¿Cón qué hipérboles manifiesta el poeta su dolor? (VV. 1-9) ¿Qué metáforas emplea para referirse a la muerte? (VV. 10-12)






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título¿Cón qué hipérboles manifiesta el poeta su dolor? (VV. 1-9) ¿Qué metáforas emplea para referirse a la muerte? (VV. 10-12)
fecha de publicación10.09.2015
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5.8 Miguel Hernández
d ¿Cón qué hipérboles manifiesta el poeta su dolor? (vv. 1-9) ¿Qué metáforas emplea para referirse a la muerte? (vv. 10-12)
Las hipérboles que expresan el dolor son “tanto dolor se agrupa en mi costado,/ que por doler me duele hasta el aliento”, “no hay extensión más grande que mi herida / […] / y siento más tu muerte que mi vida”. La muerte es metaforizada mediante nombres de acciones que infligen dolor y adjetivos que refuerzan la idea de crueldad : “manotazo duro”, “golpe helado”, “hachazo invisible y homicida”, “empujón brutal”.
e ¿Qué efecto producen las anáforas de los versos 19-31? ¿Qué violentas acciones emprende el poeta para rebelarse contra la muerte y recuperar a su amigo? (vv. 25-31) ¿Cómo reproduce en el plano fónico la agresividad que siente?

La anáfora consigue la insistencia en un pensamiento mediante la repetición de palabras en posición inicial de verso, lo que supone también destacarlas rítmicamente. Son abundantes las anáforas entre los versos 19 y 39: 19-21 (“Temprano…”), 22-24 (“No perdono…”), 28-31 (“Quiero…”), 34 y 38 (“Volverás…”).

La rebeldía del poeta-amigo contra la ausencia se expresa con la insistencia, en el 8º terceto, en no perdonar “a la muerte enamorada” (por haberse llevado al amigo) “a la vida desatenta” (por habérselo dejado arrebatar), y tampoco “a la tierra ni a la nada” (por poseer ahora el cuerpo del amigo muerto). También expresan el mismo sentimiento la hipérbole, mediante la que el poeta dice levantar “una tormenta / de piedras, rayos y hachas estridentes, sedienta de catástrofes y hambrienta” (vv. 25-27). En las estrofas 10 y 11 Miguel Hernández dice querer desenterrar a Ramón Sijé, para besar su “calavera”, “desamordazarlo” y devolverlo a la vida.

La dureza fónica de estos versos refuerza el carácter hiperbólico, violento y desesperado de las imágenes que expresan la rabia del poeta y su deseo de desenterrar al amigo. Así, la aliteración de los sonidos /t/ /r/ y /��/ se produce en casi todos los versos a partir del 25 hasta el 33, por ejemplo: “…levanto una tormenta / de piedras, rayos y hachas estridentes, sedienta de catástrofes y hambrienta”, “quiero escarbar la tierra parte a parte”.

f ¿Qué consigue aliviar el dolor del poeta? ¿Con qué metáforas y aliteraciones reproduce el sosiego recuperado?

A partir del verso 34 la composición cambia de tono, pues el poeta encuentra consuelo en describir el regreso espiritual del amigo fundido con la bellezas naturales que habían admirado juntos. Su “alma colmenera” elaborará “angelicales ceras” y miel con las flores de la primavera oriolana, será testigo de los amores de los campesinos y su sangre alimentará las flores que habrán de disputarse “[su] novia y las abejas”. El poeta convoca a “las aladas almas de las rosas / del almendro de nata” al amigo muerto, para continuar la conversación que la muerte ha interrumpido. La aliteración de la /l/ en este último fragmento citado expresa la levedad de las realidades espirituales y sentimientos tiernos a los que alude ahora, en contraste con la repetición de sonidos duros con que eran evocada la acción agersiva, en versos anteriores.

6

POESÍA EXISTENCIAL Y SOCIAL

6.1 Blas de Otero
h ¿Qué paralelismos establece entre las tres estrofas de que se compone el poema? ¿Por qué dice Otero que ha “perdido la vida, el tiempo” y la “voz en la maleza”? ¿A qué se refieren “la sed” y “el hambre” que dice haber padecido? ¿Y las “sombras” que ha “segado en silencio”? (Para responder a estas cuestiones, consulta su soneto «Hombre»)

Las tres estrofas que componen el poema tienen la misma estructura sintáctica. Cada estrofa está formada por dos oraciones concesivas (ojo, no son condicionales) cuyas proposiciones principales es la misma, “me queda la palabra”, y que se repite en el último verso.

