Dioses olímpicos: los hijos de Zeus (Afrodita, Apolo, Ares, Ártemis, Atenea, Dioniso, Hefesto, Hermes)






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fecha de publicación24.06.2016
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Dioses olímpicos: los hijos de Zeus (Afrodita, Apolo, Ares, Ártemis, Atenea, Dioniso, Hefesto, Hermes)

La diosa Afrodita, Venus romana, simboliza la fertilidad del ser humano. Su nacimiento da origen a dos leyendas: la una que nació de la unión de Zeus y Dione; la otra que nació de la espuma marina formada por las gotas de semen de Urano que cayeron al mar cuando fue mutilado por Cronos. Con el nacimiento de la diosa se introduce también en el mundo el sentimiento del amor y la alegría de vivir. La diosa era transportada por el Céfiro en una concha y arribó primero a la isla de Citera y después a Chipre, de aquí dos de sus nombres literarios: Citerea y Cipris.

Acompañada de Eros (el Amor) y de Himeros (el Deseo), se presentó en el Olimpo donde todos los dioses la contemplaron extasiados provocando los celos de las diosas olímpicas, en especial de Hera y Atenea. Como premio por haber forjado sus rayos, truenos y su trono, Zeus le concedió a su hijo Hefesto la mano de Afrodita.

Amores de Afrodita con dioses

La primera infidelidad de Afrodita fue con Ares, hermano de su marido Hefesto. Hefesto fue avisado por Apolo o Helios de la infidelidad, tejió una red de metal y mediante un astuto plan logró capturar a los dos amantes cuando estaban juntos. Avisó a todos los dioses olímpicos que hicieron burla de la escena. Una vez liberados de la red y avergonzados, Ares se retiró a Tracia y Afrodita volvió a Chipre donde fue purificada por las Gracias. La diosa tuvo amores también con Hermes, Poseidón, Dioniso y Apolo.

Amores de Afrodita con mortales

Su unión más famosa fue con Adonis, un mortal al que Afrodita salvó en su nacimiento y que Perséfone, hija de Deméter, crió. Cuando Adonis se hizo adulto, su belleza provocó que las dos diosas se disputaran su amor. Se decidió que una parte del año Adonis la pasara con Afrodita, otra con Perséfone y otra solo. Pero Afrodita infundió en Adonis el deseo de estar solamente con ella. Perséfone pidió ayuda a Ares que, celoso del amor de Afrodita por este mortal, se convirtió en jabalí y mató a Adonis. Pero la diosa desconsolada pidió a Zeus que durante seis meses se le permitiera a Adonis regresar del mundo subterráneo para estar con ella, siendo sus súplicas fueron escuchadas y permitidas por Zeus.
Atenea, conocida en Roma como Minerva, es la única diosa de la mitología griega que nace ya adulta, fruto de la unión de Zeus y Metis. Por su aspecto, Atenea se convirtió pronto en patrona de guerreros y defensora de las ciudades, y por su madre, que encarna la inteligencia, la reflexión y la meditación, y por el lugar donde fue engendrada (la cabeza de Zeus), fue la diosa de la sabiduría y del ingenio. Gran protectora de héroes y semidioses. Ayudó a Heracles en alguno de sus trabajos, auxilió a Perseo para vencer a Gorgona y liberar a Andrómeda. Sugirió a Ulises la treta del “caballo” para entrar en Troya y destruirla, y protegió a éste en su desventurada vuelta a Ítaca. También veló por Jasón y los Argonautas.

Además de Atenas, ciudad que le estaba consagrada, poseía templos en Esparta, Megara y Argos.

Es una diosa virgen que tuvo múltiples pretendientes a los que rechazó sin excepción. Hefesto intentó violarla en una ocasión pero no lo logró. Su semen cayó sobre la pierna de la diosa que con repugnancia se limpió echando al suelo los restos de semen. Gea, la madre Tierra concibió así a Erictonio, del que nunca se responsabilizó. Atenea se apiadó de él y lo crió como si fuera su hijo, llegando éste a ser rey de Atenas e instituyendo el culto de su preceptora en la ciudad.

