Directora: Dra. Ana María Borzone de Manrique Codirectora: Lic. Celia Renata Rosemberg Especialistas: Lic. Beatriz Diuk






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Autoría y elaboración del material:

Equipo:

Directora: Dra. Ana María Borzone de Manrique


Codirectora: Lic. Celia Renata Rosemberg

Especialistas: Lic. Beatriz Diuk


Lic. Adriana Silvestri

Colaboradora: Dolores Plana


Mucho más que aprender a leer y escribir
Cuando se habla de alfabetización se piensa generalmente en el aprendizaje de la lectura y la escritura. Sin embargo la palabra “alfabetización” se utiliza también en sentido amplio, al hacer referencia a las habilidades lingüísticas y cognitivas necesarias para el ingreso al mundo de los conocimientos -de la ciencia, el arte y los lenguajes simbólicos y matemáticos- que la humanidad ha producido a lo largo de su historia.1
Las personas participan de este conocimiento cuando pueden:


  • comprender el lenguaje escrito que ha sido y que es la herramienta fundamental para organizar, sistematizar y conservar la información a través del tiempo,

  • usar el lenguaje escrito para reelaborar y producir nuevos conocimientos.


Las personas alfabetizadas no sólo adquieren conocimientos a través de la escritura, sino que además usan, al pensar y al hablar, las formas más elaboradas de sistematizar la información que se aprenden al adquirir el lenguaje escrito.
La posibilidad de recrear el mundo con el lenguaje implica el dominio de recursos lingüísticos y de formas de pensar y de organizar la información que están asociados con la escritura, aunque se usen también al hablar.
En efecto, en los textos escritos la información se presenta generalmente:


  • integrada a través de mecanismos de subordinación2 y de nominalización3

  • de un modo impersonal por medio del empleo de frases pasivas y de nombres abstractos


Estas características de los textos escritos se derivan del hecho de que la situación de escritura es diferente de la comunicación oral:
En las situaciones cotidianas de comunicación oral, la persona que habla y la persona que escucha:


  • generalmente se ven mientras conversan, se trata de comunicación cara a cara,

  • se encuentran en el mismo lugar y en el mismo momento, es decir, comparten el tiempo y el espacio. Es el lenguaje del “aquí” y del “ahora”.


Por esta razón, en el lenguaje oral puede omitirse o abreviarse la información. Por ejemplo, si alguien dice:
Poné eso ahí.
La persona que escucha comprende perfectamente, ya que ve el objeto al que se refiere “eso” y el lugar que corresponde a “ahí”. Además, en el caso de que algo no se comprenda, se puede pedir aclaración o preguntar.
Por el contrario, en la comunicación escrita, el que escribe y el que lee:


  • no se encuentran necesariamente en el mismo lugar, ni en el mismo momento, es decir, están separados en el tiempo y en el espacio.


Esto hace que el lector no pueda pedir explicaciones si no entiende algo mientras lee. Así, el que escribe debe ser muy claro, sin omitir ni abreviar información; debe crear con palabras el “contexto” necesario para que el lector comprenda el mensaje. Por ejemplo, si alguien nos escribe una carta en la que dice:
No te olvides de guardar eso ahí.
¿Cómo podemos adivinar a qué quiso referirse el escritor con las palabras “eso” y “ahí”? En el lenguaje escrito es necesario ser explícito para hacerse comprender.