La pérdida de la vida, el tiempo y la voz alude a la etapa anterior de su vida, presentada ahora como una etapa en la que su voz se perdió “en la maleza”, esto es, su voz poética se hallaba dominada por la confusión espiritual y una lucha estéril que no le ha aportado nada. En la segunda estrofa alude al sufrimiento que supuso esta etapa de búsqueda de sí mismo y de interrogar inútilmente a Dios sin hallar respuesta, esto es, segar las sombras en silencio, como expresaba en su soneto Hombre.

i ¿Qué descubre Otero al “abrir los labios” hasta “desgarrárselos”? ¿Qué implicaciones personales, políticas y literarias tiene la afirmación con que cierra cada una de las tres estrofas?

La tercera estrofa expresa la apertura de Otero a los demás, el paso del “yo” al “nosotros”. La solidaridad con los demás y, sobre todo, ver “el rostro puro y terrible de mi patria”, el sufrimiento de los demás, le lleva a “abrir los labios”, a hablar y proclamar la verdad de lo que sucede y los demás no se atreven a expresar por miedo, aunque esto le produzca también sufrimiento (“hasta desgarrármelos”).

Personalmente, este cambio de actitud implica voluntad de poner su poesía, su palabra, al servicio de la verdad y de los demás, aunque ello implique sufrimiento o “martirio”. Políticamente, implica un compromiso con aquellos que en ese momento luchaban contra el franquismo y, en concreto, con el partido comunista. Literariamente, este cambio supone una lengua literaria más directa y con vocación de llegar a la “inmensa mayoría”, como va a ser característico en la poesía social. Con todo, Otero no renunciará nunca a la utilización de los ricos y variados recursos estilísticos de su poesía anterior.

La afirmación con que se cierra cada estrofa, “me queda la palabra”, muestra su fe en el poder liberador de la poesía, de la verdad. En un claro paralelismo con la palabra divina, que hace libre a los que creen en ella, la “nueva palabra” que predica Otero también hará libre a los hombres.
6.2 Gabriel Celaya y Ángel González

a ¿Qué motivos le inducen a decir “las verdades” y quiénes son los destinatarios de su poesía? ¿Qué comparaciones o metáforas emplea para definir su concepto de la poesía?

Las verdades se proclaman en situaciones límites como cuando ya no se espera nada personal, cuando se toma conciencia del sufrimiento y, sobre todo, cuando se mira de frente a la muerte. Esto es, cuando el ser humano supera sus preocupaciones personales y toma conciencia de la realidad de su entorno (“lo real se nos convierte / en lo idéntico a sí mismo”). Y esta realidad es que muchos españoles viven “asfixiados” y reclaman libertad (“piden ser”) y justicia (“piden ley para aquello que sienten excesivo”).

El poeta, como sucedía en Viento del pueblo, de Miguel Hernández, se convierte en la voz de los que no tienen voz, que son los pobres, los explotados y oprimidos, para los que el poeta destina su poesía, que debe ayudarles a tomar conciencia de su situación.

El poeta compara la poesía con “el pan”, esto es, con el alimento más elemental y necesario; y con “el aire”, necesario para respirar y vivir y sentirse libres. Pero la poesía es para el poeta, sobre todo, “un arma”, como expresa, significativamente, la metáfora del título. Con ella apunta al pecho del lector para hacerle pensar y tomar conciencia de las injusticias. La poesía también es identificada, metafóricamente, con “una herramienta”, esto es, con un instrumento de trabajo del poeta, que se convierte así en “ingeniero del verso” y “obrero”. Y, por negación, es definida metafóricamente como lo opuesto a “bello producto” y “fruto perfecto”. Por último, la poesía es presentada también como un “canto” con el que todos se identifican y hacen suyo, con un “vuelo”, con “gritos en el cielo” y con “actos”. La poesía, en resumen, debe ser un arma de combate de la clase obrera que le lleve a la acción.

b ¿Con qué expresiones condena a los poetas que rehúyen el compromiso social y la denuncia de las injusticias?

El poeta emplea expresiones muy duras contra aquellos poetas que no comparten este concepto de la poesía como compromiso social y denuncia de las injusticias. Maldice a los poetas que se declaran neutrales, no comprometidos, y que conciben la poesía como un “adorno” o “lujo cultural”.

