Compendio de Teología Ascética y Mística






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Compendio de Teología Ascética y Mística
TOMO I
Escrito en francés por P. Adolphe TANQUEREY, S.S.
Traducido de la sexta edición francesa por DANIEL GARCÍA HUGHES

Canónigo de la S. I Catedral de Madrid
A LA VIRGEN MADRE

que dándonos a Jesús nos dio todo

y que por Jesús nos lleva a Dios ofrecemos

este libro en prueba de amor filial
PRÓLOGO
DE LA CUARTA EDICIÓN FRANCESA
Como el título mismo lo dice, la presente obra no es un tratado completo, sino un compendio que pueda servir de guía para estudios más hondos y minuciosos. Mas, para huir de la aridez propia de los compendios, no hemos podido menos de tratar con cierta extensión, no sin hacer algunas conside­raciones a propósito para fomentar la piedad, los puntos esenciales que son el fundamento de la vida interior, como la morada del Espíritu Santo en el alma, nuestra incorporación a Cristo, la parte de la Virgen María en la obra de nuestra santificación, la esencia de la perfección, y la necesidad de tender a ella. Igualmente, cuando acometemos el estudio de las tres vías, hacemos especial hincapié en aquellas cosas a propósito para mover a las almas a la confianza, al amor y al ejercicio de las virtudes.
Persuadidos de ser el Dogma la base de la Teo­logía ascética; y la declaración de lo que Dios ha hecho y sigue haciendo por nosotros, el más pode­roso acicate para la verdadera devoción; hemos cuidado de traer brevemente a la consideración las verdades de la fe sobre las cuales se funda la vida interior. Por esta razón es principalmente doctri­nal nuestro libro, y tiende a demostrar que la perfección cristiana procede lógicamente de los dogmas nuestros y especialmente de la Encarna­ción, que es el centro de todos ellos ; mas no por eso deja de ser práctico, por no haber cosa más a propósito que la fe viva e ilustrada para prestar al alma las fuerzas y constantes energías necesarias para la mudanza de sí mismo y el ejercicio de las virtudes. Hemos cuidado, pues, en la primera parte, de sacar de los dogmas las conclusiones prácti­cas que de ellos naturalmente se derivan, deducir los medios generales de perfección, y estimular a los lectores a poner por obra lo que con atención leyeren : " Estote factores verbi et non auditores tantum” (Epístola de Santiago, I, 22).
En la segunda parte, eminentemente práctica, fundamos de continuo nuestras conclusiones en los dogmas en la parte primera expuestos, especial­mente en la incorporación a Cristo y en la morada del Espíritu Santo en el alma. No se alcanza del todo la purificación del alma, sino incorporándonos a Cristo, que es la fuente de donde mana la pureza; ni es tan fácil y hacedero el ejercicio positivo de las virtudes cristianas, sino luego de conseguir que moré en nosotros Aquel que las posee con toda plenitud, y con tan grandes ansias quiere comunicárnoslas. Por lo que toca a la unión íntima y habitual con Dios, no se lleva enteramente a cabo, sino cuando vivimos en la presencia de Dios, y gobernados por la Trinidad Santísima que en nos­otros mora. De esta manera, nuestro adelanta­miento a lo largo de las tres grandes jornadas de la vida espiritual corre parejas con nuestra progresiva incorporación a Jesucristo, y con la posesión, más perfecta cada vez, que de nosotros toma el Espíritu Santificador.
Dicho acercamiento y unión con el Verbo encar­nado y con el Espíritu suyo no excluye, sino, por el contrario, supone una ascesis muy activa. San Pablo, que con tanta luz declara nuestra incorpora­ción a Cristo y unión con Dios, no insiste menos acerca de la necesidad de pelear contra las inclina­ciones del hombre viejo, contra el mundo y el demonio. Por esta razón, al exponer las tres vías, hablamos hartas veces del combate espiritual, de enérgicos esfuerzos, de mortificación, de tentaciones, caídas y resurgimientos, no solamente con los incipientes, sino también con las almas que van adelante. Se ha de atender siempre a la realidad, y, aun en el momento de declarar la unión íntima con Dios y la paz que pone en el alma, advertir, como hace Santa Teresa, que no acaba, sino con la vida, el combate espiritual.
Mas tales luchas incesantes, y alternativas de pruebas y de consolaciones, no han de robar ánimos a las almas denodadas, que unidas están con Dios así en la tempestad como en la calma.
Para los seminaristas y los sacerdotes hemos compuesto el presente libro ; mas tenemos por seguro que ha de aprovechar también para las comunida­des, y aun para los legos que en nuestros tiempos cuidan de su vida interior para mejor ejercer el apostolado (Por esta razón hemos puesto en lengua vulgar los textos de la Sagrada Escritura y de los Santos Padres).

