3. Competencia lingüística






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Comunicación







COMUNICACIÓN

¿CÓMO SE LOGRA LA COMUNICACIÓN?

La comunicación no es tan natural y espontánea como parece. Todo acto comunicativo supone un proceso cooperativo donde un hablante “intenta hacer” algo, un oyente “interpreta” esa intención y sobre ella construye su respuesta que puede ser lingüística o no lingüística. Como nos indica nuestra experiencia, no siempre las comunicaciones logran resultados satisfactorios. Para poder llevar acabo una comunicación eficaz, los participantes necesitan tener en cuenta una serie de competencias. Llamamos competencias al conjunto de conocimientos y aptitudes que necesita un individuo para comunicarse.
CONDICIONANTES DE LA COMUNICACIÓN

Además del idiolecto de cada hablante y la necesidad de usar un registro adecuado, en una situación comunicativa intervienen otros factores que influyen en ella de manera decisiva. Estos factores se llaman condicionantes de la comunicación, y son los siguientes:

1.-Las circunstancias: Para que la comunicación sea óptima, cada mensaje debe emitirse en un momento y lugar adecuados. Por ejemplo, no puede decirse un chiste en una situación seria o grave.

2.-Determinaciones psicológicas: El estado de ánimo, el carácter y la personalidad de los participantes son también factores que influyen en la comunicación. Así, si un hablante está deprimido, le dará un tono pesimista a sus mensajes.

3.-Competencia lingüística: Es el conocimiento que emisor y receptor tienen del código que utilizan. Si , por ejemplo, un hablante argentino quiere comunicarse con un hablante ruso y ninguno conoce la lengua del otro, la comunicación no podrá llevarse a cabo porque ninguno tiene la competencia lingüística necesaria para hacerlo.

4.-Competencia paralingüística: Se llama así al conocimiento y el uso apropiado de los gestos y movimientos corporales del emisor cuando emite su mensaje.

5.-Competencia ideológica y cultural: cada vez que se produce una situación comunicativa se ponen en juego una serie de conocimientos acerca de hechos sociales, culturales, históricos, etc., sin los cuales no podría comprenderse el mensaje. Así, si un hablante argentino se refiere a la Revolución de Mayo frente a un extranjero, tendrá que explicar detalles de ese tema histórico que el extranjero desconoce.

Cuando se consideran los condicionantes de la comunicación, el circuito se amplía de este modo:

Circunstancias referentes Circunstancias

Determinaciones sicológicas Determinaciones sicológ.

Competencia paralinguística emisor MENSAJE receptor Competencia paralin.

Competencia lingüística Competencia lingüís.

Competencia ideológica y cultural código Comp. ideol. y cultural
canal


Las funciones del lenguaje
Las teorías de Jakobson no se agotan en los seis elementos del circuito comunicacional. Esos seis elementos que nos permiten analizar la situación comunicativa determinan diferentes funciones del lenguaje. Es decir, que según cuál sea el elemento que predomine, aquel al que se le dé mayor importancia, decimos que el lenguaje cumple tal o cual función.
Por ejemplo, si la atención de la comunicación está centrada en el emisor, decimos que predomina la función emotiva o expresiva. Por ejemplo, en la vida diaria usamos cier­tas expresiones para manifestar nuestro agrado o desagrado, el placer o el dolor que sentimos y demás.
La función apelativa predomina cuando la comunicación está orientada hacia el oyen­te. En estos casos, se recurre al vocativo, que es el sustantivo que se usa para llamar a alguien y que puede ir acompañado de un verbo en imperativo. A la hora del almuerzo, puedo decirle a un niño: “¡Ven, Rafael, a comer!”
También hay cierta clase de textos en los que predomina la función apelativa. Por ejem­plo, en la publicidad y el discurso político, la intención es convencer al receptor de que compre tal producto o de que vote a tal candidato, respectivamente.
La función referencial es la que está orientada hacia el contexto es decir, a aquello a lo que el mensaje se refiere, al contenido del mensaje. Por ejemplo, en un libro de texto, como un manual de Historia o de Biología, lo que más interesa no son los sentimientos del autor ni convencer al rector de la importancia de talo cual teoría, sino la información que se transmite.
La función fática es la que permite establecer, prolongar o interrumpir la comunicación: sirve para comprobar si el canal funciona. Se da, por ejemplo, cuando alguien en una conversación dice: "Oiga, ¿me entiende bien?" o cuando al inicio de una comunicación telefónica el receptor de la llamada dice "Hola...
La función metalingúistica se refiere a la reflexión sobre el propio lenguaje; por ejemplo, cuando buscamos una palabra en el diccionario porque desconocemos su significado. Si caminando por un país extranjero nos acercamos a alguien y le preguntamos si sabe ha­blar español o inglés; en ese diálogo también ha predominado la función metalingüística.
Todos los hablantes de una lengua hacemos uso de estas funciones. En el caso de este cuadernillo, se informa acerca del lenguaje (función referencial), se apela al receptor (función apelativa) y fundamentalmente, se reflexiona sobre la lengua (función metalingüistica).
Por último, la tendencia hacia el mensaje como tal es la función poética. Esta tenden­cia se pone en acción, sobre todo, en la literatura. Por ejemplo, la poesía trabaja con el lenguaje a través de imágenes sensoriales, de metáforas y de otros recursos, y es ahí cuando recurre al lenguaje mismo para usarlo de una manera especial.


