Una interpretación ecológica de la obra de Eduardo Alí Rangel






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fecha de publicación06.01.2016
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Una interpretación ecológica de la obra de Eduardo Alí Rangel

Ing. Baudilio Mendoza Sánchez

Dr. En Ciencias Agrícolas
I. Introducción

Escribir sobre Don Eduardo Alí Rangel es ciertamente honrar un compromiso con los afectos. No hay senda que no me lleve a sentimientos profundos hacia este sensible ser humano, que por añadidura es sabaneteño, barinés, llanero, y poeta de los mejores. Tal vez esta última condición nos identifica mas claramente: yo, como un simple contemplador de estrofas y él, como fino cultivador de musas y, serían esos versos matizados de vida, que conocí desde épocas tempranas de mi existencia los que me acercarían a la bondadosa y permanente sonrisa de su ancianidad, a la que rindo homenaje en este sencillo trabajo, con motivo de su arribo a los 95 años de digna existencia.

En la vida hay tareas gratas, como esta, de zambullirnos en el pozo profundo y cristalino del pensamiento humano, plasmado en la obra de un constructor de sueños, para aproximarse a interpretar las señales, explícitas o no, del pensamiento de un hombre que se ha fundido con el medio natural.
II. El discurso formal

Por lo general cuando se menciona el término ecología, el asunto pareciera centrarse en la rigurosidad académica, cientificista, que supone –erróneamente- la existencia de una élite intelectual, que sería la única, capaz de manejar con propiedad la complejidad de esa disciplina. Al respecto, pensamos que participar de algo que atañe directamente a la biología ambiental, como lo es la relación de los seres vivos con el entorno, no solamente rebasa al conocimiento especializado sino que es inclusivo a todos los seres humanos, científicos o no, pues en el ciudadano común y corriente subyacen saberes cotidianos que por provenir de las vivencias diarias, pudieran ser mas didácticos que cualquier clase magistral, y que en muchos casos son los que en realidad logran darle sentido y posibilidad de comprensión a los hallazgos académicos.

Por otra parte, la ecología aunque se ocupa del comportamiento de la naturaleza, bien por su dinámica propia o por los efectos de la acción antrópica, es objeto de nuevos enfoques, que apuntan hacia los aspectos: económicos, sociales y humanos en particular.

De esa nueva visión de la ecología ha emergido el llamado “ecologismo”, que es una actitud proactiva de grupos sociales, que de manera responsable y comprometida con un presente y un futuro feliz para el género humano, entre otros aspectos, promueve el respeto a los límites de la naturaleza, ante el necesario empleo de los recursos naturales con fines de desarrollo

De esta manera, los principios ecológicos mas avanzados orientan, además, su atención al comportamiento del hombre, no solo en su interacción con las numerosas especies de animales y plantas, y el ambiente en general, sino también en cuanto al interrelacionamiento entre los seres humanos, y en particular al compromiso que tenemos todos y cada uno de nosotros en cuanto al cuido y preservación de nuestros semejantes.
III. Interpretación de la obra escrita

Disculpándome ante los hombres de letras, me animo a la inusual tarea de examinar los escritos del poeta, por razones obvias, sin intención alguna de interpretación literaria, sino mas bien tan solo con el propósito de reconocer en su contenido algunos de los elementos que retratan su identificación con el entorno natural y con su gente.

A estos fines hemos empleado la compilación denominada “Obras Completas” editada por la Fundación Editorial El Perro y la Rana, en el año 2006, que incluye: Los Lejanos Paisajes (1965); De Monte a Monte (1973); Los Pozos Silenciosos (1982); Juglarescas (1986); Los Comarcas del Alba (1989), y La Identidad del Remanso (1990).

Para acometer el trabajo se ha asumido las siguientes categorías arbitrarias, con la sola intención de sistematizar las diversas temáticas que subyacen en los escritos:

Sensibilidad social: Referida a posturas de acción y de posición socio-política, ante las agresiones del hombre al ambiente natural; al aprecio por los valores de los seres humanos como: el amor -en todas sus versiones-, amistad, humildad, bondad, solidaridad, honestidad, respeto al semejante y al patrimonio natural. Del mismo modo, se agregan aquí las manifestaciones de la tradición local, expresada en los usos y costumbres seculares y en temáticas referidas a los objetos mas sencillos del quehacer humano, personajes populares y acontecimientos lugareños.

Identidad natural: Alude a su pensamiento respecto a la biodiversidad y otros recursos naturales. Esta categoría estaría centrada en el paisaje, las plantas, aves, insectos, bosques y fuentes hídricas naturales, con especial mención a los ríos y los caños llaneros.


