Primera edición en Bubok: abril 2010






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Alejandro Sotodosos Fernández
Dos meses sin Alba

BUBOK


Título: Dos meses sin Alba
Primera edición en Bubok: abril 2010
Segunda edición en Bubok: agosto 2010
Autor: Alejandro Sotodosos Fernández
Editor: Bubok Publishing S.L.
Printed in Spain – Impreso en España
Ama la vida de tal forma que quieras volver a vivirla”
Friedrich Nietzsche

A Don Enrique Fernández Ávila; de todo menos un abuelo cualquiera.

Querida Alba: 22-ene-2010
Me resisto a dejar de hablar contigo, aun sabiendo que no me vas a responder. Dicen que haciendo esto enloqueceré, pero no te abandonaré nunca. Puede que me engañe al pensar que algún día regresarás de tu viaje para verme de nuevo, o puede que si me cuentas cómo es aquello y me gusta, vaya yo a buscarte.
Estoy escribiendo esta, mi primera carta, sobre tu mesilla, bajo tu lámpara de Pocoyó y sentada en tu silla fucsia. Antes de comenzar a escribir, me he acercado a tu cama. Todavía huele a ti, y conserva la forma infantil de tu cuerpo. Recuerdo haberte visto dormida hace tan sólo unas noches, de lado, mirando hacia la pared y aferrada con todas tus fuerzas al Mickey que te trajeron los Reyes Magos.
Esta mañana me he levantado muy temprano, así que me he pasado por tu colegio antes de ir al instituto. He entrado en tu clase, y tu silla está intacta, impoluta, silenciosa; tal y como la dejaste el viernes por la tarde. Cuando me he asomado, un chico se ha levantado y ha venido hacia mí corriendo. Era Pedro, que me ha preguntado impaciente cuándo volvías. Se le veía preocupado. Le he dicho que pronto, que te habías ido con Papá y Mamá de viaje. No me preguntes porqué, pero creo que le gustas.
Después ha salido tu profesora, Clara, y me ha contado que toda la clase ha decidido no tocar tu mesa, dejarla como estaba, para cuando regreses. ¡Ah!, también me ha dicho que tus compañeras del trabajo de Cervantes, María y Carmen, van a hacer tu parte del trabajo para que no te quiten nota. Al final va a resultar que no son tan egoístas como dices al llegar refunfuñando y despotricando a casa acerca de la generosidad y empatía de la que todos carecen.
Al ir al instituto, todos me miraban raro. Yo caminaba cabizbaja, pero daba la sensación de estar todavía más triste, así que he intentado llevarlo lo mejor posible. ¿Sabes? No me gusta ser una víctima, por lo que he pedido a toda la clase que me traten como siempre. Odio ser el centro de atención, justo al contrario que tú. Aún me vienen a la mente aquellas actuaciones de karaoke que te marcabas en los cumpleaños del abuelo Enrique.
Me olvidé hablar de él, Alba. Está bastante triste, y una melancolía ha sustituido su angustia, como a los autores de la Generación del 98. Supongo que no sabes quiénes son, así que te lo explicaré. Se llama así porque en 1898 España, nuestro país, perdió la Guerra de Cuba contra Estados Unidos (los de las hamburguesas, sí). Este acontecimiento les marcó, y como todos vivieron en la misma época y escribieron libros “de los gordos”, como dices tú, se les llama así.
Historietas aparte, le han dado los resultados de los análisis. Sobre la hoja, tras todos aquellos nombres biológicos e indescifrables, no había más que dos asteriscos. Uno correspondía al colesterol, y otro al ácido úrico, por lo que seguirá dando guerra. Atrás quedaron ya los sustos por trombos en las arterias (acumulaciones de residuos que no dejan que la sangre fluya) y las anginas de pecho.
Por último, creo que esto sería típico de una madre, pero ya que soy la única que te escribe, estoy en mi obligación. Sé amable con toda la gente que te encuentres, demuestra qué en esta familia te hemos educado como a una mujer hecha y derecha, ¿de acuerdo? Buenas noches Alba, que sueñes con los “angelitos”. Me queda un día menos para volver a verte. Te quiero.