  • Lean las siguientes situaciones comunicativas y determinen cada uno de los seis componentes del circuito de la comunicación de Jakobson.


1. La señora Ida busca a su perro Cándido. Lo ha perdido y le ha preguntado a cada uno de sus vecinos por su paradero. Cansada de buscar, la señora Ida se queda en su cosa a esperar hasta que su perro regrese por su propia voluntad. Finalmente, cuando éste regresa, ella le explica lo mal que lo ha pasado y le reprocha su desaparición.
2. Madame Lachapelle, una distinguida dama de París, concurre una vez por mes a una galería de arte ubicada sobre el río Sena. Allí conversa y toma café con distintos asis­tentes a la galería, pero siempre se reserva un momento de soledad para -como dice ella- “comunicarme con los artistas”.
3. Azucena era una joven de los años treinta que vivía en el campo, donde su padre era cuidador de una estancia. En esa época no existía la televisión y Azucena pasaba horas frente al aparato de radio escuchando una tras otra las historias de amor de las radionovelas.

4. Mientras Federico discute acaloradamente con Lili, su novia, Mariano le hace escuchar la Portuaria, y Nicolás no deja de hacer zapping. Coralina, harta, lee una novela mientras mueve la cabeza al ritmo de su tema favorito de “Los Redondos”, encerrada en su Walkman.

Los cuatro textos que siguen fueron producidos por diferen­tes emisores en distintas situaciones comunicativas. Determinen de que clase de testo se trata en cada caso: ¿En qué situación comunicati­va fue dicho?, ¿A qué receptor fue dirigido? ¿Qué funciones del lenguaje predominan en cada caso?, ¿Cuáles son las otras funciones que, aunque no predominen, también se hallan presentes?


1. “Nuestra Argentina necesita un proyecto nacional perteneciente al país en su totalidad. Estoy persuadido de que, si nos pusiéramos todos a realizar este trabajo y si, entonces, comparáramos nuestro pensamiento, obtendríamos un gran espacio de coincidencia nacional”.

Discurso de Juan Domingo Perón al inaugurar las sesiones parlamentarias de 1973.

2. Poema XVIII
Qué cazador derribó aquellas cartas que nunca me mandaste

qué fuego las quemó

en qué río se ahogaron

quien convenció a tus manos de que no

quién a tu corazón

quién a tu boca

mejor es que se vayan aves negras

mejor me dejan solo

que estoy enamorado de otra muerte

(de esto ni una palabra a los carteros).

Jorge Boccanera, en Polvo para morder.
3 Zapatera: No me mire tanto que me va a derramar el jarabe.

Mozo de la faja: Es que me estoy muriendo ¡ay!

Zapatera: El refresco.

Mozo de la faja (mirándola): ¡Ay!

Mozo del sombrero (mirando al suelo): ¡Ay!

Mirlo (mirando al techo): ¡Ay! (La zapatera dirige la cabeza hacia los tres ayes.)

Zapatera: ¡Requeteay! Pero esto ¿es una taberna o un hospital? ¡Abusivos! Si no fuera porque tengo que ganarme la vida con estos vinillos y este trapicheo, porque estoy sola desde que se fue por culpa de todos vosotros tras mi pobrecito marido de mi alma, ¡cómo es pasible que yo aguantara esto! ¿Qué me dicen ustedes? Los voy a tener que plantar en lo ancho deja calle. Federico García Lorca, La zapatera prodigiosa.
4. Señor Domingo Fidel Sarmiento.
Buenos Aires, septiembre 3 de 1855

Mi querido Dominguito:

Mucho me contraría el recibir cartas de tu madre, sin que vengan acompañadas de las tuyas. Veo que no piensas en mí, y que prefieres jugar, a darme un momento de placer.

No me sucede a mí lo mismo. Me preocupo de ti siempre, y de hacerte feliz.

Te tengo muchas cosas nuevas y agradables. Paseo una isla en la boca del Paraná, donde levantaré una magnífica casa de campo. Ya estoy haciendo plantar árboles, que dan mucho producto para leña; y como las islas son muchas, y los vecinos serán Mitre, Albarración y centenares de amigos (...)

Tu papá

Sarmiento

Gustavo Bombini (comp), El gran Sarmiento.



Competencias en común

Una mujer mexicana que vende flores en la Plaza Mayor de México intenta que sus productos les interesen a los turistas que cada día pasean por esa plaza. Un grupo de turistas norteamericanos no entiende que lo que la mujer vende no son souvenirs autóctonos, sino, un producto natural de gran poder curativo y con valores religiosos.