Atenea es frecuentemente descrita como la diosa de ojos de lechuza. Preside las artes y la literatura, función en la que concurre con las Musas, aunque su relación más estrecha es con la Filosofía.

La leyenda de Aracne

Aracne era una doncella de Lidia que había conseguido un gran dominio en el arte de tejer y bordar, de modo que nadie parecía poder superarla. Atenea era la diosa que había enseñado a los mortales ese arte, y deseosa de saber la habilidad de su discípula, se presentó ante ella disfrazada de anciana y tras alabar su técnica le aconsejó que fuera más modesta. Pero Aracne desafió a la anciana a una competición. Atenea presentó una tela bordada con escenas originales y maravillosas, y Aracne presentó otra que superaba en técnica a la de la diosas pero cuyo tema era una burla de los amores de Zeus y de los hechos de los dioses olímpicos. Tal impiedad la castigó Atenea infundiendo la locura en Aracne. La muchacha intentó suicidarse y Atenea lo impidió convirtiéndola en araña. Como araña, la joven continuó tejiendo.

Atenea y la cabeza de Medusa

Atenea, era muy severa para las cuestiones morales. Por eso castigó a Medusa por unirse a Poseidón en su templo convirtiendo los cabellos de ésta en serpientes. Los ojos de Medusa tenían la capacidad de petrificar a quien los mirara, pero Perseo logró cortar la cabeza del monstruo ayudándose de un espejo a modo de retrovisor, ofreciéndose después a la diosa. Desde entonces la cabeza de Medusa figuró bien en el escudo, bien en la coraza de Atenea.

La diosa llevaba también la égida en su coraza, en la que destacaba la cabeza de Medusa. Esta égida no era la misma que la de Zeus, sino que provenía de la piel del gigante Palas que también intentó violarla. Según otras versiones era la piel de una monstruosa cabra surgida de la tierra en Frigia que vomitaba fuego por la boca.

En Roma recibió el nombre de Minerva y junto con Júpiter y Juno formaron la llamada Tríada Capitolina
Ares, Marte en la mitología romana, es el dios de la guerra, vencido en numerosas ocasiones. En la Titanomaquia es derrotado y hecho prisionero por Oto y Efialtes; en la guerra de Troya, incluso un mortal como Diomedes logra herir al dios en el vientre; Hércules lo vence y desarma en más de una ocasión y Atenea lo vence y humilla varias veces. Su tamaño es sobrehumano y cuando entra en combate profiere terribles gritos. Va siempre armado con casco, coraza, escudo, lanza y espada. De sus amores adúlteros con Afrodita, nacieron Eros, Anteros, Hermonía, Deimos (el Temor) y Fobos (el Terror). Los dos últimos lo acompañan siempre. Ares goza con la sangre y la matanza como el espíritu de la batalla. En Troya apoyó a los troyanos aunque en más de una ocasión cambió de bando.

Es un dios despreciado por los demás olímpicos y poco popular su culto entre los mortales. El lugar donde recibía mayor veneración era Tracia. No se le erigió ningún templo en Grecia, sólo contadas estatuas. Sin embargo, en Roma gozó de mucha aceptación desde los comienzos de la historia del pueblo romano, pues es el padre de Rómulo y Remo fundadores de la ciudad.

La mayoría de sus matrimonios fueron fruto de la violencia y su descendencia hombres asesinos y perversos que agredían y mataban a los caminantes, entregándose a todo tipo de actos de crueldad.

Los animales consagrados a Ares son el perro y el buitre, los que después de un combate se hacen dueños del campo de batalla sembrado de cadáveres para comer la carne putrefacta.
Hefesto, Vulcano en Roma, era un dios cojo, deforme y muy feo según la mitología. Esa deformidad del dios tiene su origen en su nacimiento: al verlo tan feo, su madre Hera lo arrojó desde el Olimpo cayendo el recién nacido al Océano y quedando así deformado y contrahecho. Tetis y Eurínome, dos ninfas marinas lo acogieron y criaron durante nueve años en una gruta marina en la que Hefesto se convirtió en forjador de metales. Su cojera tiene, según otras explicaciones, un origen distinto: Zeus castigó a Hera suspendiéndola desde el cielo con unos grilletes. Hefesto intentó liberar a su madre y Zeus lo arrojó a la isla de Lemnos, chocando allí con tal violencia que quedó cojo. En algunas versiones se intenta conciliar el origen de la deformidad y la cojera del dios del fuego.