Expondremos principalmente la doctrina cierta o comúnmente admitida, y no diremos, sino como de pasada, de los puntos controvertidos. Muchas y diversas son, en verdad, las escuelas espiri­tualistas; pero los hombres discretos de ellas con­vienen en toda cosa de verdadera importancia que se refiera a la dirección de las almas. La doctrina común de ellos será la que expondremos nosotros intentando, de paso, ordenarla lógica y psicológica­mente cuanto podamos. Si alguna vez mostramos cierta predilección por las doctrinas espiritualistas de la Escuela francesa del signo XVII, fundada sobre las enseñanzas de San Pablo y de San Juan, y que tan justamente se aviene con la doctrina clásica de Santo Tomás; desde ahora declaramos sinceramente que hacemos grandísima estima de las otras escuelas, y que tomaremos mucho de ellas, mirando más bien a poner en claro aquello en que parecen convenir, que aquello otro en que discrepen. Al Verbo encarnado y a su Santísima Madre, sede de la Divina Sabiduría, dedicamos humilde­mente nuestro modesto trabajo, teniéndonos por muy dichosos con que, bajo su amparo, sirva para gloria de la Santísima y adorable Trinidad :
Ut in omnibus honorificetur Deus per

Jesum Christum! I Petr., IV, 11.

Algunas mudanzas hemos introducido en esta cuarta edición siguiendo cariñosas advertencias que algunos nos han hecho; mas ninguna de ellas toca al fondo; de todo corazón damos las gracias a los que nos las hicieron.
Desierto de Issy (Sena), en la fiesta de la Inmaculada Concepción de la Virgen Santísima, a ocho de diciembre de 1924.
P. Adolphe Tanquerey, S.S.
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TESTIMONIOS DE APROBACIÓN
De entre las muchas cartas que hemos recibido, y que alaban y aprueban nuestro libro, solo publicare­mos las tres que siguen.
Roma, 13 de enero de 1925. Estimado y respetable Superior.
No atino a decirle cuánto le agradezco el envío de las obras del respetable Padre Tanquerey, especial­mente su Curso de ascética, que mucho me valdrá para las lecciones que sobre esa materia doy en el Colegio Beda.
El libro, muy alabado ya antes con justicia por tantas autoridades en tales estudios, paréceme bo­nísimo en todos los aspectos. Lo que más me maravilla es el grato perfume de unción y piedad sacerdotal que exhala cada una de sus páginas y que empuja fuertemente al que lo lee a llegarse cada vez más purificado a Nuestro Señor, de quien con tanto tino el autor dice, y quien habrá de repe­tirle un día : " Bene scripsisti de me. "

Reciba, etc.,



+ Alejo Enrique M. LÉPICIER, O. S. M. Arzobispo de Tarzo.
+++++++++++++++++
París, 4 de marzo de 1926. Muy estimado señor Superior.
No solo he darle las gracias por el atento envío de su Compendio de Teología ascética y mística, sino principalmente felicitarle por tan hermosa obra, cima muy oportuna de sus tratados de Teología dogmática y moral.
Con la pureza y seguridad de la doctrina junta usted en la composición de dicho Compendio las eminentes dotes de claridad de que tanto aprecio hacen todos en las obras de usted, y que, por ser fruto de un largo y provechoso tiempo de profeso­rado, hacen que sus manuales sean tan a propósito para la formación del clero joven.
Deseo, pues, que éste maneje asiduamente su Compendio de Teología ascética y mística. Valién­dose de la experiencia y de los estudios de usted, aprenderá en él la ciencia, indispensable a los sacerdotes, de la dirección de las almas, y, para sí mismo, hallará en él enseñanzas con las que más fácilmente correrá por las vías de la perfección espiritual, a la que debe aspirar con todas las energías de su alma de sacerdote.
Reciba, estimado señor Superior, mis afectuosos respetos en nuestro Señor.
Card. Cerretti, Pro-Nuncio apostólico.
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ARZOBISPADO DE PARIS

París, 5 de noviembre de 1924.
Respetado señor Superior.
Su Compendio de Teología ascética y mística ha sido ya muy bien recibido por el público. Lo merece y le felicito.
Es el complemento de una trilogía atinadamente concebida y llevada a cabo. Tras la Teología dogmática y la Teología moral, compendiadas cada una en Brevior synopsis, modelo de precisión y concisión, vino la Teología ascética y mística, condensada en un Compendio muy al alcance del clero y de los fieles deseosos de conocer a fondo la perfección cristiana y el camino que a ella lleva.
Siguiendo sus pasos, no corren riesgo de extravío. Para las almas es usted doctor esclarecido, discreto consejero, piadoso director. Ya quisiera yo que hubiera muchos de su escuela; porque ésta es la Escuela del Evangelio, de la verdadera tradición patrística, la de los grandes teólogos y la de los ilustres maestros de la vida espiritual, cuyo más venerado representante entre nosotros en el siglo XVII es M. Olier.
El último libro de usted, al que han precedido tantos otros muy leídos y manejados en nuestros seminarios, acrecentará sus méritos y la fama de la amada Compañía de San Sulpicio.
Con tal motivo, respetable señor Superior, tengo el gusto de ofrecerme, con gratos respetos, suyo afectísimo en Nuestro Señor.