Durante una hora, la mexicana trata de explicarles los poderes de esas hierbas, pero los turistas no terminan de entender a qué se está refiriendo. Ellos se sienten atraídos por lo extraño del color de las hierbas, que son de un verde como fosforescente, y pese a la belleza de la artesanía en la que están guardadas. Por fin, y pese a la falta de dominio de un idioma en común, ya que ella habla sólo su lengua aborigen y el español, y ellos, sólo el inglés norteamericano, la transacción se concreta, y Meche, la mexicana, vende las hierbas a buen precio.

La comunicación ha sido complicada no sólo desde el punto de vista estrictamente lingüístico, porque ellos no tienen una lengua en común, sino también por el hecho de no compartir una cultura. Se dice en estos casos que los participantes del acto de comuni­cación no tienen competencias en común y esto es, lo que ha complicado las cosas.

En primer término, competencias lingüísticas, es decir, el conocimiento del código. En el ejemplo, los interlocutores no hablan el mismo idioma.

En segundo término, competencias culturales, pues a pesar de que ellos pudieran en­tenderse en una zona común lingüística -gracias a algo de español que hablaran los turistas norteamericanos y a algo de inglés que hablara la vendedora mexicana-, la cuestión se vuelve compleja a la hora de ponerse de acuerdo en el sentido, la utilidad y el valor simbólico que tienen ciertos objetos.
La recepción: un problema complejo
Cuando un hombre le pide a su amada que queme las cartas que se han estado enviando, con el fuego de la pasión encendida, durante los últimos años, en realidad se está pro­tegiendo de que en un futuro otros, unos terceros extraños a la historia, lean correspon­dencia que no les iba dirigida. Eso pasa, por ejemplo, con muchos personajes de la historia, cuyas cuestiones sentimentales interesan a generaciones y generaciones. Tal es el caso de Domingo Faustino Sarmiento, quien tuvo, a lo largo de la vida, muchas historias de amor de las que ha quedado testimonio a través de una nutrida correspondencia. A continuación, transcribimos un fragmento de una carta de amor que Sarmiento dirige a Aurelia Díaz Vélez, donde se puede apreciar el magnifico estilo de todos sus escritos:

He recibido tu recelosa carta del 8 de diciembre, extrañando mi silencio y recordándome posición y deberes que no he olvidado. Tus reproches inmoti­vados me han consolado, sin embargo: como tú, padezco por la ausencia y el olvido posible, la tibieza de los afecciones me alarman. Tanto, tanto hemos comprometido que tiemblo que una nube, una preocupación, un error momentáneo, hagan inútiles tantos sacrificios. Te quejas de no haber recibido en quince días cartas; sobre este delito fraguas ya un ultimátum. Pero, ¿si no hubiese sido posible escribirte con seguridad?

Gustavo Bombin. (Comp.) El gran Sarmiento.

El tema de las cartas de amor tiene mucho que ver con el circuito de la Comu­nicación, pues el hecho de que estas cartas quizá sean leídas por terceros a quienes no les estaban dirigidas significa que el receptor puede ser múltiple.

Por ejemplo, hay receptores múltiples en las “cartas de relación”: aquellas que los viajeros que salían de España y viajaban a América y a otras zonas de la Tierra les enviaban a los reyes dando cuenta de todo lo ocurrido durante el viaje y al momento de llegar.

Esas cartas han llegado hasta nuestros días y hoy las leemos no sólo como documentos históricos, sino también como textos en los que resulta de gran interés la manera en que están escritos. Es decir que los leemos como textos literarios. En este caso, cambia la época histórica, cambian los destinatarios y cambia también la función de los textos, que ya no sólo informan, sino que además resultan agradables de leer. Éste es el caso de las cartas de Cristóbal Colón o las de Hernán Cortés.

Llamamos receptor apuntado al primer destinatario o al destinatario directo del men­saje: por ejemplo, la mujer a quien Sarmiento dirige su carta. Al receptor no previsto lo llamaremos receptor indirecto; por ejemplo, nosotros cuando leemos una carta que Sarmiento dirigió a la mujer de la que estaba enamorado.
ACTIVOS EN EL PROCESO DE COMUNICACIÓN

  • No hay comunicación sin contexto.

Siendo un “proceso” la comunicación se ubica dentro de las coordenadas histórico-espaciales como cualquier otro fenómeno humano. Por tanto, las situaciones sociales, políticas, económicas, constituyen el “contexto” de la comunicación. Así, en estos años de neoliberalismo y tras el derrumbe de las experiencias comunistas, las relaciones sociales se han modificado, como también el horizonte económico en el que se mueven los medios de comunicación.

Se han modificado sobre todo las relaciones entre los ciudadanos y el Estado, ya que éste ha capitulado ante las consecuencias de la ley salvaje del mercado (pobreza, desempleo, degradación del tejido urbano y de los servicios públicos, inseguridad, delincuencia...).

Ahora el hombre de la calle, la gente común, el pueblo, es más vulnerable porque está cada vez más desprotegido. Sólo los tiburones han salido ganando con un Estado que ha renunciado a la protección social. La inseguridad se ampara sobre todo en los débiles. El suicidio puede ser una salida para las personas que no tienen posibilidades de comunicarse ya con la vida...

