Discursos mediçinales, compuestos por el liçENÇiado juan mendez nieto






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DISCURSOS MEDIÇINALES, COMPUESTOS POR EL LIÇENÇIADO JUAN MENDEZ NIETO
(Juan Méndez Nieto. Discursos medicinales. Salamanca: 1989. Universidad de salamanca y Junta de León y Castilla.)
que tratan de las marabillosas curas y suçesos que Dios nuestro Se­ñor á querido obrar por sus manos en cinquenta años que á que cura, ansí en España como en la Ysla Española y Reino de Tierra Firme, adonde á residydo lo más del tiempo; de las quales resulta mucha gloria y alabanças al mismo Dios que las obró, y no poco provecho a los próximos, mayormente a los que profesan y exerçitan el arte médiça, si con atençión y ánimo benévolo fueren leídos. Escritos en Cartagena Indiana, año de 1607, y de hedad del autor 76, a gloria y honrra de Dios nuestro Señor y por apro­vechar a sus próximos.
Van repartidos en tres libros: en el primero se escrive lo suçedido en España; el segundo trata de los suçesos de la Isla Española; el tercero del Reyno de Tierra Firme.
Dirigido al lisençiado Alonso Maldonado, oydor del Co[n]sejo de Yndias del Rey nuestro Señor.
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Dedicación del libro al lizençiado

Alonso Maldonado, oydor de su magestad en su real consejo de Yndias
Que aya sido yo llamado, con particular vocaçión de Dios nuestro Señor, a este ministerio de «levandi langores» y curar pobres afligi­dos y desesperados de alcançar remedio, las muchas maravillas y exorbitantes pronósticos que por mis manos y voca á obrado contra toda raçón y ciençia natural, que a mi primero que a otro alguno admiravan y ponían espanto, y oy día lo hazen, me an forjado a que lo crea y tenga entendido; demás del modo y rodeo por donde a el me truxo, como claramente verá el que sin passión leyere desde el prinçipio estos Discursos.

Y, para confirmarlo del todo, no restava sino que el mismo Dios truxese por aquí a Vuesa Merçed el día que los acavé de escrivir, para que, sirbiéndose de leer alguna parte dellos, me obligase en remuneración y agradeçimiento de tanta merced a se los dedicar y ofrescer, para que debajo de tan buena tutela y amparo puedan salir a luz y servir y aprovechar a la salud y bien común, que para esto fueron fabricados, no sin particular probidençia del mismo Señor; porque muchos secretos y grandes remedios que los médi­cos suelen guardar y encubrir para su particular ynterés y ganançia ban en ellos manifestados y declarados en este lenguaje, por que ningunos sean encubiertos, demás de muchas curas y sentençias curiosas que nos enseñan, que todas ellas son de mucho probecho para la salud humana.

Vuesa Merçed los resçiva con la boluntad que yo los ofrezco, que, aunque paresca pequeño presente para tan gran caballero y señor, debajo de tan buen presidio y amparo cobrarán lo que les falta y podrán parescer sin bergüenca a do quiera. Nuestro Señor la vida y biaje de Vuesa Merçed prospere, como vee que combiene y es neçesario para el bien de todos.
En Cartagena del Poniente, en primero de jullio de 1611 años.

El licençiado Juan Méndez Nyeto1
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LIBRO PRIMERO. DISCURSO I

Trata del prinçipio de mis estudios2



Para aver de dar perfeta relación y noticia de los maravillosos suçesos que Dios nuestro Señor á sido servido obrar por mis manos, y siendo yo el prinçipal instru­mento, en cinquenta años que á que uso y exercito el officio de médico, será neçesario avisar primero del discurso de mi vida y estudios, para que se entienda cómo desde el prinçipio dellos fui llamado com particular vocación para este mi­nisterio, y ansí no causarán tanta admiraçión los maravillosos y portentosos suçesos que en él me suçedieron.