Como contraste de estas taras físicas, Hefesto se casó con Afrodita con quien engendró a Caco, Cécrope, Céculo, Cereión y Ocrisio.

Hefesto es trabajador incansable en su fragua, de donde salen trabajos muy importantes como las panoplias de Afrodita y del héroe griego de la Ilíada, Aquiles, la corona de Ariadna, regalo de su boda con Dioniso, el palacio de Helios, el dios del sol, y los rayos de Zeus. Es según la mitología creador de robots que le ayudan en su fragua: una serie de mujeres mecánicas hechas de oro que incluso podían hablar y que le ayudaban en su trabajo. Se le representa con un gorro redondo (pilos o morrión), cubierto de sudor, el pecho velludo y sus brazos fibrosos casi siempre con sus utensilios en las manos.
Apolo es hijo de Zeus y Leto, hermano gemelo de Ártemis. Desde su nacimiento, Apolo fue una dios muy querido por los demás dioses. Zeus, su padre, le regaló los atributos de la lira y del carro al que Apolo unció los cisnes presentes en el parto de su madre. Tetis le entregó la ambrosía y el néctar y Hefesto forjó sus flechas.

Zeus ordenó a Apolo que se presentara en Delfos. Al llegar allí, realizó su primera hazaña: mató a flechazos a la monstruosa serpiente Pitón, enviada por Hera para atormentar a Leto cuando estaba embarazada. En honor a este momento fundó los juegos Píticos. Tomó posesión entonces del oráculo de Temis, recubriendo el trípode donde se sentaba la Pitia o Pitonisa con la piel del monstruo Pitón. Zeus lo reconoció plenamente como dios olímpico y le otorgó soberanía sobre la luz. Por eso, a veces, se le confunde con Helios (el Sol). Muy pronto Delfos se convirtió en el santuario más importante y en el primer centro de peregrinación para los griegos. En honor de Apolo, los habitantes de Delfos crearon el peán, un cántico de alabanza al dios.

Apolo fue desterrado por el propio Zeus durante un año a vivir entre los mortales como un ser humano más por matar a flechazos a los Cíclopes que ayudaron a Zeus en la Titanomaquia. En la tierra, Apolo y Poseidón, también desterrado, se encontraron reconstruyendo las murallas de Troya, a las órdenes del rey Laomedonte.

Apolo es el dios de la luz, de las Artes, de las Letras y de la Ciencia Médica, Conducía hábilmente su carro desde el que disparaba sus mortíferas flechas. Era el más hermoso y amable de todos los dioses, de modo que el adjetivo apolíneo significa el ideal de perfección y de belleza física. Estos ideales están basados en el principio de moderación, mesura, medida y proporción que rigen su doctrina. Las dos frases de su doctrina son “Conócete a ti mismo” y “Nada en exceso”. De ellas surge la doctrina de la Hybris y la Némesis. Es decir, la desmesura, el intento por igualarse a los dioses o atribuirse lo que es propio sólo de ellos (hybris) trae como consecuencia un castigo eterno, monótono y terrible (némesis)

Se le representa joven, sin barba, con arco, y un carcaj a la espalda donde guarda sus flechas. Porta la lira y un escudo. Su cuerpo es armonioso, atlético, elegante y bello. Aparece acompañado de su hermana Ártemis, de las Horas, de las Gracias y muchas veces de las nueve Musas que forman su cortejo. Amores de Apolo

Amores de Apolo

La historia más célebre de Apolo es su intento por seducir a Dafne, ninfa hija del rey Peneo. El dios se enamoró de la ninfa, pero ésta lo rechazó y huyó. Como Apolo la perseguía insistentemente, Dafne pidió a Gea ser convertida en laurel. Ya Apolo alcanzaba a Dafne cuando la joven se convirtió en esta planta, de la que Apolo se hizo una corona que llevó siempre como su símbolo.