El sistema neoliberal, ahora único actor en escena, declama discursos totalizadores para acreditar su ideología del progreso, y los medios de comunicación funcionan en ese contexto; algunos son más serviciales, otros más críticos.

  • El poder del emisor.

Una parte al menos de la realidad de la comunicación, depende de los emisores y fuentes principales de los mensajes masivos, es decir, de aquellos que detentan el dominio real sobre los medios y las instituciones audiovisuales con las correspondientes tecnologías. En éstas últimas dos décadas hubo una notable concentración de poder mediático en cada vez más pocas manos, tanto en la industria audiovisual como en el mercado, constituyéndose estrategias de comunicación a partir de conceptos y teorías acordes con los poderes centrales, regionales o simplemente locales. Sin embargo, a pesar del fuerte impacto que tienen las transnacionales en el manejo mundial de las comunicaciones masivas, no se trata de un modelo que preconice el advenimiento de un sistema comunicacional centralizado.

Extrañamente, la misma tecnología hoy ayuda a fragmentar el poder emisor hegemónico, al permitir superar los límites del acontecer informativo uniforme. La “tecnología fluida” se inscribe en la dialéctica de la realidad diversificada, y posibilita modelos alternativos de comunicación. De hecho hallamos emisores que se ubican en el campo de variadas resistencias sociales, y son capaces de crear espacios de comunicación más allá de lo simplemente mercantil.

La comunicación liberadora apunta a un proceso comunicativo de actor múltiples, donde los

emisores no acaparen los demás elementos, sino que se integren armónicamente a ellos.


  • Perceptores en acción.

Los medios masivos suelen confrontarse con la lógica de los usuarios, y la producción cultural se adapta a sus expectativas. Nuestra sociedad al ser pluralista, recibe de los medios respuestas diversificadas y selectivas, pero siempre integradas a las necesidades y deseos del público. Esta realidad es importante en el momento de calibrar la acción de los perceptores. En la creación de productos culturales vemos individualizados los anhelos profundos del público, sus necesidades, su hambre de felicidad y de placer. Y todo ello elaborado y regulado a partir de la vida cotidiana. La cotidianidad es un concepto fundamental para entender la victoria y el éxito de muchos productos de los medios masivos. La construcción imaginaria de la vida, por ejemplo, en las telenovelas, evoca constantemente las pasiones, intrigas, el lenguaje y las costumbres cotidianas latinoamericanas. Los medios de comunicación tienen la virtud de hacer lecturas de la realidad a partir de la sensibilidad y el sentir populares. Se relacionan con el público cultivando el goce del tiempo libre, y, a través del espectáculo, motivan y generan maneras de vivir y el sentido de la existencia. Los medios incorporan la subjetividad y el mundo psíquico del público, por éste fácilmente entra en sintonía con él. En una reciente encuesta llevada a cabo en Buenos Aires (1992), al preguntar a los individuos si consideraban que los medios masivos tienen algún influjo en ellos, más de 53% respondió que nada o poco. En buena parte del público, vemos que existe una profunda sintonía entre los medios y su estructura personal inconsciente.

En la comunicación liberadora hablamos de perceptores y no de usuarios. Así damos a entender que se trata de gente activa, que interpreta y evalúa el mundo de los medios, su lenguaje, sus mensajes, su contexto. Frente a los medios masivos cada uno nos hallamos en una relación de fuerza. Ellos irradian entretenimiento, información, criterios normativos para la vida cotidiana, etc., y nosotros respondemos. Puede ser una respuesta de simple sometimiento pedagógico o bien una reacción activa y crítica; nos comportamos como perceptores y no como público pasivo. Nos socializamos, pero al revés, no para integrarnos al usuario-consumidor, sino comprobando la validez de la cultura mediática. Este contraste activo se manifiesta mediante una doble actitud: una que podemos denominar de reflexión crítica sobre los medios, analizando sus funciones y modos de actuar. Se trata de ver el carácter histórico que tienen los sistemas de comunicación y sus relaciones con las normativas sociales. Según Karl Popper esto debe hacerse por vía de refutación, es decir, proyectando rupturas en los fáciles consensos culturales; es un método crítico-dialéctico, abierto y siempre en búsqueda; mira a que el sujeto vaya madurando connotaciones personales como antítesis resultante de las cosas aceptadas o por las divergencias denotadas.

La otra actitud a cultivar es la creatividad. Esta instancia de carácter expansivo, va recorriendo distancias hacia horizontes de nuevas expresiones culturales. Los medios aquí funcionan como un disparador de apertura a espacios individuales o grupales de fantasía creadora, de enfoques diferentes, de nuevas formas y lenguajes. Estamos lejos de las lamentaciones sobre la trivialidad de los medios masivos. Al contrario, se reivindica el papel de estimuladores culturales que pueden asumir para mucha gente. Junto a facetas ciertamente alienantes, poseen también miradas de innegable calidad humana que abren perspectivas hacia intuiciones de nuevas formas de vivir y de hacer cultural. Y esto es modelar la creatividad. Ella es siempre un noviazgo con otros paradigmas, diferentes de los actuales, que testimonian la incansable búsqueda del espíritu humano.

