Las lenguas extranjeras y la literatura






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SEMINARIO Y COLOQUIO

LA DIDÁCTICA DE LA ESCUELA MATERNA,

LAS LENGUAS EXTRANJERAS Y LA LITERATURA




ensayo

(Reelaborado)

Acto y potencia en la brevedad

(Una creación discursiva de la posmodernidad

como alternativa pedagógica

para la comprensión y producción de textos)



PRESENTADO POR

HUMBERTO JARRÍN B.

CÁTEDRA UNESCO

UNIVERSIDAD DEL VALLE

Cali – noviembre 26 de 2004

ENSAYO

Acto y potencia en la brevedad

(Una tipo creación discursiva de la posmodernidad como alternativa pedagógica

para la comprensión y producción de textos)

Por Humberto Jarrín B.

“La concisión es sólo un aspecto del tema que quería tratar, y me limitaré a deciros que sueño con inmensas cosmogonías, sagas y epopeyas encerradas en las dimensiones de un epigrama. En los tiempos cada vez más congestionados que nos aguardan, la necesidad de literatura deberá apuntar a la máxima concentración de la poesía y del pensamiento” (Italo Calvino, Seis propuestas para el próximo milenio)

Escribir con la propia sangre como lo pedía Nietzsche, en estos tiempos en que la sangre es atacada por todas partes, significa también escribir con todas sus violencias y enfermedades. (Humberto Jarrín B., Malentendidos de principiante –inédito-)

“Dame un punto de apoyo y moveré el mundo”, esta frase traída desde los albores de la cultura occidental y principio básico de la mecánica universal puede servirnos de analogía para expresar con palabras distintas algo que es una realidad cognitiva y social: apoyados en el lenguaje es que movemos y conmovemos el mundo. Y lo es mucho más en la vida práctica de la academia. De ahí que buena parte de las reflexiones e investigaciones de la pedagogía contemporánea dirija sus esfuerzos a desarrollar teorías y métodos didácticos encaminados al propósito de la comprensión y la producción de textos de la más diversa índole.

Comprensión y producción textual dos etapas complementarias de un proceso que comienza con la decodificación del texto. Cada una es un salto cuantitativo y cualitativo sobre el dominio cognitivo, afectivo y estético (nunca olvidemos esta dimensión) de ese modelo de mundo, real o imaginario, que se instala ante la mente de una persona, fenomenológicamente expresado como una realidad lingüística y comunicativa. Estamos, pues, ante un fenómeno de suyo dialéctico, en el que los tres componentes básicos, enunciador, enunciado y enunciatario establecen una situación de enunciación particular, epicentro de donde comienzan los telúricos temblores que mueven y hasta sacuden los resortes y niveles de la cultura toda.

Sólo aquel que comprende un texto está en capacidad de poder interpretarlo, conferirle un significado, entrar, en últimas, en posesión intelectual y afectiva del mundo que el texto le propone. Los fundamentos filosóficos de esta afirmación la hallamos en Heidegger cuando al preguntarse sobre lo que significa sentido responde: «Cuando el ente que está dentro del mundo se descubre con el ser de la existencia, es decir, llega a la comprensión, entonces tiene sentido», y más adelante afirma «Toda interpretación que implique comprensión debe haber entendido ya lo que pretende interpretar» (El ser y el tiempo, citado por Emerich Coreth; página 111,1972). Y conocimiento que habita por igual cerebro y corazón quiere salir a buscar una nueva realidad, ya pensada y sentida, en un mundo propio, recreado, que no es otro que el que comienza a apretarse en la mano por donde quiere salir en forma de escritura. Una buena comprensión de un texto, empuja a la creación de un texto nuevo; causa y efecto creativo; un punto de apoyo que funciona como palanca para mover la escritura.

La tesis que se infiere es, entonces, que se hace necesario y previo el desarrollo de una competencia comprensiva e interpretativa global de un texto, es decir, establecer un vínculo de compromiso intelectual con él (Pedro Salinas, nos lo dice a su modo al diferenciar al lector del leedor, el uno de verdad, el otro apenas un simulacro) para que esto sirva como mecanismo –palanca– de movilización de la escritura. Sólo se siente impulsado a escribir quien tiene algo que decir, y «este algo que decir» se ha alimentado de la lectura de textos previos que han sido comprendidos e interpretados conforme a unas necesidades comunicativas, cognitivas, afectivas, estéticas.