También se unió a Corónide quedando ésta embarazada del dios. La muchacha le fue infiel con el mortal Isquis y Apolo supo de ello por un cuervo que había enviado a vigilar a Corónide. Apolo maldijo al animal y mató a los dos amantes, pero salvó al feto que llevaba en su vientre Corónide y que fue Asclepio, el dios de la medicina.

Después se enamoró de Casandra, hija del rey de Troya, Príamo. El dios le concedió el don de la poesía, pero la muchacha no cedió a los deseos del dios. Éste convirtió el don de Casandra en una maldición por la cual nadie creería nunca sus vaticinios. Así, a pesar de que Casandra profetizó la caída de Troya, nadie la creó y la ciudad terminó destruida.
También Apolo cultivó el amor de jóvenes que también murieron trágicamente. Así sucedió con Jacinto, del que estaba enamorado Céfiro (uno de los dioses de los vientos). Como el joven prefería el amor de Apolo, un día que el dios y el muchacho se encontraban jugando al lanzamiento de disco,, Céfiro desvió el tiro de Apolo, que golpeó en la cabeza de Jacinto causándole la muerte. De su sangre germinó una flor que tomó su nombre.

Después, Cipariso, otro joven amado por el dios, mató por error a un ciervo al que Apolo apreciaba mucho. La tristeza del joven fue tan grande que solicitó a Apolo que le quitara la vida, pero el dios lo convirtió en ciprés, que desde entonces se considera el símbolo de la tristeza, del dolor y compañero de los afligidos. Actualmente, este árbol es el que más se planta en los cementerios.

Ártemis, Diana en la mitología romana, es la hermana gemela de Apolo, nació primero que éste y ayudó en el parto a su madre Leto. Pero al ser testigo de los dolores propios del parto, sintió tal aversión al matrimonio que decidió permanecer virgen, favor que recibió de Zeus, al igual que Atenea. Su mayor placer era la caza.

Zeus le otorgó arco y carcaj con flechas y la hizo señora de los bosques, cazadora pero protectora al mismo tiempo de los animales del bosque.

Era extremadamente celosa de su castidad y virginidad y observaba con muchísima severidad cualquier falta de su séquito a estas dos cualidades.

Acteón la contempló cierta vez desnuda y la diosa se vengó convirtiéndolo en ciervo y siendo devorado por sus propios perros. Después de despedazarlo, los perros buscaron a su amo y, al no encontrarlo, comenzaron a lanzar quejosos aullidos. El centauro Quirón, sintiendo lástima por ellos, modeló una estatua de Acteón para consolar a tan fieles animales.

Entre otras víctimas de Ártemis figura también Orión, el cazador gigante. La versión más común es la de que Orión intentó forzar a la diosa o a alguna ninfa de su séquito. La diosa envió a un gran escorpión que picó en el taló a Orión. Tanto el escorpión como el cazador se integraron en el cosmos como constelaciones.

Es representada con el pelo recogido por detrás, traje de caza, con carcaj a la espalda, arco en la mano, las piernas y los pies desnudos y acompañada por un ciervo o un perro.
Hermes, Mercurio en Roma, fue concebido por Zeus y la mortal Maya en una gruta de la región de Arcadia. Pronto el dios mensajero se convertiría en errante y aventurero. Así, es dios de los viajeros, de los comerciantes, de los ladrones, de la astucia, del talento y del ingenio. Siendo muy joven robó los rebaños de Apolo y dejó huellas falsas. Apolo no encontraba a su rebaño pero sospechaba que Hermes lo había robado y lo acusó ante Zeus. Hermes confesó su culpabilidad pero puso como condición para devolver los rebaños ser aceptado como uno de los dioses olímpicos. Hermes adquirió la vara de oro para guardar los rebaños (el caduceo) y sus dotes adivinatorias, cambiándole a Apolo sus secretos por una flauta que él mismo había fabricado. Zeus, dándose cuenta de la astucia de su hijo, lo convirtió en su heraldo y en mensajero de todos los dioses, con la misión de salvaguardar los caminos y que los pueblos pudieran mantener así relaciones comerciales.