La percepción activa no es espontánea, porque no pertenece a la mentalidad mágica sino crítica y valorativa de los fenómenos. Hay que educarla, sólo así la conciencia avanza y amplía sus horizontes para tomar posición y compromiso ante la realidad de la vida.

  • Mundo codificado.

Vivimos inmersos en sistemas de signos, es decir, de códigos de toda especie: lingüísticos, visuales, familiares, religiosos, sociales... A medida que una sociedad se hace más compleja, aumenta la codificación de la vida. Para vestirse, para comer, para viajar, para estudiar o trabajar, estamos obligados a regirnos por estrictos códigos comunicativos o de conductas. Los medios de comunicación social poseen también sus reglas establecidas para trasmitir mensajes. Conocerlas resulta indispensable si queremos relacionarnos con ellos. Hoy los niños que nacen en medio de la televisión, de bandas sonoras sofisticadas, de video-juegos, de computadoras, van aprendiendo casi espontáneamente los códigos tecnológicos.

Es indudable que nuestra existencia se ha codificado en forma excesiva. Casi no se presta atención a este fenómeno. Los sociólogos, los psicólogos, y los educadores, tratan de observar los efectos que crea esta situación. Unos recientes estudios de “Sofres” (Francia 1992), han puesto de relieve que la sobrecarga de códigos culturales que deben observar los individuos, es una de las causas de la angustia y depresión. Casi no hay espacios para la espontaneidad y la libertad expresiva personal dentro de los grupos. También nuestras relaciones con los objetos y las cosas están sujetas a reglas. El “consumo” establece los niveles y grados de prestigio social y escalafonan los grupos humanos en categorías. El principio “consuma más y será más feliz” trata de justificar la ideología del “progreso indefinido”. Pero es insostenible, porque sus frutos son la degradación constante de la calidad de vida y del ambiente. Si solo el 20 % de la humanidad “consume” el 80 % de los bienes de la tierra, es justo exigirles que cambien radicalmente sus hábitos fagocitarios. Los ricos están matando al hombre y al planeta.

Para romper los códigos de la rutina diaria, hacemos fiestas, nos metemos en el deporte, en los espectáculos. Los medios de comunicación social están cumpliendo el papel importante de “entretener”, es decir, de llenar el tiempo de ocio con otros códigos...

  • Bosque tecnológico.

En la actualidad la comunicación humana está marcada por la tecnología. Desde el teléfono hasta las sofisticadas computadoras, la vida va adelante sobre máquinas. Las teorías de la información aparecieron para explicar los procesos comunicativos instalados por la técnica. Los conceptos de emisor- fuente, receptor, canal, código, mensaje, ruido, redundancia... se acuñaron a partir de la concepción lineal y matemática de la comunicación y se han usado sobre todo para modelar instrumentos de eficacia informativa. Pero la dimensión polivalente y sincrónica de la comunicación humana no cabe en conceptos lineales. En el hombre hay también fantasía, pasiones, utopías, emoción, amor, ira, ternura. Todo eso nos comunicamos a diario, rompiendo las reglas tecnológico-matemáticas. Sin embargo hemos de reconocer la importancia y la fascinación que produce el instrumental tecnológico en la comunicación. Desde la educación hasta la salud, no se puede ya prescindir de la tecnología. Ella nos permite acceder a una gran cantidad de información necesarias para la vida en sociedad: “nos encontramos en la era de la opulencia comunicacional” (María L.Sevillano, 1991). La organización y el tratamiento de la información marca nuestra cultura. La memoria colectiva, en sus más variados campos, está diseñada por los avances de la informática y la telemática que realizan sus tareas en forma interactiva. Los equipos hardwarwe-sofware representan, en el dominio estratégico de la cultura y de la ciencia, la clave de los cambios profundos que se están operando en nuestra sociedad.

Cada vez más, todos los espacios de la vida tienen a ser invadidos por las nuevas tecnologías informativas: teléfono, telex, satélites, video-fax, computadoras, videodiscos interactivos, televisión, cable, teleconferencia, teletexto, videotexto, etc. Vivimos en una sociedad de información, inmersos en un bosque tecnológico. Por eso a veces es necesario salir del bosque para ver los árboles, para darse cuenta de que una política cultural debe hacerla el hombre, no las máquinas. Es la condición necesaria para dar “respuestas humanas” a personas humanas.

  • Los mensajes y sus referentes.