Y, començando la historia y abreviándola lo más que me fuere possible, digo: Que yo fui ymbiado de mis padres a la Universidad de Salamanca de hedad de oçho años, en el qual tiempo sabia ya leer y esçrevir bonitamente y algunos prinçipios de gramática. Tuve en ella por maestros en el resto de la gramática al bachiller Roa, que la enseñava en su casa, pagándole escojidamente; y, estando del bien ynstruido en todas las menudençias, pasé a oyr al maestro De la Torre, ciego famoso, que en aquel tiempo avía llevado la cátreda de prima al comendador griego; y, oyendo del y del maestro León, que a la sazón hera catredático de bísperas, a Lorenço Vala, a Tulio «De Officis», Vergilio y Valerio Máximo, Tereçio y otros libros, y, en leçiones particulares que hazían, a Plinio y Alçiato, epístolas y oraçiones de Tulio, con algunas leçiones de retórica, acabé mi gramática y latím prósperamente, porque me cupieron en suerte en los postreros años dos estudiantes africanos por compañeros, que avían estudiado latín y artes en Coymbra en el tiem­po que ella más floreçió. Y tubieron por maestros al famoso Bucanane y a Reisende y otros eminentes hombres que el rey don juán 2° de Portugal avía traído de París, a mucha costa suya, para leer en aquella universidad. Y estos dos estudiantes, que dicho tengo, fueron sus disçipulos muy aventajados y habillssimos entre todos los demás. Heran ambos hermanos, y el más pequeño no hablava jamás sino latín, y no como quiera, sino todo çiçeroniano y tan elegante que los maestros de Sala­manca temblavan y rehusavan de hablar con él, porque tenia una lengua y pronun
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çiaçión como un sirguerito; y pareçían ellos y su latín ante el muçhaçho, que devía tener treze años, mazacotes malforrriados, porque en aquel tiempo, que era el año de 1548 hasta 1552, todo hera barbarie en aquella universidad y no avía quien se atreviese a hablar dyez palabras en latín, y ese tan áspero y férreo que bien mqstrava ser traído por los cabellos; y todos los catredáticos de todas ciençias Ieyan sus leçiones em buen romançe, y, si alguna vez se atrevían al latín, era tam bárbaro y malo que se tenía por mejor el romançe.

Éstos, pues, fueron los maestros que más me aprovecharon en el latín, que, biviendo como bivimos juntos tres años, me hizieron hablar y esçrevir el latín a su modo y mui diferentemente de lo que en Salamanca se usava. Luego, en pos desto, suçedió que, entrando a oyr Artes, para aver de oír Teología, entré en el curso del que comencava leyendo las Súmulas de frai Domingo de Soto, porque aquéllas y no otras se leyan en aquella universidad. Y en este tiempo vino de París a aquella çiudad un flaire mercenario que se dezía frai Gregorio, el qual avía sido médico antes de ser flaire y disçipulo de Jacobo Silvio; y querer alabar las partes, habilidades y letras, ansí del maestro como del disçipulo, será escureçellas y quitarle mucho de sus quilates.

Estava vaca, quando allí llegó, la cátreda del otro curso de Artes, y era en el segundo año, quando aviendo en el primero leído las Súmulas, se leía la Lógica; y en la primera muestra que este flaire hizo en unas concluçiones, luego los estudiantes se juntaron y le pidieron se opusiese a la cátreda, que se la darían en quanto vacava otra de más ymportançia. Él lo hizo ansí y la llevó con mucha pantana. Yo, que en aquel tiempo estava oyendo mis Súmulas, rebentava de enojo por no poder oyr el flaire, que en el latín hazla mucha ventaja al muçhaçho, que dicho tengo, y en lo demás era muy universal y mui docto.

Crecióme tanto la gana de oílle que determiné yo, con otros mis condisçipulos que dieron en lo mismo, de pasarnos a oyr Lógica sin Súmulas, aunque supiésemos perder el curso y yr a tomar el grado a otra universidad. Comunicárnoslo con el mismo frai Gregorio, y él nos animó mucho a ello, diziendo que nos leería a las fiestas en su monesterio las Súmulas de Clitoveo, que eran las que se leían em París, porque de las de Soto se reya él, diziendo que no valían cosa, si no era para ofuscar los oyentes y hazellos sofistas.

Vista la buena voluntad y ayuda del flaire, luego nos pasamos del otro curso al suyo çinquo estudiantes con yntençión de nos yr a graduar a otra universidad, y dende ay a pocos días se pasaron los más de los que quedavan. Y ansí acabamos nuestro curso con mucho contento y ventaja, porque no solamente sacó a sus disçipulos buenos artistas y filósofos, pero muy aprovechados en el latín y griego, el qual hablava tam bien como el romançe, demás de las matemáticas, arismética, música y esfera, que nos leyó en los dos años del curso.
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Era este flaire valenciano, y, para saber en suma lo mucho que era, basta saber que los frailes francisços parisienses que vinieron aquel año al capítulo suyo general, que se celebró en Salamanca, se espantaron de lo ver allí y me dixeron en buen latín, porque eran françeses y no sabían hablar romançe, que era la mejor pieça que tenía París, que no sabían cómo lo avían dexado salir de aquella universidad.

Éste, pues, es el discurso de mis primeros estudios, adonde se deve notar que, sin salir de Salamanca, tierra tan estéril en aquel tiempo de buen latín y buenas Artes, que todo era barbarie y sofistería, porque no se leía otra cosa sino Soto y sus questiones, no me hizo falta París ni Coimbra, adonde estas dos facultades floreçían entonces y agora, aunque no tanto, floreçen. Para que se entienda que al que Dios escoje para algún ministerio y serviçio suio le encamina y aplica los medios neçesarios, y. esto sin que él lo entienda muchas vezes, como hizo a mí; por lo qual sea bendito y loado por todos los siglos de los siglos. Amén.

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