Sin embargo, hay textos orales que muestran un estilo de lenguaje escrito porque emplean formas que se parecen a las del lenguaje escrito; los niños o los adultos que han adquirido un alto nivel de alfabetización o los niños pequeños que interactúan con los adultos alfabetizados pueden hablar como si estuvieran escribiendo.
Por ejemplo, si un niño cuenta a una persona que no conoce algo que le ha sucedido y la persona puede comprender los hechos sin haberlos vivido, el niño ha logrado recrear con el lenguaje el contexto en el que los hechos han sucedido.
Valentina, de 5 años relata una experiencia personal con un estilo de lenguaje escrito.
Mi abuelo un día se enfermó y lo tuvieron que llevar al médico y llamaron a la ambulancia, lo llevaron y lo internaron. Y el hermano de mi mamá la llamó a mi mamá para que vaya porque el doctor no daba ninguna seguridad si iba a salir de la operación. Y por las dudas que no saliera llamaron al anestesista para que le pusiera anestesia. Tardó mucho en despertarse, y el hermano de mi mamá se quedó en el médico para ver a qué hora lo sacaban de la sala de operación. Lo sacaron muy temprano. Cuando nosotros llegamos, mi abuelo ya no estaba en la sala, nos fuimos a fijar y no estaba, en la sala de operación. Entonces, como salió de la operación estuvo unos días con suero, y después salió de la clínica y lo mandaron a la casa de la hermana de mi mamá que es mi tía. En Entre Ríos pasó eso. Mi mamá se tuvo que ir y yo falté unos días al colegio.
El texto “dicho” por Valentina, puede funcionar perfectamente como un texto escrito porque:

  • el texto es extenso y completo;

  • los lectores no necesitamos hacerle preguntas o pedirle aclaraciones a la autora, porque el texto se comprende por sí mismo;

  • presenta y nombra con claridad a los personajes (mi abuelo, mi mamá, etc.), haciendo incluso aclaraciones para evitar confusión (la hermana de mi mamá que es mi tía);

  • indica los lugares de la acción con precisión (la clínica, la sala de operación, la casa de la hermana de mi mamá).


Estas características hacen que, aunque es un relato oral, tenga características alfabetizadas.
Los niñosse alfabetizan” desde pequeños cuando en las conversaciones:


  • relatan en colaboración con adultos alfabetizados hechos que han sucedido,

  • se los alienta a explicar las causas y los motivos de sus propias acciones y de las acciones de los otros,

  • se los ayuda a justificar sus acciones.

y cuando participan en situaciones diarias de lecturas de cuentos y otros textos bien escritos.
Los niños continúan con el aprendizaje de un uso alfabetizado del lenguaje cuando la enseñanza de la lectura y la escritura “va más allá” de habilidades para aprender a leer y escribir textos muy breves y sencillos y el niño logra la comprensión y la producción de textos complejos.
El dominio de un estilo de lenguaje escrito, como el de Valentina, es la diferencia más importante entre los niños que pertenecen a una cultura oral y los que pertenecen a una cultura con un alto nivel de alfabetización. Pero aunque los niños no dominen un estilo de lenguaje escrito, igual pueden usar el lenguaje como una herramienta fundamental para comunicarse y pensar.

Los niños y las niñas recorren el camino de la alfabetización, hablando y escuchando, leyendo y escribiendo, en situaciones compartidas con un adulto o con un niño mayor alfabetizado. El camino los conduce desde los usos más simples y cotidianos del lenguaje oral a la producción y comprensión de textos orales y escritos complejos y elaborados.
Aprender a hacer cosas con el lenguaje4
Los niños y las niñas aprenden a hablar durante sus primeros años de vida y hacia los cinco años ya pueden hacer muchas cosas con el lenguaje: estar con otros, expresar su identidad, aprender sobre el mundo y explorar el mundo, crear mundos imaginarios y comunicar hechos que pasaron.



En primer lugar, el niño usa el lenguaje para conseguir cosas (yo quiero), es el uso instrumental.

Diego (2 años y 10 meses) de una zona urbana quería ver televisión y la mamá no lo dejaba. Después de un rato Diego se acerca a la mamá:
Diego: Sos la mejor mamá del mundo ... ¿Puedo ver la tele?




Pero como instrumento de control, el lenguaje tiene otra cara que el niño pronto descubre: que los otros lo utilizan para controlarlo a él, es el uso regulatorio. La función reguladora sirve para regular la propia conducta y la de los demás.
Humberto, un niño colla de 5 años y 6 meses, controla a través del lenguaje las intervenciones de Celina (3 años y 4 meses) en el juego de la tocadita (la mancha). 5
Humberto: Che, jugamos a la tocadita, yo te toco, yo te toco.

