Introducción a carl g. Jung






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CARL G. JUNG

INTRODUCCION

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INTRODUCCIÓN A CARL G. JUNG

Psic. Soc. Hugo Basile

Cuando se habla de psicología o psicoanálisis, indudablemente, y al menos en nuestro país, nos remitimos a Sigmund Freud, quien desarrolló magistralmente la teoría psicoanalítica. Sin embargo, Contribuyeron al desarrollo de esta teoría otros investigadores que, de alguna manera, fueron dejados de lado sistemáticamente, como por ejemplo Adler y Jung.

Este trabajo se remite específicamente a Carl G. Jung, quién aporto al psicoanálisis elementos fundamentales que contribuyeron a su desarrollo y, en algunos aspectos, lo trascendió. Transcender al psicoanálisis en el sentido de que la teoría junguiana no se limitó a la sexualidad como base de las patologías, sino que amplió hacia el campo de las emociones y profundizó en los aspectos más arcaicos del ser humano.

Pareciera ser que en la psicología argentina, se ha generado una especie de tabú en torno a la figura de Jung, al cual, habitualmente, se le atribuye el papel de renegado, místico o delirante. Vendría a ocupar el papel de Judas de la psicología. Sin embargo, en países como Brasil, y varios países europeos, la psicología junguiana es tan válida como cualquier otra.

Por ejemplo, muchos de los elementos que vemos en Psicología Social, incluso en la teoría de Pichón Riviére, son elementos comunes a la teoría junguiana, sobre todo en su estructura dialéctica, y es por esto que existe una doble intención detrás de este trabajo. Por un lado, rescatar el bagaje de herramientas teóricas y prácticas que la teoría de Jung puede aportar a nuestro campo de trabajo, y por otro el de empezar a hacer un poco de justicia en cuanto a la posición de la psicología en relación a este generador de teorías y de hipótesis que fue Jung y que ha quedado, no casualmente, sepultado bajo el manto de la indiferencia.

También queremos aclarar que las menciones que hagamos de Freud, y las comparaciones con la teoría psicoanalítica, las hacemos en función de lo freudiano como teoría predominante y más aceptada, además de cómo referente del desarrollo de la psicología analítica por parte de Jung junto a Freud. Hacemos la aclaración porque se tiende a creer que Jung fue solo "discípulo" de Freud, siendo que realmente se debiera decir que en algún momento ambos trabajaron juntos. En el momento en que Jung se acerca a Freud, lo hace en función de aportar elementos de importancia científica a la teoría del inconsciente que había sido adoptada en parte por Jung, independientemente de Freud. Por tanto, lo que decimos es que en un momento de la historia, dos grande escuelas psicológicas, la de Zurich y la de Viena, se cruzaron, intercambiaron conocimientos, y volvieron a separarse.

Procesos

La teoría psicológica de Jung se centra en torno del concepto de Individuación, proceso de desarrollo psicológico mediante el cual el hombre se convierte en una personalidad indivisible, es decir, totalmente integrada, al mismo tiempo que única.

Acabamos de mencionar a groso modo, el objetivo de la psicología junguiana, sin embargo, para comenzar, deberíamos describir los porqué de la división de la personalidad, o mejor dicho, cuál es el proceso por el cual la Psique se divide.

Describir esto nos va a llevar no solo a recorrer la psicología de Jung, sino que nos obliga a detenernos en Freud y los aspectos más reveladores de su trabajo.

Comenzaremos por dar una descripción de los elementos que para Jung componían el aparato psíquico, y aquí se hace inevitable hacer una primera distinción entre la concepción freudiana de aparato psíquico y la de Jung.

Para Freud, el inconsciente es un receptáculo que alberga aquellos pensamientos que la conciencia, en su relación con el afuera no acepta como propios, reprimiéndolos y enviándolos al inconsciente, por tanto, el inconsciente es en función de la conciencia, ejerciendo en determinados momentos una gran influencia en la conciencia.