El interrogante que se deriva en consecuencia es: ¿con qué tipo de textos se puede desarrollar de manera expedita, efectiva, creativa y gozosa, la comprensión e interpretación de textos, esto es, desarrollar la competencia lectural, y que al mismo tiempo sirvan de recurso pedagógico para incentivar y desarrollar la escritura? ¿Qué tipos de creación lingüística son poseedores de ciertas características sintácticas, semánticas y retóricas, que por un lado propongan retos cuya exigencia comunicativa active la competencia interpretativa y de otra se conviertan en detonantes didácticos para movilizar la competencia escritural? ¿Qué tipos de textos articularán mejor como “punto de apoyo” para las “palancas” que queremos poner en funcionamiento?

Hemos creído encontrar la respuesta en el llamado relato breve. Para que este término no vaya a limitarse al terreno de lo meramente narrativo y ficcional, como se lo suele hacer, se hace necesario aclarar el concepto mismo. Comencemos entonces por la gran variedad genérica que el relato breve o texto breve despliega. Los textos que parten de la brevedad formal para comunicar su mundo poético, narrativo, expositivo, argumentativo, descriptivo, poético, filosófico, ideológico, en fin, son, sin pretender hacer una lista exhaustiva ni ordenada, entre otros, los siguientes: los aforismos, los minicuentos, el cuadro caracteriológico, la anécdota, los proverbios, los haikú, los grafittis, las noticias, los avisos, las fábulas, el mito, la leyenda, los chistes, las alegorías, el retrato, la epístola, los poemas en prosa, las notas, las escenas o esbozos dramáticos, los milagros, los apólogos, las alegorías, el refrán, los avisos publicitarios, las sentencias, los bosquejos, el epífano, el boceto, los ensayos brevísimos, las greguerías, los bestiarios, las viñetas, los artículos, los palíndromos, las definiciones, las instrucciones, las reseñas, los episodios, los diálogos, algunas crónicas y muchos más. Como podemos ver estas elaboraciones abarcan las distintas tipologías textuales y genéricas, lo informativo, lo argumentativo, lo poético, lo expositivo, lo dramático y lo narrativo.

Ahora bien, hay dos razones básicas para que esta multiplicidad de formas breves de la expresión discursiva y/o ficcional, sean tenidas en cuenta. La primera es que desde el punto de vista estético, comunicativo e ideológico están siendo revaloradas cada vez más bajo los postulados filosóficos y sociológicos de la posmodernidad. En efecto, en cuanto textos distantes del centro canónico, es decir, textos de alguna manera marginales, hay una recuperación de su valor social y comunicativo obedeciendo con ello a las tendencias de una ideología que abandona los grandes relatos para reconsiderar las periferias, para este caso las lingüísticas, las textuales y estéticas. La segunda es porque se ha descubierto en ellas un gran potencial pedagógico, importante y poco explorado, para el proceso de la enseñanza y el aprendizaje de una lengua, que como la nuestra es rica en posibilidades experimentales, particularmente para movilizar habilidades como el leer y escribir.

El texto breve o microtexto, sin importar a qué grupo de las tipologías textuales antes señaladas pertenezca, propone de antemano, en la dimensión de la lectura y la escritura, una serie de retos que cualquier estudiante que aborde el lenguaje como objeto de estudio, no debe dejar de lado. Veamos algunas de las posibilidades que podrían considerarse en el momento de abarcar problemas relacionados con la compresión y producción de textos.