Los mensajes son los productos codificados que lanzan los medios masivos. Son múltiples, variados y sus formas significantes se estructuran fuertemente a través de las pulsaciones tecnológicas de los “efectos especiales”. Sus significados y significaciones reflejan la época y la cultura del momento: las creencias, los mitos, las utopías, y los miedos de los grupos sociales. Los mensajes son textos que describen el mundo, la sociedad, la vida humana, en una palabra, son creadores de sentido. Por más confusos que aparezcan los mensajes de los medios, el público va haciendo operaciones de ordenamiento, de clasificación de sus contenidos. Captamos sistemas aislados, pero atendemos a distinguirlos unos de otros y a ubicarlos como elementos constituyentes de “paradigmas” estructurales. Es así también como los niños van aprendiendo el idioma que hablan. Agrupan los elementos menores (fonemas) en grupos de sonido a un nivel más alto (morfema). Todo mensaje, pues, tiene paradigmas y sintagmas; un fondo de base y los elementos de formas significantes. Lo uno no existe sin lo otro. Resulta superfluo, entonces, discutir sobre los mensajes de los medios masivos como si ellos fuesen solo “significados” (contenidos) ajenos a sus formas.

El análisis de los mensajes no debe llevar directamente a lo que ellos “son”, sino a su utilización, al uso que le dan los medios y el público que los recibe. El contexto de emisión y de recepción es determinante en las maneras de entender los mensajes. Dentro de cada contexto los mensajes tienen su propias finalidad y “se refieren” a algo específico, es decir, se relacionan con un “referente”, un ser, un objeto, una situación o una idea. Los medios emiten mensajes para hacer referencia a algo. Esta perogrullada tiene una importancia capital, en efecto, la cosa a la cual se refieren los mensajes puede ser verdadera o falsa, real o imaginativa, objetiva o subjetiva, rectamente presentada o distorsionada e incompleta. El asunto de la referencialidad de los mensajes, toca de lleno la honradez y verdad de los medios de comunicación. Temas de alto interés humano y social, pueden ser tratados de maneras diversísimas.

La citada encuesta hecha en Buenos Aires, -1992- señala que el 86,4 % de la gente cree solo “algunas cosas o casi nada” de lo que dicen y muestran los noticieros televisivos; muchos dudan de la honrada referencialidad de los signos. Explicar esas dudas en el público sería objeto de otro estudio, pero podemos avanzar la hipótesis de que, en la medida que la TV convierte todo en “espectáculo”, también los informativos noticiosos, dispone a los usuarios a verlos como tales. El mensaje televisado tiene su propia finalidad, no tanto en sus contenidos, sino en sus relaciones con los receptores, y esa finalidad es sobre todo lúdica y de entretenimiento. En ese contexto se ubica sensorialmente al público. Y cuando un medio se apodera del individuo, este lo interioriza y asimila su manera de funcionar, configurándose con él. El público se acostumbró ya a considerar la televisión como lugar de espectáculo y de goce imaginario.

  • Otra reflexión de carácter educativo.

No podemos aislar los elementos de la comunicación, pues esta es un proceso, todos sus componentes se hallan entrelazados y son interdependientes. A nivel educativo nos interesa que tal proceso se desarrolle en forma horizontal y dialógica, no autoritaria. Tal vez el dogmatismo y el autoritarismo sean la plaga mayor de la educación familiar y social. Eso fomenta hábitos de violencia, pero bajo el dominio del miedo y la inseguridad, la persona fácilmente cae en situaciones de dependencia, se adapta a patrones de vida rutinaria abandonando la creatividad y la rebelión social. Y se calla, acepta pasivamente lo que otros dicen, no cuestiona el “status quo” ni la veracidad de la propia existencia.

Educar es cuestionar a las personas y los grupos, sus esquemas de pensamiento y vida. Es confrontarlos con los procesos manipuladores que nos creamos dentro de nosotros mismos y los que emergen en el tejido social; educar es ponerse en búsqueda permanente de transparencia existencial y de certezas axiológicas.

Al auspiciar unos medios de comunicación que sean “educativos” no queremos el aburrimiento y la falta de diversión, sino programas de TV, cine, diarios, revistas, artículos, imágenes y música que favorezcan el diálogo, el confrontamiento pluralista con la verdad de la vida, la participación activa de todos los estamentos sociales, la propagación de valores democráticos, propuestas no violentas de convivencia humana, defensa de los pobres, mucha alegría para los niños y honradez con el público. Medios Masivos que promuevan la esperanza y rompan la pasividad. La antropología de la comunicación se hace profética en su decir, porque a veces es triste su mirar.
UNA DISTINCIÓN NECESARIA - COMUNICACIÓN E INFORMACIÓN

La palabra información tiene tres acepciones en el uso cotidiano del término:

  • Acción de poner al corriente de los acontecimientos.

  • Noticia obtenida de alguien.

  • Conjunto de conocimientos adquiridos referentes a alguien o algo.

La acepción técnica proveniente de la informática define el término como: escrito, hecho, noción o instrucción cuya totalidad o algunos aspectos o elementos son susceptibles de ser tratados por medios generalmente informáticos.

Como se vio en la acepción cibernética, la información es un factor cualitativo que señala la posibilidad de un sistema y que eventualmente es transmitida por ese sistema otro.

En filosofía se intentó agrupar todas las acepciones del término, tanto vulgares como científicas y el resultado, aunque no satisfactorio para todos, fue la siguiente definición:

La información es el elemento de conocimiento facilitado por un mensaje que constituye su soporte y del que es su significación.