Para Jung, el inconsciente no es un derivado de la conciencia, sino que por el contrario, sostiene que al nacer, el hombre es todo inconsciente; en tanto que el yo, y posteriormente el ego o personalidad, comienzan a formarse varios años después del nacimiento.

Para Jung, la psique representa al todo, al conjunto de las funciones psíquicas. Psique, entonces, define a la persona como un todo, integrada por pensamientos, sentimientos y conducta, y tiene cuatro funciones, dos de ellas racionales y dos irracionales.

Las funciones racionales son reconocidas en forma inmediata y son el pensar y el sentir.

Las dos funciones irracionales, tan importantes como las otras, son el percibir y el intuir.

Como veremos más adelante, en estas dos funciones se juegan varios mecanismos de carácter inconsciente que todavía no pueden ser explicados racionalmente.

La conceptualización de las cuatro funciones, que después ampliaremos en el espacio dedicado a Tipos Psicológicos, es la siguiente:

Pensar: Es el establecimiento de relaciones conceptuales entre las representaciones mentales de acuerdo a las propias leyes del individuo.

Sentir: proceso dado entre el yo y un contenido de la conciencia que le otorga un valor de agrado o desagrado, es un proceso totalmente subjetivo que puede ser independiente de la percepción, no se puede definir apropiadamente a través del pensar.

Percibir: Es la transmisión de un estímulo físico a la conciencia y la alteración física que produce en los órganos de los sentidos y sirve de base al desarrollo del sentir y del pensar.

Intuir: Es la transmisión inconsciente de los estímulos externos a la psique, manifestándose en la conciencia como conclusión intelectual, sentimiento o percepción, del cual no se conoce su origen.

La psique es un sistema de autorregulación, de equilibrio, y no hay equilibrio alguno sin lucha de opuestos. Como en toda lucha de opuestos, la armonía solo se logra a través de un proceso dialéctico.

Para Jung, la conciencia es la actividad que mantiene la relación entre todos los contenidos psíquicos y el yo, siendo el yo el centro exacto de esa conciencia que está constituida como complejo (complejo de Yo). Es un complejo entre otros complejos, aunque funciona como organizador de la mente conciente.

El yo está compuesto por percepciones, recuerdos, sentimientos y pensamientos concientes. Es el guardián del umbral de la conciencia. Es altamente selectivo y es quien decide si una idea se hace conciente o permanece inconsciente. Brinda la identidad y la continuidad del hombre en el tiempo. Mantiene la coherencia de la trama histórico-temporal.

Podemos decir que, haciendo una analogía con la Teoría mofatiana, es el núcleo yoico.

La dinámica del psiquismo tiene tres principios que la definen:

1) Principio de los opuestos: dice que cada deseo, inmediatamente sugiere su opuesto, dando origen en esta dinámica a la Libido.

Estamos hablando nada menos que del principio universal de la polaridad y de la base dual del funcionamiento de la psique.

Dentro del universo conocido no hay ningún elemento que funcione fuera de esta dualidad, dado que la misma encierra nada menos que el tiempo (pasado – presente) y el espacio (arriba – abajo – adentro – afuera) y toda nuestra cultura, todo el pensamiento lógico racional se mueve en esta estructura dual.

Sin embargo, cabe tener en cuenta que el universo es dual virtualmente, porque es nuestra psique el que lo percibe a través de opuestos, a través de procesos lógicos duales, siendo de esta manera, solo para nuestra comprensión, un universo dual.

La realidad en sí misma es desconocida para nosotros, dado que lo que conocemos lo hacemos a través de una percepción consensuada.

2) Principio de equivalencia: la energía resultante de la oposición, se distribuye equitativamente en ambos polos.

Esto significa que ante un deseo determinado surge inmediatamente su contrario, generando una energía que le da la misma intensidad a ambos. La regulación consiste precisamente en reconocer y hacer conciente ese pensamiento contrario a nuestro deseo en lugar de reprimirlo y ocultarlo.