La persigue hasta tocarla, después lo persigue ella.

Celina: Ha tocau ¿no?

Humberto: Ahora yo, a mí, yo toco, ahura yo tengo que

tocar.

Corren y se ríen mucho.
Cuando el niño expresa sus sentimientos y manifiesta su yo, está usando el lenguaje para cumplir con una función personal.

Ernestina (6 años), una niña colla, conversa con su madrina Verónica.

Verónica: ¡Qué linda vida! ¿No? El perro no se preocupa

por trabajar ¿A vos te gustaría vivir así?


Ernestina: No, a mi me gustaría vivir mirando los chanchitos.
Cuando se establecen y se mantienen relaciones con los otros, se hace un uso interpersonal del lenguaje.
Leo (4 años), de una comunidad colla, se acerca a un grupo de niños mayores que están jugando y no le prestan atención. Leo intenta integrarse al grupo.

Leo: ¿Tú eres mujer grande?


Niña: No.

Leo: Entonces, ¿qué eres? ¿guagua? ¿Jugamos? Yolanda,

¿jugamos?




Los niños también usan el lenguaje para pedir y para dar información: este es el uso representacional del lenguaje. El lenguaje es un medio para comunicar algo: un mensaje que hace referencias específicas a personas, objetos, procesos, cualidades, relaciones y estados de mundo que giran alrededor suyo.
Camila (1año y 6 meses), una niña de Buenos Aires, quince días después de sucedido el hecho, les cuenta a sus tíos:
Camila: Tito cayó, nena upa.
Su abuelo se cayó con ella en brazos.
A través del uso imaginativo, el niño crea con el lenguaje un mundo propio.
Gabriel (3 años) de una comunidad colla hacía de buey, araba la tierra en cuatro patas; Osvaldo (4 años) tiraba de la piola de adelante y Federico (5 años) con una rama empujaba de atrás marcando la tierra y decía que estaban arando para sembrar las habas.
Gabriel: Tá arando la tieya.

Osvaldo: Nosotros sembrar con el agua.

Gabriel: Tirá pués, el buey está apurao, coyé, coyé.

Federico: El bueicito quiere para sembrar yapidito las habas.

Osvaldo va a traer agua en un bidón y comienza a tirar en la

tierra.

Osvaldo: Changos tirima agüita pa qui salga grandi la

plantita.

Gabriel: No, primerito tenés que hacé la huellita pa tirá la

agua, ontonce echá la agüita.




El lenguaje es también un medio para aprender y reflexionar sobre las cosas, para explorar el entorno cuando se usa de modo heurístico.
Ernestina (6 años) mira los chanchos junto a su madrina Verónica
Ernestina: ¿La chancha no sentirá?

Verónica: ¿Qué no sentirá?

Ernestina: Que están chuchando (mamando).

Verónica: Claro que siente.

En las conversaciones cotidianas los niños usan el lenguaje para alcanzar sus objetivos; al hacerlo, desarrollan nuevas formas y estructuras lingüísticas que, a su vez, les permiten participar más y mejor en las conversaciones.
Todos los niños desarrollan lenguaje y aprenden a usarlo en conversaciones con los miembros de su comunidad. Pero como estas experiencias de conversación pueden ser muy diferentes, también pueden diferir los usos del lenguaje que efectivamente han adquirido los niños.

De los primeros usos del lenguaje a

los textos más elaborados
A medida que los niños y las niñas avanzan en el uso del lenguaje pueden producir textos -narraciones, instrucciones, exposiciones y argumentaciones- más fácilmente comprensibles; esto es, textos:

  • coherentes porque la información o ideas del texto están relacionadas entre sí,

  • cohesivos porque las relaciones entre las ideas se expresan explícitamente a través de palabras; por ejemplo a través de conectivos -porque, cuando, por lo tanto– y también a través de la repetición de una misma palabra a lo largo del texto.