En principio está el problema que se desprende de su naturaleza formal inicial: la brevedad. Si todo lo que hace el ser humano tiende hacia la economía, y si de alguna manera consideramos los microtextos como una respuesta a esta necesidad (inherente entre otras cosas a la materia: la búsqueda de la sencillez y la síntesis), sería interesante comenzar estos estudios dando una mirada histórica por todas aquellas formas breves que el hombre de distintas épocas y sociedades ha elaborado a partir del lenguaje, teniendo en cuenta primero su carácter lingüístico lo mismo que su finalidad estética y su función ideológica y comunicativa. Pensemos por ejemplo en los yambos de Catulo y en los epigramas de Marcial y en los grafittis anónimos romanos. Pero incluso antes, en las épocas iniciales y de consolidación del lenguaje cuando se buscaban soluciones comunicativas para conservar el saber acumulado, aparecen aquellas expresiones verbales que son una combinación de fórmulas y oraciones, rezos y consignas, en todo caso un recurso mnemotécnico que para volver comunicable algo caro (espiritual y material) para la comunidad, debía ser estructurado en formas breves. Efectivamente, partir de los orígenes mágicos y míticos, pasando por las variadas formas discursivas o creativas que en adelante se perfilaron, hasta llegar a la última creación: el microcuento, que tiene raíces en el modernismo y cuyo desarrollo y evolución son eminentemente posmodernistas, diferenciándose por esto y por otras particularidades más, de las otras formas lingüísticas cortas, todas ellas, pueden ser un buen comienzo para poner en contacto al estudiante con un universo discursivo que se presenta como transhistórico, transcultural y transgenérico.

Habría que añadir también los tipos de textos cortos resultado de las tecnologías computacionales que al relacionarse en una gran red dan como producto los hipertextos. Un problema o área de estudio, en consecuencia, sería la relación de las nuevas formas breves como expresiones dinámicas de los “mass media”, sus discursos y las formas concomitantes de lectura que ello provoca. Así, se desbordaría la influencia del texto verbal en la medida que entra a participar de las evoluciones y revoluciones operadas en la imagen y los géneros massmediáticos como el video “clip” y el corto publicitario. Incluido el mismo cine. Al respecto Robert Kelly nos dice: “Nuestro tiempo ha hecho posible, y también necesaria, la ficción sucinta. La gente, nosotros mismos, hemos crecido con el cine y la televisión, con una necesidad cada vez menor de exposición descriptiva, aunque, al mismo tiempo, nos acuciaba el deseo de la inclusión instantánea de lugar, estado de ánimo, ambiente. La visión que nos daba el cine es lo que la ficción corta ha aprendido a representar”1 Efectivamente, el texto breve contemporáneo es quien “a un tiempo asimila las marcas de la textualidad massmediática y procura desestructurar los modos de lectura por ella impuestos. A la tácita confianza en la autoridad de los medios opone un trabajo de ruptura de los estereotipos que produce un efecto de incomodidad. Problematiza los preconceptos sobre los que descansa la vida contemporánea o los destruye con un solo golpe de efecto, poniendo así de relieve su fragilidad”2. ¿Qué efectos en la lectura producen los textos cortos en una época como la nuestra cuya tendencia es inclinarse hacia la velocidad y la superficialidad? Juegos y retos. Lo breve ofrece a los ojos una superficie verbal que se caracteriza por la condensación, problematizando la sintaxis y potenciando su semanticidad, objeto y realidad lingüística captable casi siempre en los textos breves de un solo golpe de vista, dejando de lado todo el universo posible de lo comunicativo para focalizar la atención en un hecho que sugiere ser instantáneo, una epifanía, un destello fugaz. Lejos está de garantizarnos una imagen completa y coherente de la realidad. Le apunta mejor a los atisbos, a las miradas por el ojo de la cerradura con el ojo algo distante. Por lo cual hay que entrar al juego de las presuposiciones, a la estrategia de aludir omitiendo, sugerir ocultando, decir callando, que ha de servir de acicate, por un lado a la imaginación para que vuele y se pierda en los confines de los mundos posibles (complicidad), y de otro, al pensamiento formal, que intenta por todos los medios, con placer y también con angustia, de restablecernos la seguridad de un mundo próximo y completo, continuo. En ambos casos se configura una “constante desestabilización de los estereotipos interpretativos”. Robert Kelly, nuevamente, nos ilustra un poco más al respecto: “Y más de una astuto espectador infantil de sesión matinal ha notado que los “próximamente”3 son más emocionantes, y más vivos, que las confusas películas de serie B de noventa minutos de que son anuncio. Esto es la ficción corta, ese género solapado, súbito, vivo, amigo de apuñalar por la espalda, apetecible, aniquilador; y esto es lo que nos recuerda que eso de corta no es correcto; la ficción de que estamos hablando es justa, como es justa una entonación, o una sentencia legal: ni demasiado larga ni demasiado corta”. (Opus cit.)