Con respecto a esto, vemos que la psique tiene dos mecanismos, llamados represión y supresión, que veremos más adelante, siendo estos exacerbados en determinado punto por el contexto cultural, centrado en la ética de la moral perfecta, suprimiendo y reprimiendo una parte de la libido.

Veremos también como la negación de los aspectos a los que la desde la ética actual llamamos negativos, terminan generando uno de los complejos más importantes movido por el arquetipo de la Sombra.

3) Principio de entropía: es la tendencia de los dos polos a atraerse entre sí.

Vamos a hacer aquí un pequeño paréntesis para marcar una diferencia muy importante con entre la teoría de Jung la teoría freudiana. Para Freud, la libido era una energía instintiva de carácter exclusivamente sexual que daba actividad a la psiquis. Jung sostenía que si bien la libido tenía un contenido sexual, este contenido no era único, sino que la libido era alimentada también por otros instintos más generales y hacían a la totalidad de la persona, es decir que todos los instintos estaban en juego.

La atracción de los opuestos tiende a un principio de economía de la energía vital, dado que cuando las tendencias opuestas son demasiado extremas tienden a malgastar excesivamente la energía, en tanto que, como podemos ver en la física, todos los sistemas físicos tienden a solaparse para que toda la energía se distribuya eventualmente (¿).

Esto por ejemplo ocurre en las distintas etapas de nuestro ciclo vital, dado que cuando somos jóvenes tendemos a extremar nuestras posturas, y en la medida en que avanzamos en nuestra vida, la tendencia se inclina hacia la síntesis de esas posturas antes extremas. Empezamos a tener más clara la dualidad de nuestro propio pensamiento, reconociendo que además de nuestros aspectos “buenos” también contamos con aspectos “malos” que aceptamos con otra naturalidad.

Complejo

Decíamos que el yo, aunque organizador de la conciencia, es un complejo entre otros, , pero antes, deberíamos aclarar qué es un complejo.

Para Jung los complejos son núcleos de personalidad psíquica que se han desprendido de la conciencia y funcionan en forma autónoma o arbitraria.

El complejo opera en el inconsciente, y desde allí, en cualquier momento puede inhibir o estimular producciones concientes.

El complejo es un núcleo patógeno que coadyuvado por situaciones endógenas y exógenas puede romper el equilibrio psíquico y someter al sujeto a su influencia.”

El origen del complejo es un trauma o shock emocional que es causa de la disociación de la psique.

A excepción del Complejo de Yo, que es el único que tiene conciencia de sí (yo me reconozco a mi mismo), los otros complejos permanecen fluctuando entre el inconsciente y la conciencia, irrumpiendo en esta bajo determinadas condiciones dadas en el afuera.

A diferencia de otros autores, como Otto Rank y el mismo Pichón Riviére, para Jung, el trauma es un hecho diferencial, es decir, algo que un momento determinado nos provoca un shock con respecto a otras situaciones vividas, o sea, comparable con otra situación que nos sirve como referencia. Es por esto que por ejemplo, el nacimiento, que se considera una situación traumática, para Jung no es tal, precisamente por ser una situación vivida por todos y por no tener otra situación similar que sea autoreferencial. Jung decía irónicamente que para poder determinar al nacimiento como un trauma, debería poder estudiarse a alguien que no haya nacido.

La emergencia del complejo en la conciencia y retorno al inconsciente se produce sin la intervención de la voluntad. Tiene la impronta del acto fallido.

A diferencia de Freud, que ubicaba como núcleo del complejo a un sentimiento sexual reprimido, Jung consideraba que este núcleo era de origen arquetípico, y que no era necesariamente de origen sexual, ni tampoco personal, sino que también podía ser colectivo, es decir impersonal.