Los niños y las niñas construyen sus primeros textos en el marco de conversaciones con adultos y otros niños mayores, quienes los orientan a través de sus intervenciones –preguntas, reestructuraciones y reconceptualizaciones– y los ayudan a expresar sus ideas. Los niños logran así construir textos más coherentes y cohesivos que los que podrían producir sin este andamiaje.
Marito (3 años), un niño de una comunidad colla, produce un relato, apoyándose en las reestructuraciones y ampliaciones que le proporciona su tía Verónica.
Marito: El papá allá chanchito.

Tía: ¿La mamá tiene chanchitos allá?

Marito: Shí, matao el papá.

Tía: ¿El papá ha matao el chancho?

Marito: Sí, ¡ah!

Tía: ¿Y qué ha hecho con el chanchito, has comido

chanchito?

Marito: Shí, he comido chanchito.

Tía: ¿Y no le has dejao nada a la tía?

Marito: Shí, allá abajo hay.

Tía: Bueno después vamos a ir a buscar chanchito, ¿no?

Los principales tipos de texto que los niños producen dentro del diálogo con otras personas son la narración, la instrucción, la exposición –descripción y explicación– y la argumentación.
Narración: ¿qué cuentan los niños?
Los niños pequeños usan el lenguaje para nombrar objetos, personas y acciones; gradualmente comienzan a relacionar los objetos, personas y acciones en relatos sencillos que constituyen el punto de partida de formas más complejas de discurso narrativo.
Narrar es relatar o contar hechos o acontecimientos. En una narración, por lo tanto, siempre hay personajes –de la realidad o de ficción- que realizan acciones. Los cuentos y las novelas son ejemplos de textos narrativos, así como también las anécdotas históricas y las crónicas de los diarios. Los hechos que se narran ocurren a lo largo del tiempo, por lo tanto, la narración tiene organización temporal. Las narraciones más típicas y frecuentes (narraciones canónicas) muestran una organización que sigue el orden en que ocurrieron los hechos: el comienzo de la acción, el desarrollo y la conclusión.
A edad muy temprana, los niños y las niñas producen narraciones sencillas, formadas por una o dos oraciones. Poco a poco las narraciones se vuelven más extensas y complejas. Hacia los cinco o seis años, pueden producir narraciones completas. Las clases de narraciones más frecuentes a esta edad son los relatos de experiencias personales y los cuentos.



  • Los relatos de experiencia personal


Las primeras narraciones que los niños producen consisten en contar algo que les ocurrió, es decir, son relatos de experiencias personales.
Daniel, un niño de 5 años de una zona rural, relata lo que le pasó un día cuando jugaba.
Me golpeé un día en la cabeza. Yo estaba jugando con una

soga muy finita, era un poco así de gruesa. Y se cortó la

soga y me rompí la cabeza. Y mi mamá me fue a llevar a la

sala, no era tan hondo, así de hondo.
Este relato es desarrollado y completo porque incluye todas las partes que habitualmente integran un relato de experiencia personal.6
Relato Partes
Me golpeé un día en la cabeza. Resumen del relato.
Yo estaba jugando con una soga Orientación: presenta a las personas, e

muy finita, era un poco así de indica el lugar y el momento en que se

gruesa. da la situación.
Y se cortó la soga y me rompí la Complicación: responde a la pregunta

cabeza. “¿qué pasó?”
Y mi mamá me fue a llevar a la sala, Resolución: indica el resultado de la

No era tan hondo, así de hondo. complicación.
En un principio, los niños necesitan la colaboración del adulto para desarrollar un relato completo. Si no cuentan con el apoyo del adulto o de un niño mayor, en general sólo relatan la complicación.
Otro día yo dormí en una cama alta y me caí.
Un día yo me caí y un caballo se cayó.

En estos relatos de experiencia personal los niños proporcionan solamente una orientación muy breve (“otro día”, “un día”) y la complicación. Algunos niños, sin embargo, tienen mucha habilidad para producir este tipo de narraciones; como lo demuestra Luis, un niño colla de 7 años, conversando con sus hermanos.

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