La información se relaciona con el conocimiento, fenómeno psicológico del que es uno de sus elementos, y con el que suele confundirse. Al ser el conocimiento inmaterial, no puede manifestarse a los sentidos sino por medio de un soporte material, objeto, o fenómeno que se llama mensaje porque establece una comunicación entre la persona que lo emite y la o las que lo reciben.

La información no debe identificarse con el significado que es construido por la relación de comunicación que se establece entre emisor, mensaje y receptor. La información resulta una mera abstracción.

Las ciencias políticas, como explica Carlos Fayt –1987-, requieren que la información en cuanto fenómeno social colectivo sea estudiada desde los mensajes, su circulación, las convicciones y creencias que los hacen posibles y los medios que se utilizan para influir en la opinión pública (prensa, radio, televisión) hasta su concreción en opiniones por sujetos y grupos.

De estos enfoque se puede concluir que la comunicación es un concepto general del que la información es una parte dependiente. Sin embargo la diferencia entre los dos conceptos no es abordable de forma directa por cuanto en muchas ocasiones se presentan como realidades inseparables.

En 1975, el lingüista Michael Halliday mostró que durante el proceso de adquisición del lenguaje en los niños coexisten dos grandes procesos funcionales: los que llevarán al niño a hacer cosas y hacer que otros hagan cosas por él, denominadas pragmáticas; y las que lo llevarán a aprender y enseñar, las matéticas.

Con las primeras el niño usa el lenguaje para obtener fines:

pide (función instrumental)

ordena (función regulatoria)

interactúa (función interaccional)

hace valer su propia personalidad (función personal.

Con las segundas, las matéticas, crea mundos y

expresa su fantasía (función imaginativa)

explora el entorno y toma datos de él (función heurística)

transmite conocimientos a los demás (función informativa)

El niño entonces desarrolla dos sistemas de competencias interrelacionados, el de las funciones pragmáticas más orientado al proceso de comunicarse y el de las funciones matéticas destinado a tratar con la información. Los dos tipos de competencias son separables sólo en términos teóricos, sin embargo muestran que se aprende por un lado a relacionarse con las demás personas y por otro a recibir, emitir, y crear información.

SITUACIÓN, ESTRUCTURA Y PROCESO DE COMUNICACIÓN

La comunicación también ha sido analizada en tanto proceso, en tanto estructura de relaciones y como situación.

La idea de proceso permite considerar los acontecimientos y las relaciones como dinámicas, en constante devenir, cambiantes y continuas.

El proceso de comunicación incluye una serie enorme de elementos o componentes por ejemplo, el emisor, el receptor, el mensaje, que se interrelacionan y actúan directamente unos sobre otros, influyéndose y modificándose. Desde esta perspectiva, la dinámica de movimiento que relaciona los elementos entre sí resulta un concepto vital.

El proceso de comunicación se ha utilizado y continúa utilizándose todavía para hablar de intercambio de información, transmisión, de mensajes, o intercambio de contenidos, donde contenidos asume la interpretación más amplia posible; para comprender símbolos, signos, señales, significados, objetos comunicantes o portadores de mensajes, etc.

El proceso de comunicación es cíclico y dinámico; e implica también la existencia de subprocesos de retroalimentación. Esta estructura recíproca del proceso de comunicación lo diferencia fuertemente de otros procesos lineales de causa-efecto, que están determinados unilateralmente. En el caso del proceso comunicativo, en cambio, no puede descuidarse el hecho de que para que exista comunicación debe estar presente, como posibilidad real, el principio de retroalimentación para que el polo receptor pueda interactuar directa o indirectamente con el o los emisores.

Como se ha podido apreciar, para Paul Watzlawick y sus colaboradores, los procesos de comunicación contienen y, en la mayoría de los casos, consolidan estructuras de comunicación, conjunto de formas de relacionarse características de las personas que intervienen en los procesos comunicativos. Gran parte de esas estructuras comunicativas son preexistentes al acto comunicativo particular que pone en movimiento al proceso, es decir que esas formas de relación entre las personas ya están predeterminadas socialmente; y en muchas ocasiones los individuos tienen pocas posibilidades de introducir cambios sustanciales con las estructuras existentes.

En esta perspectiva resulta conveniente presentar el concepto de formas de relación entre los participantes en el proceso de comunicación, que son las que determinan marcadamente a las estructuras comunicativas. Las formas de relación quedan definidas en parte por la naturaleza del acto de comunicación específico, -por ej. Una declaración testimonial ante un juez queda fuertemente determinada por el tipo de acto comunicativo que está ampliamente normatizado en la sociedad-, pero también están delimitadas por las experiencias previas de los interlocutores o por el conocimiento de las maneras en que otros individuos se han comportado o se comportan en ocasiones comunicativas similares. Además de estos dos factores, también hay que considerar que las posiciones –roles, satus, ejercicio de poder- de los interlocutores en sus grupos de pertenencia y referencia, así como el lugar que ocupan en la comunidad general condicionan fuertemente el acto comunicativo, las formas en que interactuarán los interlocutores y las maneras en que se desarrollará el proceso de comunicación.

