¿Qué son y para qué sirven los valores?






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fecha de publicación13.06.2016
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¿Qué son y para qué sirven los valores?

Para el hombre no es fácil. Los animales traen una receta, un plan prefijado, un instructivo, que en ellos obra automáticamente en cada situación. En cambio el hombre ha ser el autor de su destino...

Por: Emma Godoy

Para el hombre no es fácil. Los animales traen una receta, un plan prefijado, un instructivo, que en ellos obra automáticamente en cada situación. En cambio el hombre ha ser el autor de su destino. Es libre. Nosotros tenemos que inventarnos la existencia. Aquí estoy en medio del mundo, ¿qué voy a hacer conmigo? Pero pocos saben por qué quieren vivir. Oigamos un cuento de Giovanni Papini: El filósofo paseaba por los campos cuando encontró en el río a un pescador muy atareado. http://2.bp.blogspot.com/_9erhd7guxok/s_0tm82bkui/aaaaaaaaaa4/obksnadqvmo/s1600/valores-humanos.gif

  -¿Qué haces, buen hombre? -le preguntó

  -Echo las redes.

  -¿Para qué?

  -Para pescar.

  -¿Para qué quieres pescar?

  -Para vender el pescado.

  -¿Para qué quieres venderlo?

  -Para obtener algunas monedas.

  -¿Y para qué quieres el dinero?

  -Para comer.

  -¿Pero, para qué quieres comer?

  -¡Para vivir señor, para vivir!

  -¿Pero para qué quieres vivir...?

  -El pescador se quedó perplejo, y enmudeció.

  -¿Para qué quieres vivir?- Insistió el filósofo

  El pescador caviló unos momentos y al fin respondió:

