorado, porque la gente no está dispuesta a recibir el mensaje.

Pero cuando la motivación es Cristo, no importa la actitud de la gente ni su reacción al mensaje del evangelio. Lo que importa es lo que Cristo espera de nosotros. Ahí es donde se vive el ministerio para edificación y se hace con gozo. La gente podrá rechazarnos mil veces, pero si mil veces Cristo espera que les prediquemos, lo haremos con gozo porque lo hacemos por amor a él, y por consecuencia por amor a ellos.

Sin embargo, los problemas entre los corintios no terminan ahí. Debido a la situación que vivía la iglesia, algunos se habían envanecido, se habían vuelto presumidos. No reconociendo la obra de Dios a través de la vida de otros. Por lo tanto se comportaban como si nadie les fuera a pedir cuentas.

Así que Pablo les avisa que irá a verlos para darse cuenta, no solo de lo que dicen, sino del efecto que las palabras de esos presumidos han tenido en la vida de los corintios. Pues las palabras tienen efecto y el reino de Dios no es solo cuestión de lo que se dice, más bien es cuestión del efecto que tienen las palabras en la vida de quienes las escuchan.

Así que se les amonesta por carta para que cuando Pablo vaya, todo sea apacible, y no una visita de reprensión. Esto se debe a que él siente un compromiso hacia ellos como el de un padre. Por lo tanto les aclara, que si bien otros han trabajado en la vida de ellos, él como un padre está comprometido con su crecimiento como cristianos.

CUESTIONARIO DE LA LECCIÓN 2

  1. ¿Cuál fue la limitación con la que Pablo se topó para instruir a los corintios?

  2. Describa las dos mentalidades mencionadas en esta lección que se pueden tener en el pastorado.

  3. ¿Cuál es la pregunta que todo pastor debería hacerse respecto del número de miembros de su iglesia?

  4. Comente la diferencia entre el fundamento del pensamiento cristiano y el del pensamiento humano.

  5. Explique la frase “Hacer lo correcto por los motivos correctos.”

  6. ¿De qué es de lo único que en verdad podemos presumir?

  7. ¿En qué sentido todo es nuestro?

  8. ¿Cuál de las características de un apóstol, mencionadas aquí por Pablo le ha llamado más la atención, y por qué?

  9. ¿Cuál es la importancia de tomar un ministerio por amor a Cristo y no por otro motivo?

  10. En la parte final de esta lección encontramos un motivo por el cual debemos estar agradecidos ¿cuál es?
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