Querida Alba: 23-ene-10
Han llegado por la tarde. Contenidas en un frasco transparente, de color azul cian, evocando el cielo claro y despejado. Las han traído en un lujoso “Mercedes”, ya que así creen que mitigan el dolor.
Papá las ha recogido, y hemos decidido colocarlas sobre la chimenea, materialmente en su “lugar natural”. Nos hemos sentado los tres, rodeándolas, creyendo que de un momento a otro surgiría un aura con tu forma, o nos despertaríamos del sueño en el que nos hayamos inmersos. Pero no fue así.
Por lo demás, en las noticias ha salido una mujer que ha sobrevivido durante una semana. Tenías que haberla visto, era el límite de la supervivencia personificado. A no ser que donde estés tengan televisión o algún invento parecido, no te habrás enterado, estabas en la UCI, un lugar donde te cuidaban las enfermeras como si estuvieras en el paraíso, donde no descarto que te encuentres. Hace una semana se produjo un terremoto en Haití, un país del Caribe. Mucho más “a la izquierda” de Santiago, donde vamos a veranear todos los años. El suelo se mueve violentamente durante un tiempo, que va desde unos segundos hasta minutos, y destroza todo lo que encuentra a su paso. Hay más de 200.000 muertos, que no los podrías contar con tus dedos de diez en diez ni en un mes.
Pero no quiero que te sientas triste, porque te prometí en la habitación del hospital que te iba a contar todo lo que me pasase, intentando animarte para que decidas volver algún día, si te dejan. Ha sido necesario esto, Alba, para que todo el planeta, todas las razas, países e ideologías trabajen juntos con el fin de intentar reconstruir el país. Al fin y al cabo, en el fondo de todos nosotros existe ese valor llamado humanidad, que sacamos a relucir masivamente ante catástrofes de esta índole. En mi opinión, el ser humano no es tan hobbesiano (malo y egoísta por naturaleza) como lo pinta el abuelo Enrique. Será la edad, el desengaño, la frustración y la experiencia.
Espero que respondas a alguna de mis cartas, aunque tengas que pedir ayuda para escribirlas. No seas vergonzosa, ¿vale? Y espero, sobre todo, que me felicites por mi cumpleaños y me tires de las orejas este lunes. Que no todos los días cumple tu hermana dieciocho años. A fin de cuentas, me da pena hacerme “mayor”, aunque creo que en realidad es una mezcla de miedo a la responsabilidad y al reto de la vida. De ser “legalmente responsable”, tanto de lo bueno como de lo malo. Es duro, te lo aseguro. Ya me lo contarás cuando llegues.
Esta tarde he tenido otra clase práctica del carné de conducir, antes de ir a casa. Creo que voy progresando, aunque peco de nerviosismo y falta de soltura. ¡Ojalá me lo pueda sacar pronto, y así te podría dar una vuelta! O si me dices dónde estás, iremos a buscarte. Y yo al volante, controlando las emisoras musicales y contestando a tus impertinentes ruegos y preguntas de: ¿Cuándo llegamos? o ¿Podemos parar, que necesito ir al baño? Te aseguro que no pararé, así que tú verás lo que haces. Que Papá es demasiado permisivo contigo, y al final vas a resultar una mujercita caprichosa.
No me voy a marchar sin confesarte que he metido una foto tuya de tamaño carné junto con la de Alex en mi monedero. Así siento como que pesa más, como si siguieras aquí conmigo, a mi lado. Y es que a fin de cuentas, Alex y tú sois las dos personas a las que más quiero en este mundo. Atrás quedaron tus rabietas cuando veías que tu cara no estaba tras ningún rectángulo de plástico, ni siquiera en aquellos que estaban vacíos. Para que veas que nos llevaremos mejor cuando vuelvas, te lo aseguro.
Me voy a dormir, que estoy algo cansada, tanto por fuera como por dentro. Te quiero todos los días, Alba.