Esta diferencia entre ambas ideas queda expuesta, por ejemplo en el desarrollo de un complejo que Freud descubrió y detalló a la perfección el cual estaba nucleado por un arquetipo y podría decirse que es tema central de su teoría psicoanalítica, y hablamos del complejo de Edipo. Este desarrollo de Freud se centró exclusivamente en el aspecto sexual, en tanto que Jung sostenía que ese era un complejo entre miles de los que habitan la psiquis humana, conteniendo elementos que sexuales pero también de otra índole.

Y aquí entramos en una nueva y definitiva diferencia entre lo que Jung consideraba la psique, y su diferencia con Freíd

Inconsciente Personal

Al igual que Freud, Jung tomaba al inconsciente personal como aquel que albergaba a los elementos reprimidos que la conciencia en su encuentro con el afuera.

En el se encuentran también los complejos de carga afectiva.

Los elementos del inconsciente personal llegan allí por represión o por supresión.

Supresión: es la eliminación conciente de los rasgos que no se corresponden con los valores éticos de la época, concepto que desarrollaremos más adelante.

La supresión se desarrolla, se cultiva, y requiere del sacrificio y el sufrimiento por la supresión de los deseos.

Represión: Se considera a aquellos elementos que una vez suprimidos pierden su relación con el sistema conciente, es decir, se olvida su existencia.

Jung consideraba que además del inconsciente en el nivel personal, en el cual hay un interjuego entre el afuera y la conciencia desde el punto de experiencia de la persona, existía un nivel más profundo del inconsciente común a todos los seres humanos al que llamó Inconsciente Colectivo.

Arquetipos e inconsciente colectivo

Anterior a su encuentro con Freud, Jung, como psiquiatra, fue discípulo del psiquiatra Breuer, quien fuera el primer investigador y clasificador de la esquizofrenia.

Jung trabajó personal y directamente con mas de 500 casos de esquizofrenia, lo que le permitió trabajar con los contenidos del discurso esquizo. Pudo descubrir en estos discursos, contenidos y figuras simbólicas idénticas a las de diferentes mitologías universales, a las cuales los mismos pacientes no habían tenido nunca acceso. También pudo comprobar, posteriormente a su encuentro con Freud, figuras similares en ciertas mitologías del chamanismo indígena con las cuales, en su viaje a África, pudo convivir durante un tiempo.

Estos vislumbres de un conocimiento innato en el hombre lo llevaron a trabajar sobre la hipótesis de una instancia más profunda del inconsciente humano: el inconsciente colectivo

Existe un segundo sistema psíquico de naturaleza colectiva, universal e impersonal que es idéntico en todos los individuos. Este inconsciente colectivo no se desarrolla de forma individual, sino que se hereda. Consiste en formas preexistentes, que son los arquetipos.”

Jung toma el concepto de herencia de Konrad Lorenz y su teoría sobre conducta aprendida y conducta instintiva. Una gran parte del comportamiento humano es coincidente con el instinto animal: lo que diferencia al hombre del animal es el aprendizaje.

Los aspectos instintivos se ven afectados por patrones genéticos heredados, es decir, que de la misma manera que heredamos a través del ADN ciertos patrones físicos correspondientes a nuestros padres, por un lado, pero también correspondientes a la raza humana, también adquirimos patrones genéticos psicológicos.

Esta teoría que en tiempos de Jung podía ser descabellada, puede ser hoy corroborada por la genética, dado que hasta cierto momento, las cadenas de ADN son exactamente iguales en todos los seres animados e inanimados hasta que cambia el patrón en una de las cadenas y este es el determinante del tipo de criatura que se desarrollará,.De hecho, ciertos patrones genéticos han evolucionado a través de las eras en los animales por un efecto de adaptación, por tanto, si hay una adaptación física al medio heredado, también puede haber patrones de carácter psíquico que hacen a la evolución.

La conducta instintiva implica, igualmente patrones cognitivos arquetípicos.