Los acusa de evadirse de la realidad y los compara con Pilatos, que se lavó las manos y dejó que condenaran a muerte y crucificaran a Jesucristo.

c ¿Compartes esta concepción de la poesía, o crees que está superada y es producto de un momento histórico concreto?

La concepción de la poesía como “arma” de denuncia social cayó en el descrédito en la década de los sesenta, sobre todo porque no alcanzó su objetivo de llegar a la “inmensa mayoría” y hacerle tomar conciencia; también supuso un empobrecimiento del lenguaje poético con su búsqueda de la sencillez y la simplicidad que los poetas de la generación siguiente trataron de remediar con una vuelta al esteticismo. Sin embargo, la utilización de la poesía como medio para denunciar las injusticias sociales, sigue siendo una opción noble y estéticamente válida.

d ¿De qué se considera “resultado” o “fruto” el poeta? ¿Qué imagen de sí mismo nos transmite? ¿A qué campo semántico pertenece el léxico que emplea? ¿Qué relación tiene esta visión desolada de la vida con circunstancias históricas y personales?

El poeta se considera el resultado o “fruto” de generaciones de hombres y mujeres que durante siglos han luchado por sobrevivir, esto es, se inserta en una larga historia hecha de sufrimiento y de amor.

El poeta, sin embargo, nos transmite una imagen desolada de sí mismo.

Él es el último fruto, podrido, de esta larga cadena, una persona que, sin las virtudes de lucha de sus antepasados, se resiste sin embargo a sucumbir del todo, aunque se considera un fracasado.

El campo semántico predominante es el de la desolación y el fracaso: “podrido”, “restos”, “escombro”, “ruina”, “fracasos”, “desaliento”…

En esta visión desolada de la vida, que comparte con otros poetas de su generación, tiene mucho que ver las trágicas circunstancias históricas que le tocó vivir, como fue la guerra civil (1936-39) y la durísima posguerra, agravada al pertenecer su familia a los vencidos. Estas circunstancias históricas, en el caso del niño Ángel González, fueron trágicas, pues a su temprana orfandad se unió el fusilamiento de un hermano, el exilio de otro, y su propia enfermedad.
6.3 Jaime Gil de Biedma

a ¿Qué idea de la guerra se forma el “niño” que fue Gil de Biedma, y cómo intenta justificarla el adulto? En su opinión, ¿qué le pueden reprochar sus conocidos al leer el poema, y cuál es su respuesta? ¿Cómo interpretas los últimos versos?

El “niño” Gil de Biedma, que pasó los tres años de guerra en el pueblo segoviano de Nava de la Asunción, esto es, en zona franquista, se formó una idea heroica de la guerra, como una gloriosa aventura en la que los “buenos” luchaban contra los “malos”, tal como proclamaba la propaganda franquista: la lucha de los nacionales era una lucha para devolver a España su grandeza pasada, su glorioso pasado imperial… La realidad era otra muy distinta, pero esto no lo descubrió Gil de Biedma hasta muchos años después.

La justificación que da es que esta visión era muy atractiva para un niño (“¿Qué niño no lo acepta?”), incapaz de conocer la verdad de los hechos ya que el entorno en el que estaba era totalmente franquista. Esto justifica que fueran años incluso felices. A un niño no se le puede exigir la misma responsabilidad que a los adultos, por eso cree compatible esta imagen de la guerra durante su infancia y la que posteriormente, cuando ya tuvo conciencia de la realidad, se formó. Por tanto, la contradicción que le pueden reprochar sus conocidos entre lo que pensaba antes y lo que piensa ahora no es tal. Gil de Biedma no oculta ni su origen social burgués ni su pasado, tan distintos a su forma de pensar del presente. Por ello, los últimos versos los podemos interpretar como una “defensa” ante los ataques de quienes le pueden acusar de no cambiar sinceramente de ideas, de seguir siendo un burgués de derechas.

b ¿Con qué recursos expresivos consigue el tono coloquial?

El tono coloquial está ya presente en el título del poema (“Intento formular…”), que nos indica que estamos ante un examen de conciencia de carácter reflexivo y confesional. Este tono coloquial se mantiene en todo el poema con determinadas expresiones (“Fueron, posiblemente, los años más felices de mi vida…”, “a fin de cuentas…”, “se dice…”, “es cierto que…”, “para empezar…”, “y me acuerdo también…”, “cuando por fin volvimos…”, “quien me conoce ahora dirá…”, “…y es verdad”, etc. También encontramos alguna palabra propia del registro coloquial de la lengua: “es una bestia el niño”.