Desde el punto de vista estructural, los microtextos reactivan elementos y particularidades claves del lenguaje y del acto comunicativo, bien sea en cuanto actuemos como lectores o como escritores. Uno de ellos, y como consecuencia de lo tratado en el párrafo anterior, es la síntesis, y por lo mismo, la economía del lenguaje, en tanto se nos hace una alta exigencia para eliminar la redundancia, rechazar la ornamentación y privilegiar las esencias. Quienes escriben relatos cortos y poemas, y muchos otros textos cortos (en relación con los comunicadores, los slogans y los mensajes publicitarios, en el caso del publicista, y las noticias en el caso del periodista), saben que la elipsis es uno de los tantos recursos a los que se debe recurrir. Quienes los leen saben que deben poseer una alta competencia lingüística, cultural y comunicativa, para así poder participar del juego y de los retos propuestos. “Una manera de contar que utiliza esta forma narrativa es la borradura, la diestra escisión de lo que el lector espera pero no tiene necesidad de oír. De ordinario, los cuentos (sobre todo el infame cuento corto) no son, en realidad, más que la sombra difusa que arroja el ardiente narrema, o sea, el hecho concebido como cosa narrable. Cuando este hecho está contado escuetamente, la gracia reside en la forma de contarlo, lo que cuenta da necesariamente en blanco”4.

La exploración lúdica del lenguaje es otro de los elementos que se pone de relieve. Juegos de palabras, la ambigüedad semántica, y otros fenómenos lingüísticos como la homonimia, la paronimia, la polisemia. Las diversas formas del humor como la ironía, la parodia, etc. El microcuento y la publicidad, como eventos comunicativos, el uno estético y el otro pragmático, son los que por excelencia han explotado esta particularidad en la actualidad.

También en su contenido y en su intención ideológica los microtextos, al ser considerados textos marginales, ex-céntricos, proponen un escepticismo radical que descree de la existencia de verdades absolutas. Esto trae consigo una veta rica para la experimentación, tanto de los registros linguísticos, como de los múltiples formatos discursivos y ficcionales, a la vez que de los temas y las preocupaciones escriturales consideradas en conjunto.

Si vimos que el texto breve dice omitiendo, y separa una parte de la totalidad (sin olvidar que no por ello deja de constituirse como un universo, breve pero completo) jugando un poco a la incompletud (sugiere fantasmagorías) es lógico pensar que favorece la fragmentación. ¿Qué efecto produce esto? Activar la complejidad del sentido y la forma de los textos (para lo cual recurre a la disyunción, a la rearticulación, que incide en una hibridación genérica, en un texto proteico) y por tanto, de su lectura y su escritura, puesto que al ofrecerse como obras abiertas –lo que ha implicado la ruptura del principio de unidad–, exigen, tanto del emisor como del receptor, un virtuosismo intertextual, una serenidad que estaría dada por la práctica y la experiencia como usuario hiperactivo del lenguaje. Razón por la cual se nos presenta como un rico filón de posibilidades no sólo lingüísticas, sino también lógicas, estéticas, cognitivas y comunicativas, pues el texto breve, considerado como un objeto abierto y experimental, no entra en contradicción con lo literario, la documentación, la argumentación. Prueba de ello son los textos ensayísticos breves de Nietzsche, Cioran, o Bufalino, y en Colombia, de Fernando González y de una serie de escritores jóvenes, por nombrar apenas tres: Julián Serna Arango (Heterodoxias, 1999), Diego Gil Parra (EL homo litterarius, 2004), Humberto Jarrín B. (Malentendidos de principiante, 2000, inédito)

Todo lo dicho hasta aquí del texto breve o microtexto o relato breve, como se lo quiera llamar, está en plena consonancia con las perspectivas teóricas que en la actualidad se adelantan en relación a la concepción del texto mismo y sus diversas tipologías. Nos aprovecharemos de la síntesis que de estas corrientes teóricas hacen las autoras Graciela Tomassini y Stella Maris Colombo5, para, de nuestra parte, anotar (o reiterar mejor) seguidamente cómo el relato breve cumple con las características que cada corriente demanda, de modo que pueda ser objeto y vehículo de estudio especial, sobre todo en el propósito de adelantar y desarrollar proyectos que contemplen la comprensión y la producción textual, y que a su vez permitan la reflexión y la consecuente conceptualización del fenómeno lingüístico y comunicativo.