Participa en numerosas historias de la mitología, si bien como divinidad secundaria: libera a Ares de los gigantes, entrega a Zeus los tendones que le había arrancado Tifón y es el mediador de muchas riñas entre dioses.

Zeus le confió la custodia de Dioniso niño, al que perseguía Hera, llevándolo de asilo en asilo hasta que lo dejó a buen recaudo en casa de Atamante.

Con Afrodita engendró a Hermafrodito que nació astuto como su padre y bello como su madre, pero despreciaba el amor carnal. La ninfa Salmacis se enamoró de él y pidió a los dioses que los unieran para siempre abrazados como si fueran un solo ser.

Hermes es representado como un joven de hermoso cuerpo, con un sombrero de ala ancha llamado petaso, sandalias aladas y el caduceo.
El origen del culto a Dioniso proviene de Frigia, en Ásia Menor, desde donde se extendió al norte de Grecia y después por todo el territorio helénico. Etimológicamente su nombre, Dioniso, significa “dios de Nysa”, y fue venerado como dios de la viña, el vino, el delirio místico, la fertilidad de la Naturaleza, la vegetación y todo lo relacionado con los placeres. También se le conoce como Baco.

Como Sémele, la madre mortal de Dioniso, fue fulminada por Zeus, el feto fue recogido por el padre de los dioses que se lo injertó en su muslo para que terminara su gestación. Cuando llegó la hora de su alumbramiento lo sacó del muslo con ayuda de Ilitía. El recién nacido fue confiado a Hermes, que se lo entregó a Ino, hermana de Sémele, y a su marido Atamante. Pero Hera, celosa, los enloqueció a ambos. Hermes se llevó al niño a Nysa, lo transformó en cabrito, para que no fuera reconocido por Hera y lo confió a las ninfas del lugar. También lo cuido Sileno, un sátiro hijo de Pan que lo inició en el gusto por el vino que Dioniso extendería por todo el mundo.

Dioniso viaja por toda Grecia, dejando descendencia en todos los lugares. Cuando viajaba por las islas del Mar Egeo, se encontró en Naxos a Ariadna, la hija del rey Minos que había ayudado a Teseo a matar al Minotauro y que éste había abandonado en dicha isla. Dioniso la tomó por esposa, ésta obtuvo el don de la inmortalidad y, tras engendrar tres hijos junto al dios, fue convertida en constelación.

La conquista de la India por parte de Dioniso fue en parte una campaña militar, en parte un viaje religioso. A raíz de este episodio se forma el cortejo triunfal (o ejército) del dios: un carro tirado por panteras o leopardos llevaba al dios, al cual acompañaban sátiros, silenos, bacantes y otras divinidades menores como el dios Príapo. Tras la gloriosa expedición vuelve a Grecia triunfante, con rasgos de joven adolescente, con una larga túnica y coronada con una guirnalda de flores. Regresa así a Tracia, pero el rey Licurgo se opone a su culto. Dioniso extendió por el país la esterilidad, enloqueció a Licurgo, que mató a su propio hijo creyendo que era una viña, y finalmente éste es despedazado, atado de brazos y piernas a cuatro caballos que tiraban cada uno hacia un extremo. El rey de Tebas, Penteo, tampoco quiso acogerlo. Dioniso enloqueció a las mujeres tebanas que descuartizaron al rey en el transcurso de una fiesta en honor a Dioniso. En Argos, el dios tampoco quiso ser aceptado. También allí enloqueció a las mujeres embarazadas que se comieron a sus propios fetos.

Cuando su culto fue por fin implantado en Grecia, bajó al infierno y pidió a Hades que dejara marchar a su madre, Hades le pidió en compensación un regalo que tuviera en gran estima, cediéndole Dioniso el mirto, que era la planta de la que estaba coronado. Después fue admitido como dios en el Olimpo por su padre Zeus.

En el séquito de Dioniso destacan las Ménades o Bacantes que desarrollaban una fiesta llamada Bacanal. En esta fiesta, las mujeres que participaban su retiraban de noche al bosque. Bebían y danzaban entrando en éxtasis y corrían por los bosques desnudas entregándose a las fuerzas de la naturaleza.




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