Jung consideraba que el inconsciente personal tenía una fuente aún mayor, que es el inconsciente colectivo. Este inconsciente colectivo estaría conformado por improntas de conductas comunes a todos los seres humanos, llamados arquetipos, de los cuales hay tantos como conductas posibles.

La naturaleza del arquetipo no es capaz de hacerse conciente, es trascendente. Las imágenes, primordiales no siempre son las mismas: varían según la proyección cultural, por lo que se infiere que lo que se hereda son las mismas tendencias estructurales. Por tanto, los arquetipos son patrones subyacentes de la formación de símbolos y no de sus detalles específicos.

Los arquetipos en sí son dominantes del inconsciente colectivo, son tendencias, entes potenciales, estructuras virtuales, que no adquieren significado hasta no hallar expresión en el mundo exterior, por cuanto no percibimos los arquetipos en si mismos, sino los arquetipos ya manifestados.

Un arquetipo en su estado de reposo y sin proyectar no tiene una forma determinada, sino que es una estructura indefinida que puede tomar una forma definida solamente si se proyecta, y se proyecta solo ante determinadas causas, producidas en la interacción del mundo interno y externo del sujeto.

Por ejemplo, cuando el bebé experimenta la vida, se le da sustancia de arquetipo de la madre, el bebé le añade el conocimiento de su madre concreta. Pero es esencial darse cuenta de que debajo de esa experiencia, concreta y personal, está, el arquetipo de la madre.

El arquetipo tiene dos caras: la imagen arquetípica y la conducta instintiva.

Sintetizando: Los arquetipos son estructuras virtuales qua dominan el inconsciente colectivo, son patrones psíquicos sobre los cuales se basa la psique humana, Estos patrones no son fijos sino. que toman consistencia a través de la experiencia del hombre con su situación personal interactuando con el medio. Para Jung, el inconsciente colectivo y los Arquetipos son la fuente del Inconsciente Personal .

Las estructuras arquetípicas toman forma a través de la experiencia personal, y son el núcleo de los complejos.

Los complejos tienen como núcleo a un arquetipo al que nunca se llega.

A través del complejo puede vislumbrarse un arquetipo, pero el arquetipo nunca se manifiesta. Lo que podría considerarse manifestaciones arquetípicas son formas e imágenes de naturaleza colectiva que se dan casi universalmente como constituyentes de los mitos y, al propio tiempo, como productos individuales autóctonos de origen inconsciente.

Los arquetipos existen sin forma hasta que se hacen reales en la vida de una persona.

En cierta forma, la conciencia personal filtra y adapta los contenidos arquetípicos, sin embargo, en pacientes sicóticos, los contenidos arquetípicos no son filtrados por la conciencia, por lo tanto irrumpen sin que la conciencia y el complejo de yo pueda organizar y controlar sus contenidos.

Es decir que el complejo de yo no puede cumplir con su función desestructurando así a la conciencia, que necesita mantener una secuencia espacial y temporal.

Pareciera ser que en ciertas culturas, como las culturas orientales, la constitución de la psique se organiza de otra manera, estando el yo menos estructurado ya que de alguna manera, el material arquetípico es filtrado por la conciencia sin dejarse abrumar por el.

Como dije anteriormente, la base de esta teoría fue indagada por Jung a través de cientos de pacientes esquizofrénicos a los cuales escuchaba pacientemente. Muchos de los contenidos que el paciente volcaba verbalmente eran contenidos de características míticas que el paciente jamás habría podido aprender por si solo, posibilidad que también era investigada y constatada por Jung, por tanto, la fuente inconsciente de esos contenidos, ya que no intelectuales, deberían proceder de una fuente colectiva.