Las corrientes aludidas que estudian el texto y las que Graciela Tomassini y Stella Maris Colombo citan en su trabajo6 son la lingüística textual con Teun Van Dijk, Halliday, entre otros; la semiótica textual; y la desarrollada en Francia por autores como Kristeva, Barthes y Derrida. Así, para la primera, la definición del texto apunta a señalar su dimensión comunicativa, y es ésta la que condiciona su funcionalidad pragmática y su carácter social. Desde esta perspectiva el estudio del texto se centra en el análisis de la coherencia textual cuya propiedad semántica permite la interpretación del texto, expresada en primer lugar, mediante mecanismos de conectividad lineal y global y de progresión temática; segundo mediante la vinculación o referencia al mundo extratextual; y tercero, a través de la realización de cierto modelo discursivo. Son pues, categorías básicas de este modelo conceptos como la microestructura, la macroestructura y la superestructura. Si retomamos estos aspectos con los señalados para el relato breve veremos cómo unos y otros entran en plena conexión. Recordemos la variada lista de formas y estilos que registramos como manifestaciones del texto breve, o relato breve, incluido el minicuento, creación de condición estética e ideológica enteramente posmoderna.

Una de las características más sobresalientes del texto breve es su naturaleza prometeica, y puesto que en él conviven casi todos las tipologías discursivas, se presta como recurso didáctico para estudiar en él el reconocimiento, el análisis y el contraste de las distintas configuraciones estructurales, lo mismo que los registros discursivos y las operaciones retóricas presentes en todo texto. El texto breve es la mezcla de todos los géneros, literarios y no literarios, o hace que todos en él coexistan, por lo que se presenta como una simbiosis textual rica en posibilidades de estudio. Con dos agregados a la variedad disponible: primero, son textos de un alto componente estético, por lo que, segundo, se facilitan para llevar a cabo, apoyados en ellos, un proceso de enseñanza-aprendizaje de manera efectiva, clara, dinámica, y sobre todo gozosa y agradable pues la mayoría de estos textos incorporan el lenguaje lúdico, el humor, la ironía, la creatividad, la imaginación desbordante, dimensiones indispensables y que no hay que olvidar en procesos de este tipo. En resumen, la variedad de formas asumidas por el relato breve es un recurso pedagógico importante a la hora de hacer la caracterización diferencial de los textos, las tipologías textuales.

Desde la perspectiva de la semiótica textual el texto se define en razón de su operatividad puesto que privilegia, tanto la función social del texto como el valor que un sistema cultural cualquiera le atribuye. A diferencia de las concepciones normativas y descriptivas que buscan los atributos inherentes, las propiedades singulares de determinados tipos de textos, esta concepción se focaliza más en las interacciones que establecen los textos con las variadas axiologías, ideologías e intereses que ponen sus productores (escritores) y sus intérpretes (lectores), cuando entran en contacto con él.

De nuevo aquí el texto breve cae como anillo al dedo habida cuenta su condensación semántica. Ya lo señalábamos arriba cuando aludíamos a la manera como el relato breve desestructura los modos de lectura y los potencia en la medida en que exige una mayor participación del lector al proponerle contenidos semánticamente densos o abiertos, poniendo en práctica la estrategia de aludir omitiendo, la de la incompletud, la de sugerir ocultando. Exige, pues, una alta competencia lingüística y semántica, un virtuosismo intertextual, tanto de aquel que los escribe como de aquel que los lee. Aquel que no posee este virtuosismo textual, como interprete o como productor, puede desarrollarlo si se lo pone en contacto con este tipo de textos. Con ello se busca beneficiar la calidad de composición y de recepción textuales, ésta ultima sujeta casi siempre a los límites de una interpretación estrecha en textos de suyo pobres en su dimensión semántica.