6.4 Valverde, Valente y Atencia

a ¿De qué hecho se trata? ¿Por qué es tan trascendente para el poeta? Ya en su madurez, ¿qué nueva interpretación le da al episodio y cómo llega a tal interpretación?

Se trata del hecho de contemplarse una tarde en el espejo de un armario. La trascendencia de este hecho anodino es que el niño tuvo conciencia de sí mismo y de ese momento y, fruto de esta conciencia, decidió que aquel momento lo iba a recordar en el futuro. En su madurez el episodio adquiere otra interpretación. El comienzo de la conciencia de sí mismo no estuvo en el acto de contemplarse en el espejo sino en la verbalización del mismo. Es decir, que el pensamiento y la conciencia no existen al margen del lenguaje, teoría, por otra parte, defendida por pensadores como Humboldt o Wittgenstein. A esta interpretación de que el ser humano es ante todo lenguaje llega por la doble vía de la experiencia personal, el recuerdo infantil, y de sus lecturas filosóficas.
b ¿Con qué imágenes describe el autor su percepción infantil del lenguaje? En cambio, ¿cómo lo define en su madurez?

El concepto que tenía del lenguaje en su infancia lo describe con varias imágenes: el lenguaje era “un juguete”, “una herramienta”, “un ropaje”, “un caballo”, o incluso “un estorbo”. Esto es, “algo añadido”, externo a la persona, que se puede usar a nuestra conveniencia cuando queramos o prescindir de ello. En cambio, en su madurez concibe el lenguaje como algo consustancial a la esencia humana. El lenguaje es ahora “todo”, “el ser de carne y hueso”, nuestra propia percepción de la “realidad” y, en definitiva, “el mismo ser hombre”.
d ¿Qué finalidad le atribuye Valente a la poesía en «El poema»? ¿Por qué afirma que el poema debe tener “púas aceradas” y ser “odioso al tacto”? ¿Qué otras funciones, desligadas de la realidad histórica, le corresponden al poema según Valente?

Valente le atribuye a la poesía una finalidad combativa y trasgresora, tanto en el terreno social y político como en el moral. De ahí que presente el poema como un arma hiriente capaz de combatir la traición, la injusticia, la hipocresía o la angustia existencial.

Al afirmar que el poema debe tener “púas aceradas” y ser “odioso al tacto”, Valente está criticando la poesía concebida como algo puramente estético, sentimental y evasivo. El poema, si quiere cumplir la función señalada de combate, debe herir conciencias y no ser un objeto que cause placer a los sentidos.

La poesía es también para Valente una forma específica de conocimiento de la realidad y de la parte más oscura e inexpresable del ser humano.

Debe aspirar a expresar “lo inefable”, como pretendían los místicos, aunque ahora sin un sentido religioso, y también a trasgredir los valores aceptados, como buscaban los surrealistas.
e ¿Qué “experiencia” nos transmite la poetisa en su composición?¿Qué diferencia encuentras, en lo temático y lo estilístico, entre este poema y los del realismo social?

María Victoria Atencia nos transmite en su poema una “experiencia” básicamente estética. Trata de expresar la emoción estética que le produce contemplar la plaza de San Marcos en Venecia un día de lluvia.

La diferencia temática con el realismo social es evidente. El tema del poema no tiene nada que ver con la denuncia de una injusticia social o la expresión del sufrimiento y las duras condiciones de vida de las clases marginadas.

Las diferencias estilísticas son también, si cabe, más acentuadas. Frente a un lenguaje sencillo, directo, sin apenas complicaciones retóricas, destinado a un público popular, Atencia opta, como los poetas culturalistas de los años setenta, por un lenguaje cargado de referencias estéticas y mitológicas, metáforas brillantes y otros recursos retóricos complejos, sólo comprensibles por un público muy culto y exquisito.

f «Placeta de San Marcos» puede ser calificado justamente de “poema culturalista”. ¿Por qué?

“Placeta de San Marcos” es un ejemplo de “poema culturalista” por la cantidad de referencias culturales: la Odisea, el canto de las sirenas, San Marcos, San Sebastián… También la métrica cuidada y las figuras retóricas (“Sebastián de su tronco”, “alma Ulises”, “el rugido de bronce”), son rasgos característicos de la poesía culturalista.

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