Cabe aclarar que el inconsciente colectivo tiene estructuras similares propias del ser humano en su conjunto, pero al mismo tiempo tienen improntas propias de la cultura en la que nace. No es los mismo el inconsciente colectivo de un parisino que el de un bantú, dado que cada sociedad tiene experiencias distintas que van alimentando ese inconsciente colectivo. Desde este punto de vista, se hace hasta lógico comprender la forma en la que cada cultura encara de manera diferente, los mismos problemas. Esta distinción entre las culturas se alimentaría de sus propios mitos y experiencias religiosas:

Para la psicología junguiana los mitos y cosmogonías religiosas no son producto de la fantasía de los pueblos, sino que, en cuanto producciones simbólicas del inconsciente, representan una modalidad histórica del saber psicológico”.(Obregón)

Arquetipos y pensamiento primitivo

Muchos de los críticos de la psicología Analítica se apoyan en el hecho de que Jung haya profundizado en las religiones y en la mitología para etiquetarlo como místico antes que psicólogo.

Esto es cierto, sin embargo, los descubrimientos a los que arribó Jung sobre el inconsciente, sobre todo sobre el inconsciente colectivo y los arquetipos, pudieron ser abordados precisamente por el hecho de haber ampliado su mirada sobre esos campos.

Precisamente, religión y mitología ocupan en el ser humano los rincones más arcaicos y repletos de de simbolismos que echan luz precisamente sobre ese mar de símbolos al que llamamos inconsciente.

Para hacer sus descubrimientos, Freud indagó en el inconsciente humano, en los niños, precisamente porque tanto conciencia como inconsciente se encuentran en ese momento en formación. De hecho, en su libro “Tótem y tabú”, Freíd hace referencia a los pueblos primitivos como “la niñez del ser humano”, y es precisamente en esa niñez del hombre, como raza, que Jung se sumerge para poder entender con mayor profundidad los aspectos más simbólicos del ser humano.

El hombre primitivo, a través de ceremonias y ritos, intentaba expresar aquello que percibía con respecto a la naturaleza que lo rodeaba.

Cuando hablamos del hombre primitivo hablamos de un ser en el cual no estaban desarrolladas las funciones racionales del pensar y del sentir, sino que se manejaba con la percepción y la intuición, es decir, con estas funciones irracionales que pertenecen al campo de lo inconsciente.

Hablamos de hombres para los que no existía la diferenciación sujeto – objeto sino para el cual todo formaba parte de todo.

Para el hombre primitivo había una fuerza impersonal que atravesaba a todos los seres vivientes: hombres, animales, plantas, piedras, por tanto, todos eran vida y se los consideraba como tal.

Podemos decir que este hombre primitivo, al igual que el niño, no conocía el “individualismo” como lo conocemos hoy, precisamente por el sentido de grupo y de comunidad que da el “yo soy tu y tu eres yo”.

Esto también traía aparejado el reaccionar por instinto y por impulso antes que por el ego o por cualquier otro elemento racional.

Hoy podemos hacer una diferencia entre signos y símbolos, y podemos decir que nuestro inconsciente se maneja por símbolos, podemos hacer esa diferenciación, pero el hombre primitivo, para el cual todo era descubrimiento, todo aquello que lo rodeaba era puro símbolo, y a través de ellos incorporaba todo aquello que no podía racionalizar.

La historia del ser humano es la historia de su propia evolución, sin embargo, esta evolución se realiza estructuralmente, por capas.

Desde el punto de vista biológico sabemos que el ser humano, físicamente, ha evolucionado gradualmente pero, a pesar del tiempo que llevó dicha evolución, mantenemos en nuestro cuerpo vestigios de nuestra animalidad. Esto muestra la teoría de la evolución de las especies.

Nuestra psique, capa sobre capa, también ha ido evolucionando en forma gradual por lo que sería lógico pensar que esas capas más arcaicas, casi simbólicas, al igual que la información genética física, haya sido trasladada como conocimiento implícito generación tras generación.