Por último, desde una óptica distinta están aquellos autores que conciben el texto como fenómeno productividad. Entienden el texto más como un modo de funcionamiento del lenguaje, y no como un producto de la actividad lingüística o como representación de un sentido que se puede comunicar. De esta consideración se desprende otra de las características que el texto breve tiene, la cual se puede explotar al máximo, y es ésta: el relato breve no es una unidad lingüística cerrada, sino una existencia dialéctica que absorbe y transforma unos textos en otros. En efecto, el relato breve al ser un producto lingüístico proteico como lo señalamos en su oportunidad, se vale de todas las tipología textuales fagocitándolas, confundiéndose en ellas, y la vez que las parodia o las ironiza, les rinde un homenaje valorándolas en tanto realidades útiles. En últimas a lo que apunta esta concepción es a definir todo texto como intertexto.

Y esta intertextualidad en la que es rico el texto breve opera también como estímulo lector, pues parte del placer de la lectura cifrada en los textos breves es la vinculación que éstos hacen con otros textos; el lector se siente empujado, seducido, a la búsqueda del texto anterior del que nace o al que alude el que tiene, y a conectarse con él, el decir, con el hipotexto.

Y en la medida en que los intratextos se suman, superponen, o completan, aparece el hipertexto. Es asombrosa a veces la densidad apretada de esta cualidad en microtextos que siendo un hipertexto tienen sintéticamente asimilados varios textos que fueron escritos antes (hipotextos) y que aparecen en el hipertexto como alusión, referencia o cita. Este fenómeno, es decir, esta conciencia, de que todo es hecho por todos “es a la vez visionaria e irónica, es difícil de describir, pues acaba con esa antítesis discursiva entre lo individual y lo colectivo. Tiene que ver con el hecho de reconocer que, en mayor o menor grado, toda literatura es un plagio”7

Es, pues, la intertextualidad la naturaleza genérica del relato breve, el que hemos de entender como producto lingüístico, estético y comunicativo nacido del modernismo y consolidado bajo el amparo ideológico y pragmático de la posmodernidad. Hijo en realidad de ésta, por lo que, no está de más aclararlo, el relato breve en cuanto resultado de las condiciones comunicativas, estéticas e ideológicas del posmodernismo8 no debe tenerse como un texto corto cualquiera. No, el relato breve se diferencia de las muchas otras formas sucintas que la cultura ha producido en la medida en que sólo aquél y no éstas, reflejan las características particulares de la posmodernidad, que según K Gergen9 son las siguientes: la pérdida de lo identificable; el cuestionamiento de la autoridad, la construcción social de la realidad; el resquebrajamiento del orden racional; la autorreflexión y la ironía (la carnavalización, según Bajtin). Efectivamente, a estas seis características10 nos hemos estado aludiendo en mayor o menor grado al resaltar las características del relato breve y al ponerlo como un universo discursivo propicio para la comprensión y producción textual.

Estas características sólo presentes en el relato breve pueden aprovecharse también como recurso pedagógico para la comprensión y producción de textos, en la medida en que amplía las posibilidades de lectura yendo más allá de la aventura de la dimensión lingüística para pasar a terrenos de una lectura emblemática, es decir, aquella comprometida con el orden más profundo de ciertos asuntos humanos y de la sociedad, valiéndose del alto poder de simbolización con que operan muchos de estos texto. Por su parte la escritura también puede servirse de estas características, pues conociendo cuáles son las operaciones textuales con que se componen los relatos breves, éstas pueden explotarse para un proyecto de escritura apoyado en ellas. Estas operaciones no son otras que las operaciones transtextuales (Tomassini; Colombo: RIB, 1996) y que apenas nombramos y no hacemos explícitas en razón del espacio asignado para este ensayo: 1. La parodia. 2. El doble sentido (juegos de relaciones de homonimia, polisemia, paronimia, sinonimia, antonimia). 3. Redefiniciones o definiciones apócrifas. 4. Invención de palabras. 5. Desautomatización de formularios textuales tradicionales (fábulas, aforismos, apólogos). Versiones distintas (perversión, inversión, revisión, las que se producen a partir operaciones hipertextuales). 7. El pastiche.