►+ Luis Card. Dubois, Arzobispo de París.
++++++++++++++++++
ÍNDICE
Lista cronológica y metódica de los princi­pales autores consultados
Edad Patrística.......

Edad Media........

Escuela benedictina......

Escuela de San Víctor.....

Escuela dominicana......

Escuela franciscana......

Escuela mística flamenca.....

La escuela cartusiana......

Fuera de las anteriores escuelas……

Edad moderna........

La escuela benedictina.....

La escuela dominicana.....

La escuela franciscana.....

La escuela ignaciana......

La escuela teresiana o carmelitana……

La escuela salesiana......

La escuela francesa del siglo XVII ……

La escuela ligoriana......

Fuera de estas escuelas.....
Introducción.
Naturaleza de la Teología ascética ....

Fuentes de la Teología ascética y mística……

Del método que se haya de seguir…..

Excelencia y necesidad de la Teología ascética……

División de la Teología ascética y mística……
PRIMERA PARTE : Los Principios…….
CAP. I. Los orígenes de la vida sobrenatural……
Art. I. De la vida natural del hombre…..
Art. II. De la elevación del hombre al estado Sobrenatural……
Art. III. La caída y el castigo……
Art. IV. La Redención y sus efectos…..
CAP. II. Naturaleza de la vida cristiana…….
Art. I. De la parte de Dios en la vida cristiana……
§ I. De la parte de la Santísima Trinidad……

Como moran en nosotros las divinas personas……

Nuestros deberes para con la Santísima Trinidad

viviente en nosotros......

Del organismo de la vida cristiana……

De la gracia habitual......

De las virtudes y de los dones o de las potencias

del orden sobrenatural......

De la gracia actual.......
§ II. De la parte de Jesús en la vida cristiana…..
Jesús, causa meritoria de nuestra vida espiritual…..

Jesús, causa ejemplar de nuestra vida…..

Jesús, cabeza de un cuerpo místico o fuente de vida….. Consecuencia : Devoción al Verbo encarnado…..
§ III. De la parte de la Santísima Virgen, de los

Santos y de los Ángeles en la vida cristiana……
I. De la parte de María en la vida cristiana…… Fundamento de la intervención de María…..

María, causa meritoria de la gracia…….

María, causa ejemplar……

María, medianera universal de la gracia…..

Consecuencia : Devoción a la Santísima Virgen…….

II. De la parte de los santos en la vida cristiana…..

III. De la parte de los ángeles en la vida cristiana…..
Art. II. La parte del hombre en la vida cris­tiana .........
§ I. De la lucha contra los enemigos espirituales…….
Lucha contra la concupiscencia……

La concupiscencia de la carne.....

La concupiscencia de los ojos.....

De la soberbia de la vida......

Lucha contra el mundo......

Lucha contra el demonio……
§ II. Del crecimiento de la vida espiritual por el mérito……
Naturaleza del mérito…..

Condiciones que aumentan nuestro mérito…….

Condiciones deducidas del sujeto……

Condiciones que se deducen del objeto y de la obra

misma.........

Conclusión........
§ III. Del crecimiento de la vida cristiana por medio de los Sacramentos.......
De la gracia sacramental......

Disposiciones necesarias para recibir bien los sacramentos .........

Disposiciones para recibir con provecho el sacra­mento de la Penitencia......

Disposiciones para recibir con provecho la Euca­ristía ......

Del sacrificio de la Misa como medio de santi­ficación .........

Síntesis del capítulo segundo.....
CAP. III. Perfección de la vida cristiana……
Art. I. Nociones falsas acerca de la perfección……
Art. II. Noción verdadera de la perfección……
La esencia de la perfección consiste en la caridad…….

La caridad en la tierra supone sacrificio……

Parte que corresponde al amor y al sacrificio en la

vida cristiana......

¿Consiste la perfección en la guarda de los pre­ceptos, o en la de los consejos?.......

De los diversos grados de perfección……

De los límites de la perfección en la tierra……
CAP. IV. De la obligación de aspirar a la perfección……
Art. I. De la obligación que tiene todo fiel

Cristiano de aspirar a la perfección…….

De la obligación propiamente dicha……

De las razones por las cuales nos será más fácil el cumplimiento de este deber.....
Art. II. de la obligación que tienen los reli­giosos de aspirar a la perfección……

Obligación fundada en los votos……

Obligación fundada en las constituciones y en las reglas.........

Art. III. de la obligación que tienen los

sacerdotes de aspirar a la perfección……

Las enseñanzas de Jesús y de San Pablo……

El testimonio del Pontifical.....

La naturaleza de las funciones sacerdotales exige la

santidad.........

Conclusión........
CAP. V. De los medios generales de perfección……
Art. I. De los medios internos de perfección……
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