Querida Alba: 24-ene-10
Primer viernes sin tu presencia a mi lado. Me resulta especialmente nostálgico el que me faltes en el momento más feliz de la semana. ¿A ti también te pasa? Justo cuando estás disfrutando de algo al máximo, reparas en que te falta algo. Somos así, necesitamos buscar algo, sea lo que sea, que nos aleje de ese estado de esplendor y de bienestar máximo, que nos incita a pensar que somos plenamente afortunados. Eso con lo que diríamos: ”Si tuviera tal o cual cosa, sería aún más feliz”. Y esto no es más que un vano intento de alcanzar la perfección en un mundo imperfecto.
Y es que he necesitado sentarme en el primer banco de la derecha del parque, aquel con una inscripción grabada a mano, con cualquier punta afilada, recordando una fecha que seguramente no sea más que un añico de una historia de amor juvenil, donde nos pasábamos las tardes comiendo pipas hasta que los labios se nos cortaban a causa de la sal. He estado sentada, dejando los pies suspendidos en el aire, sintiendo un cosquilleo propio del rítmico bombeo del responsable de nuestros sentimientos. Ahí me he dado cuenta de que no ibas a venir. Perdóname por olvidar que estás de viaje, pero me cuesta asimilarlo.
El viento agitaba el columpio rojo, balanceándolo irregularmente. Aquél que sonaba al montarse sobre él. Tan sólo un par de árabes jugaban con sus hijos. Recuerdo que siempre preguntabas por qué llevaban esas señoras un pañuelo en la cabeza. No sé si en el lugar en el que estás llevan o no pañuelos, o tienen alguna costumbre extraña para nuestra cultura. Me gustaría que me lo contaras, por si acaso tuviera la ocasión de infiltrarme para ir a buscarte si se portan mal contigo o te intentan hacer daño.
No te he contado que ha venido el cartero esta mañana, con un paquete gigante entre sus brazos. Le ha extrañado que no le abriese la puerta esa niña con la sonrisa más bonita de todo el vecindario, y con más motivo, ya que traía por fin un envío para ella. Le hemos contado que estabas de viaje, y le hemos prometido no abrirlo hasta que tú llegases. La caja decía: Para Alba González, de parte de 3º C. Aun en contra de mis deseos expresos de abrirla, Mamá se lo ha llevado cuidadosamente, y lo ha guardado en tu armario. Ya tienes un motivo más para volver, hermanita.
Hablando de Mamá...está un poco triste. Supongo que le pasa como a todos, que no se acostumbra a que no estés diariamente en casa. Papá y yo la apoyamos todo lo que podemos, pero no es suficiente. Eres su hija, no es capaz de asimilarlo todavía. Papá ha decidido contratar un terapeuta, que viene a casa cada tres días. Un terapeuta es un señor que habla con Mamá para intentar animarla, y buscar un problema en su mente, para solucionarlo y que vuelva a ser feliz, en la medida de lo posible. Seguro que estarás poniéndome a caldo, porque te doy demasiadas explicaciones. Ojalá pudiese oír tus preguntas, para así no extenderme más de la cuenta...
En cuanto a noticias en general, no hay muchas importantes, simplemente sucesos. La reconstrucción de Haití está en marcha, aunque esperemos que se lleve a cabo aun después de que las cadenas de televisión dejen de tenerlo en portada. Eso fue lo que sucedió con el Sudeste Asiático y el maremoto en 2004, que cuando las cámaras abandonaron el país, las ayudas comenzaron a brillar por su ausencia, y hay gente que sigue sin tener un techo bajo el que dormir. ¿No te parece surrealista para estar en el siglo XXI?
Alba, acuérdate que tenías que leerte “El Quijote”. No seas vaga y pídelo por ahí, ya que no tienes excusa. ¡Cervantes es universal! Te quiero. Marta.
Querida Alba: 25-ene-10
Creo que la tarde del 24 de enero se ha convertido oficialmente en el mejor día de mi vida. Fue toda una sorpresa, con setenta personas compartiendo un mismo secreto y sin dejar caer ni insinuar nada. Toda una obra maestra del arte de esquivar preguntas sin dejar ni un solo rastro de sospechas.
Pablo, el mejor amigo de Alex, me pidió el sábado por la tarde que le acompañase a la cena de su equipo de fútbol, y Papá se ofreció voluntario a bajarnos, como tantas otras veces. Yo no sospeché nada, hasta que llegué allí y pude contemplar a tanta gente que me quería, brindándome un pequeño homenaje, para darme las gracias por todo lo vivido en estos dieciocho años. Tampoco era para tanto, la verdad. Soy como soy, no me tienen que agradecer nada.
Estaba allí toda la familia, la peña, amigos y Alex. Tras saludar a todos los invitados uno por uno, las luces se apagaron y comenzó a proyectarse un vídeo con algunas de las fotos que han marcado mi vida desde que nací. Mis primeras fotografías al llegar al mundo, mi primer día de clase, mi primera visita al zoo, mi primer día en la playa, mi primer día en la nieve, mi primer viaje de fin de curso…Fue realmente tierno, y la música acompañaba. Salió una en la que salíamos las dos, hace unos tres años, tú vestida como una auténtica princesa, con tu lazo rosa en la cabeza, tu esclava del bautizo, tu pelo rizado de la raíz a las puntas y esos zapatos azules que tanto te encantaban y que te olvidaste en el armario de tu habitación. Fue ahí cuando me emocioné. No quería llorar, parecer una blandengue, una llorona que se emociona por cualquier cosa. Aunque sea eso, una simple fotografía, para mí son aquellos ínfimos detalles que pude captar en los cinco segundos durante los cuales estuvo expuesta los que me hicieron sentir un profundo vacío en mi corazón. Sentí como si el aire no contuviese oxígeno, como si el nitrógeno se hubiera adueñado de él. Todo el mundo me miraba. Era una emoción incontenible, humanamente incapaz de ser controlada. Era el amor entre dos hermanas.
Rápidamente, las primas vinieron a intentar cubrir mi llanto, a pesar de que intuían el motivo de mis lágrimas. Pude girar el rostro y contemplar el de Mamá, imbuido en una profunda melancolía, el anhelo de poder tener juntas a sus hijas en un día tan especial como aquel. Tampoco pedía tanto.
Por lo demás, intenté disimularlo. Era un día para celebrar lo bueno, mi mayoría de edad, algo único. Bailamos, reímos, lloramos, nos abrazamos, saltamos y brindamos, todo aquello guardándose como una película en mi memoria. Sabía que esos momentos estaban dejando una profunda huella en mi alma. Imprimiendo un recuerdo imborrable que me acompañará por y para siempre.
Por lo demás, estoy impaciente por recibir tu felicitación. Pese a que la policía no va a iniciar una búsqueda, pues pensarían que estoy loca, yo miro al cielo, esperando que algún cartero, o persona que se dedique a repartir el correo, me encuentre y me entregue un sobre, una carta, una caja. Algo de tu parte, que aunque no pueda calmar mis ansias por verte, aliviaría en parte mi pena y sufrimiento.
Supongo que las personas, cuando echamos en falta a alguien, alzamos la vista al cielo. Representa aquello inalcanzable pero que pareces tocar con los dedos. Piensas que está cerca, cuando la realidad es que se encuentra unos miles de palmos tu cabeza. Una analogía (parecido) que aplicamos para con nuestras personas queridas. Quisiera poder llegar al cielo y bajar contigo en una nube esponjosa y suave, cual ascensor de un edificio inmenso.
Quiero que sepas que ayer cogí tu peluche de Mickey y lo así entre mis brazos. Me resulta agradable pensar que así al menos tengo una parte de ti a mi lado, durmiendo cada noche, ya que no te levantas en mitad de la noche para contarme que un monstruo salvaje te está asediando con sus garras, o que ha venido Yafar, o Scar a intentar raptarte.
Son pequeños detalles, que se agrandan a medida que desaparece su frecuencia en mi vida. Has dejado un camino apenas empezado. Tus huellas se habían comenzado a fijar en el terreno. Tu mente comenzaba a dilucidar el verdadero sentido de las cosas, apoyado por las mil respuestas que todos los que pasaban tiempo a tu lado le daban a tus dichosos “porqués”.
Solo tengo una cosa más que decirte: que te quiero con todas mis fuerzas, Alba. Buenas noches.