  1. Sensibilidad social

En relación a este aspecto, es clara su solidaridad ante las penalidades de las personas mas desposeídas de bienes materiales, con reiterada compasión ante la suerte del campesinado lo cual expresa en “Tierra angustiada” (pág. 47), donde señala: la atribulada estampa campesina… y una angustia profunda que se queda (pág. 47); mientras en “Clamor Campesino” (pág. 69), interpreta y describe lo que en sociología rural hoy se conoce como el “fatalismo campesino”, que sería el grado en que el individuo percibe resignadamente su incapacidad para imaginar su futuro en forma optimista. Al respecto en “Clamor Campesino” (pág. 69) nos dice: tristeza oculta en la visión remota, de la tierra silente y pesarosa… clama el destino su oración piadosa, como una campanada milagrosa, sobre el paisaje triste y enfermizo.

La fuerza de esa identificación es tal, que nos atrevemos a pensar que el poeta percibe como rural y campesino todo aquel micromundo, en forma tal, que para él hasta los pueblos serían “rurales”, por la tranquila monotonía en que transcurría la vida local, apegada a aquella tradición ancestral.

No obstante, en “Tengo luz en la clara lejanía” (pág. 99) hay un amago de esperanza para el destino local, que parece retratarse mas claramente en ”Cambiemos de una vez este camino” (pág. 98), donde insta a dar el paso de la reflexión a la acción, cuando reconoce que: La tierra sembrada en el destino, torna a cambiar su mundo silencioso… noble la espiga y recia la labranza… con un retoño nuevo en la sonrisa. No descartamos que este asomo de optimismo guardase vinculación con las promisorias siembras mecanizadas en Barinas, que tuvieron su mas clara expresión organizada en el Plan Arrocero, desde 1950, a cuyo entusiasmo se sumó la prosa ecologista de Arvelo Torrealba, en su libro “Caminos que Andan”.

Mas tarde, abiertamente, mas allá del lamento, lanza su “Canto para el paisaje destrozado” (pág. 121), en el cual sin ambages denuncia la muerte de la esperanza muriendo de tristeza en el silencio, ante la tala de los bosques que denota sentir en carne viva: cómo me duele la agresión infame cuando se troncha el árbol milenario; reclamo que hace extensivo ante la quema de los bosques, la extinción del agua de los cauces y la marchitez de las flores, que ahuyentan los pájaros, bajo el silencio cómplice y cobarde de los hombres.

Esta emotiva posición adquiere su clímax, cuando sentencia con firmeza en “Canto para el paisaje destrozado” (pág. 122): Y maldigo la mano que tronchara, el corazón fecundo de la patria…

En el Canto Consecuente (pág. 314), refrenda su compromiso ecologista, pero no solo como una posición personal sino ahora, interpretando el sentir colectivo, cuando nos dice: Le canto al ave que le canta al viento, al paisaje, a mi tierra, al pensamiento, a los anhelos tuyos que son míos…

En otro plano, como un gesto solidario ante el sufrimiento de los pueblos nos deja conocer su pensamiento frente a la rémora de los gobiernos de facto, que tanto daño le han hecho a América Latina. En esta onda se inscriben los poemas El gorila (pág. 189); De piedra es el silencio de Neruda (pág. 216); En el pecho de Chile (pág. 277), todos en referencia al caso chileno. En el mismo sentido, en El tiburón y la sardina (pág. 204) hace un símil metafórico en la expresión: … un yankee codicioso frente al mar y una cubana glamorosa y fina…, aludiendo a la desigual confrontación histórica entre Cuba y Estados Unidos, mientras en otros poemas dedica cantos a la figura mítica de Sandino. Finalmente, el poeta nos confiesa uno de los sentimientos claves de su existencia, la identificación con la esencia del amor humano, en su poema “Creo en el mundo de Aquiles Nazoa” (pág. 201), cuyo título es suficiente para justificar la búsqueda del mensaje ecologista que yace inmerso en toda su fecunda obra: Con un credo de amor como un camino, con un verso en el alma cristalino, jugando con la vida, como un niño….

Desde otro ángulo, este hacedor de rimas también se centra en otros elementos que representan la tradición local, y eleva su voz para evocar en sus poemas: “La Cruz de Mayo” (pág. 54); La Atarraya (pág. 67); “El Jaguey” (pág. 73); La Casa de palmas (pág. 420); La Tinaja (pág. 324); El Trompo (pág. 325); La Pulpería (pág. 326); entre otros elementos culturales ancestrales que dieran forma a su tranquila vida pueblerina.