  -Para pescar.
¡Puro círculo vicioso! a la mayoría de los lectores también los pongo en un brete si les dirijo la misma pregunta. Sólo unos cuantos han sabido señalar los fines, la razón, el objeto de su existencia.
Antes de echarnos a andar es necesario fijar la meta, ¿Para qué quiero vivir? ¿A dónde debo llegar? Hay que contestar con firmeza, de otro modo pagaríamos en balde a la ventura. En efecto, muchísimos andan de tanteo en tanteo, dando pasos en falso o carrereando en círculos, como el pescador. Más vale, pues detenernos y en el reposo, la soledad y el silencio, ponernos en meditación hasta descubrir algunas ideas macizas, hasta obtener ciertas convicciones, idóneas para trazar,-mirándolas-el itinerario del vivir.
Necesitamos también esas ideas "estructurales" para juzgar cada situación; esto es bien, esto otro mal; acá se halla la verdad, allá el error. Únicamente quien ha formulado su credo podrá salir de la indecisión. Sólo así nos orientaremos en la inmensidad laberíntica donde a cada momento se nos presentan alternativas y hemos de elegir uno de los términos. ¡Ay de nosotros si nos equivocamos tomando el error por verdad, o el mal por bien!  Y es continua esa bifurcación de nuestro sendero, ante la cual nuestro albedrío ha de optar partido o decidir la ruta cierta. Pero quien ya posee ideas fundamentales, camina sin titubeos, sin perderse en el Dédalo, como valiéndose del hilo de Ariadna.
  Todos pues, hemos menester de un equipo de ideas sencillas, pero eficaces,-como son el norte, sur, el oriente, el poniente para cualquier viajero -, ideas que rijan nuestros pasos y constituyan el por qué y la razón de vivir, tal como quien rayara la existencia con líneas imaginarias de meridianos y paralelos, como quien enciende una estrella náutica en las tinieblas de la confusión.
Se me ha pedido que exponga esas "ideas-clave" con que he trazado el plan de mi vida. Más no he de manifestar mis convicciones más íntimas por mera voluptuosidad narcisista, sino para servicio. Para servicio de este trance caótico de la historia; por si acaso algunos de los millones de desorientados que se debaten en el momento actual, se decidiera aprovecharse de nuestras experiencias existenciales y se les vuelva menos dificultoso precisar el rumbo de su vida y planear su meta e itinerario.
  Por consiguiente, no he de escribir para sabios que enseñan, sino para juventudes que aprenden. Imagino ante mí un auditorio juvenil con mentes  torturadas por la confusión y que están anhelando claridad. Las cuestiones  abstrusas serán descritas con suma sencillez, puesto que el texto no quiere ser tribuna de lucimientos literarios ni filosóficos, sino mano amistosa que se tienda a los que apenas están iniciándose en la ciencia y arte de vivir.
Yo salí del caos y me hice de tal ciencia hasta que encontré por azares  providentes, lo que me orientó definitivamente: una trinidad de "ideas  claves" o valores; y sobre esto fundamenté mis proyectos esenciales. He  aquí la tercia, y en ella creo con todo mí ser: la Belleza, la Verdad y el  Bien.
Constelación de tres luceros magnos en la noche de la perplejidad,  que han sido colgados en lo alto para guía de navegantes.  
De esta trilogía de valores aquí hablaré: del arte y la belleza, del saber y la verdad, de la moral y el bien.
Consejos a la juventud
Quisiera hablar de esta manera a la juventud, a cada joven en particular, individualmente.
Escúchame, tú no tienes más que una vida, ¿por qué no has de hacer de ella algo grande, algo magnífico?
Tal vez has recorrido un tercio de tu vivir, o quizá la mitad, sin pena ni gloria. No haz sabido que hacer con tu existencia.
Te has dejado vivir, en vez de tú mismo vivir tu vida. Ya es tiempo de que la tomes en tus manos y la moldees, como un escultor cincela una estatua, para convertir tu existencia en una obra maestra. Ya desperdiciaste muchos años, no pierdas ni un minuto más. ¿Me preguntas que debes de hacer? Permíteme entonces que demos un rodeo. Necesitamos unas gotas de filosofía, ponte inteligente.
Es innegable que una buena porción de nuestro comportamiento apenas difiere del de otros seres vivos. Es cierto que innumerables actividades resultan comunes con las de los animales: dormir, comer, reproducirse, jugar, pelear, etc. Más también realizamos otro tipo de acciones: las racionales. Éstas están vedadas al animal pues son exclusivas y peculiares del hombre. Cuando  efectuamos tales actos, diferimos de las bestias, nos manifestamos como seres humanos.
La ciencia: Sólo el hombre puede pensar. Crea teorías filosóficas, descubre las leyes del universo, crea aparatos útiles, investiga el pasado, se pregunta por la vida y por la muerte, etc.
El arte: Únicamente el hombre compone poemas, labra estatuas, pulsa violines, ¿Dónde hay un mural pintado por una jirafa? Por el contrario, mientras escuchas una sintonía de Mozart, ¡eres hombre!
La moral: Solamente el hombre elabora códigos y constituciones que han de  ser obedecidos para el bien común. Sólo el hombre se marca a sí mismo reglas de conducta para que no violen los derechos de nadie y aún para impedir que sus propias pasiones atropellen los derechos de su persona misma en cuanto a su totalidad.
Así que arte, ciencia, moral, religión,  esta tetralogía que llamamos "cultura", es lo auténticamente humano.
Carlos Marx afirma: "El hombre no es solamente un ser natural, sino además  un ser humano". Somos animales, sí, pero "además" la racionalidad será la diferencia específica que nos otorgará grandeza. Una grandeza inaccesible a las otras  criaturas naturales. Somos bestezuelas, más se nos ha añadido una potencia supra biológica: la potestad de hacer ciencia, arte, moral, religión. Y esto nos vuelve enormes: más que el océano, más que el firmamento.
Somos animalillos cuando obramos biológicamente,. Seremos hombres en la  medida de nuestra entrañable relación con la actividad cultural. Dejamos de ser meros antropomorfos, según hayamos ascendidos por los senderos de la  ciencia, del arte, de la moral, de la religión. O sea en tanto amemos y nos  afanemos por lo que se denomina VALORES; la verdad, la belleza, el bien, el  absoluto.
Cada una de las actividades aquí numeradas consiste en la  realización de un valor correspondiente: la ciencia aspira conocer la  verdad, el arte, la belleza, la moral, el bien y la religión, el absoluto.
Mídete ahora y ve cuánto hay en ti de animal y cuánto de humano. (Continuará)
Elaboro: Servicios Educativos. (Antonio Jiménez Millán, Subjefe Técnico).
Febrero 2011.

El Colegio de Educación Profesional Técnica, Plantel Almoloya del Rio

http://valoreshumanos.info/ima/quiere_sp_cambio.png

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