De manera simplificada puede decirse que las relaciones humanas se clasifican, según la distribución del poder y las posibilidades de ejercerlo; en dos grandes grupos: las relaciones de simetría y las relaciones de complementariedad.

En las relaciones de simetría los participantes tienden a igualar sus conductas recíprocas y, en este sentido, tal planteo de las relaciones garantiza una considerable igualdad de derechos entre los interlocutores.

En cambio en las relaciones de complementariedad la conducta de uno de los participantes complementa a la del otro, constituyendo un patrón de desigualdad en tanto que permite a uno de los interlocutores ocupar una posición de superioridad mientras que al otro sólo le cabe complementarlo, asumiendo en consecuencia una posición de inferioridad.

En este sentido, Jürgen Habermas, en su obra Teoría de la acción comunicativa, plantea que las relaciones simétricas constituyen la base de la situación ideal de habla en las sociedades, por cuanto no producen presiones y reparten las oportunidades de elección y de realización de los actos comunicativos siguiendo el principio de la igualdad efectiva.

Luego de exponer someramente algunos puntos centrales de los conceptos de proceso de comunicación y de estructuras comunicativas, que resultan determinadas por las formas de interrelación que pueden adoptar las personas participantes en los actos comunicativos, resulta apropiado introducir el concepto de situación comunicativa.

Para explicar el hecho de que conviene distinguir la idea de proceso, de la idea de situación de comunicación, e incluso para destacar la característica dependiente del proceso con respecto a un concepto mayor, en este caso el de situación comunicativa, Nuñez Ladevéze plantea que es posible conversar con una persona, sin que esto implique necesariamente que exista comunicación. Es decir, que es posible que el proceso comunicativo se ponga en movimiento, se dinamice sin que esto conlleve necesariamente al efecto buscado por la intención básica de hacer operar el proceso: la comunicación, el logro efectivo de una situación comunicativa en la que los participantes consigan comunicarse.

El aspecto diferencial de la comunicación se manifiesta y se explica a partir del concepto situación de comunicación, que puede caracterizarse como un estado, un complejo de condiciones sociales o contextos, circunstancias, experiencias, vivencias, intenciones, intereses, ambiente físico, un transcurso temporal, que estructuran condicionan y regulan los actos comunicativos de los individuos, permitiéndoles percibir e interpretar las acciones propias y las de su o sus interlocutores, así, como ayudarlos a realizar una selección adecuada de las estrategias comunicativas, que les conviene emplear en ese momento particular, y al mismo tiempo elaborar modelos de anticipación sobre la base de las posibilidades de comprensión y actuación de sí mismos y de los otros participantes en el acto comunicativo.

Los participantes de un acto comunicativo siempre se encuentran en situaciones de comunicación constituidas por relaciones sociales establecidas previamente, que requieren –e incluso exigen- unos comportamientos lingüísticos y extralingüísticos apropiados a las posiciones sociales de los participantes y a los momentos histórico-sociales en que la situación se concreta.

El aspecto más destacado en esta concepción de la comunicación es la intencionalidad que ponen en juego los participantes en un acto comunicativo.

La situación de comunicación resulta entonces una noción clave cuando se intenta estudiar la comunicación y observar la marcha del proceso y las maneras en que se establecen las relaciones entre las personas. Puede considerarse plena a una situación cuando es el resultado de la recíproca intencionalidad que ponen en juego los interlocutores para lograr comunicarse. Una situación menos plena es aquella en la que uno solo de los interlocutores tiene intención de hacerlo. Por último, sería difícil hablar de situaciones de comunicación cuando ninguno de los interlocutores tiene intención manifiesta o latente de lograr comunicarse, como sucede con frecuencia cuando las personas se ven simplemente en la obligación de mantener un intercambio por cortesía, o normas de civilidad básicas.

El proceso de comunicación comprende desde lo que los oyentes ya saben a aquello que todavía no saben, pero además el conjunto de elementos, procedimientos y estrategias que son variables según las situaciones que permiten el entendimiento y la calidad de la vivencia de cada situación de comunicación.


EJERICIO

  • Observe el diálogo anterior

  • Explique la situación de comunicación, realizada por P.H. Lindsay y D.A. Norman en 1977, y sus componentes.

LOS TIPOS DE COMUNICACIÓN.
En esta sección se presentan un conjunto de criterios de clasificación general de los distintos tipos de comunicación.

  1. Comunicación intrapersonal: comunicarse con uno mismo, diálogo interior.

  2. Comunicación interpersonal: diálogo entre dos personas, cara a cara.

  3. Comunicación grupal: entre un emisor y un número determinado de personas, en un ámbito restringido. Por ejemplo, las discusiones en un comité, o entre grupos de obreros.

  4. Comunicación social: también llamada colectiva, o de masas: de un emisor con un público amplio, disperso, heterogéneo y anónimo. Por ejemplo, la actividad periodística.



LA COMUNICACIÓN INSTITUCIONAL
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