Querida Alba: 26-ene-10
La vida se nos escapa por momentos. Desde que apareció la escritura, las personas que han tenido el privilegio de poder escribir lo han reflejado. Es una angustiosa situación de impotencia, de incapacidad de hacer nada ante el inevitable transcurso de los segundos.
Los seres humanos, avalados por nuestra inteligencia, creamos una medida del tiempo, para así poder valorar según una edad, medir los períodos de tiempo y organizar nuestra vida en torno a él. Pero es que el tiempo nos ha ganado la partida, ya que, vanidosos nosotros, hemos pretendido crear una organización estable en torno a nuestra vida de acuerdo con algo inequívocamente inestable.
Así nos pasa. Que solemos acostumbrarnos a pararnos en seco, tomar una bocanada de aire y mirar hacia atrás. La montaña que comenzamos a instalar tiempo atrás se ve cada vez más pequeña, y el vértigo que nos produce el mirar hacia el pasado crece por momentos.
Nadie ha encontrado una solución, salvo aquellos que se dejan arrastrar hacia la ignorancia. Pero, a mi juicio, la ignorancia es la forma de insatisfacción menos dolorosa y cruel. Por ello intentaré incorporarla a mi tópica rutina. Aunque por otra parte me viene a la cabeza el celebérrimo planteamiento cartesiano del “Pienso, luego existo”, que me remite a la evidencia de que sigo aquí, segundo tras segundo, viviendo la vida sin más. Todo ello a pesar de que cada día estoy más de acuerdo con Baroja, que afirmaba que “Vivir no es un placer, sino una necesidad”. Pío Baroja fue uno de los autores de la Generación del 98, aunque la verdad, tenía un carácter un poco huraño, reconcentrado y taciturno, según decían los que le conocían. Estudió medicina, como tú querías hacer, y sentía una capacidad de empatía tremenda, sobre todo con las personas marginadas y desvalidas. Creo que en el fondo tú te parecías un poco a Baroja. No estaría mal, una hermana licenciada en medicina y para más inri, escritora. Darías fama al apellido, a pesar de que intrusos incultos y periodistas con título de boquilla te pudiesen robar gran parte del protagonismo que te merecerías.
Me encantaría poder contactar contigo, ser capaz de verte, aunque fuese por el más ínfimo agujero, para saber que estás bien. Júntate con la buena gente, haz caso a Mamá. Que aunque no te veamos ni hayas dado ninguna señal hasta el momento, te estamos vigilando, como los Reyes Magos. Nos han dado la fórmula, así que pórtate bien.
Todavía tienes el estuche de maquillaje que te trajeron Sus Majestades en el armario de tu habitación. Se te olvidó llevártelo. Como el reloj, los imposibles puzles de mil piezas, tu colección de
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