A manera de conclusión digamos entonces que hay todo un universo textual, novedoso y versátil, problemático y sugerente en lo que reconocemos como relato breve, como texto corto posmoderno, que propone una realidad comunicativa, lingüística y estética de lo breve que está por explorarse en el lenguaje; una existencia discursiva en todo caso de otro tipo, y que por lo mismo tiene una serie de prometedoras posibilidades que van desde su aplicación en los medios de comunicación social (radio, t.v. prensa, la web), hasta su condición científica pedagógica e implementación didáctica (estudio de formas, de nuevos géneros, de revaloración y resignificación de las viejas y tradicionales, tanto en su forma como en su expresión lingüística), estética (escritura creativa, recreación de géneros), y filosóficas (temas, ideologías y concepciones acerca del mundo y de la vida, cosmovisiones, valores que en este tipo de textos se están promoviendo), pedagógicas (técnicas, operaciones lingüísticas, problemas estructurales, procesos de creación, de lectura y escritura, etc.).

Además de lo anterior, la naturaleza de los textos breves no es ajena a los nuevos requerimientos que la posmodernidad exige. La interacción que su lectura promueve no es extraña ni “ajena a la dinámica de los mass media en la cultura de nuestra época” (Tomassini). O como dice David Lagmanovich: “Este siglo XX que está a punto de terminar (tanto más el nuevo siglo XXI) se inclinó hacia la forma breve, la falta de redundancia, la economía de medios expresivos, el cuidado de la palabra: en suma, hacia el microtexto”11

En la semilla duerme y palpita, viva y vigorosa, la esencia del árbol. Acto y potencia en la brevedad. Dejemos que nos sirva de punto de apoyo y de seguro moveremos y conmoveremos el mundo de nuestros estudiantes. Si lo logramos, podremos repetir otra de las frases de Arquímedes: ¡Eureka!

Cali, noviembre de 2004

BIBLIOGRAFÍA GENERAL

.
Autores Varios. Revista Iberoamericana de Bibliografía. Nº 1-4. OEA, Washington, 1996.

Calvino, Italo. Seis propuestas para el nuevo milenio. Siruela, Madrid, 1999.

Gergen, K. El yo saturado. Paidós, Barcelona, 1991.

Shapard, Robert; Thomas, James. Ficción Súbita. Anagrama, 1989.

Zavala, Lauro. Lecturas simultáneas. U. Autónoma Metropolitana, México, 1999.

Zeraoui, Zidane. Modernidad y posmodernidad. Noriega Editores, México, 20


1 Ficción Súbita, 254p. Anagrama, 1989.

2 La minificción como clase textual transgenérica. Graciela Tomassini. R.I.B. Vol. XLVI, 1996.

3 En este mismo sentido según tengo entendido, entre los múltiples premios que dan para las películas en Hollywood se contempla uno para los mejores avances, por la virtud que los mismos tienen de poder hacer “otra película”, la breve, y que despierte el interés del público (nota del autor).

4 Robert Kelly. Opus cit. 245 p.

5 Junto a las autoras argentinas, varios son los investigadores que se han interesado en reflexionar sobre el potencial pedagógico, comunicativo y estético de esta variante de producción lingüística en la que se combina la literatura con las demás tipologías discursivas, caso de Lauro Zabala en México; Irene Machado en Brasil; Rosamel Benavides y Alicia Sánchez Epple en Estados Unidos, para la enseñanza del español como segunda lengua

6 La minificción como estrategia pedagógica. Universidad del Rosario. En Lecturas simultáneas, Universidad Autónoma Metropolitana, 120 p. México, 1999.

7 Harold Bloom, citado por Carolina Farías, La posmodernidad y los lenguajes del arte, en Modernidad y posmodernidad. Noriega Editores, 178p.

8 Se verificaría aquí uno de los postulados de la posmodernidad, el descreimiento de la autoridad, prueba del derrumbamiento de los grandes relatos como cánon de referencia del conocimiento y la preferencia de lo marginal o des-centrado, como vía alternativa para la construcción de la realidad, del conocimiento

9 Gergen, K. El yo saturado. Paidós, 1991.

10 La relación de estas 6 características señaladas por Gergen son objeto de un análisis en relación con el texto breve en otra trabajo del autor titulado El universo breve, inédito.

11 Lagmanovich, Davis. Hacia una teoría del microrrelato hispanoamericano. En IRB, Nº 1-4, 1996.




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