Pero, más allá de su fascinación por nuestro patrimonio natural, tempranamente aborda lo que ahora conocemos como socio-diversidad, vinculada a los esfuerzos colectivos que sustentan a las luchas locales para hacer frente a los intentos globalizantes que han buscado borrar la heterogeneidad cultural que ciertamente nos enriquecen como conjunto social nacional. Así, surgen sus poemas dedicados a: costumbres, personajes y oficios tradicionales. Los personajes populares, sus ocupaciones y sus anécdotas son descritos acríticamente y con un alto respeto por la dignidad humana, en concordancia con sus propios principios éticos y morales, tal como lo comenta en “Incitación al pecado” (pág. 32) y “Luisa la solterona” (pág. 33), donde con su fino humor aborda la picaresca pueblerina. En “Las lavanderas” (pág. 239), “Los telegrafistas” (pág. 232); El Veguero (pág. 379); “Los Carreteros” (pág. 392); El Jardinero (pág. 423) nos deja conocer estampas puebleras, con alto contenido de aprecio social, incluso, en “El labrador de tablas” (pág. 328), nos hace un reconocimiento a aquellos hombres, venidos de otras tierras, como este creador de sueños en madera, que se imbricó en la barinidad, ejerciendo la ebanistería con un alto respeto por la flora, y a quien describe como: adorador de cedros de esta tierra, sin dañar el paisaje con su sierra, ni cortar la ilusión del sol de acá…

No obstante, el poeta no se queda estático en la sola añoranza del pasado, pues reconoce lo inexorable de los cambios impuestos por la modernización ante la necesidad del progreso, por ello se identificó con los personajes de Doña Bárbara que representaban la esperanza de redención para aquel llano triste y enfermizo…, mientras disiente del acecho apátrida en “Mister Danger” (pág. 52): …musiú o venezolano, la misma especie con la misma garra; tierras, petróleo, cedros o chatarra, en el tremendo garfio de su mano…


  1. Identidad natural

En esta categoría hemos agrupado lo referente a la biodiversidad biológica, las aguas, los suelos y el paisaje natural como un todo. Así, el amor –sentimiento sublime- lo expresa en términos de estos componentes telúricos, cuando en su “Mensaje afectuoso para Gloria” (pág. 26), se complace al percibir a su hija con la risa inocente que es fresca como el agua, para luego reafirmarle su pasión filiatoria con un: yo te saludo con el gesto amable de las plantas, que son de un mismo huerto, frase esta, que a su vez, nos permite captar el prodigio de una franca fusión del ser humano con la vida vegetal. En sucesivos poemas, estas expresiones de afecto se recalcan en frases como: perfumes de rosas nuevas o (…) en el follaje que es alma con anhelos de vida.

En los versos de “Los lejanos paisajes” (pág. 22) dedicado a su esposa, Doña Piedad, se demuestra su entrega mas amorosa cantándole: Te ofrendo los paisajes luminosos, los lejanos paisajes silenciosos…. de un manantial profundo en que el amor, le habla continuamente al corazón; este mensaje refleja su certeza que aquel paisaje rural, sintetizaba las mas claras expresiones líricas, inspiradas en los elementos de las fuentes naturales.

Don Eduardo Alí, tuvo especial predilección por cantarle a los pozos de los caños y de los ríos cercanos a Sabaneta, tal como nos lo expresa en “El Remanso” (pág. 250) cuyo tranquilo transcurrir de las aguas supone serenamente eterno …se parece a ti el remanso, tranquilo para el efecto No obstante en “Pozos de los silencios” (pág. 196) ya nos advierte sobre la vulnerabilidad de esos veneros cuando dice: Viejo raudal de tímida frescura, donde bebía el turpial su trino hermoso (…) hoy estas solo, con el pecho herido…. Del mismo modo revela su tristeza ante el retiro de un brazo de las aguas del Boconó, que una vez diera vida al paisaje aledaño al poblado, plasmado en “La Madre Vieja” (pág. 237) donde refiere: Pasaron por tus arenas, las aguas de un viejo río, y el bosque que era sombrío, las miró correr serenas (…) Hoy está seca tu huella y le imploras a una estrella, el agua que cae del cielo. Y consolida su grito angustiado en “El Caipe seco” (pág. 271), cuando expresa a ese otro gran llanero: ….Tu Caipe, Arvelo Torrealba, se nos secó en la garganta…

En otro plano, el bardo hace buena su confesa identificación con el mundo sencillo e infantil de Aquiles Nazoa, pues con minuciosa sensibilidad, se ocupa de las cosas mas simples y tal vez intrascendentes para algunas personas, dedicando su inspiración a los seres vivos mas minúsculos, tal como ese mágico sujeto de la luz, en “El Cocuyo” (pág. 55), al que define como,,, el alma de un baquiano, que alumbra el corazón de la llanura… que es como una esperanza cuando brilla a una triste visión cuando se apaga, y junto a este celebra los colores y el libre vuelo de La Mariposa (pág. 385) de la cual piensa, que:… tiene la misma gracia que la flor (…) y es rumor sus alas en la ruta mas hermosa, para seguir el rumbo del amor. Consecuente con ese apasionante micromundo también le canta a los pájaros, la ardilla, el venado, los alcaravanes, a los que llama certeramente profetas de la fecundación… anunciando vida por el caserío…

De esta manera, el poeta nos demuestra como ha logrado fundirse con su ambiente, al identificarse con la vida que palpita en cada pájaro, en cada árbol, en cada ser humano, en fin, en cada ser viviente, cuya pervivencia depende de la interacción armoniosa con el entorno físico. Quizá allí subyace la clave de su longevidad y de poder eternizarse en el afecto.

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