Arquetipos de desarrollo

Dentro de la innumerable cantidad de arquetipos que existen, algunos de ellos, por su importancia en el proceso de individuación, fueron llamados Arquetipos de Desarrollo. Entre los arquetipos de desarrollo encontramos, como fundamentales, a los siguientes:

. Self (Sí mismo)

· Persona

. Sombra

· Animus

- Anima

Como dije al comienzo, Jung veía a la Psique como un sistema autoregulador y compensador en base a un mecanismo dialéctico. Esta dialéctica podemos verla en la oposición entre arquetipos. Esta polaridad, aplicada a los arquetipos de desarrollo podemos verla de esta manera:

Sí mismo como arquetipo integrado se desdobla en Persona.

Persona en Sombra

Animus con Anima como opuesto

Sí mismo (Self)

Jung creó el término de Individuación para designar el proceso mediante el cual una persona se convierte en individuo psicológico, es decir en una unidad particular e indivisible o totalidad.

Conviene distinguirlo del concepto de individualismo, que supone una acción y un pensamiento egocéntrico, y es independiente del de individualización o realización de las cualidades tanto individuales como colectivas de un individuo.

Como proceso puede éste observarse en momentos importantes o críticos de la vida, cuando el destino ha frustrado los proyectos y los deseos del yo.

La uniteralidad de la vida conciente se corrige y compensa mediante la interacción de la conciencia y el inconsciente colectivo.

El término de todo proceso de individuación es la autorrealización. La autorrealización supone la expansión de las capacidades innatas del individuo y es, por consiguiente, una forma de vida: la vida que llevarnos no corresponde siempre a nuestras potencialidades y está lejos de satisfacer nuestros anhelos.

El éxito total requiere la unión de los opuestos, cuando el proceso de individuación se lleva a cabo, la comunicación de lo conciente y lo inconsciente, permite integrar al yo en una personalidad más amplia, a la que se ha llamado sí mismo.(Bennett)

El si mismo es la totalidad conciente e inconsciente que yo constituyo, y engloba facetas insospechadas. La fase conciente estaría dada por el complejo de yo, que debe ser integrada con los aspectos inconscientes tanto personales como colectivos.

El proceso de individuación es del hombre total, cuanto más yo, cuanto más persona o sombra es éste, mas se aleja del hombre colectivo del que también forma parte, pudiendo, incluso, oponerse a él.

Pero como todo ser vivo tiende a la plenitud, la uniteralidad de nuestra mente conciente queda compensada por el ser universal que hay en nosotros, cuyo fin es la integración última de la conciencia y el inconsciente, o mejor dicho, la asimilación del yo en una personalidad mas amplia. La vida es una constante evolución. Va con el tiempo forjándose una actitud madura frente a la vida, y la madurez del yo conciente queda suplantada por una aceptación natural, y tal vez inconscientes de las raíces colectivas de la vida. (Bennett)

Un retraso en la aceptación de las responsabilidades individuales es un claro síntoma patógeno. Y aquí vamos a decir que para Jung, esta no aceptación de las responsabilidades tenía dos aspectos a los que el llamaba Adaptación Defectuosa y Adaptación Vital.

Cuando hay, por ejemplo una diferencia entre nuestra edad física, que está signada por determinadas responsabilidades, y nuestra respuesta ante determinadas situaciones, se da un desfasaje o una adaptación pasiva, en tanto que el trabajo sobre este desfasaje y la reacción en consecuencia, es la adaptación activa. Aquí hay una clara correlatividad entre las teorías de Jung y Pichón Riviére

En las personas normales el yo cede su puesto a un núcleo menos egocéntrico, es decir, impersonal o al menos no exclusivamente personal: el sí mismo. Concebir claramente nuestro si mismo trasciende nuestra capacidad imaginativa, porque para ello la parte ha de comprender al todo.

Cuanto mayor es el conocimiento de uno mismo, mas disminuye la capa que divide el Inconsciente Personal del Inconsciente Colectivo..
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